CUARENTENA, PRISIÓN DOMICILIARIA, PERMISOS, ENCIERROS, LA RUINA TOTAL: ¿TERMINAREMOS ALGUNA VEZ CON ESTA LOCURA?

La verdad, todo me lleva a responder que no.

Algunos pocos, muy pocos, comenzamos a luchar contra toda esta locura más o menos desde Enero, bajo la burla de todos. Y no me estoy victimizando. Los insultos sólo ratificaron mi posición. Lo digo para que se advierta la locura general. Liberal dogmático, negacionista, conspiranoico, fueron los calificativos más frecuentes, a mí y a varios, además de pasar por alguien desaprensivo, ideologizado, economicista, que no le importa la vida de la gente, ojalá que te mueras del virus, etc etc etc, cosas que, vuelvo a decir, no me afectaron en absoluto, sólo las recuerdo para que sea vea el nivel de alienación colectiva, aún por parte de personas que “creían creer” en la libertad.

Hasta sucedió que, más o menos unos 5 o 6, hicimos en Facebook un grupo secreto, “La resistencia”, donde posteábamos toda las visiones alternativas. Parecíamos los primeros cristianos marcando el pez en el suelo ante la mirada vigilante del Emperador. Lo hicimos para no perjudicar a nuestras familias. Por suerte yo seguí insistiendo en mi blog e imposible fue que el Quijote demente que habita en mí no publicara directamente en mi muro.

Pero no sólo éramos algunos locos liberales. Muchos médicos y epidemiólogos comenzaron a sumarse a “la resistencia”. El primero, héroe total, desde el principio, fue Pablo Goldschmid. Y ahora puedo decir que, a esta altura, incontables más. En Marzo publiqué en mi blog, dos veces, todas esas voces alternativas. Cada vez eran más o menos unas 10. Hoy ya no me alcanza el tiempo para hacerlo de vuelta. Gracias a Dios.

Pero, por supuesto, todas esas voces han sido silenciadas y perseguidas. Han sido removidos de youtube, de Facebook, y sólo sobreviven porque los nuevos maquis los subimos de vuelta permanentemente. Son ignorados y perseguidos por los gobiernos. Y no estamos hablando de los que se tiran contra Bill Gates y etc. Hablamos de simples exposiciones elementales de cómo funciona el sistema inmunológico y basta. Ninguna teoría conspirativa es necesaria para denunciar esta locura.

Pero sospechar no es ser delirante. Ante la censura, ante la utilización política del virus por parte de todos (TODOS) los gobiernos intervencionistas del mundo, uno no puede evitar preguntarse qué está sucediendo realmente.

En toda América la situación no podría ser peor. Comencemos por América Latina. En un continente donde millones y millones de personas vivían al día, sin ahorros, sin viviendas dignas, los encerraron inmisericordemente, y luego los encerraban de vuelta en cárceles inmundas si salían de sus “casas”. Hay países que directamente impusieron toque de queda, estado de sitio, y cuantas cosas más pudieron hacer para convertirse en la nueva Unión Soviética. Si lo hubieran hecho con una enfermedad realmente grave, igual hubiera sido absolutamente inmoral (repito, para aumentar mi fama de extraterrestre: si lo hubieran hecho con una enfermedad realmente grave, igual hubiera sido absolutamente inmoral). Pero para colmo lo hacían no sólo cuando en Europa comenzaba a calmarse (by the way, las explicaciones alternativas de por qué lo sucedido en España e Italia también fueron censuradas) sino cuando más y más científicos se atrevían a salir del closet y jugarse su carrera y su fama por el non harm de su juramento hipocrático. Pero nada. Presidentes que incluso eran médicos parecían ignorar repentinamente lo más elemental de la inmunología. ¿Por qué?

En los EEUU fue aún peor. (1) TODOS, TODOS, sin excepción, los alcaldes y gobernadores demócratas convirtieron a sus ciudades y a sus estados en nuevas Coreas del Norte. Para Trump es más fácil hablar con Kim Yong-un que con las autoridades de Chicago. ¿Por qué?

Nunca, en la historia de Occidente, la filosofía fue tan evidente y, a su vez, tan negada. Miles y miles de textos explicando los límites de la ciencia, cientos de libros escritos por Popper, Kuhn, Lakatos y Feyerabend explicando los límites de la ciencia, miles y miles de artículos explicándolos, y para nada, excepto para llenar de manera aburrida a journals insoportables. Casi todos los científicos, no la ciencia, aparecieron con toda su soberbia y autoritarismo, exactamente como Feyerabend había explicado y predicho, diciéndonos qué hacer con lo más sagrado de nuestras vidas, ante una opinión pública mundial carente de pensamiento crítico, alienada y masificada.

Nunca en la historia de Occidente se vieron con toda su crudeza las explicaciones de Freud, Fromm y Ortega sobre la masificación y la alienación. Deben estarse preguntando, sin embargo, para qué se mataron tanto. Como si no hubieran escrito nada. Al menos cuando la alienación colectiva puso en el poder al psicópata Hitler, era claro, para polacos, franceses, ingleses y norteamericanos, quién era Hitler, al menos desde 1939. Ahora, sin disparar un solo tiro, sin desplegar tropas, el Hitler llamado OMS nos ha invadido totalmente y sus generales y lugartenientes, llamados expertos, ocupan puestos privilegiados en todas las Casas Blancas, Rosadas y casas variopintas del mundo.

Para qué eminentes filósofos como Gadamer, Wittgenstein, Ricoeur, Eco, y cientos que los entienden y los explican, se han matado explicando los límites del lenguaje humano y la importancia de las interpretacionesDe vuelta, parecen sólo existir para lucir curriculums pero no para tomarlos en serio. Como el post-moderno que perdió la paciencia cuando yo le estaba ganando la discusión, y reveló lo que realmente pensaba: “¡Gabriel, los hechos son los hechos!!!”. Nunca se ha hablado tanto de hechos, datos, cifras y números, incluso los científicos que están en contra de esta locura. Inútil parece explicar una vez más que no hay textos sin contextos. No. El mundo se ha convertido en el imperio más cruel del bruto positivismo, y los post modernos para los cuáles lo único importante era cómo te percibes, hoy son los adalides de “los hechos” que avalan las medidas totalitarias de sus amados gobiernos.

Nunca fue tan espantoso el doble standard ni nunca fue tan alevosa la hipocresía.TODOS, TODOS los demócratas norteamericanos, que no cesan de perseguir y denunciar a quienes pretendan ejercer su libre comercio y su libertad religiosa, callan sus imbéciles bocas cuando se trata de “salir” para destruir, amenazar, robar y saquear. Se acuerdan del “límite al poder” para señalarle a Trump que no debe enviar a federales hacia sus ciudades y sus estados, pero del real  limited government, ni hablar.

Y de las religiones mejor no hablar. En lo que a mí me toca, el Catolicismo, que debería haber sido un ejemplo para el mundo, que debería haber retomado la gloriosa tradición de los primeros cristianos, que daban su vida antes que no ir a Misa, ja ja, olvídense. A sus autoridades, rendidas ante el cientificismo mundial, rebosantes en su ignorancia o qué se yo, indolentes y acomodaticias, olvidadas de la sagrada libertad religiosa, no les ha temblado la mano de apoyar la prohibición lisa y llana de los más sagrados sacramentos. Como siempre, algunos han salvado el honor, pero bajo el silencio, e incluso la burla, de por suerte la no más alta autoridad de la Iglesia.

Y mientras tanto aquí seguimos, tramitando permisitos, esperando como esclavos ansiosos y sometidos que los esclavistas nos den autorizaciones para respirar y vivir.

¿Hasta cuándo seguirá esta locura?

No soy optimista, pero gracias a Dios mi pesimismo es irrelevante. Lo relevante es que creo que el mundo entero ha cruzado una línea después de la cual es muy difícil volver. Lo dije también bajo el rechazo de casi todos: en la lucha contra el terrorismo, Videla, Bush, etc., cruzaron una línea que NO se debía cruzar. Ahora todos lo niegan o se arrepienten. Veremos en este caso si en algunos años hay algún arrepentido, veremos si hay alguien pidiendo disculpas.

Y de las causas, tengo algo más de certeza. Se llama constructivismo (Hayek), razón instrumental (Adorno, Horkheimer). Que la izquierda intelectual odie al primero, ok, pero que se haya comportado igual que el monstruo predicho por la Escuela de Frankfurt, es otra muestra de lo poco que importan las ideas cuando el temor atávico a la muerte, el verdadero emperador, domina sus académicas vidas.

Termino estas, como siempre, quijotescas e inútiles reflexiones, preguntándome si esos autores no han sido sino excelentes médicos forenses que indicaron cómo hacer la autopsia de toda la humanidad.

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(1) http://gzanotti.blogspot.com/2020/07/alguien-que-advierte-la-terrible.html

Reseña del libro «Viviendo la economía: Ayer, hoy y mañana», de Peter Boettke

Este nuevo trabajo de Peter Boettke nos ofrece numerosas lecciones para quienes
enseñamos economía. Por supuesto que aplica también a quienes quieran adentrarse en esta ciencia desde otro lugar, pero este prestigioso académico y docente vuelca aquí su experiencia, lo que personalmente valoro como un aporte a mi propio trabajo.
Comencemos con uno de los experimentos que ofrece ante sus alumnos al preguntarles: ¿qué tendría un impacto mayor, que todos los economistas se declaren en huelga, o que lo hagan los que recogen la basura? Seguramente la mayoría optará por estos últimos. Si quienes recogen la basura no trabajan, la ciudad quedará sucia; pero la huelga de economistas no afecta la economía. Hay economía, sin economistas. La economía no se detiene por más que paren los economistas. Los economistas estudiamos la economía, pero no somos la economía.
La lección no es menor cuando uno profundiza en este libro la crítica a la ingeniería social en la que participan la mayoría de nuestros colegas, y el llamado a recuperar nuestra profesión como filósofos humildes.
Boettke desarrolla en este libro una mirada filosófica de la economía, presentándola de manera apasionada como una forma de entender el mundo, una forma de vivir. Ahí surge precisamente el título del libro: “Viviendo la Economía”. Y es que fracasamos muchos docentes en nuestro intento de impartir cursos de economía como una disciplina que apasiona al intelecto e ilumina el mundo. La economía es una disciplina seria que se ocupa de cuestiones vitales como la riqueza y la pobreza, la vida y la muerte; es, en definitiva, un marco para ver lo que está ahí frente a tus ojos, pero no puedes ver.

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Pensamientos sobre la rebelión de los necios – Por Alberto Benegas Lynch (h)

En realidad la inspiración para las líneas que siguen se basa en el título de la obra del escritor estadounidense John Kennedy Toole: La conjura de los necios. Aunque la presente columna toma otras direcciones, es de interés detenerse unos instantes en esta obra que ha servido de puntapié inicial a esta nota periodística.

Tal como relata el entonces profesor de la Universidad de Loyola, Walker Percy, la madre del autor lo llamó en repetidas ocasiones para que pedirle que leyera el mencionado libro de su hijo muerto luego de repetidos fracasos frente a editoriales que habían rechazado su manuscrito. Walker finalmente aceptó de muy mala gana echarle un vistazo al texto con la idea de dejarlo de lado también, pero confiesa que no pudo parar la lectura hasta completarla debido a lo entretenido de la trama y lo bien escrito que encontró el texto. En este sentido, ayudó a que Luisiana University Press lo publicara con un éxito notable. Fue Premio Pulitzer y en Francia fue galardonada como “la mejor novela en lengua extranjera” en el año de su publicación (1980), aunque el libro fue escrito en 1968, y la crítica mundial frecuentemente comparó a su autor con Rabelais, Cervantes y Swift. Su título original es A Confederacy of Dunces, es decir, una coalición o confabulación de necios y necios significa poco juicioso, testarudo, empecinado en el error, una expresión que proviene del latín nesciere, esto es, ignorar.https://tpc.googlesyndication.com/safeframe/1-0-37/html/container.html

El libro es una sátira llena de ironías y humor basada en alegatos a veces cuerdos a veces estrafalarios contra una sociedad que el narrador estima con rasgos decadentes. El personaje central de la novela transcurre su vida en una serie de interminables peripecias de diversa envergadura debido a la forma de conducirse y a su lógica siempre incomprendida que genera rechazo y desconcierto.

Pero trasladada esa ficción a nuestro mundo, y tomado este título como pretexto para las elaboraciones que siguen, resulta que estamos en gran medida frente a la rebelión de los necios en un sentido similar a la tesis de Ortega en La rebelión de las masas, es decir, los peligros que acechan cuando lo masificado, lo vulgar, lo común, lo mediocre, lo chato, lo falto de excelencia se arroga la facultad de convertirse en referente desplazando a quienes debieran ocupar esos espacios.

¿No es acaso digno de necios el repetir y repetir los mismos errores? ¿No estamos viendo que recetas fracasadas estrepitosamente se vuelven a ensayar como si no hubiera experiencia fallida anterior? Con gran sabiduría Aldous Huxley ha escrito que “la gran lección de la historia es que no se ha aprendido la lección de la historia.” ¿Es posible que a esta altura de la civilización no nos hayamos percatado que los aparatos estatales han revertido sus funciones de guardianes de los derechos de la gente convertidos en saqueadores de quienes deben proteger?

Los necios se han rebelado y en grandes proporciones han desplazado a las personas sensatas que no han sabido darse su lugar, sea por comodidad o por manifiesta impericia. Estimo que un factor clave para este retroceso consiste en la aceptación del fascismo como la idea que con mayor profundidad caló en las entrañas del llamado mundo libre. Esto es el permitir que los particulares registren a sus nombres la propiedad como una fachada para que en verdad los aparatos estatales usen y dispongan de ella. Si observamos con detenimiento comprobamos que en prácticamente todos los reglones de la vida social es lo que ocurre. En este sentido es la punta de lanza para el comunismo, primos hermanos entre sí tal como lo expresa Revel en su ya clásica La gran mascarada.

Tomemos el caso de los ministerios de educación y cultura. ¿No resulta palmariamente claro que el eje central del proceso educativo es uno que exige puertas y ventanas abiertas con proyectos competitivos en un contexto evolutivo de prueba y error? ¿No nos damos cuenta que nadie, repito, nadie debe tener la facultad de imponer estructuras curriculares ni pautas de ninguna naturaleza? Solo se justifica la intromisión del gobierno cuando hay lesión de derechos, por ejemplo, en el caso argentino, al contrario de lo dicho, cuando los ministerios de educación apoyan adefesios como la llamada Universidad de las Madres de Plaza de Mayo, una escuela de terrorismo. Tomemos el caso de los taxis en la ciudad de Buenos Aires. No son dueños los que figuran en el registro del automotor pues el horario de trabajo, la tarifa y el color con que están pintados lo decide el gobernante de turno en esa jurisdicción y así sucesivamente con buena parte de los sectores.

En otra oportunidad me he referido al asunto que sigue pero estimo que es urgente volverlo a reiterar. Las referencias basadas en lugares geográficos nunca me resultaron apropiadas. La derecha tiene cierto tufillo a esquema nazi y el centro es de una ambigüedad sofocante. La izquierda ha mantenido un perfil más nítido aunque se ha desdibujado desde su origen.

Como es sabido, tanto derecha como izquierda provienen de aquella tumultuosa asamblea en Versalles de 1789, en la que se ubicaron a la derecha de la presidencia los defensores del statu quo, mientras que en el ala izquierda -además de los jacobinos que se fueron acrecentando con el tiempo en número e ímpetu- se instalaron aquellos que se oponían a los privilegios y a las consiguientes extralimitaciones del poder.

Con el correr de la historia henos aquí que buena parte de las izquierdas se transformaron en aliadas de los abusos del poder y a cada vuelta de esquina pedían y piden más entrometimiento del aparato estatal. Después de la caída del Muro de la Vergüenza en Berlín, un número considerable de ponderados intelectuales de izquierda abandonaron esas filas y se incorporaron al liberalismo y otros muchos se replantean el izquierdismo algunos con ciertos bemoles y cortapisas.

Entre estos últimos casos cabe destacar el escrito de Steven Lukes que lleva un título con doble sentido: “What is Left?”, lo cual significa simultáneamente “¿Qué es la izquierda?” y “¿Qué queda [de la izquierda]?”. Este ensayo debe complementarse con el de Giancarlo Bosetti (“La crisis en el cielo y en la tierra”). En este último caso, el autor escribe: “La izquierda no es ya o, en todo caso, no puede continuar siendo cosas como éstas: la planificación centralizada, la abolición de la propiedad privada, el colectivismo, la supresión de las libertades individuales, la intención de enderezar el ´leño torcido´ kantiano, de plasmar al hombre y la sociedad de acuerdo con el proyecto elaborado por una vanguardia intelectual”. Es pertinente aclarar que la cita kantiana completa de su obra de 1784 es “con un leño torcido como aquel del que ha sido hecho el ser humano, nada puede forjarse que sea del todo recto”, lo cual es otro modo de decir que la perfección no está al alcance de los asuntos humanos. En base a esta cita se decidió el título de una de las colecciones de Isaiah Berlin (The Crooked Timber of Humnanity). Autores como Anthony de Jasay -tal vez el pensador liberal más sofisticado de nuestro tiempo- recuerdan que “no estamos en la búsqueda de un sistema perfecto” ya que tamaña meta no resulta posible para los mortales. Y eso es lo contrario de lo que ocurre con todas las utopías socialistas que tantas masacres y sufrimientos han provocado con su pretensión de torcer la naturaleza del ser humano en la busca de ese engendro que sería el “hombre nuevo” que se exime de contrariedades en un mundo idílico.

En todo caso, las antedichas aseveraciones de Bosetti son magníficas pero no van a la raíz del problema, falta un paso clave. Se observan, tanto en su ensayo como en el de Lukes (y, para el caso, en muchos otros), cuatro puntos entrelazados en los que se insiste son claves para que esa corriente de pensamiento se termine de apartar de la lacra. En primer lugar, la intervención del aparato estatal en materia salarial al efecto de “corregir los resultados del mercado en defensa de los mas débiles”. En segundo término, el tratamiento de los talentos a la manera de John Rawls en su conocido libro sobre la justicia. Tercero, un embate al individualismo “proclamado por economistas austriacos como von Mises y Hayek” y, por último, la importancia del igualitarismo crematístico.

Es curioso, pero hay pensadores de una gran solvencia y enjundia en diversas materias pero cuando abordan el tema social-laboral se desvían por completo de sus propias premisas a favor de la libertad para internarse en un galimatías de prepotentes intromisiones estatales, como era el caso paradigmático de, por ejemplo, Erich Fromm, con quien los mencionados autores revisionistas revelan grandes coincidencias a pesar del tiempo transcurrido.

A nuestro juicio, en estos casos, el problema reside en el desconocimiento de aspectos económicos cruciales. En el orden expuesto, veamos un poco más de cerca los mencionados cuatro puntos. Primero, los salarios e ingresos en términos reales dependen exclusivamente de las tasas de inversión que, a su vez, son el resultado de marcos institucionales que aseguren derechos de propiedad y si se establecen salarios superiores por decreto, el resultado inexorable es el desempleo.

Segundo, respecto a la “injusticia” de haber recibido talentos innatos desiguales, debe subrayarse que los talentos adquiridos también son el resultado de los talentos innatos en cuanto al carácter de cada persona para proceder en consecuencia. Por otra parte, nadie dispone de la información del “stock” de los respectivos talentos puesto que éstos solo se ponen de manifiesto a medida que se presentan las circunstancias, y éstas se cercenan en la medida que se conjeture que los resultados serán expropiados. También debe tenerse en cuenta que la división del trabajo y la consecuente cooperación social se desplomarían si todos tuviéramos los mismos talentos e inclinaciones. Por último, la supuesta redistribución de talentos innatos naturalmente abriría la posibilidad de que cada uno use de manera diferente esa “compensación” con lo que se entra en el círculo vicioso de la necesidad de compensar la compensación y así sucesivamente.

Tercero, el ataque al individualismo no toma en cuenta que se trata del respeto irrestricto a las autonomías individuales y de la máxima apertura al comercio y a las relaciones con otras personas en el contexto de una visión cosmopolita e internacionalista, precisamente bloqueada por el intervensionismo estatal al imponer aranceles, manipular tipos de cambio y otras bellaquerías.

En cuarto lugar, las mediciones tales como el Gini ratio, que marca la dispersión del ingreso como fundamento para la incursión estatal en el acortamiento de distancias entre patrimonios y rentas, no toma en cuenta que lo relevante es que todos mejoren y que las diferencias son el resultado de las votaciones diarias de la propia gente en el mercado y que torcer esas asignaciones de recursos retrasa la posibilidad de mejoramiento, especialmente para los más necesitados. En otras palabras, mucho se ganaría si los intelectuales de peso que provienen de la izquierda se unieran al espíritu de libertad sin cortapisa alguna, puesto que, desde esta nueva perspectiva, sus valiosas contribuciones en otros campos fuera de la economía enriquecerían notablemente los debates contemporáneos si dejáramos de lado los lugares geográficos como puntos de referencia para el pensamiento. Pero para lograr el objetivo de contar con relaciones sociales armónicas en un contexto de progreso moral y material es indispensable batir intelectualmente a los necios: unos en todo terreno y otros en el campo crematístico que machacan con recetas fallidas una y otra vez.

A pesar del dictum de Kant en cuanto a que “el sabio puede cambiar de opinión, el necio nunca”, es también cierto que los necios pueden dejar de serlo si prestan atención a la razón con lo que esta peste intelectual puede revertirse.

Pero para lograr esto, como ha dicho Viktor Frankl, no hay que amoldarse a “una visión ferroviaria de la vida” en el sentido de dejarse encajar en ciertos estereotipos de estaciones o etapas predeterminadas en nuestro recorrido vital, puesto que cada uno debe fabricar sus propias estaciones para lo cual es menester abandonar la actitud del necio. De lo contrario no estará lejos el riesgo del deslizamiento a los extremos de los Joseph Fouché de nuestro mundo -al decir de Stefan Sweig un “tránsfuga profesional”- quienes explicita o implícitamente terminan aceptando lo que ese personaje nefasto proclamaba a los cuatro vientos: “Todo le está permitido a los que actúan en nombre de la revolución”.

El autor es Doctor en Economía y también Doctor en Ciencias de Dirección, preside la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires y miembro de la Academia Nacional de Ciencias Económicas.

Publicado originalmente en Infobae, el 18 de julio de 2020.

AIER: A Keynesian Path Would Be the Wrong Path for the U.S. Economy

To get through the current crisis, Jared Bernstein argues, we must look to Keynes. It is an old argument, reapplied to our current context. The old argument is straightforward: the free market cannot fix itself. It follows, then, that we should not expect the economy to automatically recover once the pandemic outbreak is over. A more effective approach, Bernstein and others following in the tradition of Keynes maintain, would see the market managed by the savvy hand of the state.

Yet, how precisely the state should manage the economy is unclear. And the idea that capitalism is “not to be overthrown but to be ‘wisely managed’” is a dangerous one.

As Friedrich A. Hayek explained in a famous 1945 essay on The Use of Knowledge in Society, governments are unable to acquire the requisite knowledge to allocate resources effectively. The knowledge required is decentralized–of a particular time and place. Indeed, it is often tacit, meaning it cannot even be articulated by those possessing it. 

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Los Costos de la Cuarentena

A medida que en Argentina aumenta los días de cuarentena, también se incrementa las voces críticas pidiendo una flexibilización de la misma. Parece haber una división infranqueable entre quienes defienden la cuarentena del gobierno y quienes piden mayor flexibilidad. Haciendo uso de la típica estrategia de falsas dicotomías, se presenta a quienes piden una cuarentena más flexible como insensibles a quienes no les interesan la vida de terceros.

Ese, por supuesto, no es el caso. Las dos medidas posibles para lidiar con la pandemia no son todo o nada, existen puntos intermedios así como cambios en el margen. Existen, también, otros costos aparte de las infecciones del Covid-19. Las alternativas posiciones respecto a que tan fuerte debe ser la cuarentena se pueden representar como diferentes ponderaciones en los costos de este tipo de medidas. Por un lado se encuentra el costo obvio de salvar vidas al reducir las infecciones del Covid-19. Pero, también existen otros costos, por ejemplo:

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Procesos de mercado: revista europea de economía política, Año: 2019, Vol.: 16, Número: 2

El peligroso y generalizado círculo nefasto – Por Alberto Benegas Lynch (h)

Está a la orden del día el reclamar con insistencia que los aparatos estatales ayuden, financien, entreguen bienes, otorguen créditos baratos y demás parafernalia. La pregunta del millón consiste en saber a ciencia cierta a quiénes se demanda para otorgar semejantes aportes. La respuesta no debería ser sorprendente: se trata de reclamar el fruto del trabajo de los vecinos. Los gobernantes nunca contribuyen con nada de su peculio, siempre se hace cargo el bolsillo del prójimo.

Entonces, se trata de una lucha descarnada de todos contra todos. Es como si la sociedad se hubiera convertido en un círculo infernal e insoportable donde todos tienen metidas las manos en los bolsillos del vecino. Esto así es insostenible y por cierto macabro. En esto radican básicamente los anuncios gubernamentales (por supuesto, costeados compulsivamente por la población) en diferentes medios que machacan con la mentirosa receta que “el Estado te ayuda” y otras sandeces equivalentes.

Así, en esta línea argumental, reclama airadamente el fabricante de tornillos que pretende un subsidio, los artistas que piden financiación para sus obras, los piqueteros que marchan para obtener prebendas, el productor que quiere ayudas monetarias, el sindicalista que pide que le otorguen más controles sobre obras sociales, el comerciante que le otorguen un mercado cautivo, el profesional que insiste en asociaciones obligatorias, el banquero que apunta a mayor cobertura por parte de la banca central, el almacenero sugiere que se limite el radio de los supermercados, el empresario que pide mayores aranceles, barrios populares reclaman viandas, médicos apuntan a que se les entregue mejores equipos, estudiantes se manifiestan airadamente para obtener estudios sin cargo y así sucesivamente, todo, subrayamos todo a costa del prójimo.

Ahora bien, parece que a pocos se les ocurre que como primer principio civilizado es que debe respetarse la propiedad privada. Las demandas no pueden ser para dar un manotazo a lo que otros han obtenido legítimamente. En general se trata al lugar de trabajo o el lugar donde se abastece la gente como propia sin percatarse de que se trata de la propiedad privada de otro, su comercio es su casa del mismo modo que condenaríamos que alguien ajeno pretenda dirigir lo que ocurre en nuestro domicilio.

Ilustro lo anterior con lo que acabo de escuchar en la radio. Un periodista señalaba que fulano fue a pedir un crédito y quien se lo ofrecía cobraba un interés muy alto, por lo que el periodista en cuestión con el asentimiento del resto de la mesa calificó al prestamista como un “violador serial”. Pero es que no se dan cuenta de que el propietario hace lo que le venga en gana con lo suyo y si no le gusta la propuesta al potencial deudor que busque lo que pretende en otro lado y si el prestamista no ofrece algo que la gente acepta no operará como prestamista y si logra su cometido tendrá éxito. No podemos volver a la era de las cavernas donde se condenaba la llamada “usura” con la hoguera. Descuento que ninguno de esos periodistas considera que su remuneración es demasiado alta, o para el caso usuraria. Siempre es el otro el que cobra demasiado.

Lo pongo de otra manera, todos los quejosos y pedigüeños que le exigen a los aparatos estatales que les arranquen recursos a otros, en lugar de esto deberían ellos mismos constituirse en oferentes de lo que demandan y hacerlo con el precio y la calidad que airada e injustificadamente reclaman que lo haga otro. Si esas personas alegan que no cuentan con el dinero suficiente para embarcarse en esos negocios pues que ofrezcan su idea a terceros para recabar los fondos necesarios para operar. Pero si nadie les compra la idea es porque no se basa en un plan de negocios serio y por ende debe abandonarse.

¿No es acaso una demostración palmaria de hipocresía mayúscula conducente a la hilaridad que gobernantes digan que “el Estado ha hecho o hace un esfuerzo descomunal” para tal o cual cosa? ¿No sospechan siquiera estos megalómanos que los esfuerzos los hacen los vecinos de modo coactivo?

Muchos son los gobernantes que ponen palos en la rueda para que los problemas puedan solucionarse pues la juegan de hadas madrinas y se toman en serio el rol de entregadores de riqueza (y por ende de saqueadores) con lo que las estructuras productivas se desmoronan en perjuicio de todos pero muy especialmente de los más indefensos.

De esta concepción proviene la maldita idea de aplicar la guillotina horizontal al efecto de “redistribuir ingresos” sin comprender que la distribución original y pacífica se lleva a cabo en supermercados y afines cuando la gente compra o se abstiene de hacerlo según sean los diferentes rubros que necesita. Pero resulta que esa distribución es reemplazada por la referida redistribución que inexorablemente se lleva a cabo con el uso de la fuerza contradiciendo las previas votaciones de la gente. Y, como los recursos no crecen en los árboles, esta violencia implica despilfarro que a su vez repercute negativamente en los salarios e ingresos en términos reales.

En esta línea argumental, se suele proceder a través del impuesto progresivo tan apreciado y aconsejado por Marx y Engels en el Manifiesto Comunista de 1848. Dicho gravamen se traduce en cuatro efectos. En primer lugar, es regresivo puesto queel contribuyente de jure al contraer sus inversiones reduce los salarios de los marginales que se convierten en contribuyentes de facto. En segundo término, significa un bloqueo para la imprescindible movilidad social puesto que se perjudica a los que trabajosamente vienen ascendiendo en la pirámide patrimonial vía tasas que progresan a media que progresa el objeto imponible. Tercero, altera las posiciones patrimoniales relativas ya que son necesariamente distintas a las que había establecido la gente revelando sus preferencias lo cual acentúa el consumo de capital. Por último, con razón se sostiene que debe incrementarse la productividad y realizar los esfuerzos correspondientes pero nos encontramos con que la progresividad significa que cuanto más productivo el agente se propinan mayores palos fiscales como castigo.

La siempre ponzoñosa envida opaca la bendición de las desigualdades de las personas puesto que de otra manera se derrumbaría la cooperación social y la consiguiente división del trabajo. Si todos tuviéramos las mismas inclinaciones y vocaciones las relaciones sociales serían inviables puesto que todos seríamos panaderos y no habría plomeros o todos ingenieros y no habría médicos. El delta de ingresos y patrimonios en una sociedad libre es consecuencia necesaria de los gustos de la gente, lo importante es que todos mejoren pero no que sean iguales puesto que, como queda dicho, la desigualdad de resultados surge del plebiscito diario del mercado que a su turno es debida a las diferencias de talentos de cada cual para servir a su prójimo.

En este sentido, para comprobar como ha cambiado radicalmente la opinión que hoy se pone de manifiesto en el Vaticano y sin perjuicio de otros eventuales errores que puedan señalarse, es de interés reproducir un pasaje de lo consignado por el Papa León XIII en 1891: “Quede, pues, sentado que cuando se busca el modo de aliviar a los pueblos, lo que principalmente, y como fundamento de todo se ha de tener es esto: que se ha de guardar intacta la propiedad privada. Sea, pues, el primer principio y como base de todo que no hay más remedio que acomodarse a la condición humana; que en la sociedad civil no pueden ser todos iguales, los altos y los bajos. Afánense en verdad, los socialistas, pero vano es ese afán y contra la naturaleza misma de las cosas. Porque ha puesto en los hombres la naturaleza misma grandísimas y muchísimas desigualdades. No son iguales los talentos de todos, ni igual el ingenio, ni la salud ni la fuerza; y a la necesaria desigualdad de estas cosas le sigue espontáneamente la desigualdad de la fortuna, lo cual es por cierto conveniente a la utilidad, así de particulares como de la comunidad, porque necesitan para su gobierno la vida común de facultades diversas y oficios diversos, y lo que a ejercitar esos oficios diversos principalmente mueve a los hombres es la diversidad de la fortuna de cada uno.”

Viene ahora un asunto que estimamos de la mayor importancia. Hace muchas décadas que venimos insistiendo en que deben eliminarse de cuajo todas la reparticiones cuyas funciones son inútiles y contraproducentes con lo que se podrá reducir impuestos, la deuda y atenuar la siempre perniciosa manipulación monetaria. Pero en estos momentos en que la pandemia nos abarca a todos es inaudito que ni siquiera se comprenda que no es posible seguir cobrando gravámenes como si nada hubiera ocurrido cuando la inactividad fruto del Covid-19 hace estragos. ¿Cómo es posible aun sin comprender el significado de un sistema republicano que no se entienda que es un atropello doblemente mayúsculo que los burócratas pretendan cobrar emolumentos en medio de la catástrofe? Y no estoy en modo alguno sugiriendo recortes en remuneraciones, estoy proponiendo eliminación de cargos para que por lo menos haya una ventaja en esta situación desafortunada al efecto de aprovecharla para hacer algo por el bien de la gente y aliviarla de algunos tormentos tributarios.

Por último y para cerrar esta nota periodística, subrayo que como si todo lo dicho fuera poco hay gobernantes trasnochados que sostienen que la solución a los problemas es el aumento del consumo sin entender que la clave para todo es el incremento de la producción. Si un grupo de náufragos llega a una isla deshabitada y uno de los sujetos proclama que lo que deben hacer es consumir para resolver sus problemas, seguramente los colegas no se molestarían en contestar semejante sugerencia (si es que no amenazan con ahogarlo en represalia por tamaña obscenidad). En esa isla imaginaria y en cualquier otra circunstancia el comentado círculo nefasto destruye la concordia y las relaciones entre las personas.

El autor es Doctor en Economía y también Doctor en Ciencias de Dirección, preside la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires y miembro de la Academia Nacional de Ciencias Económicas.

Publicada originalmente en Infobae, 4 de julio de 2020.

Perfil: El Canje de Deuda que no Fue

En diciembre del 2019, el flamante ministro Martín Guzmán les prometía a los argentinos y al mundo una lección sobre cómo renegociar exitosamente un canje de deuda.

Pasados seis meses, Guzmán vuelve a presentar, una vez más, una última oferta inmejorable. La credibilidad del gobierno cuando habla de ofertas inamovibles está justificadamente perdida.

En abril, el gobierno ofrecía un canje con un valor presente neto (VPN) de 37 dólares, la última oferta se encuentra en un VPN de 53 dólares. El canje de deuda dista de ser lo que Guzmán prometió, y también dista de ser lo que Argentina necesita.

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