Cambiemos me da la razón

Hace algunos días comentaba sobre un enfriamiento de la economía según los datos oficiales del EMAE. En aquel post comentaba que la economía Argentina estaba pasando por un proceso de recuperación, no de crecimiento. Y que dicha recuperación estaría empezando a mostrar signos de agotamiento.

Esta no es la opinión del BCRA, pero según su Presidente, Federico Sturzenegger, en una entrevista para el diario Perfil, esta es al opinión de Cambiemos en el Poder Ejecutivo.

Parece

Reducción de puestos políticos: Gestos vs política económica

El día de hoy Mauricio Macri anunció un recorte del estado, que consiste en recorte de gastos, congelamiento de sueldos, y la prohibición (retroactiva) de contratar a familiares de ministros. En números fiscales, el ahorros fiscal es mínimo (en las redes vi estimaciones en torno al 0.008% del PBI.)

Hay dos críticas parecidas que se la han hecho a Cambiemos, pero con una diferencia sutil. La primera consiste en no llevar adelante la baja del gasto necesaria para equilibrar la economía argentina. La segunda es la falta de la política de gestos que muestren que al menos los funcionarios públicos tienen consciencia del problema. Es fácil interpretar como una falta de respeto al contribuyente que mientras el déficit fiscal se encuentra en niveles récord y el contribuyente sufre una presión fiscal asfixiante, la clase política despilfarra los recursos que tanto le han costado al ciudadano pagar el estado.

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UN ARTÍCULO DE ALBERTO MANSUETI CON ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE LA MPS QUE CREO QUE HAY QUE PENSAR ANTES QUE ENOJARSE

UN HÉROE DE NUESTROS DÍAS

Alberto Mansueti

Vaklav Klaus ha puesto sus títulos a todos los episodios de la historia que protagonizó. Es el artífice de la “Revolución de Terciopelo” de 1989 en su país, entonces República Popular de Checoslovaquia, cuando sin un tiro ni una gota de sangre, su “Partido Cívico” acabó la tiranía soviética, a pura fuerza de inteligencia política. Casado con Livia, su novia eslovaca de los ’70, estudiantes en la Universidad de Economía de Praga, Klaus negoció en 1992 el “divorcio amistoso” de checos y eslovacos, junto a su colega Vladimir Meciar, evitando sangrientas guerras tribales como en la ex Yugoslavia. Aprendieron los liberales una lección clave: la política es el único sustituto a la sangre y a la muerte.

En 1993, ya como Primer Ministro de la novel República Checa, y en los 5 años siguientes, dirigió la “transición completa” desde el comunismo al capitalismo liberal, a base de privatizaciones populares, con bonos canjeables por acciones, muy diferente de las “transiciones a medias”, como en Hungría, Polonia y otros países ex comunistas. El “milagro económico checo” se vio de inmediato en hogares, calles, fábricas y fincas; y luego en estadísticas de la economía. Pero enfrentó grandes obstáculos, mayormente legales; y los “transitólogos” liberales aprendieron otra lección clave: las reformas económicas profundas deben prepararse y acompañarse de profundos cambios jurídicos.

Desbancado del poder, Klaus encabezó la oposición a los gobiernos tibios que le sucedieron, mostrando el camino de salida: ampliar y profundizar las reformas; no revertirlas.

En 2003 fue elegido Presidente, y reelegido en 2008. Siguió su combate ideológico y político en cuatro frentes: contra la oposición socialdemócrata y ex comunista; contra el Nuevo Orden Mundial continentalista y globalista de la Unión Europea, la OTAN y la ONU; contra los embates del marxismo cultural; y contra los “liberales” despistados, que se limitan a repetir como loros las sabidas frases de Mises y Hayek, que son veraces y acertadas, pero el siglo XXI plantea nuevos y terribles desafíos, que piden respuestas y soluciones que sean liberales clásicas y creativas a la vez.

En 2013 Klaus dejó la Presidencia de su país; y se enfocó en esta cuarta brega. Sus discursos a la Sociedad Mont Pelerin, convertida en “amable Club de Viajes de los thinktanqueros”, pisaron callos, tan fuerte, que al fin le expulsaron del Instituto Cato, por “conservador” y peleador. Tres de sus discursos a la decaída Sociedad MP, resumen su titánico pensamiento; los de Praga en 2012, Hong Kong en 2014, y Seúl en 2017. (Todos en su Website, ordenados por fechas).

(1) El de Praga en 2012 fue muy esclarecedor y señero, ya desde el título: “No estamos en el lado ganador”. Apuntó una larga lista de factores que conspiraron contra las reformas liberales de los ’90, en la República Checa, y todo el mundo. De ellos, hubo 4 que “no nos tomaron de sorpresa”; pero otros 9 en cambio, “nos agarraron desprevenidos”.

¿Cuáles estaban previstos? A saber: la atracción fatal por el socialismo democrático, y su falaz y engañosa “Economía Social de Mercado”, tan querida por los “socialcristianos”; los rojos disfrazados de “verdes”; toda la plaga de “intelectuales” socialistas, escritores y “pensadores” (¿?) amantes de la planificación central y el dominio sobre la vida y negocios de la gente; y en fin, el “cientismo” y las ilusiones tecnocráticas, un duro primer golpe a la democracia, que los liberales clásicos siempre hemos defendido, como límite al ejercicio del poder.

¿Y cuáles “nos tomaron de sorpresa”? A saber: la contracultura de los hippies sesentayocheros del “Mayo francés” envejecidos, retocada en el marxismo cultural de Gramsci, Luckacs y la Escuela de Frankfurt; el atractivo de las “ganancias visibles y concentradas” para los grupos de intereses, y el escaso conocimiento de los “costos invisibles y dispersos” para las grandes mayorías. Y por último, el cambio de “derechos civiles” por “derechos humanos”, a los almuerzos gratis. Esos tres primeros.

¿Qué más? La repentina judicialización de la política o “Juristocracia”; y el poder de las ONGs, supuestamente “de la sociedad civil”, otros dos martillazos contra la democracia. Y siguen: la prensa basura, manipulada, escandalosa y sensiblera, abusa de la libertad de expresión; las Nomenklaturas de “los organismos internacionales”, en realidad “supranacionales”, arrogantes y prepotentes, y fuera de todo control democrático, a diferencia de las autoridades nacionales al interior de cada país. Y por último: feroz propaganda en favor de las falacias marxistas; y débil y defectuosa defensa de “las ideas de la libertad”.

Pero con estos dos últimos factores, Klaus apunta al cierre de su discurso, los “tanques de pensamiento liberal” nos fallaron. Callos pisados por doquier. Murmullos en la sala.

(2) En Hong Kong, en 2014, el ya viejo guerrero volvió a la carga, en defensa de un liberalismo “sanamente conservador”. “En el siglo pasado”, dijo, el liberalismo tuvo que defender la libertad contra el nacionalismo; contra la democracia deformada en “tiranía de la mayoría”; y contra la política pretendiendo atropellar la economía. ¡Muy bien! Pero en este siglo, las amenazas contra la libertad nos disparan desde nuevos frentes, y tenemos que defenderla. ¿Cuáles son esos nuevos enemigos de la libertad? Tres, principalmente: la desnacionalización de los países, con las migraciones masivas y las Nomenklaturas supranacionales; los burócratas que le tienen miedo a la democracia; y la ilusión antipolítica de un “mundo pospolítico”, que a la fuerza pretenden imponernos.

Por consiguiente, los liberales clásicos y conservadores hemos de asumir sin tibiezas la triple defensa del Estado nacional, de la democracia, y de los políticos y la política. Otra vez callos pisados, otra vez murmullos en la sala.

(3) El pasado 2017, en Seúl, Klaus otra vez estuvo demoledor; y más directo, si cabe. Tituló así: “Nuevas amenazas que la Mont Pelerin debe tratar”, sin anestesia. E hizo gala de su capacidad más admirable: combinar sus arengas típicas de experimentado político práctico, con citas eruditas de los académicos liberales y conservadores rigurosos y creativos, que no sólo repiten frases de Mises y Hayek; y quizá por eso mismo, no muy conocidos del público liberal convencional.

Se despachó en dos temas: primero contra las migraciones masivas, gente que llega de países rotos y atrasados, buscando “beneficios sociales”; es una amenaza a la cultura y la civilización occidentales. Son muy diferentes de las antiguas migraciones individuales, gente que llega buscando simplemente un trabajo, y un futuro, para hacer a punta de esfuerzo propio. Segundo tema: a favor de la rebelión de las mayorías silenciosas, que votan por candidatos antisistema; y contra los liberales despistados, que descalifican a las primeras como “populistas”, y a los segundos como “fundamentalistas”, “Neo-nazis” y “amigos de Putin”. Esta vez los callos sangraron; los murmullos subieron de volumen.

Doctor Klaus: si le es posible acompañarnos, ¡bienvenido a Guatemala!

Liberales versus libertarios

El cambio ideológico que hubo en la Argentina a partir de 2015, tras el fracaso del kirchnerismo, en reducir la pobreza y resolver otros males como la inflación o el estancamiento económico, no solo ha llevado a Maurico Macri a la Presidencia, sino que además ha dado lugar a nuevas posiciones de filosofía política y económica que contribuyen hoy al debate público.

Liberales y libertarios, que tenían limitado acceso a los medios, hoy reciben una renovada atención, pero no queda claro para la mayoría de los televidentes y los lectores qué diferencia a estas posiciones.

La confusión proviene de una deformación que en Estados Unidos se le ha dado al término «liberal» frente al que utilizamos en América Latina. «Liberal» en Estados Unidos es, por ejemplo, John Rawls, un intelectual cuya obra se utiliza frecuentemente como fundamento de la redistribución del ingreso. Un liberal en América Latina defiende más bien la libertad individual, la economía de mercado, la propiedad privada y el gobierno limitado, por lo que se opone en general a la obra de John Rawls y a los distintos fundamentos que sugieren quitar a unos lo que le pertenece para darles a otros lo que no les pertenece.

Es por ello que en Estados Unidos han creado un nuevo término para denominar a lo que nosotros entendemos como liberal, y es el término libertarian o, en español, ‘libertario’.

El libertario incluiría en Estados Unidos a quienes defienden los cuatro principios recién mencionados, aunque habría una calurosa y abierta disputa respecto del último término, esto es, el gobierno limitado. Los libertarios norteamericanos se podrían dividir entre los libertarios minarquistas, que consideran útil y necesario al gobierno, aunque en funciones limitadas, y los libertarios anarco-capitalistas de propiedad privada, que piensan que es innecesario contar con el ente gubernamental no solo en materia de educación, salud, infraestructura y pensiones, sino también en cuanto a dinero, seguridad y justicia.

La escuela austriaca fundada en 1871 y consolidada en los años 1920 es quizás la más representativa del movimiento libertario, pero no es hasta los años 1970 que surge puertas adentro una línea anarquista que subdivide a su tradición de pensamiento. Es importante notar que los principales pensadores de la tradición como Ludwig von Mises y Friedrich Hayek defendieron una posición liberal o libertaria minarquista, mientras que Murray Rothbard defendió una posición libertaria anarquista.

Es curioso también notar que el Ludwig von Mises Institute, con base en Auburn, Alabama y que fuera creado por el mismo Rothbard junto a Lew Rockwell, le ha dado a esta tradición de pensamiento austriaca una mirada más anarquista de la que el propio Mises defendió a lo largo de su vida.

¿Por qué es importante llamar la atención de los lectores acerca de las diferencias de estos movimientos? Porque el fracaso del kirchnerismo abrió la puerta en la Argentina para un aporte liberal que busque reducir los excesos de la política económica de los años 2003-2015, pero no demanda la Argentina hoy una posición radical anarquista que propone eliminar al Estado.

El debate filosófico que plantea el anarco-capitalismo o anarquismo de propiedad privada es sumamente interesante para los ámbitos académicos, pero distraen y confunden a la opinión pública cuando se plantean ideas extremas en ausencia de un adecuado contexto para estas propuestas. El resultado es un lógico y total rechazo a estas ideas.

Que hoy aparezcan libertarios radicales afirmando que el impuesto es un robo o que todos los políticos son delincuentes contribuye poco, me parece, a los problemas urgentes que debemos resolver.

El liberal o libertario minarquista hace un llamado mucho más oportuno y relevante para la Argentina de hoy, que es, sin ánimo de ser exhaustivo, insistir en terminar con los controles de precios, dejar de monetizar el déficit público, no abusar del endeudamiento, reducir todo lo posible el gasto público o al menos congelar el número de empleados públicos, abrir la economía e integrarla al mundo, respetar la división de poderes y fortalecer las instituciones.

Un ejemplo puede mostrar la diferencia. El liberal sabe que la Argentina tiene que plantearse, como la mayoría de los países del mundo, un nuevo debate acerca del sistema de pensiones, modificar el sistema de reparto. Sin embargo, dado un déficit fiscal consolidado en torno al 8% del PBI, no es oportuno plantear la discusión, porque no hay forma de financiar la transición. Recordemos que cuando Chile planteó la privatización del sistema, acumuló muchos años de superávit fiscal del 5% para garantizar los medios necesarios para que los jubilados y los pensionados del momento pudieran contar con ingresos acordes con los aportes de las décadas anteriores. El mismo menemismo, y en esto tiene responsabilidad Domingo Cavallo, debería comprender que el fracaso de la convertibilidad es en gran parte un problema fiscal que proviene especialmente de no haber pensado una transición para la privatización del sistema de pensiones. De haber continuado con el sistema de reparto, el gobierno no habría tenido déficit fiscal, lo cual hubiera reducido las necesidades de financiamiento externo, con intereses de deuda muchos más bajos, y la situación del país habría sido mucho más sólida para afrontar los shocks externos que fueron el tequila de México en 1995, la crisis asiática de 1997, el default ruso de 1998 o la devaluación de Brasil en 1999. Está claro que el 2001 se pudo haber evitado.

Los libertarios hoy tenemos que plantear un debate inteligente. Hay un espacio para los debates puros que están en el aula, en los congresos académicos y en las revistas especializadas, pero hay otro debate que es el de los medios de comunicación, donde la preocupación está puesta en otros problemas más urgentes. Si Argentina tiene éxito en normalizar su situación institucional y macroeconómica, asemejándose a la situación de países vecinos que integran la Alianza del Pacífico, entonces seguramente surgirán nuevos espacios para discutir otros problemas que hoy lamentablemente están presentes, pero lejanos en la atención que se le puede dar.

Como cierre, me parece que el libertario debe insistir en que el gradualismo está justificado, en la medida en que lo caractericemos como reformismo permanente, pero el problema es que Cambiemos en muchas áreas ha transformado el gradualismo en inacción.

Publicado originalmente en Infobae, el 19 de enero de 2018.

Reglas o discreción y la independencia del Banco Central

El anuncio reciente sobre las modificaciones a los objetivos de inflación que busca alcanzar el Banco Central dio pie a un intenso debate sobre la política monetaria que lleva adelante el Gobierno. La conferencia en la cual esas medidas fueron anunciadas mostró también claramente el funcionamiento del marco institucional de esta política.

Desde hace décadas que en este último campo predominan dos temas, usualmente relacionados: reglas versus discrecionalidad, y la independencia del Banco Central. ¿Qué es lo que mostraron estos últimos anuncios? Que supuestamente existe una regla (objetivos de inflación), pero que esta se modifica a discreción; y que la independencia del BCRA es limitada a los instrumentos para alcanzar metas que le fija el Ejecutivo.

Los temas están interrelacionados porque una regla tiene que ser creíble, y buena parte de esa credibilidad se basa en la independencia de quien la va a intentar cumplir sin recibir presiones políticas. Por supuesto que esas presiones son ahora mejores de lo que eran hace un par de años, ya que todos parecen entender el origen del problema (el déficit fiscal y su financiamiento); mientras que antes no solamente no había independencia ni reglas sino que las autoridades económicas y monetarias creían que la inflación no era un fenómeno monetario, y demostraban lo opuesto con los resultados de sus políticas.

En un trabajo muy reciente, uno de los más reconocidos autores en esta materia, John B. Taylor, autor de la ahora famosa «Taylor rule», analiza las ventajas de ambas cosas, reglas e independencia («Rules versus discretion: Assessing the debate over the conduct of monetary policy»; NBER Working Paper 24149, Diciembre 2017): «Al otorgar independencia a una agencia gubernamental en una democracia, se necesita asegurar que la agencia tenga un propósito bien definido y clara rendición de cuentas. Cuando los bancos centrales se alejan de ser instituciones con fines limitados y se convierten en instituciones independientes de múltiple propósito, escapan los controles necesarios de un sistema democrático. Esto puede llevar a intervenciones inapropiadas que no hayan sido aprobadas por el proceso legislativo o el voto de la gente. También puede llevar a un pobre desempeño económico. La investigación muestra que la independencia del banco central es necesaria para una buena política monetaria y, por ende, un buen desempeño económico, pero no es suficiente».

En nuestro caso, no tenemos independencia y hacemos de las reglas discreción. La institucionalidad es débil, incluso pese a que estas reglas discrecionales sean mejores que las anteriores.

Tal vez la salida de este atolladero sea, no ya discutir que regla no vamos a cumplir, o que independencia no vamos a tener, sino una regla que imponga la gente, los usuarios, no la política. Me refiero a la libre competencia de monedas. Es lo que existía antes de que los bancos centrales reclamaran su monopolio y resurgió como propuesta luego de los trabajos del premio Nobel F. A. Hayek y otros economistas; y avanza en la práctica con las criptomonedas y la globalización financiera.

Sería ampliar lo que ya somos, un país bimonetario, con pesos y dólares, y bien podría adaptarse al gradualismo actual. La creciente competencia (para lo cual habría que ampliar la elección de moneda en todo tipo de pagos, aun de y al Estado) significaría una regla de la cual el Central no podría escapar y lo forzaría a hacer buena letra.

Somos una sociedad que no cumple muchas reglas. Cada cual quiere tener la propia. Curiosamente, en este campo eso podría hacerse. El peso cumple (o no) una regla, el dólar cumple otra, el Bitcoin también.

Comenta Hayek en la obra donde presenta el tema (Desnacionalización del dinero, 1978): «No hace tanto tiempo, en 1960, yo mismo argumentaba que privar a los gobiernos de su control sobre la política monetaria no sólo sería impracticable, sino que, aun en el caso de que fuera posible, sería indeseable. Esta opinión se basaba en la tácita presunción común de que debe existir en cada país un solo y uniforme tipo de dinero. Ni siquiera consideraba la posibilidad de una verdadera competencia entre monedas dentro de un determinado país o territorio. Si sólo se permite una clase de dinero, es probable que el monopolio de su emisión deba estar bajo el control del gobierno. La circulación concurrente de diversas monedas puede resultar a veces inconveniente, pero un detenido análisis de sus efectos indica que las ventajas superan de tal forma a los inconvenientes, que, comparativamente, éstos apenas cuentan, aunque la falta de familiaridad con la nueva situación los haga parecer mayores de lo que serían en realidad».

Con repasar los resultados históricos del BCRA (Milei los describe en «El dinero y esa atroz locura llamada Banco Central») quedan claros los beneficios de una mayor competencia.

Publicado originalmente en El Cronista, el martes 16 de enero de 2018.

LEGISLACIÓN SINDICAL, EL CASO ARGENTINO – Por Alberto Benegas Lynch (h)

Lo primero es subrayar que en una sociedad abierta el derecho a asociarse o no asociarse constituye uno de los postulados básicos a los efectos de la cooperación social. Como deben ser las asociaciones es algo que no compete a quienes están fuera de ellas, en primer lugar los gobiernos que solo deben velar porque no hayan lesiones de derechos, en caso que las hubiera dicha agrupación se convierte en una asociación ilícita.

Pero antes de otras consideraciones sobre el tema sindical, es menester aclarar con toda precisión que los salarios e ingresos en términos reales de deben exclusivamente a la cuantía y calidad de ahorros internos y externos invertidos en un contexto de conocimientos relevantes,  lo cual hace de apoyo logístico al trabajo para aumentar su rendimiento. Esa es la diferencia entre zonas de mayores o menores salarios basadas en el primer caso en marcos institucionales respetuosos de la propiedad de cada cual.

El nivel de salarios no es solo monetario, es también no-monetario como lo son todas las condiciones laborales que rodean al caso desde los períodos de descanso a la música funcional. En rigor, estas condiciones no pueden ser legisladas, como queda dicho, son consecuencia de los niveles de las tasas de capitalización. Más aun, si se legislan más allá de demandas civiles o penales por incumplimientos contractuales o delitos, los resultados indefectiblemente son el desempleo en primer lugar de aquellos que más necesitan trabajar y en segundo lugar de todos a quienes las condiciones laborales son superadas por las normas legales respecto a las antedichas tasas de inversión. El voluntarismo no cuadra.

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¿Qué proponen los libertarios y por qué habría que escucharlos?

Libertarios en la Argentina ha habido siempre. En su historia habrá que retroceder al menos unas cuantas décadas para ver que en los años 1950 Alberto Benegas Lynch padre fundaba, junto a algunos empresarios, el Centro para la Difusión de la Economía Libre, luego llamado Centro de Estudios para la Libertad. En estos centros se ofrecieron conferencias y publicaciones de libros de variados autores como Ludwig von Mises, Friedrich Hayek, Leonard Read, Henry Hazlitt, Israel Kirzner o Murray Rothbard. Quizás haya algún lector que recuerde las seis conferencias multitudinarias de Mises en la UBA en 1959. Desde ya que la diferencia entre un liberal como Hayek y un libertario como Rothbard, fue siempre motivo de disputas internas entre libertarios, pero hoy no nos vamos a detener en ello. Más bien, los tomaremos como compañeros de camino.

La posta la tomó su hijo Alberto Benegas Lynch (h), hoy Presidente de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, quien fundó en 1978 la Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas (ESEADE), creando los primeros posgrados en Argentina. En sus cuatro Maestrías en Economía y Ciencias Políticas, Economía y Administración de Empresas, Derecho Empresario y Activos Financieros, los alumnos recibían los fundamentos para defender la libertad individual, la propiedad privada, la economía de mercado y el gobierno limitado, además de los conocimientos específicos de cada programa.

Muchos de estos alumnos a su vez, formaron numerosas fundaciones e institutos pro mercado en distintas provincias, que como efecto cascada formaron a miles de jóvenes en las ideas de la libertad. Estos jóvenes hoy quizás no son docentes o académicos prestigiosos (aunque algunos lo son, como el Dr. Eduardo Stordeur o el Dr. Nicolás Cachanosky), pero lideran y gerencian distintos departamentos de las principales compañías del país.

Martín Krause lo sucedió a Alberto Benegas Lynch (h) como Rector de este Instituto Universitario, donde también pasaron excelentes docentes como Juan Carlos y Roberto Cachanosky, Gabriel Zanotti, Enrique Aguilar, Gustavo Matta y Trejo o Ricardo Manuel Rojas (sin ánimo de ser exhaustivo).

¿Qué proponen los libertarios para esta Argentina? En una Argentina donde ya no podemos pensar la educación, la salud, las jubilaciones y pensiones, el cuidado del medio ambiente o la administración de la moneda y los bancos sin el ente gubernamental como principal regulador, los libertarios proponen un debate necesario. Repensar una Argentina en la que podamos prescindir del Estado. Aspiran a que cada argentino pueda pagar su propia educación y la de sus hijos; que pueda cubrir sus costos sanitarios; que pueda elegir cómo y cuándo jubilarse y que su pensión dependa de los montos y años de aporte. Proponen, en definitiva, libertad y responsabilidad, para terminar con la “estatolatría” donde el Dios Estado es el que ofrece empleo y garantiza seguridad social porque, de hecho, jamás ha garantizado otra cosa que pobreza. Repensar una Argentina donde este flagelo sea gradualmente erradicado a través del mercado, como viene ocurriendo en gran parte del mundo, incluidas China y la India (ver El Gran Escape de Angus Deaton). Donde la libertad de empresa y la iniciativa privada sean el motor del empleo genuino, de la innovación, de la creatividad y de las oportunidades para alcanzar una vida mejor. Donde la igualdad que importa es “ante la ley”.

En una Argentina donde la policía respalda a las mafias, los libertarios piden, siguiendo a James M. Buchanan, desconfiar de la política, lo que en definitiva es fundamento para un gobierno limitado.

¿No es esto una utopía? Una sociedad sin estado es irrealizable en esta Argentina, sin dudas. El libertario desde luego está dialogando en un “plano ideal” que a muchos les parecerá lejano. Está debatiendo para una sociedad futura, donde posiblemente la cultura anti-capitalista sea abandonada por otras creencias pro-mercado. Le preocupa entonces definir cuánto estado haría falta en ese estado ideal, y llega a la conclusión de que no sería necesario ninguno, ni siquiera en justicia o seguridad.

Pero al margen de ese debate puro, también hay un mensaje que puede ser útil para nuestra Argentina y que deberíamos escuchar.

¿Cuál es este mensaje? Que la Argentina presenta un gasto público desbordado que aunque se pudiera financiar cubre necesidades de gente que no necesita la ayuda estatal. El primer paso entonces es desmantelar ese Estado que ayuda al que no lo necesita. Que aquellos que pueden pagar educación o salud para sí y para sus familias, lo hagan. Que aquel que puede tener su propia pensión la tenga. Que aquel que puede pagar servicios públicos que cubran los costos lo haga. Que aquel que puede pagar el precio real del combustible lo pague también. De ese modo reducimos la mochila de impuestos, deuda e inflación que recae sobre las empresas y que evita que sean competitivas en un mundo abierto y globalizado. De ese modo habría empleos y mejores salarios reales para todos.

¿Y qué ocurre con los que no pueden pagar estas cosas? Para la educación y la salud existe la propuesta de vouchers de Milton Friedman. El libertario lo aceptará en la transición, aunque insistirá que ese dinero de los cupones sale del bolsillo del contribuyente y que sólo será temporal.

Para las pensiones se deberá crear un sistema privado de aporte voluntario, que no tiene relación con lo que hubo durante el menemismo, y ni siquiera con el sistema que hoy rige en Chile. El sistema libertario de pensiones no necesita que el gobierno autorice a ciertas empresas a operar, ni que fije comisiones, sino que simplemente se haga a un lado y permita la competencia. El mercado operará bien en su ausencia, como de hecho ocurre con la gran mayoría de bienes y servicios. Desde luego que para cubrir a los actuales pensionados se necesitarán pagar impuestos, pero debemos distinguir entre la solución al problema actual donde el Estado se consumió los ahorros de los actuales jubilados respecto del sistema previsional para el futuro.

Comparar al oficialismo con el mensaje libertario muestra lo moderado del gobierno de Mauricio Macri, que si bien en anuncios y conferencias promueve cierto relativo liberalismo, en la práctica encuentra inacción, quizás por los obstáculos que el libertario muchas veces pasa por alto.

Y aquí viene la pregunta: ¿Propone el libertario desmantelar hoy al Estado por completo? Habrá quien lo proponga, pero no es lo más usual. El libertario entiende que el Estado está sobredimensionado y sabe que corregir esto sólo puede redundar en mayor calidad de vida para todos. Sabe que en el plano político, la prioridad del gobierno es mantener el orden público, y que eso sólo se consigue atendiendo a lo que es políticamente viable en cada momento. Es por eso que la regla general que el gobierno debe seguir es bajar el gasto todo lo posible, mientras pueda mantener el orden público.

Y allí encontramos el gran dilema, ya que cierta mentalidad anti-capitalista impide avanzar en reformas profundas como las que el libertario propone. En este sentido, mientras el libertario busca abrir el debate en un plano teórico, también acepta en la política pública una transición ordenada que no deje a nadie sin sustento. En la búsqueda de ese camino está claro que ambos roles, el académico y el político, se deben retroalimentar.

Publicado originalmente en El Cronista, el miércoles 17 de enero de 2018.

Infobae: Grises Fiscales en el 2017

A pesar del entusiasmo de Cambiemos respecto a los números fiscales del 2017, los datos muestran algunos grises que ponen paños fríos al discurso del oficialismo.

Con claro entusiasmo, Cambiemos anunció los resultados fiscales del 2017. El déficit primario de 3,9% del PBI sobrecumplió la meta fiscal para el 2017 de 4,2 por ciento. Estos resultados positivos se acompañan señalando el crecimiento que estaría mostrando la economía argentina. Todo parecería indicar que la economía nacional está en buen camino y que el gradualismo muestra sólidos resultados. Sin embargo, como varios economistas ya vienen señalando, una mirada más cuidadosa de los números fiscales y de la actividad económica no justifica tanto entusiasmo por parte del oficialismo.

La primera cuestión es que el déficit primario es un resultado parcial de la situación fiscal del país. Deja de lado, justamente, los intereses de la deuda. Al elegir financiar el déficit fiscal con deuda no se puede dejar de lado el pago de intereses al momento de evaluar el desempeño fiscal. Es similar a una empresa que toma deuda para iniciar un nuevo proyecto y en su cálculo de costos y beneficios no considera el pago de intereses. Claramente el banco cuestionaría la validez de dicho análisis. El déficit que al final del día importa es el financiero, que tiene en cuenta el pago de intereses. Mientras el déficit primario creció un 17,5%, por debajo de la inflación, el déficit financiero superó a la inflación al crecer un 32,5% y ubicarse en 6,1% del PBI. Ciertamente el entusiasmo del Gobierno no sería el mismo si las metas fuesen sobre el déficit financiero en lugar del primario. El déficit financiero, a su vez, deja de lado el pago de interese intra sector público, como si usted decidiese ignorar de sus cuentas familiares el pago de intereses por la deuda que tiene con su hermano. Al considerar estos intereses, el déficit financiero crece un 34,5% y se ubica en el 6,9 por ciento. Es por este motivo que cada vez más voces indican que el gradualismo tiene más costos fiscales que beneficios.

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SMP: The Macro Bifurcation

Política monetaria y teoría macroeconomica parecen haber tomado caminos distintos luego de la crisis del 2008. Breve comentario en Sound Money Project.

One of the major issues in contemporary macroeconomics concerns monetary policy since the 2008 crisis. For many, if not most, of the major central banks, the conventional channels through which the money supply changes do not work anymore. For instance, by paying interest on reserves, the Federal Reserve has moved from adjusting the money supply to influencing the banks’ money demand. Some central banks have even maintained that money supply does not affect inflation anymore.

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El Cronista: El dolar Argentino (con Agustin Etchebarne)

Con ánimo de expandir los límites del debate monetario en argentina, junto a Agustin Etchebarne escribimos una columna sobre el «dolar argentino.»

Desde la fundación del Banco Central (BCRA) en 1935 hasta la fecha, la inflación promedio en Argentina ha sido del 55% anual. Estrictamente hablando, si bien Argentina posee el Peso como medio de cambio, carece de moneda propiamente dicha, dado que a lo largo de casi toda su historia la moneda argentina no ha sido reserva de valor y se complica su uso como unidad de cuenta.

Le hemos sacado trece ceros a la moneda, cada cero implicó la confiscación del 90% de su poder adquisitivo. No sorprende que Argentina posea bajos niveles de ahorro interno y dependa tanto del crédito externo, que luego se transforman en la famosa restricción externa y los sudden stops. La histórica inflación argentina también sugiere que el problema es de naturaleza institucional y excede a la administración del BCRA.

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