Avatar de Desconocido

Acerca de Adrián Ravier

Adrian Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y Profesor en la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín.

Las consecuencias políticas, fiscales y económicas de la devaluación

Argentina acudió al FMI durante la crisis cambiaria para que sostenga su endeble macroeconomía. El desembolso requerido, sin embargo, podía seguir la misma suerte que los U$S 10.000 millones que se perdieron en reservas en unas pocas semanas, si no se corregían previamente algunos fuertes desequilibrios. Para comprender esta situación podemos observar las dos cuentas de la balanza de pagos, que registran todas las operaciones que generan ingreso y egreso de divisas al país. Llevándolo a un plano más familiar para el lector, en la cuenta corriente, estaríamos observando todos los gastos de una familia. En la cuenta capital estaríamos viendo cómo se financian. La balanza comercial de esta familia, está mostrando que compran más bienes de los que venden, al tiempo que salen de vacaciones con cierta periodicidad. Si estos gastos fueran cubiertos con ingresos genuinos, como inversión extranjera directa, entonces estaríamos hablando de una familia que se da una buena vida, pero que se justifica en el trabajo de sus miembros. Pero si esta buena vida se da como consecuencia de un enorme endeudamiento, entonces los economistas debemos alertar de la situación.

Para que el desembolso del FMI no vaya a consumo o turismo, era necesario reconocer un tipo de cambio más alto de tal forma de encarecer la adquisición de dólares que se obtienen para ambos destinos. Para ello bastaba con correrse de esa posición que el Banco Central -en tiempos de Federico Sturzenegger- había asumido tras el levantamiento del cepo cambiario, es decir, de intervenir en el mercado cambiario cada vez que veían que la divisa encarecía su cotización.

Algunos economistas cuestionaron la existencia del atraso cambiario, pero no hay otro modo de explicar el mayor déficit de cuenta corriente de nuestra historia sin ese dólar contenido por el enorme endeudamiento. Manteniendo la atención sobre los desequilibrios macroeconómicos, la devaluación además causó una licuación de los salarios reales de los trabajadores (privados y públicos) que le permitirían al gobierno mostrar una mejor situación fiscal respecto del año anterior. Así, las estimaciones muestran una reducción del déficit fiscal primario que a diciembre estará por debajo del 2%, haciendo creíble quizás un equilibrio primario para fines de 2019. Muchos analistas han advertido, y yo coincido, que el déficit que debemos observar no es el primario sino el financiero, el que incluye los intereses de deuda; pero allí también observamos que 2018 terminaría con un desequilibrio menor, ahora de 5 % del PBI, reduciéndose para 2019 en paralelo con las metas sobre el déficit primario.

Lo que la política económica argentina jamás logró por la vía de ajustes en los ingresos nominales o en la reducción de personal del Estado, siempre lo consiguió por la vía de la inflación, con devaluaciones que pueden corregir parcial y temporalmente algunos desequilibrios macroeconómicos, pero que no resuelven los problemas estructurales.

Lo que comprendió el gobierno es que el número de personas que trabaja en el Estado es excesivo para los ingresos de los argentinos, y que la única forma de sostener la situación es deprimiendo sus ingresos en términos reales. La situación es compleja, y despierta en el sindicalismo argentino una obvia reacción que generará tensiones continuas y dolorosas desde el punto de vista político y social.

Lo importante, sin embargo, es aprovechar esta nueva circunstancia de crisis para corregir los desequilibrios de fondo. Luis Caputo reemplazó a Sturzenegger y ya parece haber iniciado una política de contracción monetaria que se establece sobre agregados monetarios, además de las metas sobre tasas de interés, y con ello garantiza una baja de la inflación. Recordemos que el presidente Mauricio Macri había dicho que 2019 mostrará una baja de 10 puntos en la inflación, pero no olvidemos que al cierre de este año la tasa estaría por encima del 32% anual. Una inflación para el cierre de su gobierno en torno al 22% es bastante poco respecto de lo que se esperaba de su primer mandato.

Por el lado fiscal, alcanzar el equilibrio fiscal primario en el año electoral es un desafío fundamental de este gobierno, lo que resulta creíble si en 2019 la economía se recupera de la devaluación reciente y mejora fuertemente la recaudación.

Los manuales de economía tienen lecciones básicas y fundamentales sobre el impacto de cualquier devaluación. Argentina no escapa a estos conceptos. Pero debemos recordar que toda devaluación puede ajustar desequilibrios parcial y temporalmente trasladando el costo a los trabajadores, que ven reducidos sus ingresos en términos reales.

Para evitar seguir en esta dinámica que ya lleva décadas, Argentina tiene que definir un tamaño del Estado que pueda pagarse con menos impuestos de los hoy existentes, sin necesidad de tomar deuda para sostenerlo y sin monetizar sus excesos. Ese es el desafío que debemos priorizar para la década de 2020.

Publicado originalmente en La Gaceta, el domingo 29 de julio de 2018.

Herencia, dólar, inflación y actividad: ¿hay luz al final del camino?

Por primera vez en mucho tiempo los funcionarios del Gobierno, sus críticos y opositores y los economistas en general parecemos haber alcanzado un consenso sobre la realidad que enfrentamos y enfrentaremos en los próximos meses. El diseño ahora se extiende al último trimestre de 2018 o quizás a lo que la economía puede mostrar en el año electoral.

Seguir leyendo aquí.

Pulir parte del mensaje liberal – Por Alberto Benegas Lynch (h)

Reiteramos que el liberalismo es nada más y nada menos que el respeto irrestricto por los proyectos de vida de otros. Todo lo diferente debe ser tolerado, excepto la lesión de derechos de terceros.

Nos encontramos con que muchos aparatos estatales encargados de proteger derechos, resulta que los conculcan. Pero también es necesario apuntar que nosotros, los liberales, no siempre trasmitimos el mensaje del aludido respeto con la suficiente claridad.

Un ejemplo de ello consiste en el tema central de cómo gastos públicos elefantiásicos afectan de modo muy especial a los más pobres. Esto es así debido a que consume capital el consiguiente derroche y las tasas de capitalización son la única causa de la elevación de salarios e ingresos en términos reales.

Se ha dicho que para aliviar el lastre del gasto público es necesario proceder a un doloroso ajuste. Pero esto así está mal planteado. El ajuste -la asfixia- es una realidad cotidiana en la vida de los argentinos desde hace setenta años.

De lo que se trata es de aliviar el ajuste y proceder a rellenar los bolsillos de la gente a través del recorte de lo que pesa gravemente en los presupuestos de todos, pero, como queda dicho, de modo especial en los de los más débiles.

No hay magias en la economía, los recursos que emplean los aparatos estatales los succionan del fruto del trabajo ajeno. Y ya hemos destacado que la forma de operar no es la poda de gastos puesto que, igual que con la  jardinería, la poda estimula el desarrollo. De lo que se trata es de eliminar funciones incompatibles con un sistema republicano. Tampoco se trata de esperar crecimientos que disimulen faenas que no se condicen con una sociedad abierta, ni congelamientos de gastos que también pretenden ocultar bajo la alfombra funciones insolentes para con las autonomías individuales.

No hay acción sin costos, todo lo que hacemos implica dejar de hacer otras cosas ya que no es posible realizar todo al mismo tiempo. En economía esto se denomina costo de oportunidad. En el caso que nos ocupa, el recorte de funciones se traduce en costos pero los beneficios son mayores,  de lo contrario habría que hacer la apología del desorden. No seamos ingenuos, no resulta posible comerse la torta y al mismo tiempo preservarla. Es incoherente detectar la enfermedad pero rechazar los remedios.

Al liberar recursos humanos y materiales éstos se asignan en tareas productivas en lugar del despilfarro. Hay que prestar debida atención a propuestas para reducir el astronómico gasto público, por ejemplo, en el libro publicado a tal fin por la Fundación Libertad y Progreso que constituye un primer paso para las diferentes áreas.

Dejemos fantasías como la parla sobre la ortodoxia y el neoliberalismo. Lo primero le cabe solo a las religiones, de lo que se trata es simplemente de hacer lo que se debe para prosperar. Y la etiqueta de neoliberal es un invento con la que ningún intelectual serio se siente identificado.

Publicado originalmente en la edición impresa de El Cronista, el lunes 23 de julio de 2018.

El desafío ahora es darle sustento a la baja del gasto [Informe IDESA No. 766]

En la primera mitad del año se observa una importante caída del déficit fiscal. No menos relevante es que se dio no tanto por aumento en los ingresos sino porque los gastos crecieron mucho menos que la inflación. La clave ahora es rápidamente reorganizar al Estado para darle sostenibilidad al proceso.

Se dieron a conocer los resultados del Sector Público Nacional correspondientes al primer semestre del 2018. El déficit fiscal primario (antes del pago de intereses) bajó respecto a igual período del año anterior desde $144 mil a $106 mil millones. Esta reducción es casi equivalente al incremento en los pagos de intereses de deuda que pasaron desde $111 mil a $145 mil millones. Así, el déficit fiscal total bajó levemente desde $256 mil a $251 mil millones entre el primer semestre del 2017 y el primer semestre del 2018.

En el marco de la alta inflación prevaleciente, que el déficit fiscal no crezca nominalmente implica una importante reducción medida en términos de moneda constante. Es prematuro sacar conclusiones debido a que se trata de medio año y en parte se puede explicar por una mayor propensión a diferir pagos. Pero es auspicioso el cambio de tendencia. Desde el 2010 que no se registraba una reducción nominal del déficit fiscal.

Otro punto importante para analizar es cómo se logró este incipiente pero alentador proceso. Según la información publicada por el Ministerio de Hacienda, se observa que:

  • En el 2016 los ingresos públicos crecieron a una tasa del 35% anual mientras que el gasto público total lo hizo al 40% anual, muy similar a la inflación (41%).
  • En el 2017 los ingresos públicos crecieron a razón del 23% anual mientras que el gasto público total creció al 25% anual, igual que la inflación (25%).
  • En los primeros 6 meses del 2018 los ingresos públicos crecieron al 26% interanual mientras que el gasto público total lo hizo al 20%, por debajo de la inflación (26%).

Estos datos muestran que el quiebre de tendencia del déficit fiscal se explica fundamentalmente por una fuerte desaceleración del gasto público. Mientras que en el 2016 y 2017 el gasto público creció a igual ritmo que la inflación, en el primer semestre del 2018 fueron los ingresos los que aumentaron como la inflación mientras que el incremento nominal del gasto público fue unos 6 puntos porcentuales inferior. La austeridad estuvo concentrada en los subsidios económicos, las transferencias discrecionales a provincias y especialmente en la inversión pública. La contención de estos gastos alcanzó para más que compensar el incremento del gasto en jubilaciones y pensiones que sigue creciendo muy por encima de la inflación.

Para que este cambio de tendencia sea financiera, social y políticamente sostenible es fundamental reactivar la producción. Por eso, es clave sostener el cronograma de reducción de impuestos distorsivos. Parte de los impactos negativos sobre la recaudación deberían ser compensados con adecuaciones de otros impuestos (como fortalecer los tributos patrimoniales y eliminar exenciones, entre otros) y bajas en la evasión. Pero lo más importante ahora es profundizar y darle sustento a la reducción del gasto.

El congelamiento de las transferencias discrecionales a provincias es apenas un paso preliminar frente al desafío de institucionalizar la decisión de que el Estado nacional deje de interferir en funciones provinciales y municipales. Por la magnitud de los fondos involucrados el punto central es que la Nación no administre ni subsidie los servicios públicos de la región metropolitana. Pero también es necesario acordar con el resto de las provincias la eliminación de los programas nacionales a través de los cuales se distribuyen discrecionalmente insumos y reparaciones para escuelas, centros de salud, calles, cordón-cunetas y ayudas asistenciales en provincias y municipios.

Con este replanteamiento del rol del Estado nacional aparecerá el espacio fiscal para que el nivel central recupere la inversión pública que le corresponde ejecutar en su función interprovincial como las rutas nacionales, el transporte ferroviario, los puertos y las hidrovías, y el transporte aerocomercial. El otro gran desafío de la Nación es darle sustentabilidad a la seguridad social. Para esto es necesario eliminar regímenes previsionales de privilegio y la regla de pensión que lleva a la duplicación de beneficios cuando fallece un jubilado.

Acceda aquí al informe completo.

RAE, Volume 31, Issue 2, June 2018

¿PORQUÉ OBEDECER A LA AUTORIDAD? – Por Alberto Benegas Lynch (h)

De entrada me parece que resulta conveniente precisar que hay básicamente dos tipos de autoridad. En primer lugar, la autoridad moral en un sentido amplio es decir la que es reconocida por la rectitud de conducta o por los conocimientos o por ambas cosas a la vez. Este tipo de autoridad no necesita de aparatos compulsivos de la fuerza para acatarse, se adopta por la virtud implícita en el  ejemplo. En este sentido no hay obligación propiamente dicha de seguir los lineamientos estipulados, si se siguen es  por el reconocimiento de la razón de lo que se pone de manifiesto.

Pero hay otro tipo de autoridad que se sustenta para su cumplimiento en la fuerza, sea esta de un gobierno respaldado siempre en las botas policiales, una autoridad escolar respaldada en reprimendas varias o equivalentes. En estas líneas vamos a centrar nuestra atención en el primer tipo, esto es, la de los aparatos estatales.

Como enseñan algunos de los pensadores en la larga tradición del iusnaturalismo: Grotius, Pufendorf, R. Hooker, Francisco de Vitoria, Sidney, Locke,  Leo Strauss, Francis Lieber, Eric Mack, H. B. Veatch, Lon Fuller, Roscoe Pound, John Finnis -a contracorriente de los Kelsen, Hart y Raz contemporáneos- las disposiciones legales deben basarse en puntos de referencia extramuros de la norma positiva para ser justas. Y esos mojones a su turno derivan de lo que hace posible el desenvolvimiento de los seres humanos que del mismo modo que las piedras y las rosas tienen propiedades inherentes a su naturaleza.

Sigue leyendo

«Continente y Contenido: los marcos institucionales y la economía». Conferencia de ALBERTO BENEGAS LYNCH (h) en ESEADE

El pasado 21 de junio a las 19 hs el Dr. Alberto Benegas Lynch (h) ofreció esta conferencia en el marco de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE cuya grabación aquí podemos compartir. De este modo respondemos a la solicitud de muchos interesados que por distancia o tiempo no pudieron participar.

En esta conferencia el Dr. Benegas Lynch (h) nos recuerda que este programa tuvo su origen y diseño en el pensamiento de James M. Buchanan, quien recibiera el Premio Nobel en Economía en 1986. Sostenía Buchanan sobre ESEADE:

Desde mi punto de vista, el esfuerzo educativo de ESEADE puede hacer mucho para que se entienda la mayor eficiencia en un mercado libre y el espíritu necesario de la libertad individual en el contexto de un orden social caracterizado por la tolerancia.

QJAE, Volume 21, no. 1 (Spring 2018)

Articles:

New-Product Research and Development: The Earliest Stage of the Capital Structure by James E. McClure and David Chandler Thomas

Protected Lying: How the Legal Doctrine of «Absolute Immunity» Has Created a «Lemons Problem» in American Criminal Courts by William L. Anderson and Anthony G. Stair

Schumpeter’s Review of Frank A. Fetter’s Principles of Economics by Karl-Friedrich Israel

Subjectivity, Artibrariness, Austrian Value Theory, and a Reply to Leithner by David J. Rapp, Michael Olbrich, and Christoph Venitz

A BCT is not ABCT: A Rejoinder to Brian Simpson by Shawn Ritenour

Reviews:

How Economics Professors Can Stop Failing Us by Steven Payson. Reviewed by Samuel Bostaph

The Progressive Era by Murray N. Rothbard. Reviewed by Chris Calton