…………………Los liberales aún somos en algún sentido, hijos del iluminismo, por más que nos aclare Hayek que hay dos racionalismos, uno verdadero y otro falso, explicándonos en la tradición de Hume los límites de la razón, un cierto espíritu «de las luces» está entre nuestros propios prejuicios empeñado en creer, contra toda evidencia, que la razón, con sus limitados poderes, tiene que ser más que suficiente para superar arraigados prejuicios anclados en hondos sentimientos.
Con esta contundente e importantísima afirmación, Guillermo Rodríguez González nos da pie para introducir su ensayo sobre la envidia y su relación con el socialismo.
En efecto, pocas veces, dentro de los ambientes liberales clásicos o libertarios, los temas psicológicos son abordados en profundidad. Nos manejamos bien en Economía, Derecho Filosofía Política y Filosofía, tratamos de argumentar racionalmente, estudiamos, leemos, escribimos, y entonces, desde allí, tratamos de “convencer al otro”. Pero “el otro” no se convence, no nos escucha, no nos lee. Y nos preguntamos entonces qué pasa con nuestra didáctica, qué cosa hemos hecho mal, etc. Y seguimos haciendo seminarios, cursos, a veces con mucho público, que ya está convencido, claro. Mientras tanto el socialismo sigue avanzando y en las horas más amargas uno llega a plantearse realmente si el mundo está loco o el loco es uno mismo.

