El Lenguaje de la Economía

Estimados, quiero tratar con ustedes el tema del lenguaje de la Economía. No la metodología, si es axiomático-deductiva o hipotético-deductiva, si requiere contrastación empírica, etc; todos temas que ha desarrollado claramente Gabriel.

Mi tema surgió a partir de haber planteado a Nicolás y Adrián una pregunta que me hizo un alumno de la materia Escuela Austriaca en UCEMA: ¿porqué es que no ha continuado el desarrollo del modelo gráfico de Garrison? Ellos respondieron todo lo que ellos mismos han hecho al respecto, pero ahora quiero plantear el tema general, es decir, al uso de expresiones matemáticas, gráficos, etc.

Así, por ejemplo, vemos en los Principios de Economía Política, de Menger, el uso de ejemplos numéricos, como:

Para mayor claridad, daremos una expresión numérica (cf. pág. 113 y siguientes) a la anterior relación. Podremos entonces expresar la significación escalonada de la satisfacción de las necesidades antes mencionadas mediante una serie de cifras, que van descendiendo en proporción aritmética, por ejemplo, según la serie: 50, 40, 30, 20, 10, 0.

Imaginemos ahora que nuestro primer granjero, A, posee seis caballos y una sola vaca, mientras que el granjero B se halla en la situación contraria. Podemos entonces ejemplarizar la significación escalonada de la satisfacción de necesidades por medio de los bienes que posee cada uno de los granjeros en la siguiente tabla….

Mises va un poco más allá y plantea algunas ecuaciones, aunque en palabras:

Analicemos los monopolios marginales fijando la atención en aquella realidad que, hoy en día, con mayor frecuencia los ampara. Las tarifas proteccionistas, bajo ciertas condiciones, pueden engendrar precios de monopolio. Atlantis decreta una tarifa t contra la importación de la mercancía p, cuyo precio en el mercado mundial es s. Si el consumo de p, en Atlantis, al precio s -f- t, es a y la producción nacional de p es b, siendo b menor que a, resulta que los costos del expendedor marginal son iguales a s -f t. Los fabricantes de p en Atlantis pueden vender la totalidad de su producción al precio de s + t. La protección arancelaria, en tal caso, es efectiva e impele, en aquel mercado interior, a ampliar la fabricación de p por encima de b, hasta llegar a una producción ligeramente inferior que a. Ahora bien, si b es mayor que a, las cosas cambian. Cuando la producción b es tal que, incluso al precio s, el consumo interior no la absorbe en su totalidad, de tal suerte que una parte de la misma ha de ser exportada y vendida en el extranjero, la tarifa de referencia ya no influye en el precio de p. Tanto en el mercado interior como en el mundial el precio de p no varía. La repetida tarifa, sin embargo, al discriminar entre la producción nacional y la extranjera de p, concede a los industriales de Atlantis un privilegio que éstos pueden aprovechar para implantar una situación monopolística, siempre y cuando determinadas circunstancias igualmente concurran. Si cabe hallar entre s y s + t un precio de monopolio, resulta lucrativo para estos últimos el formar un cartel.

Mises, L. von. Acció Humana (4 Ed.). Unión Editorial, p. 548,

En el quinto renglón ya te perdiste. ¿Hubiera sido mejor plantear directamente las ecuaciones? ¿O hacerlo gráficamente?

Todos conocemos el triángulo Hayekiano mostrando las etapas del proceso productivo:

Todos conocen el modelo gráfico de Garrison para explicar la Teoría Austriaca del Ciclo Económico:

Murray Rothbard sostiene, en Man, Economy and State, que la construcción de un gráfico sobre la formación de un precio en el mercado tendría que presentar puntos, ya que las decisiones que se toman son sobre unidades específicas y una curva introduce cambios infinitesimales que no corresponden a las decisiones que tomamos. No obstante, él mismo luego usa las curvas. No recuerdo si lo aclara, pero seguramente porque le parece que es más «pedagógico” aunque sacrifique precisión teórica.

Ahora bien, una curva es también una función, que puede presentarse en lenguaje matemático. ¿Diríamos que en lenguaje matemático es menos “didáctica” que un gráfico, el que se comprende a simple vista?

¿Quiere decir entonces que tendríamos que tener en cuenta los costos y los beneficios de cada uno de los lenguajes, pero, en principio, no descartar ninguno? ¿Deberíamos darle prioridad a la claridad pedagógica?

Encajes y Bonos del Tesoro, peligrosa movida del Banco Central

En un reciente comunicado, el BCRA dio a conocer que, además de las Leliqs, los bancos podrán mantener bonos del tesoro como parte de sus encajes. El BCRA argumenta que esta normativa busca desarrollar el mercado de capitales y crear un mercado líquido y profundo para los títulos públicos.

Por supuesto que el comunicado del BCRA es en tono positivo. No obstante el optimismo del BCRA, esta normativa es una peligrosa movida del BCRA.

En resumidas cuentas, la situación es la siguiente. Asumiendo un encaje del 20%, por cada 100$ depositados, el banco debe mantener 20$ en reserva y puede extender préstamos por los restantes 80$. De esos 20$ en encaje, una parte se puede mantener en Leliqs (bonos de corto plazo emitidos por el BCRA).

Seguir leyendo en Perfil.

En defensa del individualismo – por Alberto Benegas Lynch (h)

Se trata de una doctrina que resalta y resguarda la condición humana de cada persona mientras exige que los gobiernos sólo se encarguen de preservar los derecho de los ciudadanos y se abstengan de manejar el fruto del trabajo ajeno.

Vivimos la era del colectivismo de la consecuente colectivización, la masificación y la paulatina desaparición de la persona como ser único e irrepetible en la historia de la humanidad. Entre las obras del doctor en bioquímica -y quien descubrió distintos aspectos de la vitamina B- William J. Rogers se encuentran dos de gran interés: You are Extraordinary y Free and Unequal donde detalla lo dicho de modo especialmente didáctico.

La diferenciación hace posible la cooperación social y la división del trabajo puesto que si no hubieran muy distintos talentos y vocaciones cada uno tendría las mismas inclinaciones y preferencias que su vecino por lo que las actividades tenderían a concentrarse y no la necesaria dispersión. Incluso la conversación entre las personas carecería de todo interés puesto que la igualdad no tendría el atractivo del intercambio de gustos, especialidades y variadas experiencias. Y esto último sucede merced a que las personas son distintas desde la perspectiva anatómica, bioquímica y sobre todo psicológica.

Aldous Huxley en su libro Brave New World Revisited corrige algunas de sus observaciones en su trabajo original de 1932 y agrega reflexiones de gran interés en esta nueva presentación en 1958 que ya había parcialmente adelantado en su prólogo de 1948 al libro inicial y en su revisación advierte que el mayor peligro para el futuro de la humanidad es la manipulación genética que apunta a la uniformidad -ese esperpento que C. S. Lewis denominó “la abolición del hombre”- y la difusión de drogas que hagan de apoyo logístico para lograr el conformismo y sensaciones artificiales de felicidad para lograr un rebaño maloliente con que machacan no pocos políticos con el disfraz de la felicidad perfecta para manejar vidas y haciendas ajenas, mientras ellos se embolsan el fruto del trabajo ajeno.

Huxley resume sus preocupaciones en la alarmante moda de conceptos tales como la necesidad de adaptarse y ajustarse a los otros, al pensamiento grupal, a lo socialmente aceptado, en definitiva a la disolución de lo personal en aras de la masa. José Ortega y Gasset y Gustave Le Bon incursionaron en estos asuntos con gran disgusto por sus nefastas consecuencias y Friedrich Hayek explicó los inmensos beneficios del individualismo que no es más que respeto recíproco.

Esta última tradición opera en el contexto de la mayor apertura posible a los intercambios culturales, comerciales, médicos y comunicacionales entre los miembros de la comunidad local e internacional. Resulta en verdad curioso que los enemigos del individualismo son los mayores patrocinadores del aislamiento y el desconocimiento del aludido respeto puesto que invaden derechos vía la imposición del colectivismo con lo que entronizan por doquier la tragedia de los comunes, es decir, lo que es de todos no es de nadie con lo que irremediablemente irrumpen contraincentivos que conducen al despilfarro, lo cual inexorablemente reduce ingresos y salarios en términos reales de todos pero muy especialmente de los más vulnerables que son los primeros en sufrir en carne propia el antedicho derroche.

Es curioso que los que usan la pantalla de la unión de todos en realidad separan y generan aislamiento y conflictos permanentes entre los miembros de la sociedad. Interfieren permanentemente en los arreglos voluntarios de sus integrantes. En definitiva alimentan una secuencia sin solución de continuidad de guerras sin cuartel de todos contra todos. Para recurrir a terminología de la teoría de los juegos, en lugar de abrir paso a la suma positiva donde ambas partes ganan en un acuerdo voluntario, provocan la suma cero. Los megalómanos de siempre intervienen en el mecanismo de precios con lo que indefectiblemente se generan faltantes y desajustes de todo tipo al tiempo que desdibujan los únicos indicadores con que se cuenta para saber dónde invertir y donde desinvertir al efecto de aprovechar del mejor modo los siempre escasos factores productivos.

El colectivismo desafortunadamente tan en boga en la actualidad insiste en una muy peculiar, incoherente y supuesta solidaridad social al imponer sus fórmulas, sin percatarse que la solidaridad es por definición voluntaria y ejercida con recursos propios. El uso de la fuerza para disponer del fruto del trabajo ajeno no es solidaridad sino que se trata de un atraco.

Son los individualistas, a saber, los que consideran sagradas las autonomías de las personas y la consecuente consideración a su dignidad, los que patrocinan a los cuatro vientos la apertura de las fronteras a contracorriente de las culturas alambradas que entronizan los colectivistas. Son los que proponen asociaciones libres y voluntarias, al contrario de afiliaciones y aportes coercitivos del espíritu colectivista. Son los que reiteran la importancia de la descentralización del poder político y el federalismo. Son los que rechazan de plano las cargas fiscales insoportables, deudas estatales astronómicas, inflaciones galopantes y gastos públicos desmesurados en el contexto de regulaciones que asfixian las libertades. Son los que consideran una estafa sideral sistemas denominados de seguridad social pero que son de llamativa inseguridad antisocial debido a la succión de ingresos de todos pero con especial saña contra los más débiles.

Las discusiones semánticas a veces no son constructivas pero como las palabras sirven para pensar y para comunicar pensamientos es a veces de interés detenerse en algunos vocablos clave. Estimamos que ese es el caso del individualismo tan vapuleado y poco comprendido en nuestra época.

Huxley sostiene que la importante y por cierto muy verdadera visión de Eric Blair -que como es sabido firmaba con el pseudónimo de George Orwell– se refiere a la acción imperturbable y maliciosa del Gran Hermano sobre las libertades individuales, en cambio el primer autor apunta a algo peor aún, es decir, al pedido de la gente para ser esclavizada en base a lo antes descrito y especialmente debido a una educación perversa donde más que educar se adoctrina con lo que las personas mutan a la condición de autómatas esclavizados. He citado muchas veces un pensamiento muy sustancioso de Huxley de su Ends and Means que vuelvo a transcribir puesto que encierra una gran verdad y describe muy ajustadamente el aspecto medular de nuestros problemas: “En mayor o menor medida, entonces, todas las comunidades del mundo moderno están formadas por una pequeña clase de políticos corruptos por demasiado poder y por una muy extendida clase de súbditos corruptos por demasiada obediencia pasiva e irresponsable”.

Tras el colectivismo se encuentran errores garrafales de concepto. Tal vez el principal radica en la incomprensión del origen de los salarios y el desempleo por lo que reitero lo dicho en otras oportunidades en la materia que se hacen necesarios en la línea argumental que estamos ahora considerando. Seguramente en muchos casos los errores del colectivismo se adoptan con la mejor de las intenciones y propósitos pero lo relevante en este campo son los resultados.

La única causa de salarios e ingresos en términos reales es la tasa de capitalización lo cual significa la inversión en equipos, instalaciones, maquinarias, tecnologías y conocimientos relevantes que hacen de apoyo logístico al trabajo para aumentar su rendimiento. No hay magias ni voluntarismos y aquellos resultados solo pueden lograrse en un clima donde imperan marcos institucionales que garanticen los derechos de las personas. A su vez, el derecho implica la facultad de usar y disponer de lo propio que en el ámbito de la sociedad libre obliga a los agentes a prestar debida atención a las necesidades ajenas al efecto de obtener ganancias. Quienes no dan en la tecla de los reclamos de su prójimo incurren en quebrantos. Esto ocurre en los mercados abiertos y no sucede cuando operan empresarios prebendarios que se alían con el poder para sacar partida a expensas de sus congéneres.

A su vez en este terreno los sindicatos se desempeñan como asociaciones libres y voluntarias y de ninguna manera como entidades que imponen representaciones y aportes forzosos ni huelgas que sean distintas al derecho a no trabajar para en vez imponer procedimientos violentos e intimidatorios para los que quieren seguir con sus tareas laborales.

En este razonamiento debe destacarse que las llamadas “conquistas sociales” como la entronización de salarios mínimos y equivalentes indefectiblemente provocan desempleo. Y debe tenerse en cuenta que la incorporación de nuevas tecnologías liberan recursos humanos y materiales para atender otras necesidades para lo cual los comerciantes son incentivados en la capacitación de personal al efecto de sacar partida de los nuevos arbitrajes que las circunstancia ofrecen.

Allí donde hay acuerdos libres entre las partes no hay tal cosa como sobrante de aquel factor indispensable para abastecer las ilimitadas necesidades de la gente. Poner palos en la rueda conduce al empobrecimiento. Cuando se dice que los gobiernos deben inmiscuirse en esta materia para equilibrar las fuerzas dispares en la contratación laboral no se tiene presente que es del todo irrelevante el estado de la cuenta corriente de las dos partes, lo definitorio son las antedichas tasas de capitalización. Las partes podrán disponer de recursos suculentos o estar en la quiebra, esto es indistinto, lo trascendental es que el ingreso se establece por las tasas de capitalización y no por la voluntad y la condición de las partes.

Milton Friedman escribe la introducción a la colección de la revista The Individualist Review que se inauguró en abril de 1961 donde señala que siguió las huellas de una entidad anterior de 1953 fundada por Frank Chodorov bajo el nombre de Intercollegiate Society of Individualists. Friedman destaca lo consignado en el editorial del primer número de la referida revista académica que apuntaba a fortalecer los valores de “la empresa privada y libre y a la estricta imposición de límites al poder del gobierno” y anunciaba se abocaría al “compromiso con la libertad”, una publicación en la que Friedman formaba parte de su Consejo Editorial y también colaboraba con ensayos de su autoría junto con otros destacados colegas. También en esa introducción Friedman apunta que el establecimiento de la Mont Pelerin Society en 1947 -la academia internacional como la denominaba Hayek- ayudó mucho a refutar las falacias tejidas en torno al individualismo y a explicar sus enormes beneficios respecto a su consideración por las autonomías individuales y el consiguiente estímulo a las más extendidas aperturas a las relaciones contractuales entre las personas de todo el globo.

En resumen, el individualismo resalta y resguarda la condición humana de cada cual en cuyo contexto la función de los aparatos de la fuerza que denominamos gobierno deben cuidar y preservar el derecho de cada uno de los miembros en su jurisdicción y abstenerse de manejar el fruto del trabajo ajeno. La hipocresía colectivista pretende ocultar resultados altamente negativos con un discurso mentiroso dirigido a conquistar a incautos y desprevenidos frente a la avalancha de miserias que invariablemente generan las granjas colectivas y equivalentes que siempre hundieron a la gente en las hambrunas y las miserias más desgarradoras. Si no prestamos atención a la dignidad y unicidad del ser humano, las cosas terminan como había pronosticado Enrique Santos Discépolo en una parte poco recordada de Cambalache: “Es lo mismo el que labura noche y día como un buey que el que vive de los otros”.

Publicado originalmente en Infobae, 29 de mayo de 2021.

Inflación residual vs explicaciones multicausales

Últimamente no falla, ante nuevos datos de inflación resurgen las explicaciones «multicausales» del aumento en el nivel de precios. Las explicaciones multicausales, sin embargo, tienen poco qué explicar del problema inflacionario. Dicho de otra manera, la inflación residual que no puede explicar el fenómeno monetario es menor. Las teorías multicausales no tienen mucho que aportar. Dejando de lado la consistencia de las explicaciones multicausales de la inflación, contrastemos la heterdoxia K con simples datos.

Sigue leyendo

El inmenso peligro de la guillotina horizontal – por Alberto Benegas Lynch (h)

En nuestro medio se ha agudizado la manía del igualitarismo, pero no es una tendencia original, puesto que lamentablemente se observa en muy distintos países, incluso en algunos de los que han tenido una tradición de respeto recíproco y que la han abandonado en pos de la guillotina horizontal. Resulta de gran importancia subrayar la igualdad ante la ley, es decir, la igualdad de derechos; en cambio, la pretendida igualdad de resultados indefectiblemente empobrece a todos, muy especialmente a los más vulnerables.

Las diferencias de rentas y patrimonios son la consecuencia directa de lo que la gente hace en el supermercado y afines. Por eso resulta tan contraproducente cuando los gobiernos proceden a redistribuir ingresos, puesto que inexorablemente significa contradecir los deseos y preferencias de la gente que distribuyó pacífica y voluntariamente sus recursos, para imponer por la fuerza otras direcciones de los siempre escasos factores de producción. Incluso Thomas Sowell –senior research fellow de Hoover Institution– aconseja no recurrir a la expresión “distribución de ingresos, puesto que los ingresos no se distribuyen, se ganan”.SKIP ADAds by

Aun al apartarse del consejo de Sowell, producción y distribución son dos caras del mismo proceso: quien produce recibe como contrapartida su ingreso. Por eso resulta tan disparatada la aseveración, seguramente bienintencionada, de que “primero hay que producir y luego veremos cómo se distribuye”, sin comprender que nunca habrá producción si se está en manos arbitrarias para distribuir en un sentido distinto de quienes producen.

En esta misma línea argumental se insiste en el atrabiliario concepto de “justicia social”. Esta entelequia solo puede tener dos significados: por un lado, una grosera redundancia, puesto que la justicia no puede ser mineral, vegetal o animal, es solo social, y por otro lado la acepción más generalizada de sacarles a unos lo que les pertenece para darles a otros lo que no les pertenece, situación que contradice la definición clásica de “dar a cada uno lo suyo”, y “lo suyo” remite al derecho de propiedad, que es en este caso contradicho. Por eso es que el premio Nobel de Economía Friedrich Hayek ha escrito que todo sustantivo seguido del adjetivo “social” lo convierte en su antónimo: constitucionalismo social, derechos sociales, democracia social y naturalmente justicia social.

Tal como nos enseña el profesor de Harvard Robert T. Barro, “el determinante de mayor importancia en la reducción de la pobreza es la elevación del promedio ponderado del ingreso de un país y no disminuir el grado de desigualdad”, y otro premio Nobel de Economía, James M. Buchanan, consigna: “Mientras los intercambios se mantengan abiertos y mientras la fuerza y el fraude queden excluidos, aquello sobre lo cual se acuerda es, por definición, lo que puede ser clasificado como eficiente”.

Anthony de Jasay –célebre profesor de Oxford– muestra cómo la metáfora deportiva es autodestructiva cuando se dice que lo razonable es que cada uno largue en igualdad de condiciones en la carrera por la vida y que es injusto que unos tengan ventajas sobre otros debido a diferencias patrimoniales. Pero a poco de andar se percibe que en ese esquema el primero en llegar a la meta se percatará de que ha realizado un esfuerzo inútil, puesto que en la largada de la carrera siguiente lo nivelarán nuevamente y, por lo tanto, en este correlato deportivo con las diferencias de ingresos, no podrá transmitir el resultado de su energía a sus descendientes.

El punto medular en este análisis consiste en que, en una sociedad abierta, los que mejor atienden las necesidades de su prójimo obtienen ganancias y los que yerran incurren en quebrantos. Y no es que en el proceso de cooperación social se proceda de este modo por razones filantrópicas, es que se está obligado a actuar de esa manera si se quiere el propio mejoramiento. Y lo trascendental del asunto es que esas ganancias significan tasas de capitalización más elevadas, lo cual constituye la única causa de aumentos de salarios en términos reales. Esa es la diferencia entre países ricos y pobres, y, a su vez, esas inversiones mayores son el resultado de marcos institucionales que establecen el respeto recíproco.

Como hemos señalado en otra oportunidad, hoy en día, en gran medida, ocurre con los gobiernos lo que describía Ray Bradbury en su novela Fahrenheit 451: bomberos que incendian, es decir, gobernantes que en lugar de garantizar derechos, los conculcan.

Uno de los canales más frecuentes que apuntan a la aplicación de la guillotina horizontal es el impuesto progresivo. Como es sabido, ese tributo se traduce en que la alícuota progresa a medida que progresa el objeto imponible, a diferencia del gravamen proporcional, que, como su nombre lo indica, implica uniformidad en la tasa. La progresividad produce tres efectos dañinos centrales. En primer lugar, altera las posiciones patrimoniales relativas, a saber, la gente con sus compras y abstenciones de comprar va distribuyendo ingresos, con lo que consecuentemente surgen distintas posiciones relativas de ingresos entre los destinatarios. Pues bien, la progresividad cambia esas directivas, con lo que se modifica la asignación de recursos, contradiciendo las citadas indicaciones, lo cual se traduce en derroche, que a su turno afecta salarios.

En segundo término, bloquea la tan necesaria movilidad social, ya que dificulta el ascenso y descenso en la pirámide patrimonial. Y por último, la progresividad es en verdad regresividad, ya que por las razones apuntadas, al mermar la inversión debido a los mayores pagos progresivos de los contribuyentes de jure disminuyen los ingresos de los marginales, que se convierten en contribuyentes de facto.

Para recurrir a la terminología de la teoría de los juegos, es pertinente destacar que en toda transacción libre y voluntaria ambas partes ganan, que es otro modo de decir que son de suma positiva, a diferencia de lo que se conoce como el “Dogma Montaigne”, donde se supone que quien gana es el que recibe la suma monetaria y pierde el que la entrega en la transacción. Esto es el resultado de obsesionarse con el lado dinerario del intercambio sin atender que la entrega de dinero es para recibir un bien o un servicio que el interesado valora en más. Aquella perspectiva se extiende al comercio internacional, en el que equivocadamente se atribuye valor a las exportaciones y se subestima el peso de las importaciones, cuando precisamente se exporta para poder importar, del mismo modo que nosotros vendemos nuestros servicios para poder adquirir lo que necesitamos.

Por último mencionamos una idea que, prima facie, aparece atractiva y razonable, pero esconde un problema medular. Se trata de la “igualdad de oportunidades”. La sociedad libre brinda mejores oportunidades, pero no iguales; la mencionada igualdad es ante la ley, no es mediante ella; las oportunidades no son a costa de arrancar el fruto del trabajo ajeno. Si a un amateur en el tenis se le diera igualdad de oportunidades de jugar con un profesional, habría que, por ejemplo, obligar a que este utilizara el otro brazo al que está acostumbrado a emplear en ese deporte, con lo que se habrá lesionado su derecho. El igualitarismo anula los efectos beneficiosos de liberar las energías creativas, en especial para los más necesitados.

El autor completó dos doctorados, es docente y miembro de dos academias nacionales.

Publicado originalmente en La Nación, el 18 de mayo de 2021.