El aborto y el respeto irrestricto por la vida de los otros – Por Alberto Benegas Lynch (h)

Hace tiempo en uno de mis libros titulado Liberalismo para liberales (Buenos Aires, EMECÉ Ediciones, 1986) fabriqué una definición de esa tradición de pensamiento que veo con satisfacción que es citada y adoptada por intelectuales de peso. Dice así: el liberalismo es el respeto irrestricto por los proyectos de vida de otros. A veces se ha malinterpretado el significado del vocablo “respeto” entendiendo que se trata de compartir o adherir a los proyectos de vida de otros, pero no es así puesto que se traduce en que no se justifica bajo ninguna situación que se pretenda bloquear lo que decida hacer el prójimo, no importa lo mucho que nos pueda disgustar. Solo puede legítimamente recurrirse a la fuerza de carácter defensivo, nunca ofensivo.

Incluso hay quienes han sugerido recurrir a la expresión “tolerancia”, pero esta palabra encierra cierto tufillo inquisitorial en el sentido de que quien tolera tendría la verdad absoluta y perdona, consiente o tolera el error ajeno. En verdad los derechos no se toleran: se respetan. Justamente, la prueba de fuego del respeto es cuando no compartimos el proyecto de vida del vecino.

La vida se torna insoportable si cada cual pretende imponer su proyecto de vida a otros. Cada uno es responsable de sus actos ante su conciencia. En el contexto de la tradición de pensamiento que venimos comentando, los valores morales aluden a las relaciones interpersonales. Por eso se ha dicho que el derecho es “un mínimo de ética” pues la moral excede lo interpersonal. Cada uno tiene sus valores y los aplica en el terreno intrapersonal, lo cual no incumbe al espíritu liberal puesto que no afecta derechos de terceros.

De más está decir que esto no contradice el hecho de que cada liberal tiene su concepción personal de la conducta ética en su fuero íntimo y en todo lo que no concierne al prójimo pero, nuevamente reiteramos, esto no hace al liberalismo como tal.

Todo ataque a la vida, la propiedad o la libertad de otros debe ser castigado en una sociedad libre. La asignación de derechos de propiedad resulta indispensable puesto que como no hay de todo para todos todo el tiempo debe establecerse que la gente con sus compras y abstenciones de comprar se pronuncie sobre quienes usan la propiedad para mejor satisfacer sus necesidades. Los que aciertan obtienen ganancias y los que yerran incurren en quebrantos. En la medida en que se lesione el derecho de propiedad se incurre en derroche y, por tanto, las tasas de capitalización disminuyen, lo cual a su turno contrae salarios e ingreso en términos reales.

Las características del castigo a quienes comenten crímenes están vinculadas al derecho penal y relacionadas con el contexto en el que se produjo la respectiva lesión, pero es de interés señalar muy telegráficamente que debiera traducirse en un resarcimiento monetario por el que el victimario debe trabajar para ese fin y para, en su caso, hacerse cargo de los gastos de manutención del penal en que se encuentre. Hoy en día en general, en materia penal, la víctima no es resarcida ni compensada y, además, el conjunto social se hace cargo de mantener al preso con recursos que le son detraídos por medio de tributos. Para abundar en las diferentes variantes y explorar distintas avenidas respecto a lo dicho, pueden consultarse múltiples obras pero remito a una que acaba de traducirse al castellano titulada Los problemas de la autoridad política de Michele Huemer (Ediciones Deusto, 2019) donde lo que hemos mencionado sumariamente en esta nota periodística sobre la relación víctima-victimario se encuentra desarrollado exhaustivamente en el capítulo 11 de la referida obra.

Al efecto de ilustrar lo que venimos diciendo en cuanto al respeto a los proyectos de vida de otros, nuevamente menciono un tema sobre el que he escrito antes pero debido a la reiteración del debate se hace necesario volver sobre el asunto que hace al antes apuntado derecho a la vida. Se trata del mal llamado “aborto”, que en verdad es homicidio en el seno materno. A veces se ha mantenido que esto no debe plantearse de este modo puesto que “la madre es dueña de su cuerpo” lo cual es absolutamente cierto pero no es dueña del cuerpo de otro y como las personas no aparecen en los árboles y se conciben y desarrollan en el seno materno, mientras no exista la posibilidad de transferencias a úteros artificiales u otro procedimiento, dado que el ser humano en acto se gesta desde el instante de la fecundación del óvulo y, por tanto, es inexorable respetarlo. Es cierto que está en potencia de muchas cosas igual que todo ser humano independientemente de su edad, pero desde el mencionado instante tiene la carga genética completa distinta de su madre y de su padre.

En este sentido y antes de seguir adelante con este tema -sin perjuicio de otras muchas declaraciones científicas procedentes de distintas partes del mundo- es pertinente reproducir la declaración oficial en el medio argentino de la Academia Nacional de Medicina de la que transcribo por vez primera lo siguiente resuelto por su Plenario el 30 de septiembre de 2010 donde concluye: “Que el niño por nacer, científica y biológicamente es un ser humano cuya existencia comienza al momento de su concepción. Desde el punto de vista jurídico es un sujeto de derecho como lo reconoce la Constitución Nacional, los tratados internacionales anexos y los distintos códigos nacionales y provinciales de nuestro país. Que destruir a un embrión humano significa impedir el nacimiento de un ser humano. Que el pensamiento médico a partir de la ética hipocrática ha defendido la vida humana como condición inalienable desde la concepción. Por lo que la Academia Nacional de Medicina hace un llamado a todos los médicos del país a mantener la fidelidad a la que un día se comprometieron bajo juramento”.

Por supuesto -agregamos nosotros- que el argumento central es de carácter científico y no legal puesto que puede concebirse que la ley diga todo lo contrario a lo estipulado por el momento, lo cual no modificaría en un ápice el sustento científico-moral de lo expresado.

Como queda dicho, un embrión humano contiene la totalidad de la información genética: ADN o ácido desoxirribonucleico. En el momento de la fusión de los gametos masculino y femenino -que aportan respectivamente 23 cromosomas cada uno- se forma una nueva célula compuesta por 46 cromosomas que contiene la totalidad de las características del ser humano.

Solo en base a un inadmisible acto de fe en la magia más rudimentaria puede sostenerse que diez minutos después del nacimiento estamos frente a un ser humano pero no diez minutos antes. Como si antes del alumbramiento se tratara de un vegetal o un mineral que cambia súbitamente de naturaleza. Quienes mantienen que en el seno materno no se trataría de un humano del mismo modo que una semilla no es un árbol, confunden aspectos cruciales. La semilla pertenece en acto a la especie vegetal y está en potencia de ser árbol, del mismo modo que el feto pertenece en acto a la especie humana en potencia de ser adulto. Todos estamos en potencia de otras características psíquicas y físicas, de lo cual no se desprende que por el hecho de que transcurra el tiempo mutemos de naturaleza, de género o de especie.

De Mendel a la fecha, la genética ha avanzado mucho. Jerome Lejeune, célebre profesor de genética de La Sorbona, escribe: “Aceptar el hecho de que con la fecundación comienza la vida de un nuevo ser humano no es ya materia opinable. La condición humana de un nuevo ser desde su concepción hasta el final de sus días no es una afirmación metafísica, es una sencilla evidencia experimental”.

La evolución del conocimiento está inserta en la evolución cultural y, por ende, de fronteras móviles en el que no hay límite para la expansión de la conciencia moral. Como ha señalado Durant, constituyó un adelanto que los conquistadores hicieran esclavos a los conquistados en lugar de achurarlos. Más adelante quedó patente que las mujeres y los negros eran seres humanos que se les debía el mismo respeto que a otros de su especie. Hoy en día los llamados abortistas, en una macabra demostración de regresión a las cavernas, volviéndole la espalda a los conocimientos disponibles más elementales y encubriendo las contradicciones más groseras, mantienen que el feto no es humano y, por tanto, se lo puede descuartizar y exterminar en el seno materno.

Bien ha dicho Julián Marías que este brutal atropello es más grave que el que cometían los sicarios del régimen nazi, quienes con su mente asesina sostenían que los judíos eran enemigos de la humanidad. En el caso de los abortistas, no sostienen que aquellos seres inocentes e indefensos son enemigos de alguien. Marías denomina al aborto “el síndrome Polonio” para subrayar el acto cobarde de liquidar a quien -igual que en Hamlet– se encuentra en manifiesta inferioridad de condiciones para defenderse de su agresor.

La secuencia embrión-mórula-balstoncito-feto-bebe-niño-adolecente-adulto-anciano no cambia la naturaleza del ser humano. La implantación en la pared uterina (anidación) no implica un cambio en la especie, lo cual, como señala Ángel S. Ruiz en su obra sobre genética “no añade nada a la programación de esa persona” y dice que sostener que recién ahí comienza la vida humana constituye “una arbitrariedad incompatible con los conocimientos de neurobiología”. La fecundación extracorpórea y el embarazo extrauterino subrayan este aserto.

Se ha dicho que el feto es “inviable” y dependiente de la madre, lo cual es también cierto, del mismo modo que lo son los inválidos, los ancianos y los bebes recién nacidos, de lo cual no se sigue que se los pueda exterminar impunemente. Lo mismo puede decirse de supuestas malformaciones: justificar la matanzas de fetos justificaría la liquidación de sordos, mudos e inválidos. Se ha dicho que la violación justifica el mal llamado aborto, pero un acto monstruoso como la violación no justifica otro acto monstruoso como el asesinato. Se ha dicho, por último, que la legalización del aborto evitaría las internaciones clandestinas y antihigiénicas que muchas veces terminan con la vida de la madre, como si los homicidios legales y profilácticos modificaran la naturaleza del acto.

Entonces, en rigor no se trata de aborto sino de homicidio en el seno materno, puesto que abortar significa interrumpir algo que iba a ser pero que no fue, del mismo modo que cuando se aborta una revolución quiere decir que no tuvo lugar. De más está decir que no estamos aludiendo a las interrupciones naturales o accidentales sino a un exterminio voluntario, deliberado y provocado.

Tampoco se trata en absoluto de homicidio si el obstetra llega a la conclusión -nada frecuente en la medicina moderna- que el caso requiere una intervención quirúrgica de tal magnitud que debe elegirse entre la vida de la madre o la del hijo. En caso de salvar uno de los dos, muere el otro como consecuencia no querida, del mismo modo que si hay dos personas ahogándose y solo hay tiempo de salvar una, en modo alguno puede concluirse que se mató a la otra.

Se suelen alegar razones pecuniarias para abortar. El hijo siempre puede darse en adopción pero no matarlo por razones crematísticas, porque como se ha hecho notar con sarcasmo macabro, en su caso “para eso es mejor matar al hijo mayor ya que engulle más alimentos”.

Es increíble que aquellos que vociferan a favor de los “derechos humanos” (una grosera redundancia ya que los vegetales, minerales y animales no son sujetos de derecho) se rasgan las vestiduras por la extinción de ciertas especies no humanas pero son partidarias del homicidio de humanos en el seno materno. La carnicería que se sucede bajo el rótulo de “aborto” constituye una enormidad, la burla más soez a la razón y al significado más elemental de la civilización.

La lucha contra este parricidio en gran escala reviste mucha mayor importancia que la lucha contra la esclavitud, porque por lo menos en este caso espantoso hay siempre la esperanza de un Espartaco exitoso, mientras que en el homicidio no hay posibilidad de revertir la situación.

Estremecen las historias en donde por muy diversos motivos y circunstancias hubo la intención directa o indirecta de abortar a quienes luego fueron, por ejemplo, Juan Pablo II, Andrea Bocelli, Steve Jobs, Cristiano Ronaldo, Céline Dion, Jack Nicholson y Beethoven. Por supuesto que no es necesario de que se trate de famosos para horrorizarse frente al crimen comentado. Todos los seres humanos son únicos e irrepetibles en toda la historia de la humanidad. Cada uno posee un valor extraordinario y no puede ser tratado como medio para los fines de otros puesto que es un fin en si mismo.

Entonces, cuando aludimos al respeto irrestricto nos referimos a todas las manifestaciones pacíficas y voluntarias cualquiera sean éstas siempre que no lesionen la vida, la propiedad y la libertad del prójimo. Como he titulado otro de mis libros, La libertad es respeto recíproco (Washington DC, Cato Institute, 2015).

El autor es Doctor en Economía y también Doctor en Ciencias de Dirección, preside la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires y miembro de la Academia Nacional de Ciencias Económicas.

El poder corrompe – por Hernán Bonilla

Recientemente el Centro de Estudios para el Desarrollo editó el libro El Poder Corrompe del reconocido intelectual argentino Alberto Benegas Lynch (h), lo que siempre constituye un regocijo y merece un agradecimiento personal para el autor.

Benegas Lynch es uno de los grandes pensadores liberales a nivel internacional de las últimas décadas. En su conspicua trayectoria, ha cosechado numerosos reconocimientos y, seguramente más relevante aún, una pléyade de alumnos que lo reconocen como su maestro.

En su nuevo libro examina una serie de temas de honda relevancia, con un denominador común; aún analizando los temas de la coyuntura, va al fondo del debate de ideas, poniendo de relieve lo permanente y fundamental. En este sentido, el debate de actualidad cobra su plena dimensión con el contexto histórico e intelectual que brinda el autor, introduciendo al lector a numerosos pensadores liberales, que muchas veces ve mencionados por primera vez en los artículos de Benegas Lynch.

El hilo conductor de la obra remite a la célebre frase de lord Acton: “El poder tiende a corromper, y el poder absoluto corrompe absolutamente”. Es interesante la explicación al contexto de la frase de lord Acton que el autor brinda en la introducción: “El título de este libro se inspira en el célebre dictum del historiador decimonónico lord Acton que se consigna en una carta que le escribió el 5 de abril de 1887 al obispo de la Iglesia de Inglaterra, Mandell Creighton, a raíz de su aseveración en el sentido de que gobernantes y miembros de la Iglesia debían ser tratados con benevolencia. Así, en el pasaje pertinente, responde Acton en la referida misiva: “No puedo aceptar su canon en cuanto a que debemos juzgar al papa y al rey de manera distinta a otros hombres con una presunción favorable que no han hecho mal. Si hay alguna presunción se ubica en lo opuesto en lo que atañe a quienes mantienen una posición de poder, mayor cuanto mayor sea el poder que ostentan. La responsabilidad histórica debe estar a la altura de la responsabilidad legal. El poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente […] No hay peor herejía que sostener que el cargo santifica a quien lo detenta”.

En El Poder Corrompe, Benegas Lynch trata de muy diversos temas, desde la situación en Nicaragua a las opiniones del Papa Francisco, o desde Trump al aborto, pasando por asuntos tan dispares como la obra de Eduardo Galeano, las trampas en el mundo académico, los problemas de Argentina, la irrelevancia de la balanza comercial, el peronismo, la obra de Pinker, meditaciones sobre el fútbol, Bolsonaro, el antisemitismo, la debacle venezolana, entre muchos otros.

Asimismo, incluye un post scriptum con cuatro temas: La misión de la enseñanza superior, el pensamiento de Mises, el lenguaje posmoderno y la obra de Anthony de Jasay. En definitiva, una extraordinaria paleta de asuntos en que siempre se distingue el brillo de la inteligencia de Alberto Benegas Lynch (h), su cultura extraordinaria y la potencia de una de las grandes mentes liberales del mundo contemporáneo.

Que su último libro haya sido editado en Montevideo y esté fácilmente a disposición de los lectores uruguayos debe ser motivo de celebración.

Publicada originalmente en la edición de impresa del diario El País de Uruguay, viernes 22 de noviembre de 2019.

En torno a José Saramago – por Alberto Benegas Lynch (h)

No tengo especial facilidad para leer novelas, me siento más a gusto con el género del ensayo. Me interesa eso sí rastrear tramas ingeniosas. Por ejemplo, me admira que Virginia Wolf haya podido escribir cientos de páginas en su La señora Dalloway donde todo transcurre en veinticuatro horas y no hay ningún diálogo, son todos pensamientos en el fuero interno de cada uno de los personajes. Me entusiasma que Umberto Eco haya anunciado que algún día escribiría una novela policial donde el asesino sería el lector (lo cual no concretó).

Me atraen los diálogos suculentos de El hombre que fue Jueves y La montaña mágica de Chesterton y Mann respectivamente, me maravilló El perfume de Patrick Süskind y, por supuesto, he abordado algunos textos contemporáneos sobre el poder: Yo el Supremo de Roa Bastos, Señor Presidente de Asturias, Calígula de Camus, La fiesta del chivo de Vargas Llosa, La silla del águila de Carlos Fuentes y también los clásicos como la célebre revolución popular en Fuente-Ovejuna de López de Vega o El gatopardo de Tomasi, sin dejar de lado las influencias sobre Dostoievsky (especialmente en pasajes de Crimen y castigo y en la sección titulada “El Gran Inquisidor” de Los hermanos Karamasov) de dos rusos becados por Catalina la Grande para estudiar en la cátedra de Adam Smith en Glasgow y también las archiconocidas distopias de Orwell y Huxley.

En todo caso en esta nota periodística apunto muy telegráficamente dos novelas de Saramago que por su reiterado sarcasmo y la inteligencia de la tramas navegan a contracorriente del marxismo del autor o por lo menos operan a contramano  de una visión totalitaria. Claro que, por otro parte, el fuerte de la teoría marxista siempre ha sido la ficción como fue su propio apellido pues el padre lo anotó con el suyo: Sousa, pero por una falta en el registro civil de Lisboa se anotó Saramago.

En primer término me refiero a Ensayo sobre la lucidez que en uno de los hilos de este formidable libro, el narrador alude a un pueblo en el que el gobierno municipal convoca a elecciones y el sorpresivo resultado arroja 70% de votos en blanco, frente a lo cual los gobernantes consideraron que hubo un error por lo que llamaron nuevamente a los comicios. En esta segunda vez, para alarma de los funcionarios, los votos en blanco ascendieron al 83% situación que enfureció a la burocracias a lo que se agregaron marchas con carteles en los que se estampaba con orgullo “yo voté en blanco”,  se alzaron banderas blancas, flores y brazaletes de idéntico color y similares gestos de rechazo a las autoridades constituidas.

Los políticos en funciones primero quedaron estupefactos pero, como queda dicho, luego esta sensación mutó en abierto enfado con la población por lo que se referían a lo ocurrido como “la peste blanca” y, según relata el autor, en un rapto de desesperación hizo concluir a los mandamás del pueblo que “es regla invariable del poder que resulta mejor cortar las cabezas antes de que comiencen a pensar”.

Para hacer el cuento corto y a riesgo de amputar un escrito que revela una  pluma formidable, resumo que, después idas y venidas, largas y escabrosas cavilaciones y propuestas más o menos absurdas y pastosas consideraciones, finalmente el gobierno, en represalia y como castigo a los pobladores, decidió en pleno abandonar el pueblo y retirarse a otro lugar al efecto de que sufran el escarmiento que estimaron se merecía la mayoría que votó en blanco.

Henos aquí que los moradores del pueblo en cuestión comenzaron primero tímidamente y luego en forma enérgica a coordinar sus actividades de modo tal que los servicios resultaron de mucha mejor calidad y prontitud de los que prestaba el aparato estatal en esa instancia fugado a otros lares.

La segunda novela de Saramago que resumo en esta oportunidad se titula Las intermitencias de la muerte. En este caso no voy a develar el corazón de la trama ni tampoco el final, solo quiero referirme a un aspecto clave donde el autor se mofa de los ridículos pedidos de empresarios que prefieren amamantarse del gobierno y pedir subsidios.

El asunto es que a partir de un fin de año en cierto país nadie se moría. Primero aparecieron los empresarios fúnebres sugiriendo que el gobierno haga obligatorio los entierros de los animales con cajón y todo al efecto de no sufrir pérdidas. Luego aparecieron los dueños de sanatorios reclamando créditos baratos para construir edificios y albergar a los que no permitían rotación de camas pues durarían eternamente. También irrumpieron directivos de las compañias de seguros puesto que los clientes no les renovaban las pólizas de vida para lo que sugirieron se sigan pagando las cuotas hasta los ochenta años donde se produciría una muerte virtual, se cancelaría el seguro y se renovaría por otros ochenta años. Finalmente obispos reclamaron al gobierno medidas puesto que dijeron que si no hay muerte no hay resurrección y,  por tanto, no hay destino final de las almas ni hay Iglesia.

La gramática de Saramago es de una riqueza y precisión extraordinarias, en castellano merced a su excelentísima traductora -Pilar del Río- fruto de su segundo matrimonio.

Publicado originalmente en la edición impresa del diario El País de Uruguay, sábado 16 de noviembre de 2019.

Conferencia de Marina Halac – TEORÍA DE LOS CONTRATOS Y TEORÍA DE LOS JUEGOS. DESARROLLOS Y APLICACIONES RECIENTES.

Marina Halac es actualmente profesora en el Departamento de Economía de la Universidad de Yale, luego de ser profesora asociada en la Universidad de Columbia y la Universidad de Warwick. Se graduó con honores de la Licenciatura en Economía de la Universidad del CEMA y es Ph.D. in Economics de la Universidad de California en Berkeley. Es editora de varias de las revistas académicas más importantes del mundo, y sus trabajos han sido publicados en American Economic Review, Journal of Political Economy y Review of Economic Studies, entre otros. Ha recibido el Elaine Bennett Research Prize 2016, premio que es otorgado por la American Economic Association para reconocer trayectorias de investigaciones excepcionales de mujeres jóvenes. En 2017 fue incluida entre los “World’s Best 40 under 40 Business School Professors” por P&Q.

La Dra. Halac presentará las distintas preguntas que se fue haciendo y las respuestas obtenidas a medida que desarrolló su investigación en teoría de los contratos y teoría de los juegos. Mucho de su trabajo tiene que ver con los incentivos presentes en las relaciones que se dan entre agentes económicos y cómo estos toman distintas formas según el marco contractual e informativo en el que se desarrollan. Sus modelos teóricos han sido inspirados por aplicaciones en relaciones laborales, esquemas para motivar innovación y desarrollo tecnológico, así como reglas fiscales para moderar el gasto público.

Fecha: 27 de noviembre de 2019, 18.30 h

Lugar: Auditorio UCEMA, Reconquista 775, Ciudad de Buenos Aires

Entrada: Libre y gratuita, previa inscripción

Inscripción aquí.

Repitiendo Errores: El Autoengaño Económico

Uno de los mayores errores de Cambiemos fue el auto-engaño. El creer que por asumir el gobierno el shock de expectativas iba a ser tal que iban a «llover las inversiones.» Curiosa estrategia que se ejecutó a la par que se insistía con la restricción política. Por un lado el mejor gabinete de la historia iba a traer inversiones. Por el otro lado, el mejor gabinete de la historia admite no poder hacer reformas por cuestiones políticas. Entrampado doble discurso.

Coincido con Fausto Spotorno cuando sostiene que Alberto Fernández comete el mismo tipo de error que el gobierno de Mauricio Macri. Cambiemos creía que la economía se iba a arreglar por el simple hecho de ausmir en el gobierno. Fernández parece creer que la economía se va a arreglar en base a los «acuerdos sociales» que pueda firmar con sindicatos, cámaras empresariales, etc. La mentalidad de Fernández se entiende más fácil. Parece estar construida en la idea de la política como un choque de fuerzas. Un acuerdo evita conflictos y permite que la economía florezca. Postura acorde a lo que pasa como pensamiento justicialista.

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LA CAÍDA DEL MURO DE LA VERGÜENZA: UNA NOTA – Por Alberto Benegas Lynch (h)

Francis Fukuyama pronosticó que a partir del 9 de noviembre de 1989 se terminaba el comunismo y aflorarían los mercados libres y el liberalismo. Esto fue un marxismo al revés, nada en la vida humana es inexorable, no hay leyes históricas imbatibles. Todo depende de la que seamos capaces de contribuir diariamente los humanos para el respeto recíproco.

Tal como ha consignado Paul Johnson “Una de las lecciones de la historia que uno debe aprender, a pesar de que es muy dolorosa, es que ninguna civilización puede tomarse por segura. Su permanencia nunca puede considerarse dada, siempre hay una edad oscura esperando a la vuelta de la esquina.”

En este caso, el espíritu totalitario se ha desplazado en tres vertientes: un supuesto feminismo que en verdad constituye una ofensa para la mujer, no solo por los humillantes cupos en medios académicos, laborales y políticos que subestima sus capacidades para competir sino que introduce ideas contrarias a la propiedad, al derecho y a la vida a contracorriente del feminismo original expuesto tan bien por mujeres de la talla de Mary Woolstonecraft. Por otro lado, el totalitarismo se ha puesto de manifiesto vía un falso ambientalismo que estimula la “tragedia de los comunes” a través de la figura del “subjetivismo plural”. Y por medio de la tercera vertiente ratifica sus ímpetus estatistas alimentando un Leviatán desbocado que se traduce en presiones fiscales asfixiantes, deudas astronómicas y manipulaciones monetarias emprobrecedoras.

El derrumbe del Muro de la Vergüenza significó el desmoronamiento del bloque soviético pero de ningún modo la desaparición del socialismo. Como es sabido,  la infame pared de 155 kilómetros de largo y cuatro metros de alto se inauguró el 13 de agosto de 1961 con la idea de evitar la permanente fuga desde Alemania oriental a la occidental, aunque, a pesar de ese fenomenal obstáculo la cruzaron algunos valientes dejando atrás cientos de muertos y decenas de miles de arrestos. Es del caso recordar muy especialmente un hecho sumamente conmovedor y es que el 25 de diciembre del año del mencionado derrumbe, Leonard Bernstein dirigió en Berlín una combinación de orquestas célebres para ejecutar la Novena Sinfonía de Beethoven con la letra original de la parte coral escrita por Friedrich Schiller titulada “Oda a la Libertad” (“An Die Freiheit”) que al ser censurada se convirtió en “Oda a la Alegría” (“An Die Freude”).

Una entrevista sobre dolarizar o desdolarizar la economía

El Dr Adrián Ravier, se mostró contrario a los dichos de la expresidente del BCRA, Mercedes Marco del Pont, cercana a Alberto Fernández, quien propone pesificar la economía del país. El economista sostuvo que una forma de cuidar los ahorros es, sin lugar a dudas, la inversión en moneda extranjera. En su mirada de economista ortodoxo, Ravier propone la dolarización de la economía que se vio marcada por un “Banco Central que desde 1935 no para de destruir la moneda” nacional. «Yo no sé que hace Marcó del Pont con sus ahorros, no me la imagino no dolarizándolos» sugirió Ravier. 

Entrevista completa aquí, en Radio Libertad.

(No) hay que ponerle dinero en el bolsillo a la gente

Desde la victoria electoral de Alberto Fernández (AF) se viene sugiriendo con creciente énfasis que para aplacar los problemas económicos hay que «ponerle dinero en el bolsillo a la gente».

Más allá de las buenas intenciones detrás de la propuesta (mejorar los ingresos de los consumidores, en especial aquellos de menores ingresos), la idea puede causar más daño que beneficios. El punto no es si las intenciones detrás de una propuesta son «buenas» o «malas», sino si dicha propuesta genera los resultados esperados. Las buenas intenciones no garantizan los buenos resultados.

Algunos de los problemas detrás de la idea de «ponerle dinero en el bolsillo a la gente.»

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Portfolio Personal: Cinco Lecciones y Cinco Desafíos para el Actual Cambio de Gobierno

Más allá del repunte que Cambiemos pueda haber tenido entre las PASO y las elecciones presidenciales, no dejar de ser el caso que perdió en primera vuelta contra una fórmula que ostenta récord de corrupción y rasgos inocultables de autoritarismo.

En otras palabras, no es que Cambiemos perdió las elecciones en primera vuelta frente a un Presidente (Canciller Federal) de Suiza como contrincante. Más allá de los esfuerzos de Cambiemos por presentar los resultados de manera favorables, el resultado es una clara derrota.

Por otro lado, Alberto Fernández asume con fáciles promesas de reactivación económica. Desde usar las Leliqs como un cheque sin fondo, hasta apretar el botón que hace reaccionar a la economía. Uno esperaría que alguien tan experimentado como Alberto Fernández en política, fuera más consciente de los desafíos que enfrenta.

 A continuación, cinco lecciones a aprender del fracaso de Cambiemos y cinco desafíos que, le guste o no, le esperan a Alberto Fernández como el próximo Presidente del país.

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SMP: The IMF and Argentina: Same Dance, Same Results

Argentina is in trouble again. Even after a substantial aid package from the International Monetary Fund (IMF), it is struggling to service its sovereign debt. One should not be surprised: when you keep employing the same policies, you are likely to end up with similar outcomes. This, however, is not the lesson Harvard economist Ken Rogoff draws from Argentina’s experience. Instead, he calls for even more aid flows to Argentina.

Rogoff is right to criticize President Macri’s decision to cut the fiscal deficit gradually, rather than attacking the issue more forcefully early on. That strategy ultimately required Macri to seek help from the IMF. But he is wrong to characterize the Macri tax cuts and liberalization efforts as “Big Bang reforms.” The tax cut was marginal at best. And, while capital controls were lifted under Macri, more comprehensive measures of economic freedom show no significant improvements. 

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