La Fundación Libertad y Progreso afirma que «este año la caída de la actividad sería entre 8,3% y 15%»

Por las medidas adoptadas y falta de previsión, Argentina podría retroceder entre 10 y 15 años en el 2020

Este año sufriremos, sin lugar a dudas, un duro golpe en la actividad económica. Tomando las proyecciones de la Fundación Libertad y Progreso para el 2020, el nivel de actividad podría caer un 8,3% en un escenario optimista y un 15,0% en un escenario pesimista. En el primer escenario, el nivel de actividad retrocedería a los niveles observados del 2009, mientras que, en el escenario pesimista, la caída nos llevaría hasta los niveles del 2006.

Desde que Argentina entró en el Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio el 20 de marzo, la actividad quedó prácticamente paralizada. Esto llevó a que, por varios días, se pretendió impulsar un debate entre “salud o economía”. En realidad son variables vinculadas y no excluyentes.

La recuperación del nivel de actividad dependerá en gran medida de que el sector privado sobreviva y las empresas no quiebren, pero, además será fundamental comenzar a encarar las reformas estructurales pendientes para que el país no quede estancando en un nivel de actividad menor al que se observaba previo al Covid-19. Eventualmente alguna recuperación habrá, sobre todo si se evita el default, pero ésta será menor la caída observada.

AIER: To Avoid Permanent Leviathan, People Must Reclaim their Rights

A recent article in The Economist raises an important issue with respect to the coronavirus outbreak. A big government may well be needed to fight the pandemic, but how will it shrink back once the pandemic crisis is over? “The state must act decisively. But history suggests that after crises the state does not give up all the ground it has taken.”

In Crisis and Leviathan, Robert Higgs explains how crisis after crisis, the U.S. government increases in either size or regulatory reach. When a crisis occurs, there is a demand for the government to “do something.” Responding to this demand, governments increase their size and regulatory outreach. However, once the crisis is over, spending and regulation do not go back to their initial levels. The result is an increase in government size and regulatory reach from one crisis to the next.

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¿Inversión pública? – por Alberto Benegas Lynch (h)

En no pocas ocasiones en la parla convencional se deslizan errores que si no se contienen a tiempo se incrustan en el campo político con daños de distinto tenor y magnitud.

Para clarificar el mal entendido nada mejor que analizar lo que se expone con tranquilidad, mente abierta y, sobre todo, con argumentos y no con simples cajas destempladas y enojos característicos del espíritu conservador incapaz de despegarse del statu quo. Es lo contrario del criterio independiente y el necesario cuestionamiento para repensar lo que muchas veces livianamente se da por sentado.

Muchos son los políticos que reiteradamente aluden a la “inversión pública” como algo natural y sin pasar por ningún tamiz. Seguramente con la mejor de las intenciones, pero es necesario considerar con algún detenimiento este concepto.

Una inversión se traduce en una secuencia inexorable: primero abstención de consumo al efecto de destinar el monto al ahorro cuyo destino es la inversión. Quien invierte es porque conjetura que el valor futuro será mayor que el del presente. Esa hipótesis podrá ser acertada o equivocada, el resultado será dictaminado en el proceso de mercado lo cual quiere decir la aprobación o rechazo de los congéneres. Quienes aciertan en las preferencias del prójimo obtienen ganancias y quienes yerran incurren en quebrantos. El cuadro de resultados resulta clave para dictaminar acerca de lo acertado o desacertado de las correspondientes inversiones.

La inversión entonces trata de un proceso eminentemente personal y subjetivo. Si el que estas líneas escribe le arrancara por la fuerza las billeteras y las carteras a los lectores afirmando que “invertirá el dinero” fruto del atraco, seguramente esta afirmación no sería tomada en serio por nadie.

En la misma línea argumental, hace un tiempo el gobierno argentino dispuso el “ahorro forzoso” a través de nuevas exacciones pero quedó claro que se trataba de una contradicción en los términos: no hay tal cosa como ahorro forzoso, independientemente de si se lleva a cabo con o sin el apoyo de los votos. Como escribió Benjamin Constant “la voluntad de todo un pueblo no puede hacer justo lo que es injusto”, parafaseando esa idea podemos decir que los votos mayoritarios no pueden convertir en sensato lo que resulta contradictorio. Del mismo modo no tiene sentido el concepto de “inversión pública”.

Para ser riguroso, en las contabilidades nacionales las partidas deben dividirse en gastos corrientes y gastos en activos fijos pero nunca inversión pública. A veces se recurre a la expresión invertir en un sentido metafórico y general, como cuando, con razón, se afirma que la educación constituye la inversión más rentable de cuantas pueden existir. Es cierto, nada más importante que la educación pero, nuevamente, si se arrancan por la fuerza recursos no puede hablarse de inversión cualquiera sea el destino que se les de a los fondos obtenidos de esta manera, pues implica distorsionar el sentido de las palabras por más que seamos partidarios acérrimos del destino pero se invalida la idea si lo succionado es involuntario.

Hay la tendencia a extrapolar lo privado a lo estatal al establecer un correlato con lo que ocurre en el mundo de los negocios pero el paralelo resulta fatal por las razones antes apuntadas.

Y aquí viene otro punto crucial ya que hemos dicho que la secuencia para llegar a la inversión comienza con la abstensión del consumo. En distintos países hay gobernantes que insisten frente a la retracción en la actividad económica fruto de la pandemia que a todos nos envuelve que debe alentarse el consumo. Esta conclusión es errada por donde se la mire. Supongamos un grupo de náufragos que llega a una isla deshabitada y uno de ellos le sugiere a sus compañeros de infortunio que se dediquen todos a consumir. Seguramente los receptores de tamaño mensaje inaudito ni siquiera responderían a semejante iniciativa puesto que lo que a todas luces se necesita es producir. Una vez producido lo necesario puede, recién entonces, consumirse. En otros términos, la secuencia es producción-consumo, no pueden invertirse los términos.

Como queda dicho, para acelerar el proceso, una vez lograda la producción una parte de ella debe destinarse al ahorro fruto de abstenerse de consumir y consecuentemente destinar el monto a la inversión para que en el futuro lo producido sea en una dosis mayor y así podrá consumirse más. La única causa de la elevación del nivel de vida es la tasa de capitalización, es decir, equipos, instalaciones, maquinaria y conocimientos relevantes que hace de apoyo logístico al trabajo para aumentar su rendimiento.

En resumen, la inversión no puede sacarse de su ámbito natural sin desfigurar el concepto, el uso de la fuerza es solo aceptable en los impuestos para proteger derechos, y el consumo no puede anteponerse a la producción que a su turno depende de los grados de inversión. En una sociedad libre las proporciones entre consumo e inversión la decide la gente con sus compras y abstenciones de comprar diariamente en los supermercados y afines.

Publicado originalmente en el diario El País de Uruguay, 25 de abril de 2020.

CORONAVIRUS: QUE ESTÁ PASANDO

Primera parte, 20-4-2020


Había una vez algo que se llamaba Sacro Imperio Romano Germánico. En ese Sacro Imperio, cuyo culmen podría ser el s. XIII, el príncipe secular recibía su legitimidad del Sumo Pontífice. Como horizonte cultural, todos pensaban que la Religión Católica era verdadera y la herejía era un delito civil, porque si te contagiabas del error, podías enfermarte del alma y perder tu alma. A su vez los musulmanes no podían ingresar libremente al Imperio (y viceversa) porque el príncipe también te protegía de que te contagiaras de los infieles. Y a todos les parecía muy bien, porque está bien y es bueno cuidar la salud. “Salud” viene de salus, salutis, que es tanto la salud del cuerpo como la del alma, esto es, la salvación.

Pasaron algunas cositas y en el s. XVIII cambió el horizonte cultural. En la Revolución Francesa casi todos pensaron que la religión era algo ridículo y entonces había que “liberarse de ella” y entonces surge la “libertad de cultos” si no era la persecución a los cultos religiosos. Kant denuncia la sumisión a-crítica a la religión como la gran inmadurez.

Pero la sumisión a-critica a la religión fue sustituida por la fe ciega ante la ciencia. Una nueva inmadurez. La cultura dio un vuelco de campana de 180, pero siguió en la misma idea: la autoridad política te “protege”. Antes, contra la perdición de tu alma. Ahora, contra la enfermedad del cuerpo.

Surgieron muchas voces críticas ante este positivismo que se convierte en tiranía estatal. La Escuela de Frankfurt, que denuncia la dialéctica de la Ilustración: la Revolución te quiere liberar pero al hacerlo te oprime. A la vez, sin necesidad de recurrir a Hegel o Marx, Hayek denuncia al estado constructivista, planificador, de la Revolución Francesa, de la mano de Burke. Y Feyerabend denuncia la unión entre estado y ciencia, pidiendo una nueva Ilustración, NO la condena de la ciencia, sino que los científicos no pudieran coaccionar a los demás con su visión de mundo y que, así como ahora hay distinción entre Estado e Iglesia y libertad religiosa, así también debe haber distinción entre estado y ciencia y libertad ante la ciencia por más verdadera que pueda ser.

Porque la verdad no se impone por la fuerza. Siempre pregunto a los liberales que son fuertemente anti-religiosos: ¿algo tiene que ser ridículo para que tengamos libertad ente ello? ¿Ustedes proclaman la libertad religiosa porque la religión les parece un absurdo? ¿Y qué sucedería si algún día se hicieran partidarios de tal o cual religión? ¿La impondrían por la fuerza entonces? Porque el fundamento de la libertad religiosa y la libertad ante algo NO es que ese algo sea absurdo, sino al revés: cuanto más verdadero sea algo, menos se puede imponer por la fuerza, porque la verdad no se puede imponer por la fuerza.

Por eso emergen los EEUU. Porque los colonos que huían de las guerras religiosas europeas nada tenían que ver con Robbespierre, sino que amaban sus tradiciones religiosas y por ello se dieron cuenta de que el príncipe secular no podía afirmar nada sobre la verdad o falsedad de lo más sagrado para el hombre. Por eso la Declaración de la Independencia, por eso la Constitución, por eso el Bill of Rights. Por eso fue el único lugar del mundo donde el horizonte cultural fue la conciencia de que tenemos derechos que no pueden ser abolidos por los gobiernos.

Pero en el continente la nueva coacción siguió su curso. Los estados iluministas comienzan a ocuparse de la salud pública y la educación pública. La libertad de enseñanza y la libertad de asociación comienzan a ser sustituidos por el derecho a la educación y el derecho a la salud. Derechos que deben ser custodiados por el estado con su fuerza de coacción. Al principio casi nadie se dio cuenta. Comunidades religiosas, incluso, aceptaron que el estado “cuidara”, “protegiera” su salud y educación, imponiéndoles coactivamente cosas “científicas”. Y la ciencia, claro, parece que no se discute. Pero no, no es cuestión de decir que la ciencia sea falsa. No es este un planteo post-moderno. Implica decir que no se impone por la fuerza. Pero no. Parece que sí. Recién hace algunos años, cuando algunas comunidades religiosas fueron invadidas por el estado en su salud reproductiva y en su educación sexual integral, entonces se dieron cuenta de lo que habían consentido, entonces se dieron cuenta de las libertades individuales, pero fue tarde.

Mientras tanto los estados “protectores”, constructivistas, racionalistas, “seculares”, llegaron a su apogeo. Controlan la economía, roban el fruto de tus ingresos, regulan el libre movimiento de personas y capitales, imponen qué debes aprender y enseñar, cuidan tu salud y por ende hay medicina legal e ilegal, porque “cómo puede ser” que te “cures con cualquiera”, si “la ciencia” es lo absoluto…. Y todo esto corroborado por todas las organizaciones internacionales correspondientes: la OMS, la UNESCO, todos organismos de la ONU, una especie de gobierno mundial que verdaderamente gobiernan y dan órdenes a sus estados miembros.

Toda noción de libertades individuales se perdió hace mucho. Todos éramos, somos, esclavos hace mucho tiempo, sólo que algunos dueños de granjas son menos crueles que otros. Pero la esclavitud, siempre, se justifica en que el dueño protege a sus débiles esclavos de sí mismos.

Continuará.

Segunda parte, 21-4-2020

Así las cosas, en las supuestas democracias liberales de Occidente suceden dos cosas, de manera lenta y gradual, hasta llegar a niveles dignos de las mejores novelas de estados futuristas totalitarios:

1.      Los estados necesitan de “expertos”, o sea especialistas que vienen de las ciencias naturales (sociales a veces también) porque son los “peritos” que tienen que asesorar al que finalmente va a decidir coactivamente cuáles son los contenidos educativos obligatorios y cuáles son los elementos de salud pública obligatoria. O sea, cuáles son los “contenidos mínimos” educativos (que se van haciendo máximos…) para todas las instituciones educativas, ya sean estatales o “privadas”, y cuál será la medicina legal, la obligatoria, la “científica”, que regirá en universidades, hospitales, ya sean públicos o “privados”. El mundo se unifica y se hace uniforme, y la posibilidad de otras formas de vida, otras formas de concebir el mundo, quedan reservadas a la literatura, y muy poco a la vida académica monopolizada también por los paradigmas dominantes (ver Feyerabend, “La ciencia en una sociedad libre”).

2.      Al principio, y hasta hoy, nadie nota el problema, porque el horizonte cultural, como dije, ha cambiado. Todos aceptan “la ciencia” como el piso cultural indiscutible.

3.       El “experto” coincide con el arquetipo de la “barbarie del especialista” descripto por Ortega. No tiene formación en nada excepto en su tecno-ciencia correspondiente. No tiene idea de Historia, de Filosofía, de Filosofía Política, de Filosofía de las Ciencias, de Hermenéutica, de nada que pudiera hacerle ver los límites de la ciencia que maneja ni los límites morales de su acción. El sistema educativo formal-estatal los produce y se replican como los virus, precisamente. Ellos y sus gobernantes asesorados pueden rebozar de buenas intenciones, pero rebozan también de poder y coacción para hacerlo, exactamente como los dueños de las granjas de esclavos. Y como aclara Feyerabend (el único que ha advertido este problema), este “experto” es igual que el inquisidor medieval, que con toda la buena voluntad de evitar que te contagies de la herejía, era el “experto” que finalmente dictaminaba quién iba a la hoguera o no, con la mejor de las intenciones. Hoy es lo mismo, no te mandan a la hoguera pero sí a la cárcel si finalmente incurres en el delito de no cumplir con lo prescripto por la ley. Los occidentales se creían muy libres y pensaban que esto sólo pasaba en la Rusia Soviética, en la China moísta y etc., pero no, lo que difería era el grado y el amplio apoyo de una población que ya había sido hervida lentamente como la famosa rana.

4.       Frente a todo esto, toda noción de libertad individual “ante” esto se hace ilusoria e incluso subversiva. Las libertades de educación y de asociación quedan limitadas a lo que encuadre dentro del estado científico, como antes lo debates teológicos no podían salir de los límites que los inquisidores establecían.

5.       Y todo esto se da como supuesto cultural, no cuestionado por nadie, excepto por Feyerabend y algunos pocos libertarios que se juegan su prestigio académico con sólo decirlo. Los demás liberales clásicos NO estudian a Feyerabend y en general son muy positivistas en su concepción cultural del mundo. Le dan a la ciencia y a sus expertos un poder que jamás osarían otorgar a un ministro de economía.

6.       Por ende, con el coronavirus sucedió “lo que tenía que pasar”. La cuestión NO pasa por un debate biológico ni por si importan los muertos o no. A toda persona de buena voluntad le importa la vida, nadie quiere la muerte de nadie (digo esto porque en la actual dictadura de los expertos, quien piensa diferente es una mala persona).

7.       Y “lo que tenía que pasar” es que en esta dictadura de la ciencia, a nadie se le pasa por la cabeza que haya libertades que no deben NUNCA violarse. Porque esas libertades han dejado de existir en nuestro horizonte cultural. Habitamos ya hace tiempo el mundo “feliz” de 1984 sin habernos dado cuenta. El llamado “mundo libre” antes de 1989 no era TAN libre como suponíamos. Y entonces a una serie de médicos, epidemiólogos y virólogos, a la OMS y etc. (cuyas intenciones sí son dudosas…)  se les ocurre que la cura y la prevención puede ser encerrar a todos en sus casa y….. Avanti. Ninguna restricción moral o política. Claro que en las enfermedades infecto-contagiosas hay que tomar medidas de prevención. Pero a estos “expertos”, estos nuevos inquisidores que te torturan para salvarte el alma de estos tiempos, o sea tu salud física, ni se les pasa por la cabeza que hay límites que no deben cruzar.

8.       Esos límites NO dependen de argumentos biológicos o de utilidad. Ese será otro capítulo. Pero hay que dejar bien claro que nuestra oposición a la cuarentena obligatoria NO pasa porque sea inefectiva. Pasa porque no se debe, porque viola una libertad que, como vimos, comenzó a perderse desde que el Constructivismo de la Revolución Francesa -denunciado por Hayek- comienza a inundar y a ahogar la poca pero importante conciencia de libertades individuales que había existido en su contrapartida, la Revolución Norteamericana.

Pero claro, no es sólo cuestión de gobiernos y sus expertos. Es también el grueso de la población y los medios de comunicación. Es también la alienación colectiva denunciada por Freud y Fromm.

Continuará. 

Tercera parte, 22-4-2020

Freud y Fromm no son muy leídos en ambientes liberales. El primero, a pesar de ser elogiado por Mises, sufrió los embates de un Hayek que lo confundió con Wilhelm Reich. El segundo viene de la Escuela de Frankfurt y su interpretación no leninista de Marx no goza de simpatía para los que somos fans del libro El Socialismo de Mises. Pero sea correcta o no la interpretación que Fromm hace de Marx, lo que él, Fromm, dice, es verdad y es una mala noticia para todos: las masas. Sí, la rebelión de las masas. No del Atlas. De las masas.

Mi diferencia con Fromm es que la masificación por él diagnosticada en El miedo a la libertad NO es un fruto necesario del capitalismo. Es un problema de la naturaleza humana, bien analizado por Freud en Psicología de las masas y análisis del yo. Es triste pero la mayor parte de las personas no soporta la soledad de ser individuo (Fromm). Es triste pero la mayor parte de las personas se adhieren inconscientemente a un nuevo padre, dada su fijación y regresión neuróticas al conflicto no resuelto con la figura paterna originaria (Freud). Es triste pero la mayor parte de las personas no tienen una existencia auténtica donde asuman con valentía que han sido arrojados al mundo (Heidegger). Es triste pero la mayor parte de las personas anestesian ese sin-sentido, esa alienación, tomando prestado el sentido de su vida de otro (Frankl). Todo ello forma un conjunto psicológico no muy alentador. Una masa de personas cuya racionalidad instrumental (la mera técnica) puede ser infinita pero su autoconciencia de sí mismos, casi nula. Una masa de gente dispuesta como un rebaño a ir al matadero. No es la madurez que soñaba Kant. No es precisamente el arquetipo de ciudadano para el liberalismo clásico. Bad news, gente. Bad news.

Cuando esas masas son alienadas por un Hitler, un Mussolini, un Perón, se entiende un poco más. Comienzan muy amados por “su” pueblo pero luego sus resultados desastrosos hacen visible al mal (excepto en Argentina). Ello hace suponer que en las democracias occidentales no habrá ese tipo de masificación.

Error. Sí la hay, pero es más invisible. Es el mismo proceso: el sin sentido de la existencia lleva a no pensar, a no criticar, a consumir masivamente los entretenimientos de la cultura del espectáculo, como una pastillita invisible de la felicidad. Los liberales en general odian este tema porque habitualmente es una crítica al capitalismo que lleva contradictoriamente a suponer que las intervenciones estatales harán más maduras a las personas. Y en eso tienen razón en general los liberales: absurda solución. Pero el problema no puede negarse y, después del pecado original, no tiene solución. Allí está y toda la tradición anglosajona lo tuvo en cuenta cuando supuso bien que los que votan y son elegidos pueden ser perfectos psicópatas que sólo buscan al poder como alienación. Por eso la cuestión es el límite al poder. Eso Hayek y Ortega lo supieron siempre. Límite al poder que siempre está en el límite, precisamente, de lo humanamente posible.

Los medios masivos de comunicación no producen la alienación. La canalizan. Pueden ser medios para la libertad de expresión, para la defensa del más débil, para la denuncia profética, pueden llegar a ser ese espacio de diálogo democrático soñado por Habermas. Y a veces lo son. Pero pueden ser al mismo tiempo la repetición incesante de una sola voz, el camino de la difusión masiva de la degradación más abyecta, y no porque un Hitler los controle, sino porque así es la naturaleza humana, alienada, que circula por ellos. La izquierda siempre ha aprovechado esta debilidad de la libertad para intentar voltearla, y lo ha logrado bastante cuando se dio cuenta de que una hermosa película puede ser más penetrante que un Stalin enojado.

Ese positivismo que denuncié en las dos entradas anteriores ha hecho creer a muchos que no es así. Que los medios pueden ser objetivos, transmisores de hechos. La versión post moderna es todo lo contrario, pero realimenta a la anterior. O los medios son meros constructores de relatos o son transmisores de hechos. O una cosa o la otra.

Pero la suposición de que la verdad debe depositarse en el banco de los hechos ha producido la muerte de la verdad, porque ese banco está quebrado hace mucho. La verdad no es una cosa que se deposita en otra cosa llamado cerebro. La verdad radica en una filosofía que defienda al ser humano y su dignidad.

Nos manejamos todo el día con mensajes, y está bien, porque humanos somos. Esto que usted está leyendo, es un mensaje. Está en usted juzgar si es verdadero, dudoso, falso o irrelevante.

Yo le puedo dar muchos mensajes verdaderos. Puedo decirle que el tablero de mi computadora es de color negro. Puedo decirle que ayer me desayuné con un café con azúcar y sin lecha. Y usted dirá, ¿a mí qué me importa?

Exactamente. Puedo decirle muchas cosas verdaderas PERO irrelevantes. Por lo tanto no hay meros hechos. Suceden cosas y algunas son juzgadas como relevantes y bien relatadas, y otras pueden ser irrelevantes. Trump es el presidente de los EEUU. ¿Verdadero? Sí. ¿Relevante? Sí. Gabriel se desayunó con café sin leche. ¿Verdadero? Sí. ¿Relevante? No, excepto para mi nutricionista.

¿Y quién determina el criterio de relevancia?

De vuelta: ¿quién determina qué es lo relevante?

Obviamente, mucha gente. Está la gente que mira conciertos de Mozart, otros que miran futbol, otros que miran las dos cosas y otros que miran Bailando con los Marcianos. Pero en todo eso aparecen las masas alienadas, los noticieros repetitivos, los afines al gobierno, la espiral de silencio (https://es.wikipedia.org/wiki/Espiral_del_silencio), y todo ello puede convertirse en un altoparlante asfixiante excepto para aquellos que, si se silencia, se quedan sin la droga que consumen.

No soy apocalíptico. Es así y es el precio que una sociedad libre tiene que pagar por su libertad. Pero es un alto precio y la sociedad libre está siempre al borde del default.

Los llamados “hechos”, por ende, se seleccionan, aunque inconscientemente (Freud, Fromm, etc.). Usted no puede “ver todo”, “escuchar todo”. Escucha algo que para usted es importante. Cuando usted enciende el televisor, usted se enfoca en lo que para usted es importante, y hay verdades, para usted, más importantes que otras.

O sea:

Fíjese que no hablo de mentiras, hablo de selección de lo relevante. Que además es un mensaje escrito y diseñado por la empresa, por el estado o por mí, pero es escrito y diseñado, como este blog que usted está leyendo en este momento. Yo podría haber puesto una foto de XX para que a usted le llamara la atención. Pero decido no hacerlo y usted decidió leerlo.

Todo esto para explicar algo muy delicado: nadie niega que el virus sea importante, contagioso, y un largo etc. sobre el cual los médicos están debatiendo (tema para después). El asunto es que la OMS alertó y todo el mundo (literalmente, todo el mundo) se enfocó en eso. ¿Y está mal? No. Ok con haberle dado importancia. Pero el pánico que la muerte despierta, en una sociedad de masas, es incontrolable, y río revuelto para los gobiernos. Usted tiene miedo. Prende su sacrosanto televisor y escucha “100 muertos por coronavirus en…”, y se asusta. Y nadie niega que hubo 100 muertos. Pero hay otras voces que están diciendo: hubo otros 100 muertos por otras cosas. Hay otras voces que están diciendo: hay que analizar bien si murieron con o por el virus. Hay que analizar las enfermedades preexistentes. Hay que analizar el tema de los anticuerpos. No hay que dejar de lado otras enfermedades tal vez más letales. Pero no. Esas voces no se escuchan. Son silenciadas. Son malinterpretadas. Son voces de malas personas a las que no le importa la muerte. Y usted sigue escuchando a su televisor. Y se asusta. Y acepta todo. Y hace todo lo que le dicen. Usted está dominado por el miedo. No, la tele no miente. La tele enfoca. Pero usted no se da cuenta.

No se da cuenta y creerá que yo le quiero minimizar el problema.

Continuará….

Cuarta parte, 23-4-2020

Hasta ahora en ningún momento he dicho que la ciencia mienta. No hemos hablado de mentiras, falsedades o teorías conspirativas. No hemos dicho que el virus no sea importante ni que el nro. de muertos sea falso. Porque, como hemos visto, el problema de la unión indebida entre Iglesia y estado y la unión entre estado y ciencia es, en ambos casos, no que la religión o la ciencia sean falsas, sino que la verdad no se puede imponer por la fuerza.

SIN EMBARGO, esto no niega que haya que tener más conciencia de la falibilidad de la ciencia. Porque si algo que sea definitivamente verdadero NO se puede imponer por la fuerza, MENOS AÚN algo que sea dudoso o falible.

¡Pero la ciencia son los hechos!, me dirás. ¡La ciencia es exacta, lo que afirma está demostrado!!!!

Yo no voy a negar la importancia ni el avance de la ciencia. Yo no soy un post-moderno. Simplemente, el avance de la ciencia tiene que ver con una conciencia mayor de sus límites.

Claro que ha habido avances importantes, claro que la biología y la medicina han avanzado notablemente y han elevado el nivel de higiene y salubridad.

Pero aún así, la ciencia es auto-corregible, tiene avances, es falible, y precisamente por ello puede avanzar.

Piensa en la Física, la supuesta ciencia más infalible de todas. Hacia fines del s. XIX se suponía que la Física abarcaba todo el universo. Que no tenía errores, que Newton había explicado todo. Pero no. El mapa no es el territorio. Newton nunca imaginó que sus leyes supuestamente absolutas no regían para el interior del átomo. Ni tampoco pudo imaginar que lo que para él es una línea recta, en Einstein es una curva.

¿Entonces?

Y que entonces, no lo sabemos todo. Siempre habrá algún error en la ciencia. A efectos prácticos nos seguimos manejando con Newton en el macro-cosmos. Pero para la Física Cuántica y para la Teoría de la Relatividad, Newton no sirve. ¿Y entonces? Pues nadie lo sabe. Muchos físicos actuales se están matando tratando de unificar las tres cosas pero aún no lo han logrado. Y cuando lo logren tendrán un momento de estrellato, como Newton, pero igual, habrá cosas que ellos no podrán imaginar, porque el potencial infinito del universo físico es siempre superior a cualquier teoría que una mente humana pueda imaginar, por más “demostrada” que esté momentáneamente.

Y esto sucede con todas las ciencias naturales.

Mucho más con las ciencias prácticas, como la medicina. ¿Acaso nunca has pedido una segunda opinión? ¿Acaso los médicos nunca se equivocan? ¿Acaso grandes eminencias no difieren en diagnósticos y tratamiento? Pero NO porque sean unos tontos, sino porque lo que des-conocen es siempre infinitamente mayor que lo que conocen. No lo quieren admitir, pero sus “absolutamente seguros” tratamientos médicos y protocolos de HOY serán muy atrasados mañana………

¿Y tú vas a poner toda tu vida, libertad y propiedad en manos de ellos? ¿Acaso somos esclavos de los médicos? ¿No puedes pensar, decidir, criticar? Como una vez le dije a un médico-investigador que me decía que la operación era absolutamente segura: el que se va a operar no es usted. Deje decidir al que va a ser sometido al tratamiento….

¿Que como paciente te puedes equivocar? Sí claro, en eso consiste no ser esclavo. Si quieres vivir sin el riesgo de equivocarte, sé un esclavo. Ye te podrás morir igual, porque el dueño de la granja puede equivocarse también.

Lo cual nos lleva al tema del conocimiento disperso.

Errar es humano, porque los seres humanos no lo sabemos todo. (Y el creyente, que cree en algo revelado por Dios, NO debe imponer su fe por la fuerza). Pero entonces te imaginas que “los que saben más” deben dirigir a quienes sepan menos. Y entonces concluyes que la planificación central es mejor. Que haya autoridades sabias que gobiernen al resto de ignorantes. Que las decisiones sean centralizadas. Que la ONU mande a la OMS, que la OMS mande a los presidentes y que los presidentes ordenen a gobernadores, a municipios y a todos. Que el Papa ordene a los obispos, que los obispos a los sacerdotes y éstos a ti. Que el rector ordene a los decanos, los decanos a los profesores y éstos a los alumnos. De modo tal que la ONU, el Papa y el Rector hagan todo los demás obedezcan pasivamente.

Pero no. Hace tiempo que eso no funciona, hace tiempo que se sabe que respetar las autonomías de las demás sub-organizaciones es más eficiente. Precisamente, por el tema del conocimiento.

Seguro conoces Wikipedia. En Wikipedia no hay una dirección central. Y precisamente por ello funciona. No “a pesar” de ello, sino por ello. Porque el conocimiento disperso está diseminado en millones de usuarios, y la corrección mutua es una manera de combinar y coordinar ese conocimiento. Entra en este momento a Wikipedia y escribe una entrada en la cual digas que Santo Tomás fue un famoso ateo del s. XIX. Piensa en el tiempo en que vendrán las correcciones. Segundos tal vez. Pero si fuera una enciclopedia con dirección centralizada, hasta que el director  se entere y de la orden a los subordinados pasivos, cumpliendo además todos los pasos y reglamentos correspondientes, pueden pasar siglos.

Lo mismo el mercado. En Nueva York se encontraban computadoras precisamente porque no había una dirección central del gobierno sobre computadoras. Simplemente había oferta, demanda y precio. Y por ello el mercado de las compus estaba organizado. Estoy hablando en pasado porque posiblemente el alcalde de Nueva York, con la excusa del coronavirus, se puso a controlar el mercado de computadoras.

Por eso la centralización de las decisiones, ante esta crisis, es un error. Los gobiernos no saben todo lo que ignoran. El intendente conoce mejor su zona que el gobernador, y el gobernador mejor que el presidente. Pueden decidir cosas diferentes con mayor conocimiento del caso. Centralizar todo en una sola persona y sus asesores es una fatal arrogancia (Hayek), y nunca mejor dicho fatal.

Pero luego está el mercado. ¿Faltan mascarillas? ¿Falta alcohol? ¿Hace falta eso o aquello? Deja que los precios funcionen, que señalen lo que falta y generen mayor oferta e inversiones en esos casos. ¿Qué el sistema es imperfecto? Claro, de eso se trata, de que el conocimiento disperso e imperfecto tenga una mayor coordinación, que nunca será perfecta.

Y sin embargo, ante esta crisis, precisamente, los gobiernos están intentando controlar todo. Hospitales, empresas de insumos médicos, farmacias, todo, porque en su fatal arrogancia ignoran que ignoran y que necesitan una Wikipedia que se llama mercado.

Pero, a su vez, intentan imponer una sola visión médica sobre todas las demás. ¿Hay otras? Claro que sí, fíjate: https://gzanotti.blogspot.com/2020/04/coronavirus-voces-alterntivas-la.html ¿Y entonces? Pues habrá medidas distintas, opciones diferentes, y por sus frutos los conoceréis. Los resultados más eficientes saldrán a la vista.

¿Te he minimizado el problema del coronavirus?

¿Sí?

¿Seguro?

Continuará.

Quinta Parte, 24-4-2020

En las entradas anteriores hemos visto que ningún religioso, filósofo o científico tiene derecho a imponer sus ideas por la fuerza, por más verdaderas parezcan o sean. Y hemos visto también que mucho menos cuando esas ideas están basadas en la ciencia que es esencialmente falible y por eso corregible y evolutiva.

En una democracia republicana, el poder ejecutivo y etc. son empleados del ciudadano. Este los ha elegido y es su obligación pedirles cuentas, discutirles, preguntarles y cuestionarlos, sean quienes fueren, Premios Nobel o Juan Pérez.

Las personas no ejercen ese derecho porque se masifican (lo hemos visto también) pero es nuestro deber hacerlo.

Por lo tanto, coherentemente con la entrada anterior, vamos a plantear una serie de preguntas a un arquetipo imaginario, o sea al virólogo, epidemiólogo, infectólogo o médico que está proponiendo como tratamiento la cuarentena obligatoria. Yo, como paciente, tengo derecho a pedir una segunda opinión y a hacerle preguntas.

Me puedo equivocar, pero él también, y aunque su medicina sea revelada por Dios (que nunca es el caso) tiene la obligación moral de recurrir al diálogo y no a la fuerza.

Van mis preguntas.

1.       ¿Cómo se le pasó por la cabeza? ¿Usted cree que, aunque su tratamiento sea efectivo, usted tiene derecho a violar las libertades individuales básicas y aceptar ser el experto al servicio de un poder ilimitado? ¿No se le pasa por la cabeza que usted está cumpliendo el mismo rol que un inquisidor medieval?

Por las primeras dos entradas, no, no se le pasa por la cabeza, obviamente.

2.       ¿Pensó usted en la cuestión económica? ¿No, porque primero está la vida? Disculpe doctor, pero creo que usted de economía mucho no entiende.  Porque la economía está al servicio de que, precisamente, la gente no se muera de hambre, frío, inanición, falta de higiene, etc. Me parece que usted ignora lo intrincado y complejo que es el proceso de división del trabajo y de conocimiento que está detrás del desarrollo económico que impide, precisamente, que la gente se muera. Usted desconoce lo delicado de la cadena de producción y distribución de todos los bienes y servicios, que usted cree que puede cortar de golpe. Usted parece creer que su tratamiento es un valor superior a la desocupación, quiebre de grandes y pequeñas empresas, etc. Usted parece creer que “no estar infectado” es un valor superior a morirse de hambre y, permítame decirle, usted no puede decidir eso por la fuerza.

3.       A usted parece no importarle las consecuencias psiquiátricas que tiene la medida que toma, parece que minimiza la baja de defensas por la angustia y depresión, parece negar –como usted dice que yo niego el número de muertos- la importancia de los suicidios que ya están ocurriendo. No, es que es “menos” importante. ¿Ah sí? ¿Quién lo dice? En una sociedad de la “diversidad”, del “respeto al pluralismo”, de la “libertad de elegir” lo  importante lo decide usted y el presidente que asesora?

4.       Pasemos ahora al tema del contagio. Me va a decir que nadie tiene derecho a contagiar a otro. Pero eso tiene que ver, doctor, con el tema de los bienes públicos, que usted no ha estudiado nunca. Claro que las calles son bienes públicos (estatales o privados) donde compartimos el aire y otras cosas. Claro, el aire por ahora no puede ser privado como el pañuelo que llevamos en el bolsillo. Pero creo que usted sabe hace mucho tiempo que las sociedades toleran el inevitable contagio de ciertas enfermedades como gripe, neumonía, bronquitis, angina, etc., excepto que cubramos a todos los seres humanos de un traje espacial obligatorio.  Usted me va a decir: esto es más grave. Espere. En principio no se lo niego. Volvamos al contagio. ¿AHORA todos lo han descubierto? ¿Ahora todos se dan cuenta de la cantidad de cosas de las que se pueden enfermar, de las que se enferman, de las que enferman a otros o pueden enfermar a todos? ¿Ahora todos se dan cuenta de en cuántos cumpleaños, navidades y fiestas hemos disparado al infinito miles de gotitas de Flugge llenas de virus y bacterias? ¿Ahora se dan cuenta de con cuántos abuelitos han cometido con ello el asesinato perfecto? ¿Ahora se dan cuenta, todos (usted también, porque hasta Febrero de este año no lo veía tan preocupado) de la importancia de lavarse las manos, usar alcohol, barbijo y no abrazar al otro si estamos algo enfermos, sacarse los zapatos, etc., cosa que los japoneses hacen hace mucho? ¿Ahora se dan cuenta todos de lo que se pueden contagiar con solo VIVIR? Sí, ahora, porque antes, en general, funcionaba el sistema inmunológico (NO en los inmunodeprimidos, que son millones) pero aún así año tras año hay MILLONES de muertes por gripes y neumonías y la vida humana no se suspendía. Me va a decir: esto es más grave. De vuelta lo mismo: aunque usted tenga razón, hay otros criterios diagnósticos y tratamientos. Segundas opiniones, que deben ser escuchadas y consideradas.

5.       Me parece que usted no está explicando bien, doctor, la diferencia entre infectado, enfermo y muerto. Infectados con virus y bacterias patógenas, hay miles de millones, que NO se enferman porque el sistema inmunológico funciona (por eso fue tan terrible la situación en los 80 con los infectados de SIDA). Usted sabe, y por ende es cuestión de que todos tomen conciencia, de que en este mismo momento millones y millones de personas tienen dentro virus de gripes, bacterias de anginas, neumonitis y neumonías, y NO se enferman porque su sistema inmunológico mantiene a raya a tan antipáticos intrusos. Usted sabe que hay millones de personas que tuvieron varicela de niños y NO desarrollan el Herpes Zóster porque el sistema inmunológico mantiene latente al virus. Usted sabe que millones de personas respiran el Bacilo de Koch todos los días y no les pasa nada por el mismo motivo.

Por lo tanto infectado es una cosa, enfermo es otra, y mortalidad es otra, porque de los muchos que se enferman de gripe y neumonía no todos mueren, aunque sabe que anualmente son millones los que se mueren por eso, sobre todo porque tienen otras enfermedades, son mayores o son inmunodeprimidos, fumadores o diabéticos o etc.

Ahora bien. Como dice el estatista (yo de economía no entiendo nada…) yo de números no sé nada pero la buena noticia es que si el virus es tan contagioso como usted dice, millones y millones y miles de millones lo podemos tener en este momento. Yo, usted, y el lector. Y no pasa nada, porque el sistema inmunológico nos protege. Ahora le pido que relacione el número de infectados con el número de enfermos y verá que la probabilidad de enfermedad es baja, y compare el número de muertos con el número potencialmente infinito de infectados y verá que la mortandad es baja. Por lo demás, “estar enfermo o no” no es dicotómico. Puede ser muy leve, y también puede agravarse, sí. Usted me va a decir: pero esto es peor. De vuelta, lo dice porque el nro. de muertos es “muy alto”. ¿Muy alto en relación a qué? ¿Al número de infectados? No, como ve, es muy bajo….

6.       Lo que sí le admito es que el virus es nuevo y por ende el sistema inmunológico se tiene que acostumbrar. Eso sí ha provocado más muertes. Pero entonces, ¿por qué no deja que el sistema inmunológico de los pacientes produzca los anticuerpos contra el virus? Me va a decir: cuidado con los mayores y los inmunodeprimidos. Sí, ¿pero ese cuidado lo tenemos que tener TODOS los años no? Es bueno que lo hayamos descubierto. Nos cuidaremos más de estornudar como bestias delante del abuelo.

7.       Cuando usted dice “número de pacientes muertos”, ¿no hay que distinguir, como siempre, tipos de pacientes? Los que son fumadores, diabéticos, oncológicos, inmunodeprimidos, y un largo etc. que usted conoce. Pero eso sucede todos los años y nadie se entera…. ¿Por qué enterarse este año y otros no? No, no me diga que destacar el nro. de muertos por otras enfermedades es minimizar el coronavirus. Al revés, es darnos cuenta de la importancia de todas las enfermedades, es advertir que tenemos que ser más cuidadosos, y no por ello recurrir a un régimen soviético. Por lo demás, hay un tipo de pacientes, proclives a enfermarse, que a usted parece no importarle: los desocupados, angustiados, deprimidos, hambrientos, los NO vivirán más en una casa digna. Y parece que no le importa porque usted y su presidente los han aumentado.

8.       Por lo demás, los primeros muertos por coronavirus, y los actuales, ¿estuvieron bien diagnosticados y tratados? Muchos colegas suyos piensan que no, pero ustedes los médicos, como casi siempre, siempre piensan que el OTRO médico está equivocado. Muchos colegas suyos, sigo, afirman que en Italia los médicos no estaban preparados para la terapia intensiva de este tipo de enfermedades. Creo que usted tendría que al menos considerarlo, ¿no? Otros están diciendo que en Lombardía existía el mayor número de pacientes oncológicos por el amianto. Pero usted ni lo considera. Dice “muertos por coronavirus” y listo.

9.       Otros colegas suyos dicen, de acuerdo a lo anterior, que hay que distinguir entre muerto CON coronavirus y POR coronavirus. ¿No le importa la distinción? ¿No? ¿Por qué?

10.   Y el diagnóstico, ¿es correcto? Algunos colegas suyos sostienen que la complicación no es la neumonía, sino una inflamación alveolar que no se trata con respiradores sino con antibióticos y antiinflamatorios. ¿No le importa? Porque si fuera así, entonces ustedes nos están matando….

11.   Otra cosa importante. Usted estuvo de acuerdo con la suspensión lisa y llana de toda la atención médica excepto guardias. De vuelta, porque “al lado de esto NO eran importantes”. O por el contagio. Señor, deje esa opción a los pacientes, a los sanatorios y a otros colegas. ¿Hizo usted el número de personas que se van a morir o enfermar porque hace ya meses que hay enfermedades NO diagnosticadas a tiempo y tratamientos NO comenzados o interrumpidos? ¿No pensó en ello? ¿Qué NO es importante? ¿Usted? ¿Y usted quién se cree que es? ¿Dios? Por lo demás, el contagio. Señor mío, si me tengo que hacer una biopsia que decide si el quiste es maligno o benigno, le acepto que me cubra con un látex gigante, pero que la biopsia se haya igual. Si nadie me la quiere hacer es otro problema, pero usted respete la libertad de opciones.

12.   Otra pregunta (perdone doctor, pero soy paciente y tengo derecho a hacer preguntas aunque sé que habitualmente le molesta). ¿Qué va a suceder con los que se van a enfermar de dolencias habituales como anginas, otras gripes, catarros, etc.? ¿Van a estar aterrados de ser enviados a la isla de los leprosos? ¿Van a reprimir sus estornudos incluso en su casa, porque ahora TODO es coronavirus? ¿No los van a atender? ¿Ya se enteró del número de muertos por NO haber sido atendidos? Ah, “eso no es importante…”.

13.   ¿Y la crisis hospitalaria? Nadie la niega, pero usted no considera que hay sistemas de salud pública que en todo el mundo YA están en crisis hace mucho por la ineficiencia de la estatización del sistema de salud. Ah, cerdo capitalista, me dirá… Pero con eso no me responde. ¿No hay una corrida hospitalaria por el pánico que usted, entre otros, ha producido? La corrida hospitalaria, ¿quién la produce? ¿El pánico o el virus?

14.   En fin, doctor, me puedo haber equivocado, me puedo haber olvidado de muchas cosas. Pero usted también. No, yo no, me va a decir. Claro, usted no se equivoca. Mire doctor, su fatal arrogancia no me preocuparía tanto si no fuera que usted cree que su supuesto saber lo habilita a ser el nuevo dueño de la nueva granja de esclavos en la que usted, la OMS y casi todos los gobiernos del mundo han producido.

Que Dios lo perdone.

Dr. Zanotti (como Ross ).

El desatino del neoliberalismo – Alberto Benegas Lynch (h)

De un tiempo a esta parte se registran manifestaciones varias sobre una etiqueta bastante absurda con la que ningún intelectual serio se identifica: se trata de «neoliberalismo», un invento de las izquierdas que revela cierto complejo de inferioridad frente al liberalismo . Este bautismo irrumpe como si se pudiera aludir a una neo libertad o al neo respeto, puesto que el liberalismo es nada más y nada menos que el respeto irrestricto por los proyectos de vida de otros .

Es como ha dicho Mario Vargas Llosa en el Teatro Nacional Cervantes hace más de veinte años: «He conocido personas que son liberales, personas que no lo son, pero nunca he conocido un neoliberal». about:blankabout:blankAds by

Es que parece de mala fe el endilgar liberalismo (o para seguir con la ridícula denominación: «neoliberalismo») allí donde los aparatos estatales han crecido exponencialmente, donde los impuestos resultan insoportables, donde la deuda gubernamental es colosal, donde las manipulaciones monetarias generan esa estafa monumental que los economistas denominamos inflación que convierten el dinero en cuasi-moneda, en algunos casos en vías de convertirse en cuasi-nada. En estos contextos constituye un insulto a la inteligencia el endosar vestigios de espíritu liberal a este cuadro lamentable de situación.

Resulta sumamente curioso que quienes se oponen al liberalismo -aunque, como queda dicho prefieren escudarse tras el telón de neoliberalismo- son aquellos que como solución a los males proponen intensificar las recetas estatistas incrementando impuestos, acelerando la inflación y las regulaciones asfixiantes al tiempo que engordan al adiposo Leviatán . Y lo tragicómico del asunto es que lo hacen en nombre de los pobres, cuando son ellos los principales perjudicados, puesto que al derrocharse capital indefectiblemente contrae los salarios e ingresos en términos reales.

Hasta se ha dicho que «el neoliberalismo» es responsable de la pandemia que provoca el coronavirus lo cual es digno de una producción cinematográfica de Woody Allen . Como si el respeto recíproco provocara enfermedades cuando, entre muchas otras cosas, es lo que ha incentivado y estimulado la producción de medicamentos y la extraordinaria tecnología para hacer de apoyo logístico a la salud.

Ahora que estamos en plena pandemia es imprescindible comprender que imponer precios máximos y proceder al embate contra comerciantes conduce indefectiblemente a faltantes en áreas clave, tal como viene ocurriendo desde hace 4000 años en todos lados donde se han ensayado estos atropellos.

Los atacantes del neoliberalismo como un tiro por elevación a la tradición de pensamiento liberal, son habitualmente admiradores de las tiranías comunistas que han exterminado a millones de personas . Tildan de fascistas a otros sectores sin percatarse que el eje central del fascismo consiste en que el gobierno permite que la propiedad sea registrada a nombre de particulares pero usa y dispone el gobierno. Son los que cortejan a empresarios prebendarios y sindicalistas del fascismo que en alianza con el poder explotan miserablemente a sus congéneres debido a privilegios de distinto tenor y envergadura.

Son los que aplican la guillotina horizontal con inconducentes redistribuciones que significan volver a distribuir por la fuerza lo que la gente libremente decidió con sus compras en los supermercados y afines.

Son los que rechazan la justicia de «dar a cada uno lo suyo», puesto que lo suyo remite a la propiedad, una institución que los enemigos del liberalismo detestan. En este último sentido no se han anoticiado que donde se deteriora la propiedad se desdibujan los precios y por tanto se dificulta la contabilidad y el cálculo económico lo cual, además del dolor humano indescriptible, fue la razón del derrumbe del Muro de la Vergüenza.

El autor es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires y miembro de la Academia Nacional de Ciencias Económicas.

Publicado originalmente en La Nación, el 24 de abril de 2020.

Infobae: 10 reformas para evitar una nueva Gran Depresión

La Gran Depresión de la década del 30 fue la peor crisis económica del siglo XX, con una tasa de desempleo llegando al 25%. Los impactos sociales y económicos de la Gran Depresión persisten hoy día. Una preocupación, entendible, es si la pandemia puede derivar en una Gran Depresión.

Sin embargo, la historia nos enseña que ese no tiene por qué ser el caso. Se estima que la pandemia de gripe española de 1918 produjo una caída en actividad económica del 25% entre julio de 1918 y marzo de 1919. Caída similar a los primeros cuatro años de la Gran Depresión. Es decir, la gripe española produjo una caída en actividad cuatro veces más rápida que la crisis del 30. Sin embargo, la economía española se recuperó rápidamente, creciendo alrededor de un 25% entre marzo de 1919 y enero de 1920.

Seguir leyendo en Infobae.

Entrevista en Radio Libertad

"Los acreedores esperan una reforma previsional, impositiva y laboral". Guzmán ofrece todo lo contrario, según el economista Adrián Ravier

En dialogo con Marcelo Otiñano, me refirí a la situación económica del pais, en medio de la pandemia generada por el virus COVID-19., debido a la cuarentena obligatoria dispuesta por el gobierno nacional. También me refirí a la propuesta realizada por el Ministro de Economía, Martín Guzmán, a los bonistas, quienes «estan pidiendo una reforma previsional, impositiva y laboral». Tras la pandemia se ofrece un escenario bastante complejo.

Acceda aquí a la entrevista completa.

El coronavirus y los inmensos beneficios del comercio exterior – Por Alberto Benegas Lynch (h)

Más abajo me refiero al cierre transitorio de fronteras debido a la pandemia que abarca a todos los países del globo en cuanto al tránsito de personas y a dificultades en el comercio, pero antes hago varios puntos que estimo cruciales para cuando se abran plenamente las posibilidades de la cooperación social libre y voluntaria. Esto puede aparecer extemporáneo pero no lo es, está necesariamente situado en el presente al efecto de abrir el paraguas frente a aquellos que pretendan prolongar la penuria de diversos aspectos de la cerrazón bajo los pretextos que precisamente a continuación refutamos.

Lo primero es destacar que el comercio que atraviesa fronteras no se diferencia del comercio dentro de un país puesto que los ríos, las montañas, los océanos y las delimitaciones políticas no modifican los nexos causales y las consiguientes ventajas recíprocas de los intercambios libres y voluntarios entre partes.

En segundo lugar es relevante subrayar que desde la perspectiva liberal la única razón por la que el mundo se divide en naciones es para evitar los enormes peligros de la concentración de poder que surgiría de un gobierno universal. A su vez, los regímenes republicanos subdividen y fraccionan el poder político en provincias y, a su vez, en municipalidades.

Entonces, el tomarse en serio las fronteras constituye un desatino sobre la base de “proteccionismos” que en verdad desprotegen a los locales que combaten los “desvalores” de lo extranjero y en definitiva fabrican “culturas” alambradas que retrotraen a lo más primitivo y retrógrado de la humanidad.

Los nacionalismos, los patrioterismos y las xenofobias son patrimonio de una soldadesca embrutecida que se alimenta con los alaridos de la selva en abierta contradicción con el espíritu cosmopolita del liberal.

Pseudoempresarios aliados con el poder de turno pretenden sacar partida de sus mercados cautivos y otras prebendas con lo que explotan miserablemente a sus congéneres con argumentos retorcidos como los de “la industria incipiente”. Esta postura sostiene que necesitan el establecimiento de aranceles y tarifas para defenderse de la producción extranjera hasta que puedan acumular la suficiente experiencia para competir. Esta falacia pasa por alto el hecho de que prácticamente todas las evoluciones de nuevos negocios arrojan pérdidas en los primeros períodos para luego más que compensarse en los siguientes. Pero esta situación en modo alguno justifica que se endose coactivamente el referido costo sobre las espaldas de los consumidores cuando lo deberían absorber quienes pretenden un negocio. Si no disponen de los recursos necesarios, deben encontrar socios capitalistas para financiarse y si nadie acepta la propuesta es debido a que lo sugerido es un cuento chino (lo cual es habitual en estos casos). También es posible que la evaluación esté bien hecha pero como aparecen otros negocios más atractivos y como los recursos son escasos y no puede llevarse a cabo todos simultáneamente, el negocio de marras debe esperar su turno según sean las prioridades prevalentes.

Abrir las fronteras al comercio exterior de par en par se traduce en menores erogaciones por unidad de producto, lo cual a su turno significa liberar recursos humanos y materiales para atender otras necesidades. A su vez, el empresario deseoso de lograr nuevos arbitrajes está interesado en capacitar para las nuevas faenas que no resultaban posibles antes pues estaban esterilizadas en otras áreas. La liberación de aranceles produce el mismo efecto que el descubrimiento de una nueva tecnología que permite incrementar la productividad.

En este contexto, no cabe alegar derechos adquiridos debido a que los comerciantes se adaptaron a una legislación anterior basada en la cerrazón aduanera. Salvando las distancias, los fabricantes de cámaras de gas en el régimen asesino de los nazis no pudieron ampararse en derechos adquiridos para continuar son sus tareas asesinas. En ningún caso puede escudarse en derechos adquiridos cuando lo que se lleva a cabo es contrario al derecho, en el caso que analizamos es contra el fruto del trabajo ajeno.

Es tragicómico que a esta altura de la historia, ya pasados los traumas mercantilistas, se insista en que el objetivo de un país es exportar mucho y mantener en brete las importaciones. Esto en el terreno personal nadie lo aceptaría puesto que todos saben que el costo radica en verse obligados a vender bienes o servicios para poder comprar y que lo ideal para cada uno sería comprar y comprar permanentemente sin verse compelidos a vender. Lo mismo ocurre con un grupo de personas que denominamos país: lo ideal sería importar permanentemente sin tener que exportar, pero esto significaría que el resto del mundo nos estaría regalando todo todo el tiempo y esto desafortunadamente no se acepta.

La balanza comercial no es lo trascendente, lo relevante es la balanza de pagos que incluye los movimientos de capital que equilibran la ecuación. Otra vez, del mismo modo que sucede en el ámbito de lo personal, nuestros ingresos son iguales a nuestros egresos más/menos nuestro balance neto de efectivo. Entonces, el objeto del comercio exterior es la importación, la exportación es el costo que se debe incurrir para lograr el objetivo.

Si un país es absolutamente inepto para exportar no debe preocuparse por las importaciones puesto que igual que con nosotros el que no vende no puede comprar, con la diferencia que en el primer caso el asunto se pone de relieve a través del mercado cambiario que hace posible o en su caso imposibilita la importación. De más está decir que si se establecen marañas arancelarias, controles de cambio y se incurre en deuda externa las señales aludidas estarán bloqueadas para expresarse o lo hacen de modo deficiente, con todos los desajustes que ello significa.

En realidad la captación de inversiones extranjeras y el estímulo al ahorro interno se deben a marcos institucionales previsibles y respetuosos de los derechos individuales. En la medida que esto no tiene lugar, tampoco se logran aquellos propósitos. Más aun el capital no tiene patria, se dirige donde el binomio seguridad-rentabilidad sea óptimo. Es un despropósito referirse a la “fuga de capitales” como si al abandonar cierta jurisdicción territorial se estuviera cometiendo un crimen cuando en verdad se está ejerciendo el derecho de propiedad en casos en que resulta muy apropiado puesto que es una manera de salvar el fruto del trabajo de las garras del Leviatán.

Una política especialmente dañina es el establecimiento de aranceles en forma de serrucho, es decir, la imposición de gravámenes aduaneros en forma despareja, lo cual conduce a cuellos de botella insalvables entre los insumos y el producto final con lo que se cierran muchas fábricas.

Es cierto que vivimos en un mundo en gran medida cerrado al comercio, pero un país que se basa en el librecambio comerciará con todos aquellos que lo permiten. La cerrazón -el suicidio de otros- no es argumento para extender esa política empobrecedora a los locales. Resultan graciosas algunas pretendidas argumentaciones: se dice que como el país A ha cerrado sus fronteras al comercio con el país B, este “en represalia” cierra también sus fronteras a la entrada de productos provenientes del país A. Pero esto significa lisa y llanamente que el país B se ha perjudicado doblemente, primero por los aranceles del país A impuestos a los productos del país B y luego empeora la calidad de sus compras puesto que sus habitantes se ven obligados a comprar más caro o de peor calidad (o las dos cosas a la vez) de otros proveedores.

Por último, mencionamos que es habitual que se esgrima el argumento del “dumping” para sugerir la imposición de aranceles lo cual significa venta bajo el costo que los comerciantes que lo alegan generalmente no se toman el trabajo de analizar los libros contables que quien supuestamente incurre en dumping y lo usa como escudo para protegerse de la competencia más efectiva. Cuando se vende bajo el costo y el precio de mercado es más alto, la competencia compra al precio subvaluado y vende al de mercado con la diferencia a su favor. El único dumping negativo y peligroso es el que llevan a cabo los aparatos estatales puesto que lo hacen con recursos coactivamente detraídos de terceros. Y si el dumping –venta bajo el costo- se realiza porque el mercado no absorbe precios más altos, simplemente habrá quebrantos como indicador al empresario que mejore su performance o cambie de rubro.

En definitiva, la autarquía indefectiblemente empobrece sea estableciendo aduanas interiores en un país o aduanas en las fronteras. Siempre el agente aduanero controla porque se fundamenta en el postulado inaudito que el ingresar productos más baratos y de mejor calidad empeora el nivel de vida de los locales o, de lo contrario, se invita al cohecho.

No se trata de ampulosas declamaciones entre gobernantes en elegantes (y costosas) recepciones supuestamente “abriendo mercados”, se trata de derribar barreras aduaneras y abrir las puertas para la mayor competitividad disminuyendo el peso del Leviatán reduciendo el gasto público al eliminar funciones para poder aliviar las cargas fiscales y la pesada deuda.

Debido a la desafortunada pandemia que abarca a nuestro planeta han debido suspenderse transacciones comerciales y dificultarse otras, menores producciones y escaso traslado de personas, lo cual deberá revertirse ni bien pase el peligro que nos amenaza a todos. Debemos estar atentos a los deseos perversos de megalómanos que pretendan prolongar las penurias de la cerrazón en diversos andariveles para satisfacer sus ansias de control a vidas y haciendas ajenas.

Tal vez, para mirar el lado que pueda extraerse de positivo de estos encierros pueda mencionarse que da la oportunidad de consultar con mayor atención libros y ensayos que nos ayuden a meditar sobre las bases morales de una sociedad abierta al tiempo que ofrecen la oportunidad de estrechar lazos familiares y profundizar conversaciones sobre temas relevantes que a todos nos atañen (en otros casos tal vez quedan sin efecto vínculos familiares cuando sus integrantes perciben que no era lo que esperaban una vez que pudieron intercambiar sin interrupciones). También es posible que la intensificación de la gimnasia de comunicarnos vía digital en esta situación extrema permita en el futuro reemplazar algunas actividades presenciales por las remotas lo cual modificará el panorama productivo para bien al simplificar estructuras innecesarias.

Por otra parte y por último, es menester destacar muy especialmente la urgente necesidad de eliminar toda la parafernalia estatista que no ha hecho más que empeorar la maldición del coronavirus en los casos en que se han impuesto absurdos controles de precios y otros embates gubernamentales a la producción de bienes y servicios que han colocado tremendos palos en la rueda que naturalmente generaron faltantes y desajustes de diversa magnitud y gravedad. En esos casos desafortunados no se ha comprendido que cuanto más delicada es la situación por la que se atraviesa, mayor es la razón de contar con precios libres tanto en el comercio interior como en el exterior para no afectar a la población, muy especialmente a la más vulnerable y por tanto desprotegida. En esta misma línea argumental en medio de la pandemia “para reactivar la economía” muchas bancas centrales han optado por incrementar la base monetaria, lo cual inexorablemente acentúa los descalabros ya que al contraerse la actividad la expansión monetaria incrementa los desajustes (independientemente de lo que ocurra con la producción secundaria de dinero) aunque, igual que con la drogas alucinógenas, en un primer momento produce sensación de confort hasta que vienen los efectos devastadores.

En el campo monetario es del caso introducir una nota al pie y es que en la situación argentina hay temor que en medio de la pandemia de marras se vuelvan a repetir las emisiones de las llamadas “cuasi-monedas” (desde luego muy distantes de la propuesta del premio Nobel en economía F. A. Hayek en cuanto competencia de monedas sin curso forzoso), pero no creo darles una sorpresa a los lectores si digo que desde hace décadas resulta que ya tenemos una lamentable cuasi-moneda que nos devora: el peso argentino que demás está decir no cumple con la función de depósito de valor y se está deslizando a la categoría de cuasi-nada.

Por supuesto que debido al consumo de capital por la reducción abrupta en la producción, los salarios e ingresos en términos reales serán menores lo cual se revertirá en la medida en que se abran los mercados y se hagan reformas laborales para permitir el empleo. En otro plano, nuevamente subrayamos que el delicadísimo balance costo-beneficio en el contexto del conronavirus debe tomarse en cuenta principalmente en base a los conocedores de la infección que nos acecha puesto que tiene prelación las estimaciones sobre cadáveres acumulados, en cuya situación no parecen muy relevantes las cotizaciones de Wall Street por más que, como también hemos consignado antes, la retracción en la producción por la inactividad fruto de los aislamientos puede conducir a muertes por hambre. Nada más peligroso que los arrogantes que opinan sin conocimiento de causa.

En resumen y para volver a nuestro tema central, deben comprenderse las enormes ventajas del comercio que es otro modo de aludir a la cooperación social entre las personas lo cual, como queda dicho, no cambia por el hecho de encontrarse sus respectivos moradores circunstancialmente en distintos países.

El autor es Doctor en Economía y también Doctor en Ciencias de Dirección, preside la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires y miembro de la Academia Nacional de Ciencias Económicas.

Publicado originalmente en Infobae, 18 de abril de 2020.