"There is only one difference between a bad economist and a good one: the bad economist confines himself to the visible effect; the good economist takes into account both the effect that can be seen and those effects that must be foreseen." Frederic Bastiat
Me entrevistaron en Radio Libertad FM 97,5 donde analizo las palabras de Alberto Fernandez y ofrezco argumentos para mantener cierto optimismo sobre lo que viene en la economía argentina.
El doctor en Economía y profesor de la UNLpam, Adrián Ravier, se refirió a las declaraciones del precandidato presidencial por el Frente de Todos, Alberto Fernández, quien afirmó que, en caso de ganar elecciones, dejará de pagar las Leliq y la repercuciones que este anunció causa en el mercado económico del pais. «Vamos dejar de pagar los intereses de las Leliq que la Argentina está pagando todos los días» sostuvo Fernández, palabras que Ravier calificó de irresponsables. Además, el especialista también hizo referencia a la mejoría que muestra el sistema económico nacional y que prontó se verá reflejado en la economía diaria de los ciudadanos.
Se ha vuelto un eslogan de ciertos desencantados con Cambiemos que el actual gobierno es en realidad «Kirchnerismo de buenos modales». Esta frase se comenzó a utilizar a principios del gobierno de Cambiemos. La referencia era, o al menos así yo la entendía, ha ciertas políticas o decisiones puntuales de Cambiemos, no eran una referencia a la totalidad de lo que es el actual gobierno. Por ejemplo, decir que en lo económico Cambiemos hace kirchnerismo de buenos modales pero no es igual al kirchnerismo en lo institucional. La intención, según al menos yo entiendo la frase, es justamente llamar la atención sobre esas medidas puntuales para motivar el cambio prometido en campaña en aquellas áreas donde sí es posible actuar.
Un ejemplo de «kirchnerismo de buenos modales» puede ser dar a entender, (con mejores modales que los K) que la inflación es un problema de góndolas en los supermercados y no problema que se origina en el BCRA. Ese discurso no obedece a restricciones políticas y trae a la memoria la retórica K sobre el problema inflacionario. O también hacer la vista gorda cuando sindicatos de taxistas persiguen violentamente a ciudadanos de bien que buscan generar ingresos extras vía Uber para poder pagar los altos impuestos que existen en el país.
En algún momento este mensaje de «Kirchnerismo de buenos modales» se desvirtuó y paso a significar que Cambiemos y el Kirchnerismo son lo mismo pero con distinto maquillaje.
No obstante este eslogan, los mismos indicadores institucionales que se utilizaban para criticar al kirchnerismo muestran mejoras en el gobierno de Cambiemos (libertad de prensa, percepción de corrupción, rule of law, etc.)
Aquí un desafío para ayudar a pensar sobre las dos principales opciones antes de las elecciones. Este link tiene un listado (incompleto) de lo que fue el Kirchnerismo. Si Cambiemos es kirchnerismo de buenos modales, entonces se tiene que poder armar un listado igual de malo con Cambiemos. Más allá de todas las críticas que se le quieran hacer a Cambiemos, dudo que sea posible armar ese listado.
A primera vista parece fácil diferenciar una mente abierta de lo que es un basural abierto pero no es tan sencillo precisarlo analíticamente. Días pasados me pasó un video Laura Smith Estrada donde en su aspecto central trataba de una maestra de escuela que intentaba explicar a un niño que su respuesta fue errónea en una prueba cuando se le preguntó cuanto es dos por dos a lo que respondió veintidós. A poco andar se presentaron los padres del alumno en cuestión quienes dijeron que había que tener la mente abierta y que la respuesta a lo consultado en el examen de marras podría ser veintidós. Luego de ese episodio, el director del colegio la increpó a la profesora solicitándole que debía pedir disculpas por su actitud intolerante, a lo cual se acopló el Consejo Directivo del establecimiento y manifestaciones de diversas procedencias en el campus apoyaron la reprimenda, lo cual finalmente derivó en que la despidieran a la maestra.
He aquí una demostración cabal del relativismo epistemológico, es decir,
que no hay tal cosa como verdad en el sentido de correspondencia entre el
juicio y el objeto juzgado, que todo es relativo lo cual -como consigna “la
trampa de Epiménedes”- además de convertir en relativa a esa misma afirmación
convierte en un sinsentido todo departamento de investigación en los claustros
puesto que nada habría que investigar ya que todo serían construcciones
culturales arbitrarias.
Una cosa es aceptar que los humanos somos imperfectos y que, por tanto,
estamos situados en un proceso evolutivo en todos los planos y que lo que hoy
se toma por verdadero mañana puede ser refutado, situación que para nada
descalifica la idea de proposiciones verdaderas y falsas sino que nos obliga a
estar en la punta de la silla y estar atentos al peregrinaje en busca de
conocimiento. Estamos ubicados en un mar de ignorancia en una búsqueda
permanente de islotes de tierra fértil, a saber, de verdades que son objetivas
e independientes de la opinión que de ella se tenga.
En el caso de las matemáticas de nuestro ejemplo de aquél video el tema
se ve con claridad pero no lo es tanto cuando nos referimos a otras materias
que también encierran sus verdades solo que no se vislumbran con tanta claridad.
Por ejemplo, no es menos cierto que la inflación derrite salarios en términos
reales, que los precios máximos producen escasez artificial y que los mínimos
generan sobrantes, que el impuesto progresivo es regresivo, que las empresas
estatales se traducen en una contradicción en los términos, que los aranceles
empobrecen, que la redistribución coactiva de ingresos deteriora la asignación
de factores productivos, que los marcos institucionales que no protegen
derechos afecta negativamente el nivel de vida moral y material y así
sucesivamente con temas económicos y jurídicos pero también con todas las otras
ramas del conocimiento. La ley de gravedad no es materia opinable ni lo es la
medicina, lo cual, como queda dicho, no niega que estas materias están insertas
en procesos evolutivos ya que en lo humano nunca se llega a una meta final.
Entonces una cosa es tener la
mente abierta al efecto de encaminarse a un mayor y mejor conocimiento y otra
bien distinta es recibir cualquier cosa a la par, lo cual significa un basural
abierto que desvía la brújula desde la excelencia a la degradación. Si se pregunta
como distinguir en entre lo falso y lo verdadero la respuesta debe ser que el
tema no es el como sino el que es lo que permite esa distinción, es
decir, lo que nos autoriza a distinguir la verdad del error son nuestros
instrumentos intelectuales, en otros términos, el que alude a la razón que por cierto no es infalible pero el proceso
de corroboraciones provisorias y refutaciones nos permite grados crecientes de
acercamiento a la verdad.
Antes he escrito sobre el posmodernismo y ahora es del caso reiterar
algunos conceptos en ese sentido. Las clasificaciones y las
etiquetas siempre contienen alguna dosis de arbitrariedad y de posible
controversia, pero puede decirse que la
modernidad es heredera de una larga tradición cuyo inicio se sitúa en la Grecia
clásica. Allí comienza la pesquisa de inquirir el porqué de las cosas y la
posible modificación de lo modificable y no simplemente resignarse a aceptarlas
sin cuestionamiento, sometidos al mandato de los reyes y a los dictados de los
dioses paganos.
Louis Rougier explica que en esto precisamente
consistió el mito de Prometeo que apuntaba a una ruptura con la superstición.
Los griegos le dieron sentido a la razón, a la teoría, a la demostración, al
silogismo y a la lógica. Por otra parte, la arrogancia y la soberbia de
sostener que todo lo puede la razón – que no tiene límites – conduce al diseño
de sociedades, a las utopías de la construcción del “hombre nuevo” y otros
dislates que habitualmente terminan en el cadalso.
Las planificaciones estatales operan en base al
racionalismo y constituyen un fiasco porque se basan en la presunción de un
conocimiento que no existe. No se trata de insuficiencia en las memorias de
ordenadores para almacenar datos, es que la información sencillamente no está
disponible. Nosotros no sabemos con certeza que haremos la semana que viene.
Podemos formular una conjetura pero llegado el momento, al cambiar las
circunstancias, modificamos nuestras prioridades. Si el propio planificador no
conoce a ciencia cierta que hará con su vida en las próximas horas , con mucho
menos razón puede pretender el manejo presente y futuro de millones de arreglos
contractuales. El peor de los mundos posibles estriba en la ignorancia de la
propia ignorancia.
Como queda dicho, el primer capítulo posmodernista se
refiere al relativismo epistemológico. Esto es que no hay tal cosa como la
verdad. Todo dependería de interpretaciones subjetivas. Todo dependería del
“color del cristal” de cada uno. Es que un mismo juicio no puede ser conforme y
contrario al objeto juzgado en las mismas circunstancias.
En la época de Isaiah Berlin no se recurría a la
expresión “posmoderno”, sin embargo, este autor aludió al romanticismo como una
corriente que propone “una inversión de la idea de la verdad como
correspondencia” y le atribuye a Fichte la idea de que “los valores se
construyen, no se descubren”. Al contrario de lo que sostienen los
posmodernistas, Popper subraya la importancia del descubrimiento de la verdad
como objeto central de nuestros estudios y desvelos: “la principal tarea
filosófica y científica debe ser la búsqueda de la verdad”. Este es el sentido
mismo de la investigación y las
universidades. Claro que el procedimiento para incorporar fragmentos de
conocimiento esta plagado de acechanzas y desventuras. Se trata de un arduo
recorrido. El debate abierto de ideas se torna indispensable, en la esperanza
de disminuir en algo nuestra colosal ignorancia.
No hace mucho Malcom W. Browne dio cuenta de una
reunión celebrada en la New York Academy of Sciences, que congregó a mas de
doscientos científicos de distintas partes del mundo, para contraargumentar “la
crítica posmoderna a la ciencia que sostiene que la verdad depende del punto de
vista de cada uno” . Sin duda que todo lo que entendemos es subjetivo en el
sentido de que es el sujeto el que entiende, pero cuando hacemos referencia a
la objetividad de la verdad queremos significar que las cosas, hechos, atributos y procesos existen o tienen lugar
independientemente de lo que opinemos sobre aquellas ocurrencias o fenómenos
que son ontológicamente autónomos.
Constituye un grosero non sequitur el sostener
que de las diversas valorizaciones de las personas, se sigue la inexistencia
del mundo objetivo. Hay aquí un salto lógico inaceptable. Se trata de dos
planos completamente distintos. La subjetividad de las preferencias, creencias
y opiniones son independientes de la objetividad de lo que son las cosas.
El segundo capítulo posmodernista es el relativismo
hermenéutico, es decir, que los textos y la comunicación en general deberían
interpretarse del modo que el intérprete lo considere pertinente
independientemente de lo que queda consignado en el texto o en el mensaje que
se trasmitió por otras vías. No habría tal cosa como una interpretación
verdadera o ajustada al texto o a las
palabras comunicadas, ni interpretaciones equivocadas. John M. Ellis explica
que si bien el lenguaje surge de una convención, de ello no se desprende que
las palabras son arbitrarias ya que si pudieran significar cualquier cosa se
haría imposible la comunicación : “Un símbolo que no significa algo específico,
no significa nada”. Umberto Eco nos dice que “La iniciativa del lector consiste
en formular una conjetura interpretativa sobre la intentio operis. Esta
conjetura debe ser aprobada por el conjunto del texto como un todo orgánico.
Esto no significa que sobre un texto se pueda formular una y solo una conjetura
interpretativa. En principio se pueden formular infinitas. Pero, al final, las
conjeturas deberán se probadas sobre la coherencia del texto, y la coherencia
textual no podrá sino desaprobar algunas conjeturas aventuradas”.
El tercer capítulo se refiere al relativismo cultural.
En este sentido Eliseo Vivas muestra la “falaz inferencia que parte del hecho
del pluralismo cultural y llega a la doctrina axiológica de que no podemos
discriminar en lo que respecta al mérito de cada una”. Una cosa es la
descripción de costumbres que no son mejores ni peores, simplemente revelan
gustos e inclinaciones y otra bien distinta son referencias que tienen relación
con proposiciones verdaderas o falsas, lo cual puede ser juzgado con una escala
universal. Las relaciones interculturales resultan fértiles, tal como lo
demuestra Stefan Sweig en la época de oro de la Viena cosmopolita antes de la
truculenta diáspora que produjeron los sicarios nazis. De todos modos, debe
tenerse en cuenta la complejidad presente en afirmaciones que tienden a
generalizar respecto de la cultura de tal o cual país. Siempre recuerdo la
formidable respuesta de Chesterton cuando le preguntaron que opinaba de los
franceses : “no se, porque no los conozco a todos”.
Por último, el relativismo ético que abraza el
posmodernismo apunta a que no habría tal
cosa como lo bueno y lo malo. Así, el incumplimiento de la palabra empeñada o
el estímulo a la antropofagia no serian morales o inmorales en abstracto. No
habría tal cosa como actos que apuntan a la actualización de potencialidades en
busca del bien , ni normas para todos los seres humanos en dirección al respeto
recíproco. El posmodernismo, igual que el positivismo, considera que las
reflexiones éticas como principios universales constituyen manifestaciones
vacías, puesto que no pueden verificarse. Morris R. Cohen apunta con razón que
esa afirmación de que “las proposiciones
no verificables carecen de significado tampoco es verificable […] La
afirmación de que las proposiciones éticas carecen de significación, forma
parte de la errónea concepción positivista tradicional del método científico […]
Los juicios éticos se refieren a aquellos que los hombres generalmente deben
hacer si quieren ser prudentes”.
Hace años publiqué un extenso ensayo sobre el
posmodernismo en la revista académica del Centro de Estudios Públicos de Chile.
En esta ocasión solo cabe un apretado resumen actualizado del problema, pero
debe destacarse que no solo se observa una nutrida bibliografía sobre esta
corriente de pensamiento, sino que abarca campos cada vez mas amplios. Por
ejemplo, en la economía. En este sentido Mark Blaug – dejando de lado por el
momento otros debates colaterales – escribe que “Tal vez el síntoma mas
alarmante del desarrollo del formalismo vacío en la economía moderna es la
creciente difusión del posmodernismo en los escritos sobre metodología de la
economía. El posmodernismo en la economía adopta formas diferentes pero siempre
comienza con la ridiculización de las pretensiones científicas de la economía
tirando agua fría a las creencias de que existe un sistema económico objetivo”.
Tiene sus bemoles debatir con un posmodernista puesto
que inmediatamente acusa al contradictor de “logocentrista”, es decir basado en
la lógica , la cual niega al tiempo que sostiene que todo significado es dialéctico.
Bien ha concluido Ortega que el relativismo “es el tema de nuestro tiempo”
puesto que hoy hay mucho de basural abierto. En definitiva, es como escribe
Allan Bloom “la apertura a la cerrazón es lo que estamos enseñando”.
La bibliografía en línea argumental con lo expresado
es muy copiosa pero si tuviera que resumir en las tres obras de mayor calado
diría que son en este orden: Objetivity. The
Obligation of Impersonal Knowledge de Nicholas Rescher (University of
Nortre Dame Press, 1997) con especial referencia al primer apartado del tercer
capítulo, cuyo título explica la tesis puesto que las tensiones ayudan a
despejar dudas: “Cognitive Objetivity Does Not Demand Consensus”, varios de los
ensayos contenidos en Conocimiento
Objetivo de Karl Popper (Madrid, Tecnos, 1972/1974) y Against Relativism. Philosophy of Science, Deconstrustion and Critial Theory de Christopher Norris (Londres, Blackwell, 1997/2013).
Lo primero que quiero marcar es mi amistad y coincidencias con José Luis. Hemos participado los dos en varios actos pero destaco muy especialmente en uno invitados ambos por la Fundación Alberdi donde elaboramos sobre el tema “La batalla cultural”, de modo que queda clara su preocupación por estudiar y difundir las ideas de fondo sobre la tradición de pensamiento liberal que nos une.
Cuando también estuvimos juntos en la fiesta de liberales en La City, me
comentó su proyecto de lanzamiento como candidato a presidente a lo que le
respondí que a mi modo de ver estamos tan atrasados en el debate de ideas que
aun no hay un plafón suficiente como para captar un número razonable de votos y
que su propuesta me trae a colación el interrogante de que hubiera sido del
mundo si Einstein en lugar de dedicarse
a la física hubiera sido intendente de Chivilcoy (sin desmedro de Chivilcoy), a
lo que me dijo que le halagaba el correlato pero que pensaba que había un
número de personas (especialmente jóvenes) que podían beneficiarse con el
proyecto.
Esta conjetura de José Luis fue correcta pues como he señalado públicamente
realizó con mucho provecho una formidable campaña de difusión muy apreciada por
los liberales que en verdad priorizan las ideas y no se dejan arrastrar por
mezquindades, envidias y bajezas de igual tenor.
A este cuadro de situación agrego con mucho énfasis la suerte que tiene
José Luis de tener una socia de características extraordinarias, no solo
personales sino de una notable profesionalidad para manejar relaciones humanas.
Me refiero naturalmente a Mechi, que está imbuida también de conocimientos
sólidos en las materias que trata con mucha solvencia su marido.
También dejo constancia de la inteligencia de José Luis de contribuir a
que se lo elija a Luis Rosales como candidato a vicepresidente, lo cual
constituye un gran acierto no solo por sus condiciones excepcionales de
periodista brillante con mucha experiencia en los medios, sino por sus
características descollantes como persona de bien y como un liberal de fuste.
Hace mucho tiempo participamos juntos en una mesa redonda, oportunidad en la
que me regaló uno de sus libros con una muy afectuosa dedicatoria (Otra oportunidad. La Argentina en un mundo
multipolar).
Habiendo dicho todo esto, ahora dadas las peligrosas circunstancias por
las que atravesamos estimo que la fórmula de lujo a la que me referí debiera
considerar la posibilidad de bajarse, fortalecer los cargos legislativos y
juntar fuerzas para una futura contienda electoral. Digo esto puesto que los
sucesos que son del dominio público son de tal magnitud en sus amenazas
concretas que no puede restarse votos a la lamentable inoperancia que nos
gobierna.
Me detengo un minuto en lo obvio: la actual gestión ha comenzado con un
bailecito impropio de un republicano con la banda presidencial en la Casa
Rosada y sus primeras medidas fueron aumentar los ministerios y la pretensión
de designar dos miembros de la Corte por decreto, a lo que se agrega
incrementos en lo valores absolutos del gato público consolidado, en el aumento sideral en el neto tributario,
en la disparada inaudita de la deuda estatal, en la consiguiente trepada del
déficit total y en una inflación mensual equivalente a la anual que tiene lugar
en países normales.
Como también he consignado públicamente, estamos en la desgraciada
situación que nos lleva a elegir entre la inoperancia y el abismo, inoperancia
que nos da tiempo para eventualmente rectificar o, por lo menos, juntar fuerzas
para operar en otras direcciones en un futuro electoral sin estar acogotados
por candidatos que nos están gritando que destrozarán lo que queda y se
concentrarán en implantar modelos totalitarios a pesar de algún disimulo
bastante burdo por cierto.
Y no se trata -como en otras oportunidades- de estar atentos a fulanos
que “llevan el cuchillo bajo el poncho”, sino que reiteradamente han
manifestado los titulares y sus múltiples adlateres y compinches que lo tienen
arriba del poncho y anuncian que nos lo clavarán varias veces en el pecho en un
contexto de alarmante impunidad y atropello a la prensa y a la Justicia.
Hay ingenuos que proponen con entusiasmo infantil que probemos la
gimnasia en las PASO a votar por el candidato liberal y luego en la contienda
definitiva habrá tiempo de votar por la inoperancia, o el menos malo. Si nos
guiamos por lo escrito por diversos consultores locales y, sobre todo,
internacionales, con esta política se corre el fenomenal riesgo de que en esas
pruebas de precalentamiento se adelanten de un modo significativo los
impresentables de un modo tal que repercuta como efecto catarata en los
mercados de forma que las corridas bancarias dado el empapelamiento de las
carteras bancarias con títulos públicos, la cotización del dólar, el riesgo
país y demás indicadores incidan tan negativamente en la actual administración
que el triunfo del totalitarismo se haga inevitable en el acto electoral
definitivo. Entre nosotros tal vez quien mejor expresó con gran claridad y
contundencia esta catástrofe fue Alfredo Leuco en el programa de Luis Majul en
el que resumió su preocupación de lo que puede suceder en las PASO por ensayar
el referido ejercicio tremebundo con las palabras: “agarrate Catalina”.
Hay entusiastas de buena fe que opinan que debe seguirse hasta el final
con la fórmula liberal sin percatarse que podemos no salir vivos de esta
experiencia. Hay otros, en general partidarios del menemanto -cuyo balance ha
sido, la corrupción, el aumento desenfrenado del gasto público y la deuda- desaforados que sostienen que la
actual gestión es igual a la que se vislumbra en la vereda de enfrente en base
a lo actuado por el gobierno anterior. Esto no es aceptable ni razonable si
usamos la materia gris con algún cuidado, puesto que no resulta seria la
pretendida equivalencia. Se podrá decir mucho sobre la ineptitud pero, entre
otros puntos centrales, la prensa independiente y sin persecuciones criminales
no es poca cosa que debe valorarse de esta administración.
Reitero que es un error garrafal confundir el plano político con el
académico. El político es un cazador de votos, si formula propuestas que la
opinión pública o el sector al que se dirige no comparte ni comprende está
perdido como político. Al contrario, si antes de su clase el profesor intenta
averiguar que mensaje quieren recibir sus alumnos, está perdido como profesor.
Siempre me ha disgustado que intelectuales la jueguen de políticos en lugar de
apuntar al óptimo y dejar que las negociaciones las realicen los políticos.
En nuestro caso, hay jóvenes que con la mejor de las intenciones
confunden los planos políticos con los intelectuales y no parecen percatarse de
la grave situación en la que estamos sumidos por lo que no podemos correr el
riesgo de colocarnos al filo del abismo pues será un punto de no retorno.
Comprendo que haya muchos resentidos con este gobierno debido a las
trapisondas horribles y zancadillas que han pretendido hacerle a José Luis y al
frente electoral, pero lo relevante no es detenerse en mengano o zutano sino
que está en juego el futuro de todos los que necesitamos vivir en libertad en
base al respeto recíproco que es inherente a lo que demandamos tenga lugar
después de siete décadas de estatismo bajo diferentes denominaciones al efecto
de ser, como alguna vez fuimos, la vanguardia de los países más progresistas
del orbe.
Creo que en definitiva un renunciamiento por estos motivos de la fórmula
de marras en pos de un reaseguro para nuestro futuro inmediato será muy
apreciado y valorado por todas las personas sensatas y prudentes que priorizan
la sociedad abierta.
Como una nota al pie vuelvo a decir que no comparto con José Luis su
posición respecto al llamado “aborto” (sobre lo que he escrito mucho, la última
vez en Infobae en un texto extensotitulado “¿Es aborto el aborto?”). Creo
que esta postura es una pena pero aliento la esperanza de convencerlo en una
próxima reunión, puesto que la amistad incluye el intercambio de ideas. He
visto con tristeza las rencillas entre liberales en las que se recurre a
ofensas personales en lugar de argumentar puesto que como nos ha enseñado Karl
Popper el conocimiento es provisional abierto a refutaciones, entre liberales no
se trata para nada de renunciar a valores, principios y propuestas que cada
cual estime conveniente, se trata de intercambios en base a argumentos y
civilizadamente como siempre hemos hecho con José Luis.
En el debate de 1930 entre Friedrich Hayek y John Maynard
Keynes, la crítica más profunda del primero al segundo es que éste sólo veía
los agregados (consumo, inflación, producción), pero que estos carecían de micro-fundamentos.
La tasa de interés en el pensamiento de Keynes, por ejemplo, no estaba basada
en una teoría del capital, y la atención en el nivel de precios, no dejaba ver
la distorsión de precios relativos que la política monetaria podía provocar. Desde
Precios y Producción (1931) hasta La Teoría Pura del Capital (1941)
Hayek puso el foco precisamente en advertir que debajo de la macro que Keynes
describía había una estructura del capital que determinaría la realidad social
futura.
Hoy vemos este mismo debate planteado en la Argentina.
Mientras unos ven que desde 2015 hasta 2019 aumentó la inflación, el desempleo
y la pobreza y cayó la actividad, otros observan una economía que tiende a
normalizar sus micro-fundamentos. No está demás aclarar que los
micro-fundamentos determinan la realidad social en el largo plazo, pero en el
corto pueden disociarse.
Tengo la impresión que en diciembre 2015 la realidad social
no era buena, pero los micro-fundamentos eran peores de lo que la realidad
social podía mostrar. Argentina era una olla hirviendo. Bastaba levantar la tapa,
para que la realidad social volara por los aires y se ajustara a unos micro-fundamentos
muy pobres. Axel Kicillof fue el artífice entre 2011 y 2015 de distorsionar
esos micro-fundamentos para que el gobierno que siguiera al de Cristina
Fernández de Kichner fracasara en cualquier intento de recuperar el crecimiento
del que careció la Argentina de ese último gobierno kirchnerista.
Y no me refiero aquí, únicamente, al caso del dólar futuro,
que desbordó las páginas de los medios durante meses. El problema era mucho más
complejo que eso. Toda la política económica de este último gobierno
kirchnerista evitó corregir uno solo de los problemas fundamentales de
Argentina para evitar que el costo se traslade a la realidad social. Era más
efectivo, esperar que la bomba explotara en manos del siguiente gobierno.
Había alta inflación, pero si sumábamos la inflación reprimida,
su nivel hubiera sido más alto aun que el actual. Había default, pero era más
prometedor acusar a Griesa que acordar con el Club de París. Había un tipo de
cambio muy atrasado, pero devaluar hubiera contribuido a que salte la inflación
y la pobreza, mientras hubiese hundido a la actividad. Las tarifas estaban
también atrasadas, pero nadie desea sufrir el costo social y político de elevar
el costo de los servicios públicos.
El gobierno de Mauricio Macri hizo precisamente esto. Dejará
en 2019 una Argentina con alta inflación, desempleo y pobreza, pero sus
micro-fundamentos garantizan una economía que rebotará y permitirá con ello una
mejor realidad social, bajando precisamente la inflación, el desempleo y la
pobreza a niveles inferiores que los que heredó. Ese proceso ya inició y de
hecho los datos ya lo están mostrando.
¿Qué fue lo que hizo Macri? Sustituyó un déficit fiscal primario
y consolidado entre Nación y Provincias, por equilibrio presupuestario. Es
cierto que aun resta cubrir los intereses pero de cumplirse las metas fiscales
Argentina podría alcanzar en un hipotético segundo gobierno de Mauricio Macri
el superávit fiscal primario, que a su turno permita alcanzar el equilibrio
fiscal financiero (incluyendo los intereses). También se ocupó Cambiemos de
reconocer un tipo de cambio competitivo, lo que requirió de una fuerte devaluación
el año previo a la elección, y lo que repercutió en la inflación, el desempleo
y la pobreza, pero al alza.
¿Podía Argentina evitar la crisis cambiaria en un momento en
que además de la sequía, el mundo vivió un corte repentino del crédito
internacional (Sudden stop)? De ninguna manera. Defender el peso en ese
contexto, hubiera dejado a la Argentina sin reservas rápidamente. Y es que los
micro-fundamentos de la economía argentina eran muy débiles, mucho más que los
de los países vecinos que enfrentaron mejor el shock externo.
El tipo de cambio saltó de 17 a 23, 28, 31, 37, 42, para
luego retroceder a 38, tras lo cual subió a 45, para luego retroceder a 42. La
crisis cambiaria vino a corregir el enorme déficit de cuenta corriente, pero fundamentalmente
permitió que los argentinos nos demos cuenta que los dólares cuestan más que
aquello que estábamos pagando. Con un dólar más caro, se encarecieron las
importaciones, y se dificultó el turismo en el exterior, algo que la clase
media argentina cuestionó con fuerza. El tipo de cambio multilateral resultante
no llegó al nivel de 2003, pero al menos permitió que la Argentina salga del
dólar barato, corrigiendo otro micro-fundamento.
Si coincidimos que el tipo de cambio nominal debía subir,
entonces resulta un error criticar al oficialismo por la inflación consecuente,
o el impacto en el empleo y la pobreza. Todo esto es herencia. Nadie podía
evitar que estas cosas ocurrieran. El oficialismo creyó inocentemente, y este
fue un error que hoy paga caro, que podía evitar estas consecuencias con
gradualismo y mucho viento a favor, pero fue imposible. Debió, quizás, generar
una corrección mayor en los micro-fundamentos ni bien llegó al gobierno en diciembre
de 2015 para que el costo de la crisis se generara en 2016 y políticamente sea
observado como una herencia lógica de la política económica de Axel Kicillof.
Puede ser. Pero a lo sumo se podrá criticar al gobierno por postergar la
crisis, más que por haberla generado.
Lo cierto es que hoy la Argentina ofrece micro-fundamentos sólidos
que dejan entrever que recuperará el crecimiento en el segundo semestre de
2019, y se fortalecerá en 2020. La mejor actividad recuperará la recaudación, lo
que permitirá ir hacia un equilibrio fiscal consolidado y financiero. No sólo
ello. Como el riesgo país se reduce al ritmo de estas mejoras observables,
Argentina podrá reestructurar su deuda y sustituir activos caros por otros más
baratos, tomando deuda a tasas más bajas. El déficit financiero podrá
resolverse, ni bien el oficialismo sea reelecto.
La inflación ya inició una baja contundente desde el 4,7 %
en marzo hasta el 3,1 % de mayo, y una cifra aun menor a observarse en la fecha
de hoy anunciada por el INDEC. Pero en la medida que el dólar mantenga su
calma, y ese escenario es plausible, el IPC debería seguir bajando hacia el 2 %
mensual al cierre de este año, e incluso más bajo en 2020.
Quedan desafíos claro. Las Leliqs siguen siendo un problema
que deberá atenderse con urgencia a inicios de 2020. El déficit fiscal
financiero cerraría 2019 en alrededor del 4 % del PIB. Las reformas previsional,
tributaria, laboral son requeridas mínimamente para asemejarnos competitivamente
a nuestros vecinos. Hay que prepararse para el momento en que el acuerdo de
libre comercio con la Unión Europea entre en vigencia.
Resumiendo, no nos quedemos sólo con la superficie de la costosa realidad social que nos dejó el kirchnerismo y que Cambiemos no pudo evitar. Si los micro-fundamentos mejoran, y ese parece ser el caso, Argentina y sus activos terminarán rebotando, y con ello mejorará la actividad, y se corregirán hacia abajo la inflación, el desempleo y la pobreza.
Publicado originalmente en El Cronista, martes 16 de julio de 2019.
El liberalismo tiene mala prensa en Argentina. Dejando de lado a sus pocos seguidores, el liberalismo o es ignorado como idea o es considerada una entelequia histórica de idealismos intelectuales que no aplican al mundo real. En el ADN de la cultura argentina se encuentra un gen peronista/marxista, no un Adam Smith o un Hayek.
Hace un tiempo escribía una nota intentando desmitificar mal interpretaciones del liberalismo clásico por parte de sus críticos. Sin embargo, hacia el final de la nota me refiero a lo que entiendo es un error dentro «movimiento libertario.»
Informe de Coyuntura del IERAL – 17 de Abril de 2019
En un trabajo de IERAL publicado a mediados de los ́80 se encontró que, para el período 1961-83, cada vez que el gasto público en dólares superaba determinado nivel, tarde o temprano había un ajuste que incluía una fuerte devaluación y devolvía el gasto en dólares a su nivel original. La explicación a este fenómeno tiene que ver con el hecho que un nivel de gasto público en dólares significativa y persistentemente mayor que el de “equilibrio”, implicaba una carga fiscal y financiera insoportable para las firmas que competían con bienes y servicios producidos en el exterior, situación que derivaba en una crisis fiscal y cambiaria.
•Actualizando aquel trabajo para el período 1997- 2019, se encuentra que, efectivamente, hay un nivel de resistencia del gasto público en dólares en torno a los 200 mil millones de dólares, indicando sobrevaluación del peso para todo el período que va de 2011 a 2017, pero no para el tramo entre 1999 y 2001. Un análisis análogo, pero utilizando la canasta de monedas, en lugar de exclusivamente el dólar estadounidense, no cambia las conclusiones para 2011-17, pero confirma que para el 1999-2001 hubo una importante apreciación del peso (por la incidencia del real brasileño)
•Las mediciones tradicionales de tipo de cambio real utilizan a la inflación de precios al consumidor como deflactor. Si, en cambio, se mide la trayectoria del tipo de cambio real utilizando al gasto público como deflactor, se tiene que el pico de sobrevaluación del peso se alcanzó en 2015, y esto se explica por el hecho que el Gasto Público Consolidado como porcentaje del PIB pasó de 26,6 % en 2004 a nada menos que 46,5 % en 2016
•En los niveles actuales, el tipo de cambio real deflactado por el gasto público se encontraría en una zona de equilibrio. Sin embargo, debido a que la carga fiscal sobre el conjunto de la economía es apenas inferior a la de 2015, la contrapartida es una mayor presión sobre el sector de no transables, especialmente el formal. Como, a su vez, el sector de no transables es el que más pondera en el empleo total, con este “equilibrio” cambiario la economía tiene menos capacidad de generar empleos y los salarios quedan en un nivel más bajo, lo cual tiende a afectar el clima social