El liberalismo tiene mala prensa en Argentina. Dejando de lado a sus pocos seguidores, el liberalismo o es ignorado como idea o es considerada una entelequia histórica de idealismos intelectuales que no aplican al mundo real. En el ADN de la cultura argentina se encuentra un gen peronista/marxista, no un Adam Smith o un Hayek.

Hace un tiempo escribía una nota intentando desmitificar mal interpretaciones del liberalismo clásico por parte de sus críticos. Sin embargo, hacia el final de la nota me refiero a lo que entiendo es un error dentro “movimiento libertario.”

El liberalismo es una concepción constitucional (meta-política). Son las reglas republicanas y de libre mercado que deben gobernar a una sociedad indistintamente del gobierno de turno. El liberalismo no es partidario, es constitucional. Es, en definitiva, una filosofía política (no un partido político).

Al llevar adelante un proyecto político abanderado en el “liberalismo” (Partido Liberal Libertario, Partido Liberal, “el candidato del liberalismo”, etc.) se cambia el plano de la discusión. Ahora el liberalismo es una mera cuestión partidaria en lugar de mantener su plano “constitucional” que gobierne a todos los partidos. Se corre el innecesario riesgo de manchar las ideas del liberalismo con el barro de la política. Estas semanas estamos leyendo que el “candidato liberal” estaría vendiendo puestos en sus candidaturas, estaría yendo con candidatos que nada tienen de liberal (¿cuántos liberales de renombre hay de hecho en sus listas?), etc. En los diarios se habla de las peleas entre liberales (nota que bien podría describir a la izquierda argentina). Seguramente nada de esto moverá las convicciones de quienes ya son liberales. El problema es, sin embargo, el efecto que puede tener en aquellos a quienes se quiere convencer de los ideales del liberalismo.

Ya se leen argumentos como “al final en política los liberales son iguales a los otros”, o “si no ganan las elecciones (el mercado de las ideas se dirá), entonces sus políticas no deben ser aplicadas”. En otras palabras, no es lo mismo salir de las elecciones diciendo “Perdió Espert” que “Perdió el liberalismo”.

Esto no quiere decir que la doctrina liberal no sea necesaria en la política. Es un comentario sobre el costo de “abanderarse” en estos términos dentro de la política. Hay distintas maneras de influir en política. Una de ellas, como sugería Hayek, es a través de Think Tanks. Por ejemplo más y más grandes instituciones como la Fundación Libertad y Progreso. Se puede entrar en política sin este abanderamiento. Por ejemplo, un Partido por la Reconstrucción Republicana. Estados Unidos ofrece un ejemplo conocido. El Libertarian Party es considerado un experimento menor y es motivo de risa (salvo, obvio, por sus seguidores). ¿No ha generado acaso Ron Paul más impacto que el “ridículo grupo de ingenuos ideologizados del Libertarian Party”?

Creo que se entiende el punto. No estoy diciendo que Espert no es libre de llevar adelante su proyecto político como mejor le parezca (y aceptar las críticas que son parte de la política). No estoy diciendo que no deban llevarse las ideas del liberalismo a la política. Enorme falta hacen estas ideas. Mi punto es el riesgo de seguir quemando las ideas por llevar una bandera cuando no hace falta.


Relacionado con esta discusión, a principios de año escribía este post sobre demanda y oferta de cambios institucionales.