Luis Reig Albiol, ‘in memoriam’

El pasado 25 de mayo falleció Luis Reig Albiol, el primer Premio Juan de Mariana a una trayectoria ejemplar en defensa de la libertad. Sin él, no se podría explicar que el liberalismo en España pasase de caber en un taxi a convertirse en el amplio movimiento que es en la actualidad. Siempre humilde y generoso, fue un santo varón de la libertad. Su ejemplo permanecerá imborrable en todos nosotros. Descanse en paz.

Por su interés, reproducimos la necrológica que el profesor Jesús Huerta de Soto publicó el 31 de mayo en el diario Abc.


Luis Reig Albiol (1925-2018). Decano de los liberales españoles.

Por Jesús Huerta de Soto

Luis Reig Albiol nació en Valencia el 8 de abril de 1925 y falleció en Madrid el 25 de mayo de 2018. Gran economista liberal de la Escuela Austriaca, ingeniero industrial y empresario, obtuvo el Premio Juan de Mariana en 2007 y dedicó toda su vida al impulso en España de las ideas del liberalismo clásico de Mises, Hayek, Kirzner y Rothbard y a la defensa de la libertad humana.

Su padre, Joaquín Reig Rodríguez, fue, junto a Ignacio Villalonga, uno de los máximos exponentes del nacionalismo liberal valenciano hasta que, frustradas sus respectivas carreras políticas tras la Guerra Civil, se dedicaron al mundo de las finanzas, en el que llegaron a liderar el grupo del Banco Central. El propio Luis Reig llegó a ser vicepresidente de Cepsa y Dragados y Construcciones, importantes empresas de dicho grupo. Cuando Joaquín Reig Albiol, hermano de Luis, traduce al español y publica La acción humana de Ludwig von Mises, Luis se vuelca en el estudio de Friedrich A. Hayek, Premio Nobel de Economía en 1974.

Posteriormente, Luis Reig llegó a ser amigo personal de Hayek y miembro, junto con sus hermanos Joaquín y Clotilde, de la Mont Pelerin Society, que Hayek fundara en el 1947. Además, en 1982 culminó una excelente traducción al castellano del libro de Hayek Derecho, legislación y libertad. Esta obra, de 556 páginas, ha sido publicada en España en varias ediciones por Unión Editorial, que el propio Luis, junto a su hermano Joaquín y Juan Marcos de la Fuente, fundó en 1973.

Fue en octubre de ese mismo año cuando comencé a asistir al seminario sobre economía de la Escuela Austriaca que Luis Reig organizaba en su casa del Parque del Conde Orgaz de Madrid todos los jueves por la tarde. Allí pude debatir con un nutrido grupo de importantes economistas, como Lucas Beltrán, Julio Pascual o Pedro Schwartz, las ideas más importantes del liberalismo clásico. La asistencia a este seminario en casa de Luis tuvo una influencia determinante en nuestra formación como economistas liberales de la Escuela Austriaca. Allí fue donde por primera vez oímos hablar, por ejemplo, del iusnaturalismo anarcocapitalista de Murray M. Rothbard o de la necesidad de restablecer el coeficiente de caja del cien por cien para los bancos. Aunque Luis estuvo más orientado desde un principio hacia el evolucionismo de Hayek y Popper, volvió su atención hacia la ética y el derecho natural durante los últimos años de su vida.

Siempre alegre y vitalista, jamás tuvo una palabra de amargura incluso cuando alguna circunstancia le fue más adversa. Disfrutaba nadando a vela por Mallorca acompañado de su inseparable Íñigo Barallobre o volando sin motor con su sobrino Pepe Reig. Plenamente activo hasta la semana antes de su muerte, deja cuatro hijos, Luis, Gabriela, Mariana y Alonso, que tuvo con su mujer Lily, pero sobre todo nos deja huérfanos a los liberales españoles, que nunca lo olvidaremos por su gran sabiduría y bondad.

Reflexión de domingo: «LIBERALISMO»

HuertaEl liberalismo es una corriente de pensamiento (filosófico y económico) y de acción política que propugna limitar al máximo el poder coactivo del Estado sobre los seres humanos y la sociedad civil. Así, forman parte del ideario liberal la defensa de la economía de mercado (también denominada «sistema capitalista» o de «libre empresa»); la libertad de comercio (librecambismo) y, en general, la libre circulación de personas, capitales y bienes; el mantenimiento de un sistema monetario rígido que impida su manipulación inflacionaria por parte de los gobernantes; el establecimiento de un Estado de Derecho, en el que todos los seres humanos -incluyendo aquellos que en cada momento formen parte del Gobierno- estén sometidos al mismo marco mínimo de leyes entendidas en su sentido «material» (normas jurídicas, básicamente de derecho civil y penal, abstractas y de general e igual aplicación a todos); la limitación del poder del Gobierno al mínimo necesario para definir y defender adecuadamente el derecho a la vida y a la propiedad privada, a la posesión pacíficamente adquirida, y al cumplimiento de las promesas y contratos; la limitación y control del gasto público, el principio del presupuesto equilibrado y el mantenimiento de un nivel reducido de impuestos; el establecimiento de un sistema estricto de separación de poderes políticos (legislativo, ejecutivo y judicial) que evite cualquier atisbo de tiranía; el principio de autodeterminación, en virtud del cual cualquier grupo social ha de poder elegir libremente qué organización política desea formar o a qué Estado desea o no adscribirse; la utilización de procedimientos democráticos para elegir a los gobernantes, sin que la democracia se utilice, en ningún caso, como coartada para justificar la violación del Estado de Derecho ni la coacción a las minorías; y el establecimiento, en suma, de un orden mundial basado en la paz y en el libre comercio voluntario, entre todas las naciones de la tierra. Estos principios básicos constituyen los pilares de la civilización occidental y su formación, articulación, desarrollo y perfeccionamiento son uno de los logros más importantes en la historia del pensamiento del género humano. Aunque tradicionalmente se ha afirmado que la doctrina liberal tiene su origen en el pensamiento de la Escuela Escocesa del siglo XVIII, o en el ideario de la Revolución Francesa, lo cierto es que tal origen puede remontarse incluso hasta la tradición más clásica del pensamiento filosófico griego y de la ciencia jurídica romana. Así, sabemos gracias a Tucídides (Guerra del Peloponeso), como Pericles constataba que en Atenas «la libertad que disfrutamos en nuestro gobierno se extiende también a la vida ordinaria, donde lejos de ejercer éste una celosa vigilancia sobre todos y cada uno, no sentimos cólera porque nuestro vecino haga lo que desee»; pudiéndose encontrar en la Oración Fúnebre de Pericles una de las más bellas descripciones del principio liberal de la igualdad de todos ante la ley.

Por Jesús Huerta de Soto

Madrid, 12 de Octubre de 1998

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