LyP: Desregular para Emprender

Nuevo video informativo de (Fundación Libertad y Progresl)[http://www.libertadyprogresonline.org/] sobre el efecto de las regulaciones en iniciativas empresariales.

La realidad de los emprendedores argentinos es ardua. Con la inflación que no da tregua, los impuestos más altos del mundo, regulaciones kafkianas, y costos laborales desbordados, no llama la atención que en la Argentina sólo el 15% de la población económicamente activa tenga un emprendimiento y que la mayoría de las microempresas no pasen de los dos años de vida. Esta realidad empeora si hablamos de los emprendimientos de las personas con bajos ingresos, según el trabajo "Desregular para Emprender" hecho por Libertad y Progreso en asociación con Atlas Network en la ciudad de Buenos Aires, Tigre y San Miguel.

REFLEXIONES SOBRE EL SÍNDROME DE ALADINO – Por Alberto Benegas Lynch (h)

Siempre me han atraído los razonamientos que abren nuevos cauces fértiles y que son contrarios al conocimiento convencional y, bien fundamentados, despejan lo que, en general, aparece como contraintuitivo. Es el caso, por ejemplo, de las primeras líneas de un artículo del gran Leonard E. Read publicado en 1965, titulado “Cuando los deseos se convierten en derechos”.

He aquí la elucubración de Read: comienza por preguntarle al lector si procedería en consecuencia si estuviera en sus posibilidades el frotar la célebre lamparita de Aladino y lograr que se resuelvan los problemas de todos. El autor se adelanta a pronunciarse enfáticamente por la negativa. Sostiene que, si al él se le presentara esa situación, se abstendría de proceder de esa manera puesto que ello comportaría la completa eliminación de todos los esfuerzos y las responsabilidades posibles por parte de cada uno, lo cual bloquearía el consiguiente ejercicio de sus facultades al límite de atrofiarlas por completo. Y, sigue diciendo Read, esto último implicaría la eliminación de todo lo propiamente humano.

Sorpresiva conclusión en verdad, pero no deja de ser correcta tomada en el contexto que el autor la toma. No es que cuanto mayores los problemas y obstáculos mejor será el futuro de la humanidad. Todos tratamos de minimizar los problemas y si podemos ayudar a alguien cercano que se encuentra en trances difíciles lo hacemos de buen grado. El tema estriba más bien en un canto al orden natural. En mostrar que, en realidad, estamos en el mejor de los mundos posibles. Que la proporción de problemas y soluciones es la adecuada para fortalecer el carácter y mantener el ánimo. Menos mal que no está en las posibilidades de los megalómanos gubernamentales el planificar el cosmos e introducir “correcciones” porque los estallidos de las galaxias estarían a la orden del día (como apunta Eduardo Solari, pensemos que la Tierra se desplaza en su recorrido elíptico en torno al sol a una velocidad de 106.000 kms. por hora y sin piloto). Ya bastantes trifulcas, desaguisados, dolores, miserias y calvarios crean los energúmenos de la planificación por parte de quienes detentan el monopolio de la fuerza y sus secuaces.

En algunas oportunidades se ha especulado acerca de que ocurriría si Dios o el momento primero hubiera creado un universo perfecto. Pues sencillamente tal universo no hubiera existido ya que, por definición, no pueden coexistir dos perfectos (uno tendría lo que no tiene el otro y, por ende, no serían perfectos). El hecho de que yo esté escribiendo esta nota muestra que hay un comienzo, una causa incausada: si la cadena de causas que permiten que esté escribiendo estas líneas fueran literalmente en regresión ad infinitum sería otra manera de decir que las causas que me dieron origen nunca comenzaron, ergo no sería posible que esté abocado a esta tarea. Y esto no es una cuestión religiosa en el sentido vulgar de la palabra, se trata de la mera lógica que para nada es incompatible con la conjetura del Big-Bang ya que se trata de un fenómeno contingente y no necesario y, mucho menos, con la inexorabilidad de la evolución.

El título del artículo que comentamos al inicio nos da pie para señalar que prevalece una gran confusión respecto de lo que significa el derecho. Hoy se alegan derechos que no son tales. El derecho a una vivienda digna, derecho a la alimentación adecuada,  derecho a la atención médica, derecho a la educación suficiente, derecho a la recreación, derecho de los niños a jugar, derecho a los trabajadores a vacacionar, derecho a una buena remuneración, derecho a un medio de locomoción y, como hemos comentado en una columna reciente, el derecho al orgasmo.

Todos estos y muchos más podrán ser aspiraciones o deseos pero no constituyen derechos. A todo derecho corresponde una obligación. Si el lector percibe una remuneración de mil, existe la obligación universal de respetar esa propiedad, pero si el lector pretende el “derecho” de obtener dos mil cuando no los gana y si se accediera a semejante pretensión, necesariamente significaría que se impondría la obligación sobre terceros a proporcionar la mencionada diferencia con lo que se habrían lesionado sus derechos. Por tanto, se trata de un pseudoderecho.

Por increíble que parezca hoy vivimos en la era de los pseudoderechos, los cuales incluso están insertos en muchas constituciones que teóricamente fueron concebidas y promulgadas para limitar el poder y, sin embargo, dan rienda suelta al abuso y al atropello más flagrante de los derechos de las personas. Estos procedimientos aberrantes, naturalmente afectan muy especialmente a los más necesitados puesto que al resquebrajar el orden jurídico se deterioran los marcos institucionales que garantizan los derechos de propiedad que, precisamente, hacen posible el crecimiento de las tasas de capitalización que son la única razón que explica los mayores ingresos y salarios en términos reales. Aunque Read no se refiere en estos términos al asunto que consideramos, está implícito en sus argumentaciones. En todo caso, concordamos con este autor cuando pone de manifiesto que si no resulta conveniente echar mano a la célebre lamparita para resolver los problemas de todos, es mucho menos aceptable echar mano compulsivamente a los bolsillos de otros para resolver nuestros males. El aparato estatal, jugando al Aladino, es la peor y más dañina de las ilusiones. Es el síndrome de Aladino en el que quedan atrapados y engañados tantos ingenuos, seducidos, embaucados y empobrecidos por tanta patraña.

Buchanan’s Centennial Birthday

October 3rd marks James M. Buchanan’s centennial birthday. Nobel Prize winner in 1986 and past President of the Mont Pelerin Society, Buchanan is best known for his contributions to the fields of Public Choice and Constitutional Political Economy.

The University Honors College and the new Political Economy Research Institute is organizing a special conference. PERI is housed at Middle Tennessee State University (Buchanan’s alma mater). The event has attracted former colleagues and students of Buchanan as well as young scholars already doing interesting work on his tradition.

Dr. Daniel J. Smith has done an excellent job putting this event together. The (early) drafts of the papers being presented are available at the conference site [contact the authors for permission to cite or quote].

My paper with Ed Lopez on Buchanan’s deeper motivation behind his research program can be found here.

As a final comment, on October 3rd the town and county has declared October 3rd as James M. Buchanan Day.

Interview with Bob Muprhy

Check my interview with Bob Murphy. We talked about my work with Peter Lewin financial applications to capital theory and its implications for the austrian business cycle theory, fractional reserve banking, and how the Fed «broke» the usual way to perform monetary policy.

Access the interview here.

Tres etapas de la historia del pensamiento económico

El pensamiento económico se ha venido construyendo a lo largo de los siglos con las ideas de autores y escuelas que le han dado sus aportes, Adrián Ravier en un recorrido histórico explica las tres etapas de desarrollo en donde la Escuela Austriaca de Economía ocupa un lugar importante.

El trayecto está divido en tres etapas, la primera corresponde a los griegos quienes hablaban de justicia económica; la segunda, conforme el avance de los años, otras generaciones comenzaron a preguntar si era justo el comercio, el intercambio y el cobro de interés por préstamos de dinero y la tercera donde ya surge la política económica.

Los autores presocráticos eran más liberales y promercado que los autores socráticos”.

La Economía como ciencia social se ocupa de estudiar los recursos de que dispone una sociedad para satisfacer las necesidades de todos los que la integran, por esa razón se fue haciendo necesario desarrollar diversas teorías para comprender y explicar este fenómeno social que surge espontáneamente.

Durante 1,500 años no hubo avances en materia económica”.

Las diferentes corrientes filosóficas que han hecho de la economía lo que es hoy dice Adrián, fue constituida por el pensamiento de los escolásticos de la Escuela de Salamanca; la economía moderna representada por los mercantilistas y fisiócratas, así como la economía clásica que surgió posteriormente donde es notable el aporte de Adam Smith por su obra La riqueza de las naciones y las de otros filósofos que vinieron a contribuir con esta importante ciencia que se ha desarrollado para el avance de la humanidad.

Gracias a los trabajos Marjorie Hutchinson, Alejandro Chafuen o Murray N, Rothbard entre otros, podemos rastrear las primeras ideas económicas en la Escuela de Salamanca”.

No dejes de conocer las teorías e ideas que han fundamentado la trayectoria histórica de la Economía para comprender sus diferencias metodológicas, microeconómicas y macroeconómicas entre el mainstream y el mainline economics.

Acceda aquí al video completo en New Media.

UNA NOTA SOBRE LA DISONANCIA COGNITIVA – Por Alberto Benegas Lynch (h)

Es de interés indagar en los motivos que hacen que personas formadas con determinados valores en los que creen, en la práctica de la vida operan a contramano de aquellos principios. En economía hay un precepto que se denomina “la preferencia revelada”: no importa en que consistan los discursos y las declamaciones, lo relevante son las acciones que en verdad ponen al descubrimiento los valores que se profesan.

Si una persona dice y repite que lo importante para el es la lectura pero se pasa la vida jugando al tennis, en la práctica, pone de manifiesto que lo prioritario para el es el deporte y no la lectura. Sin duda que también hay que tener en cuenta que pueden sostenerse de buena fe ciertos principios y, en los hechos, se violan debido a que “nadie pude tirar la primera piedra” en el sentido de que todos nos equivocamos. Pero el asunto es la continuidad en el tiempo: si permanentemente se cae en el pantano y no hay esfuerzo alguno para mantener la brújula y subirse a la huella y rectificarse, queda claro el principio que se aplica eclipsa y deglute al declamado. Sin duda que peor que esta situación es olvidarse de los mojones y parámetros de la conducta recta y ni siquiera declamarlos porque, en ese caso, se borra toda esperanza de reencauzar la acción hacia la buena senda.

En esta misma línea de pensamiento, intriga como es que muchos estudiantes universitarios que, dados lo tiempos que corren, tienen el raro privilegio de atender clases en las que se exponen las ventajas de la sociedad abierta o quienes han obtenido los beneficios -también poco comunes- de haber recibido esa educación en sus hogares y adhieren a esa forma de convivencia basada en el respeto recíproco, pero, sin embargo, en los avatares de la vida, en la práctica, renuncian a esos valores. Y lo curioso es que no lo hacen porque deliberadamente abandonan ese modo de pensar, al contrario, insisten en suscribir los pilares de la sociedad libre en el contexto de las relaciones sociales pero, nuevamente decimos, en los actos cotidianos ese pensamiento, de tanto amoldarse a las opiniones que prevalecen, se diluye y finalmente es devorado y triturado por los hechos diarios.

La explicación consiste que en numerosos casos, la persona aún manteniendo en las palabras esos principios, percibe que en el mundo que lo rodea las conductas son muy otras y, para sobrevivir, como si se tratara de un instinto inconsciente de supervivencia, aplican los valores opuestos en lugar de hacer frente a los acontecimientos e intentar revertirlos para mejorar la situación.

Internamente se pretende el autoengaño que, para suavizar la tensión subyacente, aparentan mantener los principios en los que racionalmente adhieren pero todos sus dichos y hechos apuntan en la dirección opuesta. Muchas veces de tanto simular terminan creyendo en sociedades autoritarias de diverso grado. Al fin y al cabo, como ha escrito Nathaniel Hawthorne en La letra escarlata “Ningún hombre puede por un período considerable de tiempo usar una cara para él mismo y otra para la multitud sin finalmente confundirse acerca de cual es la verdadera”.

Independientemente de las concepciones del psicólogo Leon Festinger en otros ámbitos, fue el quien bautizó en 1957 la idea de la referida tensión (aunque aplicada a casos y, en cierto sentido, contextos diferentes a los aquí expuestos) como “disonancia cognitiva”. Un neologismo fértil para explicar el fenómeno a que nos venimos refiriendo. Me llamó la atención sobre este término y el profesional que lo comenzó a utilizar mi amigo Alberto Mansueti, de la Universidad de San Pablo.

Hay otra situación a la que también aplicamos la antedicha noción de “disonancia cognitiva” y es cuando una persona sostiene que procede convencida de la más alta calidad de un bien pero queda a todas luces patente que su conducta obra por snobismo, show-off, para llamar la atención o simplemente para esconder algún complejo. Es cuando se encandila por precios altos de un bien y está atraída a su compra, no tanto por el contenido de lo que adquiere sino precisamente por el precio especialmente elevado. 

Como es sabido, en economía se enseña que cuando el precio aumenta la demanda decrece (según sea su elasticidad). Sin embargo, se sostiene que en el caso comentado no tiene lugar la mencionada ley puesto que cuando el precio se incrementa se incrementa también la cantidad demandada.  Esto no es así. Hay un espejismo que se conoce como “la paradoja Giffen” (por Robert Giffen, a quien Alfred Marshall le atribuyó la autoría del concepto). En realidad la ley se mantiene inalterada, lo que ocurre es que aparece un nuevo bien que se superpone al anterior y es el snobismo o sus antes referidos equivalentes que hacen de nuevo producto, para el que al elevarse el precio naturalmente se contrae la demanda.

Nadie declara que procede por snobismo, incluso puede pensarse que no se opera en base a esa tontera pero, en la práctica, la tensión interna hace que tenga lugar el autoconvencimiento de que se compra el bien en cuestión debido a “la calidad superior del mismo”. Dicho sea de paso, esa es, por ejemplo, la razón por la que la botella del vino Petrus se cotice a cinco mil dólares ya que no hay fundamentos enológicos para tal precio en comparación con otros vinos de igual o mejor calidad pero sin el mercadeo y la presentación de aquel (reflexión que para nada se traduce en que el valor deja de ser puramente subjetivo y dependiente de la utilidad marginal). Esto también ocurre con la pintura, la moda y otras manifestaciones públicas de variado tenor y especie pero, de más está decir, esta no es la tendencia prevaleciente en el mercado ya que la gente elige microondas, comida, televisores y demás bienes por su calidad y no por snobismo (de lo contrario, con suficiente mercadeo y publicidad se podría convencer a la gente que use candelas en lugar de luz eléctrica, carpas en lugar de edificios, monopatines en lugar de automóviles etc).

Otro ejemplo -lamentablemente de gran actualidad por estos días- es el método Ponzi (llamado así por el célebre estafador Carlo Ponzi emigrado a Estados Unidos de Italia en 1903) que se basa en un esquema piramidal en el que se prometen altos rendimientos sustentado en ingresos de nuevos inversionistas engatusados por grandes retornos y no debido a prometidas pero inexistentes colocaciones de fondos tomados de los clientes. Ha habido sonados casos de quienes sospechaban el fraude pero se autoconvencían de supuestos éxitos y habilidades de los tramposos…otra vez, la “disonancia cognitiva” (y no se trata de introducir más regulaciones estatales sino de abrir paso a las auditorias de los “inversionistas” o de los controles societarios si se trata de ejecutivos que operan de ese modo para que los accionistas tengan adecuada información en base a la flexibilidad y los necesarios reflejos libres de la intromisión gubernamental, aparato que debe limitarse a condenar luego del correspondiente proceso a los denunciados, del mismo modo que no se requieren disposiciones especiales para evitar que se vendan pollos en mal estado).

En todo caso, el punto central de esta nota consiste en destacar esos raros y un tanto misteriosos vericuetos internos que apuntan al alivio de tensiones entre posiciones opuestas a través del autoengaño o la “disonancia cognitiva”.

Adam Smith en la historia del pensamiento económico

Adrián Ravier defiende en esta exposición puntos importantes sobre las contribuciones de Adam Smith a la teoría económica, con el propósito de responder a la pendiente discusión sobre los excesos de crítica que hizo Murray Rothbard a este autor.

También, menciona las críticas de Joseph Schumpeter quien le cuestionó a Smith en su obra Análisis del pensamiento económico la originalidad de sus ideas, empero le reconoció su labor de sistematizar y sintetizar una gran cantidad de conocimientos económicos que se hallaban dispersos. 

Criticar a Smith por no tratar la ley de utilidad marginal, como lo hace Rothbard en su obra Historia del pensamiento económico, no es entender el contexto en el que escribió La teoría de los sentimientos morales y La riqueza de las naciones.

Luego de planteado el problema, Ravier menciona su objetivo de dar respuesta a las tres críticas de Rothbard cuando dice que Smith no creó nada, que no fue un buen sintetizador y que lo suyo fue desvío de un conocimiento coherente desarrollado previamente, que incluía estudios de la Escuela de Salamanca y aportes de Cantillon.  Además, refiere que en la historia del pensamiento económico moderno persiste la idea que antes de Smith ya habían tratado otros autores los temas que se le atribuyen.

Por su parte, Ravier argumenta que en la obra de Smith se hallan conceptos como la división del trabajo, la especialización, la coordinación social, la mano invisible, el orden espontáneo, el sistema de precios, la competencia, la función empresarial, las ganancias, las pérdidas e incluso la imposibilidad del cálculo económico en el socialismo.

Si uno busca en La teoría de los sentimientos morales y en La riqueza de las naciones, se encuentran por allí elementos que nos llevan a esta interpretación que hoy se hace del mercado…”.

Otro punto mencionado por Ravier es la distinción que hace Smith sobre precios, la producción la tierra, el trabajo y el capital.

Esto también empieza a mostrar una diferencia entre Smith, David Ricardo y en particular Marx”.

Conoce a Adam Smith, llamado el padre de la economía moderna, cuya trayectoria ha trascendido a lo largo de la historia.

Conversando sobre “El rostro humano del capitalismo global”

Adrián Ravier en conversatorio con María Dolores Arias, habla de El rostro humano del capitalismo global, una obra de su autoría donde muestra otra dimensión de este sistema que constantemente es señalado por olvidar a las personas y preocuparse más por los números.

La obra está dividida en tres partes, histórica, política y económica, y el interés de Adrián Ravier por desarrollar el tema, se debe a que considera importante mostrar los beneficios que el capitalismo global ha traído a la humanidad.

A partir del desarrollo que ha tenido ese sistema, ha mejorado drásticamente la calidad de vida de las personas, se han reducido los índices de mortalidad, existe mayor acceso al agua potable, y a las tecnologías.

Explica Ravier que dentro del contexto de la obra, consideró necesario analizar la obra de Eduardo Galeano, Las venas abiertas de América por la gran influencia que ha tenido en el pensamiento latinoamericano.

Mucha gente joven se ha formado en esa mentalidad anticapitalista”.

También, menciona que en la obra desarrolla el tema del Estado, de manera realista a partir de sus antecedentes históricos, evolución, autores que han contribuido con sus aportes en el proceso y las problemáticas constitucionales, entre otros.

Los gobernantes buscan su propio beneficio, el beneficio de los partidos políticos, el beneficio de los empresarios que los financiaron en campaña y muchas veces se alejan del bien común”.

Te invitamos a conocer el contenido de esta obra de actualidad que muestra el realismo del capitalismo global.

El fiasco del acuerdo de precios y salarios – por Alberto Benegas Lynch (h)

Con algunos colegas comentábamos que resulta un tanto tedioso reiterar las críticas de algunas políticas. Aun en desacuerdo, medidas novedosas estimularían las neuronas pero la repetición cansa y desgasta sobre todo cuando los fracasos se han sucedido sin solución de continuidad. Ahora observamos con estupor que un candidato a la presidencia proclama “acuerdos de precios y salarios” como si fuera una panacea sin prestar atención a la historia que muestra fracasos estrepitosos que perjudican muy especialmente a los más necesitados debido a los desajustes colosales que inexorablemente se producen.

El caso que nos ocupa ha sido especialmente difundido a través del manifiesto de Verona por el fascismo italiano. Esta corriente de opinión estimaba que los precios pueden administrarse por capitostes de distintas corporaciones en lugar de atender valorizaciones cruzadas entre millones de arreglos contractuales.

Veamos el asunto por partes. El precio no es un número que pueda decidirse caprichosamente sino que es la expresión de lo que ocurre en el mercado. No solo limpia la oferta y la demanda sino que es la única señal que refleja las escaseces relativas y donde conviene invertir y donde desinvetir según los márgenes operativos.

A su vez el precio está íntimamente ligado a la propiedad privada puesto que pone de manifiesto el uso y la disposición de lo propio. Si se afecta la propiedad se deteriora la función del precio como guía de la producción y, en el extremo, si se decidiera abolir la propiedad no hay forma, por ejemplo, de saber si es mejor construir caminos con oro o con asfalto. Si alguien en esta situación opina que con oro es un derroche, es porque recordó los precios relativos antes de la abolición de marras. En otros términos donde no hay propiedad es imposible la economización y sin necesidad de esta política extrema, en la medida en que las intervenciones estatales o los denominados “acuerdos de precios y salarios” estará presente el desperdicio de los siempre escasos factores de producción con la consecuencia del empobrecimiento.

Si los precios se establecen fuera del proceso de mercado en un nivel inferior a los que hubieran sucedido libremente, habrá faltante artificial y si se establecieran a un nivel superior habrán sobrantes. En cualquier caso hay desperdicio de los referidos factores de producción, lo cual se traduce en menores salarios en términos reales puesto que éstos dependen exclusivamente de las tasas de capitalización que naturalmente se contraen debido al antes mencionado derroche.

Si se quiere contribuir a resolver los problemas que nos aquejan es indispensable eliminar funciones gubernamentales incompatibles con un sistema republicano puesto que el gasto público está a niveles elefantiásicos,  lo cual hace que los impuestos resulten insoportables, la deuda estatal sea astronómica, el déficit total esté descontrolado y la inflación mensual sea equivalente a la anual en de un país civilizado. Y no decimos “podar” el gasto público puesto que, igual que con la jardinería, la poda hace que el crecimiento sea con mayor vigor. Tampoco analizamos el gasto del aparato estatal en relación al producto interno puesto que este guarismo no justifica crecimientos en el  Leviatán. En resumen, es de esperar que la próxima administración se percate que desde hace siete décadas los argentinos venimos soportando un estatismo galopante que multiplica la pobreza, a diferencia cuando estábamos a la vanguardia del mundo en salarios e ingresos en términos reales debido a la aplicación de las recetas liberales desde la Constitución alberdiana de 1853 hasta el golpe fascista del 30, notablemente agudizado a partir del golpe militar del 43 hasta la fecha.

Publicado originalmente en El Economista, 16 de septiembre de 2019.