Escuelas públicas: Privatícenlas – por Milton Friedman

Este ensayo fue publicado originalmente el 19 de febrero de 1995 en el Washington Post y fue reproducido en inglés por el Cato Institute con permiso del autor y del Washington Post (Cato Institute Briefing Paper no. 23). También puede leer este documento en formato PDF aquí.


Sumario

Nuestro sistema de educación, primaria y secundaria, necesita de una reestructuración radical. Una reconstrucción así, sólo puede realizarse privatizando la mayor parte del sistema educativo, es decir, permitiendo que la actividad privada, con fines de lucro, desarrolle una amplia variedad de servicios educativos y sea una competencia efectiva a las escuelas públicas. El modo más factible de realizar esta transferencia, del sector público a las empresas privadas, consiste en establecer, en cada estado, un sistema de bonos escolares que permita a los padres escoger las escuelas a las que asisten sus hijos. El bono escolar debe ser universal, disponible para todos los padres y suficiente para cubrir los costos de una educación de alta calidad. No deberían fijarse condiciones anexas a los bonos escolares que interfirieran con la libertad de las empresas privadas para experimentar, explorar e innovar.

Introducción

Nuestro sistema educativo primario y secundario necesita de una reconstrucción radical. Esta necesidad surge como resultado, en primer lugar, de los defectos de nuestro sistema vigente. Pero, además, se ha visto reforzada, en gran medida, por algunas de las consecuencias de las revoluciones, tecnológica y política, ocurridas en las últimas décadas. Estas revoluciones prometen aumentos considerables en la producción mundial, pero también amenazan con serios conflictos sociales a los países desarrollados, debido a la creciente brecha de ingresos entre los altamente calificados (la elite del conocimiento) y la mano de obra no calificada.

Una reconstrucción radical del sistema educativo puede evitar los conflictos sociales mientras que fomenta mejoras en la calidad de vida, posibles gracias a la revolución tecnológica y el crecimiento del mercado global. En mi opinión, una reconstrucción radical sólo se lograría privatizando la mayor parte del sistema educativo —es decir, permitiendo que las empresas privadas con fines de lucro ofrezcan una gran variedad de servicios educativos para que compitan con la educación pública. Semejante reconstrucción no podrá hacerse de la noche a la mañana; inevitablemente, debe ser un proceso gradual.

La manera más factible de realizar una transferencia, gradual pero importante, de la educación pública a las empresas privadas es mediante de un sistema de bonos escolares implementado en cada estado que permita a los padres la libertad de escoger las escuelas a las que asistan sus hijos. Propuse éste sistema de bonos hace 40 años.

En los últimos años se han realizado muchos intentos de adoptar el sistema de bonos escolares. Salvo excepciones menores, nadie ha logrado implementarlo, debido al poder político del establishment educacional, recientemente fortalecido por la Asociación Nacional de Educación y la Federación Americana de Maestros, el grupo de presión más poderoso de los Estados Unidos.

1. El deterioro de la enseñanza

Nuestras escuelas hoy son mucho peores de lo que eran en 1955. En ningún otro aspecto son tan grandes las desventajas de los residentes de los barrios pobres como en la calidad de la educación que pueden obtener para sus hijos. Las razones son, en parte, el deterioro de nuestras ciudades centrales y, también en parte, la creciente centralización de las escuelas públicas —como lo muestra la reducción del número de escuelas de distrito de 55.000 en 1955 a 15.000 en 1992. Con la centralización, ha resultado —como causa y efecto— el incremento del poder de los sindicatos docentes. Cualquiera que sea la razón, el deterioro de la educación primaria y secundaria es un hecho indiscutible.

Con el paso del tiempo, el sistema ha empeorado a medida que se ha venido centralizando. El poder de decisión se ha ido desplazando desde la comunidad local a la escuela, de ésta al distrito escolar, de éste al estado hasta llegar al gobierno federal. Cerca del 90% de nuestros niños ahora van a las denominadas escuelas públicas, que no son nada públicas, sino feudos privados propiedad principalmente de sus administradores y de los dirigentes sindicales.

Todos conocemos los tristes resultados: hay algunas escuelas públicas relativamente buenas que se ubican en los suburbios y en las comunidades de altos ingresos; otras escuelas públicas muy malas, se encuentran en el interior de nuestras ciudades, afectadas por altas tasas de deserción, creciente violencia escolar, bajo rendimiento y desmoralización de maestros y estudiantes.

Estos cambios en nuestro sistema educativo ha mostrado claramente la necesidad de una reforma fundamental. Pero también ha fortalecido los obstáculos para una amplia reforma del sistema, que podría realizarse mediante un efectivo sistema de bonos escolares. Los sindicatos de maestros se han opuesto amargamente a cualquier reforma que disminuya su poder y han adquirido una enorme fuerza, política y financiera, que están dispuestos a utilizar para derrotar cualquier intento de adoptar el sistema de bonos escolares. El último ejemplo de lo que vengo diciendo es la derrota de la Proposición 174, ocurrida en California, en 1993.

2. La nueva revolución industrial

Una reconstrucción radical de nuestro sistema educativo se ha vuelto más urgente debido a las revoluciones gemelas que han ocurrido en las últimas décadas: una revolución tecnológica —el desarrollo, en particular, de medios más eficientes y eficaces de comunicación, transporte y transmisión de datos; y una revolución política que ha ampliado la influencia de la revolución tecnológica.

La caída del muro de Berlín fue el acontecimiento más dramático de la revolución política. Pero no fue, necesariamente, el más importante. Por ejemplo, el comunismo no ha muerto en China y no ha colapsado. Y aún así a comienzos de 1976, el Primer Ministro Deng inició una revolución dentro de China que condujo a que ésta se abra al resto del mundo. De modo semejante, una revolución política tuvo lugar en América Latina, la cual, en el curso de las últimas décadas, ha conducido a un incremento importante en la porción de la población de esa región que vive en países que pueden ser descritos con propiedad más como democracias que como dictaduras militares, y que están luchando por ingresar en los mercados mundiales abiertos.

La revolución tecnológica ha hecho posible que una empresa ubicada en cualquier lugar del mundo pueda emplear recursos ubicados en cualquier sitio, para elaborar un producto en otro lugar y luego venderlo en cualquier otro lugar del planeta. Es imposible decir, “éste auto es estadounidense” o “éste auto es japonés”, y lo mismo sucede con muchos otros productos.

La posibilidad de coordinar el capital y el trabajo, en cualquier parte del mundo, con el capital y el trabajo, de cualquier otro sitio, tuvo efectos dramáticos incluso antes de que la revolución política tuviera lugar. Significó la existencia de una gran oferta de trabajo, relativamente de salarios bajos, para colaborar con el capital de los países desarrollados, capital físico y más importante aún, capital humano —habilidades, conocimientos, técnicas, capacitación.

Antes de que la revolución política sucediera, la vinculación internacional del trabajo, el capital y los conocimientos ya había resultado en una rápida expansión del comercio internacional, en el crecimiento de las empresas multinacionales y en un grado, inconcebible hasta ese momento, de prosperidad en los países otrora subdesarrollados de Asia del Este, conocidos como los “Cuatro Tigres”. Chile fue el primero en beneficiarse de estos desarrollos en América Latina, pero su ejemplo pronto se extendió a México, Argentina y otros países de la región. En Asia, el último en embarcarse en un programa de reformas de mercado ha sido India.

La revolución política reforzó considerablemente a la revolución tecnológica de dos maneras. Primero, aumentó grandemente la masa de mano de obra de salarios bajos —aunque no necesariamente de baja calificación— que podría ser empleada para coordinarse con el trabajo y el capital de los países avanzados. La caída del “telón de acero” agregó, tal vez, a 500 millones de personas; y China liberó, al menos parcialmente, a cerca de 1000 millones de personas que luego podían ser involucradas en actos capitalistas con personas de cualquier otro lugar del mundo.

Segundo, la revolución política desacreditó la idea de la planificación centralizada. Condujo, en todas partes, a una mayor confianza en los mecanismos de mercado que en el control gubernamental centralizado. Y aquello fomentó el comercio internacional y la cooperación entre las naciones.

Estas dos revoluciones ofrecen la oportunidad de una importante revolución industrial —comparable a la ocurrida hace 200 años, también esparcida mediante los desarrollos tecnológicos y el libre comercio. En aquellos 200 años, el producto mundial creció más que en los 2000 anteriores. Ésta meta podría superarse en las próximas dos centurias si los habitantes del mundo obtienen plenos beneficios de las nuevas oportunidades.

3. Diferencias salariales

Las revoluciones gemelas han producido salarios más altos para los trabajadores y mejores ingresos para casi todas las clases sociales en los países subdesarrollados. El efecto ha sido un poco distinto en los países desarrollados. La fortalecida relación entre el trabajo de bajo costo y el capital ha elevado los salarios de los trabajadores de alta calificación y las ganancias sobre el capital físico, pero ha presionado a la baja a los salarios de los trabajadores de baja calificación. El resultado ha sido un notable ensanchamiento de las diferencias salariales entre los trabajadores de alta y los de baja calificación, tanto en los Estados Unidos como en otros países desarrollados.

Si el ensanchamiento de las diferencias salariales prosigue de manera descontrolada, hay riesgo de que resulte en un problema social de grandes proporciones en nuestro país. No estaremos dispuestos a ver un sector de nuestra población descender un nivel de vida del Tercer Mundo, mientras que otro sector de nuestra población se vuelve cada vez más rico. Semejante estratificación, es una receta para el desastre social. La presión para evitarlo, mediante el proteccionismo y otras medidas semejantes, será irresistible.

4. Educación

Hasta ahora, nuestro sistema educativo ha incrementado la tendencia hacia la estratificación social. Y ello a pesar de que es la única fuerza visible con capacidad de mitigar esa tendencia. La inteligencia innata juega, sin lugar a dudas, un papel importante en determinar las oportunidades de cada individuo . Sin embargo, no es la única característica humana de importancia, como lo demuestran numerosos ejemplos. Lamentablemente, nuestro sistema educativo actual contribuye muy poco a que los individuos, cualquiera que sea su coeficiente intelectual, hagan el mejor uso de sus características. Y ello a pesar de ser el camino para revertir las tendencias hacia una mayor estratificación. Un sistema educativo de mejor calidad podría hacer más que cualquier otra cosa para reducir el daño que produciría a nuestra estabilidad social una amplia y permanente clase de gente muy pobre.

Existe un enorme espacio para la mejora de nuestro sistema educativo. Difícilmente exista otra actividad técnicamente más atrasada en los Estados Unidos. Enseñamos a los niños, esencialmente, de la misma forma en que lo hacíamos hace 200 años: un maestro frente a un grupo de niños, encerrados en un salón. La disponibilidad de computadoras ha cambiado la situación, pero no de modo fundamental. Las computadoras adquiridas por las escuelas públicas no se emplean de manera creativa ni innovadora.

Creo que la única forma de hacer una mejora importante en nuestro sistema educativo es través de la privatización, hasta el punto en que una porción substancial de los servicios educativos sea suministrada por empresas privadas. No hay otra forma de debilitar o de destruir considerablemente el poder del establishment educacional —una precondición necesaria para mejorar radicalmente nuestro sistema educativo. Y sólo las empresas privadas de educación podrán introducir una competencia que obligue a las escuelas públicas a mejorar, con el fin de mantener su clientela.

Nadie puede predecir la dirección que tomará un verdadero sistema educativo de libre mercado. Por las experiencias en otras actividades, sabemos cuán creativas pueden ser las empresas privadas bajo un sistema de libre competencia, qué variedad de productos y servicios pueden ofrecer, cuán aptas se muestran para satisfacer a los clientes —es lo que necesitamos en las escuelas, hoy. Sabemos de qué manera la industria de telecomunicaciones se ha revolucionado mediante la apertura a la libre competencia; cómo el fax ha comenzado a socavar el monopolio del correo de primera clase; de qué forma UPS, Federal Express y muchas otras empresas privadas han transformado la entrega de paquetes y de correspondencia y, en un nivel estrictamente privado, cómo la competencia de autos japoneses ha transformado a la industria automotriz nacional.

La educación privada a la que asiste un 10 % de los niños consiste de unas pocas escuelas de exclusivas que educan a un alto costo a una pequeña porción de la población, mientras que las escuelas parroquiales sin fines de lucro compiten con la educación pública, a bajos costos, gracias a la dedicación de sus maestros y a los subsidios de las instituciones que las patrocinan. Estas escuelas privadas proveen una mejor educación, para una pequeña porción de los niños, pero no están en condiciones de hacer cambios innovadores. Para ello, necesitamos la participación de un sistema de empresas privadas más amplio y vigoroso.

El problema es cómo llegar de aquí a allá. Los bonos escolares no son un fin en sí mismos; son los medios para una transición desde un sistema público a un sistema de mercado. El deterioro del sistema educativo y la estratificación creada por la nueva revolución industrial han hecho más urgente e importante la privatización del sistema de lo que era 40 años atrás.

Los bonos escolares pueden promover una rápida privatización sólo si son aptos para crear una gran demanda de colegios privados, lo suficiente para constituir un incentivo real para que los empresarios ingresen a esta industria. Para ello es necesario, en primer lugar, que el bono escolar sea universal, disponible para todos los que pueden enviar a sus hijos a escuelas públicas; y, en segundo lugar, que si el bono tiene un valor nominal inferior al costo por alumno de la educación pública, sea suficiente para cubrir el costo de una empresa educacional privada, con fines de lucro, que suministre una educación de alta calidad. Si esto se lograra, habría un número significativo de familias dispuestas a gastar algo más de sus ingresos para que sus hijos obtengan una educación de mayor calidad aun. Como sucede en todos los casos, el producto «de lujo» pronto se difunde, convirtiéndose en un producto básico.

Para implementar este modelo, es esencial que no se impongan condiciones para la aceptación de los bonos escolares que interfieran con la libertad de las empresas privadas de experimentar, explorar e innovar. Si el modelo se lleva a cabo, todos —excepto un reducido grupo de intereses particulares- ganarán: los padres, los estudiantes, los buenos docentes, los contribuyentes —para quienes bajará el costo del sistema educativo— y especialmente los residentes de las ciudades centrales, que tendrán una alternativa real a las miserables escuelas urbanas a las que tantos de sus hijos están hoy forzados a asistir.

Los empresarios están muy interesados en expandir la cantidad de potenciales empleados bien educados, y en conservar una sociedad libre con apertura comercial y mercados en expansión en todo el mundo. Ambos objetivos serían promovidos mediante un adecuado sistema de bonos escolares.

Por último, al igual que en las demás áreas en las que ha habido un amplio programa privatizador, la privatización de las escuelas producirá una nueva, activa y beneficiosa actividad, lo que creará oportunidades reales para mucha gente de talento que ahora se ve disuadida de ingresar en la profesión docente, debido al espantoso estado de muchas de nuestras escuelas.

Éste no es un asunto que le corresponde al Estado federal. La educación es, y debe seguir siendo, una responsabilidad principalmente de las comunidades locales. El apoyo a la libertad de escoger entre las escuelas ha crecido con rapidez y no podrá ser contenido por los intereses particulares de los sindicatos de docentes y de la burocracia educativa. Pienso que estamos al borde de un adelanto en un estado u otro que se propagará como un incendio por el resto del país en cuanto demuestre su eficacia.

Para lograr que la mayoría de la población apoye un sistema de bonos escolares, debemos estructurar nuestra propuesta de tal modo que: (1) sea tan simple y honesta que pueda ser comprendida por el votante; y que (2) garantice que la propuesta no incrementará la carga impositiva sino que reducirá el gasto público en educación. Un grupo de nosotros en California ha realizado una propuesta que reúne ambas condiciones. Las posibilidades reales de obtener suficiente respaldo a esta propuesta en 1996 son luminosas.

Hayek’s «The Road to Serfdom» – Lawrence H. White

Lawrence H. White is Professor of Economics at George Mason University.

Ludwig von Mises (1881–1973) and Friedrich A. Hayek (1899–1992) were leading founders of the Austrian School of economics, and are counted among the twentieth century’s foremost champions of free markets and critics of socialism.

This second CCA of the 2016-2017 academic year will consider the history and principles of the Austrian School, as well as Mises’ and Hayek’s major works and continuing influence.

Watch more from CCA II: Mises, Hayek, and the Austrian School at https://www.hillsdale.edu/live/2016-2…

Hillsdale College website: http://www.hillsdale.edu/

Hong Kong – por Peter Bauer

Peter Bauer (1915-2002) fue profesor emérito de economía en la London School of Economics and Political Science y académico de la British Academy y del Gonville and Caius College, Cambridge. Este documento apareció en el libro From Subsistence to Exchange and Other Essays (Princeton, 2000). También puede leer este documento en formato PDF aquí.

Este documento apareció en el libro From Subsistence to Exchange and Other Essays (Princeton, 2000). También puede leer este documento en formato PDF aquí.

¿Cómo evaluaría usted los prospectos económicos de un país asiático que tiene muy poca tierra (y encima aquella consiste solamente de puros montes erosionados) y el cuál es realmente el país más densamente poblado del mundo; el cuál tiene una población que ha crecido rápido, tanto por medio del aumento natural como por la inmigración a gran escala; el cual importa todo su petróleo y todos sus materiales crudos y aún mucha de su agua; el cual tiene un gobierno que no está involucrado en la planificación del desarrollo y el cual no ejerce control alguno por sobre los tipos de cambio ni restringe las exportaciones e importaciones de capitales; y el cual es la única colonia occidental de importancia alguna?1 Usted pensaría que este país debe estar condenado, a menos que éste reciba grandes donaciones externas. O dicho de otra forma usted tendría que creer esto, si usted creyese lo que los políticos de todos los partidos, la ONU y sus organizaciones afiliadas, los economistas prominentes, y lo que la prensa de calidad dicen acerca de los países menos desarrollados. ¿Acaso no ha sido el círculo vicioso de la pobreza, la idea de que la pobreza se auto-perpetua, un principio fundamental de la economía de desarrollo desde la Segunda Guerra Mundial, y acaso no ha sido respaldada explícitamente por los Premios Nóbel Gunnar Myrdal y Paul Samuelson? ¿Acaso los economistas de desarrollo del Instituto Tecnológico de Massachussets no han dicho categóricamente sobre los países menos desarrollados que

La escasez general relativa a la población de casi todos los recursos crea un círculo vicioso de pobreza que se auto-perpetúa. El capital adicional es necesario para aumentar la producción, pero la pobreza en sí hace que sea imposible poder llevar a cabo el ahorro y la inversión requeridos para una reducción voluntaria en el consumo.2

¿Acaso no ha insistido Gunnar Myrdal que “debe haber algo malo con un país subdesarrollado que no tiene dificultades de tipo de cambio extranjero”? ¿Acaso no dijo también que todos los expertos en desarrollo estaban de acuerdo con que la planificación comprensiva era la primera condición para el progreso económico, y, de hecho no ha sido esta la opinión de muchos economistas de desarrollo prominentes en las décadas más recientes? De nuevo, ¿Acaso no dijo el celebrado Reporte Pearson, comisionado por el Banco Mundial, que “ningún otro fenómeno presenta prospectos más oscuros para el desarrollo internacional que el asombroso crecimiento de la población”? Y, finalmente, ¿Acaso no incluyó la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo en su Principio General Catorce que “la liquidación de los restos del colonialismo en todas sus formas es una condición necesaria para el desarrollo”?

Por lo tanto, de acuerdo a la visión enfática de muchas de las figuras respetadas en este campo, y de los representantes de la llamada opinión mundial, hasta una media docena de características con las cuales yo comencé deberían asegurar una pobreza persistente.

Pero si en vez de seguir la moda, usted piensa por sí mismo y forma su opinión en base a la evidencia, entonces usted sabrá que Hong Kong, el país en cuestión, ha progresado fenomenalmente desde los 1940s, cuando era todavía muy pobre, y que se ha convertido en tal competidor formidable que los países occidentales erigen barreras comerciales en contra de aquel país distante. Si usted analizaría más a fondo, usted sabría que los ingresos y los salarios reales han subido rápidamente en Hong Kong en las recientes décadas. E incidentalmente Hong Kong es sólo un caso extremo de un fenómeno más general porque algo similar aunque con un progreso material menos pronunciado ha ocurrido en algunos países o regiones—Corea del Sur, Taiwán, Singapur entre ellos—cuando de acuerdo a los expertos esto debería haber sido imposible.

Si usted hubiese sospechado todo este tiempo que la opinión establecida sobre estas cuestiones era perceptiblemente infundada, usted disfrutaría de una corta pero instructiva monografía, Hong Kong: Un estudio en la libertad económica (University of Chicago Press) escrito por el Dr. Alvin Rabushka. Rabushka, un politólogo convertido en economista, conoce a Hong Kong bien, y su esposa es china. El tiene una mente incisiva. El escribe de forma clara, con confidencia, y de hecho con entusiasmo. Sus puntos principales no son difíciles, aunque se necesita de una mente firme y de un poco de coraje para presentarlos de tal manera tan concisa y vigorosa.

Rabushka analiza los procesos y métodos por los cuales en menos de 140 años, unas cuantas rocas vacías y estériles se convirtieron en un gran centro industrial de comercio y finanzas con cerca de cinco millones de personas. Él le atribuye esta historia de éxito económico a las aptitudes de las personas y a la adherencia a las políticas públicas adecuadas. La empresa, el trabajo duro, la habilidad de detectar y utilizar las oportunidades económicas, son extensas en una población que es china en un 98 por ciento, que está concentrada determinadamente en ganar dinero día y noche. Muchos son inmigrantes que trajeron habilidades y empresa más que nada de China, especialmente de Shanghai, el olvidado lugar de habilidad y empresa ubicado en el centro de China. Las políticas enfatizadas por Rabushka son el conservadurismo fiscal; los impuestos bajos; el cobro de precios de mercado por ciertos servicios gubernamentales; la política liberal de inmigración, al menos hasta hace poco; el libre comercio en ambas direcciones; el movimiento sin restricciones del capital entrando y saliendo del país; la participación mínima del gobierno en la vida comercial, incluyendo la resistencia a conceder privilegios a los intereses seccionales. No hay incentivos especiales o barreras a la inversión extranjera, no hay insistencia en la participación local de las empresas extranjeras. Tampoco hay feriados de impuestos o cualquier otras concesiones especiales para la inversión extranjera, pero de igual manera no hay restricciones por sobre el retiro de capital o sobre la remisión de ganancias. Estas políticas liberales, notablemente la libertad para retirar el capital, fueron diseñadas para fomentar el flujo entrante del capital y la empresa productiva, lo cual de hecho lo lograron.

La falta de recursos naturales junto con el dominio colonial promovieron tanto la no intervención económica oficial como el conservadurismo fiscal. La ausencia de los recursos naturales ha promovido una economía abierta con un gran volumen de exportaciones para pagar las importaciones necesarias. Tal economía requiere de un amplio rango de exportaciones competitivas y también de mercados domésticos competitivos. La asistencia gubernamental a particulares actividades económicas desvía los recursos hacia usos menos productivos y socava la posición competitiva internacional de la economía. Además, en una economía tan abierta como Hong Kong, los resultados despilfarradores de tales subsidios se vuelven evidentes más pronto que en otros lugares. Por lo tanto la misma ausencia de los recursos naturales ha asistido al progreso material al desalentar políticas públicas despilfarradoras. Es mucho más probable que las políticas públicas inapropiadas inhiban el avance económico a que lo haga una falta de recursos físicos. Los déficits presupuestarios sostenidos financiados por una creación de crédito también tienden a resultar en gastos malversados, entonces la pobreza de recursos desalienta la financiación de déficits. En el sistema de contabilidad tradicional inglés, las colonias no podían operar con déficits presupuestarios por mucho tiempo, y esta tradición fue continuada luego de que se obtuvo la autonomía fiscal en 1958, en parte por las razones que acabo de señalar. La ausencia de las promesas electorales, junto con una economía abierta y un gobierno limitado, han reducido los premios de la actividad política y por ende el interés en organizar grupos de presión. Todo esto promovió el conservadurismo fiscal—esto es, los impuestos bajos, los presupuestos balanceados, y el cobro de precios de mercados por servicios públicos específicos. El deseo de atraer el capital extranjero, la visión empresarial de una comunidad tradicional de comercio, y la preocupación general de ganar dinero también contribuyeron a este fin.

Las políticas oficiales y las aptitudes y los hábitos de la población han resultado en una economía capaz de ajustes rápidos. Esta adaptabilidad le ha permitido a Hong Kong sobrevivir y aún prosperar a pesar de numerosas restricciones en contra de sus exportaciones, muchas veces impuestas o aumentadas con poco tiempo de aviso.

Por razones sociales, el principio de cobrar precios de mercado por servicios gubernamentales específicos ha estado sujeto a excepciones mayores por algún tiempo. La provisión a gran escala de viviendas subsidiadas para los pobres y la racionalización del agua al cortar la oferta de ella durante algunos periodos, en vez de cobrar precios más altos a cambio de una oferta continua, son las dos excepciones más importantes. Fueron introducidas luego de mucho debate emocional y con las condiciones sociales locales en la mira. Los subsidios son además en gran parte circunscritos a los verdaderamente pobres. A parte de estos subsidios directos, hay subsidios en efectivo sustanciales para asegurarles a los pobres un ingreso mínimo, y también hay varias subvenciones para los deshabilitados y los enfermos. La educación primaria comprensiva y obligatoria, de hecho es como en su nombre lo dice, y los extensos servicios de salud pública, han operado por muchos años.

En los últimos años Hong Kong ha llegado a ser presionada tanto por el gobierno inglés como por varias organizaciones internacionales para que se dirija hacia un tal llamado completo estado de bienestar, junto con privilegios para los sindicatos, con los servicios sociales comprensivos, con la legislación laboral de gran envergadura, y con los impuestos re-distributivos. Rabushka correctamente indica que estas presiones extranjeras reflejan simplemente un deseo de servir varios intereses occidentales, como por ejemplo el de reducir la competitividad de Hong Kong al inflar los costos allá. Rabushka también se refiere al disgusto o hasta al resentimiento engendrado por los defensores de las economías controladas por el estado hacia la mejora rápida de los criterios generales en Hong Kong como también en otras economías con orientación de mercado. Estas presiones externas puede que todavía apoyen de nuevo dentro de Hong Kong a ambiciosos administradores, intelectuales descontentos, y políticos ambiciosos, todos esperando tener un mayor espacio en una sociedad más politizada. El gobernador Sir Murria McLehose también está más preocupado con la opinión externa que con la de sus predecesores. Rabushka cree, yo pienso que correctamente, que la expiración en 1997 de la concesión de gran parte del terreno de Hong Kong, o la posible acción hostil por parte de la República Popular China, son una amenaza menos grave para el futuro de Hong Kong que las barreras comerciales en el occidente y las presiones occidentales para la introducción de más legislación laboral, un estado de bienestar comprehensivo, y otras políticas públicas que inflan los costos y reducen la adaptabilidad.

La admiración sinvergüenza de Rabushka por Hong Kong y por su economía de mercado compenetra el libro.

¿Acaso me atrevo a revelar mi mal gusto al decir que el ruido y el ritmo apresurado económico de Hong Kong me parecen más interesantes, divertidos, y liberadores que su falta de la opera, la música, y el drama refinado? El oriente en verdad se ha topado con el occidente en la economía de mercado. Los chinos y los europeos en Hong Kong no tienen tiempo para los altercados raciales, los cuales solo interferirían con la posibilidad de ganar dinero. Este prospecto de ganancia individual en el mercado hacen de la actividad colectiva para la ganancia política algo innecesario—la economía de mercado es realmente daltoniana. (p. 85)

Hay algo de simplificación en exceso aquí. Por ejemplo, la búsqueda de ganancias puede muy fácilmente ir de la mano con los conflictos raciales en las economías controladas por el estado. El factor crucial no es el hecho de que se pueda ganar dinero como tal sino el gobierno limitado. Es, sin embargo, claro que una sociedad tal como Hong Kong ofrece poco espacio para los literatos ambiciosos, que muchas veces se vuelven amargados o peor aún hostiles. Hasta hace poco y en cualquier nivel, la filosofía económica del gobierno ofrecía pocas oportunidades de empleo para los sociólogos, especialmente para los economistas. Antes de 1973, los estimados del ingreso nacional no habían sido publicados. Esto de ninguna manera inhibió el espectacular crecimiento de ingresos y de calidad de vida. Pero redujo las oportunidades de empleo para los economistas, los expertos en estadística, y los servidores civiles y por ende los bachilleres de las universidades, lo cual de nuevo incitó hostilidad por parte de los literatos tanto en casa como en el extranjero.

Aparte de los principales puntos, hay mucho detalle más informativo e inesperado en este libro. Por ejemplo, quién hubiera pensado que en 1843 el secretario para asuntos exteriores de Gran Bretaña insistió que si como resultado de la creación de un puerto de mercado libre “muchas personas eran atraídas a Hong Kong, entonces el gobierno H.M. se sentiría justificado en asegurarle a la Reina los valores aumentados que la tierra entonces tendría”.

El rol decisivo en la vida económica de las aptitudes y motivaciones personales, las costumbres sociales, y los arreglos políticos apropiados es la lección sobresaliente de Hong Kong. El acceso a los mercados también es importante, pero menos fundamental. Otros países también han tenido acceso a los mercados y provisiones extranjeras, sin haber producido tal historia de éxito económico. Los recursos físicos o financieros son mucho menos importantes; o aún insignificantes, comparados con los factores personales y sociales y con los arreglos políticos apropiados, especialmente con el gobierno firme pero limitado.

La noción de que el ingreso bajo inicia un círculo vicioso de pobreza y estancamiento confunde la pobreza con sus causas. Tener dinero es el resultado de un logro económico, no su precondición. La utilización de los recursos naturales depende enteramente de otros factores que acaban de ser señalados. En ciertas condiciones de mercado o situaciones políticas, la posesión o adquisición de recursos naturales puede traer ganancias inesperadas; nótese el oro y la plata de los estadounidenses en el siglo dieciséis y las operaciones de OPEC en el siglo veinte. Pero hasta ahora en cualquier circunstancia, aquellas ganancias inesperadas no han resultado en el progreso económico duradero, mucho menos en el avance sostenido y espectacular como el de Hong Kong. Tampoco es el éxito económico sin recursos naturales algo nuevo, es tan evidente como por ejemplo en Venecia, los Países Bajos, Suiza, y Japón. Recíprocamente, el retraso en medio de abundantes recursos naturales es evidente tanto en los indios americanos como en el actual Tercer Mundo, dónde muchos millones de personas extremadamente pobres viven en medio de tierra cultivable ilimitada. Hace más de 100 años atrás Tocqueville escribió,

Observando el vuelco dado al espíritu humano en Inglaterra por la vida política; viendo que el inglés, seguro del apoyo de sus propias leyes, confiando en si mismo e inconsciente de obstáculo alguno excepto el límite de sus propios poderes, actuando sin restricción. . . Yo no estoy en apuro alguno de averiguar si la naturaleza ha puesto un puerto para él, y le ha dado carbón y hierro. La razón para su prosperidad comercial no está ahí para nada: está en sí mismo.3

Hong Kong muestra que el aumento en la población no es un obstáculo para el crecimiento, que las personas motivadas de manera adecuada son bienes más no deudas, son agentes del progreso como también sus beneficiarios. Muestra también como el desempeño económico le debe poco a la educación formal. En Hong Kong como en otras partes del oriente lejano, el desempeño económico o el éxito de cientos de miles o hasta millones de personas ha resultado no de la educación formal, pero de la industria, la empresa, la frugalidad, y de la habilidad de usar la oportunidad económica. Eso está incomodando a los educadores profesionales, a quienes las gusta mercadear sus mercancías como necesarias para el logro económico.

Otras lecciones de Hong Kong son, nuevamente, discernibles en otras partes pero sobresalen de manera clara especialmente ahí. Hong Kong es aún otra refutación más evidente de los principios de la literatura de desarrollo dominante y popular, los cuales he mencionado antes, tales como la creencia de que la pobreza se auto-perpetúa; que las dificultades en la balanza de pagos son inevitables en el camino desde la pobreza hacia el avance económico; que la planificación comprensiva y la ayuda externa son indispensables o aún suficientes para el progreso económico. Aún así estas fábulas son propagadas por el resto del occidente por las organizaciones internacionales, por las agencias de ayuda externa, y por los académicos financiados por los contribuyentes y por las grandes fundaciones. De hecho los propagadores de estos mitos están a cargo de recursos casi ilimitados lo cual hace que sea más difícil exponer sus fábulas. La experiencia de Hong Kong ofende la opinión respetable de otras maneras también. Muestra que los equipos de planificación y los grupos para consejo son innecesarios para el desarrollo; y por contraste con la experiencia de otros países, gruñendo bajo las políticas respaldadas por las Naciones Unidas y por los consejeros académicos aceptados, muestra que sus actividades es probable que sean perjudiciales. Hong Kong ha triunfado de manera imperdonable desafiando la mejor opinión profesional.

Hong Kong no es popular con los grupos de ayuda externa y ni con las caridades politizadas. Estos grupos son hostiles a las personas que pueden dispensar de sus ministerios. Por ende la mala prensa que Hong Kong tiene en el occidente y la hostilidad que recibe de los grandes y de los buenos. El logro es ignorado o aminorado, y las limitaciones, sean reales o ficticias, evitables o inevitables, son destacadas de manera prominente. La sobrepoblación y la labor de niños son ejemplos. En todas estas cuestiones Hong Kong se compara de manera favorable con el resto de Asia. Por ejemplo, los salarios reales son los más altos en Asia, después de Japón. Pero si un gobierno trata de conducir una economía socialista, o en cualquier grado a una que sea en gran parte controlada por el estado, los políticos occidentales, los escritores, los académicos, y los periodistas son aptos para presentar el infortunio y aún el sufrimiento de ahí como algo inevitable o hasta lo felicitan por sus esfuerzos laudables por promover el progreso. Pero si el gobierno depende de una economía de mercado, entonces cualquier desviación de las normas arbitrarias e inspiradas en el occidente es vista como un defecto o hasta como un crimen. Y si además tal país es exitoso y también deja de usar la ayuda externa oficial y la caridad politizada, la conducta del gobierno o hasta de la población será vista como inaceptable.

De acuerdo al Principio General Catorce de UNCTAD, el status colonial es incompatible con el progreso material. Esto fue formalmente anunciado en 1964, años después de que Hong Kong había estado progresando rápidamente y cuando las incursiones de los productos de Hong Kong en los mercados occidentales causaron tanta vergüenza. Sin importar lo que uno piense del colonialismo occidental, el Principio General Catorce de UNCTAD es una falsedad auto-evidente. Esto es claro no solo en Hong Kong pero también debido al avance a gran escala de muchas colonias occidentales, incluyendo a Malasia, Nigeria, la Costa de Oro, la Costa de Marfil, y a Singapur. Aún así esta patente falsedad fue anunciada solemnemente en una conferencia internacional muy importante que fue en gran parte financiada por el occidente.

Otra implicación de la experiencia de Hong Kong también alborota el clima político e intelectual. Que un país sea una colonia o un estado soberano e independiente no tiene nada que ver con la libertad personal que ahí pueda haber. Los estados africanos recientemente independientes muchas veces son denominados libres, queriendo decir que sus gobiernos son soberanos. Pero las personas ahí no son nada libres, menos libres de lo que eran bajo el reinado colonial. Ellos son seguramente mucho menos libres que las personas en Hong Kong. Hong Kong es una dictadura, en la que las personas no tienen un voto. Pero en sus vidas personales, especialmente en su vida económica, ellos son más libres que la mayoría de las personas en el occidente. Hong Kong debería recordarnos que en el mundo moderno un gobierno no elegido puede ser más limitado que uno elegido y que, para la mayoría de las personas ordinarias, es en cierta forma más importante si el gobierno es limitado o ilimitado que si el gobierno es elegido o no elegido.

Referencias

1 En 1997 Gran Bretaña entregó Hong Kong a China.

2 Estudio presentado por el Center for Internacional Studies of the Massachussets Institute of Technology al Comité del Senado investigando el funcionamiento de la Ayuda Externa (Washington, DC.: Oficina de Impresión del Gobierno, 1957), p. 37.

3 Alexis de Tocqueville, Journeys to England and Ireland, (1833), ed. J.P. Mayer (London: Faber and Faber, 1958).

Pensamiento lateral – por Alberto Benegas Lynch (h)

Uno de los problemas más graves de la mente consiste en acostumbrarse a pensar como si lo que viene ocurriendo debe ser siempre de ese modo. El cuestionamiento de lo que existe y la capacidad de preguntarse como sería de otra manera desafortunadamente no es habitual en ámbitos educativos. Los interrogantes de cómo, donde y equivalentes son relevantes pero la pregunta que más despeja telarañas mentales es el ¿por qué no?

Esto viene al caso pues a veces se está empantanado en enormes gastos estatales sin salir del atolladero por la incapacidad de imaginar procesos en los que los privados encararían mejor aquellas faenas y con incentivos naturales más potentes. En estos momentos estoy escribiendo un nuevo libro que precisamente se titula Vacas sagradas en la mira que publicará durante el corriente año la corresponsal en Buenos Aires de Unión Editorial de Madrid donde intento explorar pensamientos laterales.

¿Qué es eso de pensamiento lateral? Pues radica en un mecanismo intelectual elaborado principalmente por Edward de Bono, egresado en medicina y psicología de Oxford y Cambridge. Desde 1967 de Bono viene explicando en sus libros que la clave de ese pensamiento reside en mirar la información disponible desde costados distintos a los habituales. Sugiere complementar la lógica vertical por el pensamiento lateral. Sostiene que nada se gana con escarbar más profundo en el mismo pozo si  la solución al problema se encuentra en la exploración de otro pozo en un lugar diferente. Aconseja siempre estar atento a la visión de la innovación y así romper con los patrones rutinarios y abrir la mente a nuevas posibilidades por más que en un primer momento puedan parecer disparatadas.

Recuerda que pensar profundo en la misma dirección nunca puede cambiar la dirección del pensamiento. Recomienda ejercitarse en formas alternativas de plantear el problema bajo estudio. Insiste en la gimnasia del pensamiento provocativo y estimular las miradas de modo distinto a las habituales. Concluye que sin creatividad no existe el progreso, todo avance en cualquier área surge como consecuencia de una visión distinta y original.

Incluso extiende su análisis a la necesaria felicidad mostrando que se apunta en esa senda cuando cada cual honra a su propia personalidad cultivando el pensamiento creativo y así alimentando su propio yo, a diferencia de la entrega suicida a los que representan al peligroso y devastador mesianismo y la adhesión a la opinión mayoritaria. Es como se lamentaba Carlo Acutis: “todos nacen originales pero muchos mueren fotocopias”.

Una de las premisas fundamentales en el proceso educativo consiste en enseñar a pensar lo cual requiere trasmitir la necesidad del espíritu crítico, en no dar nada por sentado e indagar todo, masticarlo, digerirlo y luego arribar a las propias conclusiones a sabiendas que el conocimiento tiene la característica de la provisionalidad sujeta a refutaciones.

El enemigo de esta línea argumental es la memorización y el repetir como loro lo que dice un supuesto profesor. En clase resulta vital el intercambio con alumnos en el contexto de reiteradas invitaciones a mirar el asunto abordado desde diversos ángulos y perspectivas. El primer día de mis clases repito un latiguillo que me da mucho resultado en el transcurso del semestre: si lo que digo no resulta claro, interrúmpanme, si no están de acuerdo, discutan, pero si les parece que soy claro y están en principio de acuerdo hagan de abogado del diablo pues esto ayuda mucho a clarificar temas que cuando se presentan pueden aparecer razonables pero cuando comienza el debate resulta que se pone de manifiesto que había que pulir distintos aspectos del asunto.

Por otra parte, es de especial relevancia destacar que cada persona es única e irrepetible en la historia de la humanidad de modo que resulta esencial estimular las potencialidades de cada cual y nunca pretender el pensamiento único ni buscar promedios intelectuales para lo cual se necesitan climas de libertad, es decir, de respeto recíproco. Todas las concepciones autoritarias naturalmente conspiran contra el conocimiento, además de hacerlo contra la decencia.

En este contexto es de interés destacar la fertilidad de los intercambios interdisciplinarios en los que las diferentes miradas aportan soluciones inesperadas a problemas que muchas veces los especialistas no pueden resolver precisamente por estar englobados en sus especialidades. Este es el motivo por el que se suelen contratar diversas profesiones para indagar en un mismo problema. En un edifico en torre los arquitectos debatían entre si que hacer con cuellos de botella que se producían en las paradas de los ascensores puesto que no había posibilidad alguna de construir nuevos tramos, hasta que quien limpiaba pisos dio en la tecla. Fue colocar grandes espejos que permitieron descomprimir ya que la gente se demoraba en observarse y arreglarse.

No es argumento serio el mantener que hay que seguir con determinado organigrama estatal porque siempre se hizo así o porque otros lo hacen de esa manera. Salvando las distancias, equivale a la sandez de la respuesta cuando se insistía en abolir el bochorno de la esclavitud: que esto se venía sucediendo por miles y miles de años.

Publicado originalmente en la edición impresa de EL PAÍS, 10 de enero de 2021.

El Bitcoin hace recordar al auge y burbuja de las “puntocom” – por Roberto Cachanosky

Su baja aceptación, su altísima volatilidad, su bajo volumen en relación a, por ejemplo, la cartera de un gran fondo de inversión, y la inexistencia de fundamentos que permitan calcular racionalmente su valor impiden que cumpla las funciones de una moneda.

Esta nota no tiene por objeto debatir con los defensores del bitcoin, sino aportar mi punto de vista a aquellas personas que me preguntan si veo el bitcoin como moneda. La suba espectacular que tuvo en las últimas semanas ha generado tal euforia que ya se habla de la nueva moneda, independiente de los gobiernos que imprimen papeles pintados. Algunos sostienen que estaría surgiendo una moneda privada.

El entusiasmo de algunos bitcoineros me recuerda a los emprendedores de las punto.com que en su gran mayoría terminaron en rotundos fracasos cuando explotó la burbuja a principios de este siglo. No es que reniego del avance y las ventajas de internet. Yo mismo tengo un sitio desde 2004 y debo haber sido uno de los primeros en tener un portal propio. Tampoco descreía por principio de las punto.com, Lo que sí afirmo es que había demasiados vendedores de humo que proyectaban miles de millones de dólares, basados en proyecciones absurdas. Desde un sitio de internet decían que venderían millones de pizzas.

Era todo un delirio, pero si uno rascaba un poco, advertía que esos proyectos eran inviables porque no monetizaban. Esto es, no generaban ingresos para cubrir los costos operativos y muchos menos generar utilidades. Por entonces, un conocido me pidió si podía almorzar con dos jóvenes que habían hecho un sitio de compra venta de materiales de construcción y pensaban facturar millones de dólares. Me dijeron, con cierta soberbia, que ellos ya habían abierto una oficina virtual en San Pablo, mientras un médico había tardado décadas en poder abrir consultorio en la misma ciudad. Ellos eran la avanzada y el médico un “dinosaurio”. En un punto de la conversación les pregunté cómo se componía el ingreso del sitio. Agachando la cabeza, me dijeron que aún no generaba ingresos; los financiaba un inversor. Les pregunté de qué vivían. Mantenían sitios de internet. Despreciaban al médico ”dinosaurio”, pero nunca lograron crear un sitio rentable. El inversor finalmente cerró ese del que me hablaron.

Cuento esta historia porque vi muchas parecidas. De todas las punto.com que aparecieron solo quedaron en pie algunas que generaron ingresos como cualquier negocio tradicional, pero vía virtual. Amazon, Netflix, Despegar, Airbnb y tantos otros sitios lograron monetizar su servicio. Reemplazaron en la red, de modo rentable, actividades que ya existían. No todo lo que se hace en internet hace millonario al emprendedor. Como en cualquier otro proyecto, tiene que tener flujos de ingresos y egresos positivos, ser rentable.

¿Qué es moneda?

Yendo al Bitcoin, lo primero a definir es: ¿qué es moneda? Es cualquier cosa que la gente acepte en forma generalizada como medio de intercambio y sea reserva de valor, característica de la que deriva su función de unidad de cuenta: se pueden hacer cuentas en esa moneda.

La moneda no es un invento de los gobiernos, sino un descubrimiento del mercado, es decir de la gente, cuando descubrió que ciertas mercaderías bienes servían como medio de intercambio. Para eso se utilizaron la sal, el té, el arroz, la pimienta, el cacao, los clavos, entre tantas otras. La economía pasó del engorroso trueque al intercambio indirecto. La moneda empezó a funcionar como una autopista y agilizó las transacciones. Finalmente se llegó al oro como mercancía-moneda. Su particularidad es que era un bien escaso y obtenerlo tiene un costo de producción. No es como el papel moneda al que se agregan ceros y se tiene más “dinero”. Para obtener oro había que encontrar una veta rentable, hacer grandes inversiones, contratar mano de obra, comprar insumos, transportarlo, etc. No era gratis adicionar oro al mercado.La sede de la Reserva Federal de EEUU: quienes confían en el dólar no lo hacen porque conocen con qué activos lo respalda la Fed, sino porque confían en las instituciones de EEUU
REUTERS/Kevin LamarqueLa sede de la Reserva Federal de EEUU: quienes confían en el dólar no lo hacen porque conocen con qué activos lo respalda la Fed, sino porque confían en las instituciones de EEUU REUTERS/Kevin Lamarque

Cuando EEUU abandonó el patrón oro en 1971, con Richard Nixon, todas las monedas de los gobiernos pasaron a ser pedazos de papel cuyo respaldo es la confianza en las instituciones del país que los emite. La gente ahorra en dólares no porque sepa qué activos tiene la Reserva Federal para respaldar cada dólar en circulación, sino porque confía en que las instituciones de EEUU le ponen un límite al poder de destrucción del dólar. Si un día se acabara la confianza en esas instituciones, el dólar desaparecería como moneda. Algo parecido sucede con el euro.

¿Cuál es el respaldo que tiene el Bitcoin para ser confiable? Es un programa de computación hecho por Satoshi Nakamoto, un pseudónimo de alguien que se desconoce quién es realmente o si son varias personas, pero hay gente que confía en que ese programa es inviolable y que sirve como moneda y reserva de valor.Determinada cantidad de personas en el mundo confían en un programa de computación hecho por un desconocido y creen ciegamente que ese programa no puede ser hackeado por nadie

Aquí entra a jugar la teoría subjetiva del valor. Determinada cantidad de personas en el mundo confían en un programa de computación hecho por un desconocido y creen ciegamente que ese programa no puede ser hackeado por nadie. Es decir, que el Bitcoin es a prueba de gobiernos gastadores que imprimen moneda prostituyéndola.

Hasta ahora nadie me supo explicar por qué el programa es inviolable y alguien no puede, como hacen los gobiernos, emitir bitcoins y quedarse con el señoreaje. Si hackearon el sitio de la CIA, del FBI y del Departamento de Justicia de EEUU en 2012, imagino que el programa de Nakamoto también puede ser hackeado.

¿Es moneda?

Pero dejemos de lado ese punto. ¿Es moneda el bitcoin? Aún no puede tomarse como medio de intercambio ampliamente aceptado. Me dicen que hay personas que aceptan bitcoins por las transacciones, pero al ser una moneda virtual que se puede transferir ampliamente, debería ser aceptada en cualquier comercio sin límite de países. Por ser virtual, su uso no debería tener fronteras ni límites para las transacciones. Sin embargo, aún son muy pocos los lugares en que se aceptan bitcoins.

Posiblemente el Súper de la esquina no me acepte euros como forma de pago, pero si el bitcoin es tan confiable y es moneda virtual, ¿por qué no me lo aceptan? Sería como si pagara con la tarjeta de débito con el beneficio de que se esquivan impuestos. Debería poder ir por el mundo con mi billetera de bitcoins para reducir los costos de cambiar monedas y todos deberían aceptármelos si es de verdad una moneda worldwide como dicen sus seguidores.Las cotizaciones en Wall Street pueden ser volátiles, pero es posible valuar una empresa según sus fundamentos. ¿Cuáles son los fundamentos de bitcoin?  EFE/EPA/COURTNEY CROW / NYSE
Las cotizaciones en Wall Street pueden ser volátiles, pero es posible valuar una empresa según sus fundamentos. ¿Cuáles son los fundamentos de bitcoin? EFE/EPA/COURTNEY CROW / NYSE

Volatilidad

Además, tiene alta volatilidad a lo largo del día. Sin ir muy lejos, el 12 de marzo de 2020 tuvo una caída del 38,2% entre apertura y cierre. Al día siguiente subió 14% y al otro bajó 7%. Una montaña rusa. Las variaciones entre máximos y mínimos diarios dan aún más vértigo.

Si uno lo toma como un activo financiero de alta volatilidad, se arriesga a ganar o perder, pero es difícil imaginar que uno pueda cotizar su casa en bitcoins, salvo que esté dispuesto a rever el precio cada 5 minutos. Su alta volatilidad no permite utilizar al bitcoin para estimar precios y costos en un proyecto de inversión, por eso no sirve como moneda.

También se hace difícil imaginarlo como activo financiero. No es una empresa que genera flujos y cuya cotización responde a sus flujos de ingresos, perspectivas del sector u otras variables. Lo mismo pasa con una obligación negociable, un bono de un gobierno o incluso las commodities. Todos estos activos financieros responden a algún fundamento en su cotización, pero, ¿a qué fundamento responde la cotización de un programa de internet que a alguien se le ocurrió definir como moneda sin identificar a su fundador?

La primera transacción en el sector real de la economía pagada con bitcoins es del 22 de mayo de 2010: se pagaron 10.000 bitcoins por dos pizzas. A la cotización del momento en que estoy escribiendo estas líneas, esas dos pizzas costarían US$ 200 millones cada una.

De manera que, por ahora, el bitcoin quedaría limitado, en el mejor de los casos, a ser un activo financiero de altísima volatilidad y escaso volumen ya que el total de bitcoins en el mercado representen el 0,01% de la cartera de activos que maneja BlackRock, el fondo de inversión más grande del mundo que con muy poco podría mover en un sentido u otro la cotización del bitcoin.

En síntesis, habrá gente que considere que el bitcoin es moneda o es la moneda del futuro, otros que lo vean como un activo financiero, pero la realidad es que todavía no cumple con los requisitos para ser moneda. Por ahora ha sido sólo un intento libertario para que algunos desafíen a esos papeles pintados que emiten los estados. Como activo financiero tiene tanta volatilidad que da lo mismo apostar al bitcoin o ir al casino y jugar a pleno al 17.

Publicado originalmente como columna de opinión en Infobae, el 11 de enero de 2021.

Negocio: una noción injustamente atacada – por Alberto Benegas Lynch (h)

John LockeJohn Locke

Lo primero es remitir a la etimología. Negocio es no-ocio, el diccionario dice “cualquier ocupación, empleo o trabajo”. En una acepción más amplia refiere a asunto y en una más reducida alude al vínculo con lo crematístico, a la búsqueda de un beneficio monetario. Ahora bien, en la sociedad libre, para subsistir, cada cual se ve obligado a atender las necesidades del prójimo al efecto de poder mejorar su propia situación. De este modo es que se producen todos los bienes y servicios: quienes dan en la tecla con los requerimientos de sus congéneres obtienen ganancias y quienes yerran incurren en quebrantos. Este es el modo de progresar, este es el modo por el cual las sociedades más evolucionadas incrementan su nivel de vida. Por su parte, en este contexto, el monopolio de la fuerza que denominamos gobierno teóricamente se constituye para prevenir y evitar lesiones a los derechos de cada cual.

En un plano más amplio, todo es realizado por el interés personal del sujeto actuante. En este sentido, no hay tal cosa como acción desinteresada. Es una verdad de Perogrullo sostener que quien actúa lo hace inexorablemente porque está en su interés actuar en esa dirección. La Madre Teresa estaba interesada en el cuidado de los leprosos, el que asalta un banco está interesado en que le salga bien el atraco y no ser castigado, el que vende papas está interesado en obtener un beneficio de la transacción, el que compra una bicicleta está interesado en andar en ese adminículo, en fin, en todo está presente el interés personal que en algunos casos puede ser monetario y en otros no-monetario. En algunos casos el fin perseguido es noble y en otros ruin. Se juzga la calidad de las personas por los objetivos a los que apuntan.

En este plano argumental, hay dos ideas erradas que se filtran de contrabando en este análisis. En primer lugar, la gratuidad. Debe comprenderse que nada es gratis, todo tiene un costo. En economía lo llamamos costo de oportunidad para mostrar que cada vez que hacemos algo nos vemos precisados a dejar de hacer lo segundo que en nuestras prioridades hubiéramos hecho lo cual es el costo de la acción. En la vida diaria cuando se afirma que tal o cual cosa debiera entregarse “gratis” debe resultar claro que alguien paga. En este sentido, es frecuente intentar la transformación mágica del aparato estatal en Papá Noel, sin percatarse que siempre es el vecino el que se ve forzado a pagar.

El segundo des-concepto mayúsculo radica en la tergiversación del derecho. Así se proclama el derecho a una vivienda digna, el derecho a hidratos de carbono y vitaminas, el derecho a un salario adecuado, el derecho a la recreación y hasta la sandez del derecho a Internet. Esta vociferación no toma en cuenta que a todo derecho corresponde una obligación. Si una persona obtiene por su trabajo cien en el mercado laboral, hay la obligación universal de respetarle ese ingreso, pero si esa persona pretende doscientos cuando gana cien y el gobierno otorga esa pretensión necesariamente quiere decir que otros estarán forzados a entregar la diferencia con el fruto de sus trabajos, lo cual convierte la operación en un pseudo derecho puesto que lesiona el derecho de esos otros.

Ambas ideas estrafalarias -la de la supuesta gratuidad y la de los pseudo derechos- derriban marcos institucionales civilizados y por tanto perjudican gravemente el bienestar de todos, pero muy especialmente a los más necesitados puesto que el derroche en lugar del aprovechamiento de los siempre escasos recursos atenta contra los ingresos y salarios en términos reales de modo más contundente en los marginales ya que las tasas de capitalización disminuyen.

En esta nota periodística centro la atención en el tema de los médicos, servicios de salud, vacunas, laboratorios y equivalentes que con un alto grado de cinismo se pretende que vivan del aire sin cobrar por sus servicios mientras que los que reclaman semejante actitud se dedican a sus negocios particulares. Esto sin duda no descarta para nada las muy meritorias obras filantrópicas que mantienen un estrecho correlato con los climas de libertad. Para observar estas obras por doquier no hay más que recorrer Estados Unidos, situación que no existe en Cuba donde se disfraza de “Estado Benefactor”, una contradicción en los términos ya que, por definición, el aparato de la fuerza no puede hacer beneficencia o caridad que significa entregar recursos propios de modo voluntario. Si asalto a mis vecinos y entrego el botín a otros no he realizado un acto caritativo ni una muestra de solidaridad sino que he cometido un atraco.

Entre muchos otros, John Chamberlin en su ensayo titulado “La enfermedad de la medicina socializada” pone de manifiesto los rotundos fracasos de los países nórdicos y otros en la medida de haber introducido los aparatos estatales en la salud y como han debido retroceder abruptamente en esa decisión política. En este sentido, por ejemplo, hay un libro -desafortunadamente no traducido al castellano- en el que publican veintiún profesionales meticulosos trabajos sobre los graves y muy alarmantes problemas que invariablemente se suscitan en ámbitos de la salud estatal. La obra lleva el sugestivo título de Politicized Medicine y está editada por la Foundation for Economic Education.Thomas SzaszThomas Szasz

En ningún momento lo dicho significa dejar de reconocer el valiosísimo esfuerzo y notable capacidad de médicas, médicos, enfermeras y enfermeros en los centros de salud estatales. De lo que se trata es de entender el tema decisivo de los incentivos y de la “tragedia de los comunes” que invariablemente irrumpe pues lo que es de todos no es de nadie, no es la misma actitud cuando uno debe hacerse cargo de las cuentas que cuando se obliga a terceros a pagarlas. En los ensayos antes mencionados y en muchos otros en la misma línea se subraya el mencionado rol fundamentalisimo de los incentivos en el contexto de las permanentes faltas de insumos, de equipos y de recursos en general en medio de los habituales y extenuantes pedidos de turnos por parte de pacientes, los déficit que refleja la gestión y el consiguiente pedido de fondos a la administración gubernamental y la situación muchas veces lamentable de los edificios, todo lo cual no ocurre en sanatorios privados pues el emprendimiento que no es apoyado por la gente desaparece.

Entonces, lo que debería hacerse es vender todos los centros de salud estatales, eventualmente al mismo equipo de médicas, médicos y personal administrativo que los operan con todas las facilidades posibles. La politización y el uso de la fuerza no debiera tener lugar en un área tan delicada e importante. Me imagino que no se intentará argumentar el absurdo de no proceder en consecuencia porque otros no lo hacen, salvando las distancias es similar a cuando se sostenía la imperiosa necesidad de abolir la esclavitud se respondía que en el planeta ese sistema estuvo extendido por miles y miles de años. El enredo con el statu quo no puede conducir al embotamiento mental de esa magnitud. Ningún progreso hubiera existido si no hubiera habido un primero que se salió de lo habitual y cuestionó lo existente.

Y para las personas con problemas de salud pero sin los ingresos suficientes, como una medida de transición, hasta que puedan adoptarse otras medidas de fondo, aplicar los vouchers, es decir créditos a cargo de terceros para que estos pacientes puedan hacerse atender eficientemente. Hay aquí un non sequitur, a saber: del hecho de que unos deban financiar la salud de otros no se desprende que deban existir centros de salud estatales puesto que el paciente seleccionará la entidad privada que más le resulte. Subsidiar la demanda en lugar de hacerlo con la oferta cambia radicalmente el cuadro de situación pues todos los incentivos de la gestión modifican su rumbo por lo antedicho de la tragedia de los comunes (una denominación moderna que la bautizó así Garret Hardin en la revista Science pero que en la práctica se remonta a Aristóteles en su refutación al comunismo de Platón).

La medicina no opera de modo independiente a la naturaleza de las cosas, los precios son señales insustituibles para conocer dónde invertir y dónde desinvertir. En una pandemia lo peor es que los gobiernos intenten controlar precios pues el resultado indefectible es el faltante del medicamento o servicio en cuestión. Al establecer por la fuerza precios menores a los de mercado la demanda aumenta y la oferta se contrae. Idéntico fenómeno ocurre con las mutuales de medicina o los servicios médicos en general, con el agravante que se pretende incorporar por la fuerza a candidatos que no han aportado al servicio lo cual desmorona toda la idea del seguro. Estos problemas agudos irrumpen debido a la antes señalada incomprensión del derecho y de la falsa gratuidad y, además, cuando aparece un procedimiento novedoso los aparatos estatales habitualmente achatan los precios lo cual demora el resultado y en algunos casos elimina la beneficiosa novedad.

En otros términos, del hecho que haya médicas y médicos que atiendan a pacientes sin pretender retribución monetaria, como queda consignado, no se sigue que sea una profesión que deba vivir del aire. Reiteramos la hipocresía de quienes se dedican a sus negocios personales y pretenden gratuidad de los facultativos. También revela gran hipocresía el demandar atención sin cargo “por la importancia de los derechos humanos” mientras muchos avalan y suscriben la exterminación de vida humana en el seno materno con la inaudita pretensión de violentar el juramento hipocrático, que además pretenden que se los paguen otros por la fuerza con el fruto de sus trabajos.

Seguramente imbuido de las mejore intenciones y propósitos el Papa Francisco nuevamente la emprendió contra el mercado en su Misa del 24 de diciembre del corriente año en la que rogó para que “la ley del mercado no impida que las vacunas lleguen a todos”, lo cual revela la superlativa incomprensión del significado del proceso del mercado y lo devastador de imitar las recetas estatistas de aquellas republiquetas africanas y equivalentes donde la enfermedad y las hambrunas son moneda corriente por desconocer el mercado que es otra forma de decir que deben desconocerse los requerimientos de la gente. Antes este Papa, entre tantos denuestos contra los fundamentos de la sociedad libre, se había referido al dinero “como el estiércol del diablo” sin prestar atención a la incoherencia del tradicionalmente corrupto Banco del Vaticano. En el campo de la salud es como ha reiterado, entre otros, el distinguido médico-psiquiatra y profesor emérito Thomas Szasz“Lo más contundente que puede hacerse para destruir la salud de los más vulnerables es que los gobiernos intervengan en los precios de los medicamentos y equipos médicos violentando el mercado, puesto que necesariamente provoca escasez artificial y manifiesto deterioro en la calidad del servicio. Proceder en esa dirección resulta criminal.”

En resumen, la demonización del negocio conduce a la clausura de arreglos contractuales libres y voluntarios sobre los que descansa la sociedad abierta, lo cual no significa desconocer que también hay trampas y fraudes en el sector privado que deben castigarse en el ámbito de la Justicia, pero la solución no consiste en eliminar incentivos para el progreso, del mismo modo que no sería sensato eliminar los automóviles con la idea de evitar accidentes de tránsito. Una vez más subrayamos que en el ámbito de la trampa y el fraude se encuentran aquellos que la juegan de empresarios pero que basan sus operaciones en el privilegio, la dádiva y los mercados cautivos fruto de sus alianzas hediondas con el poder de turno con lo que explotan miserablemente a sus congéneres, sea en al área médica con apariencia de obras sociales o con cualquier otro disfraz o en cualquier área que sea hay que bloquearles el camino a estos asaltantes. Estos no son negocios sino negociados que naturalmente su perversión los convierte en una naturaleza completamente distinta

La generosidad sólo tiene lugar con lo propio, sin propiedad privada no hay tal cosa como generosidad. La prolongación de la vida y la calidad de la misma son el resultado directo de la medicina y la investigación médica en la medida en que han podido desenvolverse en un clima de libertad. Recordemos también la formidable faena que han realizado tantos profesionales de la medicina en el área de las ciencias sociales, como ha sido el caso del que fuera nada menos que padre del liberalismo: el médico John Locke.

Publicado originalmente como columna de opinión en Infobae, 2 de enero de 2021.

¿Qué se puede comprar con un bitcoin? Entrevista para La Gaceta de Tucumán

Dos autos de gama media, la mitad de una casa tipo Fonavi, 25 motocicletas económicas 0 KM y hasta pagar 50 salarios medios mensuales del sector público. Eso se puede abonar con un Bitcoin, que ayer experimentó el mayor incremento de su historia. Demandada por inversores institucionales y fondos de inversión, la criptomoneda cotizó por encima de los U$S 33.000 y algunos operadores la observan como una alternativa al oro.

Para 2033 se proyecta que habrá 21 millones de unidades en el mercado internacional. Ajustando algunos aspectos para su uso, en el futuro puede ser utilizado como cualquier otra moneda y hasta convertirse en una reserva de países, como el dólar, el euro, el oro o la plata, indica el economista Adrián Ravier. De todas maneras, la criptomoneda tiene una elevada volatilidad que hace que su cotización vuele un día, pero luego puede caer estrepitosamente.

Acceda aquí a la nota completa en La Gaceta de Tucumán.

¿Son las criptomonedas dinero?

El documento fundacional de Bitcoin, escrito bajo el famoso seudónimo de Satoshi Nakamoto, no habla de Bitcoin como un projecto con el objetivo desarollar un tipo de dinero electrónico. Este documento habla de una tecnología de pago (transacción) digital sin la necesidad de intermediarios. La semántica del texto no es clara, por lo que el mensaje se presta a confusión. Sin embargo, teniendo presente la a veces confusa semántica la intención es, me parece, clara.

En las transacciones en efectivo dinero físico cambia de manos. No hay posibilidad de usar el mismo billete en dos transacciones distintas. Diferente es el caso de transacciones electrónicas. La dificultad se encuentra en garantizar que el mismo dinero no se va a utilizar de manera múltiple. Por ejemplo, hacer una segunda transacción antes que la primera sea procesada por el sistema o hacer un "copy & paste" de dinero digital en una cuenta bancaria. La posibilidad de transacciones electrónicas agrega el problema del anonimato y, por lo tanto, la dificultad de tener un sistema de castigo a transacciones falsas. Los intermediarios financieros, entre otros servicios, contruyen confianza en el sistema de pagos electrónicos y velan porque no haya uso duplicado de dinero. Este servicio, por supuesto, tiene un costo de transacción (comisiones).

El aporte de Bitcoin es lograr producir esa confianza sin la necesidad de recurrir a intermediarios (disminuyendo los costos de transacción): La transacción peer-to-peer. No es casualidad que Bitcoin se desarrolle en torno a la crisis financiera del 2008. Bitcoin no nació, a mi entender, necesariamente como un movimiento contra bancos centrales, nació principalmente como un movimiento contra intermediarios financieros.

No obstante la intención del blockchain de ser una nueva tecnología de pago, la pregunta y expectativa de si Bitcoin o alguna otra criptomoneda puede llegar a ser dinero persiste. Especialmente en torno a nuevos picos en su cotización como se vio en los últimos días.

En resumen, no veo que Bitcoin o ninguna criptomoneda clasifique como dinero, y soy escéptico de que puedan llegar a serlo por los motivos que menciono debajo. La mayoría de mis comentarios que siguen se encuentran más desarrollados en este working paper.

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