Reflexión de domingo: «EL DILEMA DEL SABER: ENTRE LA VERDAD Y LA DUDA» – Por Alberto Benegas Lynch (h)

A estudiantes hay que trasmitirles un  equilibrio imprescindible en la extraordinaria aventura del conocimiento. Reza el adagio latino: ubi dubiun ibi libertas, es decir, donde hay duda hay libertad. Si todas fueran certezas no habría necesidad de elegir, de decidir entre opciones, de preferencias entre medios diferentes y para el logro de fines alternativos. El camino ya estaría garantizado, no se presentarían encrucijadas. De antemano la acción estaría resuelta. En rigor no habría acción propiamente dicha ya que ésta implica deliberación al efecto de evaluar opciones. En este caso no habría nada sobre lo cual deliberar solo seguir la certeza.

Esto último es la antítesis de lo humano, del libre albedrío, de la libertad en lugar de seguir caminos predeterminados. Casi podría concluirse que con tener un libreto adecuado solo habría que detectar la certeza del caso pero no requeriría meditación, evaluación y mucho menos corrección. Todo sería lineal, sería el fin de la vida humana.

Este es el sentido de lo que consigna Emmanuel Carrére: “lo contrario de la verdad no son las mentiras sino las certezas”, no es para nada que la verdad carezca de importancia pues es el quid del asunto, es el objetivo último pero precisamente las certezas conspiran contra la posibilidad de incorporar verdades puesto que bloquean el método para lograr esa meta noble, verdad como correspondencia (adecuación) entre el juicio y el objeto juzgado. Quienes están encerrados en certezas no están abiertos a encontrar verdades puesto que consideran que ya la tienen por lo que estiman superflua cualquier indagación y debate.

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Dolarización: Un proceso monetario que divide la biblioteca entre los economistas

¿La economía argentina puede adoptar en estos momentos un esquema de convertibilidad o de dolarización? La pregunta se sigue realizando en todos los ámbitos luego de que un asesor del presidente de los Estados Unidos, Larry Kudlow, sugiriera “atar el peso al dólar”. Ahora bien, ¿qué implica ese proceso?

La Gaceta entrevistó a varios economistas que dieron sus puntos de vista. Seguir leyendo aquí.

“Para dolarizar hay que reformar el sistema bancario y abrir la economía”

Lo afirma Jorge Ávila, uno de los principales impulsores de la dolarización. Para Cachanosky, en Estados Unidos se dieron cuenta que no podemos tener moneda.

Bibliotecas. La posibilidad de la adopción de la dolarización se instaló con fuerza esta semana luego del comentario de Larry Kudlow, director del Consejo Económico Nacional de la Casa Blanca, quien afirmó que había sugerencias a las autoridades argentinas en ese sentido. Tras eso se escucharon -y se siguen escuchando- un amplio concierto de opiniones en favor o en contra del sistema. Hay economistas que creen que la dolarización se está volviendo casi inevitable, mientras que otro sector afirma que es el esquema para darle al país la estabilidad que nunca tuvo. Y una amplia mayoría coincide en que es una “fuga hacia adelante” que no resuelve los problemas estructurales y de fondo, como el déficit fiscal. “Yo soy el abogado de la dolarización de los últimos 20 años, lo vengo proponiendo hace mucho. La dolarización tiene el carácter de irreversibilidad y no hay casos en el mundo en que haya habido un repudio o una reversión luego de haber adoptado la dolarización oficial, por ley”, explica Jorge Ávila, economista y director del Centro de Economía Aplicada de la Universidad del Cema. Y completa: “La Argentina es un país dolarizado, al igual que Chile, Polonia e Israel. Pero son países dolarizados de facto, otra cosa es la dolarización de jure que implica que el país adopta el dólar norteamericano como moneda de curso legal”. ¿Cuándo se dolariza, según las experiencias de otros países? Para Ávila, se dolariza cuando la demanda de dinero se vuelve inestable, cuando la velocidad de circulación desestabiliza el nivel de precios y hace imposible una política de inflation targeting como la que llevaba adelante Federico Sturzenegger en el Banco Central hasta junio de este año. “Cuando se llega a ese estado de inestabilidad se opta por una convertibilidad como hizo Menem en el ´91, porque la velocidad de la circulación no permitía estabilizar el nivel de precios. Pero entre gallos y medianoche borramos con el codo lo escrito con la mano. Hoy hace falta un estadio superior de compromiso, algo irrevocable y eso se llama dolarización”, apunta Ávila. Pros y contras. El problema crónico de la inflación, según Ávila, puede encontrar un sendero de solución con la dolarización: “Al dolarizar usted se olvida de la posible inestabilidad de la velocidad de circulación y el nivel de precios desciende. En Ecuador la inflación pasó a ser la norteamericana al cabo de cuatro años, en Argentina podría llevar dos, tres o hasta cuatro años, pero en un ambiente de completa estabilidad del valor de la moneda porque no existiría el peso”. Con todo, el propio Ávila reconoce que la dolarización tiene sus problemas, por ejemplo la vulnerabilidad en la que queda el país a enfrentar corridas de los bancos debido a la desaparición del Banco Central. Las reformas necesarias. Para evitar los efectos colaterales de una dolarización, Ávila pone el acento en la necesidad de encarar al menos dos reformas previas: la del sistema bancario y la del comercio exterior. “La dolarización es una reforma monetaria irrevocable, pero para no causar una olla a presión es menester cambiar la organización bancaria. Hay que cambiar de raíz la organización bancaria del país, poner a los bancos bajo jurisdicción extranjera y en segundo término abrir la economía. Porque si usted no abre la economía y de golpe tiene una salida de capitales eso lo lleva a tener un gran estrés, una gran fuerza bajista sobre el salario real y eso trae pobreza y recesión. Dolarizar y punto es un ticket al fracaso”, dice. Sin moneda. Para el economista Roberto Cachanosky los argentinos tenemos que ser conscientes de que no tenemos moneda y a partir de allí esbozar soluciones: “El peso se derrite como una barra de hielo, dejó de ser moneda. Desde que fue creado el Banco Central en el año 1935 hasta el año 2017 la inflación acumulada es de 0,28 trillones%. Ni yo entiendo de qué se trata, no se puede dimensionar. La inflación promedio fue de 54% anual, la Argentina destruyó cinco signos monetarios. El argentino eligió al dólar como moneda. El debate que viene es dolarizar como Ecuador, donde vamos a un régimen de convertibilidad como en los 90 o a un sistema de competencia de monedas. Yo soy partidario de esto último”. Cachanosky es categórico al afirmar que la devaluación no resuelve los problemas estructurales de la economía: “No modifica la legislación laboral ni la reforma del Estado ni del sistema tributario. Lo que pone es un límite al gasto del Estado. En realidad, también permite endeudarse y entrar en default, pero es una restricción a la política para seguir gastando permanentemente”. Y señala que la opinión que se escuchó por parte de funcionarios norteamericanos está lejos de ser una cortina de humo: “Esa opinión no es un globo de ensayo. Se dieron cuenta que Argentina no puede tener moneda, no puede generar moneda porque no hay confianza en los gobiernos”. (Fuente www.perfil.com).

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Cada vez más voces piden la dolarización de la economía argentina

El Wall Street Journal se suma a las voces críticas del Banco Central argentino. Hay que «terminar con la miseria causada por el peso», resalta la publicación estadounidense.

… si el Gobierno de Mauricio Macri se decidiera en esta dirección, “bajaría la tasa de interés, caería el riesgo país, se alcanzaría la estabilidad monetaria, se le daría más certidumbre al mercado y se ampliarían las posibilidades de atracción de capitales”.

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EL CASO DE JUDAS EXTENDIDO – Por Alberto Benegas Lynch (h)

Tal vez la traición más denostada, conocida y escandalosa sea el caso de la llevada a cabo contra Jesús. Mateo relata que “Entonces uno de los doce, llamado Judas Iscariote fue donde los sumos sacerdotes y les dijo ´Qué me quereís dar y yo os lo entregaré?´ Ellos le asignaron treinta monedas de plata. Y desde ese momento andaba buscando una oportunidad para entregarle”. Como es bien sabido, Jesús anticipó el hecho según consigna el mismo Mateo: “Al atardecer, se puso a la mesa con los doce. Y mientras comían dijo: ´Yo os aseguro que me entregará uno de vosotros´ ”.

Judas fue el traidor más famoso pero por cierto no el único y también debe destacarse la patraña más vergonzosa al imputar de traidor a Dreyfus por la tristemente célebre judeofobia denunciada por el gran Zola en ese caso y por tantos otros en muchas otras de esas infames y espantosas persecuciones.

Originalmente en la historia romana la traición se refería a conceptos militares de entrega al enemigo (perduellio) y en la historia inglesa y estadounidense también hay signos de lo mismo que en el primer caso aludía a la lealtad al rey. Así hubieron debates sobre el Treason Act de 1695 en Inglaterra y sobre la Sección 3 de la Constitución estadounidense junto a las reflexiones de Madison en el número 43 de los Papeles Federalistas y las medidas precautorias al efecto de evitar abusos contra las libertades individuales en nombre de la “traición a la patria”.

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Procesos de Mercado – Revista Europea de Economía Política

AIER:Elastic Cryptocurrency Supplies: A Step in the Right Direction

A major shortcoming of bitcoin and most other cryptocurrencies is the way in which their supplies are governed. With a perfectly inelastic supply over the relevant time horizon, a change in demand is entirely reflected by a change in the cryptocurrency’s price. Since demand shocks are relatively common, this means that cryptocurrencies are subject to high price volatility.

Volatility can be a desirable feature for a financial investment that tries to capture capital gains. But it is a major impediment to cryptocurrencies becoming more widely accepted as a medium of exchange. Hence, the observation that bitcoin and other cryptocurrencies have become financial assets does not mean they are necessarily on the path to becoming new monies.

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Crisis cambiaria y desafíos políticos y económicos

-A esta altura la Argentina necesita barajar y dar de nuevo. El presupuesto no puede ser un retoque del existente. Hay que desarrollar un presupuesto base cero. Repensar el Estado que queremos tener y podemos pagar. Si alcanzamos equilibrio fiscal, entonces podremos dejar de emitir y contener la inflación, y también dejar de endeudarnos y bajar las tasas de interés. En este contexto comienza un serio debate también para bajar los impuestos o privatizar el sistema de pensiones. Con estabilidad monetaria, bajas tasas de interés y con una menor presión tributaria el empresario tiene un contexto macroeconómico favorable para la inversión y para la generación de empleo. La cuestión técnica es muy sencilla, pero el problema es siempre político. Se requieren consensos y estamos en las puertas de un año electoral. El Presidente no puede sentarse a esperar que su equipo haga el trabajo. Tiene que encabezar cada decisión de sus ministros porque se requiere más política que economía.

Aquí una nota publicada en El Cronista, domingo 2 de septiembre de 2018.

Aquí una entrevista que me hizo La Gaceta de Tucumán sobre la crisis cambiaría, lunes 3 de septiembre de 2018.

Carta abierta al Presidente – Por Alberto Benegas Lynch (h)

No creo ser original al escribirle una carta abierta. Hay muchos antecedentes, incluso en mi caso con usted y otros presidentes pero lo hago ahora en vista de los problemas que son del dominio público. Está inspirada en el deseo que comparto con muchos argentinos de que tenga el mayor de los éxitos en su gestión, no solo por tratarse de usted sino por los graves riesgos que el país corre si resurgen las tendencias que han dominado durante las últimas siete décadas, muy especialmente durante la última que ha acentuado notablemente la decadencia moral y material de nuestro medio.

Su gobierno no ha procedido con la firmeza necesaria para rectificar el rumbo y se ha mantenido en la misma pendiente del pasado por más que sus intenciones y las de sus colaboradores hayan sido las mejores. El gasto público es sideral, las exacciones fiscales son insoportables, la deuda estatal es creciente, el volumen total del déficit fiscal resulta descomunal y las manipulaciones monetarias y cambiarias contribuyen a agravar el problema. Como usted sabe, lo relevante son los resultados y no las explicaciones.

Se que usted pretende reducir la pobreza pero el camino elegido no conduce a buen puerto sino más bien lo aleja de los objetivos. Todavía estamos a tiempo para adoptar medidas de fondo que eliminen de cuajo funciones incompatibles con un sistema republicano. Como he consignado antes, no se trata de hacer más eficiente el gasto puesto que cuando algo es inconveniente si se torna eficiente es mucho peor. Tampoco se trata de podar gastos puesto que como también puntualicé en su momento, igual que con la jardinería la poda hace que el desarrollo resulte más vigoroso. Por último, no se trata de pretender un crecimiento al efecto de disimular la relación gasto/producto.

Usted no ha comenzado bien su administración al crear nuevos ministerios cuando, como queda dicho, deben eliminarse funciones y modificar drásticamente el organigrama del Ejecutivo. Somos concientes que su coalición no cuenta con mayoría en las Cámaras del Parlamento y que la batalla cultural es difícil, pero destaco sus errores no forzados que algunos pocos hemos puntualizado reiteradamente junto a propuestas varias para lograr el cometido.

Algunas de las medidas sugeridas son nominales en cuanto al volumen del gasto que representan pero muy demostrativas de una firme decisión de retomar nuestra mejor tradición alberdiana que hizo de la Argentina uno de los países más prósperos del planeta.

A esta altura podrán adoptarse medidas coyunturales que eventualmente pueden tapar los problemas que subyacen, pero descuento que usted quiere verdaderamente hacer que nuestro país retome la senda del progreso moral y material de antes de los golpes fascistas del 30 y del 43 que nunca debió abandonarse. La función medular de los aparatos estatales de compulsión son principalmente para que haya Justicia y seguridad, los entrometimientos en las vidas y en el fruto del trabajo ajeno perjudican a todos pero muy especialmente a los más necesitados. Décadas de estatismo nos han llevado a una situación de vulnerabilidad y de pobreza alarmantes.

Concretamente propongo que usted declare de inmediato que se abstiene de presentarse  a la reelección y postule a una candidata o candidato de su preferencia, anuncie medidas espectaculares que se han sugerido  para revertir la situación al efecto de volver a ganar la confianza de sus compatriotas que creen en las virtudes de la sociedad abierta y oxigene su gabinete. Que resulte claro que usted no está dispuesto a consumir tiempo y energías en campañas electorales. De este modo usted será juzgado como un estadista que se preocupa y ocupa de resolver los problemas que nos aquejan  y  podrá usted  presentarse con gran éxito en una futura contienda presidencial.

Publicado originalmente en la edición impresa de Ambito Financiero, el lunes 3 de septiembre de 2018.

JOSÉ INGENIEROS ACERCA DEL HOMBRE MEDIOCRE – Por Alberto Benegas Lynch (h)

Vuelvo sobre el tema de la mediocridad desde otros ángulos. Es como escribe Enrique Santos Dicépolo en Cambalache en donde resulta que al mediocre le da lo mismo “el burro que el gran profesor”. Un antídoto para la mediocridad es la buena lectura que puede resumirse en el subtítulo de uno de los libros de Fernando Savater: “Sobre el gozo de leer y el riesgo de pensar”.

Y aquí irrumpe en escena José Ingenieros (1877-1925) escritor, filósofo y médico egresado de la Universidad de Buenos Aires con estudios en Paris, Ginebra y Heidelberg. Premiado en 1903 por la Academia Nacional de Medicina por su libro Simulación de la locura. En 1908 trabajó en la cátedra de Neurología a cargo de José María Ramos Mejía en la Facultad de Medicina de la UBA y también se hizo cargo de la cátedra de Psicología Experimental en la Facultad de Filosofía y Letras de la misma universidad donde diez años más tarde fue designado Vicedecano.

En 1909 fue electo presidente de la Sociedad Médica Argentina.  Colaboró en periódicos de inclinación anarquista y fue fundador y escritor asiduo en diversas revistas y medios periodísticos como La Vanguardia establecida por Juan B. Justo y Nicolás Repetto de donde tomó partes de un así denominado socialismo que luego derivó en el socialismo democrático al estilo de Américo Gholdi, posición intelectual de quienes se oponían a la banca central y sustentaban el libre comercio entre las naciones y el patrón oro, aunque en materia laboral suscribían varios aspectos de raigambre marxista, a pesar de contener en muchos de sus miembros características eminentemente respetuosas para con las autonomías individuales en un contexto de libertad.

En todo caso en esta nota periodística quiero centrar la atención en una obra de Ingenieros que ha concitado la atención de no pocas mentes inquietas. Se trata de El hombre mediocre que fueron originalmente sus clases en la antes mencionada cátedra en la Facultad de Filosofía y Letras durante el ciclo lectivo de 1910, luego publicadas en forma de libro.

Cabe destacar la notable maestría con que el autor administra su prosa imbuida no solo  de una muy pulida gramática sino de un formidable ingenio y capacidad descriptiva.

Comienzo por algo que Ingenieros toca al pasar pero que constituye un hallazgo de grandes proporciones del que derivan consecuencias de  importancia para la comprensión del individualismo metodológico. Hay veces que uno da por sentado como verdad un error manifiesto y recién uno se percata de la equivocación cuando se desnuda el tema.

Bien, el asunto estriba en que José Ingenieros sostiene que es un error garrafal aludir al “sentido común” ya que se trata en verdad del “buen sentido” siempre personalísimo ya que no es comunitario el tan cacareado sentido común puesto que se trata de un antropomorfismo, es decir, se trata de un colectivo como si fuera una persona, lo cual conduce a confusiones varias. Es de la misma estirpe que cuando se parlotea que “el pueblo demanda”, “la nación piensa”  o “las instituciones dicen” y yerros equivalentes. No hay tal cosa, son metáforas peligrosas porque conducen a la liquidación de la persona en aras del grupo. Es en rigor la expropiación del hombre que es engullido por lo colectivo. En el mejor de los casos pueden ser abreviaciones que de tanto repetirlas se toman literalmente. Es cierto que puede haber una acepción más benévola del sentido común en cuanto a que apunta a lo que es común a muchas individualidades, pero de todos modos vale la advertencia para no caer en zonceras antropomórficas tipo “Estados Unidos reprobó la conducta de África” y tropelías similares.

Ingenieros define la mediocridad en varios pasajes de su obra como “el hábito de renunciar a pensar”, “llaman hereje a quienes buscan una verdad” (sin comprender que como señaló Shakespeare “El hereje no es el que arde en la hoguera, sino el que la enciende”), “sus ojos no saben distinguir la luz de la sombra”, “la originalidad les produce escalofríos”, “pronuncia palabras insubsanciales”, “el esclavo o el siervo siguen existiendo por temperamento o por falta de carácter. No son propiedad de sus amos, pero buscan la tutela ajena”, “incapaces de elevarse de la condición de animales de rebaño”, “rechazan la aristocracia del mérito”, “creen que el buen humor compromete la respetuosidad” y “su pasión es la envidia”.

A título personal, analizaremos brevemente las dos últimas referencias en sendas por la que ya hemos transitado con anterioridad pero que se hace necesario reiterar en vista de lo apuntado por Ingenieros. En primer lugar, la importancia del humor. Debemos tener muy presente que nos encontramos ubicados en un universo en el que existen millones de galaxias con altísimas probabilidades de vida inteligente en otros mundos y concientes de nuestra inmensa ignorancia de casi todo. Estas son poderosas razones para no tomarnos demasiado en serio.

El sentido del humor no significa para nada frivolidad, es decir aquel que se toma todo con superficialidad y descarta y desestima los temas graves. Tampoco el sentido del humor alude a lo hiriente y agresivo, ni las referencias a temas que no son susceptibles de risa.

Platón sostenía en La República que “los guardianes del Estado” debían controlar que la gente no se ría puesto que eso derivaría en desorden (lo mismo sostuvo Calvino). De esta tradición proceden las prohibiciones de mofas a los gobernantes autoritarios en funciones. Nada más contundente para gobernantes que se burlen de ellos.

La seriedad cuando se está frente a temas serios es una cosa y la solemnidad pomposa es otra. Es curiosa la psicología junto a la fisiología: nadie explicó la razón de llorar cuando nos duele el alma y reír cuando estamos alegres ¿por qué no al revés? Del mismo modo Aristóteles se pregunta por qué no nos reímos cuando nos hacemos cosquillas a nosotros mismos. En realidad la risa es propiamente humana, lo de la hiena es un simulacro, igual que el amor (por eso aquello de “hacer el amor” para asimilarlo a las relaciones sexuales es limitar lo sublime del amor que va más allá de lo puramente físico y es característico de lo humano).

Debido a que nos equivocamos con frecuencia, es sano reírse de uno mismo. En reuniones sociales es de interés probar el sentido del humor contando errores garrafales que uno comete y se observará dos tipos de personas: los que siguen la gracia y agregan casos propios y los que les parece un desatino la patinada que uno cuenta. Hay que estar prevenido y alerta respecto a este último grupo de supuestos infalibles, un signo de mediocridad.

En segundo lugar, la envidia. La  manía de la guillotina horizontal básicamente procede de la envidia además de conceptos errados. De allí surge el inaudito dicho por el que “nadie tiene derecho a lo superfluo mientras alguien carezca de lo necesario”, como si nadie pudiera comer langosta antes que todo el planeta tuviera pan sin comprender que el lujo es el estímulo para que los eficientes expandan su producción haciendo que lo superfluo hoy resulte en un bien de consumo masivo mañana. Las tasas de capitalización que resultan de ganancias incrementadas es lo que hace posible salarios e ingresos mayores en términos reales. Que nadie pueda contar con una computadora antes que todos dispongan de papel y lápiz es tan descabellado como suponer que nadie pueda tocar la guitarra antes que todos tengan zapatos.

 

La envidia es en realidad un complejo de inferioridad y de gran inseguridad. La persona envidiosa sabe que carece de las cualidades que posee el envidiado y cuando más cerca se encuentra mayor es la dosis de envidia. No es frecuente que en nuestros días se envidie la capacidad oratoria de Cicerón, sin embargo es un lugar común que se envidie al vecino o al pariente.

Como bien ha consignado el célebre H. L. Menken en el contexto de los envidiosos: “la injusticia es relativamente más aceptada, lo difícil de absorber es la justicia”, es decir los talentos y dones del envidiado.

Por supuesto que debe distinguirse el espíritu de emulación a lo bueno y noble de lo que es la envidia. Aristóteles hacía esta importante distinción. Lo primero empuja la vara y apunta a la excelencia, mientras que lo segundo hunde en el pantano.

He contado antes la historia pero es pertinente reiterarla. Cuando el destacado empresario Goar Mestre se exilió de Cuba luego que todos sus bienes fueron confiscados por la tiranía castrista, en casa de mi padre una vez nos mostró un diario editado en Miami por cubanos en el exilio. En ese periódico se leía que un fulano declaraba que “la revolución arruinó mi vida y la de mi familia, pero por lo menos le sacaron todo al millonario Mestre”. Este es el espíritu maligno de la envidia, aunque el titular la pase mal se satisface con la destrucción de personas exitosas.

En lo que posiblemente sea el tratado sobre la envidia más suculento escrito por Helmult Shoeck, este autor concluye sobre lo que es en verdad un espíritu de demolición: “La mayoría de las conquistas científicas por la cuales el hombre de hoy se distingue de los primitivos por su desarrollo cultural y por sus sociedades diferenciadas, en una palabra, la historia de la civilización, es el resultado de innumerables derrotas de la envidia, es decir, de los envidiosos”.

Aparecen muchas formas de disfrazar la envidia. Tal vez la más común sea la necesidad de liberarse de responsabilidad y endosar la culpa de la situación desfavorable del envidioso sobre las espaldas del envidiado, sugiriendo aquí y allá que lo desventajoso del envidioso se debe a un mal comportamiento del envidiado o de circunstancias que lo colocan en ventaja de modo inaceptable al sentido de ecuanimidad. Sin duda que en este mismo contexto una errada aplicación de lo que en la teoría de los juegos se denomina la suma cero juega un rol importantísimo en la psicología de la envidia.

Así se sostiene en el terreno crematístico que lo que uno no posee es porque el otro lo tiene, como si la riqueza fuera una torta que hay que repartir sin percatarse que en procesos abiertos de lo que se trata es de multiplicar las tortas. Y en el campo de los talentos y las apariencias físicas siempre el envidioso encuentra excusas y subterfugios para victimizarse porque no puede competir con éxito. La competencia lo inhibe, se oculta en diversos disfraces para eludirla y pretende actuar en base a privilegios alegando “competencia limpia”.

Por último y volviendo directamente a Ingenieros, contrasta con énfasis el mediocre con el idealista el cual considera que muestra “un gesto del espíritu hacia alguna perfección” y en línea con la manía de emprenderla contra la teoría, afirma que “los ideales, por ser visiones anticipadas de lo venidero, influyen sobre la conducta y son el instrumento natural de todo progreso humano”, es “la anticipación de la imaginación a la experiencia”, es “el contraste entre el servilismo y la dignidad”, son los que “clavan las pupilas en las constelaciones lejanas y de apariencia inaccesible”, son “los que no se dejan domesticar” y hablan claro y fuerte sin rebusques y poses alambicadas.

En resumen, nos dice el autor aludiendo a la mediocridad de quienes profesan especial fobia por el trabajo teórico de lo cual depende toda práctica que no proceda a los tumbos: “Sin ideales sería inconcebible el progreso. El culto del hombre práctico está limitado a las contingencias del presente”.