"There is only one difference between a bad economist and a good one: the bad economist confines himself to the visible effect; the good economist takes into account both the effect that can be seen and those effects that must be foreseen." Frederic Bastiat
The Sound Money Project
Essay Contest is designed to promote scholarship in monetary and macro-
economics. More specifically, it aims to encourage those working at the
cutting edge of the discipline to consider the monetary institutions
that would reduce nominal disturbances and promote economic growth.
Prompt: In
1971, President Richard Nixon ended convertibility, thereby eliminating
the last vestiges of the gold standard. The classical gold standard,
which prevailed from 1873 to 1914, had anchored inflation expectations,
enabled longterm contracting, and promoted international trade. This
historical experience has prompted several reconsiderations of
resumption over the years, including the Gold Commission in 1980, the
International Financial Institution Advisory Commission of 1998, and,
more recently, calls for a Centennial Monetary Commission. What are the
merits of returning to the gold standard? Is such a system feasible
today?
Prizes: First Prize $10,000 Second Prize $2,000 Third Prize $1,000
Winners will also be invited to participate in the Sound Money Project annual meeting in Great Barrington, Massachusetts.
Eligibility: The
contest is open to graduate students, post-graduates, untenured
professors, and tenured professors from any discipline. Former winners
and current AIER fellows are ineligible. Former entrants are eligible,
but must submit new essays.
Rules: Essays
must be the sole and original work of the entrant and not previously
published. They should be in the format of a scholarly article. Any
standard citation format (e.g., MLA, APA, Chicago, Harvard, etc.) is
acceptable. Essays may either be written specifically for the contest or
arise from previous work (e.g., term papers, dissertations, research
projects, etc.). Essays shorter than 4,000 words or longer than 12,000
words will not be considered. AIER-affiliated scholars are ineligible.
En nuestra época se reiteran diferentes manifestaciones del espíritu totalitario que consiste en imponer a otros conductas que no están en línea con los valores y principios a los que adhieren esos otros. Siempre se imponen alegando “el bien del prójimo”. Como bien ha consignado C. S. Lewis en God in the Dock, “De todas las tiranías una ejercida para el bien de las víctimas suele ser la más opresiva. Puede ser mejor vivir bajo ladrones que hacerlo bajo la moral omnipotente de los otros. Los ladrones a veces descansan pero aquellos que nos tormentan para nuestro bien lo hacen sin descanso.”
Estamos ahora con la avalancha del tema sexual en los colegios en el
desagradable contexto donde resulta que autoridades gubernamentales de la
educación imponen enseñanzas independientemente de lo que los padres desean
para sus hijos. Esto no solo va para
instituciones estatales sino para las
privadas con lo que en la práctica quedan privadas de toda independencia.
Este atropello constituye una insolencia inadmisible en la que se
pretende arrasar con las preferencias de los padres para dar prioridad
inexcusable a las consignas de los aparatos estatales. Y desde luego que esto
no es cuestión de legislaciones decididas por
mayorías circunstanciales. Tal como ha estampado la Corte Suprema de
Justicia estadounidense los “derechos fundamentales no pueden subordinarse al
voto, no dependen del resultado de ninguna elección” (319 US, 624, 639). La
misma línea argumental ya fue asentada en 1798 por Samuel Chase (uno de los
signatarios de la Declaración de la Independencia de Estados Unidos), que como
miembro de la Corte Suprema escribió (en Calder vs. Bull) que “Hay ciertos
principios vitales en nuestros gobiernos republicanos que determinan y
prevalecen sobre un evidente y flagrante abuso del poder legislativo […] Un
acto de la legislatura (ya que no puedo llamarla ley), contrario a los grandes
primeros principios no puede considerarse ejercicio legítimo de autoridad
legislativa”.
Estos valores han sido adoptados por los países civilizados, entre los
cuales se encuentra, por ejemplo, la Argentina, donde constitucionalistas como
Amancio Alcorta, Manuel Montes de Oca, José Manuel Estrada, Juan González Calderón
y Segundo Linares Quintana, entre otros, suscriben mojones y puntos de
referencias extramuros de la ley positiva.
Giovanni Sartori ha escrito en Teoría
de la democracia que “cuando la
democracia se asimila a la regla de la mayoría pura y simple, esa asimilación
convierte un sector del demos en no-demos. A la inversa, la democracia
concebida como el gobierno mayoritario limitado por los derechos de la minoría
se corresponde con todo el pueblo, es decir, con la suma total de la mayoría y
de la minoría”.
Y nada más importante que el derecho de los padres a cuidar y educar a
su prole a quienes los desorbitados del poder político consideran infradotados
para trasmitir valores y principios. En todo caso, si hubiera lesiones de
derechos cabe la posibilidad de la subrogación pero nunca forzar la abdicación
de la responsabilidad de los progenitores en pos de concepciones de quienes
ocupan cargos políticos que alegan la necesidad de prevenciones y medidas de
higiene en las relaciones sexuales como si fueran los únicos seres que se
percatan de ello cuando en realidad, además, lo que proponen constituyen
aberraciones de distinto tenor.
Antes me resumir esas aberraciones, dejamos sentado que el tema en
discusión que aquí tratamos no consiste en detenerse a considerar cuales son
las iniciativas de la burocracia que deben imponerse a colegios e institutos de
enseñanza privados. El asunto atañe a la libertad de las comisiones de padres
constituidos para la administración del propio colegio por lo que resulta una
insolencia y una impertinencia inadmisible que se pretendan imponer por la
fuerza criterios políticos.
Habrá padres que decidan explicarles ellos mismos a sus hijos temas que
consideren íntimos y otros preferirán delegar en maestros, pero en ningún caso
se les debe imponer lo que deben hacer.
Una vez aclarado este punto básico, decimos que lo que hoy se propone
imponer es un doble sinsentido. Por un lado, se pretende trasmitir que el sexo
es materia de elección y no de naturaleza. Que el sexo es una cuestión de construcción cultural y no biológica.
Parece innecesario recordar la obviedad que el hombre es hombre y la mujer,
mujer. Que los cromosomas que están en el núcleo de cada célula contiene
millones de genes con segmentos de ADN (acido desoxirribonucleico) que marcan
las características de cada uno en lo que respecta a la biología y que las
mujeres tienen dos cromosomas X y que los hombres portan un cromosoma X y uno
Y, lo cual está presente en toda la estructura anatómica incluyendo la ósea,
además de contar los dos sexos con distinta sinopsis en el cerebro, es decir, conexiones diferentes entre
células. Esto ocurre por más que la cirugía implante pechos, extirpe penes y se
inyecten hormonas de distinto calibre.
Es pertinente decir que desde
la perspectiva liberal, cualquier
procedimiento, conducta e inclinación debe ser respetada, no en el sentido de
compartida sino en el sentido de no aceptar la pretensión de torcer por la
fuerza una decisión, siempre y cuando no se vulneren derechos de terceros. Toda
manifestación con tufillo inquisitorial es erradicada en los espíritus libres. En esta dirección,
conviene insistir en la crítica de Mark Twain a la invasión de la privacidad con
la ironía que lo caracteriza en cuanto a que “Nada necesita una
reforma más urgente que los hábitos de otros”.
La segunda aberración que viene enancada a la imposición de
la llamada “educación sexual” es el denominado aborto sobre lo que ya nos hemos
pronunciado antes pero que muy apretadamente resumimos aquí nuestra posición.
Antiguamente no se establecía nexo causal entre el acto sexual y la
reproducción, pero hoy en día la microbiología muestra que desde el instante de
la fecundación hay un embrión humano. En el momento en que uno de los millones
de espermatozoides fecunda un óvulo da lugar al cigoto, una célula única,
distinta del padre y de la madre, que contiene la totalidad de la información
genética (como ya dijimos, ADN o ácido desoxirribonucleico). En el momento de
la fusión de los gametos masculino y femenino -que aportan respectivamente 23
cromosomas cada uno- se forma una nueva célula compuesta de 46 cromosomas que
contiene la totalidad de las características naturales del ser humano.
De Mendel a la fecha la genética ha avanzado mucho. Louis F. Lejeune,
el célebre profesor de genética en La Sorbonne, dice que «Aceptar el hecho
de que con la fecundación comienza la vida de un nuevo ser humano no es ya
materia opinable. La condición humana de un nuevo ser desde su concepción hasta
el final de sus días no es una afirmación metafísica; es una sencilla evidencia
experimental».
Se ha sostenido que la mujer es dueña de su cuerpo, lo cual es cierto
pero esto no significa que sea dueña del cuerpo de otro. Se ha dicho que en
caso de violación estaría justificado el aborto, sin embargo aquella acción
repugnante y cobarde no justifica que se cometa otro crimen aniquilando una
persona inocente. Se ha pretendido justificar el aborto manteniendo que el feto
«no es viable» por sus propios medios, pero esto también es cierto respecto
del bebe, del anciano o del inválido, de lo cual no se desprende que se los
pueda exterminar.
Un razonamiento similar puede aplicarse a los casos de supuestas
malformaciones, pero éste modo de ver las cosas conduciría a que se puedan
matar ciegos, sordos y deficientes mentales. Incluso se ha dicho que la
despenalización y más aun con la legalización del aborto se permitiría que, en
algunos casos, éstos se lleven a cabo de modo higiénico sin caer en manos de
curanderas que operan en las sombras, como si el problema radicara en la
metodología del crimen.
Una conocida anécdota ilustra la aberración de recurrir al aborto por
razones pecuniarias. Un ginecólogo -con la intención de poner en evidencia el
calibre de la propuesta- le preguntó a la mujer que le planteó el caso por qué,
en lugar de abortar, no mataba a otro de sus hijos, de quince años, ya que
ingería mayor cantidad de alimentos.
El caso extremo se plantea cuando el obstetra llega a la conclusión que
la situación requiere una intervención quirúrgica de tales características que
se debe elegir entre la vida de la madre o la del hijo, de lo contrario ambos
morirán. Frente a esta situación gravísima -nada frecuente en la medicina
moderna- el cirujano actúa para salvar a uno de los dos. Es decir, salva a uno
de los dos y como una consecuencia no querida muere el otro, lo cual es
sustancialmente distinto a matar una persona. Si el padre de dos criaturas que
se están ahogando en el mar, estima que sólo tiene tiempo para salvar a una y
procede en consecuencia, de ningún modo puede decirse que mató a la otra.
La impresionante producción cinematográfica The Silent Scream muestra en detalle las reacciones de un feto en
un aborto practicado durante el segundo mes del embarazo: desde la aceleración
de su ritmo cardíaco frente al peligro que advierte, hasta su desesperada e
infructuosa lucha por salvar la vida.
Julián Marías dice que el aborto es el crimen más cobarde de cuantos se
conocen, por eso lo denomina «el síndrome Polonio» para recordar la
espada a través de la cortina en el drama shakespeareano.
En rigor, como he sostenido en otras oportunidades, no se trata de
«aborto» ya que ésta palabra tiene la connotación de algo que iba a
ser y no fue: así se dice, por ejemplo, que se abortó una revolución. Más bien se
trata de homicidio en el seno materno. Resulta llamativo que se declame sobre
derechos y valores éticos, cuando simultáneamente se permite el aniquilamiento
de seres humanos indefensos. En éste debate se introduce de contrabando la
magia más primitiva al sostener que cinco minutos después del nacimiento
estamos frente a un ser humano pero no cinco minutos antes.
La secuencia cigoto-embrión-mórula-blastocito-feto-bebe-niño-adolescente-adulto-anciano
no cambia la naturaleza del ser humano. La implantación en la pared uterina
(anidación) no implica un cambio en la especie lo cual, como señala Ángel S.
Ruiz en su libro Instrumentación genética,
«no añade nada a la programación» de esa persona y dice que sostener
que recién ahí comienza la vida humana constituye «una arbitrariedad
incompatible con los conocimientos elementales de neurobiología». La
fecundación extracorpórea y el embarazo extrauterino subrayan este aserto.
Desde la fecundación estamos frente a un ser humano en acto, desde
luego en potencia de desarrollar muchas cosas, del mismo modo que el adulto
está en potencia de desarrollar sus potencialidades. El embrión no ha
desarrollado aún la corteza cerebral, el sistema nervioso, ni uñas, ni canas,
ni muchas otras cosas, de lo cual no se desprende que se trate de un mineral o
un vegetal como en la práctica insinúa la magia más rudimentaria.
En otros términos, lo que pretende poner de relieve esta nota
periodística es que debe rechazarse con todo el vigor necesario la pretensión de que los aparatos estatales
conviertan en rehenes a los hijos de otros y que se destruyan vidas de
inocentes. En otros casos vinculados a la economía y a los marcos
institucionales señalamos la ineptitud, el desvío y la irresponsabilidad, pero
en los dos casos sobre los que aquí dejamos constancia debemos exclamar con
énfasis ¡que vergüenza!
Juan Carlos De Pablo me recomendó leer este ensayo del nuevo Premio Nobel en Economía, Paul Romer. Aquí lo tienen por si es de interés. Pero busque en google la versión en español para compartir aquí, y encontré una buena síntesis. Imagino que habrá interés por conocer un poco más de este polémico economista.
–Desde hace más de tres décadas, la macroeconomía está yendo marcha atrás. Su actual tratamiento no es más creíble que el que existía en la década de los setenta, aunque nadie lo pone en duda porque es más opaco. Los teóricos de la macroeconomía rechazan hechos probados fingiendo una ignorancia obtusa sobre afirmaciones tan simples como «las políticas monetarias estrictas pueden provocar una recesión». Sus modelos atribuyen las fluctuaciones de los valores a fuerzas causales imaginarias sobre las que no influye la acción de ninguna persona.
–Lee Smolin comienza Las dudas de la física en el siglo XXI señalando que su carrera abarcó el último cuarto de siglo en la historia de la física, periodo en el que este campo no realizó ningún progreso en cuanto a la resolución de sus problemas fundamentales. El problema de la macroeconomía es todavía peor, puesto que yo he sido testigo de más de tres décadas de regresión intelectual.
–Los modelos macroeconómicos actuales emplean hipótesis increíbles para llegar a conclusiones desconcertantes.
–Los macroeconomistas se acomodaron a la idea de que las fluctuaciones de los agregados económicos estaban causadas por una conmoción imaginaria, en lugar de por acciones de las personas.
–Si alguien se hubiera tomado los fundamentos en serio nos habríamos evitado las teorizaciones perezosas. Supongamos que un economista cree que un atasco de tráfico es una metáfora de las fluctuaciones económicas o una causa literal de esas fluctuaciones. Evidentemente, lo que habría que hacer después sería reconocer que los conductores toman decisiones sobre cuándo y cómo conducir, y que de la interacción de estas decisiones emergerían fluctuaciones aparentemente aleatorias en el agregado del tráfico. Esta sería una manera razonable de considerar una fluctuación, pero lo que resulta absolutamente contradictorio es suponer que existen conmociones imaginarias de tráfico que no están provocadas por nadie. Como respuesta a esta reflexión. que afirma que las conmociones son imaginarias, la defensa estándar evoca la afirmación metodológica de Milton Friedman (1953) extraída de una fuente anónima que dice: «Cuanto más importante es la teoría, más irreales son sus supuestos». Más recientemente parece que «todos los modelos son falsos» se ha convertido en la frase universal para desestimar cualquier factor que no se ajuste al modelo favorito del momento.
–Existen paralelismos sorprendentes entre las características de la teoría de cuerdas establecida en la física de partículas, yla macroeconomía. Reproduciré aquí una lista que Smolin presenta con siete características distintivas de los teóricos de las cuerdas: 1) Una enorme confianza en sí mismos; 2) Una comunidad extraordinariamente monolítica; 3) Un sentido de identificación con el grupo similar a la identificación con una fe religiosa o una plataforma política; 4) Un sentido muy marcado de la frontera entre el grupo y otros expertos; 5) Una falta de interés y hacer caso omiso de las ideas, opiniones y trabajo de los expertos que no forman parte del grupo; 6) Una tendencia a interpretar las pruebas de manera optimista, de creer afirmaciones exageradas o incompletas sobre resultados, y desestimar la posibilidad de que la teoría sea errónea; 7) Una falta de comprensión sobre el grado en que un programa de investigación debe incluir el riesgo.
La conjetura que sugiere este paralelismo es que los avances que se producen tanto en la teoría de cuerdas como en la macroeconomía ilustran un fallo general de un campo científico que depende de la teoría matemática. Las condiciones para el fallo se dan cuando unos pocos investigadores con talento consiguen ser respetados por sus legítimas contribuciones para elaborar modelos matemáticos de vanguardia. La admiración se convierte en deferencia hacia esos líderes y la deferencia causa que otras personas remen en la misma dirección que recomiendan los líderes. La conformidad con los hechos ya no es necesaria como elemento coordinador porque la supervisión de una autoridad puede coordinar los esfuerzos de muchos investigadores. Como resultado, si los hechos se disocian de la visión teórica sancionada oficialmente, se subordinan a ella. Y antes o después las pruebas dejan de ser relevantes. El progreso en este campo se juzga por la pureza de las teorías matemáticas que las autoridades aprueban.
–En la distribución de opiniones sobre el estado de la macroeconomía, la evaluación que hago de su regresión hacia la pseudociencia se sitúa en el extremo inferior. Una pregunta natural es por qué hay tan pocas voces que afirman lo mismo que yo, y si mi observación es tan extraña que no merece ser tenida en cuenta.
–Parece razonable asumir que todos los economistas tienen las mismas preferencias: a todos nos gusta hacer bien nuestro trabajo. Hacer bien nuestro trabajo significa discrepar abiertamente cuando alguien afirma algo que parece incorrecto. Cuando la persona que afirma algo que parece incorrecto es el líder reverenciado de un grupo con las características de la lista de Smolin, se paga un precio por discrepar abiertamente. Este precio es menor para mí porque ya no soy un académico sino un practicante, y con esto quiero decir que pretendo que el conocimiento de utilidad sirva para algo. Me importa muy poco si vuelvo a publicar en las prestigiosas revistas económicas o si me rinden homenajes profesionales, porque ninguno me ayudará a conseguir mis objetivos profesionales. Por eso, las típicas amenazas que hacen los miembros de un grupo con las características de Smolin no son pertinentes en mi caso.
–Algunos economistas que están de acuerdo conmigo con el estado de la macroeconomía, en conversaciones privadas, nunca lo admitirán en público. Aun así, algunos de ellos quieren disuadirme de discrepar abiertamente y esto requiere otra explicación. Puede que piensen que también ellos pagarán el precio si tienen que ser testigos de la desagradable reacción que las críticas a un líder reverenciado pueden provocar. No hay duda de que las emociones están a flor de piel. Algunos economistas amigos míos parecen haber asimilado una norma propuesta de manera activa por los macroeconomistas posrealistas (que criticar abiertamente a una autoridad reverenciada es una gravísima violación de un cierto código de honor), y que ni los hechos son falsos, ni las predicciones son incorrectas, ni los modelos que no tienen sentido son lo suficientemente importantes como para preocuparse. Una norma que sitúa la autoridad por encima de la crítica ayuda a que las personas cooperen como miembros de un campo de fe que persigue objetivos políticos, morales o religiosos.
–La ciencia, y todos los demás campos de investigación surgidos de la Ilustración, sobreviven gracias a que «ponemos el indicador a cero» cuando se trata de estos sentidos morales innatos. Sus miembros están convencidos de que nada es sagrado y que siempre se debe cuestionar la autoridad. En este sentido, Voltaire es más importante para la fundación intelectual de los campos de investigación durante la Ilustración que Descartes o Newton. Al rechazar cualquier dependencia de la autoridad central, los miembros de un campo de investigación sólo pueden coordinar sus esfuerzos independientes si mantienen un compromiso inquebrantable por continuar buscando la verdad, definida de manera imperfecta como el consenso aproximado que surge de la evaluación independiente de los hechos y la lógica difundidos públicamente; evaluaciones que realizan personas que honran las discrepancias bien elaboradas, que aceptan su propia falibilidad y que aprovechan cualquier oportunidad de subvertir toda reivindicación de autoridad, por no decir toda reivindicación de infalibilidad. Incluso cuando funciona bien, la ciencia no es perfecta. Nada que tenga que ver con las personas puede serlo. Los científicos se comprometen a buscar la verdad incluso cuando son conscientes de que la verdad absoluta nunca será revelada. Lo único a lo que pueden aspirar es a llegar a un consenso que establezca la verdad de una afirmación de la misma manera aproximada en que el mercado establece el valor de una empresa.
–El problema no es tanto que los macroeconomistas digan cosas que son inconsistentes con los hechos. El problema de verdad es que a otros economistas les dé igual que a los macroeconomistas los hechos les den igual. Una tolerancia indiferente hacia el error evidente es algo todavía más destructivo para la ciencia que consagrarse a hacer apología del error. Es triste reconocer que los economistas que hicieron contribuciones tan importantes al inicio de sus carreras siguieron una trayectoria que los alejó de la ciencia.
–La ciencia y el espíritu de ilustración son los logros humanos más importantes. Son más importantes que cualquiera de nuestros sentimientos. Puede que no compartan mi compromiso con la ciencia: ¿les gustaría que a su hijo lo tratara un médico que favoreciera a un amigo partidario de las antivacunas y a su otro amigo homeópata, antes que a la ciencia médica? Si no es así, ¿por qué debería esperar que la gente que busca respuestas siga prestando atención a los economistas cuando se den cuenta de que estamos más preocupados por nuestros amigos que por los hechos?
–Parece que mucha gente admira lo que dijo M. E. Foster sobre que sus amigos eran más importantes para él que su país. En mi opinión, habría sido más admirable si hubiera dicho: «Si tengo que elegir entre traicionar a la ciencia y traicionar a un amigo, espero tener el valor suficiente de traicionar a mi amigo».
A esta altura se hace necesario insistir en que todo derecho tiene como contrapartida una obligación. Si una persona obtiene en el mercado un salario de cien, como contrapartida hay la obligación universal de respetar esos cien. Pero si la persona en cuestión demanda trescientos cuando obtiene cien en el mercado y el gobierno otorgara esa diferencia quiere decir que otros estarían compelidos a pagar los doscientos adicionales lo cual se traduce en la lesión al derecho de esos otros, se trata de pseudoderechos puesto que no pueden otorgarse sin destruir el derecho de terceros.
Desafortunadamente vivimos la era de los pseudoderechos: derecho al
crédito barato, derecho a alquileres reducidos, derecho a la alimentación
adecuada, derecho a mantener buena salud, derecho a la educación, derecho a un
salario atractivo, derechos, derechos y derechos que no son tales sino, como
queda expresado, pseudoderechos que atentan abiertamente contra los marcos
institucionales que establecen el respeto recíproco y que al deteriorase
repercuten negativamente sobre los salarios, especialmente sobre los de los más
necesitados como veremos más abajo. Y el colmo de la torpeza es cuando los
gobernantes dicen que “el Estado se hará cargo” de tal o cual erogación, como
si los burócratas se hicieran cargo con sus patrimonios personales en lugar de
precisar que son los vecinos los que siempre financian a la fuerza a través de
impuestos, deuda, inflación o una combinación de los tres canales.
El palmario desconocimiento del significado del derecho comienza en las
aulas de muchas facultades de derecho donde no se forman abogados, léase
defensores del derecho, sino que egresan estudiantes de legislaciones que
pueden recitar de memoria los respectivos artículos, incisos y párrafos pero no
tienen la menor idea de los mojones o puntos de referencia extramuros de la ley
positiva.
Los derechos individuales son anteriores y superiores a la existencia de
los gobiernos y proceden de las propiedades y características de la condición
humana que requieren de facultades para usar y disponer de lo propio para poder
seguir sus proyectos personales de vida. Igual que las rosas y las piedras, el
ser humano cuenta con propiedades y características que definen su especie.
Nadie debe ser utilizado como medio para los fines de otros, puesto que el ser
humano es un fin en si mismo. Los “balances sociales” con la intención de
establecer peculiares utilitarismos son del todo improcedentes y conducen las
mayores arbitrariedades como cuando se pretenden sopesar ventajas de mayorías
circunstanciales frente a minorías indefensas. Los pseudoderechos son a todas
luces contrarios al derecho.
Vivimos la era en la que se declama la defensa de los más necesitados
pero simultáneamente se los afecta severamente con medidas altamente
contraproducentes. Esto es así principal aunque no exclusivamente a través de
las mal denominadas “conquistas sociales” que paradójicamente arruinan a los
más vulnerables.
Para comprender esta conclusión es menester aludir a la causa por la
cual se elevan salarios e ingresos en términos reales. Se trata de lo que
genéricamente se denomina tasas de capitalización que equivale a la inversión per capita, es decir instrumentos, maquinarias,
equipos, instalaciones y conocimientos relevantes que hacen de apoyo logístico
al trabajo para aumentar rendimientos. A su vez, las inversiones provienen de
ahorro interno y externo al país en cuestión, lo cual se maximiza en la medida
en que se cuenten con marcos institucionales civilizados, en otros términos, el
respeto a los derechos de propiedad de cada cual comenzando por la propia vida,
la expresión del pensamiento y el uso y disposición de lo adquirido
legítimamente.
En este contexto se hace necesario apuntar acerca del peligro del mal
uso del significado del término “inversión”. Este concepto se refiere a la
estimación individual respecto a recursos propios en cuyo contexto el sujeto en
cuestión valora en más rendimientos futuros respecto a los presentes y, por
tanto, opta por abstenerse de consumir para ahorrar y siempre el destino del
ahorro es la inversión (son dos caras de la misma moneda). Es del todo
inapropiado aludir a “la inversión” cuando los aparatos estatales se apoderan
del fruto del trabajo ajeno, en ese caso se trata de gasto que puede ser
corriente o destinado a activos fijos pero en ningún caso tiene sentido
pretender que se trata de una inversión por los motivos antes señalados. Si un
fulano le arranca la billetera a otro, carece por completo de sentido decirle
que se lo “invertirá” por más que ese fulano forme parte del aparato estatal o
sea un privado, en el primero caso podrá justificarse o no el gasto pero en
ningún caso se trata de un proceso de inversión. En el lenguaje cotidiano hay un uso y abuso del
concepto de marras.
Hoy está de moda criticar acérrimamente a tal o cual dirigente sindical
por sus conductas aberrantes pero se deja en pie la legislación que hace
posible contar con sindicatos ilegítimos en lugar de asociaciones libres y
voluntarias y se mantiene en pie la figura de los “agentes de retención” que
echan mano al fruto del trabajo de empleados para que no puedan usar sus
pertenencias.
Una vez hechas estas aclaraciones queda claro que los salarios bolivianos
resultan más bajos que los canadienses, no porque en el primer caso los
empresarios son perversos y los segundos más generosos, se trata de tasas de
capitalización distintas y eso hace toda la diferencia, lo cual no significa
que las posiciones relativas sean irrevocables. Hay países que han tenido altas
tasas de capitalilzación que luego han despilfarrado con lo que sus niveles de
salarios han disminuido. Como queda dicho, todo depende de la calidad de los
marcos institucionales imperantes.
En medios alemanes y estadounidenses prácticamente no existe servicio
doméstico en los respectivos hogares. No es porque las amas de casa no requieran ayuda, es que las tasas de
capitalización son de tal magnitud que no permiten contar con ese servicio pues
deberían competir con salarios elevados en medios empresarios y equivalentes,
situación que se torna imposible.
Es típico que en países de muy bajas tasas de capitalización, se lleven
a cabo faenas como que a determinado sujeto lo abanican a la hora de la siesta cuatro
personas, pero si esa misma persona se trasladara a una ciudad donde primen
altas tasas de capitalización deberá abandonar de inmediato su costumbre pues
los salarios para esa actividad resultan imposibles de afrontar.
Se ha mantenido erróneamente que los gobiernos deben regular contratos
laborales puesto que “la desigualdad en el poder de contratación” pone de
manifiesto que no resulta posible permitir que un millonario contrate con una
persona que no tiene para llegar a fin de mes, a fin de la semana o a fin del
día. Este análisis adolece del grave defecto que no toma en consideración que
resulta a todas luces irrelevante lo abultado o lo débil de las respectivas
cuentas corrientes o de los patrimonios netos de quienes contratan. Lo
relevante, lo decisivo son las tasas de capitalización que obligan a pagar los
salarios de mercado. Si un millonario llega a un pueblo y averigua cuanto
cuesta pintar su casa pero sostiene que como cuenta con un abultado patrimonio
pagará la mitad, por definición no pintará su casa. No es atingente si la
persona en cuestión es muy rica o si está quebrada, el salario para pintar su casa es el que
marca la tasa de capitalización.
También debe tenerse en cuenta que si a igual trabajo un empresario
decide pagar más de lo que marca las tasas de capitalización, por un lado
tendrá mayor oferta de trabajo de la que necesita y por otro procederá a
derrochar sus recursos con lo que de
persistir en esta línea tendrá contados sus días como empresario.
Es necesario señalar que allí donde las contrataciones laborales son
libres no habrá desempleo, es decir, sobrante de aquél factor esencial para
prestar servicios y para producir bienes. Esta situación para el trabajador
normal (no para el que, por ejemplo, se encuentra en estado vegetativo o
padezca deficiencias de tal naturaleza que no le permiten hacer nada) ocurre
independientemente de la pobreza más extrema o la riqueza más exuberante en que
se encuentre el medio en cuestión. En el primer caso los salarios serán
reducidos y elevados en el segundo por en ningún caso habrá sobrantes de ese
recurso humano esencial.
En realidad se observa desempleo en diversos países porque los arreglos
contractuales no son libres. Al contrario, aparecen las mal denominadas
“conquistas sociales” que indefectiblemente provocan desocupación puesto esto
sucede cuando por decreto se colocan los salarios monetarios o no monetarios
por encima de lo que permiten las tasas de capitalización. Y esto no debe verse
solo en cuanto a los trabajadores marginales, si por ley se colocan salarios
superiores a los que obtienen gerentes de finanzas, de personal o gerentes
generales, ellos quedarán desempleados.
Habitualmente aquellas mal llamadas conquistas sociales se decretan con
la mejor buena voluntad con la idea de proteger a los más necesitados, pues es
de gran importancia percatarse que los perjudican grandemente. Así, por
ejemplo, el salario mínimo, por definición superior al de mercado, barre con
los que más necesitan trabajar. También hay “conquistas” que constituyen
insultos a la inteligencia como el caso argentino del aguinaldo, esto es, el
mes trece, sin percibir que inexorablemente se están pagando menos durante los
doce meses del año para poder hacer frente al treceavo mes. En realidad sería interesante poder decretar que
el año tiene cuarenta meses pero eso no es posible y así con en resto de las
tristemente célebres conquistas sociales.
De más está decir que el salario que establecen las tasas de
capitalización no aparecen dibujadas en el cielo, hay que averiguarlo. De todos
modos, pruébese contratar una secretaria por la mitad del salario de mercado y
seguramente durará hasta la hora del almuerzo del primero día laborable pues se
informará inmediatamente que está subvaluada.
Esto que estamos comentando va muy especialmente dirigido al fenómeno de
robotización en curso que permite liberar recursos humanos y materiales para
destinarlos a cubrir otras necesidades imposibles de contemplar hasta el
momento debido a que esos recursos estaban esterilizados en las áreas
anteriores. Como es sabido los recursos son limitados frente a necesidades
ilimitadas. Si estuviéramos en Jauja y hubiera de todo para todos todo el
tiempo desaparecería el problema del trabajo. El empresario para lograr nuevos
arbitrajes está incentivado a capacitar personal en las nuevas actividades.
Salvando las distancias, es lo mismo que ocurrió con el hombre de la barra de
hielo antes de los refrigeradores, o el fogonero antes de las locomotoras
Diesel.
Los sindicatos como asociaciones libres y voluntarias juegan un rol
apreciado por los afiliados lo cual implica la figura de la personería jurídica
pero de ningún modo la figura fascista de la personería gremial que bloquea la
libertad contractual. Del mismo modo, la huelga debe ser entendida como el
derecho a no trabajar, lo cual se opone abiertamente a la intimidación y la
violencia que dada tiene que ver con ese derecho.
Cuando comprendamos que el bienestar no depende de magias ni de decretos
voluntaristas, recién entonces estaremos en condiciones de abrir las puertas al
progreso, muy especialmente para los más necesitados. Tal como explica entre
mucho otros Bruno Leoni, cuando comprendamos que el derecho no es fruto de la
ingeniería social sino fruto de un proceso de descubrimiento, recién entonces
comprenderemos el valor de marcos institucionales que garantizan el respeto
recíproco. Recién entonces estaremos en condiciones de comprender el peligro
del pseudoderecho.
Edmund Burke escribe que “el disfrute seguro de los derechos
naturales es el propósito último y más grande de la sociedad civil y por tanto
toda forma de gobierno es solo buena si es consistente con ese propósito al que
está enteramente subordinado”, noción que tomaron los Padres Fundadores
estadounidenses, en especial Madison y Jefferson y entre los argentinos Juan
Bautista Alberdi, muy especialmente en su Fragmento
preliminar al estudio del derecho. Todo el problema comienza cuando se
acepta lo que con razón ha criticado Mark Twain en cuanto a la invasión a la
privacidad: “Nada necesita una reforma más urgente que los hábitos de otros”.
The Mont Pelerin Society is increasing its efforts to involve younger
members in the society and to recruit new young guests who have the
potential to become members in the future. As part of that effort, the
society is organizing sessions at the 2019 regional meeting in Fort
Worth for scholars age 40 or younger. Scholars selected for inclusion in
this program will have their registration fee reduced and be eligible
for limited travel support.
We will consider submissions on all topics related to issues of interest to the society’s aims (https://www.montpelerin.org/montpelerin/mpsGoals.html)
but are particularly interested in papers that address contentious
issues where classical liberals often disagree. Plenary topics include:
monetary policy, immigration, the optimal size of government, policing,
foreign policy, welfare policy, regulating sexual behavior and
discrimination, and religion. Scholarly papers addressing these topics
are especially encouraged to apply.
What’s the biggest and most dangerous financial bubble? Sovereign debt issued by profligate governments. And unlike stocks or corporate debt, government bond bubbles harm millions of ordinary people when they burst.
Economist Daniel Lacalle joins Jeff Deist to figure out the bizarro world of the bond bubble: negative interest rates, anemic rate spreads between government bonds and «high yield» bonds, and central banks as the unseemly buyers of last resort. They discuss the Fed’s interest rate hikes, Jerome Powell’s focus on data, the US housing market, and why all of us have a stake in seeing central bank balance sheets shrink.
Resumen: El presente artículo propone estudiar la evolución técnica y el desarrollo económico-social en el pensamiento del economista Wilhelm Röpke (1898-1966). Para ello se exponen los fundamentos del orden social y la dimensión cualitativa de la tecnología como racionalización y masificación según el autor. La primera parte del trabajo explica la relación entre moralidad, integración social y mercado. Se parte exponiendo la postura teórica de Röpke en su relación con el humanismo y con la concepción ética del hombre. Luego se expone la conexión entre moralidad e integración social, desarrollándola mediante el criterio de “meta-estabilidad” de una sociedad que organiza su sistema económico a través de la institución del mercado. En la segunda parte se discute el problema de la innovación tecnológica, relacionándolo con la mencionada meta- estabilidad de la sociedad.
Abstract: The present article proposes to study the connection between the division of labor, technological change and economic-social development in the thought of the economist Wilhelm Röpke (1898-1966). For this purpose, the fundamentals of the social order and the qualitative dimension of technology as rationalization and massification according to the author are exposed. The first part of the paper explains the relationship between morality, social integration and the market. It begins with the review of Röpke’s theoretical position in relation to humanism and the ethical conception of man. Then we elaborate the connection between morality and social integration, developing it through the criterion of «meta- stability» of a society that organizes its economic system through the institution of the market. The second part discusses the problem of technological innovation, relating it to the aforementioned meta-stability of society.
Acceda aquí al documento completo en la revista RIIM, No. 66 (octubre de 2017), ESEADE.
La cobertura por parte del FMI respecto a problemas
que surgieron como consecuencia de la demora en adoptar medidas necesarias y
urgentes por parte de la actual administración, brinda una oportunidad para
meditar sobre el futuro de la economía de nuestro país aunque por el momento se
pretenda paliar parte de lo que viene ocurriendo con tasas de interés
explosivas.
En primer lugar subrayamos que tal como han señalado
numerosos autores de la tradición de pensamiento liberal, el Fondo Monetario
Internacional es una entidad financiada coactivamente con los recursos
detraídos de los contribuyentes al efecto de brindar apoyo a gobiernos fallidos
debido a políticas estatistas. Y cuando los gobernantes del caso están en plena
crisis y a punto de verse obligados a rectificar sus conductas inapropiadas,
irrumpe el FMI con carradas de dólares con préstamos a tasas de interés
inferiores a las que corresponden al mercado y con períodos de gracias y
eventualmente weavers lo cual en
definitiva permite continuar con políticas desacertadas.
Estos han sido
los casos de Tanzania, Zaire, Sri Lanka, Nigeria, Mozambique, Indonesia, Rusia,
Turquía, Haití, Bolivia, México, Rumania, Egipto y en repetidas ocasiones de
Argentina. Es por ello que, por ejemplo, el premio Nobel en economía James M. Buchanan junto a Anna
Schwartz han sugerido la inmediata liquidación del FMI, una entidad que estiman
sumamente contraproducente.
Es por eso que economistas de la talla de Doug Bandow
y Ronald Vauvel destacan que esa organización internacional es responsable de
fomentar la pobreza, en muy documentados ensayos que llevan respectivamente los
sugestivos títulos “The IMF: A Record of Addiction and Failure” y “The Moral
Hazard of IMF Lending”.
De todos modos en nuestro caso se trata de un hecho
consumado por lo que, como queda
dicho, dada la situación intentemos
sacar partida del tiempo disponible para apuntar en una dirección que nos
vuelva a colocar en las posiciones relevantes antes de que hicieran estragos
los populismo vernáculos. Para este ejercicio sugiero no nos concentremos en
los obstáculos para adoptar medidas de fondo -en muchos casos pretextos para la
inacción- sino en su conveniencia puesto que elaborar sobre las vallas es un
modo de obviar el debate. Por el contrario, es indispensable dar la discusión
en primer término para luego esforzarnos en difundir la idea en dirección a su
aplicación cuando le llegue el turno, pero nunca le llegará el turno si no
enfrentamos el debate.
La banca central puede operar solo en una de tres
direcciones: expandir, contraer o dejar inalterada la base monetaria. En
cualquiera de estos caminos inexorablemente deteriorará los precios relativos,
es decir, los únicos indicadores que tiene la economía para asignar los siempre
escasos recursos, con lo que el consecuente derroche reduce salarios e ingresos
en términos reales. No hay forma de salir del mencionado atolladero y si
suponemos que los banqueros centrales tuvieran la bola de cristal y supieran
que es lo que la gente prefiere en cuanto a oferta monetaria, no tendría
tampoco sentido su existencia puesto que harían lo mismo que la gente reclama
en cuanto a activos monetarios y no tendría sentido superponer decisiones con
el consiguiente engrosamiento de gastos. Para saber que es lo que la gente
demanda hay que dejarla que opere.
Resulta vital
que la gente pueda elegir los instrumentos financieros con los que lleva a cabo
todos sus contratos para lo cual, un
primer paso consiste en abrogar el curso forzoso de la moneda local y si,
además, se elimina el sistema bancario de reserva fraccional, la situación
mejoraría grandemente al dejar sin efecto la producción secundaria de dinero.
No es pertinente ser arrastrados por declamaciones
nacionalistas en cuanto a machacar con la idea de la denominada soberanía
monetaria que no solo contiene una trampa letal para mantener presos a los
ciudadanos a través de la apropiación del fruto del trabajo ajeno, sino que
deja de lado que, en última instancia, la soberanía radica en las autonomías
individuales y no en un trozo de papel con o sin respaldo.
Por su parte el tipo de cambio es un precio como cualquier
otro y debe responder a las valorizaciones cruzadas de las partes contratantes
y no decretar la flotación como si fuera una gracia que otorgan los aparatos
estatales (dicho se de paso, generalmente flotación sucia).
Y resulta tragicómico cuando burócratas la emprenden
contra la especulación sin percatarse que no hay acción humana que no sea
especulativa, esto es, que tenga como
horizonte atender el interés personal del sujeto actuante cualquiera sea la
naturaleza de los actos que se lleven a cabo. En el fondo se trata de una
tautología puesto que no es concebible un acto que no esté en interés de quien
lo ejecuta, con lo que se abre paso la especulación en el sentido de apuntar
siempre a una situación más favorable que la anterior al acto desde el punto de
vista de quien lo realiza.
En este contexto me parece de una importancia decisiva
mostrar que estrictamente no hay tal cosa políticas monetarias y cambiarias
adecuadas. Conviene reiterar lo que han escrito los premios Nobel en economía
Friedrich Hayek y Milton Friedman.
El primero ha consignado que “Hemos tardado doscientos
años en darnos cuenta del bochorno de unir a la religión con el poder político,
es de desear que no demoremos otro tanto en darnos cuenta que la unión del
dinero con el poder político es solo para succionar el fruto del trabajo ajeno”
y el segundo escribió que “El dinero es
un asunto demasiado importante como para dejarlo en manos de banqueros
centrales”.
El paréntesis
en el que entramos en esta etapa por las razones apuntadas, además de que es
hora de comenzar la campaña para desmitificar aquello de “la autoridad
monetaria” (ninguna banca central de la historia ha preservado el poder
adquisitivo de la unidad monetaria), también nos permite sopesar la necesidad
de liberar recursos esterilizados en actividades gubernamentales incompatibles
con un sistema republicano, lo cual es otra manera de aludir a la necesidad de
cortar el elefantiásico gasto público.
Sin duda que esta medida conlleva costos pero el
engrosamiento de los bolsillos de los recipiendarios permite reasignar factores
productivos con lo que los salarios se elevan puesto que las tasas de
capitalización constituyen la única causa de enriquecimiento. Los beneficios
sociales netos de eliminar el despilfarro son infinitamente mayores que los
costos, por lo que no es cuestión de pontificar acerca de la enfermedad y
negarse a aceptar los medicamentos.
La eliminación de funciones (y no simplemente podas y
enroques circunstanciales de funcionarios) permitirán encarar reformas
sustanciales en la insoportable presión tributaria y el colosal endeudamiento
público.
Necesitamos subir la vara de la excelencia y dejar de
lado el espíritu conservador en el peor sentido de la expresión, dejar de lado
lo que el antes citado Friedman ha condenado una y otra vez: la tiranía del statu quo y usar la imaginación para
salir del letargo en el que nos encontramos sumidos desde hace siete largas
décadas. Todos tenemos que contribuir en esta batalla cultural al efecto de
correr la agenda hacia temarios de una sociedad abierta, lo cual resulta
trascendental para nuestro futuro.
Miembro del Comité Científico de Procesos de Mercado, Revista Europea de Economía Política (Madrid).
Publicado originalmente en la edición impresa de La Nación, martes 9 de octubre de 2018.
La preocupación por la crisis económica argentina cada vez es mayor. Cambiemos intenta realizar esfuerzos para no seguir con políticas gradualistas, pero sigue ajustando en el único sector productivo del país. La falta de valentía de Mauricio Macri debilita su figura presidenciable por dar marcha atrás con medidas de ajuste que no generan contento social y los números están cada vez más en rojo.
Esto se refleja en los indicadores internacionales, los que nos han posicionado como segundos a nivel internacional en recesión según el ranking de las perspectivas de la economía mundial del Fondo Monetario Internacional, y quinta en el mundo (segunda en Latinoamérica) en la tabla de inflación. Como si fuera poco, y como consecuencia de las políticas aplicadas en materia económica, el FMI confirmó recesión (2,6 para este año y 1,6 para 2019).