Diploma en ECONOMÍA AUSTRÍACA en ESEADE – Desde el 13/9 al 25/11

El propósito de este diploma es conocer, examinar y entender la metodología, teoría y principios de la Escuela Austriaca de Economía.

Los sucesivos seminarios brindan un marco histórico para situar el desarrollo de la Escuela Austriaca y sus personajes en la evolución de la ciencia económica, presenta los fundamentos filosóficos y metodológicos, desarrolla la teoría micro y macroeconómica y aborda su tratamiento de temas económicos centrales.

Paralelamente, se propone cultivar habilidad interpretativa y analítica desde su perspectiva, incluyendo comparaciones con otros enfoques alternativos, y repasando los debates centrales en los que formó parte, además de analizar diversos casos de políticas públicas.

Destinado a: todos aquellos interesados en conocer esta tradición de pensamientos e ideas.

Curso de Extensión Universitaria.

Aquí más información sobre el plan de estudios, el cuerpo docente, y un formulario para consultas o inscripción.

Capitalismo y socialismo: Entrevista a Friedrich August von Hayek

Carlos Rangel entrevistó a Friedrich August von Hayek el 17 de mayo de 1981 acerca del capitalismo y el socialismo en Caracas, Venezuela. Esta entrevista fue publicada originalmente en junio del mismo año en el diario El Universal de Venezuela.

Aquí puede descargar esta entrevista en formato PDF.


Carlos Rangel: Gran parte de su labor intelectual ha consistido en una comparación crítica entre el capitalismo y el socialismo, entre el sistema basado en la propiedad privada y la economía de mercado, y el sistema basado en la estatización de los medios de producción y la planificación central. Como es bien sabido, usted ha sostenido que el primero de estos sistemas es abrumadoramente superior al segundo. ¿En qué basa usted esa posición?

Friedrich August von Hayek: Yo iría más lejos que la afirmación de una superioridad del capitalismo sobre el socialismo. Si el sistema socialista llegare a generalizarse, se descubriera que ya no sería posible dar ni una mínima subsistencia a la actual población del mundo y mucho menos a una población aun más numerosa. La productividad que distingue al sistema capitalista se debe a su capacidad de adaptación a una infinidad de variables impredecibles, y a su empleo, por vías automáticas, de un enorme volumen de información extremadamente dispersa entre millones y millones de personas (toda la sociedad), información que por lo mismo jamás estará a la disposición de planificadores. En el sistema de economía libre, esa información puede decirse que ingresa de forma continua a una especie de supercomputadora: el mercado, que allí es procesada de una manera no sólo abrumadoramente superior, como usted expresó, sino de una manera realmente incomparable con la torpeza primaria de cualquier sistema de planificación.

CR: Últimamente se ha puesto de moda entre los socialistas admitir que la abolición de la propiedad privada y de la economía de mercado en aquellos países que han adoptado el socialismo, no ha producido los resultados esperados por la teoría. Pero persisten en sostener que algún día, en alguna parte, habrá un socialismo exitoso. Exitoso políticamente, puesto que no sólo no totalitario sino generador de mayores libertades que el capitalismo; y exitoso económicamente. ¿Qué dice usted de esa hipótesis?

FAvH: Yo no tengo reprobación moral contra el socialismo. Me he limitado a señalar que los socialistas están equivocados en su manejo de la realidad. Si se tratara de contrastar juicios de valor, un punto de vista divergente al de uno sería por principio respetable. Pero no se puede ser igualmente indulgente con una equivocación tan obvia y tan costosa. Esa masa de información a la que me referí antes, y de la cual el sistema de economía de mercado y de democracia política hace uso en forma automática, ni siquiera existe toda en un momento determinado, sino que está constantemente siendo enriquecida por la diligencia de millones de seres humanos motivados por el estímulo de un premio a su inteligencia y a su esfuerzo. Hace sesenta años Mises demostró definitivamente que en ausencia de una economía de mercado funcional, no puede haber cálculo económico. Por allí se dice a su vez que Oskar Lange refutó a Mises, pero mal puede haberlo hecho ya que nunca ni siquiera lo comprendió. Mises demostró que el cálculo económico es imposible sin la economía de mercado. ¡Lange sustituye “contabilidad” por “cálculo”, y enseguida derriba una puerta abierta demostrando a su vez que la contabilidad, el llevar cuentas, es posible en el socialismo!

CR: Un punto de vista muy extendido consiste en creer que es posible mantener las ventajas de la economía de mercado y a la vez efectuar un grado considerable de planificación que corrija los defectos del capitalismo.

FAvH: Esa es una ilusión sin base ni sentido. El mercado emite señales muy sutiles que los seres humanos detectan bien o mal, según el caso, en un proceso que nadie podrá jamás comprender enteramente. La idea de que un gobierno pueda “corregir” el funcionamiento de un mecanismo que nadie domina, es disparatada. Por otra parte, cuando se admite una vez la bondad del intervencionismo gubernamental en la economía, se crea una situación inestable, donde la tendencia a una intervención cada vez mayor y más destructiva será finalmente incontenible. Claro que no se debe interpretar esto en el sentido que no se deba reglamentar el uso de la propiedad. Por ejemplo, es deseable y necesario legislar para que las industrias no impongan a la sociedad el costo que significa la contaminación ambiental.

CR: En su juventud usted creyó en el socialismo. ¿Cuándo y por qué cambió usted tan radicalmente?

FAvH: La idea de que si usamos nuestra inteligencia nosotros podremos organizar la sociedad mucho mejor, y hasta perfectamente, es muy atractiva para los jóvenes. Pero tan pronto como inicié mis estudios de economía, comencé a dudar de semejante utopía. Justamente entonces, hace exactamente casi sesenta años, Ludwig von Mises publicó en Viena el artículo donde hizo su famosa demostración de que el cálculo económico es imposible en ausencia del complejísimo sistema de guías y señales que sólo puede funcionar en una economía de mercado. Ese artículo me convenció completamente de la insensatez implícita en la ilusión de que una planificación central pueda mejorar en lo más mínimo la sociedad humana. Debo decir que a pesar del poder de convicción de ese artículo de Mises, luego me di cuenta de que sus argumentos eran ellos mismos demasiado racionalistas. Desde entonces he dedicado mucho esfuerzo a plantear la misma tesis de una manera un tanto diferente. Mises nos dice: Los hombres deben tener la inteligencia para racionalmente escoger la economía de mercado y rechazar el socialismo. Pero desde luego no fue ningún raciocinio humano lo que creó la economía de mercado, sino un proceso evolutivo. Y puesto que el hombre no hizo el mercado, no lo puede desentrañar jamás completamente o ni siquiera aproximadamente. Reitero que es un mecanismo al cual todos contribuimos, pero que nadie domina. Mises combinó su creencia en la libertad con el utilitarismo, y sostuvo que se puede y se debe, mediante la inteligencia, demostrar que el sistema de mercado es preferible al socialismo, tanto política como económicamente. Por mi parte creo que lo que está a nuestro alcance es reconocer empíricamente cuál sistema ha sido en la práctica beneficioso para la sociedad humana, y cuál ha sido en la práctica perverso y destructivo.

CR: ¿Por qué usted, un economista, escribió un libro político como El camino hacia la servidumbre (The Road to Serfdom, 1943) una de cuyas consecuencias no podía dejar de ser una controversia perjudicial a sus trabajos sobre economía?

FAvH: Yo había emigrado a Inglaterra varios años antes; y aún antes de que sobreviniera la segunda guerra, me consternaba que mis amigos ingleses “progresistas” estuvieran todos convencidos de que el nazismo era una reacción antisocialista. Yo sabía, por mi experiencia directa del desarrollo del nazismo, que Hitler era él mismo socialista. El asunto me angustió tanto que comencé a dirigir memoranda internos a mis colegas en la London School of Economics para tratar de convencerlos de su equivocación. Esto produjo entre nosotros conversaciones y discusiones de las cuales finalmente surgió el libro. Fue un esfuerzo por persuadir a mis amigos ingleses de que estaban interpretando la política europea en una forma trágicamente desorientada. El libro cumplió su cometido. Suscitó una gran controversia y hasta los socialistas ingleses llegaron a admitir que había riesgos de autoritarismo y de totalitarismo en un sistema de planificación central. Paradójicamente donde el libro fue recibido con mayor hostilidad fue en el supuesto bastión del capitalismo: los Estados Unidos. Allí había en ese entonces una especie de inocencia en relación a las consecuencias del socialismo, y una gran influencia socialista en las políticas del “Nuevo Trato” roosveltiano. A todos los intelectuales estadounidenses, casi sin excepción, el libro apareció como una agresión a sus ideales y a su entusiasmo.

CR: En Los fundamentos de la libertad, que es de 1959, usted afirma lo siguiente de manera terminante: “En Occidente, el socialismo está muerto”. ¿No incurrió usted en un evidente exceso de optimismo?

FAvH: Yo quise decir que está muerto en tanto que poder intelectual; vale decir, el socialismo según su formulación clásica: la nacionalización de los medios de producción, distribución e intercambio. El ánimo socialista, ya mucho antes de 1959 había, en Occidente, buscado otras vías de acción a través del llamado “Estado Bienestar” (Welfare State) cuya esencia es lograr las metas del socialismo, no mediante nacionalizaciones, sino por impuestos a la renta y al capital que transfieran al Estado una porción cada vez mayor del PTB (Producto Total Bruto), con todas las consecuencias que eso acarrea.

CR: Sin embargo, François Miterrand acaba de ser electo presidente de Francia habiendo ofrecido un programa socialista bastante clásico, en cuanto que basado en extensas nacionalizaciones…

FAvH: Pues va a meterse en líos terribles.

CR: Pero eso no refuta el hecho de que su oferta electoral fue socialista, y fue aceptada por un país tan centralmente occidental como Francia, bastante después de que usted extendiera la partida de defunción del socialismo en Occidente.

FAvH: Usted tiene toda la razón. Me arrincona usted y me obliga a responderle que nunca he podido comprender el comportamiento político de los franceses…

CR: Permítame ser abogado del diablo. Se puede argumentar con mucha fuerza que no sólo no está muerto el socialismo en Occidente, sino que tal como lo sostuvo Marx, es el capitalismo el sistema que se ha estado muriendo y que se va a morir sin remedio. Es un hecho que muy poca gente, aún en los países de economía de mercado admirable y floreciente, parecen darse cuenta de que el bienestar y la libertad que disfrutan tiene algo que ver con el sistema capitalista, y a la vez tienden a atribuir todo cuanto identifican como reprobable en sus sociedades, precisamente al capitalismo.

FAvH: Eso es cierto, y es una situación peligrosa. Pero no es tan cierto hoy como lo fue ayer. Hace cuarenta años la situación era infinitamente peor. Todos aquellos a quienes he llamado “diseminadores de ideas de segunda mano”: maestros, periodistas, etc., habían sido desde mucho antes conquistados por el socialismo y estaban todos dedicados a inculcar la ideología socialista a los jóvenes y en general a toda la sociedad, como un catecismo. Parecía ineluctable que en otros veinte años el socialismo abrumaría sin remedio al liberalismo. Pero vea usted que eso no sucedió. Al contrario, quienes por haber vivido largo tiempo podemos comparar, constatamos que mientras los dirigentes políticos siguen empeñados por inercia en proponer alguna forma de socialismo, de asfixia o de abolición de la economía de mercado, los intelectuales de las nuevas generaciones están cuestionando cada vez más vigorosamente el proyecto socialista en todas sus formas. Si esta evolución persiste, como es dable esperar, llegaremos al punto en que los diseminadores de ideas de segunda mano a su vez se conviertan en vehículos del cuestionamiento del socialismo. Es un hecho recurrente en la historia que se produzca un descalco entre la práctica política y la tendencia próxima futura de la opinión pública, en la medida en que ésta está destinada a seguir por el camino que están desbrozando los intelectuales, que será enseguida tomado por los subintelectuales (los diseminadores de ideas de segunda mano) y finalmente por la mayoría de la sociedad. Es así como puede ocurrir lo que hemos visto en Francia: que haya todavía una mayoría electoral para una ideología —el socialismo— que lleva la muerte histórica inscrita en la frente.

CR: Según el marxismo la autodestrucción de la sociedad capitalista ocurrirá inexorablemente por una de dos vías, o por sus efectos combinados y complementados: (1) La asfixia de las nuevas, inmensas fuerzas productivas suscitadas por el capitalismo, por la tendencia a la concentración del capital y a la disminución de los beneficios. (2) La rebelión de los trabajadores, desesperados por su inevitable pauperización hasta el mínimo nivel de subsistencia. Ni una cosa ni la otra han sucedido. En cambio se suele pasar por alto una tercera crítica de Marx a la sociedad liberal, terriblemente ajustada a lo que sí ha venido sucediendo: “La burguesía (leemos en el Manifiesto comunista) no puede existir sin revolucionar constantemente los instrumentos de producción y con ello las relaciones sociales. En contraste, la primera condición de existencia de las anteriores clases dominantes fue la conservación de los viejos modos de producción. Lo que distingue la época burguesa de todas las anteriores, es esa constante revolución de la producción, esa perturbación de todas las condiciones sociales, esa inseguridad y agitación eternas. Todas las relaciones fijas, congeladas, son barridas junto con su secuela de opiniones y prejuicios antiguos y venerables. Todas las opiniones que se forman nuevas, a su vez se hacen anticuadas antes de que puedan consolidarse. Todo cuanto es sólido se disuelve en el aire. Todo lo sagrado es profanado. Y así el hombre se encuentra por fin obligado a enfrentar, con sus sentidos deslastrados, sus verdaderas condiciones de vida, y sus verdaderas relaciones con sus semejantes”. ¿No corresponde en efecto esa descripción a lo que sucede en la sociedad capitalista? ¿Y no es eso suficiente para explicar el desapego de tanta gente a las ventajas de esa sociedad sobre su alternativa socialista?

FAvH: En cierto sentido sí. Lo que usted llama ventajas del sistema capitalista, han sido posibles, allí donde la economía de mercado ha dado sus pruebas, mediante la domesticación de ciertas tendencias o instintos de los seres humanos, adquiridos durante millones de años de evolución biológica y adecuados a un estadio cuando nuestros antepasados no tenían personalidad individual. Fue mediante la adquisición cultural de nuevas reglas de conducta que el hombre pudo hacer la transición desde la microsociedad primitiva a la microsociedad civilizada. En aquella los hombres producían para sí mismos y para su entorno inmediato. En esta producimos no sabemos para quién, y cambiamos nuestro trabajo por bienes y servicios producidos igualmente por desconocidos. De ese modo la productividad de cada cual y por ende la del conjunto de la sociedad ha podido llegar a los niveles asombrosos que están a la vista. Ahora bien, la civilización para funcionar y para evolucionar hasta el estadio de una economía de mercado digna de ese nombre requiere, como antes dije, remoldear al hombre primitivo que fuimos, mediante sistemas legales y sobre todo a través del desarrollo de cánones éticos culturalmente inculcados, sin los cuales las leyes serían por lo demás inoperantes. Es importante señalar que hasta la revolución industrial esto no produjo esa incomprensión, hoy tan generalizada, sobre las ventajas de la economía de mercado; un gran paradoja, en vista que ha sido desde entonces cuando este sistema ha dado sus mejores frutos en forma de bienes y servicios, pero también de libertad política, allí donde ha prevalecido. La explicación es que hasta el siglo XVIII las unidades de producción eran pequeñas. Desde la infancia todo el mundo se familiarizaba con la manera de funcionar de la economía, palpaba eso que llamamos el mercado. Fue a partir de entonces que se desarrollaron las grandes unidades de producción, en las cuales (y en esto Marx vio justo) los hombres se desvinculan de una comprensión directa de los mecanismos y por lo tanto de la ética de la economía de mercado. Esto tal vez no hubiera sido decisivo sino hubiera coincidido con ciertos desarrollos de las ideas que no fueron por cierto causados por la revolución industrial, sino que en su origen la anteceden. Me refiero al racionalismo de Descartes: el postulado de que no debe creerse en nada que no pueda ser demostrado mediante un razonamiento lógico. Esto, que en un principio se refería al conocimiento científico, fue enseguida trasladado a los terrenos de la ética y de la política. Los filósofos comenzaron a predicar que la humanidad no tenía por qué continuar ateniéndose a normas éticas cuyo fundamento racional no pudiese ser demostrado. Hoy, después de dos siglos, estamos dando la pelea —la he dado yo toda mi vida— por demostrar que hay fortísimas razones para pensar que la propiedad privada, la competencia, el comercio (en una palabra, la economía de mercado) son los fundamentos de la civilización y desde luego de la evolución de la sociedad humana hacia la tolerancia, la libertad y el fin de la pobreza. Pero cuando la ética de la economía de mercado fue de pronto cuestionada en el siglo XVIII por Rousseau y luego, con la fuerza que sabemos, por Marx, parecía no haber defensa posible ni manera de objetar la proposición de que era posible crear una “nueva moral” y un “hombre nuevo”, conformes ambos, por lo demás, a la “verdadera” naturaleza humana, supuestamente corrompida por la civilización y más que nunca contradicha por el capitalismo industrial y financiero. Debo decir que para quien persista en estar persuadido por la ilusión rousseaunania-marxista de que está en nuestro poder regresar a nuestra “verdadera” naturaleza con tal de abolir la economía de mercado, la argumentación socialista resultará irresistible. Por fortuna ocurre que va ganando terreno la convicción contraria, por la constatación de que prácticamente todo cuanto estimamos en política y en economía deriva directamente de la economía de mercado, con su capacidad de sortear los problemas y de hallar soluciones (en una forma que no puede ser sustituida por ningún otro sistema) mediante la adaptación de un inmenso número de decisiones individuales a estímulos que no son ni pueden ser objeto de conocimiento y mucho menos de catalogación y coordinación por planificadores. Nos encontramos, pues, en la posición siguiente (y espero que esto responda a su pregunta): (1) La civilización capitalista, con todas sus ventajas, pudo desarrollarse porque existía para ella el piso de un sistema ético y de un conjunto orgánico de creencias que nadie había construido racionalmente y que nadie cuestionaba. (2) El asalto racionalista contra ese fundamento de costumbres, creencias y comportamientos, en coincidencia con la desvinculación de la mayoría de los seres humanos de aquella vivencia de la economía de mercado que era común en la sociedad preindustrial, debilitó casi fatalmente a la civilización capitalista, creando una situación en la cual sólo sus defectos eran percibidos, y no sus beneficios. (3) Puesto que el socialismo ya no es una utopía, sino que ha sido ensayado y están a la vista sus resultados, es ahora posible y necesario intentar rehabilitar la civilización capitalista. No es seguro que este intento sea exitoso. Tal vez no lo será. De lo que si estoy seguro es de que en caso contrario (es decir, si el socialismo continúa extendiéndose) la actual inmensa y creciente población del mundo no podrá mantenerse, puesto que sólo la productividad y la creatividad de la economía de mercado han hecho posible esto que llaman la “explosión demográfica”. Si el socialismo termina por prevalecer, nueve décimos de la población del mundo perecerán de hambre, literalmente.

CR: Algunos de los más eminentes y profundos pensadores liberales, como Popper y Schumpeter, han expresado el temor de que la sociedad liberal, no obstante ser incomparablemente superior al socialismo, sea precaria y tal vez no sólo no esté destinada a extenderse al mundo entero —como se pensó hace un siglo— sino que termine por autodestruirse, aún allí donde ha florecido. Karl Popper señala que el proyecto socialista responde a la nostalgia que todos llevamos dentro, por la sociedad tribal, donde no existía el individuo. Schumpeter sostuvo que la civilización capitalista, por lo mismo que es consustancial con el racionalismo, el libre examen, la crítica constante de todas las cosas, permite, pero además propicia, estimula y hasta premia el asalto ideológico contra sus fundamentos, con el resultado de que finalmente hasta los empresarios dejan de creer en la economía de mercado.

FAvH: En efecto, Joseph Schumpeter fue el primer gran pensador liberal en llegar a la conclusión desoladora de que el desapego por la civilización capitalista, que ella misma crea, terminará por conducir a su extinción y que, en el mejor de los casos, un socialismo de burócratas administradores está inscrito en la evolución de las ideas. Pero no olvidemos que Schumpeter escribió estas cosas (en Capitalismo, socialismo y democracia) hace más de cuarenta años. Ya he dicho que en el clima intelectual de aquel momento, el socialismo parecía irresistible y con ellos la segura destrucción de las bases mínimas de la existencia de la mayoría de la población del mundo. Esto último no lo percibió Schumpeter. Era un liberal, como usted ha dicho, y además un gran economista, pero compartía la ilusión de muchos en nuestra profesión de que la ciencia económica matemática hace posible una planificación tolerablemente eficiente. De modo que, a pesar de estar él mismo persuadido de que la economía de mercado es preferible, suponía soportable la pérdida de eficiencia y de productividad inevitable al ser la economía de mercado donde quiera sustituida por la planificación. Es decir, que no se dio cuenta Schumpeter hasta qué punto la supervivencia de la economía de mercado, por lo menos allí donde existe, es una cuestión de vida o muerte para el mundo entero.

CR: Eso puede ser cierto, y de serlo debería inducir a cada hombre pensante a resistir el avance del socialismo. Pero lo que vemos (y de nuevo me refiero a Schumpeter) es que los intelectuales de Occidente, con excepciones, han dejado de creer que la libertad sea el valor supremo y además la condición óptima de la sociedad. Ni siquiera el ejemplo de lo que invariablemente le sucede a los intelectuales en los países socialistas, los desanima de seguir propugnando el socialismo para sus propios países y para para el mundo.

FAvH: Para el momento cuando Schumpeter hizo su análisis y descripción del comportamiento de los intelectuales en la civilización capitalista, yo estaba tan desesperado y era tan pesimista como él. Pero ya no es cierto que sean pocas las excepciones. Cuando yo era muy joven, sólo algunos ancianos (entre los intelectuales) creían en las virtudes y en las ventajas de la economía libre. En mi madurez, éramos un pequeño grupo, se nos consideraba excéntricos, casi dementes y se nos silenciaba.

Pero hoy, cuarenta años más tarde, nuestras ideas son conocidas, son escuchadas, están siendo debatidas y consideradas cada vez más persuasivas. En los países periféricos los intelectuales que han comprendido la infinita capacidad destructiva del socialismo todavía son pocos y están aislados. Pero en los países que originaron la ideología socialista —Gran Bretaña, Francia, Alemania— hay un vigoroso movimiento intelectual a favor de la economía de mercado como sustento indispensable de los valores supremos del ser humano. Los protagonistas de este renacimiento del pensamiento liberal son hombres jóvenes, y a su vez tienen discípulos receptivos y atentos en sus cátedras universitarias. Debo admitir, sin embargo, que esto ha sucedido cuando el terreno perdido había sido tanto, que el resultado final permanece en duda. Por inercia, los dirigentes políticos en casi todos los casos siguen pensando en términos de la conveniencia, o en todo caso de la inevitabilidad de alguna forma de socialismo y, aún liberales, suponen políticamente no factible desembarazar a sus sociedades de todos los lastres, impedimentos, distorsiones y aberraciones que se han ido acumulando, incorporados a la legislación, pero también a las costumbres de la administración pública, por la influencia de la ideología socialista. Es decir, que el movimiento político persiste en ir en la dirección equivocada; pero ya no el movimiento intelectual. Esto lo digo con conocimiento de causa. Durante años, tras la publicación de El camino de la servidumbre, me sucedía que al dar una conferencia en alguna parte, frente a públicos académicos hostiles, con un fuerte componente de economistas persuadidos de la omnipotencia de nuestra profesión y en la consiguiente superioridad de la planificación sobre la economía de mercado, luego se me acercaba alguien y me decía: quiero que sepa que yo por lo menos estoy de acuerdo con usted. Eso me dio la idea de fundar la Sociedad Mont Pelerin, para que estos hombres aislados y a la defensiva tuvieran un nexo, conocieran que no estaban solos y pudieran periódicamente encontrarse, discutir, intercambiar ideas, diseñar planes de acción. Pues bien, treinta años más tarde parecía que la Sociedad Mont Pelerin ya no era necesaria, tal era la fuerza, el número, la influencia intelectual en las universidades y en los medios de comunicación de los llamados neoliberales. Pero decidimos mantenerla en actividad porque nos dimos cuenta de que la situación en que habíamos estado años antes en Europa, en los Estados Unidos y en el Japón, es la situación en la cual se encuentran hoy quienes defienden la economía de mercado en los países en desarrollo y más bien con mucha desventaja para ellos, puesto que se enfrentan al argumento de que el capitalismo ha impedido o frenado el desarrollo económico, político y social de sus países, cuando lo cierto es que nunca ha sido verdaderamente ensayado.

CR: Una de las maneras más eficaces que han empleado los ideólogos socialistas para desacreditar el pensamiento liberal, es calificarlo de “conservador”. De tal manera que, casi todo el mundo está convencido, de buena fe, de que usted es un conservador, un defensor a ultranza del orden existente, un enemigo de toda innovación y de todo progreso.

FAvH: Estoy tan consciente de eso que dediqué todo el último capítulo de mi libro Los fundamentos de la libertad precisamente a refutar esa falacia. En ese capítulo cito a uno de los más grandes pensadores liberales, Lord Acton, quien escribió: “Reducido fue siempre el número de los auténticos amantes de la libertad. Por eso, para triunfar, frecuentemente debieron aliarse con gente que perseguían objetivos bien distintos a los que ellos propugnaban. Tales asociaciones, siempre peligrosas, a veces han resultado fatales para la causa de la libertad, pues brindaron a sus enemigos argumentos abrumadores”. Así es: los verdaderos conservadores merecen el descrédito en que se encuentran, puesto que su característica esencial es que aman la autoridad y temen y resisten el cambio. Los liberales amamos la libertad y sabemos que implica cambios constantes, a la vez que confiamos en que los cambios que ocurran mediante el ejercicio de la libertad serán los que más convengan o los que menos daño hagan a la sociedad.


El artículo original se encuentra aquí.

RAÍCES DEL PENSAMIENTO ECONÓMICO ARGENTINO: presentación del libro en UCEMA

Este libro del Dr. Adrián Ravier intenta rastrear las raíces del pensamiento económico argentino, ideas que en muchos casos surgen con revoluciones y contrarrevoluciones científicas originadas en Europa, luego importadas a nuestras tierras. Para la tarea fueron convocados historiadores y economistas de diversas universidades púbicas y privadas del país, conocedores de las distintas escuelas o tradiciones de pensamiento, quienes detallan la manera en que las ideas penetraron el Argentina, y luego se desarrollaron y evolucionaron. El lector podrá observar que el siglo XIX ha estado marcado por ideas liberales clásicas, provenientes del Laissez Faire y el pensamiento clásico e impactando en los primeros economistas como Belgrano y Vieytes, para luego llegar a la Generación del 37 y en concreto a las Bases constitucionales de Juan Bautista Alberdi; incluso en autores marxistas parece prevalecer una posición librecambista como se puede ver en los escritos de Juan B. Justo. Pero ya con la crisis de 1930, la revolución keynesiana tuvo su eco en nuestro país, alcanzando luego una dimensión local propia con el estructuralismo de Raúl Prebisch, Julio Olivera y Roberto Frenkel. A ese intervencionismo y proteccionismo creciente, han surgido esfuerzos múltiples para contenerlos y revertirlos, importando ideas de la Escuela Austríaca, la Escuela de Chicago, la Economía Social de Mercado, la Nueva Economía Institucional y la Escuela de la Elección Pública. Estos esfuerzos intelectuales, sin embargo, si bien han contribuido a formar economistas en algunas universidades privadas han tenido escaso impacto en la sociedad y en la política económica. Si en el siglo XIX prevalece un pensamiento liberal en el marco constitucional, en el siglo XX y lo que va del siglo XXI lo hace su antítesis lo que se ha traducido en reformas constitucionales y un cambio notable de aquellas reglas e instituciones.

New book

New book:

This last week end, with my co-author Alan Futerman, we sent the final draft of our book
“Commodities as an Asset Class:
Essays on Inflation, the Paradox of Gold and the Impact of Crypto” to our publisher Palgrave Macmillan.
It is expected to be printed in about 12 weeks so ready for the Christmas shopping season 😀.

John B. Taylor – Mary and Robert Raymond Professor of Economics – Department of Economics – Standford University kindly accepted to write a prologue.

As a countdown towards the publication date
I will publish, on a weekly basis, the generous blurbs we received endorsing the book:

“Using commodities as an inflation hedge has come back into vogue now that inflation has spiked in most advanced economies. But that is easier said than done, argue Ivo A. Sarjanovic and Alan G. Futerman in their important new book. The real (inflation- adjusted) return on commodities depends on hard-to-forecast fundamentals, not just on monetary factors, and only in two decades (1970s and the 2000s) were those real returns positive. Essential reading both for analysts trying to understand the commodity markets and for traders hoping not to get fleeced. I recommend it enthusiastically.”
Andres Velasco – Dean of the School of Public Policy at the London School of Economics and Political Science

In the next weeks I will share the table of contents too.

RAÍCES DEL PENSAMIENTO ECONÓMICO ARGENTINO – PRESENTACIÓN EN UCEMA – 3 DE AGOSTO – 17 HS

UCEMA
Libertad EducativaPresentación de libro: Raíces del pensamiento económico argentino | Expone el  Dr. Adrián Ravier
   
Fecha: 3 agosto, 17.00 h.Modalidad | Online

Recibirás la invitación de Zoom el día antes del seminario

Inscripción: Libre, no arancelada, previa inscripción aquí

Este libro intenta rastrear las raíces del pensamiento económico argentino, ideas que en muchos casos surgen con revoluciones y contrarrevoluciones científicas originadas en Europa, luego importadas a nuestras tierras. Para la tarea fueron convocados historiadores y economistas de diversas universidades púbicas y privadas del país, conocedores de las distintas escuelas o tradiciones de pensamiento, quienes detallan la manera en que las ideas penetraron el Argentina, y luego se desarrollaron y evolucionaron. El lector podrá observar que el siglo XIX ha estado marcado por ideas liberales clásicas, provenientes del Laissez Faire y el pensamiento clásico e impactando en los primeros economistas como Belgrano y Vieytes, para luego llegar a la Generación del 37 y en concreto a las Bases constitucionales de Juan Bautista Alberdi; incluso en autores marxistas parece prevalecer una posición librecambista como se puede ver en los escritos de Juan B. Justo. Pero ya con la crisis de 1930, la revolución keynesiana tuvo su eco en nuestro país, alcanzando luego una dimensión local propia con el estructuralismo de Raúl Prebisch, Julio Olivera y Roberto Frenkel. A ese intervencionismo y proteccionismo creciente, han surgido esfuerzos múltiples para contenerlos y revertirlos, importando ideas de la Escuela Austríaca, la Escuela de Chicago, la Economía Social de Mercado, la Nueva Economía Institucional y la Escuela de la Elección Pública. Estos esfuerzos intelectuales, sin embargo, si bien han contribuido a formar economistas en algunas universidades privadas han tenido escaso impacto en la sociedad y en la política económica. Si en el siglo XIX prevalece un pensamiento liberal en el marco constitucional, en el siglo XX y lo que va del siglo XXI lo hace su antítesis lo que se ha traducido en reformas constitucionales y un cambio notable de aquellas reglas e instituciones.

EXPONE: Dr. Adrián Ravier
Economista, especializado en teoría monetaria, el estudio de los ciclos económicos, las finanzas públicas y la historia del pensamiento económico. Ha obtenido su título de Doctor en Economía Aplicada, en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid (2009), bajo la dirección del profesor Jesús Huerta de Soto (Ver Memoria). Ha sido alumno de ESEADE donde obtuvo un Master en Economía y Administración de Empresas (2004). Y ha obtenido su Licenciatura en Economía de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Buenos Aires (2002). En un esfuerzo por expandir las ideas de la Escuela Clásica y Escocesa, la Escuela Austriaca, la Escuela de la Elección Pública y la Nueva Economía Institucional ha sido profesor en diversas universidades de la Argentina como la misma Universidad de Buenos Aires (UBA), la Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas (ESEADE), la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales (UCES), la Universidad del Salvador (USAL) y la Universidad Católica Argentina (UCA). Durante el segundo semestre de 2012 también fue profesor visitante de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Francisco Marroquín en Guatemala.

MODERA: Dr. Matías Ilivitsky
Es analista de cuestiones políticas y de relaciones internacionales. Licenciado y Profesor en Ciencia Política por la Universidad de Buenos Aires. Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires, en donde ha sido docente e investigador. Responsable de relacionamiento estratégico de la Universidad del CEMA, en donde también es docente. Ha recibido dos becas del CONICET para realizar su doctorado. Ha obtenido becas de viajes a eventos académicos y ha sido investigador en la Universidad Nacional de Quilmes. Ha presentado trabajos en diversas reuniones científicas y es autor de diversas publicaciones sobre su especialidad. Autor de ‘Del “mal radical” a la “banalidad del mal”. Concepciones de lo maligno en la teoría política de Hannah Arendt'(2017).

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El problema no es Guzmán, el problema es el kirchnerismo – por Roberto Cachanosky

Queda por ver quién lo reemplazará en el ministerio de Economía. Tal vez asistamos a una sucesión de ministros de Economía como ocurrió luego del rodrigazo, cuando un ministro de Economía duraba una semana.

Francamente no debería sorprender o preocupar la renuncia de Martín Guzmán a su cargo de ministro de Economía, por la sencilla razón que la renuncia de Guzmán es irrelevante, finalmente es un ministro sin plan en un desgobierno. Dicho en otras palabras, el problema no es Guzmán, el problema es que los que están en el gobierno no saben para dónde ir. La preocupación principal fue, desde un inicio, solucionar los problemas jurídicos de la vicepresidente e inundar la economía con emisión monetaria para tratar de tener contenta a la gente.

Basta recordar que en la última semana de diciembre de 2019 apareció en el balance semanal del BCRA una utilidad que nadie sabe muy bien de dónde surgió. El plan platita que se implementó en el segundo semestre del año pasado, y del cual hoy estamos pagando las consecuencias por la inflación, ya estaba previsto desde el inicio. La idea era emitir moneda bajo el formato de Transferencia de Utilidades para financiar el gasto público.

Cabe recordar que de los $2 billones que emitió el BCRA para financiar al tesoro en 2020, el 80% fueron bajo el formato de Transferencia de Utilidades, así que, más allá de la pandemia y de la cuarentena eterna, la idea de emitir para estimular artificialmente el consumo ya estaba en la mente del gobierno. Hay que tener presente que en la campaña del 2019 el kirchnerismo insistía con que había que ponerle plata en el bolsillo a la gente y que hoy Cristina Fernández insiste una y otra vez con que el déficit fiscal no es causa de la inflación.

Este desgobierno no tiene la más mínima posibilidad de evitar la caída en que está Argentina

Lo concreto es que en el kirchnerismo parecen no entender que el problema económico es el emergente de un problema mucho más profundo: la ausencia de un gobierno que genere credibilidad, y la falta de credibilidad incluyen tanto a Alberto Fernández como a Cristina Fernández, como a Sergio MassaMáximo Kirchner y Axel Kicillof. Todos ellos con pésima imagen en la opinión pública. Por eso, un economista solo no puede solucionar el problema económico, sin tener un plan económico consistente, algo que Guzmán nunca tuvo, y sin tener el respaldo de un gobierno que genere confianza.

Qué puede venir ahora es la duda: ¿un rodrigazo para ajustar la distorsión de precios relativos o un festival de emisión monetaria que lance a la Argentina a una megainflación?

Si algún economista asume hoy creyendo que con Alberto Fernández como presidente y Cristina Fernández como vicepresidente puede evitar la caída libre de Argentina, está totalmente equivocado.

Este desgobierno no tiene la más mínima posibilidad de evitar la caída en que está Argentina. No se trata de sacar a Guzmán para poner a Pedro, José o Fernando, cualquiera va a ser tan malo o peor en su gestión que Guzmán porque este gobierno solo cree en redistribuir lo que no existe. Cree en la cultura de la dádiva y no en la cultura del trabajo. Y para seguir con la dádiva hacen falta recursos que este gobierno no va a conseguir.

En síntesis, el problema no es Guzmán, el problema son el presidente, la vicepresidente y La Cámpora

No tienen más capacidad de exprimir a la gente con impuestos, ni acceso al mercado financiero internacional. A duras penas pueden renovar los vencimientos de deuda en pesos con lo cual lo único que les queda es recurrir a la maquinita, lo cual puede llevar a un estallido inflacionario más grave.

En síntesis, el problema no es Guzmán, el problema son el presidente, la vicepresidente y La Cámpora. Mientras todos ellos sigan en el gobierno Argentina no va a detener su caída libre, con aumento de la pobreza y del nivel de actividad.

Queda por ver quién reemplaza a Guzmán en el ministerio de Economía. Tal vez asistamos a una sucesión de ministros de Economía como ocurrió luego del rodrigazo, cuando un ministro de Economía duraba una semana.

El problema actual, de crisis política y económica no se llama Martín Guzmán, se llama kirchnerismo. Nada bueno puede surgir del kirchnerismo.

Publicado originalmente en Infobae, 2 de julio de 2022.