Sobre los orígenes no monetarios de la inflación

Es curioso que un país con un historial de inflación como el de Argentina, en lugar de haber consenso sobre el origen del problema existan, en cambio, teorías sobre origines no monetarios de la inflación (entiendo las teorías estructuralistas serian un ejemplo).

Veo dos problemas en las teoría no monetarias de la inflación. Uno es que, al final de cuentas, estas teorías sí hacen uso de una expansión monetaria para explicar la inflación. Uno esperaría, sin embargo, que una teoría no monetaria no debiera hacer uso de esta variable. El segundo problema es cuando se usa cambio en precios para explicar cambio en precios. Al usar cambios en el tipo de cambio o tarifas, por ejemplo, en definitiva se está partiendo de aquello que se quiere explicar. La pregunta (en este contexto) debiera ser por qué el tipo de cambio o el precio del petróleo suben en primer lugar.

Estos casos también tienen también un origen monetario. El de las tarifas es el más fácil de ver. En definitiva el aumento de tarifas es actualización de inflación atrasada (lags). El del tipo de cambio es un poco más complicado, dado que requiere considerar el caso de un tipo de cambio sobre-apreciado (atraso cambiario) vía una intervención indirecta en el mercado de cambios cuando se aumentan las tasas de interés (carry-trade). Esta misma situación, por cierto, es la que el BCRA reconoció ante el FMI al firmar el último acuerdo de asistencia financiera, luego de negar repetidamente el problema a la audiencia Argentina.

Ciertamente puede haber distintos mecanismos, o canales, por los cuales una expansión monetaria que se inicia en el banco central llega finalmente a los precios. Que haya distintos canales no quiere decir que la inflación no sea un fenómeno monetario.

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Acerca de las drogas – por Alberto Benegas Lynch (h)

Ahora que Antonio Escohotado ha visitado Montevideo gracias a los auspicios del Centro de Estudios para el Desarrollo, es el momento de volver sobre el tema de los estupefacientes en vista de lo escrito y dicho por el mencionado autor, además de sus otras obras como la notable trilogía sobre los enemigos del comercio.

Antes que nada hay que mencionar lo que en estadística se conoce como error de inclusión. Del hecho de que muchos actos criminales hayan sido cometidos por drogados, no se sigue el nexo drogas-crimen. No todos los que se drogan son criminales y una minoría del universo de crímenes se comete por drogados. No se puede atender solo un segmento y extrapolar.

Una cosa es un correlato y otra bien distinta es una relación causal: hace una década había correlación perfecta entre el largo de las polleras en Inglaterra y la crianza de cerdos en Australia, de lo cual no si desprende nexo causal alguno. Otro asunto bien diferente son las disposiciones en algunos códigos penales en los que se considera un atenuante cuando un delito es cometido por un drogado en lugar de constituir un agravante.

Dicho esto, tal como lo señalé en mí libro La tragedia de la drogadicción. Una propuesta con prólogo de Carlos Alberto Montaner, el uso de drogas alucinógenas para fines no medicinales constituye un drama y su empleo reiterado produce lesiones cerebrales irreversibles. Pero desde 2000 años antes de Cristo -salvo la Guerra del Opio en China debido a la prohibición- no hubieron problemas con las drogas hasta que en 1971 Nixon declaró la guerra a los narcóticos, una idea alimentada por los mismos mafiosos del alcohol, a través de sofisticados estudios de mercado, quienes antes se habían visto perjudicados por la abrogación de la Ley Seca.

De todos modos, como ha escrito el premio Nobel Milton Friedman “Las drogas son una tragedia para los adictos. Pero criminalizar su uso convierte la tragedia en un desastre para la sociedad, tanto para los que la usan como para los que no la usan”.

Hoy personas inocentes son tratadas como delincuentes si, por ejemplo, llevan consigo más de diez mil dólares, en gran medida los bancos se han convertido en informantes de los aparatos estatales con lo que el secreto bancario ha desaparecido, las escuchas telefónicas y acciones policiales contrarias al debido proceso están a la orden del día.

En no pocas oportunidades se piensa que si  se liberan las drogas, todo el mundo se drogará. Pero consideremos los incentivos para no aceptar en los lugares de trabajo, en los transportes, en los comercios, en las carreteras a seres que no son capaces de controlarse a si mismos.

La penalización por la producción y/o consumo de drogas eleva la prima por el riesgo de operar en esos mercados y, por ende, los antedichos márgenes operativos se elevan enormemente. Debido a esto se hace posible la producción de drogas sintéticas con efectos mucho más devastadores de las naturales. El mercado negro no permite la verificación de la pureza de la droga con lo que las sobredosis y las intoxicaciones son muy frecuentes. También debido a la ilegalidad se inhibe a quienes denunciarían fraudes y estafas puesto que si recurrieran a los tribunales se estarían autoinculpando. Lo mismo sucede con los médicos y centros hospitalarios: se bloquea la posibilidad de pedir ayuda.

Las legislaciones anti-drogas obligan a los consumidores a involucrarse con la mafia. Los antes mencionado márgenes operativos descomunales hacen posible la figura del pusher , con ingresos exorbitantes al efecto de colocar la droga en todos los mercados posibles, muy especialmente en colegios y lugares bailables.

Esta así  denominada guerra está sufragada coactivamente por los impuestos y mezclan negocios lícitos con el “lavado” de dinero proveniente de las drogas, con lo que oscurecen las contabilidades y se contaminan comercios de distinta índole. Todo esto sin contar a los gobernantes que reciben cuantiosos recursos para “combatir” la droga, mientras se descubren sus propios negocios suculentos en el ramo  y las corrupciones de jueces y policías alimentan cotidianamente los noticieros de todas partes del mundo.

Ex presidentes que han padecido sobradas experiencias durante sus mandatos con las drogas, proponen la liberación como son los casos de Vicente Fox,  Oscar Gaviria o Henrique Cardoso. Incluso el ex Secretario General de las Naciones Unidas, Javier Pérez de Cuellar y el ex Secretario de Estado del gobierno estadounidense George Shultz se han pronunciado en la misma dirección.

Por último, para cerrar esta nota periodística, cuando se dice que al bajar el precio se incrementa la demanda, es central agregar que esto ocurre si los demás factores se mantienen constantes. Y esto no es así con el mercado de drogas puesto que una vez liberado desaparecen los antedichos pagos colosales a los pushers y sus socios lo cual modifica la situación.  Por supuesto que las limitaciones a menores deben ser similares a como se procede con el registro automotor, la pornografía, la venta de alcohol y equivalentes.

Publicado originalmente en El País, domingo 31 de marzo de 2019.

Econ Journal Watch, Volume 16, Number 1, March 2019

In this issue (.pdf):

Are a Few Huge Outcomes Distorting Financial Misconduct Research? Emre Kuvvet confronts the extreme-values problem in firm penalties and other SEC enforcement outcomes against financial misconduct, and how outliers might affect research in finance, as well as policy judgment, focusing on an article in Journal of Accounting ResearchAndrew Call, Nathan Sharp, and Jaron Wilde respond.

Both terrorist and public mass shooter? In 2016 Adam Lankford published a news-busting article purporting to show that during a 47-year period the United States represented 31% of worldwide public mass shooters, and claiming that the outsized U.S. percentage is a result of gun prevalence. John Lott and Carlisle Moody criticizeLankford’s terminology and methods. Lankford replies to Lott and Moody. Once the terminological disputes are clarified, the issue that emerges is: Why does the United States have an outsized number of lone-wolf mass shooters? Lott and Moody offer explanations different than Lankford’s.

Another round on right-to-carry and violent crimeCarlisle Moody and Thomas Marvell have another go at John Donohue, treating the weighting of fixed effects by population and synthetic controls. Donohue, Abhay Aneja, and Kyle Weber say Moody and Marvell are off-target.

Tennis and loss aversionMichał Krawczyk challenges a set of authors who read loss aversion in tennis data. Nejat Anbarci, Peren Arin, and Christina Zenker return serve.

Why Did Milton Friedman Win the Nobel Prize? James Forder and Hugo Monnery appreciate Friedman’s underappreciated early work on the complexity of stabilization policy.

Edmund Burke, liberal:

EJW Audio:

James Forder on Milton Friedman’s Early Work on Stabilization Policy

Leo Krasnozhon on Liberalism in Ukraine

John Cairns on the 1758 Pamphlet about Hair-Cutting in Edinburgh

Call for papers

Who should get the Nobel prize in economics, and why?

EJW fosters open exchange. We welcome proposals and submissions of diverse viewpoints. EJW also welcomes ‘journal watch’ submissions beyond Econ.

Read the March 2019 issue in full (.pdf)

Table of contents (.pdf) with links to articles

Opinión: Evitar la huída del dinero, por Manuel Solanet*

*El autor es director de Políticas Públicas de Libertad y Progreso, y autor de «La Hiperinflación de 1989»  

La puja entre el tipo de cambio y el nivel de las tasas de interés caracteriza la actual política monetaria y cambiaria. Cualquier intento de reducir la tasa encuentra a un público que reacciona abandonando su preferencia por mantener sus ahorros en pesos y pasándose al dólar. Entonces su cotización aumenta. El gobierno teme esa circunstancia y el Banco Central impulsa un aumento de las tasas en la siguiente licitación de las Leliq. El círculo sigue funcionando en un sentido vicioso. El incremento de las tasas genera recesión, que es un efecto tan pernicioso e indeseable como la devaluación y la inflación.
En la demanda de dólares en la Argentina de hoy actúan no solo las importaciones y el pago de servicios.  Lo hace también y significativamente, la dolarización de carteras y la conversión de los ahorros. Según datos del Credit Suisse en lo que va de 2019 el sector privado compró 36.800 millones de dólares.  Este monto supera al de las importaciones. Esta corriente se ha acelerado, ya que la media anual de los tres años anteriores no alcanzó a 20.000 millones. La razón es la fuerte caída de la confianza en nuestra moneda, que no es un hecho novedoso para los argentinos. Es un fenómeno que debe analizarse sociológicamente ya que responde a mercados suficientemente grandes y dispersos. Estaríamos equivocándonos si imagináramos conspiraciones de grupos económicos o sabotajes políticos. Son miles de decisiones individuales de ahorristas, gerentes o administradores que sólo pueden corregirse mediante un golpe de confianza suficientemente convincente.
La velocidad de circulación del dinero permite monitorear el riesgo de una nueva corrida. La hiperinflación de 1989 demostró que aún conteniendo la emisión monetaria no se podía evitar un mismo efecto inflacionario si el dinero comenzaba a circular cada vez más rápidamente. En febrero de 1989 el M1 (billetes y monedas más depósitos en cuenta corriente) rotaba cada 7 días. En julio de aquel año, ya en plena hiperinflación, el M1 rotaba cada 3,3 días (ver “La Hiperinflación del 89”, Manuel A. Solanet).  Hace algo más de un año, en febrero de 2018 la rotación del M1 se producía en 20,8 días. Hace un mes, en febrero de 2019, bajó a 14,6 días. Todavía estamos distantes de aquellos momentos y el Banco Central dispone de más reservas que en 1989, pero se prende una luz amarilla.
¿Cómo se explica esta caída de la confianza? Hay dos tipos de motivos: los económicos y los políticos.  Dentro de los primeros debemos mencionar los que emergieron en abril de 2018 y produjeron una corrida sobre el dólar y una devaluación superior al 100%. Se requirió la ayuda del Fondo Monetario Internacional, aunque el programa acordado debió ser revisado al poco tiempo. Las expectativas se estabilizaron. El gobierno acordó reducir el déficit primario a cero en 2019 y lo está cumpliendo. Pero para los analistas más cuidadosos, hay flancos débiles. La contención del gasto se basa en una reducción difícilmente sostenible del nivel real de los salarios públicos, de las jubilaciones y de los planes sociales. Además, hay congelamiento de partidas sin una racionalización que acompañe y hay retrasos en los pagos de proveedores y obras. Si se consideran las provincias y municipios, la cantidad total de empleados públicos no ha disminuido. Tampoco se ha reducido el número de beneficiarios de planes sociales.  Por otro lado, aún si quedara resuelto el resultado primario, subsistirá un déficit financiero que aumenta por el crecimiento de la deuda pública y el nivel de los intereses que se pagan por ella.
No está de más recordar que esta complicada situación fiscal tiene un punto de partida heredado de la gestión kirchnerista. El error de este gobierno fue encararla con un gradualismo que lo llevó a endeudarse más allá de los límites y con un ritmo creciente, inaceptables para los mercados internacionales.
El riesgo de origen político está ligado a la probabilidad que las próximas elecciones den el triunfo a un gobierno populista. A pesar de su descarada corrupción, la sombra de la Sra. de Kirchner amenaza desde porcentajes crecientes en las encuestas. La hipótesis de su segura derrota en el ballotage comienza a ponerse en duda. También genera preocupación la alternativa que ella desista de ser candidata. En ese caso un candidato integrador del espectro peronista seguramente deberá incorporar legisladores y condiciones de quien le aportaría el mayor porcentaje de votos. Una coalición de ese sector político, aunque lleve un candidato como Roberto Lavagna, parece alejada de las ideas que sustentan las reformas requeridas para superar el desquicio fiscal y para lograr competitividad.
Una rápida recuperación de la confianza que disipe el riesgo de una huida incontrolable del peso puede imaginarse según dos alternativas. Una de ellas sería una fuerte recuperación de liderazgo de Mauricio Macri mediante medidas de reforma estructural sometidas al Congreso y anticipadas por decretos de necesidad y urgencia cuando fuera necesario. Entre ellas la reforma laboral, la puesta en marcha de la reestructuración y racionalización del gobierno nacional, la reforma impositiva y la depuración de los planes sociales.
Otra alternativa sería un acuerdo político amplio que comprenda al peronismo moderado, para llevar adelante esas reformas pero definidas por sus instrumentos de ejecución y no vagamente por objetivos. Esta alternativa parecería más promisoria, pero es escasamente probable en la cultura política argentina, formada y adherida a las formas e ideas que cimentaron nuestro estancamiento y el desequilibrio que actualmente padecemos.
La dolarización sería el atajo para evitar la aceleración de la inflación que acompañaría una eventual huida incontrolada del dinero local. Así sucedió en 1991 con la convertibilidad, que fue una dolarización vestida. El nivel actual de las reservas disponibles del Banco Central permitiría transformar a dólares la totalidad de la Base Monetaria. De esta forma se vencería la inflación, aunque no la posibilidad de un default, como ocurrió en 2001. La disminución del riesgo país estaría de todas formas sujeta a la reducción del gasto público y al saneamiento fiscal. En rigor esta es la madre del problema: si la Argentina hubiera logrado un sólido y permanente equilibrio fiscal, no estaríamos padeciendo los problemas que motivaron estas líneas.

Contactos de prensa:
Agustín Etchebarne, 011 1556429869,
agustin.etchebarne@libertadyprogreso.org, @aetchebarne
Manuel Solanet, 011 52364370, @ManuelSolanet
Iván Cachanosky, 011 1556324921, @ivancachanosky
Mercedes Colombres (prensa) 1530450844, @mercolombres
www.libertadyprogreso.org
@liberyprogre

EMILIO J. HARDOY, UN GRAN PERIODISTA – Por Alberto Benegas Lynch (h)

Para tener presente puntos de referencia ejemplares, conviene tener presente a hombres cuyas conductas han sido muestras de integridad y coraje moral. Este es el caso del magistral periodista argentino Emilio Hardoy (1911-1996) de la antigua La Prensa de Alberto Gainza Paz en Buenos Aires. Hardoy, una personalidad jovial provista de un gran sentido del humor y de una coherencia inclaudicable con sus ideas que siempre sostuvieron las bases de una sociedad abierta.

De entrada es pertinente citarlo en sus memorias No he vivido en vano las cuales ilustran el fondo de su filosofía: “Ante todo declaro que el poder es, en si mismo, maldito. ¿Por qué un hombre revestido de un inmenso poder puede imponer a otro su voluntad? […] ¿Por qué un hombre puede mandarme a mí que soy también un hombre libre por la voluntad de Dios? ¿Por qué un hombre provisto de autoridad, boato, riqueza, privilegios y honores puede obligarnos? Únicamente los vicios y debilidades de la naturaleza humana permiten esbozar una justificación moralmente insuficiente, pues su fundamento sería en todo caso la conveniencia y no la virtud”.

Hardoy se desempeñó como editorialista en aquél gran diario de entonces y que sucedió a otro extraordinario periodista: Alfonso Laferrere. En 2008 Gastón Pérez Izquierdo y Alberto Allende Iriarte me convocaron para escribir en homenaje a Hardoy en un libro en el que también escribieron Gregorio Badeni, Carlos Ortiz de Rozas, Natalio Botana y Rosendo Fraga, obra titulada Hardoy: la lucha por la libertad patrocinada por la Fundación Hardoy, aparecida gracias a la generosidad de Carlos Pedro Blaquier.

En esta ocasión reitero lo que escribí en esa oportuidad al comentar algunos de los editoriales de Hardoy que aludían a la economía. Por razones de espacio, no puedo reproducir todo ese texto pero incorporo apenas una parte reducida al efecto de rendir nuevo homenaje al insigne periodista y hombre público que difundió sus valores y principios en su incursión en la política y como ensayista.

Procedo entonces en consecuencia, a continuación transcribo lo dicho al comentar editoriales de  La Prensa  de antaño, a los que encabezo con el título del mismo. En el libro de referencia comenté extensamente diez editoriales, en este caso, dado que ahora se trata de una nota periodística, reproduzco solo uno y una parte reducida del segundo, ambos con una vigencia preocupante.

 “El presupuesto para 1978”. En este editorial se destaca la relevancia de la ley de presupuesto como “ley de las leyes” en el sistema republicano de gobierno y formula certeras críticas a declaraciones de funcionarios del momento. La asignación de partidas y el modo de obtener los recursos correspondientes definen la política. A través del presupuesto se  constata la participación del Estado en la renta nacional, la presión tributaria, la evolución monetaria, el endeudamiento, el equilibrio (o desequilibrio) de las cuentas fiscales y las prioridades de la gestión gubernamental. En el contexto de la división horizontal de poderes, estas delicadas e importantes funciones están asignadas  al Poder Legislativo. En modo alguno resulta aceptable que el Ejecutivo se arrogue aquellas facultades o que el Congreso abdique de tales responsabilidades y las delegue al Presidente y sus colaboradores, puesto que éste comportamiento significaría la suma del poder público que se da de bruces con los principios mas elementales del sistema republicano. Lamentablemente esto es lo que en mayor o menor medida viene sucediendo en nuestro país en regímenes militares y bajo la fachada de la democracia que, procediendo de esta manera, se convierte en la antítesis de esta forma de gobierno ya que presupone también la división de poderes al efecto de contribuir a que se asegure y garantice el derecho de los gobernados.

En este mismo editorial se alude a la necesidad “de privatizar las empresas estatales, factor fundamental del desequilibrio que soportamos”. Resulta de interés detenernos en este punto. La razón central de la imperiosa necesidad de deshacerse de los activos en manos estatales para propósitos comerciales, estriba en el despilfarro de capital que significan las llamadas empresas estatales. Dado que los recursos son escasos y las necesidades son ilimitadas, resulta de gran trascendencia aprovechar los factores productivos disponibles. Si la gente con sus compras y abstenciones de comprar asigna recursos en ciertas proporciones es porque eso es lo que estima es acorde con sus preferencias. Cuando el aparato estatal constituye una empresa, lo hace necesariamente con recursos provenientes del contribuyente con lo que inexorablemente disminuye en forma coactiva la previamente mencionada asignación de factores productivos. En otros términos, si la gente decidió establecer los sectores a,b,c,d y e, ahora que se establece la empresa estatal f, habrá que detraer recursos de los antedichas áreas para reasignarlos a este último sector. A los efectos didácticos, supongamos que se eliminó e  para contar con f. Por tanto, en nuestro ejemplo, el cambio de e por f significa una reducción en el nivel de vida de la población que prefería e en lugar de f. En resumen, el problema de la empresa estatal comienza en el momento mismo de su parición, independientemente de que ocurra después. Si la empresa en cuestión es además deficitaria, monopólica y presta malos servicios, estos fenómenos serán agravantes pero el problema central radica en el desvío de recursos.

En otro orden de cosas, no cabe argüir que se salvan los antes aludidos agravantes si la empresa estatal  arrojara superávit, si se desenvuelve en “competencia” o si ofrece “buenos” servicios. En primer lugar, el superávit se politiza ya que al no operar en el mercado no se sabe si las tarifas están demasiado altas o demasiado bajas. En segundo término, no resulta posible jugar a la competencia. No se trata de un simulacro. O se opera con todos los rigores que implica la competencia o se opera en el sector político recurriendo a los resortes que brinda esa estructura. Para competir, hay que hacer eso, léase: competir. Por último, carece de sentido hacer referencia a los “buenos” servicios de una empresa estatal puesto que deben compararse con lo que se hubiera realizado con los recursos de no haber mediado la imposición fiscal que no permitió que se asignen del modo que la gente hubiera preferido de no haber mediado la intromisión estatal.

Tampoco tiene sentido reiterar el lugar común de que, a diferencia de las empresas privadas, la empresa estatal puede instalarse allí donde las operaciones no resultan rentables. Las consecuentes pérdidas son absorbidas por la comunidad, muy especialmente por los que menos tienen ya que verán disminuidos sus salarios en términos reales debido a que las inversiones productivas no se realizan, precisamente como consecuencia de los gravámenes adicionales para financiar un proyecto antieconómico, con lo cual se expanden las zonas de pobreza.

En verdad, hoy día no es pertinente poner especial énfasis en las empresas estatales propiamente dichas, puesto que la técnica moderna de manipulación hace que los gobiernos simplemente expropien el flujo de fondos directamente o indirectamente a través de un enjambre de regulaciones, convirtiendo de facto a la empresa privada en estatal con los mismos resultados y las mismas consecuencias señaladas. Tristes han sido en verdad los casos en que se han “privatizado” empresas estatales transfiriendo monopolios del sector público al sector privado rodeados de todo tipo de corrupciones y corruptelas de naturaleza diversa, con lo que los servicios han resultado naturalmente deficientes al no estar expuestos a la competencia.

 “La situación económica mundial”. En esta columna Hardoy afirma que “El rápido crecimiento de las deudas internacionales, que afecta a algunas de las naciones mas ricas y también de las mas pobres de la Tierra, se está convirtiendo en un insoslayable problema político además de financiero”. Sabia advertencia. En los días que corren, las deudas estatales se han convertido en una dolorosa espina que tiene en jaque a mas de un gobierno, lo cual siempre significa que tiene en jaque a los integrantes de la comunidad que indefectiblemente deben hacerse cargo del endeudamiento con el fruto del trabajo de cada uno de sus integrantes. Y no solo eso, sino que se compromete el patrimonio de futuras generaciones que ni siquiera han participado en el proceso electoral para elegir al gobernante que contrajo la deuda. Por esto es que ese ha dicho acertadamente que la deuda pública no resulta compatible con la democracia. En esta misma línea argumental, se ha propuesto que constitucionalmente se excluya el endeudamiento estatal como método de obtener fondos, limitando los canales a la tributación, es decir, a los bienes presentes sin contar con la posibilidad de endosar coactivamente el problema sobre las espaldas de futuras generaciones.

Pero el asunto no se limita a este aspecto sino que se extiende a organismos internacionales que se financian con recursos coactivamente detraídos a través de impuestos. Muchos de estos organismos prestan a gobiernos a todas luces insolventes o hacen de paraguas protector para que la banca privada efectúe préstamos a países a los que nunca hubieran otorgado préstamos si no fuera por la mencionada garantía. Este es el caso de los llamados “países del tercer mundo” o “subdesarrollados”. Esta categoría de países aparece debido a las políticas desacertadas de sus gobernantes. Controles de cambios, manipulaciones del sector externo, precios máximos y mínimos, empresas estatales, reformas agrarias, constituciones que mas se parecen a una lista de aspiración de deseos que a las debidas limitaciones del poder, re-distribución de ingresos por métodos políticos que contradicen lo expresado por la gente en los mercados, corrupciones galopantes, inexistencia de organismos de contralor y división de poderes, aumentos astronómicos del gasto público, déficit fiscal y, por supuesto, elevados índices de endeudamiento. Todo esto hace que se fuguen los mejores cerebros y cantidades colosales de recursos que buscan horizontes mas seguros. En medio de este desorden y estas estampidas aparecen burócratas ofreciendo carradas de dólares con lo que se estimula a continuar con las políticas desatinadas, que a su vez prolongan e intensifican el problema. Como han señalado, entre otros, Anna Schwartz – coautora de una de las más completas historias monetarias de los Estados Unidos – y Peter Bauer – profesor en la London School of Economics hasta que murió- la receta para estos casos debería consistir en cortarles completamente el crédito de gobierno a gobierno. Supongamos que ello ocurra, los gobiernos receptores y responsables de tanta catástrofe estarían frente a dos posibilidades. O bien reforman sus marcos institucionales, convirtiéndose en un país civilizado con lo que repatriarán su gente y los capitales y recibirían préstamos privados sobre bases serias, o de lo contrario, si deciden continuar con las medidas desatinadas, deberán buscar préstamos en lugares como La Habana (si es que allí encuentran fondos), pero no en Washington.

AIER: What Should MMT Learn from Argentina?

The last few weeks have seen a spike in commentaries surrounding modern monetary theory (MMT). A column by Prof. Stephanie Kelton, Andres Bernal, and Greg Carlock at Huffington Post and an endorsement from Representative Alexandria Ocasio-Cortez (D-N.Y.) have triggered negative responses by a number of reputable economists. George Selgin, Larry Summers, Paul Krugman, and Ken Rogoff (just to name a few) have all expressed concerns (to put it mildly) about the implications of applying MMT.

A common thread in these (and other) responses is that it is not clear what MMT really stands for. Advocates of MMT seem to use conventional terms in unconventional ways, and that creates confusion. On top of this, what exactly MMT means changes as time goes by, thereby adding frustration to confusion.

At its core, MMT maintains that a government cannot go broke as long as it can issue its own currency. Large fiscal deficits can be paid for by “printing money” (or, more technically, monetizing deficits). Standard monetary theory maintains that such a policy causes inflation. MMT, in contrast, holds that such a policy is not inflationary, because there are idle resources.

Continue reading at AIER.

INDEPENDENT REVIEW – Volume 23 Number 3 • Winter 2019

Articles

The Road to Crony Capitalism: An Introduction 
By Robert M. Whaples

The Road to Crony Capitalism 
SUMMARY ONLY
By Michael C. Munger, Mario Villarreal-Diaz

Capitalism, Cronyism, and Democracy 
SUMMARY ONLY
By Geoffrey M. Hodgson

The Fall and Rise of Laissez-Faire in the United States, 1789-1900 
SUMMARY ONLY
By Burton W. Folsom Jr.

Dynamism as a Bump on the Road to Crony Capitalism? 
SUMMARY ONLY
By Michelle Albert Vachris

Crony Capitalism versus Pure Capitalism 
SUMMARY ONLY
By Walter E. Block

We Cannot Let Cronyism Overrun Our Economic Garden 
SUMMARY ONLY
By Nicholaus D. Sorrentino

Cronyism: Necessary for the Minimal, Protective State 
SUMMARY ONLY
By Christopher J. Coyne, Abigail R. Hall

Hunting the Big Five: Twenty-First Century Antitrust in Historical Perspective 
SUMMARY ONLY
By Richard N. Langlois

Leland Bennett Yeager: 1924-2018 
SUMMARY ONLY
By Roger G. Koppl

Stephen Margolis’s Contributions to Economics and Political Economy 
SUMMARY ONLY
By Peter J. Boettke
Book Reviews

Selfish Libertarians and Socialist Conservatives? The Foundations of the Libertarian–Conservative Debate 
By Nathan W. Schlueter and Nikolai G. Wenzel
Reviewed by James M. Strickland

The Invisible Hand? How Market Economies Have Emerged 
By Bas Van Bavel
Reviewed by Hilton L. Root

Restoring America’s Fiscal Constitution 
By John D. Merryfield and Barry W. Poulson
Reviewed by Richard M. Salsman

Cooperation and Excellence: A Premodern Case for Capitalism 
By George Bragues
Reviewed by John J. Thrasher IV

Enlightenment Now: The Case for Reason, Science, Humanism, and Progress; 12 Rules for Life: An Antidote to Chaos 
By Steven Pinker; Jordan B. Peterson
Reviewed by Robert M. Whaples

Stateless Commerce: The Diamond Network and the Persistence of Relational Exchange 
By Barak D. Richman
Reviewed by Lee K. Benham

What Is Classical Liberal History? 
Edited by Michael J. Douma and Phillip W. Magness
Reviewed by Robert E. Wright

Cents and Sensibility: What Economics Can Learn from the Humanities 
By Gary Saul Morson and Morton Schapiro
Reviewed by Cecil E. Bohanon

The Progressive Era 
By Murray N. Rothbard, edited by Patrick Newman
Reviewed by Rok Novak

Discrimination and Disparities 
By Thomas Sowell
Reviewed by Ben O’Neill

Green Tyranny: Exposing the Totalitarian Roots of the Climate Industrial Complex 
By Rupert Darwall
Reviewed by Robert M. Whaples

How Economics Professors Can Stop Failing Us: The Discipline at a Crossroads 
By Steven Payson
Reviewed by Robert M. Whaples
Etceteras

Two Worlds: Politics and Everything Else 
By Robert Higgs 

Review of Austrian Economics (RAE), Volume 31, Issue 4, December 2018

  1. A
  2. A process perspective on regulation: Who bears the dispersed costs of regulation?Diana W. ThomasPages 395-402
  3. The nature and limits of Gary Becker’s theory of racial discriminationSanford IkedaPages 403-417
  4. Moral markets: A marginalistic interpretation of Adam Smith – Walter G. CastroRafael E. BeltraminoPages 419-437
  5. Austrian economics and development: The case of Sudha Shenoy’s analysisGiandomenica BecchioPages 439-455
  6. A research agenda for disaster entrepreneurshipDaniel P. AldrichPages 457-465
  7. The power of narrative in post-disaster entrepreneurial responseEmily Chamlee-WrightPages 467-472
  8. The role of local entrepreneurs in promoting disaster recovery: a review of Community Revival in the Wake of DisasterLori PeekPages 473-478
  9. Entrepreneurs drive community revival in the wake of disasterVirgil Henry StorrStefanie Haeffele-Balch…Pages 479-484

PROCESOS DE MERCADO REVISTA EUROPEA DE ECONOMÍA POLÍTICA VOLUMEN XV, NÚMERO 1, PRIMAVERA 2018

Artículos

  • –  David Sanz; Juan Morillo: The Hayekian Theory of Chronic Unemployment
  • –  Edward W. Fuller: Keynes and Fractional Reserve Banking: The NPV vs. MEC
  • –  Rafael García Iborra: Financial Effects of Monetary Expansions
  • –  Aliaksandr Kavaliou: Mises’ Monetary Argument in Economic Calculation Debate: Cross the Ts and dot the Is
  • –  Jorge Gómez Arismendi: El Mercado como bien público
  • –  Olga Peniaz: Minsky’s Financial Instability Hypothesis vs. Austrian Business Cycle Theory Notas
    • –  Walter E. Block; William Barnett II: Boudreaux on high wages; a critique
    • –  Edgar Ortiz Romero: En un mundo de monedas fiat: ¿tipo de cambio fijo o flotante según la escuela austriaca?
    • –  Christopher P. Guzelian: Silver: A morally good money
    • –  Juan Antonio Gregorio Martínez de los Reyes: El ciclo económico en la Escuela Austriaca de Economía: La relación entre la medición del Gross Output y la recaudación del IVA
    • –  Malte Tobias Kähler: How Behavioral Economics can enrich the Perspective of the Austrian School
    • –  María Blanco; Luis I. Gómez: La agilidad como estrategia en la visión sistémica de la empresa
    • –  Tatiana Macías Muentes: Análisis de la crisis y reforma del sistema de Educación Superior de Ecuador, inspirado en el Modelo guatemalteco Documentos
    • –  Miguel A. Fernández Ordóñez: El futuro de la banca: dinero seguro y desregulación del sistema financiero
    • –  Jesús Huerta de Soto: Anarchy, God and Pope Francis
    • –  Murray N. Rothbard: La Invasión Hermenéutica de la Filosofía y la Economía
    • –  Hugo Salinas Price: Moneda de plata para México
    • –  Ludwig von Mises: La Economía y la rebelión contra la razón
    • –  Friedrich A. Hayek: Reglas, percepción e inteligibilidad Reseñas bibliográficas Noticias
      Sugerencias de nuevas lecturas

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