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El fiasco del acuerdo de precios y salarios – por Alberto Benegas Lynch (h)
Con algunos colegas comentábamos que resulta un tanto tedioso reiterar las críticas de algunas políticas. Aun en desacuerdo, medidas novedosas estimularían las neuronas pero la repetición cansa y desgasta sobre todo cuando los fracasos se han sucedido sin solución de continuidad. Ahora observamos con estupor que un candidato a la presidencia proclama “acuerdos de precios y salarios” como si fuera una panacea sin prestar atención a la historia que muestra fracasos estrepitosos que perjudican muy especialmente a los más necesitados debido a los desajustes colosales que inexorablemente se producen.

El caso que nos ocupa ha sido especialmente difundido a través del manifiesto de Verona por el fascismo italiano. Esta corriente de opinión estimaba que los precios pueden administrarse por capitostes de distintas corporaciones en lugar de atender valorizaciones cruzadas entre millones de arreglos contractuales.
Veamos el asunto por partes. El precio no es un número que pueda decidirse caprichosamente sino que es la expresión de lo que ocurre en el mercado. No solo limpia la oferta y la demanda sino que es la única señal que refleja las escaseces relativas y donde conviene invertir y donde desinvetir según los márgenes operativos.
A su vez el precio está íntimamente ligado a la propiedad privada puesto que pone de manifiesto el uso y la disposición de lo propio. Si se afecta la propiedad se deteriora la función del precio como guía de la producción y, en el extremo, si se decidiera abolir la propiedad no hay forma, por ejemplo, de saber si es mejor construir caminos con oro o con asfalto. Si alguien en esta situación opina que con oro es un derroche, es porque recordó los precios relativos antes de la abolición de marras. En otros términos donde no hay propiedad es imposible la economización y sin necesidad de esta política extrema, en la medida en que las intervenciones estatales o los denominados “acuerdos de precios y salarios” estará presente el desperdicio de los siempre escasos factores de producción con la consecuencia del empobrecimiento.
Si los precios se establecen fuera del proceso de mercado en un nivel inferior a los que hubieran sucedido libremente, habrá faltante artificial y si se establecieran a un nivel superior habrán sobrantes. En cualquier caso hay desperdicio de los referidos factores de producción, lo cual se traduce en menores salarios en términos reales puesto que éstos dependen exclusivamente de las tasas de capitalización que naturalmente se contraen debido al antes mencionado derroche.
Si se quiere contribuir a resolver los problemas que nos aquejan es indispensable eliminar funciones gubernamentales incompatibles con un sistema republicano puesto que el gasto público está a niveles elefantiásicos, lo cual hace que los impuestos resulten insoportables, la deuda estatal sea astronómica, el déficit total esté descontrolado y la inflación mensual sea equivalente a la anual en de un país civilizado. Y no decimos “podar” el gasto público puesto que, igual que con la jardinería, la poda hace que el crecimiento sea con mayor vigor. Tampoco analizamos el gasto del aparato estatal en relación al producto interno puesto que este guarismo no justifica crecimientos en el Leviatán. En resumen, es de esperar que la próxima administración se percate que desde hace siete décadas los argentinos venimos soportando un estatismo galopante que multiplica la pobreza, a diferencia cuando estábamos a la vanguardia del mundo en salarios e ingresos en términos reales debido a la aplicación de las recetas liberales desde la Constitución alberdiana de 1853 hasta el golpe fascista del 30, notablemente agudizado a partir del golpe militar del 43 hasta la fecha.
Publicado originalmente en El Economista, 16 de septiembre de 2019.
ARGENTINA, INVADIDA POR CUBA. ESTA VEZ LO LOGRARÁN
Los argentinos piensan que ellos están más allá de todo. Que hagan lo que
hagan, van a seguir encontrando cositas en el almacén de la esquina, que van a ir a la cancha los Domingos, que van a
hacer un asadito con los amigos, que van a pasear por Corrientes a la noche,
etc., etc., pase lo que pase, caiga quien caiga y suba quien suba. Son como el
conductor que siempre, siempre, va a 180 por la ruta. Siempre estuvo “a
punto de” pero piensa: a mí no me va a
pasar.
Montoneros y ERP fueron un proyecto de disolución nacional para que Cuba
tomara el control. Casi lo logran, y no sin el apoyo popular que le permite a
su brazo político, el Frejuli, ganar las elecciones en 1973. La famosa “La
Cámpora” viene de allí.
Por poco no lo lograron, pero hoy son los jóvenes idealistas, y con todos
sus asesinatos a cuesta anda sueltos con la frente alta. Son los buenos de la
peli de la historia oficial. Es mucho.
En 1991 cae el Muro, y todos nos ilusionamos con que ellos también. Qué
tontos que fuimos. Se re-organizan totalmente en el foro de San Pablo y el
matrimonio Kirchner fue su firme ejecutor, pero muchos lo niegan y lo siguen
negando. Vamos a 190. No va a pasar nada, Gabriel, no seas pesimista. Prendemos
la radio y ponemos el aire acondicionado.
Cuba ya invadió Venezuela, pero el supuesto moderado dice que es un país
democrático. Cuba tiene a su vez la protección de Rusia y China. China tiene
una base en la Argentina. Pero no es nada, Gabriel, ves visionesy apoyás a
Macri.
Milagrosamente el kirchnerismo perdió las elecciones en el 2015. Pero dos
milagros ya es mucho, y Macri hizo todo para que volvieran. Inútil es tratar de
explicar a todo el mundo que el tema no es Macri sino la República y la
Constitución. Inútil. Vamos a 195. El auto anda bárbaro.
Alberto Fernández es el fin. Detrás de él están Cristina Kirchner, Máximo
Kirchner, Hebe de Bonafini, D´Elía, Grabois, Zafarroni, Zannini, etc. En Cuba
ya están preparando la fiesta, y la abogada exitosa está en este momento
haciendo la torta. Pero no, todo bien, el auto no va a chocar, no va a volcar,
todo bien, Alberto maneja. Evidentemente el peronismo siempre tuvo un gran
conductor.
Cómo quisiera, dentro de algunos años, decir cuán equivocado estaba. Rezo por
ello intensamente.
Pero, mientras tanto, no me consuela el último modelo. Mi cinturón de
seguridad es magnífico, el asiento, muy cómodo, hay música, aire y cristales
polarizados. Todo es magnífico. Cabeceo. Me duermo.
Y no me despierto nunca más.
La historia argentina y el desafío del liberalismo frente a la avalancha estatista – por Alberto Benegas Lynch (h)
Lo primero es decir que en nuestro país y en ninguna otra parte del continente americano hubo tal cosa como «pueblos originarios», ya que todos los humanos provenimos de África y en nuestra región los habitantes primitivos caminaron a través del Estrecho de Bering cuando las aguas estaban bajas. En todo caso se trata de los primeros inmigrantes.
Habiendo dicho esto subrayamos que la primera fundación de una ciudad en nuestras tierras fue en Santiago del Estero en 1554, época, dicho sea de paso, en que esa zona era un vergel lo cual se modificó a raíz de sucesivos cambios climáticos que vienen ocurriendo desde por lo menos la era glaciar. Por eso se ha dicho que luego de los ruidos guturales, nuestros ancestros de las cuevas lo primero que probablemente dijeron fue: «¡Qué raro está el clima!».
Uno de los primeros combates de los gobernantes locales luego de fundada Buenos Aires fue el contrabando, es decir, el deseo de ingresar mercadería considerada de mejor calidad y precio más atractivo según el criterio de los locales. En este sentido, las primeras trifulcas fueren entre nuestras costas y Colonia del Sacramento y más adelante la instalación de aduanas secas, por ejemplo, en Córdoba y Jujuy.
Por su parte, las vaquerías –mucho antes de los saladeros y la muy posterior industria frigorífica- fueron la primera industria porteña que consistía en cazar ganado vacuno para sacar partida del cuero y dejar que los animales se pudran en el campo, lo cual se complementaba con la liquidación de carne para engullir y dejar el resto a las aves de rapiña. Todo esto era una manifestación burda de lo que en la ciencia política luego se denominó «la tragedia de los comunes», es decir, lo que es de todos no es de nadie y, por tanto, no hay interés en preservar y reproducir sino solo en consumir. Este fenómeno depredatorio se corrigió con la revolución tecnológica del momento: la marca primero y el alambrado después que al delimitar la propiedad no solo frenó lo anterior que se encaminaba a la extinción del ganado vacuno (igual que ocurrió con los búfalos en el hemisferio Norte) sino que los incentivos operaron en dirección a multiplicar el stock ganadero.
La denominada conquista de América por los españoles en estas regiones en general se basó en la expoliación de los llamados «indios» (como se sabe, un error conceptual debido a que las expediciones originalmente pensaban que se dirigían a las indias) a través de «guerras santas» y de instituciones esclavistas como la mita y el yanaconazgo por las que seis siglos más tarde Juan Pablo II pidió perdón en nombre de la Iglesia (además de otros perdones) y en la época de la referida conquista hubieron defensores de los indígenas, personas extraordinarias como Fray Bartolomé de las Casas.
Los primeros gobernantes ostentaban el título de «adelantados», quienes financiaban la expedición a cambio de privilegios y dádivas de muy diversa naturaleza y de ser designados capitanes generales por la corona española quienes a su vez nombraban a miembros de la Audiencia, una institución encargada de impartir justicia y los cabildos responsables de faenas más bien municipales. Luego, esa incipiente burocracia fue reemplazada por los títulos de virreyes y gobernadores, ambos a cargo de jurisdicciones de distinta magnitud, siempre regidas bajo las Leyes de Indias que se promulgaban en España y que tenían la curiosa característica de ser lo contrario a lo que en derecho se conoce como ley, puesto que estaban dirigidas a casos particulares y no de carácter general.
Es de interés destacar que lo dicho no operaba en el hemisferio Norte, puesto que los colonos allí se escapaban de la intolerancia religiosa y el despotismo del continente europeo y de la corona británica en ese momento en manos de Jorge III. En este sentido, cabe subrayar que la historia de las colonias en lo que luego fueron los Estados Unidos se basaron en instituciones liberales que fueron un modelo para el mundo libre. Cuando en el Sur se estableció el férreo Virreinato del Río de la Plata en 1776 que cortó amarras con Lima, en el Norte se promulgó en el mismo año la Constitución que produjo la revolución que mayor progreso brindó en lo que va de la historia de la humanidad, solo comparable a la muy efímera Constitución de Cádiz de 1812 denostada y anulada por la monarquía.
Durante las invasiones inglesas de 1806 y 1807 se puso en evidencia el deseo de los locales de abrir el comercio con Inglaterra y con el resto del mundo y zafar de las imposiciones españolas de solo comerciar con ellos o entre las colonias dominadas por España, lo cual fue estimulado en grado sumo por las importaciones clandestinas de libros que patrocinaban el librecambio y mostraban sus múltiples ventajas, muy distinto a lo que hoy ocurre en nuestras playas en cuanto a las propuestas anacrónicas y empobrecedoras de «vivir con lo nuestro».
En 1810, principal aunque no exclusivamente como consecuencia de las invasiones napoleónicas en la península, hubo varios movimientos a favor de declarar la independencia de España. Fueron muy variados los antecedentes y las conspiraciones hasta que finalmente el virrey en ejercicio, Baltasar Hidalgo de Cisneros, se vio forzado a abandonar el cargo y se generaron conatos contrarrevolucionarios como la movilizada por Liniers, quien finalmente fue fusilado en medio de trifulcas de variado tenor. Después de calurosos debates sobre si es implementaría una monarquía o un gobierno republicano, primó este último criterio y se sucedieron gobiernos que ostentaron los títulos de Junta de Mayo, Junta Grande, Primer y Segundo Triunvirato y Directorio, mucho antes de la presidencia en el Ejecutivo.
Ya cuando Fernando VII retornó al trono en 1815 los locales percibieron que reincidiría con sus tendencias absolutistas lo cual confirmó la revolución independentista. En todo caso y en definitiva, Juan Bautista Alberdi tuvo razón cuando consignó que «dejamos de ser colonos de España para ser colonos de nuestros gobiernos» pues, en la práctica, especialmente en el período hasta la caída de Rosas en 1852, dominaron el panorama político los caudillos y las luchas intestinas donde sobresalió un régimen unitario con la fachada de federal.
Es del caso detenernos telegráficamente en opiniones de reconocidos personajes sobre la tiranía rosista dado el tiempo que duró su dominación. Bartolomé Mitre destaca que fundó «una de las más bárbaras y poderosas tiranías de todos los tiempos» (en Historia de Belgrano). Esteban Echeverría: «Su voz es de espanto, venganza y exterminio (en Poderes extraordinarios acordados a Rosas). Domingo Faustino Sarmiento: «Hoy todos esos caudillejos del interior, degradados, envilecidos, tiemblan de desagradarlo y no respiran sin su consentimiento [el de Rosas]» (en Facundo). Félix Frías escribió que «Rosas se proponía por medio de espectáculos sangrientos enseñar la obediencia al pueblo de Buenos Aires (en La gloria del tirano Rosas). Juan Bautista Alberdi: «Los decretos de Rosas contienen el catecismo del arte de someter despóticamente y enseñar a obedecer con sangre» (en La República Argentina 37 años después de su Revolución de Mayo). Por su parte, José Manuel Estrada afirmó que «Ahogó la revolución liberal con la escoria colonial» (en La política liberal bajo la tiranía de Rosas). José Hernández: «Veinte años dominó Rosas esta tierra […] veinte años tiranizó, despotizó y ensangrentó al país» (en Discurso en la Legislatura de Buenos Aires). José de San Martín relata en una misiva que «Tú conoces mis sentimientos y por consiguiente yo no puedo aprobar la conducta del general Rosas cuando veo una persecución contra los hombres más honrados de nuestro país» (en Carta a Gregorio Gómez, septiembre 21 de 1839). Paul Groussac concluye que «Lo que distinguía a Rosas de sus congéneres, era la cobardía, y también la crueldad gratuita» (en La divisa punzó).
Los miembros de la generación del 37 -bautizada así por el año en que se creó el Salón Literario- conspiraban contra Rosas y muchos de ellos prepararon escritos en Buenos Aires y luego desde el exilio en Chile y Uruguay para adoptar otras perspectivas una vez finiquitada la tiranía. Y después de proclamada la Constitución liberal de 1853 y reforzado ese ideario con las contribuciones de la generación del 80 (denominada así a partir de la primera presidencia de Roca), la Argentina se convirtió en uno de los países más prósperos del planeta. Competía con Estados Unidos y en niveles muy superiores a Suiza, Alemania, Francia, Italia y España, de donde provenían las abundantes corrientes migratorias atraídas por los muy jugosos salarios y condiciones de vida argentinas.
Lo vaticinó Tocqueville: es frecuente que en naciones de gran prosperidad moral y material se dé por sentada esa situación con la que los valores y los principios sobre los que se sustenta ese progreso son abandonados y, consiguientemente, irrumpe la declinación.
Así ocurrió a partir del golpe fascista del 30, cuando comenzó un proyecto de constitución corporativa propuesta por el entonces presidente de facto. Las ideas disolventes se venían gestando lenta pero firmemente, lo cual acentuó el estatismo en grado exponencial a partir del golpe militar del 43, algo que, lamentablemente, bajo una etiqueta u otra, ha venido sucediendo sin solución de continuidad hasta el presente.
En esta línea argumental y para cerrar esta nota periodística dado que el antedicho estatismo se centra principalmente en la corriente peronista, menciono al correr de la pluma los autores más prominentes que han investigado sobre el tema al efecto de ilustrar lo dicho. La corrupción astronómica del régimen (Américo Ghioldi, Ezequiel Martínez Estrada), su fascismo (Joseph Page, Eduardo Augusto García), su apoyo a los nazis (Uki Goñi, Silvano Santander), su censura a la prensa (Robert Potash, Silvia Mercado), sus mentiras (Juan José Sebreli, Fernando Iglesias), la cooptación de la Justicia y la reforma inconstitucional de la Constitución (Juan A. González Calderón, Nicolás Márquez), su destrucción de la economía (Carlos García Martínez, Roberto Aizcorbe), sus ataques a los estudiantes (Rómulo Zemborain, Roberto Almaraz), las torturas y muertes (Hugo Gambini, Gerardo Ancarola), la imposición del unicato sindical y adicto (Félix Luna, Damonte Taborda), la aniquilación del derecho (María Zaldívar y la correspondencia Cooke-Perón), el totalitarismo (carta de Perón a Mao y Juan V. Orona).
Es a través del peronismo que se han demolido las bases constitucionales originales para convertir la legislación vigente en un catálogo de pseudoderechos que perjudican muy especialmente a los más necesitados, a contracorriente de los establecido por maestros como Amancio Alcorta, Augusto Montes de Oca, Segundo Linares Quintana y Gregorio Badeni entre muchos otros y, desde luego, contrario a los múltiples textos de Alberdi como principal inspirador de nuestra Constitución fundadora.
Hoy en nuestro país debe celebrarse el establecimiento de múltiples entidades de muy variado tenor al efecto de estudiar y difundir el ideario de la tradición de pensamiento liberal. Si bien son por ahora minoritarias respecto a la avalancha estatista, constituyen una sólida esperanza para el futuro dadas las muy fértiles faenas que viene desarrollando muchos jóvenes profesionales que trabajan denodadamente en esas instituciones. En este sentido, confiamos que seamos capaces de retomar un camino que nunca debimos abandonar como vanguardia del mundo civilizado.
Publicado originalmente en Infobae, el 7 de septiembre de 2019.
El autor es Doctor en Economía y también Doctor en Ciencias de Dirección, preside la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires y miembro de la Academia Nacional de Ciencias Económicas.
ELEMENTOS DE ECONOMÍA POLÍTICA. Martín Krause, Gabriel Zanotti, Adrián Ravier (libro completo)
Esta obra pretende introducir a los alumnos en ciertos temas clásicos que servirán para sus posteriores estudios y además brindar una base para todo aquel que, sin ser economista, se preocupe por los temas socioeconómicos de su país.

Los autores tratan a la economía como una ciencia social. Una ciencia que tiene que tratar el mercado como un proceso intrínsecamente ligado a temas políticos, jurídicos, culturales y filosóficos. Una ciencia dirigida a un logro concreto: salir de la pobreza.
Autores: Martín E. Krause / Gabriel J. Zanotti / Adrián O. Ravier
(con la colaboración del Instituto Ecuatoriano de Economía Política -IEEP-)
Idioma: Español
Cantidad de páginas: 1072
Fecha de la primera edición: agosto de 2007
ISBN: 978-987-03-1118
Temas que trata la obra:
Capítulo I: Economía y escasez
Capítulo II: La acción humana
Capítulo III: El intercambio
Capítulo VI: El empresario
Capítulo V: El proceso de mercado
Capítulo VI: El papel del gobierno
Capítulo VII: El estado
Capítulo VIII: El origen del dinero y el sistema bancario y financiero
Capítulo IX: La macroeconomía del capital
Capítulo X: Macroeconomía Comparada: Inflación, ciclos económicos y la curva de Phillips
Capítulo XI: El comercio internacional
Capítulo XII: La economía y el medio ambiente
Capítulo XIII: La desigualdad de rentas y patrimonios
Capítulo XIV: ¿Por qué algunos países son ricos y otros son pobres? Calidad de las instituciones y competencia institucional
Capítulo XV: Sistemas económicos y políticas públicas
Capítulo XVI: Regulaciones
Capítulo XVII: Desregulaciones
Bibliografía
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PREFACIO
Hay muchas introducciones a la economía y muy buenas. Muchas de ellas son muy didácticas y plantean temas que los alumnos de economía van a ver en sus estudios de grado o post-grado. Otras plantean temas que interesan al que no va a estudiar economía, pero que interesan a todo aquel que quiera ser un buen ciudadano, y se interese por las condiciones socioeconómicas de su país. Todas esas introducciones tratan, y está muy bien, de los mismos temas: los precios, la moneda, los mercados, el desarrollo, el desempleo, la inflación, el comercio internacional, etc.
No vamos a decir ahora que esta introducción es totalmente diferente a las demás. También queremos introducir al alumno a ciertos temas clásicos que servirán para sus estudios posteriores; también queremos brindar una base para todo aquel que, sin ser economista, se preocupe por los temas socioeconómicos de su país.
Pero, por supuesto, ofrecemos, creo, algunos elementos específicos que el lector irá descubriendo poco a poco.
Ante todo, en los temas elegidos aparece algo peculiar. En los dos primeros capítulos, la Economía, como ciencia, está ligada a una cuestión filosófica: el estudio de la acción humana. ¿Por qué? ¿La economía no tenía que ver con la riqueza material y con los números? Vamos a descubrir que, en cierto sentido, no. Vamos a ver que la riqueza no es algo que “esté allí”, sino que se descubre, y que, más que algo material, es algo intelectual, esencialmente humano.
Vamos a ver, también, que el mercado es un proceso muy dinámico, muy abierto, esencialmente ligado a ciertas condiciones jurídicas de libertad. Y que, por lo tanto, poco tiene que ver con la acción de los gobiernos, o de los organismos internacionales o con modelos matemáticos sofisticados. Y que, cuando tiene que ver con todo ello, nos alejamos de lo que realmente es el mercado como proceso de descubrimiento.
Vamos a ver que, en relación con lo anterior, todos somos empresarios en el mercado, y que el estudio de la acción empresarial no es un tema diferente, sino esencial al estudio del mercado, y que los empresarios no son “los ricos”, sino todo aquel que, sea cual fuere su nivel de patrimonio, es capaz de descubrir oportunidades en ese mercado abierto, en condiciones de riesgo.
Vamos a ver que, de lo anterior, surgen las condiciones para la acumulación de capital. Que ello no implica unos pocos se haga ricos mientras los demás se hacen más pobres, sino al revés: que la acumulación de capital, en condiciones de estabilidad política y monetaria, es condición para el desarrollo y, consiguientemente, para salir de la pobreza y el desempleo.
Vamos a ver, también, que para ello es necesario que el sistema económico tenga un sistema circulatorio sólido, que es la moneda, y vamos a ver que los gobiernos poco deberían tener que ver con algo tan importante como el dinero, los bancos, el ahorro y la inversión.
Pero todo ello no es estudiar, por lo tanto, “nada más que economía”. Exactamente. Esa es la cuestión. Por eso lo hemos titulado “Elemento de Economía Política”. Cuando en español decimos “Economía” en realidad estamos traduciendo de “Economics” en Inglés. Si nos fijamos bien, “Economics” es como “Physics”, o sea “Física”. O sea que en realidad estaríamos hablando de una “Económica”, una ciencia casi igual a la “Física”, que podría estar tratada casi matemáticamente con independencia de condiciones jurídicas o políticas que le serían externas. Y es así como se estudia la economía muchas veces. Cuando después hay que “bajar” esos modelos tan abstractos a la realidad, esas “bajadas” que hacen en general los políticos son en realidad aterrizajes forzosos de un mal avión que luego despistan a todo un país, a toda una población que es la que sufre las consecuencias.
Nosotros, en cambio, tratamos a la economía como lo que realmente es: una ciencia social, porque ello quiere decir originalmente “político” (polys, en Griego). Una ciencia que, por lo tanto, tiene que tratar del mercado como un proceso intrínsecamente ligado a temas políticos, jurídicos, culturales y filosóficos. Una ciencia directamente dirigida a la praxis[1], a un logro muy concreto: salir de la pobreza. Por eso el primer gran libro importante de economía fue escrito por un filósofo, Adam Smith, y trataba justamente de la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones. Por ello para los economistas que siguieron después de él, la economía era una de las “moral sciences”, o sea, lo que hoy llamaríamos ciencias sociales, y no hablaban de economía sino de Political Economy (Economía Política) que no hay que confundir, aunque tenga directa relación, con una economic policy (política económica). A esa tradición, una tradición de una Economía Política, hay que volver, donde los temas filosóficos, jurídicos y políticos no le son ajenos, no son “otra ciencia”, “otra materia”, sino parte esencial de la economía política.
El alumno o el ciudadano que recorra estas páginas, tiene que estar conciente, por lo tanto, de dos cosas. Una, que los autores nos hemos jugado por ideas, que no hemos pretendido escribir un manual en el aire, una especie de “física” con independencia de los graves problemas del mundo actual, y no lo hemos hecho, no sólo porque no debemos, sino porque la misma naturaleza de la Economía Política nos impediría hacer algo así. Dos, que, como dice uno de los autores que más vamos a citar en este libro, F. A. von Hayek: el que quiera ser sólo un economista, será un mal economista. Cuando cierre las páginas de este humilde texto, el alumno o el lector tienen un importante camino que recorrer, porque tiene que seguir estudiando todos esos temas que lo harán un buen economista y, por lo tanto, alguien que esté en verdaderas condiciones de ayudar a su prójimo y a su país. No un técnico, no un empleado del gobierno, sino alguien con ideas claras, con ideas propias, con una concepción integral del hombre y la vida social, que pueda estar a la altura de los importantes acontecimientos mundiales que estamos todos viviendo y sufriendo.
Los autores
Febrero de 2007.
[1] Ver, al respecto, Crespo, R.: La economía como ciencia moral, Educa, Buenos Aires, 1997.
Acceda aquí al pdf completo.
Las tribus liberales
Por el avance en la apertura comercial, Argentina avanzó 14 lugares en el Indice de Libertad Económica de Fraser
La medición registra datos de lo acontecido en el país en 2017; el país está en el puesto 146 de 162 países
De acuerdo al Instituto Fraser, aliado a la Fundación Libertad y Progreso en el país, la Argentina avanzó 14 puestos en el Indice de Libertad Económica en el Mundo, pasando del puesto 160 registrado en el Indice 2018 al puesto 146 este año. La mejora se explica mayoritariamente por la mejora en la categoría “Libertad para Comerciar Internacionalmente”, donde el país duplicó su puntaje en un año. Cabe destacar que el Indice 2019 refleja lo acontecido en el país en 2017, debido a que la medición del instituto canadiense cuenta con dos años de rezago.
El Indice también tiene en cuenta otros factores como Tamaño de Gobierno, Sistema Legal y Seguridad Jurídica, Dinero (lo que registra la incidencia de la inflación) y Nivel de Regulaciones. En todos los parámetros Argentina mejoró la nota respecto de 2018, año que registraba los avances de 2016, el primer año de administración de Mauricio Macri.
Según Aldo Abram, economista y director de la Fundación Libertad y Progreso siempre es buena noticia para un país mostrar una mejora en el Indice de Libertad Económica. “El actual Gobierno logró dar algunos pasos importantes para ello, como salir del cepo cambiario, resolver el default de la deuda en los tribunales de Nueva York e integrarse al mundo. Lamentablemente, no avanzó en otros temas vitales para sacar al país del rumbo a la decadencia como realizar una profunda reforma del Estado y laboral; tener un Banco Central que priorice la estabilidad monetaria; gestar un programa de baja y eliminación de impuestos; y desarmar la maraña de regulaciones que ahoga a la producción; por lo que seguramente en los indicadores que vendrán señalarán con más contundencia estas carencias”, explicó.
El Instituto Fraser produce el Indice junto a la Red Mundial de Libertad Económica, que integra Libertad y Progreso, junto a un centenar de organizaciones de 100 países.
Entre los países mejor posicionados, encabezan el ranking Hong Kong (puesto 1), Singapur (2), Nueva Zelanda, Suiza, Estados Unidos, Irlanda, Reino Unido, Canadá, Australia y Mauricio. Los países peor posicionados son Iraq, Republica dl Congo, Egipto, Siria, República Democratica de Congo, Angola, Argelia, Sudan, Libia, y el peor de todo es Venezuela. Países sin plena vigencia de gobiernos democráticos como Corea del Norte o Cuba no están incluidos en la medición por falta de datos. “La posición de Hong Kong puede sorprender, aunque los datos son de 2017. La intrusión en la seguridad jurídica por parte del gobierno de Beijing afectó negativamente la libertad económica y si bien Hong Kong ha mantenido su primer puesto, viene decayendo en el parámetro de seguridad jurídica, que es fundamental en el Indice. La situación actual incluso es más preocupante en cuanto a si los habitantes de Hong Kong seguirán gozando de la libertad con la que contaban tradicionalmente”, dijo Fred Mac Mahon, del Fraser.
Entre los países de América, Estados Unidos tiene el puesto 5, Chile el 13, Panamá el 31, Perú el 42, Uruguay el 70, Paraguay el 72, Méjico el 76 y Brasil el 120.
Según los datos de Fraser, los países más libres tienen ingreso por habitante más altos, viven más y tienen menos pobreza que los menos libres. Así, en el cuartil más alto de libertad económica (donde se encuentra Chile) el PBI/cápita es de entre 36.000 y 40.000 dólares, mientras que el del cuartil más bajo (donde se encuentra la Argentina) registran un PBI/cabeza de entre 6000 y 5000 dólares. En cuanto a la pobreza, en el cuartil de más libertad sólo 1,8% de la población vive con menos de dos dólares por día, mientras que en el cuartil menos libre el 27% vive con menos de 2 dólares por día. En cuanto a la longevidad, los habitantes del cuartil más libre tienen una expectativa de vida de 79,5 años, mientras que los habitantes del cuartil menos libre tienen una esperanza de vida de 64,4 años. “Cuando la gente tiene la libertad de elegir sus oportunidades y opciones de vida, terminan teniendo existencias más prósperas, felices y con mayor salud”, destacó Fred Mac Mahon.
Para descargar el Indice (en inglés) entrar a:
https://www.fraserinstitute.org/studies/economic-freedom-of-the-world-2019-annual-report
Entrevista a Ricardo M. Rojas – Derecho, praxeología y liberales en la política
Entrevista sobre globalización, historia económica y Escuela Austriaca
EL EJEMPLO CABAL DE REVEL – Por Alberto Benegas Lynch (h)
Muy de vez en cuando surgen aquí y allá personajes de un vuelo intelectual y un coraje moral que todo lo envuelven y que dejan rastros tan profundos en la historia que marcan períodos muy diferentes, en los que inyectan una luz tan penetrante y acogedora que resulta imposible atenuar y mitigar con las mediocridades habituales.

Éste es el caso de Jean-François Revel. Un ejemplo de conducta íntegra, abierto en su mente a la incorporación de nuevas contribuciones, pero incapaz de claudicar en sus principios liberales de respeto irrestricto al prójimo, los cuales incorporó fundamentadamente luego de abandonar el ideario socialista de sus primeras épocas el cual percibió como empobrecedor e inmoral.
Sus obras escritas son muy numerosas y exploran múltiples avenidas que ponen de manifiesto una pluma magistral con un contenido de información notable y una erudición pocas veces igualada. Selecciono en estas líneas unos pocos de sus pensamientos para que el lector le tome el peso a este “ciudadano del mundo”, como decían los estoicos. Es apenas una muestra de la formidable producción de Revel pero ilustra su tesón y su capacidad para exponer de modo simple problemas complejos.
No es que coincidamos en todo con lo que escribía este autor, eso no ocurre con nadie. Incluso cuando después de un tiempo leemos algo escrito por nosotros mismos, es frecuente que concluyamos que lo hubiéramos presentado de otra manera. Es que como decía Borges, no hay tal cosa como el texto perfecto y, citándolo a Alfonso Reyes, repetía que “si no publicamos, nos pasaríamos la vida corrigiendo borradores”.
Manos a la obra entonces con las anunciadas muestras. En El renacimiento democrático Revel se pregunta y responde “¿Cómo extrañarse que excepto los liberales todos hayan mantenido que ninguna actividad puede desarrollarse plenamente sin auxilio del Estado, es decir, sin la ampliación de su propio papel?”, esto es así debido a que todos los autoritarismos comparten “el único sentimiento que produce la unanimidad de todos los partidos y en todos los partidos: el odio salvaje que alimentan contra lo que denominan con horror ´individualismo´. Esa palabra designa para ellos la pesadilla suprema, la sospecha de que en alguna parte subsiste un fragmento del espíritu humano que escaparía a la esfera política, a lo colectivo, a lo comunitario, a lo gregario, al dominio del público”. Y concluye que la perversión de la democracia, la que no respeta el derecho de otros, conduce a que “puedan existir poderes democráticamente elegidos que devoran a la sociedad civil, a la libertad, a la diversidad, a todos lo que es privado”.
En La gran mascarada señala que “Si el nazismo y el comunismo han cometido genocidios comparables por su amplitud, por no decir por sus pretextos ideológicos, no es en absoluto debido a una determinada convergencia contra natura o coincidencia fortuita debidas a comportamientos aberrantes sino, por el contrario, por principios idénticos, profundamente arraigados en sus respectivas convicciones y en su funcionamiento”. Asimismo, dice en el mismo libro: “Estoy de acuerdo en que se me exhorte a que abomine cada día mas a los antiguos admiradores de Himmler, a condición de que no sean antiguos admiradores de Beria los que administren esa homilía conminatoria […]. La analogía no es mía: es de Stalin. Fue el que llamaba a Beria ´nuestro Himmler´y fue en esos términos en los que lo presentó al presidente estadounidense Franklin Roosevelt”.
En sus memorias –Diario de fin de siglo– destaca una cita que toma de Einstein y que aplica a la tozuda repetición de los errores y horrores estatistas: “Los problemas no pueden resolverse con quienes los han creado” y en El monje y el filósofo, diálogo que mantiene con uno de sus tres hijos (el biólogo molecular y monje budista), afirma que “La idea directriz del Siglo de las Luces y, mas tarde, del socialismo ´científico´ de Marx y Lenin es, en efecto, que la alianza de la felicidad y de la justicia ya no pasaría, en el futuro, por una indagación individual de la sabiduría, sino por una reconstrucción de la sociedad en su conjunto […] Así, la salvación personal se encuentra, desde entonces, subordinada a la salvación colectiva […] esta ilusión es la madre de los grandes totalitarismos que han devastado nuestro siglo XX”.
Participé con Revel en distintos seminarios en diversos rincones del mundo. Miembro distinguido de la Academia Francesa. Disfrutaba de su amena conversación durante sus célebres aperitivos con jerez y jamón crudo y de las largas caminatas en las que siempre nos sorprendía con alguna reflexión aguda y alguna anécdota esclarecedora, las mas de las veces rebosante en buen humor. Lo invité a Buenos Aires a pronunciar conferencias, lo cual hizo con gran maestría. Tuvo la generosidad de escribir un extenso prólogo para uno de mis libros donde consigna que “Alberto Benegas Lynch (h) nos obliga a plantearnos los problemas sustentado en una rica documentación, un rigor en el razonamiento y un talento literario que hacen de este libro una obra saludable y una lectura indispensable para todos aquellos de nuestros contemporáneos y nuestros descendientes que deseen comprender nuestra época” (en mi Las oligarquías reinantes. Discurso sobre el doble discurso, Buenos Aires, primera edición de Editorial Atlántida y segunda de Grupo Unión).
Encontramos tantas personas que confusamente tratan de explicar lo inexplicable y que suelen acompañar sus peroratas con torpes movimientos de las manos -“en ademán natatorio”, como decía Ortega- que deberíamos aprovechar más los valiosos testimonios de intelectuales nobles y de fuste que explican los problemas y ofrecen las soluciones con precisión y claridad, tal como era el caso del prolífico Revel.