¡Somos comunistas! – Por Ricardo Manuel Rojas

En las últimas décadas, Argentina ha experimentado un declive económico notorio. Cada nuevo gobierno surgido tras una crisis, le ha echado la culpa del fracaso anterior al neoliberalismo, el capitalismo, la voracidad empresarial, y ha invocado la ayuda a los desprotegidos y una más justa distribución de la riqueza como ejes de su nueva política.

Sin embargo, todos los gobiernos, a grandes rasgos, han hecho lo mismo y con los mismos resultados. Dicen aplicar políticas socialistas y luego culpan al capitalismo por sus propios fracasos. Las bases de ese socialismo, aunque les cueste aceptarlo, fueron sentadas en 1848 en el Manifiesto Comunista por Marx y Engels, quienes elaboraron un plan de diez puntos que debían aplicarse en el mundo (luego admitirían que en forma gradual), para lograr las transformaciones que consideraban adecuadas.

Pues bien, en el último siglo Argentina ha avanzado sostenidamente en la dirección de esas diez propuestas, y podríamos concluir que salvo una (la eliminación del derecho hereditario, que por ahora no ha podido materializarse), las otras nueve han estado presentes en todas las políticas de gobierno de los últimos tiempos. Veamos:

1. La expropiación de la propiedad territorial y la aplicación de la renta a los gastos del Estado.

Los autores del Manifiesto soñaban con un Estado único propietario y administrador de la tierra (la principal fuente de riqueza de la época). Más tarde los estudios de análisis económico del derecho mostraron que no hace falta confiscar la tierra, apoderarse de ella y eliminar los títulos privados de propiedad. El derecho de propiedad no es simplemente el título, es la capacidad para ejercer actos de administración y disposición. Entonces, en la medida en que el Estado pueda apropiarse en cualquier momento de la tierra o de sus frutos, o imponerles altos tributos para mantener sus gastos, resulta mucho más eficiente conservar la propiedad privada formal y establecer la propiedad estatal real. Eso ocurre en Argentina.

Un ejemplo claro de ello es lo que se intentó con la recordada resolución 125: establecer un impuesto de exportación de granos tan alto, que prácticamente convertía a los productores en empleados del Estado.

2. Impuestos progresivos

Ha sido una constante invocar que cuanto mayor capacidad contributiva, mayores deberán ser las alícuotas de los impuestos. La propagación de la noción de igualdad económica como un modo de eliminar la pobreza –que en realidad ha incrementado la pobreza-, ha hecho que se considere razonable someter a altas cargas tributarias a quienes más riqueza poseen, lo que ha llevado a que se retraigan las inversiones y se fuguen los capitales, con el consecuente empobrecimiento general.

Frente a una nueva crisis que se vive actualmente, una de las propuestas del nuevo gobierno es crear un nuevo impuesto a los grandes capitales.

3. Confiscación de las propiedades de emigrados y rebeldes.

Sería muy antipático que los gobiernos abiertamente persiguieran hoy a sus enemigos y les confiscaran sus bienes, como hicieron en Rusia quienes aplicaron estas ideas a rajatabla (además de violar la prohibición expresa del artículo 17 de la Constitución Nacional). Sin embargo, las oleadas de personas que han debido emigrar de Argentina en cada crisis económica, buscando mejores perspectivas de vida, debieron abandonar sus bienes, o pagar altos costos para poder sacar del país parte de su propiedad.

Una empresa que cierra, prácticamente es abandonada. El proceso de ocupación de empresas por los empleados, creciente en los últimos tiempos, es una demostración de que legalmente sería muy difícil para sus dueños poder recuperar para sí una porción de esa propiedad, y simplemente la abandonan.

4. Creación de un Banco Nacional que concentre el crédito y el capital.

En este punto, Marx y Engels tuvieron una ayuda de los conservadores y nacionalistas, que crearon el Banco Central (como entidad mixta y temporal), en 1936, y lo nacionalizaron en 1946. A partir de entonces, la moneda y el crédito son manejados por el Estado con exclusividad. Ni en sus sueños húmedos los creadores del Manifiesto hubiesen pensado en contar con un instrumento tan poderoso para propender al control estatal del país.

5. Centralización estatal de los medios de transporte.

En Argentina, los medios de transporte que no están directamente en manos del Estado, están sometidos a tales regulaciones que en los hechos son controlados por él. Tal vez la fascinación con Marx y Engels sea la explicación de por qué los gobiernos han tenido la obstinada tendencia a estatizar ferrocarriles, aerolíneas, empresas navieras, a pesar de las enormes pérdidas económicas que significaron para los contribuyentes; y de regular e uniformar todo el transporte terrestre.

6. Multiplicación de empresas nacionales

En la época del Manifiesto, las principales actividades industriales estaban directamente vinculadas a la producción de la tierra. Pero con el devenir de los tiempos, el principio de la nacionalización y control de empresas de todo tipo ha sido parte de la política económica de todos los gobiernos argentinos.

Desde regímenes de promoción industrial, a regulación de las actividades y lisa y llana nacionalización, la fascinación de los políticos por convertirse en industriales ha sido también irrefrenable. En su Sistema Económico y Rentístico, Juan Bautista Alberdi ya alertaba en la misma época de publicación del Manifiesto, sobre los peligros de esta propensión.

7. La organización del trabajo.

El control de la tierra y la producción llevó a los difusores del comunismo a entender que se debía también controlar al trabajo, hacerlo obligatorio, con la creación de ejércitos industriales.

En Argentina, la actividad laboral es una de las más reguladas, supuestamente para beneficiar a los trabajadores, aunque en realidad los ha perjudicado notablemente al desalentar la inversión y la contratación. Los sindicatos son una fuerza política esencial (que impide que nadie que no tenga su bendición pueda efectivamente gobernar). Y esta combinación de sindicatos politizados y gobiernos interesados en los trabajadores, ha convertido a las personas en miembros de un ejército al que no se incorporaron voluntariamente, y que utiliza su fuerza laboral para sus propios fines estatales, y no para los fines particulares de cada trabajador.

8. Hacer desaparecer la distinción entre la ciudad y el campo.

La historia socioeconómica argentina del último siglo ha sido la historia de legiones de pobres alentados por los gobiernos a lanzarse a vivir de manera miserable en barriadas urbanas, y grupos de productores agropecuarios produciendo la riqueza que el Estado luego les quita para mantener a esos pobres.

El arquetipo del pobre que vive en las villas sin posibilidades, que necesita ser ayudado, y el rico productor agropecuario que tiene todo servido en bandeja, permitió mantener durante mucho tiempo ese esquema de productores expoliados y multitudes empobrecidas agradeciendo la ayuda del gobierno.

9. Educación pública gratuita.

La cooptación por parte del Estado de la educación es uno de los pilares de todas las políticas de gobierno. La intervención estatal en todos los niveles educativos, brindando educación directamente o controlando la forma en que la imparten los establecimientos privados, ha sido una constante de todos los gobiernos en el último siglo.

Bien, Marx y Engels deberían estar orgullosos de que sus ideas fueron aplicadas en Argentina por todos los gobiernos desde hace un siglo. Es más, en el prólogo a la edición de 1872, los autores admiten que el desarrollo del mundo desde la publicación original hasta entonces (un período en el que el capitalismo verdaderamente mejoró las condiciones de vida de la gente y comenzó la transformación del mundo) hacían que algunos puntos del Manifiesto pudieran quedar desactualizados.

En verdad, el peso que en la versión original se puso sobre la importancia de la tierra quedó opacado por el desarrollo industrial. Pero en Argentina eso se comprendió completamente, y, por lo tanto, el estatismo no sólo avanzó sobre la propiedad de la tierra, sino también sobre todo tipo de producción.

Por eso, hay dos noticias que podríamos dar en estos tiempos para quienes han considerado valioso invocar políticas socialistas, una buena y una mala.

La buena es que, finalmente, ese comunismo que es pregonado en todos los discursos políticos populistas, se está aplicando en Argentina de la manera gradual que Marx y Engels propusieron. La mala, es que no funciona.

El gradualismo en política ha sido muchas veces la admisión de que una propuesta no podrá prosperar. Cuanto más radicalmente se ha intentado aplicar los principios del Manifiesto, mayor miseria se ha producido como resultado. En la llamada Unión Soviética se intentó una versión ortodoxa que llevó a campos de prisioneros, matanzas y hambruna, hasta que hubo que desmantelarlo.

Fidel Castro en Cuba nacionalizó en 1961 la mayor parte de las empresas y tierras en la Isla. Casi de inmediato toda la fuerza productiva abandonó el país, que comenzó una etapa de empobrecimiento que ya lleva 60 años.

La aplicación explícita de las propuestas comunistas lleva a la miseria. Eso lo saben principalmente quienes las implementan. Marx y Engels eran dos típicos burgueses de vida acomodada, Marx mantenido por una esposa rica, Engels heredero de una próspera industria textil en Renania.

Ninguno de los dos trabajó, produjo, invirtió en una empresa, ninguno de ellos cobró ni pagó un salario corriendo riesgos empresarios. Simplemente disfrutaron de la vida burguesa y escribieron, probablemente influidos por el romanticismo germano, sobre un mundo irreal.

Los herederos argentinos de Marx y Engels (aun aquellos que detestan el comunismo y no aceptarían nunca que se los considere marxistas) aspiran en definitiva a obtener la misma vida burguesa y acomodada, pero esta vez mantenidos por las personas que producen para un Estado que ellos sueñan con dirigir.

Argentina viene avanzando en una dirección monocorde de estatismo, regulaciones, poder autoritario del gobierno con gastos ilimitados, altos impuestos, moneda sin valor, endeudamiento. Ante cada fracaso y cada crisis, se le ha echado la culpa al capitalismo y al “neoliberalismo” (lo que sea que eso signifique). Aunque en realidad aplican comunismo innominado.

Tal vez sería un buen cambio admitir que la política económica argentina del último siglo viene aplicando las recetas propuestas por Marx y Engels, aggiornadas al país y los tiempos, y que quizá sería la hora de probar con el verdadero capitalismo, como hicieron aquellos países que finalmente lograron prosperar y mejorar las condiciones de vida de sus habitantes.

Publicado originalmente en Infobae, 20 de junio de 2020.

Acerca del intercambio Cornejo-López Murphy – Por Alberto Benegas Lynch (h)

Días pasados hubo una muy auspiciosa conversación pública entre dos personas de larga y fructífera trayectoria en la política argentina. Ambos de probada vocación de republicanismo, uno ex gobernador de Mendoza que dio un ejemplo en cuanto a la concreta reducción del gasto público que resulta ser el parámetro decisivo en cuanto a poner en brete a pretendidos avances del Leviatán y que en su momento apoyó a su colega en el intercambio a que nos referimos como candidato a la presidencia. El otro proveniente de la tradición de pensamiento liberal, ex ministro y conocido impulsor de proyectos que tienden a dar la batalla cultural pero preocupado y ocupado por el establecimiento de una fuerza política que ponga coto a los abusos de aparatos estatales ilimitados que en las instancias que corren revelan ansias por deglutir derechos individuales. En esto, estos dos personajes coinciden ampliamente.

Alfredo Cornejo y Ricardo López Murphy constituyen esperanzas para la ciudadanía alarmada con los permanentes intentos de avasallar la Justicia, establecer un grado superlativo de impunidad, al tiempo que apunta a avanzar contra la propiedad de empresas en este caso afortunadamente por el momento frenadas por oportunos fallos judiciales. En este contexto se constatan nuevas incorporaciones a la burocracia ya de por si desmedida con el consiguiente engrosamiento del gasto gubernamental en un cuadro de situación donde la presión tributaria se trona insoportable, la deuda es astronómica, la expansión monetaria de una envergadura colosal y regulaciones cada vez más asfixiantes, todo lo cual se hace imprescindible revertir si los argentinos no queremos repetir la tragedia venezolana.

Lamentablemente la gestión anterior desperdició la oportunidad de adoptar las medidas indispensables para abandonar siete décadas de populismo y encaminarse hacia los principios y valores alberdianos que hicieron de la Argentina uno de los países más prósperos del planeta. El inicio de aquella administración no fue nada auspicioso con un bailecito en la Casa Rosada con la banda presidencial y tampoco inaugurarse con el nada republicano intento de designar dos miembros de la Corte Suprema de Justicia por decreto y la expansión de nuevos ministerios. En todo caso se agregó volumen al ya de por si sobredimensionada estructura burocrática financiada con una deuda monumental y un pésimo manejo monetario y cambiario que condujo a lo que todos sabemos y es de público conocimiento.

Afortunadamente la población frente a una alternativa electoral que se presentaba como tenebrosa, en una desesperada defensa de valores esenciales como la libertad de prensa y lo que queda en pie de la Justicia votó en las últimas elecciones para preservar esos principios y en su gran mayoría no como una muestra de apoyo a gobernantes fracasados que pudieron tener buenas intenciones y muchos decentes pero incapaces de traducir esas condiciones a la gestión en cuyo contexto algunos hicieron lo que pudieron para encaminar el rumbo sin éxito en el balance neto que es el relevante porque por más que se haya pretendido abrirnos al mundo, para que tenga efecto es menester adoptar medidas conducentes a la competitividad lo cual no se logra con palos en la rueda ni con declaraciones altisonantes.

En todo caso, la antedicha oposición logró contar con una cantidad muy apreciable de representantes en ambas Cámaras del Congreso lo cual debe ser aprovechado para encauzarlos hacia preceptos republicanos que nos alejen de los estatismos trasnochados y empobrecedores. En este sentido, hay posibilidades que varios de los más encumbrados referentes del radicalismo afirmen sus inclinaciones a los fundamentos de la sociedad libre y el consiguiente federalismo, la división de poderes y la transparencia de los actos de gobierno e incluso se aparten de lo ocurrido a partir de la Declaración de Avellaneda de 1945 del radicalismo y se encaminen hacia las sólidas propuestas de Leandro Alem, uno de los más brillantes exponentes de la política argentina de todos los tiempos.

En esta línea argumental, aunque la batalla cultural por el momento no permite un discurso tan directo en el plano político, es del caso citar algunos pasajes que ilustran el pensamiento de Alem. En el debate sobre la Federalización de Buenos Aires, en 1880, expresó: “Más el poder es fuerte, más la corrupción es fácil. Para asegurar el poder legítimo, es necesario impedir a todo trance que él exagere sus facultades, y es indispensable buscarle el contrapeso que prevenga lo arbitrario” y “en economía como en política, estrechamente ligadas, porque no hay progreso económico si no hay buena política, una política liberal que deje el vuelo necesario a todas las fuerzas y a todas las actividades” y concluía al afirmar que “gobernad lo menos posible porque mientras menos gobierno extraño tenga el hombre, más avanza la libertad, más gobierno propio tiene y más fortalece su iniciativa y se desenvuelve su actividad”.

A contracorriente de la sandez de “vivir con lo nuestro”, Alem patrocinaba la completa apertura de las fronteras al comercio en “El Argentino”, en 1894, en un texto titulado “El proteccionismo y el pueblo” y en 1891 en el “Manifiesto Radical” se refiere a los peligros de la inflación monetaria que firma Alem como presidente y lo secundan Joaquín Castellanos, Carlos Estrada, Daniel Tedín y Abel Pardo. Allí se lee que “Es un axioma ante la conciencia argentina que el mal se ha producido por exceso de oficialismo y que los bancos oficiales han sido el agente activo de la ruina de la fortuna pública y privada y de la depresión del carácter nacional. El banco oficial constituye un peligro permanente porque siempre será un medio político sujeto a la influencia de las pasiones partidistas. Trabajar, entonces, contra este género de establecimientos es hacer obra de cordura y de patriotismo”.

Como he puesto de manifiesto públicamente en varias oportunidades, la situación argentina actual es de tal peligrosidad que estimo deben unirse las fuerzas opositoras a la que ya existe sin pretender dividirla y fraccionarla con nuevos emprendimientos para no hacerle el juego conciente inconcientemente a las fauces autoritarias que se revelan con ímpetu descomunal en nuestra tierra.

Desde nuestra perspectiva liberal es necesario comprender que lo primero viene primero, que no es posible saltearse etapas y poner la carreta delante de los caballos. Lamentablemente no es el momento de un partido de raigambre enteramente liberal puesto que, como queda dicho, estamos muy atrasados en la indispensable batalla cultural. Como he puesto de manifiesto antes es equivalente a que una persona que se expresa en idioma sueco pretenda dirigirse a una audiencia hispanoparlante en esa lengua. Si quiere lograr ese cometido, es inexorable que primero se asegure que sus destinatarios hayan aprendido sueco, de lo contrario el mensaje quedará flotando en la estratósfera. A muchos buenos amigos que se desempeñan con la mejor buena voluntad en estas lides les he trasmitido mi opinión.

Entre paréntesis y como una nota al pie digo que no estoy seguro ni siquiera que convenga recurrir a la expresión liberal para aplicar a un partido político. Recuerdo el consejo de mi querido Ezequiel Gallo cuando en una ocasión se pronunció en contra de esta etiqueta en ese plano pues concluyó que al muy poco tiempo dado que la política exige acuerdos y adaptar el mensaje a lo que es al momento digerible por la opinión pública se preguntará “¿usted es liberal del liberalismo o liberal del partido liberal?”, por lo que comienzan las confusiones exactamente igual que ocurre, por ejemplo, en Colombia con al Partido Liberal y en Corrientes en nuestro país. Otra cosa bien distinta desde luego es el deseo noble que el espíritu liberal flote en la mayor cantidad de partidos posible.

Para no decir nada del libertarianismo, una palabreja que se ha debido utilizar en Estados Unidos donde el liberalismo fue expropiado por las izquierdas pero que en nuestra región no es necesario mutar de palabra para identificarnos y hacerles el juego a los que pretenden dejarnos incomunicados pues el liberalismo en nuestra región conserva su acepción original en cuya tradición se incorporan todos los nuevos descubrimientos necesarios puesto que por definición el liberalismo está siempre en ebullición. Adhiero a la insistencia de los grandes maestros como Mises, Hayek y Friedman en la inexcusable necesidad de mantener el empleo de la expresión tan representativa de liberal, aun frente a posibles intentos de tergiversarla. En nuestro medio la cobardía moral que no se atreve a enfrentar al liberalismo recurre a una designación absurda y vacía de contenido con la que ningún intelectual serio de nuestra época se siente identificado: “Neoliberalismo”.

Lo dicho también va para otros proyectos en carpeta de crear un nuevo espacio político opositor. Es de esperar que ninguno de estos ensayos prospere y que la actual oposición tenga la inteligencia y la templanza para incorporar a personas como mi amigo López Murphy a sus filas con cargos expectantes y a otros amigos dispuestos a navegar en la política a diferencia del que esto escribe y otros colegas que estimamos indispensable dedicar todo nuestro tiempo disponible a trabajar en el terreno educativo, en el dictado de clases y la publicación de libros, ensayos y artículos lo cual marcará el discurso de los políticos como ha sucedido en todos lados y en todas las circunstancias históricas.

Felicitamos a las instituciones que patrocinaron el encuentro de marras, muy bien conducido por Alejandro Bongiovanni, y esperamos que en el futuro se intensifiquen para bien de la Argentina en un clima en el que las ideas de la libertad se están trabajando a través de ideas de fondo en fundaciones y entidades muy meritorias que reúnen grupos de jóvenes muy bien preparados. No estamos para jugar con fuego, el tiempo apremia y necesitamos de una oposición unida por la supervivencia de la República. El banderazo en varias ciudades en defensa de las instituciones republicanas refuerza la esperanza.

El autor es Doctor en Economía y también Doctor en Ciencias de Dirección, preside la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires y miembro de la Academia Nacional de Ciencias Económicas.

Publicado originalmente en Infobae, el 21 de junio de 2020.

Escenario económico post COVID-19 – Adrián Ravier – jueves 25/6, 12 hs

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📣 La Escuela de Posgrado de la Facultad de Agronomía comienza a dictar en modalidad online el Ciclo de Seminarios 2020.📍 El objetivo del ciclo es  generar un ámbito de participación y discusión de avances en temas de investigación propios y temas de actualidad e interés general. Va dirigido a estudiantes de la Escuela de la Posgrado, graduados, docentes, investigadores y público en general. 📍 En esta primera fecha disertará el Dr. Adrián RAVIER sobre «Escenario económico post COVID-19» el jueves 25 de junio de 12 a 13 horas.

INSCRIPCIONES: https://docs.google.com/forms/d/e/1FAIpQLSd0kkiAPaaFlaU0Okjpxz4gEJYsyt2ZBa5Dq8LhTMXRkWSOOg/viewform 

Consultas: secposgrados@agro.unlpam.edu.ar

MUERE OCCIDENTE

Hay momentos donde escribir sobre una cosa o la otra queda chico.
Podríamos escribir sobre la última resolución de la Corte de EEUU, sobre los salvajes saqueos en EEUU y sobre la destrucción de monumentos históricos, podríamos escribir sobre lo que pasó con FASTA, podríamos escribir una vez más contra los psicópatas como Berni que te muestran lo que significa el poder ilimitado del estado, podríamos advertir una vez más contra la alienación colectiva producida por el pánico causado a su vez por…. (Uy no, cuidado, no seamos «conspiranoides»); podríamos una vez más distinguir entre «caso» y «enfermedad» (uy no, cuidado, no seas negacionista); podríamos una vez más advertir contra la eliminación de las más elementales libertades individuales (uy cuidado, no seas «liberal dogmático»), etc etc etc……………………
Pero la verdad todo encaja en un solo diagnóstico: la caída de la Civilización Occidental. 
No digo que ya cayó o que todo está perdido. Esta vez no voy a escribir desde mi pesimismo. Sí, the future is open, mañana todo puede renacer pero….. El presente no es alagueño.
Y podríamos escribir desde el pasado. Un pasado marcado por el escepticismo post-moderno, una de las enfermedades más graves de Occidente, producto del rechazo, incomprensión e ignorancia de la más valiosa tradición metafísica Occidental, donde los extremos archi-enemigos, el positivismo cientificista y muchos intérpretes de Heidegger tienen mucho que ver, y mucha responsabilidad intelectual en lo que está sucediendo. Ambos extremos colaboraron en la creencia de que Occidente no es más que un relato al lado de otros, coherente como mucho, pero incapaz de defender la verdad de sus valores más preciados, entre los cuales está una sociedad libre donde ellos pudieron pensar y escribir. 
Esos «intelectuales» han educado durante décadas a millones de pobres jóvenes cerebros a los cuales les ha quedado más cerebro reptil que materia gris, que ahora como nuevos bárbaros destruyen y agreden todo lo que encuentran a su paso como termitas eficientes y mono-neuronales. A lo cual se suma el siglo y medio de prédica marxista, no precisamente post-moderna, ante la cual casi todos, excepto unos pocos liberales clásicos, han carecido totalmente de vacunas, ahora que se piensa que la muerte está en un virus, y no en ideas que impiden vivir pero que exhortan a sobrevivir indignamente en los Soviets que han sabido construir desde hace ya más de 150 vergonzosos años. 
Un marxismo que hace con el post-modernismo una alianza táctica espantosa con la cual logra convencer a todo el mundo que la defensa de los débiles, de los pobres, de las minorías y del medio ambiente implica la muerte de la única civilización, la Occidental, de la cual nace la única defensa que tuvieron los eternos siervos de la gleba:  el liberalismo clásico, magníficamente caracterizado por Mises: 
«…ese gran movimiento político y económico que desterró los métodos pre-capitalistas de producción, implantando la economía de mercado y de libre empresa; que barrió al absolutismo real y oligárquico, instaurando el gobierno representativo; que liberó a las masas, suprimiendo la esclavitud, las servidumbres personales y demás sistemas opresivos»
Pero no, ¿qué he dicho? ¿Mises? Ah no, pecado mortal, dicen muchos cristianos y sobre todo católicos, que no tienen problema en dialogar con Hegel, con Heidegger, con Marx, por supuesto, pero no vaya a ser que lean una línea de Escuela Austríaca de Economía porque se van al infierno. Pues bien, allí se fueron: crearon la liberación de la Teología, perdón, la Teología marxista de la liberación, pervirtieron a miles de obispos y millones de sacerdotes y laicos, que convirtieron a los firmes muros de la Iglesia en puertas abiertas para el horrible espectáculo de una iglesia humana, demasiado humana, colaborando con la destrucción. Sí, la Iglesia, con mayúsculas, el Cuerpo Místico de Cristo, es otra cosa, es indefectible, pero su último defensor, Benedicto XVI, difamado desde el principio por obispos marxistas en una diabólica venganza, tuvo que renunciar, y ahora más que nunca la barca de Pedro navega en aguas borrascosas pero Cristo no responde, Él sabrá por qué, a los gritos de sus discípulos asustados, lanzados desde el ostracismo, fuera de donde ya sabemos. 
Así las cosas, gente, asistimos a una circunstancia histórica desafiante. Occidente muere bajo la septicemia de una infección que él mismo engendró. Sus monumentos derribados son un símbolo terrible. Sí, puede renacer. Pero mientras tanto la Marabunta avanza, con todos en casa, porque está prohibido ir a trabajar, pero está permitido ir a destruir. 

Las ideas económicas de Belgrano – Alberto Benegas Lynch (h)

Manuel Belgrano, de cuya muerte se cumplirán 200 años el próximo sábado, cuenta en su autobiografía que luego de terminado sus estudios en el Colegio de San Carlos, su padre lo envió a estudiar la carrera de leyes en Salamanca, luego en Madrid y finalmente se graduó en la Universidad de Valladolid. Confiesa que no se dedicó a profundizar los estudios de la legislación sino preferentemente de la economía. «Como en época de 1789 me hallaba en España y la revolución en Francia hiciese también la variación de ideas y particularmente los hombres de letras con quienes trataba, se apoderaron de mí las ideas de libertad», consigna.

Es pertinente en este contexto subrayar que la Declaración de los Derechos del Hombre en sus dos primeros artículos enfatizaba la importancia de la igualdad de derechos ante la ley y la inviolabilidad de la propiedad privada, todo ello antes de la contrarrevolución de los jacobinos que dieron por tierra con los propósitos iniciales.Ads by 

En 1794 Belgrano fue designado Secretario del Consulado de Comercio en Buenos Aires desde donde inspiró la creación del Telégrafo Mercantil y abogó por el librecambio a través de reiterados informes pero en permanente conflicto con los vocales de la entidad que eran comerciantes con intereses monopólicos en Cádiz. Duró en el cargo hasta poco antes de la Revolución de 1810, luego de la cual fundó el Correo de Comercio al efecto de difundir las mismas ideas de apertura comercial y colaboró en la destitución del Virrey, a quien sustituyó como vocal de la Primera Junta y posteriormente influyó en el Congreso de Tucumán donde patrocinó, sin éxito, el establecimiento de una monarquía constitucional.

Su desempeño militar y la inauguración del símbolo patrio estuvieron subordinados a sus ideales liberales a veces lamentablemente opacados por visiones que desconocen sus preocupaciones principales inspiradas por autores como Jovellanos, Quesnay, Dupont de Nemours y Adam Smith como él mismo destaca.

En vista de lo que viene ocurriendo en nuestro país a pesar de los repetidos fracasos estrepitosos en el control de precios por los aparatos estatales, es de interés leer lo escrito por Belgrano en la materia. En un artículo de su autoría publicado bajo el título de «Economía política» -que reproduce Luis Roque Gondra en Ideas económicas de Belgrano – escribe que «dejemos de cuentos, no hay fiel ejecutor ni tasa mejor que la concurrencia; esta es la que nivela y arregla los precios entre el comprador y el vendedor, ninguna cosa tiene un valor real, ni efectivo en si misma, solo tiene el que nosotros le queramos dar, y este se liga precisamente a la necesidad que tengamos de ella, a los medios de satisfacer esta inclinación, a los deseos de lograrla y a su escasez y abundancia; con lo que no hay otro camino que seguir para asegurar al público en el buen surtimiento de los frutos del consumo que dejar a la libertad y a la concurrencia que tasen y nivelen los precios por si mismas.»

Por otra parte, a raíz de los mal llamados proteccionismos que en verdad desprotegen a la población del país receptor en alianza con empresarios prebendarios que sacan partida de bienes de menor calidad y precio mayor, es también provechoso repasar otra de las presentaciones de Belgrano donde subraya la trascendencia de abrir los puertos de par en par al comercio, esta vez una Memoria que leyó ante los miembros del Consulado y reproducidas en la recopilación de sus múltiples trabajos en Escritos económicos donde insiste «que se de entera libertad al comercio pues la policía del comercio interior y exterior más segura, exacta y provechosa para la nación consiste en la plena libertad de la concurrencia.»

Es bueno tomar nota de los consejos de Belgrano y no empecinarse en consideraciones patrioteras.

El autor es Doctor en Economía y Doctor en Ciencias de Dirección.

Publicado en La Nación, 16 de junio de 2020.

Por qué habrá un estallido inflacionario en la Argentina y no en Estados Unidos

En este momento viene a la memoria la participación de Axel Kicillof en unas Jornadas Monetarias y Bancarias organizadas por el Banco Central de la República Argentina en 2011 donde dijo: “según la teoría ortodoxa, una quintuplicación de la base monetaria debería haber engendrado un terrible proceso inflacionario.” Dado que eso no ocurrió, sugería sustituir la ortodoxia con un nuevo marco teórico. El equipo económico actual sigue esa línea. Críticos de la teoría cuantitativa del dinero creen que pueden domar la inflación sobre postulados heterodoxos que han sido descartados por la mayor parte de la profesión.

Lo cierto es que Axel Kicillof se equivoca, pues Milton Friedman y los ortodoxos jamás afirmaron que quintuplicar la base monetaria genera “un terrible proceso inflacionario”. Lejos de ello, hay un supuesto en esa parte de la teoría que le enseñaron al actual gobernador de la provincia de Buenos Aires en la UBA que dice: “si la velocidad de circulación permanece constante”, entonces la inyección de liquidez puede ir a precios. El supuesto es un factor determinante en la predicción. No fue el caso en la gran depresión que estudió Milton Friedman en su famoso libro con Anna Schwartz sobre la historia monetaria de los Estados Unidos, ni tampoco fue el caso en la gran recesión de 2008, pues en ambos casos hubo una fuerte contracción de la velocidad de circulación del dinero, entendido como la inversa de la demanda de dinero.

 Axel Kicillof se equivoca, pues Milton Friedman y los ortodoxos jamás afirmaron que quintuplicar la base monetaria genera “un terrible proceso inflacionario”

Muchos economistas argentinos, lamentablemente, no han comprendido aun la teoría básica del equilibrio monetario. Una teoría que enseña que en la medida que la oferta crece por encima de la demanda de dinero habrá un desequilibrio llamado inflación, y que será tanto mayor cuanto más amplio sea el desborde de la circulación de pesos.

En el escenario concreto de la gran recesión de 2008, con impacto global en 2009, el mundo demandó más dólares y con ello se hundió la velocidad de circulación del dinero, lo que contrarrestó el efecto expansivo de la masa monetaria. Más en detalle, la liquidez que inyectó la Reserva Federal “quintuplicando” la base monetaria fue absorbida por el sistema bancario, lo que impidió que saliera el dinero a la calle generando el aludido efecto inflacionario.

El caso es importante para entender la economía de la pandemia. En el escenario actual, también hay recesión global, sumado a un temor por la pérdida de empleo, y un fuerte incremento en la demanda de dinero. La liquidez que inyectan los bancos centrales intenta justamente acompañar la mayor demanda de dinero, y en la medida que se mantenga cierto equilibrio monetario, no observaremos un proceso de alta inflación.

Fuente: Informe de Política Monetaria del Banco Central
Fuente: Informe de Política Monetaria del Banco Central

Técnicamente, la demanda de dinero abandonó en estos meses su nivel habitual y los bancos centrales acompañaron la suba con mayor oferta de dinero. Terminada la cuarentena global se espera que la demanda de dinero retorne a su nivel anterior, lo que obligará a los bancos centrales a retirar liquidez con el mismo instrumento con el que la expandieron, siendo el más general, las operaciones de mercado abierto.

En otros términos, los bancos centrales compran bonos e inyectan liquidez, y cuando la cuarentena termina, venderán bonos para recuperar la liquidez inyectada. Como los bonos tienen un valor de mercado, la posibilidad concreta de expandir y contraer la masa monetaria será efectiva para estos bancos centrales. Esto evitará seguramente que veamos un estallido inflacionario en otras partes del mundo.

Una diferencia no menor

¿Por qué la Argentina tiene una dinámica diferente? ¿Por qué los economistas ortodoxos en general prevén para nuestro país un estallido inflacionario? La respuesta está precisamente en los instrumentos que se utilizan para expandir la oferta monetaria.

El Banco Central de la República Argentina monetiza el déficit del gobierno por la pérdida de recaudación provocada por la cuarentena. En términos contables, coloca “bonos intransferibles” en el activo, y emite pesos que coloca en su pasivo. Si bien el presidente del BCRA anunció que terminada la cuarentena, como indica la lógica presentada arriba, se esterilizará la oferta monetaria inyectada durante los últimos meses, lo cierto es que los instrumentos pueden ser menos eficaces. Que los bonos que coloca el BCRA en su balance sean intransferibles hace que el margen de acción de la autoridad monetaria se acote por la imposibilidad de venderlos.

El Banco Central de la República Argentina monetiza el déficit del gobierno por la pérdida de recaudación provocada por la cuarentena (EFE)
El Banco Central de la República Argentina monetiza el déficit del gobierno por la pérdida de recaudación provocada por la cuarentena (EFE)

El instrumento que se utiliza en Argentina es entonces el de las Leliqs y los pases, aunque ambos requieren para su continua renovación pagar intereses elevados, que poco a poco alimentan una burbuja de pasivos que tiende a explotar, como ya le ocurriera a la gestión de Federico Sturzenegger bajo el gobierno de Mauricio Macri.

Es asombroso para cualquier especialista monetario la manera en que Argentina evade aplicar herramientas ortodoxas para controlar la inflación, las que claramente requieren primero de equilibrio fiscal, y luego de equilibrio monetario y cambiario. El mundo comprendió esto desde los años 80 en adelante, y desde entonces la inflación de dos dígitos fue desterrada por completo.

 Es asombroso para cualquier especialista monetario la manera en que Argentina evade aplicar herramientas ortodoxas para controlar la inflación, las que claramente requieren primero de equilibrio fiscal, y luego de equilibrio monetario y cambiario

La Argentina cerrará el año con un déficit fiscal primario de alrededor de 6% del PBI, más otro 2% de las provincias, lo que totaliza un déficit consolidado (sin intereses de la deuda defaulteada) de 8% del PBI. Es una proyección prematura, por supuesto, pero sirve de base para analizar el escenario que enfrentaremos en 2021. Ese nivel de déficit ha conducido en períodos anteriores de nuestra historia al rodrigazo, a procesos hiperinflacionarios y a profundas crisis económicas.

Es realmente difícil que Argentina puede salir de esta situación sin un nuevo estallido inflacionario, lo que debería generar preocupación tanto de analistas como también de parte de la población. Si no se está ante un gobierno de ajuste, y parece que no lo estamos, entonces la monetización del déficit fiscal post pandemia puede conducir a un nuevo escenario hiperinflacionario.

El autor es economista, especializado en teoría monetaria, ciclos económicos y finanzas públicas.

Publicado en Infobae económico, domingo 21 de junio de 2020.

Thomas Sowell on the Myths of Economic Inequality

Recorded on November 15, 2018

Thomas Sowell discusses economic inequality, racial inequality, and the myths that have continued to falsely describe the system of poverty among different racial and economic classes. He explains the economic theories behind these pervasive myths and proposes fact-based solutions for seemingly intractable situations.

Sowell discusses his early life as a high school dropout and his first full-time job as a Western Union messenger delivering telegrams. He admits to flirting with Marxism in his early twenties as he first tried to grapple with the housing inequality he saw across the neighborhoods of New York City. Marxism, he says, was the only explanation he could find at the time. He went on to serve in the Marine Corps before continuing his education in economics at Harvard and earning a master’s at Columbia and a PhD at the University of Chicago.

Sowell’s first job after his receiving his PhD in economics was working for the Department of Labor, and he says it was there that he realized Marxism was not the answer. He argues that the government has its own institutional interests in inequality that cannot be explained through Marxism. He began to be discouraged by Marxism and the government in general and began searching for better economic ideas and solutions (the free market).

Robinson and Sowell discuss Sowell’s written works, his ideas of racial and economic inequality, the state of the United States today, and much more. Interested in exclusive Uncommon Knowledge content? Check out Uncommon Knowledge on social media!

Soberanía alimentaria: otra sandez – Alberto Benegas Lynch (h)

Tal como hemos advertido en diversas circunstancias, hoy el gobierno argentino sigue los lineamientos del chavismo y si no se revierte a tiempo terminará en la misma tragedia venezolana.

Ahora se anuncia la expropiación de una empresa centenaria con gran presencia en la exportación agroindustrial, harinas, aceites, la ganadería, la industria frigorífica y la vitivinicultura. Se presentó en concurso de acreedores debido a un pasivo de más de mil millones de dólares con bancos y más de trescientos millones adeudados con el sector agrícola.

Como es de público conocimiento, el gasto estatal se encuentra a niveles astronómicos lo cual hace que la carga tributaria resulte descomunal, la deuda -hoy nuevamente en proceso de “renegociación”- ha escalado a niveles insostenibles a lo que se agrega una expansión monetaria colosal en un contexto de amenazas a la libertad de prensa, proyectadas reformas inauditas al Poder Judicial, querellas frenadas por sonados casos de corrupción y la pretensión de endosar el manejo presupuestario a la jefatura de gabinete lo cual es función primordial del Poder Legislativo. Como si esto fuera poco, este enjambre se lleva a cabo machacando con las fallidas recetas de controles de precios y embates contra comerciantes.

¿Será posible que en lugar de encaminarnos hacia los principios alberdianos que en su momento hicieron de nuestro país uno de los más prósperos del planeta, nos encaminemos a la profundización del estatismo que nos viene hundiendo en el fango desde hace ocho décadas? ¿Será posible que no nos hayamos dado cuenta de los estrepitosos fracasos que ha provocado el estatismo en todo el mundo donde se ensayó?

Si no fuera dramático podríamos decir que lo que ocurre es digno de una producción cinematográfica de Woody Allen. Se vuelve a repetir la cantinela que la expropiación de marras “es una decisión estratégica del gobierno” y que “rescatará la empresa y preservará las fuentes de trabajo”, sin percatarse que es la población que debe agregar al ya gigantesco peso que debe soportar cotidianamente con el fruto de su trabajo para todavía tener que financiar una aventura adicional. Esto es lo ideal para que se derrumben aun más los salarios e ingresos en términos reales. No son los gobernantes los que contribuyen de su peculio a estas financiaciones (ni ninguna otra), son los habitantes que deben absorber semejantes gastos adicionales lo cual acentúa la bancarrota al tiempo que ahuyenta a inversores potenciales locales y del extranjero pues resulta un riesgo superlativo el atreverse a encarar actividades económicas en un clima semejante.

Lo dicho también alude a una ridícula “soberanía alimentaria” que ha conducido a las hambrunas más espeluznantes en todos lados donde los aparatos estatales pretendieron inmiscuirse en la administración de alimentos, a lo que se acumulan las ya deficitarias empresas estatales. Como es sabido, la característica medular de una empresa es el arriesgar recursos propios, el dar un manotazo y poner en riesgo por la fuerza recursos de terceros no constituye una actividad empresaria. El mismo establecimiento de una empresa estatal significa que inexorablemente se altera la prioridad que establecen los consumidores con los siempre escasos recursos. Si, en cambio, la empresa estatal se ubicara en lo mismo que la gente prefiere no tiene sentido su intervención si va a hacer lo mismo que hubieran realizado las personas libremente con el consiguiente ahorro de gastos burocráticos.

Por lo dicho, politizar la actividad empresaria es lo peor para la salud de la economía. La asignación de los derechos de propiedad permite en una sociedad libre que obtengan ganancias los comerciantes que dan en la tecla respecto a los gustos de sus semejantes y que incurran en quebrantos los que no aciertan. Este proceso sanador contrasta con llamados empresarios -en verdad asaltantes- que se alían con el poder de turno para obtener privilegios que siempre atentan contra el bienestar de la población.

Es reconfortante la reacción y la preocupación por estas medidas alarmantes puestas en evidencia por destacados periodistas, sustanciosos colegas y la parte de la actual oposición liberada de los fracasos estrepitosos del gobierno anterior. Es de desear que se recapacite antes de caer en el pestilente pozo venezolano donde el “exprópiese” resuena como un alarido mortal.

Publicado originalmente en El Economista, 10 de junio de 2020