EDUCADORES: EL ZOOM NO ES EL FUTURO

En este tiempo donde a todos los docentes nos tienen zoom-bando, debería hacerse una aclaración. Desde la década del 60, con los libros premonitorios de Giovanni Gozzer en Italia[1], y los de Luis J. Zanotti en Argentina[2], que se viene hablando de la transformación educativa sobre la base de las nuevas tecnologías de la información.
Desde ese entonces, mucho se ha hecho para la “educación on line”, y con la circunstancia tan peculiar del 2020, algunos piensan que dicha revolución se aceleró, o por fin se ha impuesto, etc. Pero cuidado: los escritos premonitorios de Gozzer y Zanotti NO significaban trasladar el aula tradicional a una sesión de Zoom. Al contrario, implicaban una severa advertencia sobre el aula como está planteada desde la primera etapa de la política educativa, esto es, la escuela redentora del positivismo del s. XIX[3].
Ambos pedagogos tenían en cuenta tres círculos concéntricos pero de radio menor. Lo primero en la educación de un ser humano es la educación informal, lo que Zanotti llamó ciudad educativa, que Ortega había llamado creencias, Gadamer horizonte, Husserl y Schutz, mundo de la vida. Esto es, el ámbito cultural básico que se aprende como la lengua materna.
El segundo ámbito es la “escolaridad” en sí misma, que puede ser muy diversa según las circunstancias históricas. Esto es, un método especial dirigido a un nivel de complejidad que supera lo que la educación informal puede hacer[4]. Esto es, la educación formal. Puede ser la Académica platónica o la Harvard University.
El tercer ámbito es el aula de la educación formal-estatal-positivista concebida a partir del Iluminismo del s. XVIII, la escuela redentora a cuyos límites aludían Gozzer y Zanotti.

Esa aula está basada en un método positivista de información: exposición, copia, repetición y nota: de allí el memorismo típico del sistema y su diseño físico. 
Por supuesto, ello fue sometido a todo tipo de críticas por grandes pedagogos desde la década del 20, más o menos, en adelante, o grandes pensadores como Unamuno[5]. Fue el movimiento de la Escuela Nueva[6].
Pero parte del problema de ese movimiento es que trata de incorporar esenciales reformas al aula concebida según el positivismo, y por ello esas reformas siempre fracasan.
La cuestión es la superación de esa aula y generar nuevas funciones profesionales docentes[7], en ámbitos donde la auto-educación del alumno a través de todas las plataformas actuales de internet sea guiada y consultada por el profesor. O sea, el aula se convierte en el espacio de consulta del profesor -donde se recomienda la presencia física- donde este último puede guiar, re-orientar y aconsejar todo lo que el alumno está incorporando desde internet.
Eso es MUY diferente a transportar al aula tradicional, sencillamente, con todas sus limitaciones y defectos, al zoom. Eso no sólo no es el futuro: es el pasado. Es el aula concebida en el positivismo del s. XIX. Trasladarlo tal cual al zoom implica las mismas o peores dificultades que la clase presencial tradicional.
Es como si quisiéramos andar en carreta por computadora. Un holograma perfecto nos traslada a una carreta holográfica con las mismas funciones y diseño. Muy lindo, pero sigue siendo una carreta tirada por caballos holográficos. Si quiero llegar a Nueva York tengo que subir a un avión. Si quiero llegar a la luna, en un nave espacial. Docentes: ¿dónde están? ¿En qué siglo? ¿Es qué concepción del conocimiento, de la inteligencia y del ser humano viven? ¿A dónde quieren llegar?
Zoom es la carreta holográfica.
Ahora, si el sistema se transforma totalmente, donde el docente es el docente-guía de la auto-educación del alumno, entonces todo sirve. Libro físico, zoom, audio-book, youtube, pizarrón con tiza, lo que quieras.
Mientras el sistema no se transforme, zoom NO es la transformación. Es lo que hay mientras no queda otra. Nada más.


[1] De Gozzer, ver Coloquios con Gozzer, IRICE, 1980; Religione e Rivoluzione In America Latina; Valentino, Milano, 1968; I Cattolici E La Scuola, Vallecchi, Firenze, 1964; Il Capitale Invisibile; Armando, Roma, 1973. [2]www.luiszanotti.com.ar[3]http://www.luiszanotti.com.ar/poled1.htm[4]http://www.luiszanotti.com.ar/misionpeda.htm[5] Unamuno, M de: Amor y pedagogía, Espasa-Calpe, 1946. [6]http://www.luiszanotti.com.ar/poled2.htm[7]http://www.luiszanotti.com.ar/artinvedu1.htm#1

LA IMPORTANCIA FUNDAMENTAL DE LA VALENTÍA Y LUCIDEZ DE TRES CARDENALES

El “Llamamiento para la Iglesia y para el mundo”[1], firmado este 8 de Mayo por los cardenales Gerhard Ludwig Mueller, Joseph Zen Ze-kiun y Janis Pujats, ha sido una de las mejores noticias de estos últimos tiempos tan oscuros. Lo que quiero destacar es la importancia que el documento da a las libertades individuales. Esa confluencia entre el pensamiento católico y el liberalismo clásico constitucional no debe ser pasada por alto. Es uno de los mejores frutos del Magisterio de Pío XII, Juan XXIII y Benedicto XVI. No porque ellos hayan confundido a la Fe con el liberalismo constitucional (como hacen los que confunden la Fe con el socialismo) sino porque han acompañado, sin afirmarlo como dogma, la importancia de las instituciones modernas como medios para la defensa de los derechos personales. Los cardenales firmantes no dicen de modo ambiguo “derechos humanos”, ni “derecho a las vacaciones pagas y etc.”, sino liberales individuales, comenzando por la libertad religiosa: “…Los hechos han demostrado que, bajo el pretexto de la epidemia de Covid-19 se ha llegado en muchos casos a vulnerar derechos inalienables de los ciudadanos, limitándose de forma desproporcionada e injustificada sus libertades fundamentales, entre ellas el ejercicio de las libertades de culto, de expresión y de movimiento”. La misma preocupación que ahora tenemos todos cuantos defendemos el liberalismo clásico contra todo tipo de dictaduras. De igual modo, como si hubieran leído a Feyerabend, afirman: “…La salud pública no debe ni puede convertirse en excusa para conculcar los derechos de millones de personas en todo el mundo”, estableciendo la inmoralidad de la coacción de estos tiempos por un tema de principios, no de utilidad. Pero luego, pasando a esta última, agregan: “…Esto es tanto más cierto cuanto más aumentan las dudas planteadas por muchos en torno a la verdadera capacidad de contagio, peligrosidad y resistencia del virus. Muchas voces autorizadas del mundo de la ciencia y de la medicina confirman que el alarmismo que han manifestado los medios informativos al Covid-19 no parece totalmente justificado”. Algunos están acusando al documento de ser partidario de las teorías conspirativas y que con ello pierde seriedad. La comparación es injusta. Los cardenales firmantes nada tienen que ver con las no muy cuerdas personas que andan diciendo que la llegada a la Luna fue filmada en Hollywood o que quien niegue que la Tierra es plana está pagado por los intereses de los marcianos. No los denigren de ese modo. Los cardenales se permiten dudar, preguntarse lo que nos preguntamos todos: por qué, ante las reiteradas dudas de ya muchos científicos sobre la efectividad de este encierro (inmoral, volvemos a decir, aunque sea efectivo), esas voces son silenciadas, no consideradas, acusadas de negacionismo, como su fueran psicópatas. Las dudas sobre las absolutas esperanzas puestas en una única vacuna, financiada por personas que claramente han manifestado su desprecio hacia todo lo cristiano (y por ende hacia la civilización Occidental) también son legítimas. Las dudas sobre la posible planificaciónque de todo tipo de medidas autoritarias y estatistas TAN convenientes a todo tipo de socialismos es también pertinente. Por eso este párrafo es totalmente pertinente: “…tenemos motivos para creer que hay fuerzas interesadas en generar pánico entre la población con el único fin de imponer de modo permanente formas inaceptables de restricción de las libertades, control de las personas y vigilancia de sus movimientos. Esta forma de imposiciones antidemocráticas preludian de manera inquietante un Gobierno Mundial que escapa a todo control”. Es importante también su clara conciencia de que las reuniones públicas de los fieles no deben ser impedidas por el estado bajo ninguna circunstancia. Muchos creyentes y no creyentes han confundido el tema del contagio con el tema legal y moral.  Todos los ciudadanos tienen pleno derecho a asistir a las iglesias, templos, sinagogas y mezquitas cuando quieran y como quieran. Ese es su derecho. Los riesgos que corren son cosa suya. Por lo demás, la decisión de “dispensar” el precepto dominical, en el Catolicismo, es muy opinable y riesgoso para la Fe. Cualquier fiel está ipso facto perdonado de no haber asistido a Misa si el motivo fue una enfermedad. Si hay dudas, se consulta con el confesor. Así fue siempre y las circunstancias actuales no lo modifican. Si un creyente piensa que no debe ir a misa por temor a contagiarse o contagiar (lo cual ya sucedía ANTES del 2020…) lo corrobora luego con su confesor y punto terminado. Esta dispensa general y la creencia de que la Gracia de Dios puede llegar por internet (1) ha confundido aún más a varias generaciones ya de católicos acostumbrados a que el precepto dominical es una cuestión de gustos o de sentimientos. Por ello “…los Pastores reivindicamos enérgicamente el derecho a decidir de forma autónoma en lo que se refiere a la celebración de la Santa Misa y los Sacramentos, como también exigimos plena autonomía en materias que están dentro de nuestra inmediata competencia y jurisdicción, como por ejemplo las normas litúrgicas y la manera de administrar la Comunión y otros Sacramentos. El Estado no tiene el menor derecho a interferir por motivo alguno en la soberanía de la Iglesia. La colaboración de las Autoridades Eclesiásticas, que jamás ha sido negada, no supone por parte de las civiles prohibiciones ni limitaciones al culto público o el ministerio sacerdotal. Los derechos de Dios y de los fieles son ley suprema de la Iglesia que ésta no quiere ni puede abrogar. Solicitamos que nos sean retiradas las limitaciones a la celebración del culto público”. Admiramos y miramos con esperanza a este documento, que suple lo que un magisterio, que todos extrañamos, debería haber dicho desde el principio. Esperemos que se difunda lo más posible y sea leído por millones de millones. En medio de la oscuridad de este totalitarismo global, es un signo de esperanza y de futuro renacimiento de al menos un sector del planeta donde Catolicismo y liberalismo trabajen juntos por la libertad. Elevo a Dios intensamente la oración de que se cumpla alguna vez la esperanza del gran L. von Mises: “Quizá se halle justificada la esperanza de que el cristianismo y el liberalismo puedan trabajar juntos en la reconstrucción de la obra de la civilización, que sus enemigos comunes han destruido” (Socialismo, 1922). Este documento va evidentemente en esa línea.

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(1) La Gracia de Dios viene por donde quiere. A lo que nos estamos refiriendo es a la real presencia del sacramento ex opere operato. 


[1]https://infovaticana.com/2020/05/07/sarah-y-otros-cardenales-y-obispos-firman-un-importante-documento-sobre-el-coronavirus/?utm_medium=social&utm_source=facebook&utm_campaign=shareweb&utm_content=footer&utm_origin=footer&fbclid=IwAR12LXfJ_kFdsSCVzcv-94hfEFUmULEA_asEbZNr7smDKVT_HS0-LsMoPEI

CORONAVIRUS: QUE ESTÁ PASANDO

Primera parte, 20-4-2020


Había una vez algo que se llamaba Sacro Imperio Romano Germánico. En ese Sacro Imperio, cuyo culmen podría ser el s. XIII, el príncipe secular recibía su legitimidad del Sumo Pontífice. Como horizonte cultural, todos pensaban que la Religión Católica era verdadera y la herejía era un delito civil, porque si te contagiabas del error, podías enfermarte del alma y perder tu alma. A su vez los musulmanes no podían ingresar libremente al Imperio (y viceversa) porque el príncipe también te protegía de que te contagiaras de los infieles. Y a todos les parecía muy bien, porque está bien y es bueno cuidar la salud. “Salud” viene de salus, salutis, que es tanto la salud del cuerpo como la del alma, esto es, la salvación.

Pasaron algunas cositas y en el s. XVIII cambió el horizonte cultural. En la Revolución Francesa casi todos pensaron que la religión era algo ridículo y entonces había que “liberarse de ella” y entonces surge la “libertad de cultos” si no era la persecución a los cultos religiosos. Kant denuncia la sumisión a-crítica a la religión como la gran inmadurez.

Pero la sumisión a-critica a la religión fue sustituida por la fe ciega ante la ciencia. Una nueva inmadurez. La cultura dio un vuelco de campana de 180, pero siguió en la misma idea: la autoridad política te “protege”. Antes, contra la perdición de tu alma. Ahora, contra la enfermedad del cuerpo.

Surgieron muchas voces críticas ante este positivismo que se convierte en tiranía estatal. La Escuela de Frankfurt, que denuncia la dialéctica de la Ilustración: la Revolución te quiere liberar pero al hacerlo te oprime. A la vez, sin necesidad de recurrir a Hegel o Marx, Hayek denuncia al estado constructivista, planificador, de la Revolución Francesa, de la mano de Burke. Y Feyerabend denuncia la unión entre estado y ciencia, pidiendo una nueva Ilustración, NO la condena de la ciencia, sino que los científicos no pudieran coaccionar a los demás con su visión de mundo y que, así como ahora hay distinción entre Estado e Iglesia y libertad religiosa, así también debe haber distinción entre estado y ciencia y libertad ante la ciencia por más verdadera que pueda ser.

Porque la verdad no se impone por la fuerza. Siempre pregunto a los liberales que son fuertemente anti-religiosos: ¿algo tiene que ser ridículo para que tengamos libertad ente ello? ¿Ustedes proclaman la libertad religiosa porque la religión les parece un absurdo? ¿Y qué sucedería si algún día se hicieran partidarios de tal o cual religión? ¿La impondrían por la fuerza entonces? Porque el fundamento de la libertad religiosa y la libertad ante algo NO es que ese algo sea absurdo, sino al revés: cuanto más verdadero sea algo, menos se puede imponer por la fuerza, porque la verdad no se puede imponer por la fuerza.

Por eso emergen los EEUU. Porque los colonos que huían de las guerras religiosas europeas nada tenían que ver con Robbespierre, sino que amaban sus tradiciones religiosas y por ello se dieron cuenta de que el príncipe secular no podía afirmar nada sobre la verdad o falsedad de lo más sagrado para el hombre. Por eso la Declaración de la Independencia, por eso la Constitución, por eso el Bill of Rights. Por eso fue el único lugar del mundo donde el horizonte cultural fue la conciencia de que tenemos derechos que no pueden ser abolidos por los gobiernos.

Pero en el continente la nueva coacción siguió su curso. Los estados iluministas comienzan a ocuparse de la salud pública y la educación pública. La libertad de enseñanza y la libertad de asociación comienzan a ser sustituidos por el derecho a la educación y el derecho a la salud. Derechos que deben ser custodiados por el estado con su fuerza de coacción. Al principio casi nadie se dio cuenta. Comunidades religiosas, incluso, aceptaron que el estado “cuidara”, “protegiera” su salud y educación, imponiéndoles coactivamente cosas “científicas”. Y la ciencia, claro, parece que no se discute. Pero no, no es cuestión de decir que la ciencia sea falsa. No es este un planteo post-moderno. Implica decir que no se impone por la fuerza. Pero no. Parece que sí. Recién hace algunos años, cuando algunas comunidades religiosas fueron invadidas por el estado en su salud reproductiva y en su educación sexual integral, entonces se dieron cuenta de lo que habían consentido, entonces se dieron cuenta de las libertades individuales, pero fue tarde.

Mientras tanto los estados “protectores”, constructivistas, racionalistas, “seculares”, llegaron a su apogeo. Controlan la economía, roban el fruto de tus ingresos, regulan el libre movimiento de personas y capitales, imponen qué debes aprender y enseñar, cuidan tu salud y por ende hay medicina legal e ilegal, porque “cómo puede ser” que te “cures con cualquiera”, si “la ciencia” es lo absoluto…. Y todo esto corroborado por todas las organizaciones internacionales correspondientes: la OMS, la UNESCO, todos organismos de la ONU, una especie de gobierno mundial que verdaderamente gobiernan y dan órdenes a sus estados miembros.

Toda noción de libertades individuales se perdió hace mucho. Todos éramos, somos, esclavos hace mucho tiempo, sólo que algunos dueños de granjas son menos crueles que otros. Pero la esclavitud, siempre, se justifica en que el dueño protege a sus débiles esclavos de sí mismos.

Continuará.

Segunda parte, 21-4-2020

Así las cosas, en las supuestas democracias liberales de Occidente suceden dos cosas, de manera lenta y gradual, hasta llegar a niveles dignos de las mejores novelas de estados futuristas totalitarios:

1.      Los estados necesitan de “expertos”, o sea especialistas que vienen de las ciencias naturales (sociales a veces también) porque son los “peritos” que tienen que asesorar al que finalmente va a decidir coactivamente cuáles son los contenidos educativos obligatorios y cuáles son los elementos de salud pública obligatoria. O sea, cuáles son los “contenidos mínimos” educativos (que se van haciendo máximos…) para todas las instituciones educativas, ya sean estatales o “privadas”, y cuál será la medicina legal, la obligatoria, la “científica”, que regirá en universidades, hospitales, ya sean públicos o “privados”. El mundo se unifica y se hace uniforme, y la posibilidad de otras formas de vida, otras formas de concebir el mundo, quedan reservadas a la literatura, y muy poco a la vida académica monopolizada también por los paradigmas dominantes (ver Feyerabend, “La ciencia en una sociedad libre”).

2.      Al principio, y hasta hoy, nadie nota el problema, porque el horizonte cultural, como dije, ha cambiado. Todos aceptan “la ciencia” como el piso cultural indiscutible.

3.       El “experto” coincide con el arquetipo de la “barbarie del especialista” descripto por Ortega. No tiene formación en nada excepto en su tecno-ciencia correspondiente. No tiene idea de Historia, de Filosofía, de Filosofía Política, de Filosofía de las Ciencias, de Hermenéutica, de nada que pudiera hacerle ver los límites de la ciencia que maneja ni los límites morales de su acción. El sistema educativo formal-estatal los produce y se replican como los virus, precisamente. Ellos y sus gobernantes asesorados pueden rebozar de buenas intenciones, pero rebozan también de poder y coacción para hacerlo, exactamente como los dueños de las granjas de esclavos. Y como aclara Feyerabend (el único que ha advertido este problema), este “experto” es igual que el inquisidor medieval, que con toda la buena voluntad de evitar que te contagies de la herejía, era el “experto” que finalmente dictaminaba quién iba a la hoguera o no, con la mejor de las intenciones. Hoy es lo mismo, no te mandan a la hoguera pero sí a la cárcel si finalmente incurres en el delito de no cumplir con lo prescripto por la ley. Los occidentales se creían muy libres y pensaban que esto sólo pasaba en la Rusia Soviética, en la China moísta y etc., pero no, lo que difería era el grado y el amplio apoyo de una población que ya había sido hervida lentamente como la famosa rana.

4.       Frente a todo esto, toda noción de libertad individual “ante” esto se hace ilusoria e incluso subversiva. Las libertades de educación y de asociación quedan limitadas a lo que encuadre dentro del estado científico, como antes lo debates teológicos no podían salir de los límites que los inquisidores establecían.

5.       Y todo esto se da como supuesto cultural, no cuestionado por nadie, excepto por Feyerabend y algunos pocos libertarios que se juegan su prestigio académico con sólo decirlo. Los demás liberales clásicos NO estudian a Feyerabend y en general son muy positivistas en su concepción cultural del mundo. Le dan a la ciencia y a sus expertos un poder que jamás osarían otorgar a un ministro de economía.

6.       Por ende, con el coronavirus sucedió “lo que tenía que pasar”. La cuestión NO pasa por un debate biológico ni por si importan los muertos o no. A toda persona de buena voluntad le importa la vida, nadie quiere la muerte de nadie (digo esto porque en la actual dictadura de los expertos, quien piensa diferente es una mala persona).

7.       Y “lo que tenía que pasar” es que en esta dictadura de la ciencia, a nadie se le pasa por la cabeza que haya libertades que no deben NUNCA violarse. Porque esas libertades han dejado de existir en nuestro horizonte cultural. Habitamos ya hace tiempo el mundo “feliz” de 1984 sin habernos dado cuenta. El llamado “mundo libre” antes de 1989 no era TAN libre como suponíamos. Y entonces a una serie de médicos, epidemiólogos y virólogos, a la OMS y etc. (cuyas intenciones sí son dudosas…)  se les ocurre que la cura y la prevención puede ser encerrar a todos en sus casa y….. Avanti. Ninguna restricción moral o política. Claro que en las enfermedades infecto-contagiosas hay que tomar medidas de prevención. Pero a estos “expertos”, estos nuevos inquisidores que te torturan para salvarte el alma de estos tiempos, o sea tu salud física, ni se les pasa por la cabeza que hay límites que no deben cruzar.

8.       Esos límites NO dependen de argumentos biológicos o de utilidad. Ese será otro capítulo. Pero hay que dejar bien claro que nuestra oposición a la cuarentena obligatoria NO pasa porque sea inefectiva. Pasa porque no se debe, porque viola una libertad que, como vimos, comenzó a perderse desde que el Constructivismo de la Revolución Francesa -denunciado por Hayek- comienza a inundar y a ahogar la poca pero importante conciencia de libertades individuales que había existido en su contrapartida, la Revolución Norteamericana.

Pero claro, no es sólo cuestión de gobiernos y sus expertos. Es también el grueso de la población y los medios de comunicación. Es también la alienación colectiva denunciada por Freud y Fromm.

Continuará. 

Tercera parte, 22-4-2020

Freud y Fromm no son muy leídos en ambientes liberales. El primero, a pesar de ser elogiado por Mises, sufrió los embates de un Hayek que lo confundió con Wilhelm Reich. El segundo viene de la Escuela de Frankfurt y su interpretación no leninista de Marx no goza de simpatía para los que somos fans del libro El Socialismo de Mises. Pero sea correcta o no la interpretación que Fromm hace de Marx, lo que él, Fromm, dice, es verdad y es una mala noticia para todos: las masas. Sí, la rebelión de las masas. No del Atlas. De las masas.

Mi diferencia con Fromm es que la masificación por él diagnosticada en El miedo a la libertad NO es un fruto necesario del capitalismo. Es un problema de la naturaleza humana, bien analizado por Freud en Psicología de las masas y análisis del yo. Es triste pero la mayor parte de las personas no soporta la soledad de ser individuo (Fromm). Es triste pero la mayor parte de las personas se adhieren inconscientemente a un nuevo padre, dada su fijación y regresión neuróticas al conflicto no resuelto con la figura paterna originaria (Freud). Es triste pero la mayor parte de las personas no tienen una existencia auténtica donde asuman con valentía que han sido arrojados al mundo (Heidegger). Es triste pero la mayor parte de las personas anestesian ese sin-sentido, esa alienación, tomando prestado el sentido de su vida de otro (Frankl). Todo ello forma un conjunto psicológico no muy alentador. Una masa de personas cuya racionalidad instrumental (la mera técnica) puede ser infinita pero su autoconciencia de sí mismos, casi nula. Una masa de gente dispuesta como un rebaño a ir al matadero. No es la madurez que soñaba Kant. No es precisamente el arquetipo de ciudadano para el liberalismo clásico. Bad news, gente. Bad news.

Cuando esas masas son alienadas por un Hitler, un Mussolini, un Perón, se entiende un poco más. Comienzan muy amados por “su” pueblo pero luego sus resultados desastrosos hacen visible al mal (excepto en Argentina). Ello hace suponer que en las democracias occidentales no habrá ese tipo de masificación.

Error. Sí la hay, pero es más invisible. Es el mismo proceso: el sin sentido de la existencia lleva a no pensar, a no criticar, a consumir masivamente los entretenimientos de la cultura del espectáculo, como una pastillita invisible de la felicidad. Los liberales en general odian este tema porque habitualmente es una crítica al capitalismo que lleva contradictoriamente a suponer que las intervenciones estatales harán más maduras a las personas. Y en eso tienen razón en general los liberales: absurda solución. Pero el problema no puede negarse y, después del pecado original, no tiene solución. Allí está y toda la tradición anglosajona lo tuvo en cuenta cuando supuso bien que los que votan y son elegidos pueden ser perfectos psicópatas que sólo buscan al poder como alienación. Por eso la cuestión es el límite al poder. Eso Hayek y Ortega lo supieron siempre. Límite al poder que siempre está en el límite, precisamente, de lo humanamente posible.

Los medios masivos de comunicación no producen la alienación. La canalizan. Pueden ser medios para la libertad de expresión, para la defensa del más débil, para la denuncia profética, pueden llegar a ser ese espacio de diálogo democrático soñado por Habermas. Y a veces lo son. Pero pueden ser al mismo tiempo la repetición incesante de una sola voz, el camino de la difusión masiva de la degradación más abyecta, y no porque un Hitler los controle, sino porque así es la naturaleza humana, alienada, que circula por ellos. La izquierda siempre ha aprovechado esta debilidad de la libertad para intentar voltearla, y lo ha logrado bastante cuando se dio cuenta de que una hermosa película puede ser más penetrante que un Stalin enojado.

Ese positivismo que denuncié en las dos entradas anteriores ha hecho creer a muchos que no es así. Que los medios pueden ser objetivos, transmisores de hechos. La versión post moderna es todo lo contrario, pero realimenta a la anterior. O los medios son meros constructores de relatos o son transmisores de hechos. O una cosa o la otra.

Pero la suposición de que la verdad debe depositarse en el banco de los hechos ha producido la muerte de la verdad, porque ese banco está quebrado hace mucho. La verdad no es una cosa que se deposita en otra cosa llamado cerebro. La verdad radica en una filosofía que defienda al ser humano y su dignidad.

Nos manejamos todo el día con mensajes, y está bien, porque humanos somos. Esto que usted está leyendo, es un mensaje. Está en usted juzgar si es verdadero, dudoso, falso o irrelevante.

Yo le puedo dar muchos mensajes verdaderos. Puedo decirle que el tablero de mi computadora es de color negro. Puedo decirle que ayer me desayuné con un café con azúcar y sin lecha. Y usted dirá, ¿a mí qué me importa?

Exactamente. Puedo decirle muchas cosas verdaderas PERO irrelevantes. Por lo tanto no hay meros hechos. Suceden cosas y algunas son juzgadas como relevantes y bien relatadas, y otras pueden ser irrelevantes. Trump es el presidente de los EEUU. ¿Verdadero? Sí. ¿Relevante? Sí. Gabriel se desayunó con café sin leche. ¿Verdadero? Sí. ¿Relevante? No, excepto para mi nutricionista.

¿Y quién determina el criterio de relevancia?

De vuelta: ¿quién determina qué es lo relevante?

Obviamente, mucha gente. Está la gente que mira conciertos de Mozart, otros que miran futbol, otros que miran las dos cosas y otros que miran Bailando con los Marcianos. Pero en todo eso aparecen las masas alienadas, los noticieros repetitivos, los afines al gobierno, la espiral de silencio (https://es.wikipedia.org/wiki/Espiral_del_silencio), y todo ello puede convertirse en un altoparlante asfixiante excepto para aquellos que, si se silencia, se quedan sin la droga que consumen.

No soy apocalíptico. Es así y es el precio que una sociedad libre tiene que pagar por su libertad. Pero es un alto precio y la sociedad libre está siempre al borde del default.

Los llamados “hechos”, por ende, se seleccionan, aunque inconscientemente (Freud, Fromm, etc.). Usted no puede “ver todo”, “escuchar todo”. Escucha algo que para usted es importante. Cuando usted enciende el televisor, usted se enfoca en lo que para usted es importante, y hay verdades, para usted, más importantes que otras.

O sea:

Fíjese que no hablo de mentiras, hablo de selección de lo relevante. Que además es un mensaje escrito y diseñado por la empresa, por el estado o por mí, pero es escrito y diseñado, como este blog que usted está leyendo en este momento. Yo podría haber puesto una foto de XX para que a usted le llamara la atención. Pero decido no hacerlo y usted decidió leerlo.

Todo esto para explicar algo muy delicado: nadie niega que el virus sea importante, contagioso, y un largo etc. sobre el cual los médicos están debatiendo (tema para después). El asunto es que la OMS alertó y todo el mundo (literalmente, todo el mundo) se enfocó en eso. ¿Y está mal? No. Ok con haberle dado importancia. Pero el pánico que la muerte despierta, en una sociedad de masas, es incontrolable, y río revuelto para los gobiernos. Usted tiene miedo. Prende su sacrosanto televisor y escucha “100 muertos por coronavirus en…”, y se asusta. Y nadie niega que hubo 100 muertos. Pero hay otras voces que están diciendo: hubo otros 100 muertos por otras cosas. Hay otras voces que están diciendo: hay que analizar bien si murieron con o por el virus. Hay que analizar las enfermedades preexistentes. Hay que analizar el tema de los anticuerpos. No hay que dejar de lado otras enfermedades tal vez más letales. Pero no. Esas voces no se escuchan. Son silenciadas. Son malinterpretadas. Son voces de malas personas a las que no le importa la muerte. Y usted sigue escuchando a su televisor. Y se asusta. Y acepta todo. Y hace todo lo que le dicen. Usted está dominado por el miedo. No, la tele no miente. La tele enfoca. Pero usted no se da cuenta.

No se da cuenta y creerá que yo le quiero minimizar el problema.

Continuará….

Cuarta parte, 23-4-2020

Hasta ahora en ningún momento he dicho que la ciencia mienta. No hemos hablado de mentiras, falsedades o teorías conspirativas. No hemos dicho que el virus no sea importante ni que el nro. de muertos sea falso. Porque, como hemos visto, el problema de la unión indebida entre Iglesia y estado y la unión entre estado y ciencia es, en ambos casos, no que la religión o la ciencia sean falsas, sino que la verdad no se puede imponer por la fuerza.

SIN EMBARGO, esto no niega que haya que tener más conciencia de la falibilidad de la ciencia. Porque si algo que sea definitivamente verdadero NO se puede imponer por la fuerza, MENOS AÚN algo que sea dudoso o falible.

¡Pero la ciencia son los hechos!, me dirás. ¡La ciencia es exacta, lo que afirma está demostrado!!!!

Yo no voy a negar la importancia ni el avance de la ciencia. Yo no soy un post-moderno. Simplemente, el avance de la ciencia tiene que ver con una conciencia mayor de sus límites.

Claro que ha habido avances importantes, claro que la biología y la medicina han avanzado notablemente y han elevado el nivel de higiene y salubridad.

Pero aún así, la ciencia es auto-corregible, tiene avances, es falible, y precisamente por ello puede avanzar.

Piensa en la Física, la supuesta ciencia más infalible de todas. Hacia fines del s. XIX se suponía que la Física abarcaba todo el universo. Que no tenía errores, que Newton había explicado todo. Pero no. El mapa no es el territorio. Newton nunca imaginó que sus leyes supuestamente absolutas no regían para el interior del átomo. Ni tampoco pudo imaginar que lo que para él es una línea recta, en Einstein es una curva.

¿Entonces?

Y que entonces, no lo sabemos todo. Siempre habrá algún error en la ciencia. A efectos prácticos nos seguimos manejando con Newton en el macro-cosmos. Pero para la Física Cuántica y para la Teoría de la Relatividad, Newton no sirve. ¿Y entonces? Pues nadie lo sabe. Muchos físicos actuales se están matando tratando de unificar las tres cosas pero aún no lo han logrado. Y cuando lo logren tendrán un momento de estrellato, como Newton, pero igual, habrá cosas que ellos no podrán imaginar, porque el potencial infinito del universo físico es siempre superior a cualquier teoría que una mente humana pueda imaginar, por más “demostrada” que esté momentáneamente.

Y esto sucede con todas las ciencias naturales.

Mucho más con las ciencias prácticas, como la medicina. ¿Acaso nunca has pedido una segunda opinión? ¿Acaso los médicos nunca se equivocan? ¿Acaso grandes eminencias no difieren en diagnósticos y tratamiento? Pero NO porque sean unos tontos, sino porque lo que des-conocen es siempre infinitamente mayor que lo que conocen. No lo quieren admitir, pero sus “absolutamente seguros” tratamientos médicos y protocolos de HOY serán muy atrasados mañana………

¿Y tú vas a poner toda tu vida, libertad y propiedad en manos de ellos? ¿Acaso somos esclavos de los médicos? ¿No puedes pensar, decidir, criticar? Como una vez le dije a un médico-investigador que me decía que la operación era absolutamente segura: el que se va a operar no es usted. Deje decidir al que va a ser sometido al tratamiento….

¿Que como paciente te puedes equivocar? Sí claro, en eso consiste no ser esclavo. Si quieres vivir sin el riesgo de equivocarte, sé un esclavo. Ye te podrás morir igual, porque el dueño de la granja puede equivocarse también.

Lo cual nos lleva al tema del conocimiento disperso.

Errar es humano, porque los seres humanos no lo sabemos todo. (Y el creyente, que cree en algo revelado por Dios, NO debe imponer su fe por la fuerza). Pero entonces te imaginas que “los que saben más” deben dirigir a quienes sepan menos. Y entonces concluyes que la planificación central es mejor. Que haya autoridades sabias que gobiernen al resto de ignorantes. Que las decisiones sean centralizadas. Que la ONU mande a la OMS, que la OMS mande a los presidentes y que los presidentes ordenen a gobernadores, a municipios y a todos. Que el Papa ordene a los obispos, que los obispos a los sacerdotes y éstos a ti. Que el rector ordene a los decanos, los decanos a los profesores y éstos a los alumnos. De modo tal que la ONU, el Papa y el Rector hagan todo los demás obedezcan pasivamente.

Pero no. Hace tiempo que eso no funciona, hace tiempo que se sabe que respetar las autonomías de las demás sub-organizaciones es más eficiente. Precisamente, por el tema del conocimiento.

Seguro conoces Wikipedia. En Wikipedia no hay una dirección central. Y precisamente por ello funciona. No “a pesar” de ello, sino por ello. Porque el conocimiento disperso está diseminado en millones de usuarios, y la corrección mutua es una manera de combinar y coordinar ese conocimiento. Entra en este momento a Wikipedia y escribe una entrada en la cual digas que Santo Tomás fue un famoso ateo del s. XIX. Piensa en el tiempo en que vendrán las correcciones. Segundos tal vez. Pero si fuera una enciclopedia con dirección centralizada, hasta que el director  se entere y de la orden a los subordinados pasivos, cumpliendo además todos los pasos y reglamentos correspondientes, pueden pasar siglos.

Lo mismo el mercado. En Nueva York se encontraban computadoras precisamente porque no había una dirección central del gobierno sobre computadoras. Simplemente había oferta, demanda y precio. Y por ello el mercado de las compus estaba organizado. Estoy hablando en pasado porque posiblemente el alcalde de Nueva York, con la excusa del coronavirus, se puso a controlar el mercado de computadoras.

Por eso la centralización de las decisiones, ante esta crisis, es un error. Los gobiernos no saben todo lo que ignoran. El intendente conoce mejor su zona que el gobernador, y el gobernador mejor que el presidente. Pueden decidir cosas diferentes con mayor conocimiento del caso. Centralizar todo en una sola persona y sus asesores es una fatal arrogancia (Hayek), y nunca mejor dicho fatal.

Pero luego está el mercado. ¿Faltan mascarillas? ¿Falta alcohol? ¿Hace falta eso o aquello? Deja que los precios funcionen, que señalen lo que falta y generen mayor oferta e inversiones en esos casos. ¿Qué el sistema es imperfecto? Claro, de eso se trata, de que el conocimiento disperso e imperfecto tenga una mayor coordinación, que nunca será perfecta.

Y sin embargo, ante esta crisis, precisamente, los gobiernos están intentando controlar todo. Hospitales, empresas de insumos médicos, farmacias, todo, porque en su fatal arrogancia ignoran que ignoran y que necesitan una Wikipedia que se llama mercado.

Pero, a su vez, intentan imponer una sola visión médica sobre todas las demás. ¿Hay otras? Claro que sí, fíjate: https://gzanotti.blogspot.com/2020/04/coronavirus-voces-alterntivas-la.html ¿Y entonces? Pues habrá medidas distintas, opciones diferentes, y por sus frutos los conoceréis. Los resultados más eficientes saldrán a la vista.

¿Te he minimizado el problema del coronavirus?

¿Sí?

¿Seguro?

Continuará.

Quinta Parte, 24-4-2020

En las entradas anteriores hemos visto que ningún religioso, filósofo o científico tiene derecho a imponer sus ideas por la fuerza, por más verdaderas parezcan o sean. Y hemos visto también que mucho menos cuando esas ideas están basadas en la ciencia que es esencialmente falible y por eso corregible y evolutiva.

En una democracia republicana, el poder ejecutivo y etc. son empleados del ciudadano. Este los ha elegido y es su obligación pedirles cuentas, discutirles, preguntarles y cuestionarlos, sean quienes fueren, Premios Nobel o Juan Pérez.

Las personas no ejercen ese derecho porque se masifican (lo hemos visto también) pero es nuestro deber hacerlo.

Por lo tanto, coherentemente con la entrada anterior, vamos a plantear una serie de preguntas a un arquetipo imaginario, o sea al virólogo, epidemiólogo, infectólogo o médico que está proponiendo como tratamiento la cuarentena obligatoria. Yo, como paciente, tengo derecho a pedir una segunda opinión y a hacerle preguntas.

Me puedo equivocar, pero él también, y aunque su medicina sea revelada por Dios (que nunca es el caso) tiene la obligación moral de recurrir al diálogo y no a la fuerza.

Van mis preguntas.

1.       ¿Cómo se le pasó por la cabeza? ¿Usted cree que, aunque su tratamiento sea efectivo, usted tiene derecho a violar las libertades individuales básicas y aceptar ser el experto al servicio de un poder ilimitado? ¿No se le pasa por la cabeza que usted está cumpliendo el mismo rol que un inquisidor medieval?

Por las primeras dos entradas, no, no se le pasa por la cabeza, obviamente.

2.       ¿Pensó usted en la cuestión económica? ¿No, porque primero está la vida? Disculpe doctor, pero creo que usted de economía mucho no entiende.  Porque la economía está al servicio de que, precisamente, la gente no se muera de hambre, frío, inanición, falta de higiene, etc. Me parece que usted ignora lo intrincado y complejo que es el proceso de división del trabajo y de conocimiento que está detrás del desarrollo económico que impide, precisamente, que la gente se muera. Usted desconoce lo delicado de la cadena de producción y distribución de todos los bienes y servicios, que usted cree que puede cortar de golpe. Usted parece creer que su tratamiento es un valor superior a la desocupación, quiebre de grandes y pequeñas empresas, etc. Usted parece creer que “no estar infectado” es un valor superior a morirse de hambre y, permítame decirle, usted no puede decidir eso por la fuerza.

3.       A usted parece no importarle las consecuencias psiquiátricas que tiene la medida que toma, parece que minimiza la baja de defensas por la angustia y depresión, parece negar –como usted dice que yo niego el número de muertos- la importancia de los suicidios que ya están ocurriendo. No, es que es “menos” importante. ¿Ah sí? ¿Quién lo dice? En una sociedad de la “diversidad”, del “respeto al pluralismo”, de la “libertad de elegir” lo  importante lo decide usted y el presidente que asesora?

4.       Pasemos ahora al tema del contagio. Me va a decir que nadie tiene derecho a contagiar a otro. Pero eso tiene que ver, doctor, con el tema de los bienes públicos, que usted no ha estudiado nunca. Claro que las calles son bienes públicos (estatales o privados) donde compartimos el aire y otras cosas. Claro, el aire por ahora no puede ser privado como el pañuelo que llevamos en el bolsillo. Pero creo que usted sabe hace mucho tiempo que las sociedades toleran el inevitable contagio de ciertas enfermedades como gripe, neumonía, bronquitis, angina, etc., excepto que cubramos a todos los seres humanos de un traje espacial obligatorio.  Usted me va a decir: esto es más grave. Espere. En principio no se lo niego. Volvamos al contagio. ¿AHORA todos lo han descubierto? ¿Ahora todos se dan cuenta de la cantidad de cosas de las que se pueden enfermar, de las que se enferman, de las que enferman a otros o pueden enfermar a todos? ¿Ahora todos se dan cuenta de en cuántos cumpleaños, navidades y fiestas hemos disparado al infinito miles de gotitas de Flugge llenas de virus y bacterias? ¿Ahora se dan cuenta de con cuántos abuelitos han cometido con ello el asesinato perfecto? ¿Ahora se dan cuenta, todos (usted también, porque hasta Febrero de este año no lo veía tan preocupado) de la importancia de lavarse las manos, usar alcohol, barbijo y no abrazar al otro si estamos algo enfermos, sacarse los zapatos, etc., cosa que los japoneses hacen hace mucho? ¿Ahora se dan cuenta todos de lo que se pueden contagiar con solo VIVIR? Sí, ahora, porque antes, en general, funcionaba el sistema inmunológico (NO en los inmunodeprimidos, que son millones) pero aún así año tras año hay MILLONES de muertes por gripes y neumonías y la vida humana no se suspendía. Me va a decir: esto es más grave. De vuelta lo mismo: aunque usted tenga razón, hay otros criterios diagnósticos y tratamientos. Segundas opiniones, que deben ser escuchadas y consideradas.

5.       Me parece que usted no está explicando bien, doctor, la diferencia entre infectado, enfermo y muerto. Infectados con virus y bacterias patógenas, hay miles de millones, que NO se enferman porque el sistema inmunológico funciona (por eso fue tan terrible la situación en los 80 con los infectados de SIDA). Usted sabe, y por ende es cuestión de que todos tomen conciencia, de que en este mismo momento millones y millones de personas tienen dentro virus de gripes, bacterias de anginas, neumonitis y neumonías, y NO se enferman porque su sistema inmunológico mantiene a raya a tan antipáticos intrusos. Usted sabe que hay millones de personas que tuvieron varicela de niños y NO desarrollan el Herpes Zóster porque el sistema inmunológico mantiene latente al virus. Usted sabe que millones de personas respiran el Bacilo de Koch todos los días y no les pasa nada por el mismo motivo.

Por lo tanto infectado es una cosa, enfermo es otra, y mortalidad es otra, porque de los muchos que se enferman de gripe y neumonía no todos mueren, aunque sabe que anualmente son millones los que se mueren por eso, sobre todo porque tienen otras enfermedades, son mayores o son inmunodeprimidos, fumadores o diabéticos o etc.

Ahora bien. Como dice el estatista (yo de economía no entiendo nada…) yo de números no sé nada pero la buena noticia es que si el virus es tan contagioso como usted dice, millones y millones y miles de millones lo podemos tener en este momento. Yo, usted, y el lector. Y no pasa nada, porque el sistema inmunológico nos protege. Ahora le pido que relacione el número de infectados con el número de enfermos y verá que la probabilidad de enfermedad es baja, y compare el número de muertos con el número potencialmente infinito de infectados y verá que la mortandad es baja. Por lo demás, “estar enfermo o no” no es dicotómico. Puede ser muy leve, y también puede agravarse, sí. Usted me va a decir: pero esto es peor. De vuelta, lo dice porque el nro. de muertos es “muy alto”. ¿Muy alto en relación a qué? ¿Al número de infectados? No, como ve, es muy bajo….

6.       Lo que sí le admito es que el virus es nuevo y por ende el sistema inmunológico se tiene que acostumbrar. Eso sí ha provocado más muertes. Pero entonces, ¿por qué no deja que el sistema inmunológico de los pacientes produzca los anticuerpos contra el virus? Me va a decir: cuidado con los mayores y los inmunodeprimidos. Sí, ¿pero ese cuidado lo tenemos que tener TODOS los años no? Es bueno que lo hayamos descubierto. Nos cuidaremos más de estornudar como bestias delante del abuelo.

7.       Cuando usted dice “número de pacientes muertos”, ¿no hay que distinguir, como siempre, tipos de pacientes? Los que son fumadores, diabéticos, oncológicos, inmunodeprimidos, y un largo etc. que usted conoce. Pero eso sucede todos los años y nadie se entera…. ¿Por qué enterarse este año y otros no? No, no me diga que destacar el nro. de muertos por otras enfermedades es minimizar el coronavirus. Al revés, es darnos cuenta de la importancia de todas las enfermedades, es advertir que tenemos que ser más cuidadosos, y no por ello recurrir a un régimen soviético. Por lo demás, hay un tipo de pacientes, proclives a enfermarse, que a usted parece no importarle: los desocupados, angustiados, deprimidos, hambrientos, los NO vivirán más en una casa digna. Y parece que no le importa porque usted y su presidente los han aumentado.

8.       Por lo demás, los primeros muertos por coronavirus, y los actuales, ¿estuvieron bien diagnosticados y tratados? Muchos colegas suyos piensan que no, pero ustedes los médicos, como casi siempre, siempre piensan que el OTRO médico está equivocado. Muchos colegas suyos, sigo, afirman que en Italia los médicos no estaban preparados para la terapia intensiva de este tipo de enfermedades. Creo que usted tendría que al menos considerarlo, ¿no? Otros están diciendo que en Lombardía existía el mayor número de pacientes oncológicos por el amianto. Pero usted ni lo considera. Dice “muertos por coronavirus” y listo.

9.       Otros colegas suyos dicen, de acuerdo a lo anterior, que hay que distinguir entre muerto CON coronavirus y POR coronavirus. ¿No le importa la distinción? ¿No? ¿Por qué?

10.   Y el diagnóstico, ¿es correcto? Algunos colegas suyos sostienen que la complicación no es la neumonía, sino una inflamación alveolar que no se trata con respiradores sino con antibióticos y antiinflamatorios. ¿No le importa? Porque si fuera así, entonces ustedes nos están matando….

11.   Otra cosa importante. Usted estuvo de acuerdo con la suspensión lisa y llana de toda la atención médica excepto guardias. De vuelta, porque “al lado de esto NO eran importantes”. O por el contagio. Señor, deje esa opción a los pacientes, a los sanatorios y a otros colegas. ¿Hizo usted el número de personas que se van a morir o enfermar porque hace ya meses que hay enfermedades NO diagnosticadas a tiempo y tratamientos NO comenzados o interrumpidos? ¿No pensó en ello? ¿Qué NO es importante? ¿Usted? ¿Y usted quién se cree que es? ¿Dios? Por lo demás, el contagio. Señor mío, si me tengo que hacer una biopsia que decide si el quiste es maligno o benigno, le acepto que me cubra con un látex gigante, pero que la biopsia se haya igual. Si nadie me la quiere hacer es otro problema, pero usted respete la libertad de opciones.

12.   Otra pregunta (perdone doctor, pero soy paciente y tengo derecho a hacer preguntas aunque sé que habitualmente le molesta). ¿Qué va a suceder con los que se van a enfermar de dolencias habituales como anginas, otras gripes, catarros, etc.? ¿Van a estar aterrados de ser enviados a la isla de los leprosos? ¿Van a reprimir sus estornudos incluso en su casa, porque ahora TODO es coronavirus? ¿No los van a atender? ¿Ya se enteró del número de muertos por NO haber sido atendidos? Ah, “eso no es importante…”.

13.   ¿Y la crisis hospitalaria? Nadie la niega, pero usted no considera que hay sistemas de salud pública que en todo el mundo YA están en crisis hace mucho por la ineficiencia de la estatización del sistema de salud. Ah, cerdo capitalista, me dirá… Pero con eso no me responde. ¿No hay una corrida hospitalaria por el pánico que usted, entre otros, ha producido? La corrida hospitalaria, ¿quién la produce? ¿El pánico o el virus?

14.   En fin, doctor, me puedo haber equivocado, me puedo haber olvidado de muchas cosas. Pero usted también. No, yo no, me va a decir. Claro, usted no se equivoca. Mire doctor, su fatal arrogancia no me preocuparía tanto si no fuera que usted cree que su supuesto saber lo habilita a ser el nuevo dueño de la nueva granja de esclavos en la que usted, la OMS y casi todos los gobiernos del mundo han producido.

Que Dios lo perdone.

Dr. Zanotti (como Ross ).

LOS LIBERALES CLÁSICOS Y EL CORONAVIRUS.

Una nueva grieta ha surgido entre los liberales (clásicos) por este tema, con acusaciones muy fuertes de estupidez y maldad.
Me decidió a escribir esto un video de Juan Ramón Rallo donde aclara que Hayek no se oponía a la acción del estado en caso de las epidemias.
Así es. Por ende, la cuestión está mal planteada. La cuestión no es si el estado debe o no intervenir en estos casos. Ese es un debate entre los liberales clásicos y los anarcocapitalistas. Entre los liberales clásicos, que los estados, preferentemente municipales y excepcionalmente federales, tengan que intervenir cuando hay bienes públicos estatales que no puedan ser en lo inmediato privatizados, es algo en lo que hay bastante consenso.
Yo mismo (1) lo afirmé en 1989, en El humanismo del futuro (que ya quedó en el pasado…):

 “…Todas las reflexiones anteriores nos muestran lo inútil de la falsa dialéctica entre el “estado gendarme” y el “estado subsidiario”. El estado es subsidiario porque su misión específica es por definición, como hemos visto, subsidiaria, y basta la demostración, cada caso, de que tal o cual actividad no está relacionada necesariamente con dicha función específica –custodiar el derecho- para que, en principio, dicha actividad deba estar a cargo de los privados. Por supuesto, esto no excluye una gran zona que podríamos llamar “zona gris” que produce dificultades concretas a la hora de decidir si tal o cual actividad debe estar o no en manos del estado. Por supuesto, esto no implica negar que, como venimos diciendo, todas las actividades culturales –esto es: artísticas, científicas, deportivas, educativas, económicas, etc.- deben estar en principio dentro de la iniciativa privada pues ellas derivan del ejercicio de los derechos personales, y éste es ya un principio que brinda suficiente claridad. Pero hay casos, que analizaremos más adelante, que presentan dificultades: el caso de la subsidiariedad sociológica, ya aludida; los problemas de moral publica, los bienes públicos y las externalidades. Más adelante nos referiremos a esos casos. Por supuesto, son casos posibles de resolver, pero no nos parece sensato negar a priori la dificultad intrínseca que presentan, sea cual fuere la solución posterior que demos a la dificultad50b
En el caso de los bienes públicos y externalidades, una vez aclarado que la mayoría de ellas se puede internalizar y que gran parte de los bienes públicos pueden ser privatizados, dije:
“…Desde luego, cabe señalar que, en todos aquellos casos donde debido a las externalidades negativas y/o los bienes de públicos se produzcan problemas que afecten directamente al derecho a la vida y/o propiedad de las personas, y la acción del proceso de mercado no pueda, al menos a corto plazo, solucionar la cuestión, el estado, cumpliendo su misión específica de custodiar los derechos del hombre, debe intervenir. Por supuesto, cuanto más jurídicamente abierto sea el mercado, esos casos serán raros. Además la intervención del estado en esos casos no debe monopolizar el bien en cuestión, como tantas veces se ha señalado”.
Por lo tanto, NO es cuestión de decir que los estados no deben intervenir en una epidemia. El debate se concentra en si las medidas tomadas para ESTA pandemia son las convenientes o podía haber habido otras.
A su vez, es extraño que algunos liberales piensen de otros lo que los estatistas en general piensan de los liberales en muchos sentidos. Habitualmente se nos acusa de malvados porque somos reacios a la intervención del estado en temas de pobreza, medio ambiente, etc., como si fuéramos unos malvados totales indiferentes ante el prójimo, cuando en realidad nos interesa, como a muchos, el bienestar de todos, sólo que recurrimos a otros métodos. Aquí es lo mismo. Si alguien opina que ESTAS medidas no son las adecuadas, NO es porque no le importe el número de muertos, NO es porque tenga desprecio por la vida, sino porque considera que podría haber otros modos de tratar la cuestión.
Hay otros temas, además, que desde el liberalismo clásico se pueden aportar para pensar en esta cuestión.
Uno, el conocimiento disperso. El libre intercambio de puntos de vista favorece un mayor conocimiento, y de igual modo sucede con los bienes y servicios. Por ende, estar abiertos a escuchar los diversos pareceres de los epidemiólogos ayudaría mucho.
Dos, los beneficios del libre mercado para las situaciones de emergencia. En ese caso, medicamentos, servicios médicos, etc., son áreas donde no se debe, más que nunca, eliminar al mercado, sino dejarlo actuar para que se coordinen mejor las necesidades de la demanda frente a esos bienes.

      Tres, los beneficios de una sociedad libre, el libre mercado, la libre educación y la libre medicina para el descubrimiento de nuevas tecnologías. Así como el mercado libre acelera la producción de tecnologías limpias que ayudan al medio ambiente, así también ayuda al descrubrimiento de nuevos medicamentos y nuevas vacunas que además bajarán de precio en la medida que no se intervenga en la coordinación entre oferta y demanda. 
Cuatro, dejar actuar a los servicios privados de salud, con sus propias ofertas y decisiones, va en la misma línea.

     Cinco, los liberales sabemos qué es una corrida bancaria y qué la causa. El sistema bancario colapsa si todos los depositantes exigen sus fondos. La cuestión es por qué se comportan así. De igual modo colapsa cualquier sistema hospitalario, y mucho más si no se deja al mercado reaccionar. La cuestión es: ¿el conocimiento disperso, bajo un sistema abierto y libre de conocimiento, produce que la demanda (subjetiva) de un servicio suba de golpe? ¿Si?
Como ven no me he introducido en la discusión biológico o si la cuarentena es apropiada o no. Sólo quise mitigar los enojos en el debate y tratar -de modo quijotesco como siempre- de frenar la guerra de acusaciones de estupidez y-o maldad entre unos y otros. 
Pero chocaré una vez más contra los molinos de viento.
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(1) Perdón que me cite a mí mismo, es que ya se me ha «acusado» de negar TODA acción del estado, cuando hace 31 años que tengo fijada mi posición al respecto. 


50b Creemos que un análisis moderno del principio de subsidiariedad debería completarse con el tratamiento de las “fallas de la gestión del Estado” desarrollado por la escuela de “Public Choice” liderada por J. Buchanan. Sobre este y otros aportes de Buchanan, véase Romer, T.; “On James Buchanan’s Contributions to Public Economics”, en Journal of Economic Prospectives,Vol. 2, No4, otoño de 1988, pja. 163-179. (*11: A lo largo de estos años nos hemos convencido cada vez más de la importancia de los análisis de J. Buchanan sobre la rent seeking society para la comprensión de la crisis de la democracia constitucional y la relación con los grupos de presión. Lo aclararemos en una próxima nota, por ahora téngase en cuenta que ese mismo tema es importantísimo para el principio de subsidieriedad y el tema de los “privilegios” para tal grupo o sector. Por supuesto, sabemos que habitualmente partidarios del Public Choice y partidarios de la subsidieredad del estado se ignoran, pero si se conocieran es posible que tuvieran choques en algunas de sus premisas antropológicas y éticas últimas. Aunque no sea este el momento de tratarlo, creemos que los análisis específicos de Buchanan sobre la Constitución Federal, la economía y las finanzas son en sí independientes de esa cuestión. Al respecto, ver The Logical Foundations of Constitutional Liberty, vol. I de The Collected Works of James M. Buchanan, Liberty Fund, 1999.

Jorge Bergoglio tiene razón sobre el tema de la deuda

Jorge Bergoglio tiene razón. La deuda externa pública es un endeudamiento perverso. Los gobernantes gastan más de lo que pueden, luego toman deuda externa ante el FMI y el Banco Mundial, cuatro u ocho años más tarde se van, y el costo de la deuda queda para generaciones posteriores. Además, los fondos de esos préstamos son recibidos para pagar deuda, para financiar gasto público, y así sucesivamente, hasta entrar en crisis que tienen como principales víctimas a los más pobres. 

Ya en 1949, Ludwig von Mises denunció al FMI como un mecanismo perverso. Solo facilita la expansión monetaria y una visión constructivista de la economía para dirigirla e intervenirla siguiendo el cuerpo de ideas keynesianas. La deuda pública solo genera más inflación, más impuestos y más gasto. 

Es inmoral que esa deuda pública sea pagada por ciudadanos que no la pactaron. Debe ser pagada por los funcionarios gubernamentales que la realizaron. Si son insolventes, deben enfrentar las consecuencias civiles y penales correspondientes, desde el presidente hasta aquellos funcionarios de los ministerios de economía y bancos centrales que hayan participado en las negociaciones pertinentes

Jorge Bergoglio tiene razón: el FMI y la deuda internacional son un error en sí mismos, porque no se pueden utilizar «bien» y terminan generando resultados negativos no buscados. 

Ahora bien, ¿por qué decimos «Jorge Bergolio»? Desde Pío IX en adelante, se viene cumpliendo la predicción de Lord Acton y de Dollinger en relación con el tema de la infalibilidad pontificia y el uso del poder. Desde entonces, los pontífices se refieren a muchos temas temporales, lo cual, dado quien habla, afecta de algún modo la autonomía de los laicos para expresarse libremente sobre los mismos temas. En este sentido, hemos escrito al respecto, los artículos La devaluación del magisterio pontificio y La temporalización de la Fe. Entendemos que es conveniente que seamos los laicos quienes nos manifestemos con especial dedicación sobre todos estos temas opinables, para evitar el peso de la investidura papal al respecto. En ningún momento las Sagradas Escrituras, la Tradición y el Magisterio permiten desprender una consecuencia única y universal en un tema como la deuda externa, un tema singular, prudencial, técnico y concreto, que no debiera ser objeto de declaraciones cuasi dogmáticas de los pontífices por tratarse de un tema temporal totalmente opinable. En el siglo XX, uno de los pocos, poquísimos, que tuvo conciencia de esto fue San José María Escrivá de Balaguer. 

Nos parece importante señalar que, aunque estamos de acuerdo con la opinión emitida por Bergoglio con relación a ciertos temas planteados en su discurso, a la hora de leer este tipo de discursos, conviene recordar que Bergoglio no habla con autoridad magisterial, aunque toda palabra pronunciada por todo Santo Padre será siempre objeto de nuestra atenta y filial escucha. Por ser temas propios de la autonomía de los laicos, ello implica una legítima opinabilidad, que cada uno podrá ejercer a la hora de reflexionar sobre los temas planteados.

Esta nota fue publicada originalmente en el Instituto Acton, 6 de febrero de 2020.

ARGENTINA, INVADIDA POR CUBA. ESTA VEZ LO LOGRARÁN

Los argentinos piensan que ellos están más allá de todo. Que hagan lo que hagan, van a seguir encontrando cositas en el almacén de la esquina, que van a ir a la cancha los Domingos, que van a hacer un asadito con los amigos, que van a pasear por Corrientes a la noche, etc., etc., pase lo que pase, caiga quien caiga y suba quien suba. Son como el conductor que siempre, siempre, va a 180 por la ruta. Siempre estuvo “a punto  de” pero piensa: a mí no me va a pasar.
Montoneros y ERP fueron un proyecto de disolución nacional para que Cuba tomara el control. Casi lo logran, y no sin el apoyo popular que le permite a su brazo político, el Frejuli, ganar las elecciones en 1973. La famosa “La Cámpora” viene de allí.
Por poco no lo lograron, pero hoy son los jóvenes idealistas, y con todos sus asesinatos a cuesta anda sueltos con la frente alta. Son los buenos de la peli de la historia oficial. Es mucho.
En 1991 cae el Muro, y todos nos ilusionamos con que ellos también. Qué tontos que fuimos. Se re-organizan totalmente en el foro de San Pablo y el matrimonio Kirchner fue su firme ejecutor, pero muchos lo niegan y lo siguen negando. Vamos a 190. No va a pasar nada, Gabriel, no seas pesimista. Prendemos la radio y ponemos el aire acondicionado.
Cuba ya invadió Venezuela, pero el supuesto moderado dice que es un país democrático. Cuba tiene a su vez la protección de Rusia y China. China tiene una base en la Argentina. Pero no es nada, Gabriel, ves visionesy apoyás a Macri.
Milagrosamente el kirchnerismo perdió las elecciones en el 2015. Pero dos milagros ya es mucho, y Macri hizo todo para que volvieran. Inútil es tratar de explicar a todo el mundo que el tema no es Macri sino la República y la Constitución. Inútil. Vamos a 195. El auto anda bárbaro.
Alberto Fernández es el fin. Detrás de él están Cristina Kirchner, Máximo Kirchner, Hebe de Bonafini, D´Elía, Grabois, Zafarroni, Zannini, etc. En Cuba ya están preparando la fiesta, y la abogada exitosa está en este momento haciendo la torta. Pero no, todo bien, el auto no va a chocar, no va a volcar, todo bien, Alberto maneja. Evidentemente el peronismo siempre tuvo un gran conductor.
Cómo quisiera, dentro de algunos años, decir cuán equivocado estaba. Rezo por ello intensamente.
Pero, mientras tanto, no me consuela el último modelo. Mi cinturón de seguridad es magnífico, el asiento, muy cómodo, hay música, aire y cristales polarizados. Todo es magnífico. Cabeceo. Me duermo. 
Y no me despierto nunca más.

REFLEXIONES SOBRE EL FAMOSO MURO DE TRUMP

La situación de Trump y su famoso muro ha llegado a un punto límite que da lugar a reflexiones relevantes para el liberalismo clásico.
Consideremos primero la historia del problema. Para la tradición liberal clásica, especialmente el EEUU originario como el liberalismo clásico de Mises, los muros eran inexitentes o explícitamente rechazados. El derecho a la emigración siempre fue obvio, y el derecho a la inmigración estaba implíticamete admitido por las circunstancias históricias. EEUU fue precisamente un lugar único en la historia conformado esenciamente por inmigrantes. Dejemos de lado en esta entrada qué hubiera pasado si se hubieran encontrado con un muro levantado por los indígenas del lugar; por ahora destaquemos que ese grupo de inmigrantes fue en primer lugar los que traían consigo la tradición del common law británico tratando de huir de los problemas religiosos de la misma Inglaterra y sobre todo de Europa Continental. Pero conformadas ya las 13 colonias como una nación independiente de Jorge III, EEUU se llenó naturalmente de más protestantes, de católicos, judíos, agnósticos, y si contamos por regiones, de italianos, irlandeses, alemanes, polacos, y en menor medida chinos e hispanos. Todos ellos no necesitaban hacer un master para entender el pacto político originario de los EEUU. Todos ellos sólo pretendían trabajar y comerciar en paz, y vivir sus respectivas creencias religiosas sin ser molestados y sin molestar a nadie. Y punto. No esperaban nada del estado. Dependían de ellos y ya era demasiado que un shefiff, “la ley” lograra defenderlos de asesinos y ladrones, porque, por lo demás, estaban acostumbrados a defenderse solos. De allí la Segunda Enmienda. Por lo demás, los puertos y caminos ya eran en gran parte bienes públicos en los EEUU, y si bien entonces los votantes podrían haber plenteado el problema de quién entraba a lo que ellos pagaban, a nadie se le ocurrió el “issue”. En parte por lo que el Public Choice llama ignorancia racional, pero en parte también porque todos vivían la circunstancia cultural y política anteriormenente referida.
Ante esas circunstancias, el problema de la inmigración no existía. 
Pero pasaron las décadas, cambiaron las ideologías y la geo-política mundial, y entonces el problema comienza a aparecer, cada vez en mayor grado. Primero porque surge el New Deal, la provisión federal de seguridad social, y por ende los incentivos cambian. Ahora muchos saben que pueden llegar a vivir sin trabajar, cosa insólita tanto en San Pablo como en los EEUU originarios. Entonces sí, uno más es un gasto más del Estado Federal, mientras antes, el pérfido libre mercado y el estado limitado implicaban que uno más era uno más trabajando y produciendo. Cosa que comienza a dejar de ser así, también, con salarios mínimos y con sindicatos y regulaciones que producen desocupación.
Segundo porque ya no es tan obvio que todos van a trabajar en paz y a practicar libremente su Fe. No es así con los narcotraficantes, claro, aunque si no se persiguiera al comercio de drogas, sería una industria más, aunque no santa, como la de los cigarrillos y el alcohol. No es así con los traficantes de personas, pero eso es así, claro, porque ya existen los controles fronterizos y las visas. Y menos aún es así con los terroristas, para cuyos países las visas están obviamente jutificadas, situación impensable entre los siglos XVI al XIX.
Por lo tanto, EEUU se cierra relativamente: hay inmigración, pero legal: hay visas, controles, pasaportes, regulación. Y, para colmo, toda América Latina, desde México para abajo, es una miseria total de instituciones e inversiones. Aunque los latinoamericanos no entiendan nada de la historia de EEUU, siempre lo vieron como un lugar donde el que trabaja sale adelante y no expropiado, expoliado y encarcelado. EEUU sigue siendo la meca de todos, incluso la de los hipócritas que no paran de demonizarlo pero viven allí ganando sus buenos millones de dólares.
Lo tragicómico es que todos coinciden en que tiene que haber diferencia entre la inmigración legal e ilegal. En todo el mundo, claro, pero sobre todo en EEUU, donde los demócratas han apoyado siempre la inmigración legal y por ende, han estado en contra de la ilegal. Tal vez, antes de Trump, la diferencia entre demócratas y republicanos, al respecto, era la que había entre el diretor del aeropuerto de New York y su supervisor en la película La Terminal . El director era coherente y se tomaba su trabajo, legal, hasta sus últimas consecuencias. El supervisor era el incoherente compasivo que le decía que las normas tienen que existir “pero no tanto”. 
Trump y sus partidarios son como el director del aeropuerto. Se toman en serio las leyes que demócratas y conservadores apoyan. Los controles fronterizos existen especialmente desde fines de la segunda guerra en adelante, y ningun gobierno demóctata estuvo en contra. Obama siempre los defendió y la ley que establece separar a los menores de los padres que cruzan ilegalmente la frontera fue muy bien aplicada durante el gobierno de Obana pero, claro, con la CNN y el Partido Demócrata ambos muy calladitos, por supuesto.
Trump y sus partidarios, en cambio, se toman en serio la ley –cosa insólita para muchos-. Y además reconocen con franqueza la crisis de hace décadas en la frontera con México, crisis que ahora los demócratas llaman, todos como un coro, “manufacturada” por Trump. Hace décadas que los inmigrantes latinoamericanos, especialmente de centro-américa para arriba, mueren literalmente intentando llegar al maléfico EEUU (¡pero qué tonta que es la gente, no!?) y son esclavizados por los tratantes de personas pero no, eso no es una crisis. Es fruto de la mente enloquecida de Trump…
Pero que Trump se tome en serio la ley y vea realmente el problema no quiere decir que su diagnóstico y su solución sean los adecuados. Cabría preguntarse, por qué no, qué pasaría si no hubiera Welfare State. Qué sucedería si, de vuelta, todo el que camina un metro ya adentro de los EEUU sabe que va a tener que trabajar y punto terminado. Qué sucedería si no hubiera salarios mínimos y sindicatos con poder de coacción para impedir el ingreso de extranjeros a los puestos que ellos dejan con sus huelgas. ¿Qué sucedería? Que la inmigración sería una solución, no un problema. Y si abandonaran la inútil guerra contra las drogas, el narcotráfico se acabaría ipso facto. Simplemente habría que ver qué hacer con los que viene de regiones donde pulula el terrorismo: se les pide un visado. Más no se puede. Ser ciudadana norteamericana, hija de inmigrantes palestinos legales, no garantiza que no haya una bomba de tiempo que sea ya diputada demócrata, en el centro mismo de las instituciones legislativas norteamericanas. 

Trump no puede ver nada de esto –Ron Paul sí- y como es un tipo sin vueltas ha cerrado el gobierno. Y los demócratas no le van a dar el dinero para su famoso muro. Ceder, para cualquiera de los dos bandos, es una derrota política crucial. Puede ser que Trump abra el gobierno federal, pero el problema va a seguir. Puede ser que los demócratas cedan y le den los fondos para el bendito muro, pero las gentes seguirán muriendo para cruzarlo. Puede ser que Trump intente una executive order con apoyo de la corte para construirlo, pero el problema va a seguir igual.  El problema es el Welfare State, el acabamiento del pacto político originario y la falta de liderazgo para revivirlo, lo cual es una mayor responsabilidad del partido Republicano, más nacionalista que classcial liberal. O sea que el problema no tiene mucha solución por ahora, como el mundo entero, en última instancia, tampoco la tiene. Pero no porque sea posible un paraiso, sino porque un mundo de personas trabajando en paz y libremente ha sido ya elminado por todos los soviets mayores o menores que habitan nuestras mentes y, por ende, este por ahora solitario planeta.

DE VUELTA LOS LIBERALES O LO QUE FUERE EXCOMULGÁNDOSE ENTRE ELLOS

Nunca me voy a olvidar del Partido Liberal Republicano que se intentó formar allá por 1984/85 como opción ante la “intervencionista” UCEDE. Eran no más de 10 que se reunían en la inolvidable escuelita de Sánchez Sañudo. Se terminaron disolviendo porque se pelearon por el Patrón Oro. 
Las circunstancias mundiales, ahora, han cambiado, y han surgido temas y problemas que multiplican las divisiones.
Ya hablé varias veces de esto; en una de esas oportunidades distinguí entre tres grandes corrientes: la neo-kantiana (Mises, Hayek, Popper), la neo-aristotélica (Rothbard, Ayn Rand) la iusnaturalista clásica (escolásticos, liberales católicos del s. XIX, Novak, Sirico, Liggio, Chafuén, etc.), y en general la gente del Acton Institute
Las tres tienen diferencias filosóficas importantes y es utópico pensar que las van a superar, aunque obviamente durante mucho tiempo pudimos trabajar juntos en muchas cosas.
Ahora hay dos circunstancias que han cambiado esa paz transitoria. 
Primero el tema del lobby LGBT. Los más iusnaturalistas (y NO me refiero ahora al Acton Institute) insisten en el error conceptual de la ideología del género, que va contra la ley natural, etc., y se enfrentan por ende con el escepticismo de los neokantianos y los neoaristotélicos en esos ámbitos, que defienden a la homosexualidad, al transexualismo y etc. como opciones morales legítimas en tanto, por supuesto, no atenten contra derechos de terceros. Y se matan por eso.
Los dos grupos no se dan cuenta de la importancia de su coincidencia en “en tanto no atenten contra derechos de terceros”. Porque ninguno de ellos afirma que el estado deba imponer leyes que coactivamente obliguen a hablar de un modo determinado, a contratar de un modo determinado, a enseñar de un modo determinado. ESA coincidencia en la libertad individual es la clave en estos momentos. La defensa de las libertades de expresión, religiosa, de propiedad, de asociación. Suponer que nos vamos a poner de acuerdo en el tema de la ley natural es vano. Y por ende podemos trabajar juntos, porque el lobby LGBT se llama lobby precisamente porque sus pretensiones son totalitarias: que todos hablamos con lenguaje neutro so pena de ir presos, que nadie pueda hablar libremente de sus convicciones en materia sexual sin ir preso, que nadie dentro de su institución pueda hacer o decir cosas que NO coincidan con la ideología del género sin ir preso, etc. Y con ESE totalitarismo, ¿hay algún liberal clásico o libertario que coincida? Me resultaría extraño, por más que sus fuentes sean Santo Tomás, Kant, Ayn Rand o el Sr. Spock. 
Otro tema sobre el cual nos hemos peleado mucho últimamente, sobre todo en Argentina, es el aborto. Pero que casi ningún liberal clásico era abiertamente anti-abortista ya lo sabíamos hace milenios y no había problema. Todos los rothbards-boys estaban a favor y los Mises y Hayek-boys dudaban. Y la despenalización ya regía en Argentina, en dos casos, hace décadas. Y que de hecho ninguna mujer iba presa por abortar ya lo sabíamos todos hace mucho y nadie se peleaba. El problema fue que la ley presentada fue una ley que obligaba a todos los institutos estatales y privados a realizar el aborto, y sin ningún tipo de objeción de conciencia institucional. Muchos liberales argentinos miraron para otro lado, y fue allí cuando yo mismo les advertí: cuidado, eso sí que no es liberal, no tenés que ser un Juan Pablo II fan para estar en contra de elloEse es el problema y allí sí, de hecho, los liberales deberíamos haber presentado un frente claramente unido y no fue así. Fue preocupante. Otro tema es el ascenso al poder de líderes “de derecha” que obviamente no son liberales pero que ponen un freno evidente al socialismo del s. XXI, al totalitarismo del lobby LGBT y a algunas otras cosas bonitas. Allí de vuelta nos estamos peleando todos porque no sabemos mucho de la realpolitik o del mal menor. Ningún liberal que yo sepa defiende a XX en tanto XXsino porque es una opción mejor ante los Clinton, los Obama, los Lula, los Kirchner, etc. O sea, en los duros momentos de las difíciles opciones en el mundo real, nadie “apoya” al mal menor en cuanto mal, sino como estrategia para que el mal mayor no avance, y además es importante denunciar siempre los dobles estándares hipócritas de la izquierda. Ello debe hacer con prudencia, obviamente. Si se hace acaloradamente y descalificando al otro o excomulgando a alguien porque piense que en cuanto mal menor Trump es mejor que Hilary, entonces estamos en problemas. 
Ciertos principios son también importantes. Violaciones del Estado de Derecho, de libertades individuales, incluso cierto lenguaje agresivo e insultante, no debemos admitirlas ni siquiera al mal menor o al bien menorCuidado porque entonces es verdad que un fascista es un liberal asustado. Incluso en esos momentos nos debemos perdonar los sustos, pero el miedo no convierte en justo lo que es radicalmente injusto.

Finalmente, se extraña en todos nosotros, últimamente, cierta delicadeza en las formas, el apreciarnos como somos, el perdonarnos, el aceptar nuestras falencias, y se extraña una buena formación filosófica, hermenéutica y epistemológica, que bajaría los decibeles de muchas discusiones. Debates tales como si fulano no es un “verdadero” liberal porque es un free banking, o que tal interpretación de Mises es la “verdadera” y el que no se da cuenta es un imbécil, y así ad infinitum, lo que revela es que nuestra calidad intelectual y moral ha caído. Son como los debates cuasi-religosos de los grupos que surgen a partir de un “fundador”: cuál es el verdadero pensamiento del fundador, quiénes son los verdaderos intérpretes del fundador, cuáles son los textos canónicos del fundador, etc. Son debates que no existirían con un mínimo training en historia de la filosofía, epistemología y hermenéutica. Cuidado, gente, los liberales no podemos salir al ruedo de la batalla de estos días por haber leído un librito y por fanatizarnos, como si no hubiéramos salido de los 15 años. Un poco más de estudio, un poco más de bondad, tolerancia y perdón, un poco menos de neurosis obsesivas y pensamiento monotemático, un poco menos de sentirse pontífices máximos y excomulgantes, son todas cosas necesarias para los nuevos liderazgos que necesitamos. No son cosas que se aprenden en un curso. Son fruto de una terapia, por un lado, y de una conversión del corazón, por el otro.

PHILOSOPHY & METHODOLOGY OF ECONOMICS eJOURNAL – Vol. 9, No. 23: Apr 6, 2018

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PHILOSOPHY & METHODOLOGY OF ECONOMICS eJOURNAL
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«Das Milton Friedman Problem?: A Reassessment of Friedman’s Contributions to Economic Methodology» Free Download
GMU Working Paper in Economics No. 18-08

PETER J. BOETTKE, George Mason University – Department of Economics
Email: PBOETTKE@GMU.EDU
ROSOLINO CANDELA, Brown University
Email: rosolino_candela@brown.edu

In terms of economic methodology, Friedman’s most well-known contribution is his 1953 essay, “The Methodology of Positive Economics.” This important contribution has overshadowed his earlier contribution to economic methodology, entitled “Lerner on the Economics of Control” (1947). Whereas Friedman (1953) argued that economic theory can be built upon unrealistic assumptions, ironically, what has been almost forgotten is that Friedman (1947) attacked the theory of market socialism precisely for its unrealistic assumptions. This irony presents an interesting puzzle, which we adjudicate in this essay. We argue that in each case, Friedman was making an immanent critique of his intellectual opponents that was rhetorically consistent, yet methodologically inconsistent. This methodological inconsistency is irreconcilable, since Friedman (1953) contradicts the analysis of Friedman (1947).

«Social Network Analysis: A Complementary Method of Discovery for the History of Economics» Free Download
Forthcoming, A Contemporary Historiography of Economics, E. Roy Weintraub and Till Düppe (eds.), Routledge.

FRANÇOIS CLAVEAU, Independent
Email: francois.claveau@mail.mcgill.ca
CATHERINE SOPHIA HERFELD, University of Zurich
Email: c.herfeld@gmx.de

In this chapter, we discuss social network analysis as a method for the history of economics. We argue that social network analysis is not primarily a method of data representation but foremost a method of discovery and confirmation. It is as such a promising method that should be added to the toolbox of the historian of economics. We furthermore argue that, to be meaningfully applied in history, social network analysis must be complemented with historical knowledge gained by other means and often by more traditional, mostly qualitative, methods. It should therefore be viewed as a method that complements rather than replaces more established approaches in the history of economics.

«The Impact that Ramsey’s Overlooking of Keynes’s Non Additive, Interval Valued Probability Approach in His Reviews of the a Treatise on Probability Has Had on Philosophers and Economists» Free Download

MICHAEL EMMETT BRADY, California State University, Dominguez Hills
Email: mandmbrady@juno.com

Ramsey’s failure to grasp the interval valued and non additive nature of Keynesian probability assessments in the A Treatise on Probability has led to the misbelief that Keynes’s approach was an ordinal one. While Keynes’s approach easily handles ordinal probability, the theory of the Treatise on Probability that of “Approximation”, which is interval valued probability.

Ramsey’s reviews, however, have been accepted at face value by philosophically interested readers, who fail to grasp that Ramsey has no idea about the fundamental non additive, sub additive, nature of Keynes’s interval valued probability approach. This leads to some very strange assessments of Keynes’s A Treatise on Probability by philosophers who are reading that book.

«Contemporary Elements of Business Philosophy and Knowledge from an Ignatian Perspective»

MICHAEL FASCIA, University of Oxford, Campion Hall
Email: michael.fascia@campion.ox.ac.uk

From a retail environment, we reflect on the unity of knowledge as valuable in a business context, and from an Ignatian perspective, consider a reflexion of knowledge transfer practitioners to elementary cognition. We deliberate why, despite decades of analytical scrutiny, agreement around the transfer of knowledge into a value item within a business milieu, remains troublesome and problematic. We ask if perspectives derived from an Ignatian domain can allow for alternative elements of analysis and reasoning, becoming more complementary within a business environment. Utilising a mixed method approach incorporating (n=6) participants, the study considered responses overarched by Ignatian rules of sentiment as an interpretive lens (n=18), and utilised a hermeneutic of discernment as a frame of reference. Drawn from a POPC frame of reference, Ignatian annotations (n=20) allow a linear dependence of correlation coefficients to support a correlation matrix. Although not strictly a research method, correlation analysis in this instance permits antipodal interpretation of content between the rules supporting spiritual exercises, and decisions taken by employees and managers. Thus, enabling the study to identify latent causality patterns within organisational decision-making processes.

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Editor: Kevin D. Hoover, Duke University

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SOBRE EL ABORTO

Por Gabriel Zanotti de su libro, «El Humanismo del futuro», 1989

Con el término aborto nos estamos refiriendo, en este contexto, a la expulsión voluntaria de un feto no maduro. Ello es distinto, pues, de la expulsión involuntaria de un feto no maduro (esto es, antes del séptimo mes completo) y de la expulsión provocada, con fines médicos, de un feto ya maduro, lo cual es aceleración del parto.

Nuestra tesis es: el aborto, en el sentido referido, es un asesinato, dado que el ser humano es tal desde el primer momento de la concepción. Por ello este delito cae totalmente dentro de aquello que la ley humana debe prohibir, dado que es una grave violación del derecho a la vida.
Como puede observarse, la clave de la demostración de que el aborto es un asesinato consiste en la demostración de la siguiente premisa: el ser humano es tal desde el primer momento de la concepción”.

Para ello utilizaremos dos vías. La primera será científica-positiva, utilizando los actuales conocimientos biológicos.

En primer lugar, la teoría genética actual nos dice que en el huevo fertilizado o cigota se encuentra un código genético, que permite diferenciar a un individuo de otro. Ese código está presente desde el momento de fusión entre las informaciones genéticas del óvulo y el espermatozoide. Luego, desde el primer momento de la unión entre las gametas reproductoras está presente un individuo específicamente distinto se otro individuo. Consecuencia adicional de esto es que no hay posibilidad de confusión biológica entre el cuerpo del nuevo ser y el cuerpo de la madre que lo está gestando, cuyo código genético es otro. No puede decirse pues que el huevo fecundado es “parte del cuerpo de la madre” o expresiones por el estilo. También se infiere de lo anterior que el individuo es genéticamente el mismo desde su primer instante de vida hasta su muerte. Las diferencias son pues las de diversas etapas de desarrollo de los caracteres contenidos en su genotipo.

En segundo lugar, si se intentara rebatir lo anterior diciendo que, en el caso de un tumor, la carga y estructura cromosómica es distinta, lo cual sería un caso similar al crecimiento de un embrión, ello es falso porque en el caso de un tumor canceroso se trata de una división celular desordenada a partir de una o varias células diploides (esto es, con el total de cromosomas de la especie), mientras que en el caso del embrión se trata de una división celular ordenada fruto de la unión de dos células haploides (esto es, que contienen la mitad de cromosomas de la especie). Esto constituye una esencial diferencia.

Para estar en presencia de esta individualidad genética no es necesario, pues, que el embrión sea “viable”, o que se instale en el útero materno, etc. Dichas cuestiones son accidentales a la individualidad genética del huevo fecundado.

Ahora bien, la epistemología contemporánea, sobre todo a través de Popper y Lakatos, ha establecido muy claramente que, en las ciencias positivas, la certeza total es imposible y lo máximo que podemos alcanzar es conjeturas corroboradas hasta el momento, o, en lenguaje lakatosiano, podemos tener núcleos centrales de un programa de investigación progresivo; hasta ahora, el programa de investigación de la genética actual es progresivo[1]. Esto implica que estamos diciendo todo esto según el estado actual de la ciencia, por eso debemos ir hacia nuestra segunda vía, menos sometida a la contingencia de las ciencias positivas, que es la vía filosófica*38.
Filosóficamente, debemos distinguir entre una sustancia individual y las potencialidades propias que emergen de esa sustancia[2]. Por ejemplo, un niño de dos meses tiene la potencia de caminar, aunque todavía no la ha desarrollado. Actualizará su potencia al respecto cuando camine. De este modo, conocemos la esencia de una sustancia a través del despliegue y actualización de sus potencialidades específicas. Así, distinguimos a una persona humana de lo no humano por sus capacidades típicamente espirituales, como el amar y el conocer, de donde surgen facultades como el habla, el aprendizaje, etc. Vimos esto ya en nuestro capítulo uno. Lo que ahora queremos destacar es que dichas potencialidades son propias del ser humano, pero no son “el “ser humano, sino que el ser humano es la sustancia individual de donde emergen dichas potencialidades. Todos saben que el recién nacido es un ser humano aunque todavía no sea capaz de demostrar el teorema de Pitágoras. Esto es: el ser humano es tal aunque sus potencialidades propias todavía no hayan comenzado a desplegarse y actualizarse de manera visible. Por lo tanto, las diversas fases del desarrollo de una persona son fases que se encuentran a nivel accidental, pero no afectan la esencia de la persona que se está desarrollando. Esto es precisamente lo que fundamenta todo nuestro respeto a la dignidad de la persona y la igualdad esencial de los hombres, que debe ser respetada ante la ley, más allá de sus diferencias accidentales. La persona es esencialmente persona, siempre, en todas las fases de su desarrollo. Luego su derecho a la vida, que surge de su misma condición de persona, no es afectado por las diversas fases del desarrollo de la persona. Luego, no podemos decir que no es una persona aquello que se está desarrollando para actuar como tal. Luego, el embrión humano es una persona aunque todavía no actúe visiblemente como tal (y decimos “visiblemente” atentos a todas las posibles manifestaciones de psiquismo intrauterino). Si no fuera una persona, no podría, en el futuro, desarrollarse como tal. Si algo se desarrolla como mosquito, es porque es un mosquito, dado que todo se desarrolla y se despliega según lo que es. Nada se desarrolla a partir de la nada, sino a partir de una realidad ya especificada. Confundir a la esencia del ser humano con la manifestación visible de sus potencialidades propias es un grave error; ello justificaría decir que no es una persona quien ha sufrido una lesión irreparable de su lóbulo frontal. Luego, el embrión humano es persona, desde el primer instante de su crecimiento y desarrollo, esto es, desde el primer instante de la concepción. Que se encuentre dentro de otro cuerpo o que su tamaño sea ínfimo, son todas cuestiones accidentales que no afectan a su esencia como persona, que debe ser, consiguientemente, respetada desde ese primer momento.

Por lo tanto, dado que nada justifica quitar directamente la vida a una persona inocente, su derecho a la vida es inviolable, desde el primer momento de su concepción. El fin no justifica los medios (esto es: ninguna conducta contradictoria con el fin último de la vida humana se justifica porque sea idónea para llegar a otro fin) y, por ende, aunque el fin sea bueno, ese medio (la eliminación directa de la vida de una persona inocente) jamás está justificado.

Alguien puede decir: ¿qué ocurre si el problema no es que se afirme que el embrión no es un ser humano, sino que se duda sobre su real naturaleza? Pues en ese caso, tampoco está justificado quitar la vida del embrión, pues, desde el punto de vista ético, la duda sobre si algo es o no una persona lo único que justifica, precisamente, es abstenerse de hacer algo que pueda perjudicar al “posible” ser humano. Si alguien está cazando y duda sobre si lo que se mueve es un animal o un hombre, debe abstenerse de disparar, obviamente. Luego, lo único que coherentemente justificaría la eliminación directa del embrión es la certeza total de que no es una persona, la cual es una premisa absolutamente falsa, por los motivos vistos.

A partir de aquí, podemos fundamentar nuestra negativa respecto a algunos casos que se presentan habitualmente como intentos de justificación del asesinato del embrión humano, esto es, el ser humano en los primeros meses de su vida, o en sus primeros segundos.

a) Violación. Se dice que la mujer que fue violada tiene “derecho” a abortar. El fin es salvaguardar su honor y/o no tener un hijo que ella no deseaba. Pero, dado que el fin no justifica los medios, no puede violarse el derecho a la vida del nuevo ser, dado que su derecho a la vida emerge de su misma condición de persona y es, por ende, totalmente independiente del modo o las circunstancias en las que fue realizada su concepción. Luego, la violación no justifica el aborto. Algunos dicen que, en ese caso, la mujer podría pedir la transferencia de su patria potestad, una vez nacido el niño. No negamos esa posibilidad; tampoco la afirmamos rotundamente. Dejemos abierta esa cuestión.
b) Malformación comprobada. Tampoco hay justificación es este caso. Qué persona vive o muere, según sus mayores o menores defectos, no corresponde al ser humano decidirlo. Es gravísimo tratar de tomar el lugar de Dios. Quienes admiten este caso deberían admitir que es lícito quitar la vida a un niño deforme ya nacido, y en ambos casos estaríamos en presencia de un asesinato. El derecho a la vida de una persona no está en relación a sus defectos físicos o mentales, por más graves que estos sean. Por más que el fin sea evitar el dolor y el sufrimiento, el quitar la vida no constituye un medio lícito para ello, por los motivos expuestos. ¿Cuántas veces, por otra parte, el motivo es justamente una falta de amor, que, de tenerlo, nos haría ver la posibilidad de cuidar a alguien defectuoso como una oportunidad de despliegue del amor más profundo, que no pide, sino que da?[3].
c) Situación desastrosa de la familia o de los padres. Nuevamente el mismo tipo de argumentación: el derecho a la vida de la persona no está en relación a la situación económica en la que nace. De lo contrario sería lícito de cualquiera de los hijos con ese pretexto; es más, si el asunto es la situación económica, habría que asesinar al mayor, que es el que consume más. Huelga todo comentario.
d) Abortos ilegales. Dice este argumento –uno de los más usados- que hay que legalizar los abortos para que éstos se realicen en buenos institutos, con buenos profesionales y en correctas condiciones de higiene, para evitar el peligro que corren las madres en otros casos. Muy encomiable la preocupación por la madre, en este caso, pero eso, nuevamente, no justifica el medio, dar impunidad al asesinato de un inocente. Con el mismo criterio deberían legalizarse los robos a los bancos para que éstos no pusieran en peligro la vida de los asaltantes o de los clientes. Recúrrase al medio que se desee para evitar la dramática situación producida por personas que además de eliminar una vida ponen en peligro otra y arruinan su salud; recúrrase al medio que se quiera para la protección de las menores que son engañadas, dañadas o explotadas por inescrupulosos delincuentes, pero jamás se dé libre curso al asesinato de la persona por nacer como solución a esa situación. Ese medio, precisamente, es totalmente injustificado.
e) Peligro para la vida de la madre. Este caso es ya muy infrecuente, dadas las nuevas técnicas médicas. La cesárea, la sinfisiotomía, etc., han eliminado dramáticas instancias de antaño en el momento del parto. Por otra parte, después del 7mo. Mes completo puede recurrir a la aceleración del parto si hay peligro para la vida de la madre y hay además actualmente posibilidad de reimplantar al embrión en el útero en el caso de embarazo ectópico. Pero, debemos aclarar, si el caso se presentara, no es un medio lícito, para salvar una vida, eliminar directamente otra. En ese caso, además, el no eliminar la vida de la persona por nacer no es “causar” la muerte de la otra. Si X amenaza a Z diciéndole que mate a Y o, de lo contrario, X matara a Y2, entonces, si Z no mata a Y –como corresponde- entonces Z no es “causante” de la muerte de Y2, sino el causante de la muerte de Y2 es Z, en ese caso, “permite”, “tolera”, esto es “no impide” (porque no puede impedir) que X sea causa de ese asesinato. Luego queda demostrado que el no matar a la persona por nacer, en esos casos, no es “causa” de la muerte de otra persona. Por otra parte, no puede decirse que, en esos casos, la persona no nacida actúa como “injusto agresor” frente al cual habría derecho a la defensa legítima. ¿Cómo el embrión o el feto pueden ser “culpables” de algo? No pueden por ende, ser acusados de “injusta agresión”. Son absolutamente inocentes. Es más: la persona por nacer es la persona más inocente e indefensa que hay.

Volvemos a reiterar, sin embargo, que estos son actualmente muy raros.

Los casos analizados reafirman nuestra tesis: el aborto es un asesinato. No puede hablarse, por ende, de “derecho al aborto”. Eso es una absoluta contradicción en términos. No hay derecho a hacer algo que va en contra de un derecho humano fundamental. Tampoco puede encuadrarse dentro del “derecho de la madre a disponer de su propio cuerpo”. Puede la madre tener el derecho a la ausencia de coacción sobre la disposición de su cuerpo, pero no sobre el cuerpo de otra persona. Tampoco puede encuadrarse el aborto dentro de “acciones privadas” que no perjudican a terceros. Pues el aborto elimina la vida de una persona humana; luego, está a años luz de una acción privada; al contrario, entra dentro de uno de los más típicos delitos contra terceros: el asesinato….

[1] Véase nuestra monografía pre-doctoral Epistemología contemporánea y filosofía cristiana, presentada a la Universidad Católica Argentina, Facultad de Filosofía y Letras, septiembre de 1988.
*38 Dada la importancia que a lo largo de estos años ha adquirido, para nosotros, la epistemología que va desde Popper a Feyerabend, enfatizamos más que nunca que las conjeturas científicas nunca pueden ser la base de las certezas morales en las que se basa la defensa de la condición de persona del embrión humano.
[2] Véase González Álvarez, A.: Tratado de Metafísica: Ontología, Gredos, Madrid, 1979, 2da. edición.
[3] Véase la siguiente carta de una madre, citada por V. Frankl: “Por una deformación prematura de los huesos del cráneo en el vientre materno, cuando mi hijo nació el día 6 de junio de 1929 era ya un enfermo incurable. Yo tenía entonces 19 años. Divinicé a mi hijo y lo amé sin límites. Mi madre y yo hacíamos cualquier cosa para ayudar al pequeño gusano, aunque todo fue en vano. El niño no podía andar, ni podía hablar, pero yo era joven y no perdía la esperanza. Trabajaba día y noche sólo para poderle comprar a mi querido gusanito preparados alimenticios y medicamentos. Cuando yo ponía su pequeña y delgada manita sobre mi hombro y le decía ‘¿me quieres?’, él se apretaba muy fuerte contra mi, se reía y me ponía torpemente la mano en la cara. Yo era entonces feliz, a pesar de todo, inmensamente feliz”, de su libro La Psicoterapia al alcance de todos, op. cit., p. 135.