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Acerca de Adrián Ravier

Adrian Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y Profesor en la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín.

Harold Demsetz (1930-2019), QEPD

Acabo de recibir la triste noticia del fallecimiento de Harold Demsetz. Peter Boettke escribió este post en su memoria, el que por supuesto recomendamos leer.

También puede resultar oportuno compartir esta síntesis de uno de sus trabajos clásicos que escribí en 2012.

La ausencia del tratamiento de los derechos de propiedad en la literatura económica

Harold Demsetz escribió un artículo (disponible aquí en español) que hoy posiblemente constituye un clásico de la literatura en el que inicia el desarrollo de lo que puede ser llamado una “teoría de los derechos de propiedad”.

Sostiene allí que los economistas estudian el “intercambio”, pero no siempre son conscientes que al intercambiar productos, lo que en realidad hacen, es intercambiar “paquetes” de derechos de propiedad.

Lo cierto es que para la mayoría de los economistas los derechos de propiedad son sólo un dato, algo que se asume, sin atender a que ciertos planteos debieran ser requisito para poder responder después a otras preguntas fundamentales del análisis económico.

Una primera consideración que hace el autor es plantear que en una economía autística de un sujeto aislado, como puede ser el caso de Robinson Crusoe en la isla, los derechos de propiedad carecen de interés. 

Los derechos de propiedad son un instrumento de la sociedad, y como tal, requiere un consentimiento de los pares sobre el uso de los bienes que poseemos. De alguna manera, los derechos de propiedad permiten que las personas tengan expectativas acerca de las relaciones con otros. Dicho de otro modo, los derechos de propiedad especifican de qué modo las personas pueden beneficiarse o perjudicarse con la interacción

Demsetz lo ejemplifica comparando dos casos: una persona puede perjudicar a su competidor si ofrece un mejor producto o servicio, pero no puede perjudicarlo golpéandolo o tirándole un tiro.

La externalidad es así un concepto ambiguo que han creado los economistas para justificar la intervención del estado. Claramente hay muchas acciones que las personas toman que afectan (positiva o negativamente) a otras personas, pero no todas son generadoras de conflictos. De ahí la crítica de Ronald Coase a Arthur Pigou —todavía replicada en muchos manuales tradicionales de economía— por señalar que las externalidades negativas siempre requieren de la aplicación de un impuesto para reducir sus efectos.

De hecho, Ronald Coase explica que en el mundo real la mayor parte de las externalidades que producen ciertas acciones, son internalizadas por el mismo mercado, cuando las partes llegan a un acuerdo voluntario. La propiedad privada promueve entonces incentivos para internalizar las externalidades. La ausencia de propiedad privada es en muchos casos la responsable de la existencia de conflictos.

La pregunta que sigue es sobre el origen de los derechos de propiedad como institución social y tomar el caso de los aborígenes en el problema de propiedad privada de la tierra nos puede ayudar a encontrar algunas respuestas. La información de la que disponemos es incompleta, pero se ha dicho que la caza y el comercio de pieles ha sido motivo de extensos conflictos. Dicho en pocas palabras, la ausencia de derechos de propiedad implica incentivos para la caza desmedida de animales, lo que redunda en que nadie se preocupe en invertir para desarrollar o mantener el stock. La caza exitosa de unos es un costo externo que se les impone a los cazadores siguientes, pues se reduce la cantidad de animales que éstos pueden cazar.

Al principio la caza tenía como objeto prioritario el alimento, mientras unas pocas pieles eran suficientes en cualquier familia. El costo externo de la caza de unos era bajo para otros.

Pero todo cambió con el surgimiento del comercio de pieles, lo que ocasionó dos consecuencias importantes: 1) el aumento acelerado de su valor; 2) el aumento de la caza de animales. Ambos aspectos redundaron en un incremento en el costo externo que unos cazadores ejercían sobre otros, lo que motivó un cambio en el sistema de derechos de propiedad. Apareció entonces la distribución de tierras y comenzaron a delimitarse los terrenos. En algunos lugares los derechos de propiedad fueron altamente desarrollados, al punto de asegurar la trasmisión por herencia.

La conclusión a la que llega Demsetz es que los derechos de propiedad se desarrollan cuando se hace económico, para quienes se ven afectados por externalidades, internalizar los costos y los beneficios.

El autor también trabaja sobre las formas de propiedad, distinguiendo la propiedad comunal, la propiedad privada y la propiedad estatal.

Entiende por propiedad comunal el derecho que puede ser ejercido por todos, como fue al principio del ejemplo anterior, el derecho a la caza o el aprovechamiento de la tierra, así como es hoy el caminar por una vereda. Ni el estado, ni ningún individuo puede impedir que otro ejercite su derecho de propiedad comunal.

En el caso de la propiedad privada, la comunidad reconoce el derecho del propietario a excluir a otros del ejercicio de tales derechos.

En la propiedad estatal, el Estado puede excluir a cualquiera del ejercicio del derecho, pero el autor no profundiza.

En el comparativo entre propiedad privada y propiedad comunal —que históricamente inicia al menos en la Antigua Grecia—, el ejemplo estudiado sintetiza que si alguien maximiza el valor de su derecho comunal, tenderá a cazar en exceso o trabajar de más la tierra porque comparte sus costos con otros. El stock de animales, así como la riqueza del suelo, disminuirá con rapidez. Bajo propiedad comunal el costo de transacción de alcanzar acuerdos es muy alto, pues se requiere unanimidad.

Bajo propiedad privada, los costos de transacción para alcanzar un acuerdo se reducen notablemente, la internalización de costos externos se incrementa y surgen incentivos para invertir en el desarrollo y crecimiento del stock de animales y del cuidado de la tierra.

LA ASOMBROSA ACEPTACIÓN DEL MARXISMO – Por Alberto Benegas Lynch (h)

Jean-Paul Sartre ha escrito que el marxismo todo lo impregna. A pesar de los estrepitosos fracasos, de la pobreza y miseria que generó y genera y de las horrendas matanzas y espeluznantes hambrunas que ha causado, a pesar de todo esto sus preceptos medulares siguen en pie y con variadas etiquetas se lo sigue aceptando.

Un buen número de intelectuales se dejaron seducir por el marxismo que recién abandonaron una vez que comprobaron de primera mano los desastres irreversibles que produce. Hoy se suele renegar de la etiqueta marxista pero se adoptan y suscriben buena parte de sus recetas, lo cual está presente en aulas universitarias, en círculos sindicales, en medios periodísticos, en ámbitos empresarios, en iglesias, en organismos internacionales financiados por gobiernos, en un número nada despreciable de los libros publicados. Incluso los hay quienes se proclaman abiertamente anti-marxistas pero incorporan sus principios.

Ha habido y hay fervientes revisionistas que objetan distintos aspectos del marxismo pero vuelven una y otra vez a sus ejes centrales. Aparecen marxistas edulcorados que rechazan enfáticamente la violencia sin percatarse que está en la naturaleza de todo régimen totalitario el uso sistemático de la fuerza al efecto de torcer voluntades que pretenden operar en direcciones distintas a las impuestas por los mandones de turno.

También ha habido casos de extraordinarios escritores que han demostrado gran disgusto por todo tipo de abusos de poder pero muy paradójicamente se han declarado comunistas, como es el caso de Tolstoi, especialmente en sus trabajos menos conocidos pero muy sustanciosos, a diferencia de Dostoievsky quien recibió influencias bienhechoras de los dos profesionales rusos becados en la cátedra de Adam Smith. Debido al sistema de privilegios que lo rodeaba, Tolstoi consideraba que la institución de la propiedad privada provenía del otorgamiento de prebendas. Tolstoi, a diferencia de Dostoievsky, no se interiorizó del rol de la propiedad privada como esenciadísimo al efecto de asignarla en las manos más eficientes para atender las demandas de la gente a través del sistema de ganancias y pérdidas.

En el tercer capítulo del Manifiesto Comunista escrito en 1848 por Marx y Engels se consigna el aspecto central de su tesis “pueden sin duda los comunistas resumir toda su teoría en esta sola expresión: abolición de la propiedad privada”. Si no hay propiedad privada, no hay precios, ergo, no hay posibilidad de contabilidad, evaluación de proyectos o cálculo económico. Por tanto, no existen guías para asignar eficientemente los siempre escasos recursos y, consecuentemente, no es posible conocer en que grado se consume capital. Y conviene enfatizar que los daños se producen en la medida en que se afecte la propiedad sin necesidad de abolirla.

A este enjambre crucial imposible de resolver dentro del sistema, se agrega el historicismo inherente al marxismo, contradictorio por cierto puesto que si las cosas son inexorables no habría necesidad de ayudarlas con revoluciones de ninguna especie. También es contradictorio su materialismo dialéctico que sostiene que todas las ideas derivan de las estructuras puramente materiales en procesos hegelianos de tesis, antítesis y síntesis ya que, entonces, en rigor, no tiene sentido elaborar las ideas sustentadas por el marxismo.

Esta dialéctica hegeliana aplicada a las relaciones de producción pretende dar sustento al proceso de lucha de clases. En este contexto Marx fundó su teoría del polilogismo, es decir, que la clase burguesa tiene una estructura lógica diferente de la de la clase proletaria, aunque nunca explicó en que consistían las ilaciones lógicas distintas ni como se modificaban cuando un proletario se ganaba la lotería ni cuando un burgués es arruinado y en que consiste la estructura lógica de un hijo de un proletario y una burguesa. 

Las contradicciones son aún mayores si se toman los tres  pronósticos más sonados de Marx. En primer lugar que la revolución comunista se originaría en el núcleo de los países con mayor desarrollo capitalista y, en cambio, tuvo lugar en la Rusia zarista. En segundo término, que las revoluciones comunistas aparecerían en las familias obreras cuando todas surgieron en el seno de intelectuales-burgueses. Por último, pronosticó que la propiedad estaría cada vez más concentrada en pocas manos y solamente las sociedades por acciones produjeron una dispersión colosal de la propiedad tal como en un contexto más amplio hoy explican autores como Anthony de Jasay cuando critican a Thomas Piketty.

En este muy apretado resumen periodístico, cabe mencionar que la visión errada de Marx respecto a la teoría del valor-trabajo dio lugar a la noción de la plusvalía. Aquella concepción sostenía que el trabajo genera valor sin percatarse que las cosas se las produce (se las trabaja) porque se les asigna valor y no tienen valor por el mero hecho de acumular esfuerzos (por más que se haya querido disimular el fiasco con aquella expresión hueca del “trabajo socialmente necesario”).

En el primer libro que Marx y Engels escribieron juntos publicado en 1845, La sagrada familia. Crítica de la crítica crítica aluden a estudios realizados por Bruno Bauer y sus hermanos Edgar y Egbert. La obra contiene muchas aristas pero la que ahora subrayo es el materialismo de Marx (determinismo físico según la terminología popperiana) ya puesto en evidencia en su tesis doctoral sobre Demócrito.

Lenin era más sagaz que sus maestros ya que nunca creyó que el llamado proletariado podía dirigir y mucho menos gobernar una revolución (ni en ninguna circunstancia). Por eso escribió lo que aparece en el quinto tomo de sus obras completas en el sentido que “no es el proletariado sino la intelligentsia burguesa: el socialismo contemporáneo ha nacido en las cabezas de miembros individuales de esta clase”. Por esto también es que Paul Johnson en su Historia del mundo moderno destaca que “Lenin nunca visitó una fábrica ni pisó una granja”. 

Curiosa es en verdad la noción de los marxistas sobre la división del trabajo: Marx y Engels consignan en La ideología alemana que “en una sociedad comunista, en la que nadie tenga una esfera exclusiva de actividad sino que cada uno pueda formarse en cualquier sector que desee, la sociedad regula la producción general y por tanto me hace posible hacer hoy una cosa y mañana otra, cazar por la mañana, pescar por la tarde, criar ganado al atardecer, criticar después de cenar, como me apetezca, sin convertirme nunca en cazador, pescador, pastor o crítico”.

A pesar de esta visión idílica, la violencia está indisolublemente atada al marxismo. Por esto es que en el antedicho Manifiesto comunista declara que “no pueden alcanzar los objetivos más que destruyendo por la violencia el antiguo orden social”. Por esto es que Marx en Las luchas de clases en Francia en 1850 y al año siguiente en 18 de Brumario condena enfáticamente las propuestas de establecer socialismos voluntarios como islotes en el contexto de una sociedad abierta. Por eso es que Engles también condena a los que consideran a la violencia sistemática como algo inconveniente, tal como ocurrió, por ejemplo, en el caso de Eugen Dühring por lo que Engels escribió El Antidühring en donde subraya el “alto vuelo moral y espiritual” de la violencia.

Lo dicho no va en desmedro de la conjetura respecto a la honestidad intelectual de Marx en cuanto a que su tesis de la plusvalía y la consiguiente explotación no la reivindicó una vez aparecida la teoría subjetiva del valor expuesta por Carl Menger en 1870 que echaba por tierra con la teoría del valor-trabajo marxista. Por ello es que después de publicado el primer tomo de El capital en 1867 no publicó más sobre el tema, a pesar de que tenía redactados los otros dos tomos de esa obra tal como nos informa Engels en la introducción al segundo tomo veinte años después de la muerte de Marx y treinta después de la aparición del primer tomo. A pesar de contar con 49 años de edad cuando publicó el primer tomo y a pesar de ser un escritor muy prolífico se abstuvo de publicar sobre el tema central de su tesis de la explotación y solo publicó dos trabajos adicionales: sobre el programa Gotha y el folleto sobre la comuna de Paris.

Parte de la  tesis de esta nota estriba en que, mal que les pese a «los progres» y a los «fachos», la manía de identificar una postura intelectual por la localización geográfica de derecha e izquierda presenta una falsa disyuntiva.

La representación más fuerte de las derechas está constituida por el nazi-fascismo. En los hechos, Hitler tomó cuatro pilares del marxismo: la teoría de la explotación, el ataque a la propiedad, el antiindividualismo y la teoría del polilogismo. Por su parte, Mussolini fue secretario del Círculo Socialista y colaboró asiduamente en el periódico Avenire del Lavoratore, órgano del movimiento socialista, época en que sus lecturas favoritas incluían a George Sorel, Kropotkin y la dupla Marx-Engels. Luego fue colaborador del diario Il Populo y director de Avanti. Tal como consigna Gregorio De Yurre en Totalitarismo y egolatría , «era la figura más destacada y representativa del ala izquierdista del marxismo italiano».

En realidad, tanto los nazis como los fascistas, al permitir el registro de la propiedad de jure pero manejada de facto por el gobierno, lanzan un poderoso anzuelo para penetrar de contrabando y más profundamente con el colectivismo respecto del marxismo que, abiertamente, no permite la propiedad, ni siquiera nominalmente.

Entre los autores que han enfatizado las similitudes y parentescos de la izquierda y la derecha se destaca nítidamente Jean-François Revel, quien en La gran mascarada apunta: «No se puede entender la discusión sobre el parentesco entre el nazismo y el comunismo si se pierde de vista que no sólo se parecen por sus consecuencias criminales sino también por sus orígenes ideológicos. Son primos hermanos intelectuales».

Tengamos muy presente lo que señala el ex marxista Bernard-Henri Lévy en su Barbarism with a Human Face : «Aplíquese marxismo a cualquier país que se quiera y siempre se encontrará un Gulag al final». Respecto de la social democracia de Eduard Bernstein conviene subrayar que a pesar de su revisionismo respecto de Marx, insiste en el redistribucionismo que significa reasignar factores productivos desde las áreas preferidas por los consumidores hacia las deseadas por los aparatos estatales, con lo que el consiguiente derroche de capital reduce salarios e ingresos en términos reales. La actual quiebra de los llamados «sistemas de seguridad social» coactivos en distintas partes del mundo, los desplantes del sindicalismo compulsivo, la maraña y caos fiscal son el resultado de la antedicha visión, que termina empobreciendo a quienes se dice se desea proteger y la destrucción del derecho a manos del pseudoderecho, son algunos de los resabios marxistas.

Es de interés remontarse a Marx y tomar su noción de ideología como algo enmascarado, un engaño que oculta otros intereses, por ende, en este contexto, se trata de algo falso que encubre intenciones espurias. En esta línea argumental, toda cultura sería ideológica excepto la marxista que sería transideológica. En un sentido más amplio y de acepción más generalizada, un ideólogo es aquel que profesa un sistema cerrado, terminado e inexpugnable. En otros términos, lo contrario al liberalismo que, por definición, está abierto a un proceso de constante evolución.

Es así que, en definitiva, la tesis marxista, crítica de la ideología y de la religión (“el opio de los pueblos”) se convierte en una ideología y en una caricatura de religión con dogmas, creencias y ortodoxias no susceptibles de revisarse y los que han  pretendido alguna oposición han sido condenados severamente como herejes. Una propuesta cerrada y terminada que debe tomarse en bloque.

En todo caso, es pertinente detectar la conexión entre ideología y violencia, puesto que el peligro es enorme de cazas de brujas cuando se considera que se posee la verdad absoluta y se busca el poder. El adagio latino lo explica: ubi dubium ibi libertas (donde no hay dudas, no hay libertad puesto que se sabe a ciencia cierta donde dirigirse sin necesidad de sopesar alternativas ni decisiones). Es muy fácil para el ideólogo deslizarse hacia el uso de la fuerza “para bien de la humanidad” aun destrozando las libertades del hombre concreto. Si está todo dicho y es la verdad absoluta hay una tentación para imponerla y excomulgar a los no creyentes. Son seres apocalípticos que pretenden rehacer la naturaleza humana y a su paso dejan un tendal de cadáveres. Son “redentores” que aniquilan todo lo que tenga visos de humano. Son militantes (esa palabreja espantosa que usan algunos desprevenidos) que obedecen ciegamente los dictados de sus dogmas y consignas tenebrosas.

Webinar Gratuito sobre el Fracaso del Socialismo

Este sábado, a partir de las 12:30 pm, hora de Argentina, Iván Carrino hará una conferencia online sobre el fracaso teórico y práctico de las ideas socialistas.

La charla, que en formato de Webinar podrá accederse desde todo el mundo a través de YouTube, está organizada por la agrupación Estudiantes por la Libertad,de Venezuela.

Abajo toda la información, junto con el link para acceder al webinar.

El-fracaso-del-socialismo-(Webinario-12-01-2019)

Link para acceder: https://www.youtube.com/watch?v=xpRTw5GPvMY

El peligro es mantener el rumbo – por Alberto Benegas Lynch (h)

Con este volumen de gasto público, presión tributaria y deuda del aparato estatal interna y externa vamos a chocar nuevamente. Las anécdotas, las explicaciones, las excusas y las buenas intenciones no resultan relevantes, lo difinitorio son los resultados de la gestión.

Las esperanzas han sido grandes en que Cambiemos cambie las cosas pero las frustraciones van creciendo y nos meten en un callejón sin aparente salida: del otro lado Frankenstein en su peor momento y de este el lobo feroz de siempre. Del otro lado un estatismo deliberado y rampante y de éste un estatismo por inoperancia.

Entre otras muchas cosas se encienden luces coloradas al comprobar la creciente colocación de títulos públicos en las carteras de los bancos que éstos adquieren con dineros de los depositantes quienes se ven obligados a financiar erogaciones gubernamentales. Hay que tener muy presentes experiencias nefastas anteriores. A esto se agrega también la colocación de títulos de la misma especie en la agencia encargada de administrar los recursos que pertenecen a los jubilados para, en cambio, financiar gastos estatales.

Hemos repetido que carece por completo de sentido centrar la atención en que el gasto estatal sea eficiente, el tema estriba en la eliminación de funciones ya que si algo es inconveniente si se hace eficiente es mucho peor. De igual manera y por las mismas razones, no se trata de podar gastos puesto que igual que en la jardinería el crecimiento es con mayor vigor. Se ha dicho hasta el cansancio que no es posible que un muy reducido número de personas que trabajan se vea arrastrada por la fuerza a mantener a un grupo mayoritario que no trabaja. Esto en cualquier lugar conduce indefectiblemente a la quiebra. No puede mirarse para otro lado.

¿La Argentina se merece el machacar tercamente en los mismos desaguisados que nos han llevado a crisis recurrentes? La respuesta es indudablemente por la afirmativa. Hagamos un inventario para saber que hace cada uno todos los días para que se lo respete. ¿Acaso puede prosperar una sociedad cuyos miembros en su gran mayoría se dedican exclusivamente a sus negocios personales y descuidan los indispensables estudios y contribuciones  para que se comprendan y acepten los beneficios de vivir en libertad? Los negocios cuando son legítimos son bienvenidos pero este ejercicio no fortalece las defensas, incluso para el propio negocio.

¿Es serio endosar la responsabilidad en los políticos y abdicar de las defensas? ¿Es aceptable solo esperar el día de las elecciones cuando no se ha hecho nada en el intervalo para mejorar las cosas? Es suicida el circunscribirse a criticar mientras se engullen alimentos para, acto seguido, seguir con los arbitrajes sin ver el peligro de abandonar el esfuerzo cotidiano. Los Padres Fundadores estadounidenses han enseñado a los Alberdi y seguidores de estas latitudes que “el costo de la libertad es su eterna vigilancia”. Suenan las alarmas cada vez que desde el gobierno se insiste en que debe mantenerse el rumbo actual.

Publicado originalmente en la edición impresa de El Cronista, viernes 4 de diciembre de 2019.

Lo que habría que debatir en este 2019 electoral – Por Roberto Cachanosky

Tomado de Economía para Todos.

De acuerdo a los datos que periódicamente informa la Secretaría de Trabajo, entre noviembre de 2015, último mes completo de gobierno kirchnerista, y octubre de 2018, última información disponible, el empleo en blanco en relación de dependencia en el sector privado cayó el 1,3%, en tanto que el empleo público aumentó el 1,9%. Cabe aclarar que cuando hablamos de empleo público estamos incluyendo los tres niveles de gobierno: nación, provincias y municipios, de manera que no necesariamente el estado nacional es el que aumentó el empleo público, pudieron ser las provincias o los municipios. Lamentablemente, la información desagregada de empleo público que publica la Secretaría de Trabajo no es mensual, de manera que no podemos saber con exactitud, hasta el próximo informe de empleo público, qué niveles de gobierno aumentaron el empleo. Lo que sí podemos afirmar es que, como primera observación, el sector público en su conjunto nunca se ajustó, en tanto que el sector privado sufre el impacto del no ajuste del sector público.

Antes de continuar, es importante resaltar que durante la era kirchnerista se hizo el gran destrozo económico, incluyendo una explosión del empleo público. De acuerdo a las estimaciones que en su momento hicimos un grupo de 8 economistas, el empleo público durante la era k aumentó el 77%, pasando de 2.386.400 empleados estatales en 2003 a 4.232.030 en 2015. En los tres niveles de gobierno el empleo estatal aumentó en 1.845.630 empleados.

Desagregado por niveles de gobierno, el empleo estatal evolucionó de la siguiente manera: a) nación pasó de 241.400 empleados en 2003 a 389.830 empleados en 2015 con un incremento del 61%, b) las provincias tenían 1.766.600 empleados en 2003 y treparon a 3.045.900 empleados en 2015 con una suba del 72% y c) los municipios pasaron de 379.000 empleados en 2003 a 796.300 en 2015, con un incremento del 110%. Si tomamos por porcentajes, claramente fueron los municipios los que más empleo inventaron, pero en términos absolutos el número más grueso está en el empleo ficticio de las provincias.

Si miramos los 17 puntos del gasto público consolidado que creció entre 2002 y 2015, 5,5 puntos porcentuales se explican por incremento en los gastos de salarios estatales, siendo el más fuerte en las provincias con 3,8 puntos del PBI adicionales de gastos en salarios del empleo público, los subsidios a las familias subieron 3,9 puntos del PBI entre 2002 y 2015 (puro asistencialismo), 4,3 puntos corresponden a los subsidios económicos y 3,4 puntos a las jubilaciones y pensiones. En esos cuatro rubros está el corazón del problema económico heredado del gasto público consolidado.

Cambiemos solo corrigió en gran medida el rubro gastos en subsidios económicos pero no tocó los otros y, encima, lo que se ahorró en la baja del gasto en subsidios por el aumento de las tarifas de los servicios públicos, algo que correspondía hacer, lo aumentó en los intereses de la deuda pública que hay que pagar por el mayor stock de deuda para financiar el gradualismo. Mi estimación es que los intereses de la deuda pública representan unos 5,5 puntos del PBI, de manera que para poder frenar el aumento del endeudamiento, el gobierno debería generar un superávit fiscal primario de 5,5 puntos del PBI, caso contrario habrá que tomar más deuda para pagar los intereses, armándose una bola de nieve imparable. Dicho de otra manera, el gradualismo fue tan gradual, casi inmovilismo, que ya no alcanza con tener cero déficit fiscal primario, ahora hay que generar superávit fiscal primario para no empeorar las cosas, en particular con el riesgo país superando los 800 puntos básicos.

Viendo el problema económico que tenemos y la larga decadencia económica, dudo que en este electoral 2019 se vaya a hablar en la campaña del problema de fondo que nos tiene sumergidos. Sabemos que hay sin corregir el problema fiscal por el lado del gasto no hay solución posible. Una crisis detrás de otra se irá produciendo como ocurre desde hace décadas, cuando se acaba el financiamiento del gasto público.

Ahora bien, si uno observa los cuatro rubros del gasto que se incrementaron entre 2002 y 2015, es bastante claro que, además de bajar el gasto en subsidios económicos, hay que reducirlos en subsidios “sociales” e incluso en las jubilaciones en la parte de los 3,5 millones que se jubilaron sin haber aportado gracias al populismo del kirchnerismo.

Pero claro, plantear que hay que rever los planes sociales, el empleo público en los tres niveles y en el sistema previsional, sistema de reparto que es absolutamente inviable, es ser un hereje. Nadie quiere hablar de eso porque electoralmente el populismo parece ser más vendibles que la racionalidad económica.

Y aquí viene el punto central al que quiero llegar. El problema económico argentino es el emergente de los valores que imperan en la sociedad. Esos valores le dan forma a las instituciones que nos rigen, entendiendo por instituciones las normas, leyes, códigos, costumbres que regulan las relaciones entre cada uno de los miembros del sector privado y del sector privado con el estado. La sola composición del gasto público, donde más del 65% se destina a los llamados programas sociales, demuestra que es una sociedad basada en la cultura de la dádiva en vez de la cultura del trabajo. Vivir del trabajo ajeno es la regla que parece imperar mayormente en la Argentina. Esa regla obliga a tener un estado que debe cumplir la función de estado saqueador confiscando con impuestos, prohibiendo, regulando y haciendo todo lo posible por apropiarse del fruto del trabajo ajeno para repartirlo en los programas “sociales”. Una sociedad en la que impera el saqueo del estado en nombre de la solidaridad social es una sociedad condenada a destruir riqueza e inhibir la capacidad de innovación de las personas.

De lo anterior se desprende que nuestro problema económico es un problema que emerge de los valores que imperan en la sociedad y que la dirigencia política, en su inmensa mayoría, se niega a debatir porque no es electoralmente rentable. Al menos por ahora.

De manera que en este año electoral, seguramente vamos a ver otra competencia populista para ver quien ofrece ser el más saqueador del trabajo ajeno para repartir entre los más vulnerables. Son tan perversos los valores que imperan en la sociedad, que la mayoría de la dirigencia política está mandando el mensaje que un sector es pobre porque otro es rico. Este mensaje genera enfrentamiento social en vez de cooperación voluntaria para crear riqueza. Es una sociedad que vive en el resentimiento. Con esos valores es imposible cambiar las instituciones (normas, leyes, códigos, costumbres) y por lo tanto no hay la más mínima posibilidad de generar inversiones.

Si la lluvia de inversiones no se produjo en estos tres años, fue, justamente, porque nadie invierte en un país donde confiscar el trabajo ajeno es parte de las políticas públicas. Y eso no se debatió en estos tres años. El cambio empezaba por transmitir otros valores. Lamentablemente eso no ocurrió y vimos a Carolina Stanley decir que los planes sociales son un derecho de los que lo reciben. Es decir, sin aclarar quién tiene la obligación de mantener a otro, se le ocurrió crear un derecho inexistente. Echó más leña al fuego de la cultura de la dádiva.

Lo mío puede ser catalogado de utópico. Ganar una elección hablando de la cultura del trabajo. A ese argumento contesto: es absolutamente utópico pensar que vamos a poder volver a crecer si no empezamos a cambiar los valores que imperan desde hace décadas en la sociedad argentina, valores que son los que, en definitiva, llevan a nuestra decadencia económica.

La recuperación de la economía argentina se va a dar cuando empecemos a darnos cuenta que no es debatiendo cuántos puntos del PBI fue el déficit fiscal, sino los valores que llevaron a tener ese déficit.

Las claves para encarrilar la economía en el primer semestre de 2019

Según determinó el “Informe de coyuntura económica Argentina”, elaborado por el economista Adrián Ravier, la Argentina muestra un escenario recesivo del -2,5% en 2018 respecto de 2017 y una fuerte suba en la tasa de inflación estimada para 2018, cerca del 47%. Para el caso de que el Banco Central cumpla la meta de mantener constante la base monetaria hasta junio de 2019, puede llegar a tener éxito en su intención de reducir fuertemente el nivel de inflación. Sin embargo, tendrá como contrapartida la profundización de la recesión. El enfoque de la nueva política monetaria está puesto en los agregados monetarios (cantidad de dinero circulando) en lugar de las tasas de interés según la consideración del economista, y afirma que es lo más eficaz para bajar la inflación.

Este pronóstico se ve reforzado por los análisis aportados por la consultora Robinson y Asociados que estiman que, aunque la inflación de la Argentina representa una de las más altas de la región, durante 2019 se producirá una cierta desaceleración y junto con ella la recuperación del poder de compra en relación a 2018. A pesar de que el Banco Central está concretando su programa de desarticulación de Lebac, Ravier -a su vez- afirmó que “fueron, desde sus inicios, inflación futura”. Según el experto, el gobierno eligió seguir monetizando y esterilizando vía Lebac en lugar de definir metas en los agregados monetarios para desacelerar la expansión de la base monetaria y con ello reducir la inflación.

Seguir leyendo en La Gaceta, martes 2 de enero de 2019.

ESTADÍSTICAS DEL BLOG 2018

Agradecemos a nuestros lectores el acompañamiento que tuvimos en este 2018 que cierra, y esperamos que nos acompañen en este 2019 que comienza.

El blog sigue creciendo en visitas, y en 2018 en especial hemos tenido un salto cuantitativo significativo. De 2017 a 2018 hemos tenido un salto del 31 %, totalizando 413.590 visitas.

2011 – 52.554

2012 – 157.751

2013 – 234.368

2014 – 251.685

2015 – 248.489

2016 – 253.245

2017 – 315.458

2018 – 413.590 visitas

El origen de nuestros lectores traspasa todo el mundo hispano. Argentina encabeza con más de 170.000 visitas, y luego acompañan Estados Unidos, México, Colombia, España y Perú, entre 20 y 45 mil visitas cada uno. Ecuador, Chile, Guatemala y Venezuela le siguen.

Las 12 notas más leídas desde 2011 son las siguientes:

La economía política del peronismo (1946-1955)

Problemas ambientales en América Latina

Reseña: ¿Por qué fracasan los países? Daros Acemoglu y James A. Robinson

El principal aporte de David Ricardo: la ley de ventajas comparativas, ¿o no es de Ricardo?

Ley de Say

¿Qué es la regla de Taylor?

¿Qué tan liberal fue Argentina en los 90?

Axel Kicillof, mi profesor.

Una reseña crítica de Las Venas Abiertas de América Latina, de Eduardo Galeano.

Teoría del Derrame y Pobreza

Entendiendo la economía argentina

Aristóteles en defensa de la propiedad privada

DONALD TRUMP Y LAS CORRIENTES MIGRATORIAS – Por Alberto Benegas Lynch (h)

Antes de entrar en materia es menester aludir a uno de los tantos comentarios sobre la ineptitud moral del actual presidente de los Estados Unidos para ocupar ese cargo. Como es de público conocimiento, son muchos las destacadas personalidades que concluyen lo dicho, desde encumbrados empresarios que por ese motivo han renunciado al consejo asesor empresario, a historiadores de renombre inclusive su propio biógrafo, a senadores de su propio partido, a periodistas de muy diversos medios orales y escritos. Se han referido a sus modales del todo impropios para la presidencia, a sus berrinches con la prensa al pretender echar de la Casa Blanca a críticos como si el inmueble le perteneciera, sus exabruptos respecto a jueces que emiten fallos en su contra, sus ofensas y “guerras comerciales” con gobernantes de países tradicionalmente aliados de Estados Unidos, su xenofobia, sus maltratos y reemplazos intempestivos con funcionarios varios incluyendo al director del FBI, al Secretario de Seguridad, dos de sus voceros y a su Jefe de Gabinete a lo que ahora se agrega el despido del Secretario de Interior, su abogado de mayor cercanía termina en la cárcel por mentir y concluye que “Trump no merece confianza” (el Presidente ahora lo llama “rata”, a lo cual el ex procurador federal y colaborador de Fox News Andrew McCarthy le recuerda que esa palabra es usada por la mafia para aludir a quienes confiesan la verdad a las autoridades). Mientras, está en marcha el proceso del Russiagate y también los alarmantes incrementos del gasto y la deuda pública que más que compensan la reducción de ciertos impuestos y determinadas regulaciones.

Cabe agregar a lo consignado que aquellos que apoyan al inquilino de la Casa Blanca por el mero hecho de haber reducido impuestos sin importarles los avasallamientos a la división de poderes y las antedichas extralimitaciones, me recuerdan a los indios sudamericanos en la época de la conquista española que por la entrega de espejitos de colores y otras chucherías se dejaban engañar vendiendo su libertad para someterse a instituciones esclavistas como la mita y el yanaconazgo.

En todo caso mencionamos  aquí el caso de Rex Tillerson, el primer Secretario de Estado designado por actual mandatario (que más bien actúa como mandante), quien ha llevado a cabo una carrera descollante  en el mundo de los negocios. Es ingeniero civil y antes de asumir esa cartera se desempeñaba como presidente del directorio y CEO de ExxonMobil, como es sabido la sexta empresa con mayor facturación del mundo. Pues bien, Tillerson luego de dejar ese cargo (tercero en la línea sucesoria a la presidencia de Estados Unidos) al ser malamente despedido por Twitter e insultado por Trump, ha sostenido desde prestigiosas tribunas universitarias, militares y empresarias que Trump le ha insistido “en reiteradas oportunidades encarar actividades claramente ilegales”, que “no respeta los límites de su cargo”, que “permanentemente hace afirmaciones que no se condicen con los hechos” y que “no comprende las ventajas del comercio libre”.

Es sabido que  Estados Unidos viene sufriendo una marcada decadencia respecto a los valores y principios establecidos por los Padres Fundadores. Como he señalado en detalle en mi libro Estados Unidos contra Estados Unidos, primero Woodrow Wilson, luego F. D. Roosevelt y finalmente Bush segundo contribuyeron al despeñadero, pero todos respetaban las formas lo cual no  hace Trump.

También es sabido que el partido Demócrata se ha radicalizado con los Bernie Sanders, Beto O´Rourke y la propia Clinton pero eso no justifica apañar los desatinos de Trump, aunque debe precisarse que hay algunas manifestaciones de saludable reacción en el Partido Republicano al efecto de retornar a las tradiciones estadounidenses de respeto recíproco como, por ejemplo, es el caso del senador Jeff Flake quien categóricamente reniega del actual presidente.

Después de esta introducción telegráfica pasemos ahora a considerar el tema de las inmigraciones tan vilipendiadas y atacadas por Donald Trump y desafortunadamente copiadas por muchas de las oposiciones y de los oficialismos en varios de los actuales países europeos, en todos los casos imbuidos por nacionalismos y consecuentes xenofobias de distinto tenor.

Lo primero es decir que salvo los que permanecieron en África, todos los habitantes del planeta son inmigrantes incluso los mal llamados “pueblos originarios” que en verdad son inmigrantes originarios ya que sus ancestros se mudaron al continente a través del Estrecho de Bering cuando el nivel del océano era distinto al actual. Todos los seres humanos provenimos de África.

En segundo término es del caso recordar que la única razón para la subdivisión del globo terráqueo en naciones o países estriba en el peligro de concentración de poder que significa un gobierno universal. A su vez la descentralización interior en provincias y municipios mitiga el referido peligro. Es cierto que el mundo está hoy infectado de nacionalismos pero hay que prestar atención a los contrafácticos: imaginemos el abuso de poder con cualquiera de los gobernantes actuales al frente de una administración universal. Subrayamos el fundamento de la subdivisión del globo para resaltar que las fronteras no son asunto serio ni para consagrar barreras alambradas. El movimiento libre de personas y bienes es demostración de civilización, es decir, el entender las ventajas de dichos intercambios. No voy a volver sobre esas grandes ventajas pues ya he escrito mucho sobre esos asuntos en otras columnas, ensayos y libros, solo aquí subrayo lo atractivo de culturas abiertas (una redundancia puesto que culturas cerradas es una contradicción en los términos), lo cual implica un proceso infinito y renovado de donaciones y entregas en el que tiene lugar un proceso de selección y reselección de vestimentas, comidas, arquitecturas, músicas, lecturas y demás manifestaciones que enriquecen a las partes.

Tampoco voy a repetir aquí los argumentos que refutan la sandez de que los inmigrantes restan trabajo a los locales (independientemente de los casos en los que aceptan faenas que los nativos rechazan) puesto que toda expresión de labores que se ofrecen por menores salarios de los promedio equivale a incrementos en la productividad lo cual aumenta las tasas de capitalización que a su vez permiten mayores salarios e ingresos en términos reales. La línea argumental no difiere de la incorporación de bienes más baratos y de mejor calidad en contraposición al disparate que pretende defender la industria nacional, sobre lo cual también he escrito en reiteradas ocasiones. En un mercado laboral abierto no hay tal cosa como sobrante de trabajo (desempleo) puesto que no sobra aquél factor indispensable para prestar servicios y producir bienes.

Cuando aparece la robotización y demás factores tecnológicos se liberan recursos humanos y materiales para hacer otras cosas y satisfacer nuevos requerimientos ya que los recursos son limitados y las necesidades ilimitadas. Por su parte, los empresarios están interesados en capacitar al efecto de sacar partida de los nuevos arbitrajes. Por otro lado, si no hubieran nuevas necesidades que atender estaríamos en Jauja, situación irreal pero que sería una bendición. En una sociedad abierta el único rechazo y consiguiente condena es al que lesiona derechos de terceros, sea el responsable nativo o extranjero. Es curiosa la hipocresía que rodea estos asuntos, como cuando en misa católica se canta a voz en cuello “toma mi mano hermano” pero cuando irrumpen nacionalismos los inmigrantes pasan a ser enemigos y comienzan a utilizarse barrabasadas como la idea de “la raza” y “la sangre” sin percatarse, por una parte, que las características físicas exteriores son consecuencia del clima, por eso entre otras cosas los sicarios nazis tatuaban y rapaban a sus víctimas para distinguirlas de sus victimarios. Por otro lado, hay solo cuatro grupos sanguíneos que están distribuidos entre todas las poblaciones.

Hay un asunto que conviene puntualizar en este contexto y es la airada protesta debido al empeoramiento de las condiciones fiscales de un país cuando los inmigrantes se cuelgan de los sistemas de salud y educación mal denominados gratuitos (mal denominados porque nada es gratis, siempre algún vecino se ve obligado a entregar parte del fruto de su trabajo ya que ningún gobernante contribuye de su peculio). Esto así está mal planteado. Se equivoca de blanco. El problema no son los inmigrantes sino el también mal llamado “Estado Benefactor”, en este caso debido a que la única beneficencia propiamente dicha es la realizada con recursos propios y de modo voluntario. Si se arrancan billeteras y carteras para compulsivamente entregar recursos a otros, no hay beneficencia sino que se ha producido una exacción. En todo caso,  dado que no resulta posible adoptar de modo simultáneo todas las políticas liberales que se requieren, se ha sugerido para que no se usen a los inmigrantes como pretexto que se les prohíba la utilización de esos “servicios gratuitos” y que no se les exija aportes de ninguna naturaleza para financiarlos compulsivamente, lo cual los convierte en personas libres tal como les gustaría a muchos que se ven forzados a aportar en direcciones que no prefieren.

Viene ahora una cuestión de especial interés en materia migratoria y es la referida a los musulmanes. En este sentido resumo parcialmente lo que he escrito antes donde incluyo referencia al último libro de José Levy – doctor en filosofía, corresponsal de CNN en Medio Oriente- en el que muestra que el tema no es de esa religión que igual que las otras dos monoteístas pretende la paz por lo que con razón dice el autor que resulta “equívoco” el nombre de “Estado Islámico” puesto que “es erróneo reconocer cualquier fenómeno protagonizado por musulmanes como representativo de toda su religión”.

Bien consigna el autor que “La religión musulmana, la cual en determinados siglos fue modelo de tolerancia hacia los otros credos, ya fuera durante la España musulmana o durante el Imperio Otomano, es ahora empleada de manera viciosa por extremistas que intentan transformarla en rehén de sus perversiones y valerse de ella como excusa para las actuaciones más siniestras” puesto que para “muchos musulmanes el Yihad es una guerra santa pero no de conquistas territoriales y muerte, sino interna, de esfuerzo y deseo de superarse espiritualmente”. Los terroristas entonces son criminales a secas, el mezclar religiones solo logra una llamarada de fanatismos incontenibles. Guy Sorman y Gary Becker sostienen que el Corán es el libro de los hombres de negocios debido al respeto a los contratos y la propiedad. Recordemos que en el 5:31 del Corán se subraya que el que mata a un hombre ha matado a la humanidad.

El fanatismo criminal en nombre de la religión no es patrimonio de los musulmanes, la única diferencia que los cristianos con la brutalidad de la Inquisición, las “guerras santas” en la conquista de América, las Cruzadas y el tratamiento indecente de judíos es que los cristianos se referían a “los herejes”, mientras que los que se escudan en el Islam llevan a cabo sus espantosas fechorías contra “los infieles”. Los judíos también han hecho lo suyo en su momento si recordamos, por ejemplo, el martirio de San Esteban.

Debemos tener en cuenta que la población mundial musulmana es de mil quinientos millones de habitantes y como ha repetido Salman Rushdie solo los gobiernos que comandan regimenes totalitarios pretenden secuestrar a sus habitantes de las normas de convivencia civilizada. El sheij de la comunidad islámica argentina Abdelkader Ismael- licenciado en teología y licenciado en ciencias políticas- en declaraciones recogidas por diversos medios, sostuvo  que naturalmente cuando los terroristas de ETA o IRA atacan se los identifica como criminales pero no por las religiones que profesan sus integrantes, sin embargo, esto no ocurre con los musulmanes: “al criminal hay que llamarlo por su nombre y apellido y no por la religión a la que cree responder” puesto que “un musulmán verdadero jamás alienta a sus hijos a celebrar la muerte de otro ser humano”, pero de tanto repetir estereotipos se los terminan creyendo ya que “si siempre escucho tango, puedo creer que no existe otra música”.  Es tiempo de no caer en la macabra trampa tendida por quienes usan las religiones para escudarse en sus actos criminales porque saben que con ello desatan pasiones irrefrenables.  

Es de desear que quienes somos testigos del abuso e interpretación retorcida de religiones propiamente dichas no miremos para otro lado cuando no toca nuestras creencias porque con esta conducta del avestruz no solo se cometen injusticias muy  graves sino que así perderemos nuestro derecho a quejarnos cuando toque el turno de atacar nuestros valores y creencias. La islamofobia, la judeofobia, la fobia al cristianismo, al budismo, los rechazos a deístas, agnósticos y ateos y demás manifestaciones de intolerancia solo prometen dolor y sangre.   En resumen, las corrientes migratorias deben respetarse y comprender sus beneficios. En la medida en que se asignen derechos de propiedad queda más claro quien contrata a quien, sin que en ningún caso se estimule la vagancia y la pretensión de tomar la vía pública como alojamiento.

Entrevista con Visión Liberal: «Pronóstico sombrío para la generación de empleo para el año que viene.»

2018: resumen de una Argentina en crisis y recesión

En el marco de las actividades llevadas a cabo por el Observatorio Económico de la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad de La Pampa, Adrián Ravier, director de dicho espacio, presentó el Informe de Coyuntura Económica Argentina (ICEA 2018). En el mismo expone la situación a lo largo de este año, sintetiza los principales puntos de la actividad a nivel país y anticipa los posibles escenarios de cara al 2019.

El informe indica que este 2018 se resume en un primer trimestre positivo por arrastre del 2017 y, luego, señala que han seguido tres trimestres negativos donde han impactado la sequía, la crisis cambiaria y la nueva política monetaria que intenta bajar la inflación. Además, la mala cosecha y una menor disponibilidad de acreedores para financiar al fisco argentino dejaron en evidencia la debilidad fiscal que tiene nuestro país.

Ravier, quien también se desempeña como colaborador de la Fundación Libertad y Progreso, visualiza lo que puede esperarse para el año que viene. Por arrastre, se daría un primer trimestre negativo, pero las nuevas cosechas le darían un repunte positivo al segundo trimestre. Este análisis a futuro podría verse afectado dependiendo de la política monetaria a definir y de cómo se presente el escenario internacional.

Retomando lo acontecido en 2018, el informe menciona otros puntos importantes a modo de repaso: el acuerdo con el FMI, los cambios en el gabinete y en las autoridades del Banco Central y los aspectos que llevaron a que la economía esté en recesión.

En este sentido, Ravier remarca que «el gobierno recurrió al FMI para obtener las divisas que no pudo conseguir ni por agroexportaciones, ni por financiamiento externo» pero con la condición de «atender los desequilibrios profundos que la economía argentina mostraba en los frentes fiscal, monetario y cambiario».

Con respecto a los cambios en el equipo de gobierno, el economista apunta a las nuevas autoridades del Banco Central, quienes, con sus políticas de desmantelamiento de la «bola de nieve de las Lebacs», ocasionaron una suba en la tasa de inflación por un fuerte aumento de la base monetaria. De todos modos, el economista reconoce que, si se mantiene la base monetaria hasta junio 2019, «es cierto que tendrán éxito en reducir fuertemente el nivel de inflación, pero también profundizará la recesión«.

Otro de los temas planteados y desarrollados en el informe es el índice de desempleo, uno de los puntos más preocupantes en este año, tanto para el Gobierno como para la sociedad. El mismo, que viene en incremento desde 2017, ya supera el 9%, dando como resultado más de un cuarto de la población económicamente activa buscando empleo.

Considerando estos aspectos, Ravier se pregunta: «¿Por qué la Argentina sigue en esta dinámica lamentable de fuerte volatilidad y crisis?» y responde con crudeza: «sobreempleo público y elevado nivel de gasto estatal». Entonces, seguir sosteniendo este problema estructural, dificultaría el crecimiento generando más inflación, más deuda, más atraso cambiario y más presión tributaria.

Más allá de la herencia recibida, la corrección gradual de Cambiemos no logró resolver el problema fiscal ni el atraso cambiario. Dados todos estos indicadores, «no sorprende que la confianza en el gobierno se haya desplomado en 2018″, reflexiona el director del Observatorio Económico y agrega: «que el gobierno logre terminar con la volatilidad en la cotización del dólar y muestre mejoras en la actividad económica en 2019 será clave de cara al resultado electoral».

De cara al año próximo, «el contexto internacional luce desfavorable«, advierte, debido a la búsqueda de activos más seguros y confiables que, claramente, Argentina no podrá captar. Además, «difícilmente se pueda observar generación de empleo», dando como resultado «dos años de caída consecutivos».

Finalmente, el informe proyecta un 2019 con «actividad económica recesiva», pero que permitiría corregir «parcialmente» algunos de los aspectos más importantes de la macroeconomía argentina: tasa de inflación, cotización del dólar y pequeños avances en el equilibrio fiscal. Miércoles, 26 de diciembre de 2018