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Acerca de Adrián Ravier

Adrian Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y Profesor en la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín.

La imperiosa necesidad de unión de quienes valoran la libertad – por Alberto Benegas Lynch (h)

No es tiempo de recalcar diferencias de criterio, por más que tengan validez y estén basadas en la mejor de las intenciones y los mejores propósitos, puesto que la topadora totalitaria amenaza con aplastarnos. Es un asunto de prioridades. Lo primero viene primero. Si el país se convierte en un gulag no hay posibilidad alguna de limar diferencias entre quienes se dicen partidarios de la libertad.

Es imperioso que todos aquellos que se oponen al chavismo y creen en el valor de la libertad de prensa y la independencia de la Justicia en esta instancia estén unidos para afrontar el ataque a esos valores fundamentalísimos, junto al rechazo a la colonización del Poder Legislativo y las tropelías del Ejecutivo en cuanto al abuso de poder en el contexto de incrementos en el gasto del aparato estatal, la deuda pública, la expansión monetaria, las regulaciones asfixiantes y las cargas tributarias insoportables.

Es clara la nobleza de quienes pretenden revertir el estatismo que nos viene consumiendo desde hace siete décadas y sus diferencias con el lamentable balance neto de la gestión anterior, pero necesitamos la fortaleza de la unión antes de que resulte tarde, aun manteniendo las discrepancias del caso. Cuando a uno le están asaltando la casa no consume tiempo investigando las características filosóficas de la policía que circunstancialmente nos está defendiendo del atraco, eso es para otra circunstancia.

No parece coherente la posición de quienes declaran que competirán en un espacio político nuevo en 2021, con severas críticas a la oposición existente (pues por eso se constituyen) para luego en 2023 ir juntos con los criticados, lo cual es poco serio y confunde a los indecisos, que en gran medida definen los procesos electorales.

Esta unión en un posible «Encuentro Alberdiano» es un camino de doble vía: por una parte, la oposición -constituida hoy merced al apoyo desesperado de personas que apuntan a que sobrevivan los principios republicanos básicos- debe reconocer sus fracasos y fortalecer su discurso para recibir en sus filas a liberales, y estos comprender la diferencia del plano político del académico y proceder en consecuencia.

Hemos intercambiado opiniones con buenos amigos liberales y no siempre hemos coincidido con la visión que dejo consignada, pero no pierdo las esperanzas de lograr el cometido. También he hablado con algunos amigos radicales y les he recordado el espíritu liberal del fundador de ese partido: el jeffersoniano Leandro Alem. En este sentido, vale la pena recordar un pensamiento de ese personaje. En el debate sobre la federalización de Buenos Aires, en 1880, expresó: «Más el poder es fuerte, más la corrupción es fácil. Para asegurar el poder legítimo, es necesario impedir a todo trance que él exagere sus facultades, y es indispensable buscarle el contrapeso que prevenga lo arbitrario» y «en economía como en política, estrechamente ligadas, porque no hay progreso económico si no hay buena política, una política liberal que deje el vuelo necesario a todas las fuerzas y a todas las actividades». Y concluía: «Gobernad lo menos posible, porque mientras menos gobierno extraño tenga el hombre, más avanza la libertad, más gobierno propio tiene y más fortalece su iniciativa y se desenvuelve su actividad».

Resulta en verdad muy paradójico que algunos de los partidarios de establecer nuevos espacios en la arena política son timoratos en el terreno intelectual en cuanto a la defensa de las ideas liberales, mientras que se muestran inflexibles en el campo político. Las cosas deberían ser exactamente al revés. La inflexibilidad en el terreno de las ideas e ir al fondo de los problemas al efecto de correr el eje del debate y marcar agendas y acordar en al campo político para dar tiempo a la batalla cultural.

El fraccionamiento y la dispersión de fuerzas en el ámbito político son la mejor noticia para el chavismo vernáculo

Hace poco escribí en detalle en este mismo medio sobre el tema de la educación, que no voy a repetir, pero ahora destaco que no son pocos los que se ruborizan cuando se les dice que es acuciante la necesidad de eliminar ministerios de Educación y Cultura a los efectos de descartar la posibilidad de imponer criterios curriculares y abrir de par en par el proceso educativo al efecto de lograr el mayor nivel posible de excelencia académica. Es más eficiente subsidiar la demanda de aquellos que no pueden pagar sus estudios que financiar la oferta debido a los fuertes contraincentivos cuando irrumpe la tragedia de los comunes en un contexto invariablemente politizado.

Se torna necesario examinar con detenimiento los centros de salud estatal, para evitar los turnos extenuantes, la falta de insumos, el constante pedido de fondos, el habitual mal estado de equipos e instalaciones. Al igual que con la educación, esto no es para nada debido a que quienes allí trabajan no tengan la mejor buena voluntad y admirable dedicación, es un asunto de incentivos: no es lo mismo cuando uno paga las cuentas que cuando se recurre a la fuerza para que terceros se hagan cargo con el fruto de sus trabajos.

También se suele eludir la necesidad de prohibir la deuda pública externa, que resulta antidemocrática al comprometer futuras generaciones que no participan del proceso electoral para elegir a los gobiernos que contrajeron la deuda. Se suele esquivar la necesidad de abolir la banca central, que no puede operar sin alterar los precios relativos, con lo que conduce al empobrecimiento generalizado. Lo mismo va para la agencia oficial de noticias, que es una muestra de espíritu autoritario; el mantenimiento de inmensos activos de las embajadas en tiempos de las teleconferencias y otros recursos tecnológicos; las legislaciones sindicales fascistas; el destruido federalismo devenido en férreo unitarismo; las mal llamadas «empresas estatales», y la sandez de «vivir con lo nuestro», solo para mencionar algunos rubros.

Comprendo que estos temas no sean habituales en la esfera política, pues estamos muy atrasados en la mencionada batalla cultural, pero son indispensables en un ámbito académico que se precie de tal. No es un buen consejo confundir roles, el discurso del político debe circunscribirse a lo que el electorado entiende y acepta. En cambio, la faena intelectual debe subir la vara y apuntar alto para, en última instancia, influir en la opinión pública. Como bien ha escrito John Stuart Mill, «toda buena idea pasa por tres etapas: la ridiculización, la discusión y la adopción».

Pero aun en el supuesto de defender aquellos puntos claves en las campañas electorales, el momento exige la unión para sobrevivir. El fraccionamiento y la dispersión de fuerzas en el ámbito político son la mejor noticia para el chavismo vernáculo.

El tiempo pasa rápido, el desgaste es grande y el peligro del chavismo se acentúa por momentos. Es curioso que algunos se pregunten sobre el plan o el rumbo del actual gobierno cuando nos lo están anunciado a los alaridos todos los días. No sería nada extraño que las próximas elecciones resulten amañadas, dadas las designaciones recientes en el fuero electoral, pero en cualquier caso la unión a la que nos referimos constituirá un bastión para la defensa de lo indispensable, aun en el supuesto hoy afortunadamente remoto de que no haya elecciones. No resulta relevante consumir tiempo debatiendo sobre quién en verdad manda ni en trifulcas palaciegas, estas distracciones pueden resultar fatales. Como decía Ortega y Gasset, «Argentinos, a las cosas».

El autor completó dos doctorados, es docente y miembro de dos academias nacionales

Publicado en La Nación, 28 de enero de 2021.

30 de las mejores citas de Walter Williams sobre Libertad, Derechos, Propiedad Privada y Coacción – por Gary M. Galles

Walter Williams se ha ido y se le echará mucho de menos, pero sus ideas no.

alter E. Williams, a quien muchos consideran uno de los más grandes economistas modernos, falleció a la edad de 84 años.

Mis conexiones con Walter se remontan a la UCLA, donde ambos obtuvimos nuestros doctorados (aunque yo fui un poco más tarde, y fue mi desgracia que no nos super-pusiéramos). Luego empecé a escribir artículos populares en defensa de la libertad de los estadounidenses no mucho tiempo después de que él lo hiciera, lo que me hizo muy consciente de su escritura (de hecho, una vez le dije en broma a mi esposa que no me gustaba porque sus artículos eran a menudo un sustituto demasiado bueno de los míos). Y conozco a mucha gente con conexiones con la Universidad George Mason e historias sobre él.

Debido a que muchos estaban más cerca de Walter que yo, la gran avalancha de aprecio y apoyo a su muerte es mejor que la hagan otros. Pero creo que tengo algo que vale la pena agregar para quienes no sabían de él, pero quienes estén interesados en su labor, después de la poderosa respuesta a su muerte.

En 2016, publiqué un libro titulado Líneas de Libertad, en el cual curé lo que sentí que eran las mejores citas sobre la libertad que pude encontrar, por quienes que habían trabajado en la primera fila para defenderla. Walter no fue incluido, como su mejor amigo, Thomas Sowell. Pero eso fue sólo porque había restringido mi atención a la gente que había muerto, para poder considerar la totalidad de su trabajo. Ahora, aunque todavía no he tenido tiempo de hacer más que rasguñar la superficie de su labor, ofrecer una colección inicial de algunas de sus ideas más importantes puede ser el mejor tributo que puedo ofrecer.

Debo decir que después de muchos años de pensar en la libertad, me puedo entusiasmar  con un argumento bien hecho y llamativo en su nombre. Leer las palabras de Walter me dio una gran emoción. Pero pronto se hizo evidente que había demasiada inspiración y sabiduría para caber en un espacio compacto. Así que limité mi colección a declaraciones muy cortas sobre sólo unos pocos de los temas centrales que él trataba.

Considere usted mis listas de «las diez citas más importantes» (elaboradas hasta ahora) en tres áreas diferentes en las que Walter pensó profundamente, como sólo el comienzo de la sabiduría que se puede encontrar en la obra de Walter, y como una invitación a una mayor consideración.

  1. Mi definición de justicia social: Yo me quedo con lo que gano y tú te quedas con lo que ganas. ¿Estás en desacuerdo?… ¿cuánto de lo que gano te pertenece… y por qué?
  2. Si una persona tiene derecho a algo que no ha ganado, necesariamente requiere que otra persona no tenga derecho a algo que sí ha ganado.
  3. Nada en nuestra Constitución sugiere que el gobierno sea un otorgante de derechos. En cambio, el gobierno es un protector de los derechos.
  4. No hay ningún argumento moral que justifique el uso de los poderes coercitivos del gobierno para obligar a una persona a asumir el gasto de cuidar a otra.
  5. El gobierno no tiene recursos propios… el gasto del gobierno no es menor que la confiscación de los bienes de una persona para dárselos a otra a la que no pertenecen.
  6. No tenemos un derecho natural de tomar la propiedad de una persona para dársela a otra; por lo tanto, no podemos delegar legítimamente tal autoridad al gobierno.
  7. El ejercicio de un derecho por parte de una persona no disminuye el de otra.
  8. Por muy digna que sea la causa, es robo, hurto e injusticia confiscar la propiedad de una persona y dársela a otra a la que no pertenece.
  9. Cuanto mejor sirva a mis semejantes… mayor será mi derecho a los bienes que ellos produzcan. Esa es la moralidad del mercado.
  10. El acto de meterse las manos en los bolsillos para ayudar a un prójimo necesitado es digno de elogio y alabanza. Meterse en el bolsillo de otro es despreciable.

1.- El gobierno se basa en coacción. Limitar el gobierno es el instrumento más importante para garantizar la libertad.

2.- La democracia es poco más que el gobierno de la turba, mientras que la libertad se refiere a la soberanía del individuo.

3.- La verdadera prueba del compromiso de uno con la libertad y los derechos de propiedad privada… viene cuando permitimos que la gente sea libre de hacer aquellas cosas voluntarias con las que no estamos de acuerdo.

4.- En una sociedad libre, el gobierno tiene la responsabilidad de protegernos de los demás, pero no de nosotros mismos.

5.- La esencia del gobierno es la fuerza, y la mayoría de las veces esa fuerza se usa para lograr fines malvados.

6.- La planificación económica no es más que la sustitución forzosa de los planes de otras personas por la poderosa élite respaldada por la fuerza bruta del gobierno.

7.- Si aceptamos la noción de que de alguna manera los derechos de propiedad son menos importantes, o están en conflicto con los derechos humanos o civiles, le damos a los socialistas una mano abierta para atacar nuestra propiedad.

8.- Sustituir la toma de decisiones democrática por lo que debería ser una toma de decisiones privada es nada menos que una tiranía disfrazada.

9.- Es la gente del gobierno, no la gente rica, la que tiene el poder de coaccionar y hacer miserables nuestras vidas.

10.- La tragedia moral que le ha ocurrido a los estadounidenses es nuestra creencia de que está bien que el gobierno utilice a la fuerza un estadounidense para servir los propósitos de otros, que en mi opinión es una definición de trabajo de la esclavitud.

1.- Sospechen siempre de aquellos que… afirman que su camino es el mejor y están dispuestos a imponer su camino al resto de nosotros.

2.- La gente que denuncia el libre mercado y el intercambio voluntario… está a favor del control y la coerción.

3.- La planificación económica no es más que la supervisión forzosa de los planes de otras personas por la poderosa élite respaldada por la fuerza bruta del gobierno.

4.- Los políticos tienen un inmenso poder para hacerle daño a la economía. Pero tienen muy poco poder para hacer el bien.

5.- Lo que nuestra nación necesita es una separación de «negocios y Estado»… Eso significaría que el capitalismo entre amigos y el socialismo entre amigos no podrían sobrevivir.

6.- Lo mejor que los políticos pueden hacer por la economía es dejar de hacer el mal. En parte, esto se puede lograr reduciendo los impuestos y la regulación económica, y manteniéndose fuera de nuestras vidas.

7.- Si nos preocupamos por las libertades que nos quedan, debemos en algún momento… …hacerle saber a los políticos y burócratas que no toleraremos más invasiones a nuestros derechos de libertad dados por Dios.

8.- El bien público es promovido mejor por la gente que persigue sus propios intereses privados.

9.- La mayoría de los grandes problemas a los que nos enfrentamos son causados por políticos que crean soluciones a los problemas que crearon en primer lugar.

10.- Si somos ignorantes, ni siquiera sabremos cuando el gobierno infringe nuestras libertades. Además, con gusto votaremos por aquellos que destruyen nuestras libertades.

Walter Williams tenía mucha sabiduría que ofrecer, y se la pasó a muchos. Pero hay muchos más entre nosotros que aún podrían beneficiarse de ella.

Espero que estos ejemplos toquen la fibra sensible de los lectores y les lleven a considerar más a fondo lo que él entendió.

Walter se fue, y se le echará mucho de menos, pero sus ideas no se irán.

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Gary M. Galles is a Professor of Economics at Pepperdine University and a member of the Foundation for Economic Education faculty network.

In addition to his new book, Pathways to Policy Failures (2020), his books include Lines of Liberty (2016), Faulty Premises, Faulty Policies (2014), and Apostle of Peace (2013). 

La dependencia económica de la deuda – por María Blanco

María Blanco indica que cada vez más las empresas se endeudan para sobrevivir, los gobiernos para seguir gastando y la situación es posible gracias a que los políticos no rinden cuentas por gastar mucho y mal el dinero de los españoles.

Decía el economista Manuel Hidalgo en un didáctico artículo del domingo, en el que explicaba con pelos y señales los datos del PIB, que la cosa pinta regular para este 2021. Nevadas, bolas de fuego y terremotos aparte, coincido en el diagnóstico del profesor Hidalgo, cuando señala un notable agotamiento en las dos palancas que han aguantado el tirón en el tercer trimestre del 2020, y que apenas se sostenían ya en el cuarto: el consumo de las familias y el gasto público.

Lo previsible es que el consumo de las familias no mejore y cuando se vayan levantando los ERTEs (Expediente de Regulación Temporal de Empleo) menos aún. Tampoco hay esperanzas de que la actividad económica mejore de manera sostenible con el retroceso de la inversión. Un retroceso que, efectivamente, se podía adelantar debido a la naturaleza de la inversión. La incertidumbre, la estabilidad son factores que alejan a los inversores, que toman decisiones a largo plazo.

Los problemas con el ritmo de vacunación, el contrato con AstraZeneca, la tercera ola y la sensación de confusión por falta de una dirección común están agravando la recuperación de la inversión. La pandemia es mundial, pero la reacción ante sus consecuencias es particular de cada país y en el nuestro, falla bastante.

Las acciones del Gobierno tampoco parecen muy acertadas. En una contracción económica subir los impuestos no parece lo mejor. Y el mantra «sólo a los ricos» ya no cuela.

¿Vamos a seguir tirando de gasto público para sostener la maltrecha economía? Es lo más probable.Nos endeudaremos más. Y es en este punto en el que me gustaría hacer una reflexión.

Uno de los países enganchados en un proceso de crecimiento de la deuda pública en espiral es Argentina. Como es sabido, además del tango, Maradona y el mate, Argentina es famosa por sus psicólogos. Es un país donde visitar al terapeuta es una rutina. No hay miraditas, está socialmente normalizado.

Como no podía ser menos, hay psicólogos que han estudiado la adicción al endeudamiento. En concreto, el psicoanalista Eduardo Grispon publicó, en el año 2006, un artículo en la revista académica Actualidad Psicológica, titulado Adicción a endeudarse económicamente. Un tipo de solución adictiva cuando impera la necesidad de pagar y perder.

El autor explica cómo, en este tipo de adicción, el deudor se configura como el agente que decide finalmente cuánto paga y cuándo. El paciente aparece en la consulta eufórico y seguro porque sabe que, cuando la deuda es suficientemente grande, el coste para el banco de declarar un crédito incobrable y dotar esa provisión es demasiado grande.

Así que, le merece más la pena volver a darle crédito y refinanciar la deuda, haciéndole un importante descuento en el capital y en los interesesEsta euforia empuja al adicto a pedir nuevos préstamos. Es muy interesante descubrir el círculo vicioso en el que estas personas entran, al que arrastran toda la familia y, cómo, en algunos casos, delinquen, creando una herida en sus allegados y una pérdida en el patrimonio familiar, a veces dramático.

La solución no es sencilla y requiere una acción conjunta de contables, abogados, terapeutas y familiares.

Cuenta el doctor Grispon que lo que llamó su atención acerca del comportamiento del deudor adicto fue una noticia de marzo de 2006, cuando Argentina atravesaba una situación de endeudamiento colosal.

«La idea que por estas horas analiza el presidente es no tocar las reservas para pagarle al FMI y destinar esos fondos para nuevas inversiones en obras públicas, infraestructura y en programas de crecimiento económico». Es decir, frente a un monto de deuda descomunal, se prefiere no pagar, invertir con la idea aparente de solucionar, agrandando de manera sistemática el agujero de la deuda.

Estas reflexiones encajan como anillo al dedo en la situación de las cada vez más numerosas ‘empresas zombies‘ aquellas que apenas pueden cubrir con su margen normal el servicio de la deuda. Como afirmaba el profesor Emilio Ontiveros en El País, las vulnerabilidades son las que ya conocemos, lo malo es la acumulación, que hace que ante cualquier chispazo salte todo por los aires.

La zombificación, una especie de reflejo de lo que le sucede a los adictos a la deuda, que resta capacidad de reacción a las empresas, no es un fenómeno exclusivo de estas instituciones. También los países repiten este ciclo perverso, como Argentina.

Por desgracia para los españoles, da la sensación de que la incertidumbre persistente, el previsible empeoramiento con que hemos empezado el año y el agotamiento del empuje del consumo familiar va a ser anestesiado, que no solucionado, con un mayor endeudamiento. Será así en la convicción de que no pasa nada, porque nuestra incapacidad para devolverla es un problema mayor para el acreedor que para los deudores.

Hay un aspecto importante que diferencia la adicción a la deuda de una persona, o una empresa, de la adicción política a la deuda. El paciente del doctor Grispon se endeudaba para pagar la luz, los impuestos, para llenar la nevera.

Las empresas se están endeudando para sobrevivir. Los gobiernos se endeudan para seguir gastando, no siempre en vacunas o en dotar a los sanitarios de medios adecuados para que puedan desempeñar sus funciones en las mejores condiciones posibles. Parte de esa deuda, que van a heredar las futuras generaciones, se destina a gastos superfluos destinados a financiar medios de comunicación afines, subidas de los sueldos o multiplicación de cargos para pagar los favores electorales, por mencionar algunos.

Esta situación es posible porque no hay rendición de cuentas. Ningún político ha pagado nada, ni siquiera en forma de repudio social, por gastar mucho y mal el dinero de los españoles. Y sin rendición de cuentas no hay Estado de derecho. Dicho lo cual, ¿en qué tipo de democracia estamos viviendo?

Este artículo fue publicado originalmente en El Español (España) el 2 de febrero de 2021.

Todavía lloramos por Argentina – por Lawrence W. Reed

El legado de los Perón y el peronismo es costoso, por lo que Argentina todavía está pagando el precio.

Su historia desde la pobreza a la riqueza está ligada inextricablemente a la política. Le encantaba estar cerca del poder; cuanto más tenía poder, más se sentía con derecho a otra dosis. Anhelaba tanto la atención y la adoración que una vez admitió, «Mi mayor temor en la vida es ser olvidada».

Ella se encaminó a la demagogia, hacia un culto siguiendo a los que dependían de los favores que dispensaba y pisó a cualquiera que se interpusiera en su camino. Una ley que obstruía sus ambiciones era, en su opinión, una ley para ser doblada o quebrantada. Cualquier evaluación justa de ella debe tener en cuenta que dio numerosos sermones insípidos y regaló mucho dinero de otras personas, pero nunca inventó, creó o construyó nada.

No, no estoy hablando de Hillary Clinton. La mujer que tengo en mente, sin embargo, era una especie de Hillary Clinton de Argentina. Se llamaba Eva Perón, conocida cariñosamente por los admiradores como «Evita». Aún no ha sido olvidada, un triste hecho que requiere un repaso de quién era y qué representaba.

Evita, la popular producción escénica de 1978 con la música de Andrew Lloyd Webber, seguida 18 años más tarde por la adaptación cinematográfica protagonizada por Madonna (cuyo apellido se me escapa), le dio glamour a Eva para las nuevas generaciones de todo el mundo. ¿Quién no ha escuchado el single que ha encabezado las listas de éxitos, «No llores por mí, Argentina» una docena de veces?

En mayo de 1919, nació Eva Duarte, la hija fuera del matrimonio de una madre trabajadora pobre y un ranchero mujeriego que los abandonó tempranamente. Sufriendo la pobreza y el estigma de la ilegitimidad en la Argentina rural, se escapó a Buenos Aires a la edad de 15 años con el sueño de convertirse en actriz. Durante la década siguiente, se ganó la vida modestamente como actriz de grado B en algunas películas y en la radio. Su vida dio un giro fatídico en enero de 1944 cuando, a la edad de 25 años, conoció al Secretario de Trabajo de Argentina y futuro presidente, el coronel del ejército Juan Perón. Un año antes, el Coronel Perón fue una figura clave en el golpe militar que depuso al Presidente Ramón Castillo. Eva se convirtió en la segunda esposa del coronel en octubre de 1945.

Viviría sólo otros siete años, pero es difícil imaginar un período más agitado. Tres meses después de su matrimonio, Juan fue elegido Presidente de Argentina y su nueva esposa, casi 25 años menor que él, se convirtió en la Primera Dama. Juntos, destrozaron una economía y erosionaron las libertades de la nación.

El régimen de Perón expandió el poder de los sindicatos, gastó generosamente en planes de bienestar y libró una guerra de clases contra los ricos. Por un breve tiempo, pareció funcionar. Argentina era uno de los países más ricos del mundo, y fácilmente el más rico de Sudamérica. Más capitalismo de amigos y un gobierno más grande parecían asequibles, pero estas cosas siempre ponen en marcha tendencias y políticas que son insostenibles. No pasó mucho tiempo antes de que las deudas, los déficits y el papel moneda, además de los impuestos más altos y la agitación laboral paralizante, hicieran caer el peso y la economía con él. Como dijo la británica Margaret Thatcher: «El problema del socialismo es que al final te quedas sin el dinero de los demás».

Más mercantilismo y un gobierno más grande parecían asequibles, pero tales cosas siempre ponen en marcha tendencias y políticas que son insostenibles.

El socialismo del tipo fascista era exactamente lo que Perón y los peronistas estaban construyendo, aunque no «maduraba» en la forma del gran canal del tipo de Hitler o Mussolini o Hugo Chávez. Hasta el fondo, era nacionalista, populista, intervencionista, demagógico y autoritario.

Más ominosos que su política económica fueron los ataques del régimen a las libertades civiles. Muchos de esos ataques fueron indirectos y envueltos en terciopelo. El carismático coronel y su devota animadora, Eva, siempre afirmaron que todo lo que hacían era «para el pueblo», especialmente los pobres descamisados o «sin camisa».

En su biografía, «Evita: La vida real de Eva Perón», Nicholas Fraser y Marysa Navarro citan a un abogado de la oposición que describió el estilo de gobierno de Juan Perón de esta manera: «Es sutil, retorcido, encantador. No es muy evidente y rompe cráneos… Hace su trabajo en silencio y cínicamente. Hay tan poco en lo que podemos poner nuestras manos en estos días, todo lo que hace es en nombre de la ‘democracia’ y la ‘mejora social’, y sin embargo sentimos el olor del mal en el aire, y el delgado filo sobre el cual caminamos».

Juan Perón disolvió el Partido Laborista que lo eligió y formó el suyo propio, al que llamó «Partido Peronista». Si te opones al cambio, eras excomulgado políticamente, encarcelado o algo peor. Un legislador que condenó la aparición de la «junta totalitaria» de Perón fue atacado repetidamente en las calles de Buenos Aires por matones peronistas. «Donde la ley hizo posible la estrategia de la coerción legal, Perón hizo uso de ella; y cuando no, recurrió a amenazas graves y a intimidaciones mezquinas», informan Fraser y Navarro.

Los periódicos que criticaban a los Perón eran frecuentados por inspectores del gobierno que emitían multas y mandatos sobre cargos falsos como abuso de trabajadores o evasión de impuestos. Uno de ellos fue cerrado por el simple hecho de utilizar camiones «ruidosos» para distribuir sus periódicos. En 1948, el gobierno tomó el control monopólico de toda la tinta de impresión y lo utilizó para intimidar a los restantes editores privados.

«Sin fanatismo» declaró Eva, «no podemos lograr nada«. Y lo dijo en serio.

Eva incluso incursionó en el negocio de los periódicos ella misma. En 1947, el Banco Central fue presionado para que le concediera un préstamo a bajo interés para comprar el tabloide «Democracia». Después, publicó fielmente los aburridos discursos de Juan y las tontas conferencias de Eva sobre cómo las amas de casa podían hacerle frente a la subida de los precios cuando el peso se desplomaba.

Una vez que su tabloide se llenó de leales a Perón, Eva fue libre de deleitar a la nación con su omnipresencia. Los biógrafos Fraser y Navarro escriben,

Fueron años en los que Evita estuvo incesantemente a la vista del público. Ninguna ocasión – la apertura de una piscina, una fábrica, un edificio sindical, la presentación de una medalla, un almuerzo con un extranjero de visita – era demasiado trivial para su presencia. Si una empresa lanzaba un nuevo producto, requería su patrocinio y por tanto la aprobación del gobierno. Si un deportista, un jugador de fútbol o un piloto de carreras dejaba el país o volvía, también se requería que se fotografiara con Evita…

El culto de Evita a Perón probablemente ocurrió primero en sus discursos para apuntalar su propia identidad política y reflejar su propia admiración real por Perón, pero para 1949, el culto se institucionalizó, y Evita era su sacerdotisa.

Su marido era más que otro caudillo latino, decía Eva; él era el «ideal encarnado». Su propaganda fue desvergonzada e ilimitada. «Perón es todo», declaró. «Es el alma, el nervio, la esperanza y la realidad del pueblo argentino. Sabemos que sólo hay un hombre aquí en nuestro movimiento con su propia fuente de luz y ese es Perón. Todos nos alimentamos de su luz».

Es extraño, ¿no es así?, que la izquierda estatista siempre pretenda estar a favor del «pueblo», ya que otorga un enorme y concentrado poder político a muy pocos. Además, la izquierda estatista a menudo ridiculiza la fe en una deidad pero luego exige fe en un mortal ungido. Hitler, Mussolini, Stalin, Mao, Pol Pot, Ceausescu, los Kim de Corea del Norte, los peores de ellos, esperaban que sus súbditos les adularan.

Eva se amaba a sí misma casi tanto como amaba a Juan. En una gira de dos meses por Europa, la Primera Dama de 29 años gastó una pequeña fortuna en lo mejor de todo, desde hoteles a autos y vestidos. Dondequiera que fuera, exigió los más altos premios y honores que cada país ofrecía. Los diplomáticos británicos la consideraban «una ególatra corrupta que presidía un régimen de pantomima», según el periodista Neil Tweedie de The Telegraph.

Eva formó su propio partido político, al igual que su marido. Llamado «Partido de las Mujeres Peronistas», no tenía como objetivo el empoderamiento de las nuevas mujeres de Argentina, sino consolidar el poder en manos de Juan y Eva. «Ser peronista», dijo en su primera asamblea, «es, para una mujer, ser leal y tener una confianza ciega en Perón».

 No es broma.

Mi viejo amigo argentino (y compañero del Grove City College), Eduardo Marty, Presidente de la Fundación para la Responsabilidad Intelectual en Buenos Aires, me dijo, «La frase más fea que viene de Eva es una que es paralela al razonamiento de Karl Marx: Donde hay una necesidad, hay un derecho. Ella era una experta en la manipulación de los medios de comunicación y la educación».

Si lo necesitabas (o simplemente lo querías de verdad y eras leal a Perón), tenías derecho a ello y Eva te lo conseguía. Rutinariamente intimidaba a los negocios privados para que le dieran dinero o bienes para poder redistribuir el botín. Dirigió el dinero de los impuestos públicos a sus causas favoritas y amigos leales, recordándoles siempre a quién le debían lealtad. Nunca le importó el costo económico de su generosidad porque, después de todo, estaba «haciendo el bien». Una vez dijo: «Llevar las cuentas de la ayuda social es una tontería capitalista. Sólo uso el dinero para los pobres. No puedo detenerme a contarlo».

Al informar sobre su gira europea en 1947, la revista Time cometió el error de mencionar lo que hasta entonces había sido conocimiento popular en Argentina, que Eva había nacido fuera del matrimonio. Entonces Eva se aseguró de que la revista fuera prohibida durante meses.

Los socialistas aman el gasto en «infraestructura» y Juan Perón no los decepcionó en este sentido. Su administración hizo inversiones masivas en viviendas públicas, hospitales, escuelas, presas, carreteras y la red eléctrica. A pesar del despilfarro y la corrupción que acompañaron a los gastos, muchos argentinos todavía le atribuyen con cariño tales «modernizaciones». Pero para los libertarios civiles y económicos, las mejoras en la vida argentina podrían haberse logrado algo mejor y más barato y sin la mano pesada del autoritarismo, y ciertamente sin el incesante cultismo de Eva.

El circo de Juan y Eva actuó ante grandes multitudes año tras año. Juan consolidaría el poder mientras que Eva compraba distritos electorales con dinero público y privado. Él era el cabecilla y ella la empresaria que lo glorificaba todo. Demostrando que si le robas a Pedro para pagarle a Pablo, puedes contar con el apoyo de Pablo, construyeron un imperio político que se dirigía a la reelección (de una forma u otra) en 1952, hasta que la tragedia golpeó.

A Eva se le diagnosticó cáncer cervical en 1950. Un año más tarde, creyendo que podría superarlo, se lanzó a la vicepresidencia antes de declinar públicamente la candidatura con su marido en 1952. Su salud se deterioró rápidamente y en julio de ese año, pocas semanas después de la exitosa reelección de Juan, murió a la edad de 33 años. La «Líder Espiritual de la Nación», un título oficial que le otorgó su marido, se había ido. En el fragor del luto de las multitudes ansiosas por ver su cadáver, ocho personas murieron y varios miles resultaron heridas.

Con la economía tambaleándose por el aumento de la inflación, la corrupción y los controles estatistas, Juan Perón fue derrocado en 1955.

El drama peronista no terminó con la muerte de Eva. Mientras esperaba el entierro, su cuerpo desapareció y no volvió a aparecer durante 16 años, después de una larga estancia en una cripta en Milán, Italia. Con la economía tambaleándose por el aumento de la inflación, la corrupción y los controles estatistas, Juan Perón fue derrocado en 1955. La dictadura militar que siguió prohibió la posesión de fotos de los Perón así como cualquier mención pública de sus nombres.

Después de 18 años en el exilio, Juan Perón regresó a Argentina en 1973, fue reelegido como Presidente por tercera vez y murió al año siguiente. Su tercera esposa, Isabel, fue también su vicepresidenta. Ella se convirtió en presidenta a su muerte (y ocupó el cargo durante casi dos años hasta un golpe militar en 1976). Hoy en día, a los 87 años, Isabel sigue viviendo. En 1987, la tumba de Juan fue profanada y en un crimen aún no resuelto, le cortaron las manos con una motosierra. De nuevo, no es broma.

Probablemente estés pensando en este momento que los Perón eran raros tanto en la vida como en la muerte, y estarías en lo cierto.

El peronismo nunca murió completamente en Argentina. El economista Nicolas Cachanosky-un argentino nativo y ahora economista de la Universidad Estatal Metropolitana de Denver, Colorado dice, «la figura de Evita Perón es hoy como un mito religioso: Su uso populista de los pobres permanece oculto detrás de la falsa pero fuerte imagen de un político devoto. Ella jugó un papel importante en la propaganda política que apoyó las ambiciones políticas de Juan y su ideología está incrustada de una manera u otra en casi todos los movimientos políticos de Argentina. Su temprana muerte contribuye a su imagen de mártir en la guerra de clases de los pobres contra los ricos».

El legado de los perones y el peronismo es costoso, por lo que Argentina todavía está pagando el precio. Está en el puesto 144 del Índice de Libertad Económica, a pesar de los esfuerzos de un gobierno reciente por revertir los efectos negativos de muchas políticas peronistas. Tanto daño podría haberse evitado si esta advertencia de F. A. Hayek se hubiera tenido en cuenta cuando escribió El Camino de la Servidumbre en la década de 1940:

Emprender la dirección de la vida económica de las personas con ideales y valores muy divergentes es asumir responsabilidades que comprometen a uno al uso de la fuerza; es asumir una posición en la que las mejores intenciones no pueden impedir que uno sea obligado a actuar de una manera que para algunos de los afectados debe parecer altamente inmoral. Esto es cierto incluso si asumimos que el poder dominante es tan idealista y desinteresado como podamos concebir. ¡Pero qué pequeña es la probabilidad de que sea desinteresado, y qué grandes son las tentaciones!

Debido a Juan y Eva Perón, décadas después de que ocuparan el poder, todavía lloro por Argentina.

Publicado originalmente en FEE en español.

The Indispensability of Freedom [Video of Book Presentation]

It is with great pleasure that we present this volume, which edits most of the papers presented at the 8th International Conference “The Austrian School of Economics in the 21st Century.” The event was held at the Oesterreichische Nationalbank (OeNB) on November 13th and 14th, 2019. It was co-organized by Fundación Internacional Bases, the Austrian Economics Center (AEC), and the Hayek Institut.

Get your copy here: https://www.austriancenter.com/austri…

Georgiana Constantin-Parke has a Ph.D. in Political Science from the University of Bucharest, Romania; she studied European and International Law at the Nicolae Titulescu University in Bucharest and writes for several international online publications. She also teaches online for Liberty University’s Helms School of Government (Virginia, USA).

Adrián Ravier is an economist, specialized in monetary theory, the study of economic cyclesand the history of economic thought. He has a PhD in Applied Economics from Universidad ReyJuan Carlos de Madrid (2009), under the direction of professor Jesús Huerta de Soto. Currently,he teaches at the School of Economics, Law and Agronomy in Universidad Nacional de LaPampa (UNLPAM, Argentina); in the graduate program and the Master in Economics at Universidad Francisco Marroquín and OMMA; in the MBA at the Edinburgh Business School (EBS); in the Master and PhD in Economics at the Swiss Management Center University (SMCU) and for the PhD in Business Administration at Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas (ESEADE).

MODERATOR:

Federico N. Fernández is President of Fundación Internacional Bases (Rosario, Argentina) and a Senior Fellow with the Austrian Economics Center (Vienna, Austria). He is also the president of the Organizing Committee of the International Conference “The Austrian School of Economics in the 21st Century,” which has taken place every two years since 2006 in Rosario (Argentina). He has been actively engaged in work within the Liberty movement for more than a decade.

Apuntes reveladores del filósofo Jean-François Revel – por Alberto Benegas Lynch (h)

Jean-François Revel, filósofo, escritor y periodistaJean-François Revel, filósofo, escritor y periodista

Uno de los mayores placeres de la vida consiste en estrechar lazos con personas de las que se reciben notables alimentos intelectuales en muy diversas direcciones. Y como decía el gran Leonard Read, en buena parte de los casos se trata de personajes que han vivido mucho antes que nosotros y que no hemos conocido personalmente, sin embargo nos sentimos amigos cercanos debido a sus valores y principios rectores. Al fin y al cabo en eso consiste la columna vertebral de la verdadera amistad. En otros casos a ese vínculo se agrega el hecho de haber coexistido con el tan apreciado referente, este es el caso con Jean-François Revel. Muy de vez en cuando surgen aquí y allá personajes de un vuelo intelectual y un coraje moral que todo lo envuelven y que dejan rastros tan profundos en la historia que marcan períodos muy diferentes, en los que inyectan una luz tan penetrante y acogedora que resulta imposible atenuar y mitigar con las mediocridades habituales.

Revel ha sido constituido un muy destacado ejemplo de conducta íntegra, abierto en su mente a la incorporación de nuevas contribuciones, pero incapaz de claudicar en sus principios liberales de respeto irrestricto al prójimo, los cuales incorporó fundamentadamente luego de abandonar el ideario socialista de sus primeras épocas, el cual percibió como empobrecedor e inmoral.

Participé con él en distintos seminarios en diversos rincones del mundo. Disfrutaba de su amena conversación durante sus célebres aperitivos con jerez y jamón crudo y de las largas caminatas en las que siempre nos sorprendía con alguna reflexión aguda y alguna anécdota esclarecedora, las más de las veces rebosante en buen humor. Destacadísimo miembro de la Academia Francesa, columnista de los principales diarios del mundo (durante tres años Director del semanario L´Express), Presidente del Instituto de Historia Social de París y profesor de filosofía en diversas casas de estudio francesas y mexicanas. Siendo Rector de ESEADE lo invité a pronunciar una conferencia en un acto académico de colación de grados. Prologó uno de mis libros lo cual menciono como cierre de este texto periodístico.

Sus obras escritas son muy numerosas y exploran múltiples avenidas que ponen de manifiesto una pluma magistral con un contenido de información notable y una erudición pocas veces igualada. Selecciono en estas líneas unos pocos de sus pensamientos para que el lector le tome el peso a este “ciudadano del mundo”, como decían los estoicos. Es apenas una muestra de la formidable producción de Jean-François Revel pero ilustra su tesón y su capacidad para exponer de modo simple problemas complejos.

No es que coincidamos en todo con lo que escribía este autor, eso no ocurre con nadie. Incluso cuando después de un tiempo leemos algo escrito por nosotros mismos, es frecuente que concluyamos que lo hubiéramos presentado de otra manera. Es que como decía Borges, no hay tal cosa como el texto perfecto y, citándolo a Alfonso Reyes, repetía que “si no publicamos, nos pasaríamos la vida corrigiendo borradores”.

Manos a la obra entonces con las anunciadas muestras en la que por razones de espacio sólo me detendré en la primera de las obras mencionadas. En El renacimiento democrático Revel se pregunta y responde “¿Cómo extrañarse que excepto los liberales todos hayan mantenido que ninguna actividad puede desarrollarse plenamente sin auxilio del Estado, es decir, sin la ampliación de su propio papel?”, esto es así debido a que todos los autoritarismos comparten “el único sentimiento que produce la unanimidad de todos los partidos y en todos los partidos: el odio salvaje que alimentan contra lo que denominan con horror ́individualismo ́. Esa palabra designa para ellos la pesadilla suprema, la sospecha de que en alguna parte subsiste un fragmento del espíritu humano que escaparía a la esfera política, a lo colectivo, a lo comunitario, a lo gregario, al dominio del público”. Y concluye que la perversión de la democracia, la que no respeta el derecho de otros, conduce a que “puedan existir poderes democráticamente elegidos que devoran a la sociedad civil, a la libertad, a la diversidad, a todos lo que es privado”.

Bien hace Revel en subrayar el peligro de una democracia degradada pues la aplicada hoy en nuestro mundo nada tiene que ver con lo estipulado una y otra vez por los Giovanni Sartori contemporáneos que insisten en destacar que la parte medular de la democracia estriba en el respeto a los derechos de la gente y solo el aspecto formal consiste en las mayorías o primeras minorías. En este sentido es que se han sugerido nuevos límites urgentes al poder político al efecto de preservar el corazón de la democracia.

Así se han sugerido prohibiciones a las reelecciones en el Poder Legislativo junto con el desempeño parcial de sus labores para hacer que los legisladores trabajen en ocupaciones fuera del recinto y hasta algunos han sugerido que esas faenas sean ad honorem y así evitar, por una parte, los negociados legislativos y, por otra, la inflación desmedida de las leyes. Se ha sugerido que en el Poder Judicial se abra de par en par las posibilidades de árbitros privados en competencia y así retomar la idea de que el derecho surge como un descubrimiento y no de ingeniería social o diseño. Asimismo se ha sugerido que el Poder Ejecutivo se seleccione por sorteo tal como propuso en general Montesquieu en El espíritu de las leyes donde escribe que “el sufragio por sorteo está en la índole de la democracia” tal como ocurrió en la República de Venecia y en la República de Florencia para algunos cargos ejecutivos.

Esta última sugerencia está en línea con la preocupación de Karl Popper en La sociedad abierta y sus enemigos cuando critica la noción de Platón del “filósofo rey” y subraya que lo relevante no son las personas sino las instituciones “para que el gobierno haga el menor daño posible”. Precisamente, si seguimos las contribuciones clave de autores como Ronald Coase, Harold Demsetz y Douglass North comprendemos el rol fundamenalísimo de los incentivos, en nuestro caso para defender las vidas, las propiedades y las libertades de los gobernados a través de sólidos marcos institucionales.

Hay otras propuestas que proponen el establecimiento constitucional de ratios máximos posibles entre el gasto público y el producto bruto interno. En cualquier caso, si las referidas propuestas no atraen es indispensable elaborar otras pero no es posible limitarse a la espera de próximas elecciones en un clima que se asemeja mucho más a la cleptocracia que a una cacareada e incumplida democracia.

El segundo punto a que se refiere Revel en la antedicha cita es la incomprensión manifiesta sobre el significado del individualismo como si se tratara de un régimen autárquico en lugar de lo que es: el respeto irrestricto a las autonomías individuales en un contexto de máxima cooperación social y libertad, precisamente, en oposición a las cerrazones, las culturas alambradas y las prohibiciones de arreglos contractuales libres y voluntarios tal como recomiendan los estatismos. Lamentablemente vivimos la época del endiosamiento de lo colectivo y el ataque sistemático a lo individual lo cual conduce indefectiblemente a “la tragedia de los comunes” en un terreno donde la falta de respeto a la dignidad del ser humano es permanente a manos de energúmenos que regentean aparatos de fuerza.

Por su parte, en La gran mascarada señala que “si el nazismo y el comunismo han cometido genocidios comparables por su amplitud, por no decir por sus pretextos ideológicos, no es en absoluto debido a una determinada convergencia contra natura o coincidencia fortuita debidas a comportamientos aberrantes sino, por el contrario, por principios idénticos, profundamente arraigados en sus respectivas convicciones y en su funcionamiento”. Asimismo, dice en el mismo libro: “Estoy de acuerdo en que se me exhorte a que abomine cada día mas a los antiguos admiradores de Himmler, a condición de que no sean antiguos admiradores de Beria los que administren esa homilía conminatoria […]. La analogía no es mía: es de Stalin. Fue el que llamaba a Beria ´nuestro Himmler´ y fue en esos términos en los que lo presentó al presidente estadounidense Franklin Roosevelt”.

En sus memorias –Diario de fin de siglo– destaca una cita que toma de Einstein y que aplica a la tozuda repetición de los errores y horrores estatistas: “Los problemas no pueden resolverse con quienes los han creado”, lo cual va como refutación de la monotonía que existe en algunos países en la tediosa y fracasada repetición de sandeces varias.

En El monje y el filósofo, diálogo que mantiene con uno de sus tres hijos (el biólogo molecular y monje budista), afirma que “La idea directriz del Siglo de las Luces y, más tarde, del socialismo “científico” de Marx y Lenin es, en efecto, que la alianza de la felicidad y de la justicia ya no pasaría, en el futuro, por una indagación individual de la sabiduría, sino por una reconstrucción de la sociedad en su conjunto […] Así, la salvación personal se encuentra, desde entonces, subordinada a la salvación colectiva […] esta ilusión es la madre de los grandes totalitarismos que han devastado nuestro siglo XX”.

Con creces Revel ha cumplido con su misión de aclarar y difundir a los cuatro vientos las bases de las sociedad libre por lo que se ubica bien alejado de lo que se lamentaba el poeta y que les cabe a tantos distraídos que pululan por doquier exhibiendo una irresponsabilidad superlativa: “Me acusa el corazón de negligente/por haberme dormido la conciencia/y engañado a mí mismo y a la gente/por sentir la avalancha de inclemencia/y no dar voz de alarma claramente”.

Encontramos tantas personas que confusamente tratan de explicar lo inexplicable y que suelen acompañar sus peroratas con torpes movimientos de las manos -”en ademán natatorio”, como subrayaba Ortega- que deberíamos aprovechar más los valiosos testimonios de intelectuales nobles y de fuste que explican los problemas y ofrecen las soluciones con precisión y fundamentadamente, tal como era el caso del prolífico Revel.

Finalmente una nota autorreferencial que pone de manifiesto la amabilidad de Revel: un párrafo del prólogo que escribió desde París para mi libro Las oligarquías reinantesDiscurso sobre el doble discurso cuya edición original publicó Editorial Atlántida en 1999: “Alberto Benegas Lynch (h) nos obliga a plantearnos los problemas sustentado en una rica documentación, un rigor en el razonamiento y un talento literario que hacen de este libro una obra saludable y una lectura indispensable para todos aquellos de nuestros contemporáneos y nuestros descendientes que deseen comprender nuestra época”.

La alarmante actualidad del siglo XVIII – por Alberto Benegas Lynch (h)

De entrada destacamos un pensamiento de Luis XIV que reinó hasta 1715 y los entramados de un personaje inmediatamente posterior. Lo primero es “el Estado soy yo” (su bisnieto y sucesor en el trono siguió la misma línea con aquello de “después de mí el diluvio”), todo tan caro a los autoritarios de nuestra época en medio de una brutal falsificación de la democracia convertida en cleptocracia y lo segundo trata del escocés John Law quien inauguró sus experimentos de inflación monetaria en Francia, en pleno siglo XVIII.

Muy bien ha dicho Hans Sennholz que “confiarle el manejo del dinero al gobierno es lo mismo que entregarle un canario a un gato hambriento”. Es curioso pero todavía hay quienes seriamente proponen que el aparato estatal administre la moneda “pero bien manejada” sin percatarse que, en definitiva, se está poniendo en manos de los políticos en funciones el patrimonio de la gente que nunca puede interponer una demanda frente al saqueo gubernamental. Y tengamos en cuenta que la denominada independencia de la banca central es del todo irrelevante frente a este problema puesto que quedan en pie las encrucijadas que apunto a continuación.PUBLICIDAD

Esto es así puesto que los banqueros centrales están siempre y en toda circunstancia frente a la decisión inexorable entre tres caminos posibles: expandir, contraer o dejar inalterada la base monetaria y cualquiera de las tres avenidas que se elijan se alteran los precios relativos respecto a lo que hubieran sido de no haber mediado la intervención estatal. Este deterioro en los precios relativos necesariamente malguía la asignación de los escasos factores productivos con lo que disminuyen los salarios e ingresos en términos reales.

Los alquimistas del fine tuning y otras sandeces, son incapaces de imaginar siquiera la posibilidad que la gente ponga de manifiesto sus preferencias respecto a los activos financieros que desea utilizar en sus transacciones. Vuelvo a referirme a los premios Nobel en Economía Friedrich Hayek que escribió el libro titulado La privatización del dinero y Milton Friedman que en Moneda y desarrollo económico consigna que “Llego a la conclusión de que la única manera de abstenerse de emplear la inflación como método impositivo es no tener banco central. Una vez que se crea un banco central, está lista la máquina para que empiece la inflación” y en lo último que escribió en materia monetaria Money Mischief concluye que “la moneda es un asunto demasiado serio como para dejarlo en manos de banqueros centrales”.

Y esto no es una cuestión secundaria de política económica sino que se trata del elemental respeto al derecho al fruto del trabajo ajeno, muy especialmente de la consideración a la integridad moral y material de los más necesitados. Desde Aristóteles en la Ética a Nicómaco se ha destacado la importancia del dinero hasta la prepotencia de los autoritarios que ven en la manipulación monetaria una fuente muy potente para controlar a sus súbditos. El dinero no es un asunto menor: hace al respeto a la propiedad privada tal como lo vieron los Padres Fundadores en Estados Unidos por lo que originalmente se opusieron a la idea de una banca central (recién en lo que se denominó la revolución del año 1913 se instaló, para lo cual se requirió una reforma constitucional).

Desde antiguo los gobiernos vienen falsificando moneda en provecho propio, los relatos de Marco Polo sobre lo que se consideró el insólito descubrimiento que en China había papel moneda eclipsó el hecho de haber sido pioneros en la imprenta. Pero la forma sistemática y metódica de fabricar moneda inconvertible en base a largos razonamientos expuestos en extensos escritos con pretensión académica se sitúa con la aparición en escena de John Law. Un escosés heredero de cuantiosos recursos, jugador empedernido pero estudioso de sistemas bancarios y crediticios, primero propuso una banca central al Parlamento escosés basado en la contrapartida del valor de la tierra lo cual no fue aceptado y, además, finalmente se fugó de la justicia escocesa que lo condenó por haber matado a una persona en un duelo.

Volvió a presentar su proyecto esta vez en el continente europeo al regente -Duque de Orleans, en nombre de Luis XV- después de la muerte de Luis XIV en pleno desorden fiscal y monetario. En esta oportunidad logró su cometido y fundó y dirigió personalmente la Banque Generale en 1716 como un banco central con el monopolio de emitir en Francia que a poco andar se transformó en Banque Royale con la imposición del curso forzoso y, al mismo tiempo, el gobierno le encomendó la dirección de la empresa Mississippi pergeñada por el mismo Law teóricamente respaldada por la tierra estadounidense de Luisiana. Los resultados de las ejecuciones de los referidos proyectos estallaron por los aires en 1720 con la hiperinflación provocada por la banca central y la burbuja financiera del esquema Mississippi, todo muy detallado en la bibliografía que menciono más abajo. Estallido que arrasó con la “soberanía” del papel falsificado en gran escala y comprometió aún más al “soberano”, y, sobre todo, intensificó la liquidación de la única y genuina soberanía cual es la de los gobernados (considerados súbditos de jure por el gobierno de entonces y súbditos de facto por los de nuestros tiempos).

Pero lo interesante para esta nota periodística es resaltar la argumentación y la terminología que empleaba John Law y su correlato con la utilizada hoy por las “autoridades monetarias” y sus apologistas. Subrayaba Law la trascendencia de “cuidar el valor de la moneda” y en esa dirección de estar atentos a “los ratios clave” en un contexto de “absoluta independencia de la banca central y su cuidadoso manejo del sistema de reserva fraccional”. Vale la pena abundar en algunos pasajes de los escritos de Law a los efectos de ilustrar lo dicho.

En su Money and Trade Considered with a Proposal for Supplying the Nation with Money escribe que “se reconocerá que no hay otro medio para mejorar nuestra condición que el aumento de nuestro numerario […] Los objetos dependen del comercio y el comercio depende del numerario y así, para ser potentes y ricos con relación a las otras naciones, deberíamos tener numerario en la misma proporción [de esas naciones y de la producción]”.

En Considérations sur le Comerse et sur l´Argent afirma que “el crédito que promete un pago en moneda metálica no puede extenderse más allá de una cierta proporción que debe observar con esta moneda metálica y de tal moneda sólo tenemos una cantidad tan módica que el crédito al que ella podría servir sería muy poco considerable”.

En Lettres sur le Nouveau Systéme des Monnaies dice que “es como si hubieran substraído una parte de las lanas o sedas que hay en el Reino para convertirlas en signos de transacciones: ¿no sería más fácil que se las devolviera a sus usos naturales y que se aplicaran como signos de transacciones materias que por sí mismas no sirvieran para nada? Aún habría una mayor ventaja en estos signos aplicados a esta clase de materias y es que nadie estaría nunca tentado de desviarlas de su verdadero uso que es el de circular […] ¿Para que emplear la moneda metálica? Cualquier papel hará el mismo servicio y más barato”.

En Mémoires sur les Banques señala que “todas las monedas del Reino pertenecen al Estado, representado en Francia por el Rey y le pertenecen precisamente como las carreteras y grandes caminos, no para encerrarlas en sus dominios, sino, al contrario, para impedir que nadie las encierre en los suyos”. Por último, en Troisiéme Letrre sur le Nouveau Systéme des Finances explica que “el curso forzoso es superior al curso libre”.

Charles Gide en la obra que cito enseguida concluye respecto a los trabajos de Law que “Nunca se ha rechazado con un cinismo más completo el derecho de propiedad de la moneda ni se ha afirmado con menos hipocresía el derecho eminente del Estado sobre los bienes de los súbditos”.

En resumen, como ha escrito Juan Bautista Alberdi en Estudios económicos: “No hay más que una esperanza de que el papel-moneda de Estado, una vez establecido y convertido en hábito, desaparezca, y es la de que arruine y entierre al gobierno que lo ha creado”.

El discípulo más destacado de John Law fue sin duda John Maynard Keynes. Conviene entonces repasar sus ideas clave, quien se encarga de despejar con claridad meridiana su filiación al escribir el prólogo a la edición alemana de su Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, en 1936, en plena época nazi : “La teoría de la producción global que es la meta del presente libro, puede aplicarse mucho más fácilmente a las condiciones de un Estado totalitario que a la producción y distribución de un determinado volumen de bienes obtenido en condiciones de libre concurrencia y de un grado apreciable de laissez-faire”. A confesión de parte, relevo de prueba.

Dadas los renovados entusiasmos por Keynes, conviene volver sobre algunos pensamientos que aparecen en esa obra, quien, entre otras cosas, propugna “la eutanasia del rentista y, por consiguiente, la eutanasia del poder de opresión acumulativo de los capitalistas para explotar el valor de la escasez del capital”. Asimismo, respecto de las barreras aduaneras, proclama en el mismo libro que “el elemento de verdad científica de la doctrina mercantilista” y, en momentos de consumo de capital, aconseja el deterioro de los salarios a través de la inflación manteniendo los niveles nominales para que los destinatarios crean que mantienen sus ingresos: “la solución se encontrará normalmente alterando el patrón monetario o el sistema monetario de forma que se eleve la cantidad de dinero”.

Es verdaderamente curioso pero uno de los mitos más llamativos de nuestra época consiste en que el keynesianismo salvó al capitalismo del derrumbe en los años treinta, cuando fue exactamente lo contrario: debido a esas políticas surgió la crisis y debido a la insistencia en continuar con esas recetas, la crisis se prolongó. La crisis se gestó como consecuencia del desorden monetario al abandonar de facto el patrón oro que imponía disciplina (“la vetusta reliquia”, según Keynes). Eso ocurrió en los Acuerdos de Génova y Bruselas de los años ’20 que establecieron un sistema en el que permitieron dar rienda suelta a la emisión de dólares.

De este modo, Estados Unidos incursionó en una política de expansión (y contracción) errática lo que provocó el boom de los ‘20 con el consiguiente crack del ’29, a lo cual siguió el resto del mundo que en ese entonces tenía como moneda reserva el dólar y, por ende, expandía sus monedas locales contra el aumento de la divisa estadounidense. Tal como lo explican Milton Friedman y Anna Schwartz, Benajamin Anderson, Lionel Robbins, Murray Rothbard, Jim Powell y tantos otros pensadores, Roosevelt, al contrario de lo prometido en su campaña para desalojar a Hoover, y al mejor estilo keynesiano, optó por acentuar la política monetaria irresponsable y el gasto estatal desmedido, a lo que agregó su intento de domesticar a la Corte Suprema con legislación que finalmente creó entidades absurdamente regulatorias de la industria, el comercio y la banca que intensificaron los quebrantos y la fijación de salarios que, en plena debacle, condujo a catorce millones de desempleados que luego fueron en algo disimulados por la guerra y finalmente resueltos cuando Truman eliminó los controles de precios y salarios.

En el capítulo 22 de su obra más conocida, Keynes resume su idea al escribir que “en conclusión, afirmo que el deber de ordenar el volumen actual de inversión no puede dejarse con garantías en manos de los particulares”, lo cual reitera y expande en su Ensayos de persuasión, en especial en el capítulo 2 donde se pone en evidencia su análisis defectuoso sobre el empleo y la productividad como liberadora de recursos para nuevos fines y su asignación allí donde los salarios son fruto de arreglos contractuales libres al efecto de utilizar aquellos factores indispensables para la prestación de servicios y la producción de bienes. Keynes es entonces la versión moderna de John Law pero con una carga aun mayor contraria a la sociedad libre.

Por si interesara indagar en referencias bibliográficas adicionales sobre Law y, especialmente su vinculación con Keynes, puede consultarse de Charles Rist Historia de las doctrinas relativas al crédito y la moneda. Desde John Law hasta la actualidad, de José Antonio Aguirre El poder de emitir dineroDe J. Law a J. M. Keynes, de Elgin Groseclose Money and ManA Survey of Monetary Experience, el ensayo de Charles Mackay “The Mississippi Scheme” y el libro de Martin A. Larson The Federal Reserve and our Manipulated Dollar. Cualquier coincidencia actual con John Law no es casual sino más bien causal.

En resumen, aquellos que están dominados por la monotonía de lo errado siempre terminan aplastados por sus propias recetas, son los personajes que viven enredados en pesadas telarañas mentales incapaces de imaginar algo distinto.

Publicado originalmente en Infobae, 23 de enero de 2021.