El peligro es mantener el rumbo – por Alberto Benegas Lynch (h)

Con este volumen de gasto público, presión tributaria y deuda del aparato estatal interna y externa vamos a chocar nuevamente. Las anécdotas, las explicaciones, las excusas y las buenas intenciones no resultan relevantes, lo difinitorio son los resultados de la gestión.

Las esperanzas han sido grandes en que Cambiemos cambie las cosas pero las frustraciones van creciendo y nos meten en un callejón sin aparente salida: del otro lado Frankenstein en su peor momento y de este el lobo feroz de siempre. Del otro lado un estatismo deliberado y rampante y de éste un estatismo por inoperancia.

Entre otras muchas cosas se encienden luces coloradas al comprobar la creciente colocación de títulos públicos en las carteras de los bancos que éstos adquieren con dineros de los depositantes quienes se ven obligados a financiar erogaciones gubernamentales. Hay que tener muy presentes experiencias nefastas anteriores. A esto se agrega también la colocación de títulos de la misma especie en la agencia encargada de administrar los recursos que pertenecen a los jubilados para, en cambio, financiar gastos estatales.

Hemos repetido que carece por completo de sentido centrar la atención en que el gasto estatal sea eficiente, el tema estriba en la eliminación de funciones ya que si algo es inconveniente si se hace eficiente es mucho peor. De igual manera y por las mismas razones, no se trata de podar gastos puesto que igual que en la jardinería el crecimiento es con mayor vigor. Se ha dicho hasta el cansancio que no es posible que un muy reducido número de personas que trabajan se vea arrastrada por la fuerza a mantener a un grupo mayoritario que no trabaja. Esto en cualquier lugar conduce indefectiblemente a la quiebra. No puede mirarse para otro lado.

¿La Argentina se merece el machacar tercamente en los mismos desaguisados que nos han llevado a crisis recurrentes? La respuesta es indudablemente por la afirmativa. Hagamos un inventario para saber que hace cada uno todos los días para que se lo respete. ¿Acaso puede prosperar una sociedad cuyos miembros en su gran mayoría se dedican exclusivamente a sus negocios personales y descuidan los indispensables estudios y contribuciones  para que se comprendan y acepten los beneficios de vivir en libertad? Los negocios cuando son legítimos son bienvenidos pero este ejercicio no fortalece las defensas, incluso para el propio negocio.

¿Es serio endosar la responsabilidad en los políticos y abdicar de las defensas? ¿Es aceptable solo esperar el día de las elecciones cuando no se ha hecho nada en el intervalo para mejorar las cosas? Es suicida el circunscribirse a criticar mientras se engullen alimentos para, acto seguido, seguir con los arbitrajes sin ver el peligro de abandonar el esfuerzo cotidiano. Los Padres Fundadores estadounidenses han enseñado a los Alberdi y seguidores de estas latitudes que “el costo de la libertad es su eterna vigilancia”. Suenan las alarmas cada vez que desde el gobierno se insiste en que debe mantenerse el rumbo actual.

Publicado originalmente en la edición impresa de El Cronista, viernes 4 de diciembre de 2019.

Lo que habría que debatir en este 2019 electoral – Por Roberto Cachanosky

Tomado de Economía para Todos.

De acuerdo a los datos que periódicamente informa la Secretaría de Trabajo, entre noviembre de 2015, último mes completo de gobierno kirchnerista, y octubre de 2018, última información disponible, el empleo en blanco en relación de dependencia en el sector privado cayó el 1,3%, en tanto que el empleo público aumentó el 1,9%. Cabe aclarar que cuando hablamos de empleo público estamos incluyendo los tres niveles de gobierno: nación, provincias y municipios, de manera que no necesariamente el estado nacional es el que aumentó el empleo público, pudieron ser las provincias o los municipios. Lamentablemente, la información desagregada de empleo público que publica la Secretaría de Trabajo no es mensual, de manera que no podemos saber con exactitud, hasta el próximo informe de empleo público, qué niveles de gobierno aumentaron el empleo. Lo que sí podemos afirmar es que, como primera observación, el sector público en su conjunto nunca se ajustó, en tanto que el sector privado sufre el impacto del no ajuste del sector público.

Antes de continuar, es importante resaltar que durante la era kirchnerista se hizo el gran destrozo económico, incluyendo una explosión del empleo público. De acuerdo a las estimaciones que en su momento hicimos un grupo de 8 economistas, el empleo público durante la era k aumentó el 77%, pasando de 2.386.400 empleados estatales en 2003 a 4.232.030 en 2015. En los tres niveles de gobierno el empleo estatal aumentó en 1.845.630 empleados.

Desagregado por niveles de gobierno, el empleo estatal evolucionó de la siguiente manera: a) nación pasó de 241.400 empleados en 2003 a 389.830 empleados en 2015 con un incremento del 61%, b) las provincias tenían 1.766.600 empleados en 2003 y treparon a 3.045.900 empleados en 2015 con una suba del 72% y c) los municipios pasaron de 379.000 empleados en 2003 a 796.300 en 2015, con un incremento del 110%. Si tomamos por porcentajes, claramente fueron los municipios los que más empleo inventaron, pero en términos absolutos el número más grueso está en el empleo ficticio de las provincias.

Si miramos los 17 puntos del gasto público consolidado que creció entre 2002 y 2015, 5,5 puntos porcentuales se explican por incremento en los gastos de salarios estatales, siendo el más fuerte en las provincias con 3,8 puntos del PBI adicionales de gastos en salarios del empleo público, los subsidios a las familias subieron 3,9 puntos del PBI entre 2002 y 2015 (puro asistencialismo), 4,3 puntos corresponden a los subsidios económicos y 3,4 puntos a las jubilaciones y pensiones. En esos cuatro rubros está el corazón del problema económico heredado del gasto público consolidado.

Cambiemos solo corrigió en gran medida el rubro gastos en subsidios económicos pero no tocó los otros y, encima, lo que se ahorró en la baja del gasto en subsidios por el aumento de las tarifas de los servicios públicos, algo que correspondía hacer, lo aumentó en los intereses de la deuda pública que hay que pagar por el mayor stock de deuda para financiar el gradualismo. Mi estimación es que los intereses de la deuda pública representan unos 5,5 puntos del PBI, de manera que para poder frenar el aumento del endeudamiento, el gobierno debería generar un superávit fiscal primario de 5,5 puntos del PBI, caso contrario habrá que tomar más deuda para pagar los intereses, armándose una bola de nieve imparable. Dicho de otra manera, el gradualismo fue tan gradual, casi inmovilismo, que ya no alcanza con tener cero déficit fiscal primario, ahora hay que generar superávit fiscal primario para no empeorar las cosas, en particular con el riesgo país superando los 800 puntos básicos.

Viendo el problema económico que tenemos y la larga decadencia económica, dudo que en este electoral 2019 se vaya a hablar en la campaña del problema de fondo que nos tiene sumergidos. Sabemos que hay sin corregir el problema fiscal por el lado del gasto no hay solución posible. Una crisis detrás de otra se irá produciendo como ocurre desde hace décadas, cuando se acaba el financiamiento del gasto público.

Ahora bien, si uno observa los cuatro rubros del gasto que se incrementaron entre 2002 y 2015, es bastante claro que, además de bajar el gasto en subsidios económicos, hay que reducirlos en subsidios “sociales” e incluso en las jubilaciones en la parte de los 3,5 millones que se jubilaron sin haber aportado gracias al populismo del kirchnerismo.

Pero claro, plantear que hay que rever los planes sociales, el empleo público en los tres niveles y en el sistema previsional, sistema de reparto que es absolutamente inviable, es ser un hereje. Nadie quiere hablar de eso porque electoralmente el populismo parece ser más vendibles que la racionalidad económica.

Y aquí viene el punto central al que quiero llegar. El problema económico argentino es el emergente de los valores que imperan en la sociedad. Esos valores le dan forma a las instituciones que nos rigen, entendiendo por instituciones las normas, leyes, códigos, costumbres que regulan las relaciones entre cada uno de los miembros del sector privado y del sector privado con el estado. La sola composición del gasto público, donde más del 65% se destina a los llamados programas sociales, demuestra que es una sociedad basada en la cultura de la dádiva en vez de la cultura del trabajo. Vivir del trabajo ajeno es la regla que parece imperar mayormente en la Argentina. Esa regla obliga a tener un estado que debe cumplir la función de estado saqueador confiscando con impuestos, prohibiendo, regulando y haciendo todo lo posible por apropiarse del fruto del trabajo ajeno para repartirlo en los programas “sociales”. Una sociedad en la que impera el saqueo del estado en nombre de la solidaridad social es una sociedad condenada a destruir riqueza e inhibir la capacidad de innovación de las personas.

De lo anterior se desprende que nuestro problema económico es un problema que emerge de los valores que imperan en la sociedad y que la dirigencia política, en su inmensa mayoría, se niega a debatir porque no es electoralmente rentable. Al menos por ahora.

De manera que en este año electoral, seguramente vamos a ver otra competencia populista para ver quien ofrece ser el más saqueador del trabajo ajeno para repartir entre los más vulnerables. Son tan perversos los valores que imperan en la sociedad, que la mayoría de la dirigencia política está mandando el mensaje que un sector es pobre porque otro es rico. Este mensaje genera enfrentamiento social en vez de cooperación voluntaria para crear riqueza. Es una sociedad que vive en el resentimiento. Con esos valores es imposible cambiar las instituciones (normas, leyes, códigos, costumbres) y por lo tanto no hay la más mínima posibilidad de generar inversiones.

Si la lluvia de inversiones no se produjo en estos tres años, fue, justamente, porque nadie invierte en un país donde confiscar el trabajo ajeno es parte de las políticas públicas. Y eso no se debatió en estos tres años. El cambio empezaba por transmitir otros valores. Lamentablemente eso no ocurrió y vimos a Carolina Stanley decir que los planes sociales son un derecho de los que lo reciben. Es decir, sin aclarar quién tiene la obligación de mantener a otro, se le ocurrió crear un derecho inexistente. Echó más leña al fuego de la cultura de la dádiva.

Lo mío puede ser catalogado de utópico. Ganar una elección hablando de la cultura del trabajo. A ese argumento contesto: es absolutamente utópico pensar que vamos a poder volver a crecer si no empezamos a cambiar los valores que imperan desde hace décadas en la sociedad argentina, valores que son los que, en definitiva, llevan a nuestra decadencia económica.

La recuperación de la economía argentina se va a dar cuando empecemos a darnos cuenta que no es debatiendo cuántos puntos del PBI fue el déficit fiscal, sino los valores que llevaron a tener ese déficit.

Las claves para encarrilar la economía en el primer semestre de 2019

Según determinó el “Informe de coyuntura económica Argentina”, elaborado por el economista Adrián Ravier, la Argentina muestra un escenario recesivo del -2,5% en 2018 respecto de 2017 y una fuerte suba en la tasa de inflación estimada para 2018, cerca del 47%. Para el caso de que el Banco Central cumpla la meta de mantener constante la base monetaria hasta junio de 2019, puede llegar a tener éxito en su intención de reducir fuertemente el nivel de inflación. Sin embargo, tendrá como contrapartida la profundización de la recesión. El enfoque de la nueva política monetaria está puesto en los agregados monetarios (cantidad de dinero circulando) en lugar de las tasas de interés según la consideración del economista, y afirma que es lo más eficaz para bajar la inflación.

Este pronóstico se ve reforzado por los análisis aportados por la consultora Robinson y Asociados que estiman que, aunque la inflación de la Argentina representa una de las más altas de la región, durante 2019 se producirá una cierta desaceleración y junto con ella la recuperación del poder de compra en relación a 2018. A pesar de que el Banco Central está concretando su programa de desarticulación de Lebac, Ravier -a su vez- afirmó que “fueron, desde sus inicios, inflación futura”. Según el experto, el gobierno eligió seguir monetizando y esterilizando vía Lebac en lugar de definir metas en los agregados monetarios para desacelerar la expansión de la base monetaria y con ello reducir la inflación.

Seguir leyendo en La Gaceta, martes 2 de enero de 2019.

ESTADÍSTICAS DEL BLOG 2018

Agradecemos a nuestros lectores el acompañamiento que tuvimos en este 2018 que cierra, y esperamos que nos acompañen en este 2019 que comienza.

El blog sigue creciendo en visitas, y en 2018 en especial hemos tenido un salto cuantitativo significativo. De 2017 a 2018 hemos tenido un salto del 31 %, totalizando 413.590 visitas.

2011 – 52.554

2012 – 157.751

2013 – 234.368

2014 – 251.685

2015 – 248.489

2016 – 253.245

2017 – 315.458

2018 – 413.590 visitas

El origen de nuestros lectores traspasa todo el mundo hispano. Argentina encabeza con más de 170.000 visitas, y luego acompañan Estados Unidos, México, Colombia, España y Perú, entre 20 y 45 mil visitas cada uno. Ecuador, Chile, Guatemala y Venezuela le siguen.

Las 12 notas más leídas desde 2011 son las siguientes:

La economía política del peronismo (1946-1955)

Problemas ambientales en América Latina

Reseña: ¿Por qué fracasan los países? Daros Acemoglu y James A. Robinson

El principal aporte de David Ricardo: la ley de ventajas comparativas, ¿o no es de Ricardo?

Ley de Say

¿Qué es la regla de Taylor?

¿Qué tan liberal fue Argentina en los 90?

Axel Kicillof, mi profesor.

Una reseña crítica de Las Venas Abiertas de América Latina, de Eduardo Galeano.

Teoría del Derrame y Pobreza

Entendiendo la economía argentina

Aristóteles en defensa de la propiedad privada

DONALD TRUMP Y LAS CORRIENTES MIGRATORIAS – Por Alberto Benegas Lynch (h)

Antes de entrar en materia es menester aludir a uno de los tantos comentarios sobre la ineptitud moral del actual presidente de los Estados Unidos para ocupar ese cargo. Como es de público conocimiento, son muchos las destacadas personalidades que concluyen lo dicho, desde encumbrados empresarios que por ese motivo han renunciado al consejo asesor empresario, a historiadores de renombre inclusive su propio biógrafo, a senadores de su propio partido, a periodistas de muy diversos medios orales y escritos. Se han referido a sus modales del todo impropios para la presidencia, a sus berrinches con la prensa al pretender echar de la Casa Blanca a críticos como si el inmueble le perteneciera, sus exabruptos respecto a jueces que emiten fallos en su contra, sus ofensas y “guerras comerciales” con gobernantes de países tradicionalmente aliados de Estados Unidos, su xenofobia, sus maltratos y reemplazos intempestivos con funcionarios varios incluyendo al director del FBI, al Secretario de Seguridad, dos de sus voceros y a su Jefe de Gabinete a lo que ahora se agrega el despido del Secretario de Interior, su abogado de mayor cercanía termina en la cárcel por mentir y concluye que “Trump no merece confianza” (el Presidente ahora lo llama “rata”, a lo cual el ex procurador federal y colaborador de Fox News Andrew McCarthy le recuerda que esa palabra es usada por la mafia para aludir a quienes confiesan la verdad a las autoridades). Mientras, está en marcha el proceso del Russiagate y también los alarmantes incrementos del gasto y la deuda pública que más que compensan la reducción de ciertos impuestos y determinadas regulaciones.

Cabe agregar a lo consignado que aquellos que apoyan al inquilino de la Casa Blanca por el mero hecho de haber reducido impuestos sin importarles los avasallamientos a la división de poderes y las antedichas extralimitaciones, me recuerdan a los indios sudamericanos en la época de la conquista española que por la entrega de espejitos de colores y otras chucherías se dejaban engañar vendiendo su libertad para someterse a instituciones esclavistas como la mita y el yanaconazgo.

En todo caso mencionamos  aquí el caso de Rex Tillerson, el primer Secretario de Estado designado por actual mandatario (que más bien actúa como mandante), quien ha llevado a cabo una carrera descollante  en el mundo de los negocios. Es ingeniero civil y antes de asumir esa cartera se desempeñaba como presidente del directorio y CEO de ExxonMobil, como es sabido la sexta empresa con mayor facturación del mundo. Pues bien, Tillerson luego de dejar ese cargo (tercero en la línea sucesoria a la presidencia de Estados Unidos) al ser malamente despedido por Twitter e insultado por Trump, ha sostenido desde prestigiosas tribunas universitarias, militares y empresarias que Trump le ha insistido “en reiteradas oportunidades encarar actividades claramente ilegales”, que “no respeta los límites de su cargo”, que “permanentemente hace afirmaciones que no se condicen con los hechos” y que “no comprende las ventajas del comercio libre”.

Es sabido que  Estados Unidos viene sufriendo una marcada decadencia respecto a los valores y principios establecidos por los Padres Fundadores. Como he señalado en detalle en mi libro Estados Unidos contra Estados Unidos, primero Woodrow Wilson, luego F. D. Roosevelt y finalmente Bush segundo contribuyeron al despeñadero, pero todos respetaban las formas lo cual no  hace Trump.

También es sabido que el partido Demócrata se ha radicalizado con los Bernie Sanders, Beto O´Rourke y la propia Clinton pero eso no justifica apañar los desatinos de Trump, aunque debe precisarse que hay algunas manifestaciones de saludable reacción en el Partido Republicano al efecto de retornar a las tradiciones estadounidenses de respeto recíproco como, por ejemplo, es el caso del senador Jeff Flake quien categóricamente reniega del actual presidente.

Después de esta introducción telegráfica pasemos ahora a considerar el tema de las inmigraciones tan vilipendiadas y atacadas por Donald Trump y desafortunadamente copiadas por muchas de las oposiciones y de los oficialismos en varios de los actuales países europeos, en todos los casos imbuidos por nacionalismos y consecuentes xenofobias de distinto tenor.

Lo primero es decir que salvo los que permanecieron en África, todos los habitantes del planeta son inmigrantes incluso los mal llamados “pueblos originarios” que en verdad son inmigrantes originarios ya que sus ancestros se mudaron al continente a través del Estrecho de Bering cuando el nivel del océano era distinto al actual. Todos los seres humanos provenimos de África.

En segundo término es del caso recordar que la única razón para la subdivisión del globo terráqueo en naciones o países estriba en el peligro de concentración de poder que significa un gobierno universal. A su vez la descentralización interior en provincias y municipios mitiga el referido peligro. Es cierto que el mundo está hoy infectado de nacionalismos pero hay que prestar atención a los contrafácticos: imaginemos el abuso de poder con cualquiera de los gobernantes actuales al frente de una administración universal. Subrayamos el fundamento de la subdivisión del globo para resaltar que las fronteras no son asunto serio ni para consagrar barreras alambradas. El movimiento libre de personas y bienes es demostración de civilización, es decir, el entender las ventajas de dichos intercambios. No voy a volver sobre esas grandes ventajas pues ya he escrito mucho sobre esos asuntos en otras columnas, ensayos y libros, solo aquí subrayo lo atractivo de culturas abiertas (una redundancia puesto que culturas cerradas es una contradicción en los términos), lo cual implica un proceso infinito y renovado de donaciones y entregas en el que tiene lugar un proceso de selección y reselección de vestimentas, comidas, arquitecturas, músicas, lecturas y demás manifestaciones que enriquecen a las partes.

Tampoco voy a repetir aquí los argumentos que refutan la sandez de que los inmigrantes restan trabajo a los locales (independientemente de los casos en los que aceptan faenas que los nativos rechazan) puesto que toda expresión de labores que se ofrecen por menores salarios de los promedio equivale a incrementos en la productividad lo cual aumenta las tasas de capitalización que a su vez permiten mayores salarios e ingresos en términos reales. La línea argumental no difiere de la incorporación de bienes más baratos y de mejor calidad en contraposición al disparate que pretende defender la industria nacional, sobre lo cual también he escrito en reiteradas ocasiones. En un mercado laboral abierto no hay tal cosa como sobrante de trabajo (desempleo) puesto que no sobra aquél factor indispensable para prestar servicios y producir bienes.

Cuando aparece la robotización y demás factores tecnológicos se liberan recursos humanos y materiales para hacer otras cosas y satisfacer nuevos requerimientos ya que los recursos son limitados y las necesidades ilimitadas. Por su parte, los empresarios están interesados en capacitar al efecto de sacar partida de los nuevos arbitrajes. Por otro lado, si no hubieran nuevas necesidades que atender estaríamos en Jauja, situación irreal pero que sería una bendición. En una sociedad abierta el único rechazo y consiguiente condena es al que lesiona derechos de terceros, sea el responsable nativo o extranjero. Es curiosa la hipocresía que rodea estos asuntos, como cuando en misa católica se canta a voz en cuello “toma mi mano hermano” pero cuando irrumpen nacionalismos los inmigrantes pasan a ser enemigos y comienzan a utilizarse barrabasadas como la idea de “la raza” y “la sangre” sin percatarse, por una parte, que las características físicas exteriores son consecuencia del clima, por eso entre otras cosas los sicarios nazis tatuaban y rapaban a sus víctimas para distinguirlas de sus victimarios. Por otro lado, hay solo cuatro grupos sanguíneos que están distribuidos entre todas las poblaciones.

Hay un asunto que conviene puntualizar en este contexto y es la airada protesta debido al empeoramiento de las condiciones fiscales de un país cuando los inmigrantes se cuelgan de los sistemas de salud y educación mal denominados gratuitos (mal denominados porque nada es gratis, siempre algún vecino se ve obligado a entregar parte del fruto de su trabajo ya que ningún gobernante contribuye de su peculio). Esto así está mal planteado. Se equivoca de blanco. El problema no son los inmigrantes sino el también mal llamado “Estado Benefactor”, en este caso debido a que la única beneficencia propiamente dicha es la realizada con recursos propios y de modo voluntario. Si se arrancan billeteras y carteras para compulsivamente entregar recursos a otros, no hay beneficencia sino que se ha producido una exacción. En todo caso,  dado que no resulta posible adoptar de modo simultáneo todas las políticas liberales que se requieren, se ha sugerido para que no se usen a los inmigrantes como pretexto que se les prohíba la utilización de esos “servicios gratuitos” y que no se les exija aportes de ninguna naturaleza para financiarlos compulsivamente, lo cual los convierte en personas libres tal como les gustaría a muchos que se ven forzados a aportar en direcciones que no prefieren.

Viene ahora una cuestión de especial interés en materia migratoria y es la referida a los musulmanes. En este sentido resumo parcialmente lo que he escrito antes donde incluyo referencia al último libro de José Levy – doctor en filosofía, corresponsal de CNN en Medio Oriente- en el que muestra que el tema no es de esa religión que igual que las otras dos monoteístas pretende la paz por lo que con razón dice el autor que resulta “equívoco” el nombre de “Estado Islámico” puesto que “es erróneo reconocer cualquier fenómeno protagonizado por musulmanes como representativo de toda su religión”.

Bien consigna el autor que “La religión musulmana, la cual en determinados siglos fue modelo de tolerancia hacia los otros credos, ya fuera durante la España musulmana o durante el Imperio Otomano, es ahora empleada de manera viciosa por extremistas que intentan transformarla en rehén de sus perversiones y valerse de ella como excusa para las actuaciones más siniestras” puesto que para “muchos musulmanes el Yihad es una guerra santa pero no de conquistas territoriales y muerte, sino interna, de esfuerzo y deseo de superarse espiritualmente”. Los terroristas entonces son criminales a secas, el mezclar religiones solo logra una llamarada de fanatismos incontenibles. Guy Sorman y Gary Becker sostienen que el Corán es el libro de los hombres de negocios debido al respeto a los contratos y la propiedad. Recordemos que en el 5:31 del Corán se subraya que el que mata a un hombre ha matado a la humanidad.

El fanatismo criminal en nombre de la religión no es patrimonio de los musulmanes, la única diferencia que los cristianos con la brutalidad de la Inquisición, las “guerras santas” en la conquista de América, las Cruzadas y el tratamiento indecente de judíos es que los cristianos se referían a “los herejes”, mientras que los que se escudan en el Islam llevan a cabo sus espantosas fechorías contra “los infieles”. Los judíos también han hecho lo suyo en su momento si recordamos, por ejemplo, el martirio de San Esteban.

Debemos tener en cuenta que la población mundial musulmana es de mil quinientos millones de habitantes y como ha repetido Salman Rushdie solo los gobiernos que comandan regimenes totalitarios pretenden secuestrar a sus habitantes de las normas de convivencia civilizada. El sheij de la comunidad islámica argentina Abdelkader Ismael- licenciado en teología y licenciado en ciencias políticas- en declaraciones recogidas por diversos medios, sostuvo  que naturalmente cuando los terroristas de ETA o IRA atacan se los identifica como criminales pero no por las religiones que profesan sus integrantes, sin embargo, esto no ocurre con los musulmanes: “al criminal hay que llamarlo por su nombre y apellido y no por la religión a la que cree responder” puesto que “un musulmán verdadero jamás alienta a sus hijos a celebrar la muerte de otro ser humano”, pero de tanto repetir estereotipos se los terminan creyendo ya que “si siempre escucho tango, puedo creer que no existe otra música”.  Es tiempo de no caer en la macabra trampa tendida por quienes usan las religiones para escudarse en sus actos criminales porque saben que con ello desatan pasiones irrefrenables.  

Es de desear que quienes somos testigos del abuso e interpretación retorcida de religiones propiamente dichas no miremos para otro lado cuando no toca nuestras creencias porque con esta conducta del avestruz no solo se cometen injusticias muy  graves sino que así perderemos nuestro derecho a quejarnos cuando toque el turno de atacar nuestros valores y creencias. La islamofobia, la judeofobia, la fobia al cristianismo, al budismo, los rechazos a deístas, agnósticos y ateos y demás manifestaciones de intolerancia solo prometen dolor y sangre.   En resumen, las corrientes migratorias deben respetarse y comprender sus beneficios. En la medida en que se asignen derechos de propiedad queda más claro quien contrata a quien, sin que en ningún caso se estimule la vagancia y la pretensión de tomar la vía pública como alojamiento.