El sueño de la Sociedad Mont Pèlerin – Por Robert Higgs

[The Independent Review, Primavera de 1997]

Inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, el liberalismo clásico estaba en su peor momento. Europa estaba en ruinas, una mitad aherrojada bajo la dominación soviética, la otra ahogándose en el dirigismo. En Gran Bretaña, el gobierno laborista se hizo con el poder, nacionalizando industrias básicas y creando un completo estado de bienestar. En Francia e Italia, los comunistas y sus aliados políticos amenazaban con hacerse con el poder. En Escandinavia y los Países Bajos, florecían los estados del bienestar mientras se marchitaban los mercados libres. España y Portugal soportaban dictaduras fascistas.

Alemania languidecía bajo la ocupación aliada, con controles que ahogaban la recuperación de su economía y la población luchando por evitar el hambre. En Estados Unidos, la mayoría de la gente había perdido su vieja fe en el libre mercado y abrazado la nueva fe en la capacidad del gobierno de resolver los problemas económicos y garantizar una seguridad social. En todos los lugares de occidente tanto las masas como las élites, especialmente los intelectuales, se embarcaban inesperadamente en lo que Friedrich A. Hayek acababa de calificar como “el camino de servidumbre”.

Viendo el abismo que tenía delante, Hayek decidió crear una sociedad dedicada a persuadir a los intelectuales, y por tanto a las masas y sus líderes políticos, de que cambiaran el rumbo. Esta sociedad aunaría para conocimiento y ánimo a las principales figuras del liberalismo clásico. Incluiría a ingleses como Lionel Robbins, John Jewkes, y Michael Polanyi; emigrados austriacos como Ludwig von Mises, Fritz Machlup, Karl Popper y por supuesto el propio Hayek; estadounidenses como Henry Hazlitt, Frank Knight, Milton Friedman, Aaron Director y George Stigler; alemanes como Wilhelm Röpke y Walter Eucken; franceses como Maurice Allais y Bertrand de Jouvenel y otros europeos occidentales.

En abril de 1947, los hombres anteriormente mencionados y otros (39 personas en total, de 17 países) se reunieron en Suiza y crearon la Sociedad Mont Pèlerin. Adoptaron una declaración de objetivos que describía brevemente su opinión de la crisis reinante:

En grandes áreas de la superficie de la tierra ya han desaparecido las condiciones esenciales de la dignidad y libertad humanas. En otras están bajo una constante amenaza por el desarrollo de las actuales tendencias políticas. La posición del individuo y el grupo voluntario se ven socavadas progresivamente por extensiones del poder arbitrario.

La declaración confesaba que “lo que es esencialmente un movimiento ideológico debe afrontarse con argumentos intelectuales y una reafirmación de ideas válidas” e identificaba seis amplias áreas en las que merecería la pena más estudio y debate para combatir las tendencias intelectuales que prevalecían. La declaración concluía:

El grupo aspira a realizar propaganda. No busca establecer una ortodoxia meticulosa y obstaculizadora. No se alinea con ningún partido concreto. Su objetivo es solamente, al facilitar el intercambio de opiniones entre mentes inspiradas por ciertos ideales y concepciones generales sostenidas en común, contribuir a la preservación y mejora de la sociedad libre.

Cincuenta años después parece que, a pesar de desacuerdos individuales y rivalidades, choques de personalidades y dificultades administrativas, la sociedad ha prosperado y se mantiene firme en seguir su declaración inicial de principios. Ha servido esencialmente como un club internacional en cuyas reuniones los principales liberales clásicos pueden intercambiar y debatir ideas en la comodidad de un entorno solidario.

Desde su reunión de fundación en 1947, la sociedad ha tenido 30 reuniones plenarias y más de 20 reuniones regionales, la mayoría en Europa, pero algunas en Estados Unidos y otras tan lejos como en Hong Kong, Tokyo, Caracas, Sydney y Rio de Janeiro. De los 37 participantes originales, los miembros han crecido hasta más de 500, principalmente europeos y estadounidenses, pero incluyendo ahora también a muchos asiáticos y latinoamericanos. Para incorporarse, los nuevos miembros han de ser elegidos por la sociedad y el ser miembro se ha convertido en una insignia de honor entre los liberales clásicos.

De 1948 a 1960, Hayek ejerció como presidente. Los siguientes presidentes tuvieron periodos más cortos en el cargo; a finales de la década de 1960, estar dos años en el cargo se había convertido en regla. Los presidentes han incluido a luminarias como Röpke, Jewkes, Friedman, Stigler, James Buchanan, Gary Becker, Max Hartwell y Pascal Salin. La mayoría de los miembros han sido profesores universitarios, abrumadoramente economistas, incluyendo a siete receptores del Premio Nobel de Economía, pero también se han incluido periodistas, empresarios, juristas, funcionarios y otros. Los hombres de negocios que han pertenecido a éste incluyen a Luigi Einaudi, presidente de Italia, Ludwig Erhard, canciller de Alemania Occidental y Vaclav Klaus, primer ministro de la República Checa.

¿Tuvo éxito la sociedad Mont Pèlerin en atajar la marea de estatismo en occidente? Indudablemente la posición intelectual de las ideas liberales clásicas ha mejorado, especialmente durante los últimos 20 años. El socialismo, la bête noire de Hayek, ha sido más o menos desacreditado, excepto en los enclaves alojados en la universidad. Los políticos occidentales hablan hoy abiertamente de privatizaciones y desregulaciones y de vez en cuando actúan consecuentemente. En el momento más oscuro del liberalismo clásico, la sociedad Mont Pèlerin buscaba, en apropiada metáfora militar de Max Hartwell, “salvar la bandera” y “renovar el ataque”.

Su influencia fue probablemente más significativa en la época oscura que va de su fundación a mediados de la década de 1970, cuando las ideas liberales clásicas empezaron a verse sofocadas por la dominación del colectivismo entre los intelectuales occidentales. Hartwell, miembro veterano de la sociedad, presidente de la misma de 1992 a 1994 y más recientemente su historiador, concluye que “la Sociedad fue importante para cambiar la agenda política, primero, sosteniendo ideas liberales cuando eran ignorada e impopulares, y segundo, circulándolas y aumentando su influencia”. El si los miembros de la sociedad habrían sido igualmente eficaces en ausencia de éste es algo imposible de decir, pero sin duda la sociedad les ayudó aplacar la desesperación y mantener su espíritu combativo cuando todo parecía estar contra su causa.

La información aquí ofrecida, así como muchos detalles de la fundación, actividades y miembros de la sociedad, pueden encontrarse en la History of the Mont Pèlerin Society (Indianapolis: Liberty Fund, 1995), de R.M. Hartwell, un relato juicioso y bien escrito de 250 páginas. (Los pasajes antes citados aparecen en las pp. 41-42, 203 y 215-216). A los lectores a quienes no les importe conocer todos los entresijos de la administración de la sociedad (parte 2), encontrarán que las partes 1 y 3 contienen excelentes análisis de los acontecimientos políticos y económicos que llevaron a la formación de la sociedad y de la relación entre la sociedad y el curso de los acontecimientos durante el pasado medio siglo. Dieciséis páginas de fotografías y un excelente índice complementan el libro.


Publicado el 31 de mayo de 2011. Traducido del inglés por Mariano Bas Uribe. El artículo original se encuentra aquí.

Disminuye la matrícula pero aumenta el plantel docente [Informe IDESA]

Como todos los años, el inicio del ciclo lectivo aparece condicionado por la amenaza de paros docentes. Si bien la situación es diversa según la provincia, es altamente probable que para la mayoría de los alumnos el comienzo de las clases no sea dentro de las fechas previstas. En el caso de la provincia de Buenos Aires, el distrito que por su tamaño tiene incidencia en el resto del país, la oferta del gobierno se integra por una recomposición salarial en línea con la meta de inflación del año 2018 más un adicional por presentismo.

El presentismo es una herramienta rudimentaria y polémica. Se justifica cuando hay un uso abusivo de licencias por enfermedad debido a la permisividad de las normas y de los sistemas de control. Pero si las tasas de ausentismo docente fueran similares al resto de los trabajadores el pago por cumplir con la obligación de ir a trabajar no es necesario.

Resulta muy sugerente que ninguna provincia publique información sobre presentismo en educación. De todas formas, con datos del Ministerio de Educación de la Nación se puede hacer una aproximación. Según esta fuente, tomando a todas las escuelas primarias del Estado del país entre el 2004 y el 2015 se observa que:

  • La cantidad de alumnos matriculados bajó desde 3,66 a 3,31 millones de niños, es decir, hay 350 mil niños matriculados menos.
  • La cantidad de cargos docentes frente a alumnos subió desde 244 mil a 285 mil cargos, es decir, hay 41 mil cargos docentes más.
  •  Esto significa que la cantidad de alumnos por cargo docente bajó de 15,0 a 11,6.

Estos datos muestran que las escuelas primarias del Estado tienen cada vez más docentes y menos alumnos. La reducción de la matrícula en las escuelas estatales no es fruto de la deserción escolar (que en primaria es baja), sino de la fuga de los padres hacia las escuelas privadas. Prueba de ello es que en el mismo período la matricula en escuelas privadas subió de 982 mil a 1,24 millones de niños. Estas tendencias sugieren que el ausentismo en las escuelas del Estado es alto y que esto es percibido por las familias que optan por migrar hacia las escuelas privadas. En tanto, se siguen creando cargos en el Estado hasta llegar a la irracionalidad de crearse un nuevo cargo docente por cada 8 niños que dejan las escuelas estatales.

Que las provincias no publiquen información confiable y sistemática sobre el ausentismo demuestra hasta qué punto prevalecen en el sistema educativo los intereses sectoriales por sobre el interés general. En este contexto, incorporar dentro de la estructura de remuneraciones un premio por presentismo va en el sentido de comenzar a priorizar los alumnos. Se trata de un paso modesto pero importante, frente al desafío de reducir el derroche de recursos midiendo el desempeño de los docentes. Así se podrá reconocer y premiar a los educadores que buscan su superación profesional y el desarrollo de sus alumnos y penalizar a los que no demuestran esfuerzo ni compromiso y se especializan en usufructuar los vericuetos legales que ofrecen los estatutos docentes y las debilidades de los sistemas de control para ausentarse.

Para mejorar los servicios al ciudadano no hacen falta más recursos sino mejorar la gestión, especialmente, la de los recursos humanos del Estado. Lamentablemente, el problema se extiende a otros servicios de alta importancia, como por ejemplo la salud pública. Argentina invierte casi 7% del PBI en educación estatal y otros 7% del PBI en salud pública, sin embargo, en la medida que los presupuestos familiares lo permiten, los ciudadanos buscan –muchas veces en vano– en el sector privado lo que no encuentran en el Estado duplicando esfuerzos para financiar un colegio o una empresa de salud privada.

Para bajar la muy elevada presión impositiva sin profundizar el deterioro en la calidad de los servicios del Estado es fundamental inducir un mayor compromiso de los empleados públicos. El pago por presentismo es una herramienta rudimentaria pero pertinente para empezar a avanzar hacia un Estado más sensible con el interés general y menos permeable a las presiones corporativas.

Acceda aquí al informe completo.