What is Mainline Economics?
Leonidas Zelmanovitz – A model for a Representational Theory of Capital
Leonidas Zelmanovitz presenta su comunicación dentro del panel de Teoría económica y monetaria en el XI Congreso de Economía Austriaca, que tuvo lugar en las instalaciones de UFM Madrid los días 26 y 27 de septiembre de 2018.
El Congreso es una cita anual de referencia donde estudiantes, profesionales y profesores debaten sobre las más recientes aportaciones académicas en los ámbitos de la economía, la política, la sociología, la filosofía y la ética en la tradición de la Escuela Austríaca de Economía o desde posiciones que la complementan y enriquecen.
AIER: That Magical Two Percent
Paul Volcker takes issue with the Federal Reserve’s two-percent inflation target. He wonders why Fed officials have become so focused at a level of decimal precision on a target that cannot be hit so precisely. It is an old point, but one worth making.
The issue with inflation targeting is not merely one of precision, however. Just as important is how such a target is interpreted for policy making. Is it a symmetric target, in which case the Fed will try its best to achieve two-percent inflation each period? Is it contingent on past performance, in which case the Fed might try to make up for over- or under-shooting its target and thereby achieve two-percent inflation on average? Or, is it not really a target at all, but rather a ceiling—an upper bound on the rate of inflation that the Fed deems acceptable?
Martín Krause – La provisión voluntaria de bienes públicos
Martín Krause defiende una provisión voluntaria de bienes públicos en su conferencia magistral en el XI Congreso de Economía Austriaca, que tuvo lugar en las instalaciones de UFM Madrid los días 26 y 27 de septiembre de 2018.
El Congreso es una cita anual de referencia donde estudiantes, profesionales y profesores debaten sobre las más recientes aportaciones académicas en los ámbitos de la economía, la política, la sociología, la filosofía y la ética en la tradición de la Escuela Austríaca de Economía o desde posiciones que la complementan y enriquecen.
SOBRE LA ILUSTRACIÓN A PESAR DE STEVEN PINKER – Por Alberto Benegas Lynch (h)
Steven Pinker es más conocido por su teoría materialista del ser humano,lo cual se pone de manifiesto especialmente en su obra Blank Slate (tabla rasa o del latín tabula rasa) y en un apretado resumen de su autoría en Youtube “On Free Will” donde declara que “no hay tal cosa como libre albedrío” y que “no hay espíritu o alma” (psyché engriego, psique) en el ser humano puesto que “todo se reduce a procesos físicos”, en la práctica describe al ser humano como una colección de moléculas, en el cerebro neuronas y procesos de sinapsis, todo lo cual es independiente de las contribuciones del autor respecto a las formas de adquisición del aprendizaje, de la flexibilidad del cerebro y del contexto evolutivo que aparece en el mencionado libro (naturalmentemuy ponderado por los deterministas Richard Dawrkin y Daniel Dennet).
La objeción de los “interaccionistas-dualistas” al estilo de los Karl Popper, John Eccles, Max Planck, John Searle, Raymond Tallis, Roger W. Sperry, Antony Flew, Howard Robinson, Richard Swinburne, Wilder Penfield, KonradLorenz, Juan José Sanguineti, William H. Thrope y tantos otros, la objeción decimos estriba en el rechazo de Pinker a la mente o estados de conciencia diferenciada del cerebro, lo cual, como hemos apuntado, da por tierra con el libre albedrío. Como en esta oportunidad centro mi atención en la Ilustración, para el tema anterior remito a mis ensayos y bibliografía correspondiente, pero hay un resumen telegráfico del asunto en la última de mis columnas semanales enInfobae titulada “La fuerza delespíritu humano”.
Antes de abordar brevemente el básicamente magnífico libro de Pinker titulado En defensa de la ilustración, explico la razón del título de esta nota, esto es el porqué de aquello de “a pesar de Steven Pinker”. Se debe a que la obra subraya la importancia de la razón y de los necesarios climas de libertad para que prospere, lo cual se contradice con el hecho de negar el libre albedrío puesto que sin él la libertad se convierte en una ficción. Esto es así en parte porque como explican los autores citados, los nexos causales en la materia, es decir, aquello que cuenta con estructura molecular, no permite criterios y decisiones independientes de los antedichos nexos (ideas autogeneradas, revisión del los propios juicios, proposiciones verdaderas y falsas). Este es precisamente el sentido del título tan ilustrativo del libro en coautoría del premio Nobel en neurofisiología John Eccles y el filósofo de la ciencia Karl Popper: El yo y su cerebro (The Self and its Brain) al efecto de mostrar la distinción entre la mente, la psique o los estados de conciencia no material, por un lado, y el cerebro material, por otro.
Contradicción que no es exclusiva de Pinker, hay muchos liberales quehan producido y producen notables contribuciones y sin embargo no contemplan lacuestión del libre albedrío. Es curioso que en un edificio el arquitecto no contemple la importancia de los cimientos puesto que si así fuera la construcción se desploma. Lo mismo ocurre en las ciencias sociales respecto al fundamento de la libertad. Pero el ser humano, limitado e imperfecto no está exento de contradicciones. Por ejemplo, para citar solo algunos de los grandes pensadores: Arnold Toynbee consideraba que la institución de la propiedad privada es irrelevante, Ludwig von Mises era partidario del servicio militar obligatorio, John Stuart Mill sostenía que en el binomio del proceso producción-distribución se trataba de términos independientes, Karl Popper propugnaba la censura a la televisión, Murray Rothbard era partidario del aborto, Hayek mantuvo la “irrenunciable función monetaria del gobierno” antes de finalmente concluir en la importancia de privatizar el dinero, y así sucesivamente. Cuando en clase doy estos ejemplos y otros, los alumnos me preguntan cuales son mis contradicciones, a lo cual no puedo responder puesto que cuando detecto alguna intento corregirla, la posteridad eventualmente dirá. En el caso que nos ocupavoy entonces al referido libro de Pinker.
La obra traducida al castellano (Editorial Paidós de Barcelona) tiene741 páginas de modo que en una nota periodística no pueden abarcarse todos lostópicos que analiza el autor. Destaco los más importantes. El libro en palabrasde Pinker se refiere a “una panorámica histórica del progreso y sus causas” ypretende demostrar que una “lúgubre evaluación de la situación actual es falsa”lo cual se refiere a los notables adelantos en todos los terrenos para que elhombre viva muchísimo mejor que sus ancestros y esto ha ocurrido en la medidaen que se han dejando atrás prejuicios, mitos y dogmas para aceptar las conclusiones de la razón y la apertura al conocimiento científico que son los ideales de la Ilustración.
Pero en esta instancia hago dos comentarios. En primer lugar, un punto en el que coincidiría Pinker y es que aquellos conocimientos deben ir acompañados de valores morales de respeto recíproco si se desea progresar puesto que la tremenda dimensión de los aparatos estatales asfixia la creatividad y la vida pacífica. En segundo lugar, algo en el que conjeturo que el autor no estaría de acuerdo y es que la razón tiene sus limitaciones, como ha señalado Friedrich Hayek el abuso de la razón conduce a terrenos contraproducentes y al propio estatismo síntoma que Hayek bautizó como“racionalismo constructivista” (tomo este punto en mi libro Poder y razón razonable).
En este contexto debe notarse que Pinker descree de toda declaración a favor de irreversibilidades o inexorabilidades históricas puesto que todo depende de lo que los humanos sean capaces de hacer. Solo el marxismo trasnochado es capaz de pronosticar inexorabilidades como el derrumbe del capitalismo (otra contradicción puesto que si esto fuera así no habría necesidad de ayudar al proceso con revoluciones más o menos violentas tal como propugnanlos marxistas). En realidad Francis Fukuyama cuando anunciaba “el fin de la historia” con el resurgimiento inevitable de la libertad de mercados a partirde la caída del Muro de la Vergüenza no hacía más que adoptar un marxismo alrevés. Esto lo señala Pinker puesto que apunta con énfasis que “me asustacualquier idea de inevitabilidad histórica”.
En cualquier caso Pinker identifica la Ilustración con el “humanismo,sociedad abierta y liberalismo cosmopolita o clásico” y los mercados abiertos ycompetitivos, aunque no siempre es consistente y a veces resulta pastoso conlos llamados gastos sociales. Pero en lo que atañe a las desigualdades derentas y patrimonios formula una crítica demoledora a la obra más conocida deThomas Piketty cuando cita un párrafo clave de ese libro. Así Piketty escribeque “La mitad más pobre de la población mundial es tan pobre en la actualidadcomo lo era en el pasado, con apenas el 5% de la riqueza total en 2010, aligual que en 1910”. A continuación dice Pikety con una lógica implacable (haciendo honor a la Ilustración): “Pero la riqueza actual es infinitamente mayor que en 1910, por lo que si la mitad más pobre posee la misma proporción, es mucho más rica, no igual de pobre”.
También Pinker destaca los errores comunes cuando se analiza el tema de la desigualdad al tomar la riqueza como algo estático y no dinámico en cuyo contexto se suelen interpretar las transacciones como de suma cero.
En este sentido Thomas Sowell (especial aunque no exclusivamente en sulibro Wealth, Poverty and Politics)enfatiza que cuando se engloban tramos de riqueza en distintos períodos no secontempla que no son las mismas personas las que se ubican en los distintostramos debido a la movilidad social y, por otra parte, subraya que en unmercado libre las posiciones y las diferencias patrimoniales se deben a laspreferencias que revela la gente con sus compras y abstenciones de comprar. Por último en este tema, Pinker lo cita a Harry Frankfurt quien concluye que lo censurable no es la desigualdad de riqueza sino que lo censurable es la pobreza. Margaret Thatcher en una oportunidad en el Parlamento inglés dijo quelos igualitaristas prefieren un achicamiento del delta en un nivel inferior de riqueza que un delta mayor en un nivel superior de riqueza para todos.
Con mucha razón Pinker afirma que “los intelectuales que se llaman a si mismos progresistas odian el progreso” debido a las políticas empobrecedoras que sistemáticamente patrocinan, lo cual consigna en su capítulo titulado“Pregresofobia”. Claro que hay que ser cuidadoso cuando se ponderan losnotables progresos de la humanidad puesto que si todo fuera así no habría lugarpara la crítica a los desmanes del autoritarismo. Un descuido y los avances dela ciencia pueden utilizarse para conculcar derechos en lugar de protegerlos.Desde luego hay enormes espacios para el descontento y la crítica,especialmente en estos momentos donde elnacionalismo avanza a pasos agigantados en Europa y en Estados Unidos, para nodecir nada de Cuba, Venezuela, Nicaragua y en otos lares Corea del Norte,Siria, Irán, Rusia, buena parte de los países africanos y la China solo abierta para la producción de bienes en algunas zonas pero totalitaria en las libertades civiles (un trade off nefastopara el oxígeno que requieren las autonomías individuales).
Tampoco cabe la necesidad del progreso automático indefinido tal comosostenían en el siglo xviii Joseph Prestley y Richard Pierce. Decían que habiendo libertad el progreso se daría por añadidura. La libertad sin duda es unacondición necesaria, más no es suficiente. Si el hombre no se respeta a simismo y se degrada a la condición de la bestia no hay progreso. El ensanchamiento de la conciencia moral está también inmerso en el proceso evolutivo, la regresión es posible si, por ejemplo, los humanos deciden drogarse hasta perder el conocimiento o deciden degenerarse y adoptar hábitos y costumbres repulsivas. La civilización es un tránsito permanente no un puertode llegada, estamos siempre en proceso.
En esta línea argumental Pinker atribuye un peso desmedido a la validezde “las pruebas empíricas” que como explica Morris Cohen esa misma afirmación no es convalidada empíricamente y Popper enseña que nada en la ciencia es verificable ya que todo conocimiento es solo corroborable provisoriamente y sujeto a refutaciones. Hay sin embargo un enfoque compatible con el individualismo metodológico en Pinker al destacar que“son los individuos, no los grupos, los que son sintientes: los que sienten placer y dolor, satisfacción y angustia” lo cual se opone a las visiones convencionales en cuanto a antropomorfismos del tipo de “la nación piensa”, “el pueblo prefiere” o “la sociedad decide”.
Hay en este análisis una interpretación común sobre la racionalidad conla que Pinker concuerda. Surge cuando escribe que “muchos autores actuales confunden la defensa ilustrada de la razón con la tesis inverosímil de que loshumanos son agentes perfectamente racionales”. Nos parece que Pinker interpretaerradamente la noción de racionalidad puesto que como señala Ludwig vonMises, salvo los actos reflejos, todoslos actos humanos son racionales lo cual no quiere decir que estén acertados: la medicina de antaño era racional pero se demostró equivocada en muchosaspectos y así con todas las ramas del conocimiento.
Finalmente, Pinker elabora sobre temas tales como los peligros delpopulismo para la democracia, la calidad de vida, la felicidad y el medioambiente. Respecto a este último tema es del caso tener en cuenta los fraudesestadísticos que rodean a asuntos como el calentamiento global denunciadosespecialmente por el premio Nobel en física Ivar Giaever, el cofundador y primer CEOde Weather Channel, John Coleman y el ex presidente de Greenpeace de Canadá, Patrick Moore. El libro de Pinker constituye una fértil contribución pero, comose ha señalado reiteradamente, la rama principal del liberalismo clásicoproviene de la Escuela Escocesa mucho más modesta en cuanto a la razón y susalcances, en consonancia con las advertencias de Hayek en la materia.
Adrián Ravier – Virtudes y límites de la teoría cuantitativa del dinero
Adrián Ravier expone su visión sobre la teoría cuantitativa del dinero en el XI Congreso de Economía Austriaca, que tuvo lugar en las instalaciones de UFM Madrid los días 26 y 27 de septiembre de 2018.
El Congreso es una cita anual de referencia donde estudiantes, profesionales y profesores debaten sobre las más recientes aportaciones académicas en los ámbitos de la economía, la política, la sociología, la filosofía y la ética en la tradición de la Escuela Austríaca de Economía o desde posiciones que la complementan y enriquecen.
Peter Boettke – The Continuing Relevance of F.A. Hayek
Peter Boettke analiza la permanente relevancia del pensamiento de F.A. Hayek en el XI Congreso de Economía Austriaca, que tuvo lugar en las instalaciones de UFM Madrid los días 26 y 27 de septiembre de 2018.
“Tras la llegada del FMI, el modelo ganó algo de consistencia”: Entrevista con La Gaceta
Se cierra un año difícil para la economía. La devaluación que arrancó a fines de abril marcó el ritmo de un período signado por los vaivenes del dólar, la ayuda de emergencia del Fondo Monetario Internacional (FMI) y la persistente inflación que, de acuerdo con la consultoras privadas, puede cerrar este ciclo en un 50% anual. Según el director del Master en Economía y Ciencias Políticas de Eseade, Adrián Ravier, la gestión del presidente Mauricio Macri subestimó la importancia de los desequilibrios fiscal, monetario y cambiario. En una charla con DINERO, puntualiza que la próxima gestión tendrá que arrancar solucionando problemas estructurales en la economía argentina.
-¿Cómo llega la economía argentina a fin de año?
-Llega con una recesión profunda y sin claros indicios de rebote o recuperación para los meses siguientes. Tras la devaluación de 2016, la economía se recuperó en 2017. Tras la fuerte devaluación de 2018, algunos analistas esperaban un rebote o recuperación similar en 2019. Pero esto no ocurrirá por la decisión tardía del Banco Central de la República Argentina de atacar el problema de la inflación. Mantener constante la base monetaria desde octubre hasta junio de 2019 será efectivo en reducir la inflación, pero la actividad económica se resentirá aun más de lo que ya era evidente por el efecto de la crisis cambiaría.
Seguir leyendo aquí, en La Gaceta de Tucumán.
LA FUERZA DEL ESPÍRITU HUMANO – Por Alberto Benegas Lynch (h)
Un tanto redundante el título de esta nota puesto que el espíritu es necesariamente humano, pero la reiteración es deliberada ya que lamentablemente vivimos en una época del más crudo materialismo en la que se considera al hombre un aparato que se limita a kilos de protoplasma.
Retomo la crítica a esta visión aberrante que no otorga espacio a la psique, a la mente o a los estados de conciencia, lo cual anula la posibilidad del libre albedrío y, consecuentemente a la libertad y al sentido de lo moral ya que todo se resumiría a los nexos causales inherentes a la materia por lo que no había ideas autogeneradas, proposiciones verdaderas y falsas, razonamiento ni argumentación posible, incluso para defender racionalmente al materialismo ya que todo lo que hacemos o decimos estaría condicionado y no decidido por la voluntad independiente.
Repasemos el fondo de este asunto sobre el que consigno parte de lo que he escrito antes con algunas variantes. Karl Popper ha bautizado como “determinismo físico” el supuesto de que el ser humano en verdad no elije, decide y prefiere, es decir, no actúa, sino que está programado para decir y hacer lo que dice y hace, esto es, el antedicho materialismo filosófico en cuyo caso la libertad sería una ficción. Así escribe este filósofo de la ciencia que “si nuestras opiniones son resultado distinto del libre juicio de la razón o de la estimación de las razones y de los pros y contras, entonces nuestras opiniones no merecen ser tenidas en cuenta”.
En la misma línea argumental, John Hick sostiene que allí donde no existe libertad intelectual, lo cual es propio del materialismo, naturalmente no hay vida racional, por ende, la creencia que el hombre está determinado “no puede demandar racionalidad. Por tanto, el argumento determinista está necesariamente autorefutado o es lógicamente suicida. Un argumento racional no puede concluir que no hay tal cosa como argumentación racional”.
Con razón el premio Nobel en neurofisiología John Eccles concluye que “Uno no se involucra en un argumento racional con un ser que sostiene que todas sus respuestas son actos reflejos, no importa cuán complejo y sutil sea el condicionamiento”. Si no se acepta la condición humana de la libre decisión, todas las demás elucubraciones en ciencias sociales carecerían de sentido puesto que las bases de sustentación desaparecerían y no existiría acción humana sino mera reacción como en las ciencias naturales.
Es de interés destacar la opinión del premio Nobel en física Max Planck en este contexto. Afirma que “se trataría de una degradación inconcebible que los seres humanos, incluyendo los casos más elevados de mentalidad y ética, fueran considerados como autómatas inanimados en manos de una férrea ley de causalidad […] El papel que la fuerza desempeña en la naturaleza, como causa del movimiento, tiene su contrapartida, en la esfera mental, en el motivo como causa de la conducta”.
El matemático Alan Turing llevó a cabo un experimento en el que ubicaba a una persona en una habitación en la que se ubicaban dos terminales de computadoras, una conectada en otra habitación con otra computadora y la otra conexión a otro ordenador manejado por otra persona. A continuación, Turing solicita a la primera persona referida que formule todas las preguntas que estime pertinentes por el tiempo que demande su investigación al efecto de conocer cual es cual, de lo contrario, si no pudiera establecer la diferencia (distinguir cual es cual) concluye Turing que es una prueba que no hay diferencia con el humano en cuanto a sus cualidades de decisión.
Por su parte, el filósofo John Searle refuta las conclusiones de ese experimento con otro que denominó “el experimento del cuarto chino”. Este consistió en ubicar también a una persona aislada en una habitación y totalmente ignorante del idioma chino a quien se le entregó un cuento chino escrito en esa lengua y se le entrega una serie de cartones con preguntas sobre la narración del caso y otros tantos cartones con respuestas muy variadas y contradictorias a esas preguntas. Simultáneamente también se le entregan otros cartones más con códigos claros para que pueda conectar acertadamente las preguntas con las respuestas acertadas.
Explica Searle que de este modo el personaje de marras contesta todo satisfactoriamente sin que haya entendido chino. Lo que prueba este segundo experimento es que el sujeto en cuestión es capaz de seguir las reglas, los códigos y programas que le fueron entregados que es la manera en que la máquina del primer experimento se equipara en el sentido operativo mencionado y eventualmente con mayor rapidez (desde luego no en todos los sentidos como su incapacidad de amar, autoconciencia, decisión independiente y equivalentes), lo cual significa mera reacción de la computadora en base a programas insertos (por nuestra parte agregamos que la persona del ejemplo actuó en el sentido que decidió seguir el programa cosa que podía haber rechazado, decisión que no puede asumir la máquina).
Por su parte el lingüista Noam Chomsky señala que “No hay forma de que los ordenadores complejos puedan manifestar propiedades tales como la capacidad de elección […] Jugar al ajedrez puede ser reducido a un mecanismo y cuando un ordenador juega al ajedrez no lo hace del mismo modo que lo efectúa una persona; no desarrolla estrategias, no hace elecciones, simplemente recorre un proceso mecánico”.
El uso metafórico algunas veces se convierte en sentido literal, tal es el caso de las expresiones “inteligencia”, “memoria” y “cálculo” aplicado a los ordenadores. La primera proviene de relacionar la comprensión de conceptos en base al inter legum, esto es leer adentro, captar significados. Y como apunta Raymond Tallis aplicar la idea de memoria a las computadoras es del todo inadecuado, de la misma manera que cuando nuestros abuelos solían hacer un nudo en su pañuelo para recordar algo no aludían a “la memoria del pañuelo”, del mismo modo que cuando se almacena información en un depósito no se concluye que el galpón del caso tiene una gran memoria, puesto que “la memoria es inseparable de la conciencia”. En el mismo sentido, este autor destaca que en rigor las computadoras no computan ni las calculadores calculan puesto que se trata de impulsos eléctricos o mecánicos sin conciencia de computar o calcular y si se recurre a esos términos debe precisarse que “solo se hace en el mismo sentido en que se afirma que el reloj nos dice la hora”.
En este plano de análisis hay muchas otras metáforas que arrastran el peligro de su literalidad (los economistas estamos acostumbrados a lidiar con estos peligros). Tal es el caso de uno de los ejemplos que critica Thomas Szasz sobre lo que coloquialmente se dice brainstorming y, para el caso, brainwashing cuando estrictamente se trata de mindstorming y mindwashing. También puede agregarse el error de hacer referencia al “deficiente mental” cuando es “deficiente cerebral”. Si los humanos fuéramos solo kilos de protoplasma determinados por nexos causales inherentes a la materia, seríamos como el loro de nuestro ejemplo (claro que no físicamente sino desde la perspectiva de la inexistencia de argumentación, razonamiento y conceptualización). Sin embargo, para intentar probar la verdad de algo es inexorable la existencia de estados de conciencia (Popper), mente (Wilder Penfield), voluntad (Roger W. Sperry) o psique (Eccles) distinta aunque estrechamente vinculada al órgano por el cual el hombre se comunica con el mundo exterior, es decir, el cerebro, tal como apunta Nicholas Rescher.
En la misma obra citada, Szasz subraya las inconsistencias de una parte de las neurociencias al pretender que con mapeos del cerebro se podrán leer sentimientos y pensamientos pero “el cerebro es un órgano corporal y parte del discurso médico. La mente es un atributo personal parte del discurso moral […] equivocadamente se usan los términos mente y cerebro como se utilizan doce y una docena”.
También Szasz se refiere a otra metáfora peligrosa en cuanto a la mal llamada “enfermedad mental” cuando esto contradice la noción más elemental de la patología que enseña que una enfermedad es una lesión orgánica, de tejidos y células y, por tanto, no puede atribuirse a comportamientos e ideas.
Es sabido que todo lo material de nuestro cuerpo cambia permanentemente con el tiempo y, sin embargo, mantenemos el sentido de identidad (a menos que se haya padecido de una enfermedad o accidente que lesione partes vitales del cerebro que no permitan la interconexión mente-cuerpo).
Antony Flew y John Hospers precisan la diferencia entre causas y motivos. Flew escribe que “cuando hablamos de causas de un evento puramente físico -digamos un eclipse de sol- empleamos la palabra causa para implicar al mismo tiempo necesidad física e imposibilidad física: lo que ocurrió era físicamente necesario y, dadas las circunstancias, cualquier otra cosa era físicamente imposible. Pero este no es el caso del sentido de causa cuando se alude a la acción humana. Por ejemplo, si le doy a usted una buena causa para celebrar, no convierto el hecho en una celebración inevitable”.
También Hospers manifiesta que “enunciando sólo los antecedentes causales, nunca podríamos dar una conclusión suficiente: para dar cuenta de lo que hace una persona en sus actividades orientadas hacia fines hemos de conocer sus razones y razones no son causas”.
Aparece una gran paradoja que, entre otros, expresa George Gilder en cuanto a que los procesos productivos de nuestra época se caracterizan por atribuirle menor importancia relativa a la materia y un mayor peso al conocimiento y, sin embargo, irrumpe con fuerza el materialismo filosófico.
Ludwig von Mises apunta que “Para un materialista consistente no es posible distinguir entre una acción deliberada y la vida meramente vegetativa como la de las plantas”, Murray Rothbard explica que “si nuestras ideas están determinadas, entonces no tenemos manera de revisar libremente nuestros juicio y aprender la verdad, se trate de la verdad del determinismo o de cualquier otra cosa” y Friedrich Hayek nos dice que “Todos los procesos individuales de la mente se mantendrán para siempre como fenómenos de una clase especial […] nunca seremos capaces de explicarlos enteramente en términos de las leyes físicas”.
Autores como Howard Robinson , John Foster, Richard Swinburne y Thomas Reid concretan su perspectiva mostrando que sus estudios se refieren a dos planos de una misma realidad humana. Una, la física o la material y, la otra, la mental o los estados de conciencia. Robinson resume este ángulo de análisis: “Lo físico es público en el sentido de que en principio cualquier estado físico es accesible (susceptible de percibirse, de conocerse) para cualquier persona normal […] Los estados de conciencia son diferentes porque el sujeto a quien pertenecen -y solo ese sujeto- tiene un acceso privilegiado a eso” y, además, “el pensamiento es sobre algo […] mientras que los estados físicos no son sobre algo, están simplemente ahí […] y los pensamientos pueden también ser sobre lo que no existe” pero lo físico es por definición lo que existe como tal (lo cual no quiere decir que todo ello pueda tocarse o, en su caso, ni siquiera verse, como los campos gravitatorios, las ondas electromagnéticas y las partículas subatómicas).
Juan José Sanguinetti resume bien el problema al escribir en Neurociencia y filosofía del hombre que “Los actos intencionados son de las personas, no de las partes ni potencias de las personas. Si doy un apretón de manos a un conocido para saludarlo calurosamente, no tiene sentido decir ´mis manos te saludan calurosamente´, pues soy yo quien saluda con calor mediante un apretón de manos. [Maxwell] Bennett y [Peter M.] Hacker [en Philosophical Foundations of Neuroscience] se lamentaron, en este sentido, de que la literatura neurocientífica acuda con demasiada frecuencia a expresiones como ´mi cerebro cree´, ´mi hemisferio izquierdo interpreta´, ´la neocorteza percibe, ´las neuronas deciden´, ´el hipocampo recuerda´, ´mi sistema límbico está enfadado´, porque atribuir a cosas como células o grupos de células actos como entender, tomar decisiones, preferir etc., simplemente no tiene sentido […] Se puede decir mi ojo ve, aunque sería más exacto decir yo veo con mis ojos”.
El antes citado Eccles muestra la conexión necesaria entre el materialismo y el determinismo en La psique humana. Por su parte, Pierre Lecomte Du Noüy resume magníficamente la trascendencia y la potencia del espíritu humano y cifra sus esperanzas en que se abra paso cada vez con mayor énfasis este aspecto que estima hace a la esencia de la dignidad del hombre, entre otros en su libro titulado de modo muy ilustrativo: El provenir del espíritu.