"There is only one difference between a bad economist and a good one: the bad economist confines himself to the visible effect; the good economist takes into account both the effect that can be seen and those effects that must be foreseen." Frederic Bastiat
Informe de Coyuntura del IERAL – 17 de Abril de 2019
En un trabajo de IERAL publicado a mediados de los ́80 se encontró que, para el período 1961-83, cada vez que el gasto público en dólares superaba determinado nivel, tarde o temprano había un ajuste que incluía una fuerte devaluación y devolvía el gasto en dólares a su nivel original. La explicación a este fenómeno tiene que ver con el hecho que un nivel de gasto público en dólares significativa y persistentemente mayor que el de “equilibrio”, implicaba una carga fiscal y financiera insoportable para las firmas que competían con bienes y servicios producidos en el exterior, situación que derivaba en una crisis fiscal y cambiaria.
•Actualizando aquel trabajo para el período 1997- 2019, se encuentra que, efectivamente, hay un nivel de resistencia del gasto público en dólares en torno a los 200 mil millones de dólares, indicando sobrevaluación del peso para todo el período que va de 2011 a 2017, pero no para el tramo entre 1999 y 2001. Un análisis análogo, pero utilizando la canasta de monedas, en lugar de exclusivamente el dólar estadounidense, no cambia las conclusiones para 2011-17, pero confirma que para el 1999-2001 hubo una importante apreciación del peso (por la incidencia del real brasileño)
•Las mediciones tradicionales de tipo de cambio real utilizan a la inflación de precios al consumidor como deflactor. Si, en cambio, se mide la trayectoria del tipo de cambio real utilizando al gasto público como deflactor, se tiene que el pico de sobrevaluación del peso se alcanzó en 2015, y esto se explica por el hecho que el Gasto Público Consolidado como porcentaje del PIB pasó de 26,6 % en 2004 a nada menos que 46,5 % en 2016
•En los niveles actuales, el tipo de cambio real deflactado por el gasto público se encontraría en una zona de equilibrio. Sin embargo, debido a que la carga fiscal sobre el conjunto de la economía es apenas inferior a la de 2015, la contrapartida es una mayor presión sobre el sector de no transables, especialmente el formal. Como, a su vez, el sector de no transables es el que más pondera en el empleo total, con este “equilibrio” cambiario la economía tiene menos capacidad de generar empleos y los salarios quedan en un nivel más bajo, lo cual tiende a afectar el clima social
En una de mis tantas visitas al Departamento de Doctorado en Economía de la Universidad Nacional de Tucumán, invitado las más de las veces por Severo Cáceres Cano y Valeriano García y más recientemente invitado a la Fundación Federalismo y Libertad he buscado infructuosamente los trabajos agotados del doctor Juan Benjamín Terán (1880-1938) sobre quien había leído por referencias indirectas pero muy sustanciosas.
Días pasados gracias a la gentileza de Mercedes
Colombres me pude hacer de algunos de sus textos recopilados en sus obras
completas y me he quedado maravillado por sus muy variadas contribuciones. Un
jurista e historiador de gran calado desde su tesis doctoral sobre la escuela
histórica, ministro de la Corte Suprema de Justicia, autor de numerosos libros
y ensayos, Rector de la Universidad Nacional de Tucumán y uno de sus fundadores,
miembro de la Academia Nacional de Letras,
Presidente de la Sociedad Sarmiento desde donde difundió los fundamentos
de la libertad para la prosperidad moral y material de los pueblos y fue
cofundador de la Revista de Artes y Ciencias Sociales con idéntico propósito.
Leyendo algunos de sus trabajos constato su
preocupación principal por combatir el materialismo filosófico, también
denominado determinismo físico por Karl Popper. Terán no estaba a la altura de
los conocimientos de economía de su predecesor en tierras tucumanas: el
inigualable Juan Bautista Alberdi, aunque advertía de los peligros “que el
comunismo dicta contra la propiedad privada”, pero aquél historiador bien
apuntaba a un desvío crucial de la libertad y su correlato cual es el libre
albedrío.
No hay especio en una nota periodística para
elaborar sobre los múltiples textos de Juan B. Terán, pero me detengo en lo
dicho a lo que adiciono un corto epílogo sobre al nacionalismo y la tiranía. En
aquél sentido escribe que “cualquier conquista espiritual es contradictoria con
el determinismo, para el que somos un anillo en la fuerza cósmica o un eslabón
en la cadena zoológica […] El pensamiento humano se embebió de biologismo. El
hombre era un eslabón de la cadena zoológica, la sociedad un organismo, la
psicología una prolongación de la fisiología […] Para el naturalismo era
irrisorio poner valores en la historia. Sacar a ésta de su papel de narrar y
explicar los hechos era tentativa pueril. Condenar o alabar a un personaje o un
acontecimiento era tan absurdo como juzgar virtuoso un eclipse o una tempestad,
porque tenían como ellos su fórmula necesaria, su génesis insobornable.” Sin
embargo concluía que “Sabemos que no somos esclavos de un determinismo ciego y
que las ideas que elaboramos y los ideales que acariciamos no son cosas baldías
porque podemos incorporarlas como realidades a la vida de los demás hombres y
de la sociedad” puesto que “Podríase resumir estos elementos diciendo filosofía -es decir capacidad para
pensar más allá de la realidad exterior y de sí mismo, como parte de la
realidad. Esta capacidad es el sello de una cultura.”
Antes he escrito sobre este tema tan decisivo como
sustento de la libertad. Desafortunadamente hay muchos liberales que llevan a
cabo faenas académicas de gran valor y sofisticación pero no indagan en los
cimientos mismos de la libertad cual es el fundamento del libre albedrío sin lo
cual se desploma el edificio.
Retomo la crítica a esta visión
aberrante que no otorga espacio a la psique, a la mente o a los estados de
conciencia, lo cual anula la posibilidad del libre albedrío y, consecuentemente
a la libertad y al sentido de lo moral ya que todo se resumiría a los nexos
causales inherentes a la materia por lo que no había ideas autogeneradas,
proposiciones verdaderas y falsas, razonamiento ni argumentación posible,
incluso para defender racionalmente al materialismo ya que todo lo que hacemos
o decimos estaría condicionado y no decidido por la voluntad independiente.
Como queda dicho, Popper ha
bautizado como “determinismo físico” el supuesto de que el ser humano en verdad
no elije, decide y prefiere, es decir, no actúa, sino que está programado para
decir y hacer lo que dice y hace, esto es, el antedicho materialismo filosófico
en cuyo caso la libertad sería una ficción. Así escribe este filósofo de la
ciencia que “si nuestras opiniones son resultado distinto del libre juicio de
la razón o de la estimación de las razones y de los pros y contras, entonces
nuestras opiniones no merecen ser tenidas en cuenta”.
En la misma línea argumental,
John Hick sostiene que allí donde no existe libertad intelectual, lo cual es
propio del materialismo, naturalmente no hay vida racional, por ende, la
creencia que el hombre está determinado “no puede demandar racionalidad. Por
tanto, el argumento determinista está necesariamente autorefutado o es
lógicamente suicida. Un argumento racional no puede concluir que no hay tal
cosa como argumentación racional”.
Con razón el premio Nobel en
neurofisiología John Eccles concluye que “Uno no se involucra en un argumento
racional con un ser que sostiene que todas sus respuestas son actos reflejos,
no importa cuán complejo y sutil sea el condicionamiento”. Si no se acepta la
condición humana de la libre decisión, todas las demás elucubraciones en
ciencias sociales carecerían de sentido puesto que las bases de sustentación
desaparecerían y no existiría acción humana sino mera reacción como en las
ciencias naturales.
Es de interés destacar la
opinión del premio Nobel en física Max Planck en este contexto. Afirma que “se
trataría de una degradación inconcebible que los seres humanos, incluyendo los
casos más elevados de mentalidad y ética, fueran considerados como autómatas
inanimados en manos de una férrea ley de causalidad […] El papel que la fuerza
desempeña en la naturaleza, como causa del movimiento, tiene su contrapartida,
en la esfera mental, en el motivo como causa de la conducta”.
Por su parte el lingüista Noam
Chomsky señala que “No hay forma de que los ordenadores complejos puedan
manifestar propiedades tales como la capacidad de elección […] Jugar al ajedrez
puede ser reducido a un mecanismo y cuando un ordenador juega al ajedrez no lo
hace del mismo modo que lo efectúa una persona; no desarrolla estrategias, no
hace elecciones, simplemente recorre un proceso mecánico”.
El uso metafórico algunas veces se convierte en sentido literal,
tal es el caso de las expresiones “inteligencia”, “memoria” y “cálculo”
aplicado a los ordenadores. La primera proviene de relacionar la comprensión de
conceptos en base al inter legum, esto
es leer adentro, captar significados. Y como apunta Raymond Tallis aplicar la
idea de memoria a las computadoras es del todo inadecuado, de la misma manera
que cuando nuestros abuelos solían hacer un nudo en su pañuelo para recordar
algo no aludían a “la memoria del pañuelo”, del mismo modo que cuando se
almacena información en un depósito no se concluye que el galpón del caso tiene
una gran memoria, puesto que “la memoria es inseparable de la conciencia”. En
el mismo sentido, este autor destaca que en rigor las computadoras no computan
ni las calculadores calculan puesto que se trata de impulsos eléctricos o
mecánicos sin conciencia de computar o calcular .
En este plano de análisis hay muchas otras metáforas que
arrastran el peligro de su literalidad (los economistas estamos acostumbrados a
lidiar con estos peligros). Tal es el caso de uno de los ejemplos que critica
Thomas Szasz sobre lo que coloquialmente se dice brainstorming y, para el caso, brainwashingcuando estrictamente se trata de mindstorming y mindwashing.
También puede agregarse el error de hacer referencia al “deficiente mental”
cuando es “deficiente cerebral”. Si los humanos fuéramos solo kilos de
protoplasma determinados por nexos causales inherentes a la materia, seríamos
como el loro de nuestro ejemplo (claro que no físicamente sino desde la
perspectiva de la inexistencia de argumentación, razonamiento y
conceptualización).
En la misma obra citada, Szasz subraya las inconsistencias de
una parte de las neurociencias al pretender que con mapeos del cerebro se
podrán leer sentimientos y pensamientos pero “el cerebro es un órgano
corporal y parte del discurso médico. La mente es un atributo personal parte
del discurso moral […] equivocadamente se usan los términos mente y cerebro como
se utilizan doce y una docena”.
También Szasz se refiere a otra
metáfora peligrosa en cuanto a la mal llamada “enfermedad mental” cuando esto
contradice la noción más elemental de la patología que enseña que una
enfermedad es una lesión orgánica, de tejidos y células y, por tanto, no puede
atribuirse a comportamientos e ideas.
Es sabido que todo lo material
de nuestro cuerpo cambia permanentemente con el tiempo y, sin embargo,
mantenemos el sentido de identidad (a menos que se haya padecido de una
enfermedad o accidente que lesione partes vitales del cerebro que no permitan
la interconexión mente-cuerpo).
Antony Flew y John Hospers precisan la diferencia entre causas y
motivos. Flew escribe que “cuando hablamos de causas de un evento
puramente físico -digamos un eclipse de sol- empleamos la palabra causa para implicar al mismo tiempo necesidad
física e imposibilidad física: lo que ocurrió era físicamente necesario y,
dadas las circunstancias, cualquier otra cosa era físicamente imposible.
Pero este no es el caso del sentido de causa cuando
se alude a la acción humana. Por ejemplo, si le doy a usted una buena causa
para celebrar, no convierto el hecho en una celebración inevitable”.
También Hospers manifiesta que “enunciando sólo los antecedentes
causales, nunca podríamos dar una conclusión suficiente: para dar cuenta de lo
que hace una persona en sus actividades orientadas hacia fines hemos de conocer
sus razones y razones no son causas”.
Aparece una gran paradoja que,
entre otros, expresa George Gilder en cuanto a que los procesos productivos de
nuestra época se caracterizan por atribuirle menor importancia relativa a la
materia y un mayor peso al conocimiento y, sin embargo, irrumpe con fuerza el
materialismo filosófico. Ludwig von Mises apunta que “Para un materialista
consistente no es posible distinguir entre una acción deliberada y la vida meramente
vegetativa como la de las plantas”, Murray Rothbard explica que “si nuestras
ideas están determinadas, entonces no tenemos manera de revisar libremente
nuestros juicio y aprender la verdad, se trate de la verdad del determinismo o
de cualquier otra cosa” y Friedrich Hayek nos dice que “Todos los procesos
individuales de la mente se mantendrán para siempre como fenómenos de una clase
especial […] nunca seremos capaces de explicarlos enteramente en términos de
las leyes físicas”.
Autores como Howard Robinson ,
John Foster, Richard Swinburne y Thomas Reid concretan su perspectiva mostrando
que sus estudios se refieren a dos planos de una misma realidad humana. Una, la
física o la material y, la otra, la mental o los estados de conciencia.
Robinson resume este ángulo de análisis: “Lo físico es público en el sentido de
que en principio cualquier estado físico es accesible (susceptible de
percibirse, de conocerse) para cualquier persona normal […] Los estados de
conciencia son diferentes porque el sujeto a quien pertenecen -y solo ese
sujeto- tiene un acceso privilegiado a eso” y, además, “el pensamiento es sobre
algo […] mientras que los estados físicos no son sobre algo, están simplemente
ahí […] y los pensamientos pueden también ser sobre lo que no existe” pero lo
físico es por definición lo que existe como tal (lo cual no quiere decir que
todo ello pueda tocarse o, en su caso, ni siquiera verse, como los campos
gravitatorios, las ondas electromagnéticas y las partículas subatómicas).
Juan José Sanguinetti resume bien el problema al escribir
en Neurociencia y filosofía del hombre que “Los
actos intencionados son de las personas, no de las partes ni potencias de las
personas. Si doy un apretón de manos a un conocido para saludarlo
calurosamente, no tiene sentido decir ´mis manos te saludan calurosamente´,
pues soy yo quien saluda con calor mediante un apretón de manos. [Maxwell]
Bennett y [Peter M.] Hacker [en Philosophical Foundations of
Neuroscience] se lamentaron, en este sentido, de que la literatura
neurocientífica acuda con demasiada frecuencia a expresiones como ´mi cerebro
cree´, ´mi hemisferio izquierdo interpreta´, ´la neocorteza percibe, ´las
neuronas deciden´, ´el hipocampo recuerda´, ´mi sistema límbico está enfadado´,
porque atribuir a cosas como células o grupos de células actos como entender,
tomar decisiones, preferir etc., simplemente no tiene sentido […] Se puede
decir mi ojo ve, aunque sería más exacto decir yo veo con mis ojos”.
En todo caso subrayamos que Terán fue uno de los pioneros en denunciar
al materialismo filosófico a lo que cabe agregar para cerrar este artículo otro
aspecto de sus trabajos tal como anunciamos más arriba. Consigna nuestro autor
que “La colonización de América [en nuestro suelo] fue rigurosamente
nacionalista; enemiga del extranjero y de lo foráneo […] Es un retorno al
primitivismo, a la adoración de la fuerza que es la religión de las tribus
salvajes, que endiosan el animal, el río, el fuego o el rayo […es necesario] el
rechazo del fanatismo del Estado y de la extensión invasora de sus funciones
[…] La Constitución del 53 ha
creado nuestro sistema moral […mientras que] la Italia de Mussolini tiene los
ojos hacia los César y Augusto y aspira a restaurarla […] se aspira a redimir a
los caudillos, se reabre el proceso de la tiranía […] es decir, hacíamos la
contra-revolución de Mayo […en resumen] necesitamos intelectuales cuya función
específica consista en mantener encendido el amor por la verdad. Hacer
componendas con el interés, con la pasión o las requisiciones momentáneas de
partido, de clase o de perjuicio nacional es lo que Julian Beda ha llamado la
traición de los intelectuales.”
Por último, un pensamiento adicional de Terán en vista de lo que
viene aconteciendo en tierras argentinas: “Tomamos posición usualmente
obedeciendo no a una afirmación sino a una negación. No votamos por, sino en contra de.”
El Acuerdo de Libre Comercio con la Unión Europea puede convertirse en un mundo de oportunidades de negocios para la Argentina, multiplicando el empleo, mejorando ingresos y salarios, reduciendo la pobreza y potenciando un desarrollo sustentable. La experiencia de los PIGS
europeos (Portugal, Irlanda, Grecia y España, por sus siglas en inglés)
muestra una convergencia de ingresos de los países relativamente más
pobres (los PIGS o cerdos) hacia los países con mejores ingresos de la
región (las potencias Alemania, Francia, Italia o incluso Inglaterra).
Como caso emblemático podemos recordar a Irlanda, conocido como el milagro del Tigre Celta. Irlanda era antes de entrar a la Unión Europea, el país más pobre del continente. Una economía 80% agraria, con muy baja productividad, con una deuda del 160% del PIB. ¿Cómo resolvió Irlanda el problema de la deuda? Simplemente cumplió con los requisitos del Tratado de Maastricht en cuanto a baja inflación y déficit fiscal, acomodó las variables macro, pero no sólo eso, sino que también redujo el impuesto a las ganancias al 0% para atraer inversión extranjera. Irlanda pasó a ser el país de la Unión Europea que más inversiones captó en aquella década de 1990. La competencia tributaria horizontal, llevó a las empresas europeas a comparar la fuerte presión tributaria de Alemania y Francia,
frente a las oportunidades de Irlanda, lo cual generó incentivos para
mudar sus oficinas al tigre celta. Dos décadas más tarde había crecido a
una media anual de más del 4% por año, superando el ingreso británico
medio y reduciendo el peso de su deuda al 40% del PIB.
Un Acuerdo de Libre Comercio con la Unión Europea le permite a la
Argentina volver a las grandes Ligas, pasando en términos futbolísticos
de la categoría C a la A, para lo cual debe transformar sus fundamentos.
Este tipo de acuerdos tiene como principal ventaja la “importación de instituciones”. Argentina deberá recorrer en los próximos años una agenda de reformas para recuperar la estabilidad monetaria
y el crédito, sobre el cual se apalancarán sus empresas. Para ello es
importante reducir el tamaño del Estado, independizar realmente la
política del banco central en su búsqueda prioritaria de un objetivo de
inflación de un dígito, con una fuerte reforma fiscal, tributaria,
previsional y laboral. En el cortísimo plazo el desafío puede parecer
complejo, pero tras recorrer el camino, le espera a la Argentina un
camino similar al de Irlanda, triplicando en pocos años su PIB per
cápita, reduciendo fuertemente el peso de la deuda, mejorando su
productividad y con ello los salarios reales, que permitirá a su turno
reducir la pobreza y mejorar la calidad de vida de todos los argentinos.
En la previa a las elecciones de octubre, Argentina definirá si
quiere insertarse en el mundo, o prefiere continuar aislada, lo que ha
quedado claro en las reacciones de los candidatos tras el anuncio del
Acuerdo.
Este artículo fue publicado originalmente en El Cronista (Argentina) el 1 de julio de 2019.
El reconocido economista y docente de la UNLPam, el doctor Adrián Ravier, sostuvo que la Argentina «tiene que replantearse el tamaño del Estado para comenzar a crecer», aludiendo a las nuevas cifras que muestran un repunte en la economía del país, que según él, «no es crecimiento, sino recuperación». Además, sostuvo que «la inflación es necesaria para mantener el tamaño del Estado que tenemos», pero consideró que para fin de 2019 se notará una mejoria sustancial.