La unión es indispensable y urgente – por Alberto Benegas Lynch (h)

He machacado una y otra vez con la necesidad de unión de todos los que se oponen al chavismo autóctono. Ahora lo hago una vez más antes que sea tarde. Ya sabemos que hay diferencias de criterio entre miembros del arco opositor. La gestión anterior ha sido un fracaso, comenzando con el impropio bailecito en la Casa Rosada del nuevo titular con la banda presidencial. Siguió con el intento de designar miembros de la Corte por decreto, el uso y la alimentación de los piqueteros, la amistad con sindicalistas autoritarios, la duplicación de la inflación, el endeudamiento colosal, primero sacaron pero en definitiva encajaron el cepo cambiario, aumentaron la pobreza disfrazada con la sandez de la “pobreza cero”. Y no se diga que apuntaron a abrirse al mundo pues no se trata de ponerse en la vidriera para exhibir el estatismo de siempre pues eso aumenta la vergüenza. No es que no haya habido nada bueno, de lo que se trata es de aludir al balance neto y esto fue el mantener el engrosamiento del Leviatán, lo demás son anécdotas.

Por supuesto que hay valores en ese arco opositor y los hay que tienen sentido de autocrítica y también otros empecinados en el error. Es de desear que se sobreponga lo primero. Como he apuntado antes, los radicales tienen el extraordinario ejemplo de su fundador, el jeffersoniano Leandro Alem. Es de desear que se examinen sus propuestas liberales y se reconsideren los reiterados consejos de Juan Bautista Alberdi.

En cualquier caso, el segundero pasa rápido y si en las legislativas los chavistas ganan espacios habrá reforma constitucional y se procederá a la estocada final a la Justicia y a la libertad de prensa. De todos modos estimo poco serio sugerir que la oposición vaya dividida en las elecciones de medio término con críticas cruzadas (pues es por ello que irían divididos) para luego en 2023 ir junto a los criticados, lo cual es muy poco serio y confunde a los ya confundidos indecisos que suelen definir elecciones.

Además, como si eso fuera poco, se adiciona a la necesidad de repasar conceptos clave de la ciencia política, se hace necesario repasar también algo de aritmética puesto, por ejemplo, que como ha ilustrado y explicado Alejo Lopez Lecube el sistema electoral vigente D´Hont otorga proporcionalmente mayor representación a la mayoría, lo cual aceleraría el desbarranque.

No necesito subrayar la trascendencia de los principios liberales que permitieron que nuestro país estuviera a la vanguardia de las naciones civilizadas desde la Constitución liberal de 1853 hasta que afloró el estatismo primero en la década del 30 y luego más pronunciadamente a partir del 43, un esperpento que hemos venido adoptando desde entonces con los resultados que están a la vista.

Como ha consignado Alexis de Tocqueville, es frecuente que en países de gran prosperidad moral y material la gente de eso por sentado, lo cual constituye el momento fatal pues los espacios son ocupados por otros con lo que se corre el eje del debate y se marcan agendas en otra dirección.

Eso es lo que ocurrió en nuestro país donde los socialismos, marxismos, keynesianismos, cepalinos y estatismos en general dieron la batalla intelectual y la ganaron ampliamente. Ahora se observan reacciones sumamente saludables a través de instituciones y fundaciones varias preocupadas y ocupadas en la batalla cultural, es decir, en la trasmisión de valores basados en el respeto recíproco. Asimismo, hay notables profesionales que en faenas diarias destinan tiempo para fundamentar los postulados de la tradición de pensamiento liberal. Esta es una gran esperanza para retomar la senda alberdiana que nunca debimos abandorar y, otra vez, deslumbrar al mundo con el progreso que somos capaces de generar en libertad.

Hoy no se resiste la presión impositiva insoportable, la burocracia que carcome el fruto del trabajo ajeno, la inflación galopante, el gasto astronómico del aparato estatal, la inseguridad manifiesta, la Justicia atropellada y vejada, la libertad de prensa amenazada, las regulaciones asfixiantes y absurdas, legislaciones laborales que perjudican al que trabaja, el cinismo de políticos inescrupulosos, la deuda creciente. Somos el hazmerreír del mundo civilizado.

No debe confundirse el plano académico con el político. En el primer caso es indispensable apuntar alto y levantar la vara sin concesiones de ninguna naturaleza, en cambio en la política es necesario acordar para salvar el pellejo, es lo que  nos pide la democracia en el contexto de divergencias.

Pero para revertir toda esta maraña infernal necesitamos tiempo y seguir con el trabajo en el plano educativo, lo cual requiere urgentemente la antes mencionada unión de todos los que se oponen al chavismo local. Ya habrá tiempo de dirimir diferencias internas que no son nada al lado del derrumbe que se avecina. La mejor noticia para los megalómanos es que la oposición se fraccione. Como ha dicho Ortega y Gasset “argentinos a las cosas”.

Publicado originalmente en El Economista, 16 de marzo de 2021.

Indice de Libertad Económica 2021: Argentina sigue cayendo.

Ya se encuentran publicados los resultados del Index of economic freedom 2021 y no sorprende que Argentina vuelve a caer. Ocupa el puesto 148 a nivel global, y el puesto 26 en la región del continente Americano, sólo superando a Ecuador, Haití, Suriname, Bolivia, Cuba y Venezuela.

Sólo tres países del continente son calificados como mayormente libres en este ranking: el líder Canadá (77,9), seguido por Chile (75,2), que vuelve a superar a Estados Unidos (74,8). Cabe notar que los tres países han caído en calidad institucional en este último año. Uruguay, por su parte, podría integrar este selecto grupo en el próximo Indice. Hoy mide 69.3 y es de los pocos países que ganaron calidad institucional en un año complejo por la pandemia.

El Index of Economic Freedom permite graficar la evolución del indicador por país, y también hacer comparaciones. Quizás la nota más saliente resulte de observar que en 1996 Argentina superaba a Chile, y hoy, a pesar de la mejora durante el gobierno de Mauricio Macri, sigue mostrando un resultado 20 puntos inferior a su vecino. Quizás allí radiquen los fundamentos que pueden explicar que mientras Chile reduce la pobreza, Argentina la ha incrementado.

¿Nos tiene que vacunar Chile?

No es novedad, los hermanos de Chile tienen un plan de vacunación mucho más eficiente que el de Argentina, donde las noticias sobre el tema giran en torno al escándalo de las vacunas VIP. Como muestra el siguiente gráfico, los datos son claros. Uruguay también es motivo de sana envidia. La ineficiencia no sorprende. Los K nunca se han caracterizado ni por eficiencia ni por transparencia.

El gobierno trata al tema Covid-19 como terminal (aunque en los hechos le preocupe más una reforma judicial). Si es cierto que Covid-19 es un tema terminal, quizás habría que haber cerrado el Ministerio de Salud y contratar a Chile para que administre las vacunas en el país. Más allá de un gesto de grandeza política, sería una manera más eficiente y rápida de inmunizar a la población para poder volver a la normalidad.

El punto no es hacer un comentario controversial, el punto es mostrar que lo controversial debería ser tema de poca relevancia dada la importancia que el mismo gobierno dice dar a la pandemia.

Hace falta mayor flexibilidad laboral

Según un reciente estudio del FMI, Argentina fue uno de los países más afectados por la pandemia en términos de pérdida de puestos de trabajo. Como ya es costumbre, hay que aclarar que los efectos en la economía no responden sólo al COVID-19, también responden a las decisiones de cuarentena y obligaciones de suspender actividades comerciales. Según el FMI, en Argentina se destruyó un 9% de los puestos de trabajo, por encima de países como México, Brasil, Estados Unidos, Canadá y España. Es decir, la cuarentena en Argentina pegó más fuerte a la economía que en otros países. Además, el número argentino se encuentra maquillado por medidas como prohibiciones de despidos. La capacidad de recupero en una economía postpandemia depende de la flexibilidad que tenga la economía para recuperarse y adaptarse a las nuevas condiciones de mercado.

Es de esperar que la salida de la pandemia sea un contexto de alta incertidumbre. No sabemos a ciencia cierta que tan rápida va a ser la recuperación de la economía mundial. O qué sectores se van a recuperar más rápido y cuáles más lento. Si contratar empleados es altamente costoso y riesgoso, entonces es de esperar una recuperación más lenta, así como un menor crecimiento a mediano y largo plazo. Todos entendemos este principio, aunque más no sea de manera intuitiva. Por ejemplo, las citas a ciegas desaparecerían si todo encuentro de esta naturaleza implica la obligación de contraer matrimonio. Un mercado laboral flexible ayuda a los trabajadores, dado que implica mayor predisposición por parte de los empleadores a contratar personal.

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“Le estamos diciendo al mundo que somos un país en el que no hay reglas”

El economista se refirió a las proyecciones para la Argentina en este 2021 tras un año de pandemia. El desafío de lograr el equilibrio fiscal y el histórico problema de la emisión monetaria. La fábrica de pobres y el lugar de los emprendedores en la recuperación.

“Hay que asumir las consecuencias, tomar distancia de lo popular y entender que la Argentina necesita cambiar a fondo, explica Adrián Ravier, economista especializado en teoría monetaria y finanzas públicas, en una entrevista que comienza con la descripción del profesional a cargo de hacer un diagnóstico que luego la política tendrá en sus manos para decidir un “curso de acción”.

Para Ravier, los problemas del país pasan por una serie de desequilibrios: fiscal, monetario, cambiario, exceso de impuestos, de deuda y de emisión monetaria, pero entendió que corregirlos no pasa únicamente por un tema económico sino de gestión de gobierno. “Cuando analizamos una política económica, no solo tenemos que mirar lo que ocurre en un sector específico, sino lo que ocurre en el conjunto de la economía”, agregó.

Aquí puede escuchar la entrevista completa o leer la nota.

El libro de Macri: ¿Censura y boicot?

El ex-presidente Macri escribió un libro, Primer Tiempo. Las noticias de los últimos días, sin embargo, no fueron en torno al contenido del libro, sino a la polémica desatada porque algunas librerías se han negado a vender el libro. Varios días después, la polémica continúa, incluso con notas al respecto en los medios. Las sueltas acusaciones de censura y pedidos de boicot no se hicieron esperar.

Negarse a vender un best seller puede ser racional

Parece ser que una ideología K (anti-Macri) lleva a ciertos libreros a cometer un error: No vender un best seller. Sin embargo, es posible que la decisión sea racional e incluso hasta la correcta desde un punto de vista comercial.

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Otra vez el Consejo Económico y Social – por Alberto Benegas Lynch (h)

Es absolutamente inaudito que todavía se siga insistiendo en resucitar el antes fracasado Consejo Económico y Social, una idea inaugurada por Mussolini para reemplazar lo que consideraba el esperpento de la democracia por el corporativismo en el que algunos capitostes sustituirían al mercado libre. Los fracasos no son solo de nuestro país, hay otras experiencias fallidas.

En nuestra tierra el peronismo lo copió del dictador italiano con los mismos resultados nefastos una y otra vez. El acuerdo básico es la libertad que significa el respeto recíproco, es lo que advertía Alberdi para alejarnos de deliberaciones inútiles que se apartan del espíritu liberal. Para esto se necesita fortalecer marcos institucionales, lo cual no viene ocurriendo en nuestro medio. Cuando aparecen “acuerdos” que pretenden administrar procesos complejos vía consejos sobre producción, precios, salarios y equivalentes se generan desajustes que sustituyen el fraccionamiento y la dispersión de conocimiento por concentración de ignorancia.

Como una ilustración, es del caso precisar el rol de los precios como trasmisores de información. Como ha apuntado el premio Nobel de economía Friedrich Hayek, se trata de un proceso de coordinación de conocimiento entre los actores de una sociedad libre a los efectos de lograr los objetivos de atender las demandas de la gente del modo más eficaz.

Estimo que nada mejor para ilustrar lo dicho que un relato del periodista estadounidense John Stossel. Nos sugiere que prestemos atención a un trozo de carne envuelto en celofán en la góndola de un supermercado. Acto seguido nos invita a que cerremos los ojos e imaginemos el proceso productivo en regresión. Los agrimensores que calculan y delimitan propiedades en los campos. Los alambrados y los correspondientes postes (esto solo significa veinte o treinta años desde la siembra a la tala, los transportes, las fábricas para esos medios de locomoción, las cartas de crédito, los seguros, el personal administrativo, el de las obras, etcétera). Los tractores, los plaguicidas, los fertilizantes, las cosechadoras, los caballos, las riendas y monturas, los peones, el ganado, las mangas y bebederos, y así sucesivamente, hasta el supermercado de marras con el mencionado producto.

Cada uno en esta cadena de producción está ocupado y preocupado con sus faenas específicas sin saber de otras tareas e incluso en algunos casos sin poder explicitar bien lo que ellos mismos hacen, es decir, “conocimiento tácito” como explica Michael Polanyi igual que ocurre cuando nosotros andamos en bicicleta y no somos conscientes de las leyes físicas implícitas, simplemente andamos. Todos estos cientos de miles de personas se coordinan a través de los precios que surgen como consecuencia de las transacciones de derechos de propiedad sin que nadie hasta la última etapa esté al tanto del trozo de carne envuelto en celofán en la góndola del supermercado.

Los miembros de un Consejo Económico y Social no pueden reemplazar el proceso que dejamos consignado. Lo intentan hacer –muchas veces con los mejores propósitos– porque no se percatan del valor de la libertad y solo entienden de imposiciones y consejos atrabiliarios, lo cual arruina a todos pero muy especialmente a los más necesitados, que son los que más sufren frente a los descalabros que incrusta el estatismo.

En esta línea argumental se torna indispensable reiterar los desbarajustes que inexorablemente producen los precios controlados o el subterfugio de “precios cuidados” que siempre se convierten en fenomenalmente descuidados no solo por la manía de controlar, sino por no eliminar la razón última de la escalada de precios, cual es la estafa generalizada que llevan a cabo los gobiernos y que los economistas llamamos inflación.

El precio limpia oferta y demanda, en la medida en que aumenta lo primero baje el precio y se incremente lo segundo y, a la inversa, cuando disminuye lo primero sube el precio y se contrae lo segundo. Cuando los aparatos estatales se inmiscuyen y establecen precios máximos, invariablemente se suceden los siguientes cuatro efectos centrales. Primero, la demanda se amplía debido al precio gubernamental más bajo. Segundo, en el mismo instante del control los bienes disponibles no alcanzan para atender ese demanda ampliada, por lo que aparece faltante artificial. Tercero, se alteran los márgenes operativos, con lo cual surgen artificialmente otros renglones como más atractivos debido al deterioro en las señales de mercado, con lo que se estimula el derroche. Cuarto, como una defensa de la gente, se filtra el mercado negro, que abastece a un precio mayor, que incluye la prima por el riesgo de operar clandestinamente, pero que atiende la demanda insatisfecha.

El empresario puesto a competir en el mercado abierto se convierte en un benefactor que obtiene ganancias si da en la tecla con las necesidades de su prójimo e incurre en quebrantos si yerra. Si es exitoso para detectar arbitrajes no por ello necesariamente sabe de filosofía política ni de las leyes de la economía, recordemos que Einstein consignó que “todos somos ignorantes, solo que en temas distintos”. Como ha señalado Adam Smith, los empresarios vinculados al gobierno son un peligro manifiesto, pues tienden a buscar privilegios del poder político de turno, con lo que se convierten en explotadores de sus congéneres.

Un ejemplo del dislate estriba en aceptar la integración del fascista Consejo Económico y Social con sindicalistas generalmente amparados en la figura de la personería gremial también copiada de la Carta de Lavoro del inventor del fascismo italiano. Sobre la participación de ciertos académicos en este rejunte con visos autoritarios prefiero no pronunciarme para no ofender. Las intenciones no son relevantes, lo significativo son estos andamiajes conceptuales que inexorablemente se encaminan a resultados adversos.

En lugar de estos esfuerzos estériles sería bueno un poco más de recato y sentido común y eliminar ese adefesio conocido como banca central, ya que, como ha escrito otro premio Nobel en economía, Milton Friedman, “la moneda es un asunto demasiado serio como para dejarlo en manos de banqueros centrales”. Como se ha señalado, la banca central solo puede operar en una de tres direcciones: a qué tasa emitir, a qué tasa contraer o dejar igual la base monetaria. Cualquiera de esos tres caminos distorsionará los precios relativos, con lo que el consiguiente consumo de capital reduce los salarios e ingresos en términos reales. Y si se dijera que la denominada autoridad monetaria tiene la bola de cristal y procediera conforme a lo que la gente prefiere, resulta del todo superflua la intervención para hacer lo mismo que la gente hubiera hecho con ahorros en gastos administrativos y, por otra parte, la única manera de saber lo que la gente hubiera preferido es dejarla que se exprese, esto es, que pueda elegir el activo monetario de su preferencia y dejar de lado el fetichismo de nuestra época, cual es la banca central y el curso forzoso, que producen un drenaje espectacular en el fruto del trabajo ajeno.

En resumen, el susodicho Consejo debería dejarse sin efecto y resolver los problemas con rigor, sin absurdos voluntarismos que a todos perjudican y solo se dirigen a celebrar y aplaudir los atropellos del Leviatán.

El autor completó dos doctorados, es docente y miembro de dos academias nacionales.

Publicado originalmente en La Nación, 12 de marzo de 2021.

La Nación: El kirchnerismo contra los molinos de viento

En su clásico Don Quijote de la Mancha, Cervantes cuenta como Don Quijote pelea contra enemigos imaginarios, los molinos de viento. Viendo el comportamiento reciente del Gobierno en materia de política económica, uno no puede dejar de ver la analogía. El Gobierno se ha embarcado en una cruzada contra molinos de viento. El gobierno también tiene sus Sanchos Panza, aquellos que en el fondo no caen presa del mundo imaginario K pero acompañan el proyecto por promesas de poder o cargos públicos.

Las diferencias entre el kirchnerismo y la economía no son ideológicas, son fundamentales. La doctrina económica K se contradice con lo que cualquiera manual de introducción a la economía escrito utilizado en cualquier universidad sostiene sobre temas fundamentales. ¿Quién tiene razón, la minoría heterodoxa en el gobierno (¿los Sancho Panza?) o los manuales de economía que se usan hace décadas en el resto del mundo? Algunos ejemplos. La inflación no es un problema ni de puja distributiva ni multicausal. Mucho menos se combate con controles de precios. El comercio internacional es amigo, no enemigo. Un mercado laboral flexible facilita mayor empleo, menor pobreza, y mayores inversiones (por más que quite poder a los sindicatos). El libre mercado genera riqueza, no pobreza. Podemos seguir con los ejemplos por largo rato, pero el punto se entiende. ¿Cómo se explica tal desconexión entre el Gobierno y los fundamentos de una economía sana?

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