Estados Unidos, entre Trump y un posible regreso a los orígenes – Por Alberto Benegas Lynch (h)

Habitualmente mis columnas no son sobre temas coyunturales, pues pienso que para que las cosas mejoren es indispensable abrir debates sobre temas de fondo. De lo contrario, actuamos como perros histéricos en círculos intentando morderse el rabo.

No es que la coyuntura sea irrelevante. Es necesaria a los efectos de estar informado de lo que ocurre. Naturalmente los medios recogen los acontecimientos diarios y los trasmiten a la opinión pública, pero también los medios cuentan con columnas de opinión donde miran más lejos y abren horizontes en la esperanza de que las coyunturas futuras resulten mejores. Desafortunadamente muchos de los colegas economistas se circunscriben a los datos de lo que sucede en el momento con lo que se pierde perspectiva. Es cierto que hay quienes se refieren a la coyuntura como un ancla para aludir a ideas de fondo, pero lamentablemente no es el caso de la mayoría con lo que se pierde tiempo y energía para correr el eje del debate.

Por suerte los grandes maestros han dejado de lado la coyuntura en sus ensayos y libros, de lo contrario en lugar de jugosos legados nos hubieran dejado series estadísticas más o menos irrelevantes de períodos acotados que en el mejor de los casos sirven para algún historiador de ese período de tiempo.

En estas líneas me refiero muy telegráficamente a lo que viene ocurriendo en el otrora bastión del mundo libre: Estados Unidos. Ese extraordinario país nació y se formó en base a los valores y principios establecidos por los Padres Fundadores que iluminaron a buena parte de Occidente, pero de un tiempo a esta parte la decadencia es notoria precisamente debido a que se le dio la espalda a las antedichas guías, principalmente morales de respeto recíproco. En este sentido publiqué un libro titulado Estados Unidos contra Estados Unidos y editado por la mexicana Fondo de Cultura Económica, con una segunda edición por Unión Editorial de Madrid, donde expongo largamente las causas de ese declive en materia institucional, económica y jurídica en el contexto de la historia de ese país.

Ahora estamos frente a un impeachment promovido por la Cámara de representantes que lo acusa a Trump principalmente de llevar a cabo maniobras que apuntaron a uno de sus rivales en las elecciones del año próximo. Si bien se pronostica que la Cámara que debe juzgarlo lo absolverá debido a una mayoría republicana, este proceso implica una severa advertencia al morador de la Casa Blanca. Pero los problemas que presenta esta presidencia exceden en mucho lo denunciado.

Las reacciones de Trump con la prensa independiente son inaceptables. En una sociedad libre cualquiera puede discrepar con lo que apuntan los medios, pero lo que no es admisible es que se eche a un periodista de la Casa Blanca como si su circunstancial ocupante fuera el dueño del lugar, además de lo impropio de la falta elemental de consideración con la libertad de expresión como bastión fundamental del sistema republicano. Recordemos que Thomas Jefferson ha dicho: “Entre un gobierno sin libertad de prensa y libertad de prensa sin gobierno, prefiero esto último”.

También es necesario subrayar las “cajas destempladas” con que ha tratado Trump a fallos judiciales que le son adversos, el maltrato a gobernantes de países tradicionalmente aliados con sus absurdas “guerras comerciales” y su nacionalismo digno del tercermundismo. Hay que tener muy presente su desplante frente a los acontecimientos en Charlottesville, cuando desfilaron energúmenos alzando la tenebrosa marca nazi que el Presidente consideró al grupo como “buena gente” equiparándolo a otra marcha integrada por personas que se oponían a la mencionada manifestación.

En el terreno económico la administración Trump ha elevado exponencialmente la deuda y el gasto públicos. Su reducción impositiva y los consecuentes efectos positivos son solo un aspecto parcial del cuadro de situación. Esto recuerda a la entrega de espejitos de colores a los indios para establecer instituciones esclavistas como la mita y el yanaconazgo. Hay quienes se quedan con esto y hacen la vista gorda a la declinación en modales republicanos y atropellos al decoro y a la división de poderes, en definitiva fabricando un Leviatán más adiposo en el contexto de repetidas muestras de xenofobia, lo cual no puede ser más a contracorriente de la más deslumbrante tradición estadounidense.

Muchos de sus antiguos colaboradores ahora lo critican severamente como, por ejemplo, su ex secretario de Estado, Rex Tillerson -durante décadas CEO de Exxon Mobil, la tercera empresa de mayor facturación en el mundo-, quien ha dicho públicamente que “Trump no tiene la menor idea de lo que significa el comercio libre” y que “muchas de las cosas que afirma no se condicen con la realidad de los hechos”.

Incluso en temas muy trascendentes desde el punto de vista moral y científico como es el desatino del aborto, Trump era partidario hasta entrada su carrera presidencial, situación en la que los asesores le dijeron que su base en el Tea Party estaban decididamente en contra lo cual lo hizo cambiar revelando una frivolidad digna de mejor causa.

Tony Schwartz, autor de su biografía best-seller The Art of the Deal, ahora afirma este autor en los medios que ha “llegado a la conclusión de que Trump está desequilibrado y carece de las condiciones para mantenerse en el cargo”.

Debido a las muchas reservas morales que aun existen en Estados Unidos, es de esperar que no tarde en producirse una reacción saludable en dirección a las formidables propuestas de los Padres Fundadores, aunque se vislumbran candidatos y candidatas en las filas del Partido Demócrata que prometen agudizar el tamaño del aparato gubernamental. Por suerte hay algunas expresiones muy estimulantes en el propio Partido Republicano, por ejemplo, las declaraciones reiteradas y la publicación de un sustancioso libro por parte de Jeff Flake del riñón del republicanismo que lleva el mismo título del legendario Barry Goldwater: The Conscience of a Conservative. Flake, quien es conocido por sus notables discursos en el Senado, sostiene que “Trump no puede seguir en la presidencia puesto que no solo ofende la confianza del pueblo sino que ha dejado de lado lo mejor de la tradición del Partido Republicano”.

El autor es Doctor en Economía y también Doctor en Ciencias de Dirección, preside la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires y es miembro de la Academia Nacional de Ciencias Económicas.

Publicado originalmente como columna de opinión de Infobae, 28 de diciembre de 2019.

Psicología y Explicaciones Alternativas de la Inflación

A pesar de la distinguida historia inflacionaria de Argentina, varios políticos y economistas reniegan las explicaciones monetarias de la inflación. Se insiste con que la inflación es un “fenómeno multi-causal”. Tan multi-causal que hasta la psicología seria uno de los orígenes de la inflación. Sin embargo, asumiendo la multi-causalidad de la inflación, sigue siendo difícil aplicarlas a la Argentina reciente.

¿Cuál es el problema a explicar?

Recordar, primero, que lo que hay que explicar no son unos pocos años de baja inflación. No, lo que que explicar es más de una década de alta inflación (entre un mínimo de 10-15% y un maximo de 50% -Figura 1).

Figura 1: Inflación interanual
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Las 5 claves de la macroeconomía para el próximo año

La herencia 2019 es muy distinta que aquella recibida por Cambiemos en 2015. En aquel año, la Argentina enfrentaba fuertes desequilibrios fiscal, monetario y cambiario, además del cepo, las tarifas atrasadas y la poca transparencia del Indec.

En 2019 los problemas son otros, empezando por la reestructuración de la deuda. Si esta negociación es exitosa y se posterga el pago de intereses por un plazo de uno o dos años, la macro argentina 2020 tendrá una base de equilibrio fiscal primario, consolidado (las provincias también tienen las cuentas ordenadas) y financiero. También parte de un tipo de cambio más alto que no requiere de nuevas devaluaciones, con el costo político y social que siempre ha provocado. Alberto Fernández podría arrancar ya desde su primer año con un ordenamiento de la macro que de lugar a un rebote de la economía, tras dos años de crisis.

¿En qué consistirá la política económica en 2020?

1. Reestructuración de la deuda. La situación es compleja porque hay que negociar con el FMI y otros acreedores un cambio de bonos por otros, pero considerando que hoy cotizan a un 40 % de su valor original, la posición del gobierno argentino luce sencilla. Proponer bonos sin quita, postergando el pago de capital e intereses para dentro de dos años podría ser suficiente para que Argentina recupere actividad, y con ello recaudación, alcanzando un superávit fiscal primario que permita empezar a pagar los compromisos de deuda pasado ese plazo.

El mayor problema del Gobierno aquí es creer que una mayor quita de capital a los acreedores, es mejor para la Argentina, porque queda menos endeudada. Hay que tomar consciencia que Argentina debe empezar a recorrer un camino donde construya reputación, en lugar de seguir con la viveza criolla que destruye nuestra calidad institucional.

La situación es compleja porque hay que negociar con el FMI y otros acreedores un cambio de bonos por otros, pero considerando que hoy cotizan a un 40 % de su valor original, la posición del gobierno argentino luce sencilla
La situación es compleja porque hay que negociar con el FMI y otros acreedores un cambio de bonos por otros, pero considerando que hoy cotizan a un 40 % de su valor original, la posición del gobierno argentino luce sencilla

El mayor problema del Gobierno aquí es creer que una mayor quita de capital a los acreedores, es mejor para la Argentina, porque queda menos endeudada

2. El equipo económico afortunadamente ya ha dado señales claras de buscar los equilibrios múltiples mencionados, y el ministro Martín Guzmán ha sido claro en reiteradas ocasiones en buscar estos equilibrios en forma integral. Pero lamentablemente, el camino para buscar este equilibrio fiscal fue por la vía de nuevos impuestos, lo que permitiría mejorar la recaudación en el corto plazo.

Mi diferencia aquí radica en señalar que la Argentina debe reducir la presión tributaria si busca multiplicar la inversión real y así generar empleo genuino. Guzmán entiende que el mayor problema que recibió como herencia es la deuda social, con un alto nivel de pobreza, indigencia y desempleo. Por ello se rehúsa a tocar el gasto público y más bien encara el problema por el lado de los impuestos.

Parece ignorar el ministro la fuerte carga de gasto improductivo que tienen nuestros presupuestos nacional y provinciales. Habría sido mucho más reconfortante si Martín Guzmán hubiera mencionado esto, y con tiempo atacara el gasto que desvía recursos de los bolsillos de la gente a una clase política que se enriquece.

Martín Guzmán entiende que el mayor problema que recibió como herencia es la deuda social, con un alto nivel de pobreza, indigencia y desempleo. Por ello se rehúsa a tocar el gasto público y más bien encara el problema por el lado de los impuestos (REUTERS/Mariana Greif)
Martín Guzmán entiende que el mayor problema que recibió como herencia es la deuda social, con un alto nivel de pobreza, indigencia y desempleo. Por ello se rehúsa a tocar el gasto público y más bien encara el problema por el lado de los impuestos (REUTERS/Mariana Greif)

3. El gasto público se había incrementado en los 12 años del kirchnerismo desde un 25% promedio del PBI en las décadas previas a un insostenible 46% del PBI. Este gasto se ha reducido en estos cuatro años de Cambiemos, a través de algunos ajustes selectivos como la quita de subsidios a los servicios públicos, pero más aun por la propia crisis económica, por las devaluaciones y su inflación consecuente, que licuó ingresos y salarios reales y permitió bajar el gasto a un estimado de 40 a 42% del PBI para 2019.

Si Argentina rebota en actividad y el PBI recupera su potencial, entonces la baja podría continuar un sendero de ordenamiento, pero si el gasto sigue incrementándose esta meta de recuperar niveles sostenibles queda cada vez más lejana.

Si la Argentina rebota en actividad y el PBI recupera su potencial, entonces la baja del gasto podría continuar un sendero de ordenamiento, pero si sigue incrementándose esta meta de recuperar niveles sostenibles queda cada vez más lejana

4. El empleo en el sector público es el mayor desafío que el Gobierno tiene por delante entonces, no es la renegociación de la deuda, que luce sencilla y rápida, sino contener el incremento del gasto público. Es cierto que Cambiemos bajó el gasto público sobre PBI de 46% a 40%, pero esa reducción es de baja calidad. La planta de personal no se ha reducido, y la reducción en los salarios reales se iría recuperando y con ello también se incrementará la relación gasto sobre PBI que Cambiemos heredó en 2015.

No parece descabellado pensar en un escenario donde el presidente Alberto Fernández dará respuesta a sus propias promesas de campaña, cediendo ante los cantos de sirenas de todo el arco político, y con ello se elevará el gasto, de nuevo a niveles que pondrán contra las cuerdas a la Argentina. Es cierto que en el corto plazo, ese mayor gasto podría financiarse con los nuevos impuestos, más la suspensión de pagos de deuda (tanto de capital como de intereses), pero una vez que Argentina enfrente nuevamente los vencimientos de deuda, volverá a ser insostenible.

No parece descabellado pensar en un escenario donde el presidente Alberto Fernández dará respuesta a sus propias promesas de campaña, cediendo ante los cantos de sirenas de todo el arco político, y con ello se elevará el gasto, de nuevo a niveles que pondrán contra las cuerdas a la Argentina

5. Sustentabilidad fiscal. Alberto Fernández mencionó muchas veces que su política económica se parecerá a la del primer gobierno kirchnerista. No olvidemos que aquella Argentina, si bien dio alivio social tras la crisis de 2001, nos condujo a los desequilibrios fiscal, monetario y cambiario que luego condenaron a la Argentina a varios años de estancamiento y crisis.

Martín Guzmán no debe perder de vista la sostenibilidad del rebote, recuperación y crecimiento que en el corto plazo podría iniciarse, y para ello el plan tiene que ser integral, consistente, viable y sostenible. Por ahora no hay señales de que el plan sea sostenible. Rehusarse a reducir el gasto improductivo, más impuestos y aislamiento nunca dio resultado.

El autor es economista, profesor de Eseade

Publicado originalmente como columna de opinión en Infobae, 17 de diciembre de 2019.

Diplomatura en MACROFINANZAS en ESEADE – Inicia en Marzo 2020

Este programa se propone introducir al alumno en el mundo de la macroeconomía y las inversiones financieras, tanto de activos fijos como variables, aprehendiendo una terminología especializada del campo de las macro-finanzas.

Se espera que este programa le permita al profesional:

  • Administrar su propio portafolio de inversiones y ofrecer asesoría a clientes
  • Analizar, diseñar e implementar políticas económicas
  • Analizar el comportamiento de las variables macroeconómicas y financieras
  • Evaluar  y tomar decisiones en los órganos ejecutivos de gobierno en los temas económicos
  • Contribuir al diseño y evaluación de proyectos de inversión
  • Actuar como consultor y analista económico en organizaciones públicas y privadas

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Plan de estudios y cuerpo docente:

Análisis económico – Adrián Ravier

Mercado de Capitales – Diego Martínez Burzaco

Economía Superior – Roberto Cachanosky e Iván Cachanosky

Indicadores para la toma de decisiones económicas – Aldo Abram e Iván Cachanosky

Seminario de Macro-Finanzas 1: Trading y Psicología – Iván Carrino

Seminario de Macro-Finanzas 2: Renta fija – Manuel Oyhamburu

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Acceda aquí a más información, incluyendo plan de estudios y cuerpo docente.

Para más información puede escribir a info@eseade.edu.ar

WP: Entrepreneurship in a Theory of Capital and Finance: Illustrating the use of Subjective Quantification

En mi último escrito junto a Peter Lewin expandimos nuestro trabajo en finanzas y teoría de capital al ámbito de empresarial. En concreto, las ganancias y pérdidas que en empresario “observa” poseen un componente subjetivo. Por ejemplo, hay gastos que pueden ser considerados inversión o gatos operativos (como la creación de una marca). Este componente subjetivo altera el resultado económico observado de un emprendimiento.

La visión empresarial (el alertness de Kirzner) no opera sólo de la empresa hacia afuera, también opera dentro la propia empresa. Saber leer la correcta naturaleza de distintos gastos es parte de la necesaria visión empresarial de un emprendedor éxitos.

Abstract

In order to identify and evaluate an entrepreneurial opportunity calculation is required. The entrepreneur must do more than simply perceive an opportunity to do something new to create value in the marketplace. Insofar as alternative possible actions exist, the entrepreneur must choose between them. And even as the chosen opportunity is pursued, he must choose between alternative modes of production and organization in the ongoing combination of resources. It has been pointed out that this requires monetary calculation. Little beyond this has been said in the entrepreneurial literature. The details of the kind of calculation required have been left mostly implicit. This article borrows from the finance literature to suggest a general and universal framework for such calculation and to offer one possible more specific method for using that framework for ongoing entrepreneurial judgment calls.

Acceder al paper en SSRN.

¿Qué es (y qué no es) el conservadurismo? – Por Alberto Benegas Lynch (h)

La generalización de la palabra “conservador” proviene de la época de la revolución inglesa de 1688 cuando Guillermo de Orange y María Estuardo deponen al rey. En esa instancia los conservadores pretendían conservar los privilegios otorgados antes de esa revolución que fundamentalmente se basó en los principios luego desarrollados por Algernon Sidney y John Locke.

En esta línea argumental, el conservador apunta a mantenerse el statu quo a toda costa. Está enredado en telarañas mentales que no lo dejan moverse, lo tienen apresado y es temeroso de ensayar otros horizontes. Es del caso señalar que no es conservador aquel que argumenta sobre la necesidad de todo lo que deriva del respeto recíproco, es decir, la conservación de valores universales de la conducta civilizada. No es conservador aquel que se opone a la violación, al asesinato y al robo. Precisamente se trata de principios clave de convivencia: el respeto a la libertad, a la vida y a la propiedad. Solo alguien muy distraído puede catalogar de conservadores a liberales que sostienen estos valores básicos.

La tradición conservadora así concebida es más una posición política que intelectual y académica. Cuando se esgrimen nombres de intelectuales conservadores se suelen mencionar los de Edmund Burke, Thomas B. Maculay, Tocqueville y Acton, pero ninguno de ellos se autotituló conservador, se consideraron siempre liberales insertos en la tradición Whig.

Antes he escrito sobre este tema, pero ahora viene muy al caso repasar algunos aspectos y agregar otros. El conservador muestra una inusitada reverencia por la autoridad, es quien parla de “el estadista”, “el líder”, “el dirigente” y, a veces, su excelencia reverendísimo y otros calificativos superlativos dignos del autoritarismo, en lugar de limitarse a algo más sobrio y ajustado propio del espíritu liberal como “referente” (el liberal siempre desconfía de la autoridad vinculada a la fuerza a diferencia de la autoridad moral e intelectual que reverencia).

Por lo mismo, el conservador deriva su postura del “filósofo rey” de Platón que tanto ha criticado Karl Popper, quien insiste en que lo relevante son las instituciones liberales y no los hombres “al efecto de que el gobierno haga el menor daño posible”.

El conservador es aprensivo de procesos abiertos en el contexto de la evolución cultural, mientras que el liberal acepta la coordinación de infinidad de arreglos contractuales que ninguna mente puede anticipar a contracorriente de los planificadores e ingenieros sociales a los que suelen rendir pleitesía los conservadores cuando coinciden con sus esquemas del statu quo.

El conservador es nacionalista y muchas veces inclinado al mal llamado “proteccionismo”, mientras que el liberal es por naturaleza cosmopolita y librecambista.

El conservador tiende a imponer sus valores personales, en cambio el liberal respeta todos los proyectos de vida siempre y cuando no lesionen derechos de otros. Más aún, el liberal no es muy partidario de recurrir a la expresión “tolerancia” puesto que, por un lado, los derechos se respetan, no se toleran y, por otro, aquél término arrastra cierta connotación inquisitorial de unos que perdonan los errores de otros.

El conservador es tradicionalista, a saber, la imposición de lo que viene ocurriendo pero el liberal es respetuoso de las tradiciones en el sentido de valores que hacen posible los intercambios pacíficos y voluntarios abiertos a nuevas contribuciones.

El conservador no solo no entiende el significado del proceso de mercado sino que le desconfía. Por otra parte, el liberal pretende despolitizar todo lo despolitizable al efecto de extender en todo lo posible los acuerdos contractuales.

El conservador el partidario de establecer alianzas con la Iglesia y el liberal la considera altamente nociva y peligrosa. Friedrich Hayek en el apéndice de Fundamentos de la libertad titulado “¿Por qué no soy conservador?” esboza sus objeciones al espíritu conservador y concluye que una característica consiste en su marcada tendencia a la negociación política y no a valores liberales “puesto que es partidario de la tercera vía sin tener metas propias lo cual lo lleva a pensar que la verdad debe estar en algún lugar entre los extremos y, como resultado, ha variado su postura según haya sido la fortaleza de los movimientos que se ubican en las respectivas alas” que no han hecho nada por configurar.

Debido a que en Estados Unidos se dejaron expropiar la expresión “liberal” para de contrabando asimilarla con las posiciones de izquierda, por oposición se ha comenzado a utilizar la palabra “conservador” y también “libertario” a pesar de la perseverancia que sugieren los grandes maestros en cuanto a la importancia de seguir empleando el término “liberal”.

También es de interés hacer referencia a la pastosa expresión “derecha” asociada al conservadurismo y al fascismo (a veces términos intercambiables) y a la “izquierda”, que es oportuno destacar que ha traicionado su significado original puesto que sus partidarios al sentarse a la izquierda del rey en la Asamblea de la Revolución Francesa pretendía eliminar todos los privilegios y la fuerza gubernamental para extinguir derechos lo cual queda estampado en el primer artículo de la Declaración de los Derechos del Hombre donde especifica que se trata de la igualdad ante la ley (en este sentido es que puede decirse que el izquierdismo ha mutado en espíritu conservador).

En todo caso, el tema no es tanto debatir etiquetas sino contenidos al efecto de precisar el significado de la plataforma a la que se adhiere puesto que cada cual puede definirse como le venga en gana, es cuestión de prestar atención a las ideas que pone de manifiesto. No es que carezca de interés las etimologías y el significado de las palabras porque por más que los diccionarios son libros de historia que mutan con el tiempo si le llamaos gato al perro nos internamos en confusiones y dificultamos las comunicaciones y el propio pensamiento puesto que el lenguaje sirve para esos propósitos cruciales.

En resumen, la estricta genealogía del conservadurismo nada tiene que ver con el liberalismo, son dos vertientes sustancialmente diferentes y llamar conservador al que conserva valores básicos de la convivencia civilizada contradice la idea de quien se mantiene aferrado al statu quo con independencia de la materia en cuestión.

Mantenerse aferrado a lo que sucede es lo contrario de lo que apunta con magistral sabiduría Vladimir Nabokov al abrir su formidable Curso de literatura rusa y que siempre han inspirado los textos de quien ahora escribe esta nota periodística: “Es el derecho a criticar el don más valioso que la libertad de pensamiento y de expresión puede ofrecer”.

El autor es Doctor en Economía y también Doctor en Ciencias de Dirección, preside la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires y miembro de la Academia Nacional de Ciencias Económicas.

Inteligencia artificial – por Alberto Benegas Lynch (h)

Telegráficamente intentaré en esta nota periodística demostrar que el título constituye una contradicción en los términos, que lo de la inteligencia artificial es un oxímoron.

Por una parte inteligencia deriva de inter-legum esto es leer adentro, captar significados o la esencia de lo observado cosa que la materia está imposibilitada de hacer y por otro lado y más importante aun, la inteligencia demanda capacidad de decisión, libertad, libre albedrío puesto que si está determinada por los nexos causales inherentes a la materia no hay posibilidad de elección independiente, hay programación inexorable.

La inteligencia del ser humano procede de que no solo se trata de kilos de protoplasma sino de psique, mente o estados de conciencia que permite revisar los propios juicios, ideas autogeneradas, distinguir entre proposiciones verdaderas y falsas, voluntad independiente, responsabilidad individual y moral. Si los humanos fuéramos aparatos programados, la libertad se tornaría en mera ficción.

Karl Popper ha bautizado como “determinismo físico” el supuesto de que el ser humano es pura materia que en ese caso no elije, decide y prefiere, es decir, no actúa, sino que está programado para decir y hacer lo que dice y hace, esto es, puro materialismo filosófico.

En la misma línea argumental, John Hick sostiene que allí donde no existe libertad intelectual -lo cual es propio del materialismo- naturalmente no hay vida racional, por ende, la creencia que el hombre está determinado “no puede demandar racionalidad”.

Con razón el premio Nobel en neurofisiología John Eccles concluye que “Uno no se involucra en un argumento racional con un ser que sostiene que todas sus respuestas son actos reflejos, no importa cuán complejo y sutil sea el condicionamiento”.

Es de interés destacar la opinión del premio Nobel en física Max Planck que en este contexto afirma que “se trataría de una degradación inconcebible que los seres humanos fueran considerados como autómatas inanimados en manos de una férrea ley de causalidad […] El papel que la fuerza desempeña en la naturaleza, como causa del movimiento, tiene su contrapartida, en la esfera mental, en el motivo como causa de la conducta”.

Por su parte el lingüista Noam Chomsky señala que “No hay forma de que los ordenadores complejos puedan manifestar propiedades tales como la capacidad de elección […] Jugar al ajedrez puede ser reducido a un mecanismo y cuando un ordenador juega al ajedrez no lo hace del mismo modo que lo efectúa una persona; no desarrolla estrategias, no hace elecciones, simplemente recorre un proceso mecánico”.

El uso metafórico algunas veces se convierte en sentido literal, tal es el caso también de las expresiones “memoria” y “cálculo” aplicado a los ordenadores. Como apunta Raymond Tallis aplicar la idea de memoria a las computadoras es del todo inadecuado, de la misma manera que cuando nuestros abuelos solían hacer un nudo en su pañuelo para recordar algo no aludían a “la memoria del pañuelo” puesto que “la memoria es inseparable de la conciencia”. En el mismo sentido, este autor destaca que en rigor las computadoras no computan ni las calculadoras calculan puesto que se trata de impulsos eléctricos o mecánicos sin conciencia de computar o calcular.

Thomas Szasz se refiere a otra metáfora pastosa en cuanto a la llamada “enfermedad mental” cuando esto contradice la noción de la patología que enseña que una enfermedad es una lesión orgánica, de tejidos y células y, por tanto, no puede atribuirse a comportamientos e ideas. Una cosa son los problemas químicos, desajustes en los neurotrasmisores y la sinapsis en el cerebro y otra es la mente. También Szasz muestra errores de algunas interpretaciones de las neurociencias en la materia.

Howard Robinson apunta que “Lo físico es público en el sentido de que en principio cualquier estado físico es accesible (susceptible de percibirse, de conocerse) para cualquier persona normal […] Los estados de conciencia son diferentes porque el sujeto a quien pertenecen -y solo ese sujeto- tiene un acceso privilegiado a eso” (lo cual no quiere decir que todo lo físico pueda tocarse o, en su caso, siquiera verse, como los campos gravitatorios, las ondas electromagnéticas y las partículas subatómicas).

Juan José Sanguineti resume bien el problema al escribir que “Los actos intencionados son de las personas, no de las partes ni potencias de las personas. Si doy un apretón de manos a un conocido para saludarlo calurosamente, no tiene sentido decir ´mis manos te saludan calurosamente´. Expresiones como ´mi cerebro cree´, ´mi hemisferio izquierdo interpreta´, ´la neocorteza percibe, ´las neuronas deciden´, ´el hipocampo recuerda´, ´mi sistema límbico está enfadado´ carecen de sentido, igual que atribuir a cosas como células o grupos de células actos como entender, tomar decisiones, preferir etc. […] Se puede decir mi ojo ve, aunque sería más exacto decir yo veo con mis ojos”.

En resumen, la tecnología y específicamente la robótica prestan servicios notables a la humanidad, de lo cual no se sigue que deban confundirse con los atributos humanos.

Publicado originalmente en el diario EL PAÍS de Uruguay, 28 de diciembre de 2019.

El efecto Guzmán: el mercado espera la letra chica del plan – Entrevista con La Gaceta de Tucumán

A continuación comparto extractos de una entrevista que me hizo el diario La Gaceta sobre las primeras afirmaciones de Guzmán como Ministro de Economía.

… Por el contrario, Adrián Ravier, doctor en Economía, considera que el mayor problema de la visión de Guzmán es pensar que defender la Argentina es defender al sector público. “No comprende que la dimensión que tomó el Estado en 2015 (y que aún se sostiene en 2019) es la causa de los desequilibrios macroeconómicos que tanto le preocupan”, expresa. “Guzmán es un economistas heterodoxo y crítico del FMI, de las recetas liberales. Desde antes de su asunción, jamás mencionó la situación de enormes desequilibrios heredados por Macri en 2015, como tampoco de la reducción de esos desequilibrios que se realizaron a lo largo de los últimos cuatro años, como el fiscal primario”, agrega. Ravier indica, no obstante, que el problema de la deuda puede llegar a solucionarse en 2020, “consiguiendo el aire que se necesita para no hacer esfuerzos fiscales mayores para pagar los intereses”.

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Informe de Economía e Instituciones – noviembre 2019 – UCA

Compartimos a continuación el Informe de Economía e Instituciones del mes de noviembre, que realiza el programa de investigación en el Departamento de Investigación “Francisco Valsecchi” de la UCA, con el objetivo de profundizar en el estudio de las instituciones que influyen en el desarrollo económico y social de Latinoamérica y la Argentina.

 Resumen ejecutivo:

La institucionalidad burocrática entre desafíos, estallidos y transiciones. Hugo Dalbosco

¿Argentina, nuevamente el péndulo: neoliberales vs estructuralistas desarrollistas? Ernesto O’Connor

Los contratos incompletos en las concesiones de infraestructura. Ricardo J. Sánchez

Si desea leerlo haga click aquí

A su vez, la colección completa la puede encontrar aquí.