Casi todo se ha vuelto en una eterna reiteración sobre la coyuntura lo
cual naturalmente no permite espacios para tomar distancia y pensar el futuro a
los efectos, precisamente, de permitir coyunturas mejores. La permanente
concentración en el día a día no hace posible modificar el rumbo con lo que la
repetición de errores se hace inexorable.
Se viven tapando incendios y en estados de emergencia como consecuencia
de que nadie se tomó el trabajo de imaginar cosas diferentes. Es como el perro
que pretende morderse la cola en círculos desesperados. Así no se zafa de una
infame calesita que no cesa de machacar sobre los mismos panoramas.
Desafortunadamente cuando alguien recoge el guante y anuncia que se
ocupará de ideas de fondo no tiene mejor ocurrencia que pensar en la manera de
vender la idea. Craso error. Las ideas no se venden en el sentido de que no
están sujetas a las estrategias de comercialización como cuando se vende un
dentífrico o un desodorante. En estos casos y en todos los demás, cuando se
pretende colocar un producto en el mercado es del todo inconveniente explicarle
al cliente potencial cuales fueron todos los procesos de producción
involucrados puesto que se consumiría malamente el tiempo en lugar de centrar
la atención en los beneficios que reportaría la adquisición del bien en
cuestión por parte del comprador.
Sin embargo, a menos de que se trate de un fanático que compra cualquier
cosa con solo insinuársela, en el caso de las ideas es inexorable la cuidadosa
explicación y argumentación en el contexto de rastrear la genealogía de la idea
en cuestión para que el receptor comprenda y la acepte. En otros términos, no
se trata de una venta en la que se exhiben las ventajas del producto final
sino, como queda dicho, se torna indispensable explicar el “proceso de
producción” y fundamentación de la idea.
De menor importancia resulta la persistente manía de traducir el
concepto filosófico que se desea trasmitir en un mensaje de unos pocos minutos
como si se estuviera publicitando una camisa o un perfume. No es que esto
resulte inútil. La capacidad de síntesis es muy relevante y bienvenida pero hay
ideas que demandan razonamientos que insumen tiempo y que no pueden ser
tratados livianamente. No en vano los grandes pensadores han escrito volúmenes
varios. El acervo cultural no es tema para la propaganda y los marketineros, es
para meditar, digerir, discutir y reflexionar. Como digo, esto no es esencial
ya que los mensajes instantáneos pueden hacer de apoyo logístico circunstancial
pero nunca el basamento de ninguna filosofía. No es lo mismo que el café
instantáneo.
Lo mismo puede decirse de la televisión, redes sociales y equivalentes:
pueden hacer de apoyo logístico pero el que pretenda reemplazar la detenida
lectura de ensayos, artículos, libros y el dictado de clases por un spot
televisivo no sabe de que está hablando. Sería sumamente fácil reemplazar la
cultura por lo audiovisual de un momento pero en todos los casos tras estos fetiches
se encuentran pensamientos de largo aliento, sean éstos verdaderos o falsos
pero siempre presentan debates de grueso calibre.
En conjunción con Vincint Publicidad que dirigía el buen amigo Pedro
Naón y Jacques Perriaux financiado por un grupo de empresarios para salir al
aire, conduje una serie televisiva de pocos minutos cada una donde intentaba
mostrar las ventajas de la competencia y conceptos similares, serie que se
denominó “Pedro y la manzana” la cual conservo las sucesivas ediciones. Fue un proceso
interesante donde debía escribir la idea en una carilla y los creativos de la
mencionada agencia de publicidad interpretaban lo escrito en borrador y lo
discutíamos y reconstruíamos hasta que aprobaba la versión final. Pero esta y
tantas otras experiencias no significa para nada que pueda sustituirse el
ensayo ni la lectura detenida o “vertical” como diría Ortega para diferenciarla
de la “horizontal que es el patinar sobre las letras”.
Hay videitos que son muy didácticos y twitter presta sus servicios pero
no se pretenda resumir y encajar allí el acervo cultural de Occidente como a
veces parece a que apuntan algunos enceguecidos por las redes sociales al
jibarizar y mutilar conceptos, pues no solo erraremos fieramente la meta sino
que terminaremos hablando como Tarzán. En la mayor parte de los debates
actuales hace falta biblioteca a gritos.
Estimo que el mal de nuestro tiempo es que nos consumimos la vida en
describir la coyuntura y sugerir medidas coyunturales mientras nos devora el
agujero del momento que se profundiza porque muy pocos son los que abren
discusiones que pretenden correr el eje del debate.
Y en este orden de cosas, muchos de los que se dicen liberales son los
timoratos de la historia, es decir, los que no se animan a proponer cambios en
la agenda pues temen lo “políticamente incorrecto”, en cambio lo que
genéricamente podemos denominar las izquierdas muestran mucho mayor coraje para
plantarse en temas que consideran de fondo para sus propósitos. Para ilustrar
esto último pongo como ejemplo el título de la conferencia de Herbert Marcuse
-la cabeza intelectual del Mayo francés- ante estudiantes canadienses en 1969:
“Exijamos lo imposible”.
Y no empecemos con la perogrullada de que “una cosa es la teoría y otra
la práctica” para significar el absurdo de que una cosa puede funcionar en
teoría pero no lo puede hacer en la práctica puesto que si el proceso se basa
en una buena teoría quiere decir que sirve a la práctica en el sentido de que
“nada hay más práctico que una buena teoría”, lo contrario es andar por la vida
a los tumbos dando palos de ciego. Todo lo que hoy disfrutamos sea la
computadora, la medicina, la alimentación, el transporte etc etc es fruto del
análisis teórico.
Con lo dicho no quiero significar
que no se anuncien las coyunturas de cada día. Es importante estar informado,
pero otra cosa es estar enfrascado y encerrado en la coyuntura incapacitado
para inocular otro oxigeno renovado y abrir nuevos horizontes siempre en el
contexto de que el conocimiento tiene la característica de la provisonalidad
abierto a posibles refutaciones en un contexto evolutivo.
A esta altura de los acontecimientos mundiales que son del dominio
público no es suficiente concluir que debe reducirse el gasto público lo cual
constituye una abstracción, hay que decir concretamente que funciones se
eliminarán y no podar que como en la jardinería crece con mayor vigor. Tampoco
tiene sentido afirmar alegremente que reducir el gasto público debe traducirse
en la disminución de la planta automotriz de los burócratas, lo cual es un
infantilismo.
Doy solo una terna de ejemplos de lo que quiero significar con debates
de fondo… y cuidado con caer en la mirada timorata a que nos referíamos más
arriba. Uso estos ejemplos ya que al haberme referido a ellos antes me exime de
extenderme demasiado en los mismos.
Primero, cuestionar y reformar el mal llamado sistema de seguridad
social (que es en verdad un sistema de inseguridad antisocial). Un sistema de
reparto quebrado bajo cualquier criterio actuarial con que se lo quiera mirar
en todas partes del mundo en que se lo aplica y ha servido para que los
aparatos estatales echen mano a los fondos para financiarse y colocar en su
lugar los consabidos títulos públicos que aumentan aun más las deudas. No se
trata de pasar a un sistema de capitalización privado obligatorio sino en
permitir que cada uno disponga del fruto de su trabajo, tal como era antaño
antes del maldito estado benefactor (en verdad estado saqueador).
En esta línea argumental, entre otros, el economista Iván Carrino está
trabajando en una delicada ingeniería para producir el cambio de marras a
través de una maestría que completará con un doctorado en Madrid sobre el mismo
tema. Se ha dicho que si el gobierno no obliga a la gente a aportar, no
proveerá para su vejez lo cual contradice lo realizado por inmigrantes en
distintas partes del mundo, por ejemplo en Argentina donde nuestros ancestros
invertían en terrenitos y departamentos que más adelante fueron asaltados por
las leyes peronistas de alquileres y desalojos. Este razonamiento no sigue el
silogismo hasta sus últimas consecuencias puesto cuando los pensionados cobren
las jubilaciones debido a los aportes compulsivos habrá que ponerles un policía
para verificar que no vayan a emborracharse al bar de la esquina, con lo que se
habrá cerrado el círculo orwelliano.
Mucho más adelante se intentó revertir parcialmente el problema abriendo
la posibilidad de elegir sistemas privados pero obligatorios que otro gobierno
decidió estatizar nuevamente en uno de los atracos más colosales de la historia
argentina por cuya idea fue premiado un fulano con la vicepresidencia, sujeto
que luego fue condenado por ladrón en múltiples causas.
Segundo, la importancia de cerrar todas las embajadas. Estos palacios
fenomenales rodeados de séquitos de cortesanos, funcionarios, recepciones
fastuosas, pasaportes diplomáticos, automóviles de lujo con choferes y demás
prebendas, se han ido acrecentando con el tiempo desde la época de las carretas
donde podían eventualmente justificarse debido a la falta de comunicación. Pero
hoy en día con teleconferencias y demás apoyos tecnológicos no tienen razón de
ser y solo alimentan una estructura burocrática a todas luces innecesaria.
Tampoco se justifican para abrir negocios lo cual hacen mucho más
eficientemente los empresarios. En este sentido es interesante subrayar, a
título de ejemplo, el caso de Guatemala que no mantiene relaciones diplomáticas
con China y es el país latinoamericano que comercia el mayor volumen per capita con ese país. Por supuesto
que esto toca una serie de intereses creados pero todas las medidas de fondo lo
hacen, el asunto es ver el costo-beneficio. Las medidas de fondo son difíciles
pero necesarias para corregir el estado de cosas que perjudica muy
especialmente a los más necesitados por la carga tributaria y el endeudamiento
que se acopla al mantenimiento de estructuras inútiles. Esto me trae a la
memoria citas de Santiago Kovadloff respecto a la correspondencia del General
San Martín con el General Pueyrredón entonces en el gobierno de Buenos Aires.
Cuenta Kovadloff que en el último pedido de pertrechos del primero al segundo
éste contesta el reclamo de San Martín diciendo que en el futuro ya no podrá
seguir con los envíos y además “su proyecto es imposible” a lo que el general
de los Andes le responde afirmando que “es cierto que es imposible, pero es
indispensable”.
Tercero, como antes he apuntado es necesario (indispensable para
recurrir al léxico sanmartiniano) pensar en nuevos límites al poder puesto que
lo que hoy se denomina democracia se ha convertido en clepltocracia, a saber,
los gobiernos de ladrones de libertades, propiedades y sueños de vida. No es
cuestión de esperar a las próximas elecciones sino usar las neuronas para
imaginar nuevas vallas al abuso de poder antes que el globo terráqueo se
convierta en un inmenso Gulag en nombre de la así denominada democracia tan
distante de las concepciones de los Giovanni Sartori de nuestra época. En este
sentido deben subrayarse las propuestas de Friedrich Hayek para el Poder
Legislativo acopladas al ad honorem para
los legisladores en el contexto de leyes en el espíritu hayekiano para evitar
conflictos de intereses, las de Bruno
Leoni dirigidas al Poder Judicial en cuanto a los arbitrajes privados
completamente abiertos, los pasajes poco explorados de Montesquieu aplicables
al Ejecutivo en cuando al sorteo de candidatos y los jugosos debates en la
Asamblea Constituyente estadounidense sobre las ventajas del Triunvirato, sobre
todo lo cual me he explayado en otras oportunidades. No necesitan adoptarse
esas medidas concretas pero, reiteramos, no podemos quedarnos con los brazos
cruzados cuando observamos por doquier los atropellos inauditos del Leviatán en
muy diferentes lugares en nuestro atribulado mundo. La educación es la
respuesta pero debe acompañarse de efectivos límites al poder para evitar esas
ecuaciones falsas de que nos habla Juan González Calderón: 50% más 1% = 100% y
50% menos el 1% =0%.
En otros términos, tenemos que salir del atolladero de la coyuntura y plantear
temas de fondo, como decimos, al efecto de vislumbrar horizontes más
promisorios y no estar condenados al cercenamiento de las libertades. En mi
columna de la semana que viene me referiré
otro tema de fondo cual es el rol de nosotros los economistas, lo cual
ocupará todo el espacio de un artículo (o pequeño ensayo como son mis
contribuciones semanales, que si me propusieran pasarla a un spot televisivo
diría no gracias lo mismo que
respondería cualquier escritor que se precie de tal luego de quemarse las
pestañas en sus trabajos).