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Acerca de Adrián Ravier

Adrian Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y Profesor en la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín.

ESPERANZA EN VENEZUELA – Por Alberto Benegas Lynch (h)

El caso Chávez-Maduro ha sido el ejemplo contemporáneo más claro de la degradación de la idea de la democracia que fue concebida para proteger derechos y no para conculcarlos como ha sido el caso en grado superlativo que comentamos. Es la contracara más repugnante de lo estipulado por los Giovanni Sartori de nuestra época para caer en pura cleptocracia, es decir, gobiernos de ladrones de libertades, de propiedades y de sueños de vida cuando no de la vida misma.

Para evitar las repeticiones de estos abusos de poder tan grotescos como indecentes, se hace necesario, perentorio diría, contemplar nuevas vallas al ejercicio del poder al efecto de preservar el genuino espíritu democrático tan manoseado pero tan poco comprendido. He escrito antes sobre diferentes propuestas fértiles en esta dirección por lo que en esta oportunidad no me detendré en el asunto pero dejo sentado el tema. Fenómenos que ocurren en otros países que aun no siendo tan extremos como el venezolano muestran claros síntomas de burlas de diverso tenor al espíritu democrático.

Los pasos por el Orinoco de estos Atilas modernos dejan rastros profundos y cicatrices dolorosas por lo que eventuales nuevos administradores del poder deben proceder con celeridad a restaurar las heridas en línea con la preservación de las autonomías individuales sin rodeos de ninguna naturaleza. No se trata, claro está de sustituir tiranos de malos modales por uno con mejores modales, se trata de establecer una sociedad libre donde los derechos individuales característicos del liberalismo sean prioridad al efecto de abrir de par en par las puertas al progreso moral y material para todos pero muy especialmente para los más necesitados.

El vendaval espantoso que dejan los tiranos venezolanos con el apoyo  de la isla-cárcel-cubana ha producido efectos devastadores en todos los planos concebibles. El actual Papa no ha disimulado su simpatía por el socialismo y solo ha patrocinado “concordia entre las partes” que tal como han expresado veinte ex presidentes de la región, “es como si pretendiera que las víctimas se arreglaran con sus victimarios”.  Es de destacar por otro lado la valiente y decidida actitud de los dignatarios de la Iglesia venezolana a contracorriente y en abierta oposición a las directivas de su jefe en el Vaticano.

Debe destacarse también la posición decidida y con el necesario coraje moral de mandatarios de todo el mundo que han repudiado expresa y reiteradamente la tiranía venezolana, en especial la contundencia del Grupo de Lima. En esta línea argumental es del caso subrayar la perseverancia y la decisión del actual secretario general de la OEA que ha venido pregonando la necesidad de acabar con el engendro venezolano.

La seguidilla de marchas opositoras, los presos políticos, las muertes, la crisis económica que incluye falta de alimentos y fármacos elementales, las emigraciones masivas,  la asunción del nuevo poder en la Asamblea Nacional según lo prescripto por la Constitución a raíz de las elecciones amañadas y tramposos de Maduro desde todos los ángulos posibles de análisis, la marcha multitudinaria del 23 de enero pasado, como acabamos de consignar el reconocimiento internacional al nuevo gobierno a pesar del agresivo apoyo del gobierno ruso, insurrecciones militares esporádicas, arrestos y demás sucesos apuntan a una posible restauración de las instituciones republicanas.

Es de esperar que el payaso maligno de Maduro, buen heredero del comandante que inició la deblacle, ya no podrá hablar de “la multiplicación de los penes”, ni dirigirse a “los millones y millonas” ni hablar con los pajaritos y demás imbecilidades. Cabe recordar que Simón Bolívar escribió en el denominado “Discurso de Angostura”, el 15 de febrero de 1819, que “nada es tan peligroso como que permanezca largo tiempo un mismo ciudadano en el poder. El pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo; de donde se origina la usurpación y la tiranía”.

Lamentablemente siempre hubieron otros gobiernos cómplices del terrorismo que han dado apoyo directa o indirectamente a los estridentes patrocinadores del inaudito y reiterativo socialismo rebautizado como “del siglo xxi” con la intención de disfrazar las barrabasadas criminales del socialismo a secas. En La Habana delante del tirano Fidel, Chávez declaró que “Cuba es un bastión de la dignidad humana”… con los fusilamientos, la represión constante, las pocilgas en que se convirtieron los hospitales, el adoctrinamiento en que se convirtió la educación haciendo que se escribiera con lápiz para borrar y usar los mismos cuadernos debido a la escasez de papel y demás latrocinios y persecuciones a cualquier signo de oposición, en el contexto del partido único y la prensa oficial. Maduro continuó y profundizó las obscenidades de su maestro.

Es del caso tener presente lo expresado por el coronel Chávez en la entonces Asamblea Legislativa -recordado con algarabía y beneplácito por Maduro- en cuanto a que “no debe considerarse a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y el Ejército de Liberación Nacional (ELN) como guerrilleros terroristas ya que eso es un invento grotesco de Estados Unidos” y que “no son ningún grupo terrorista, son verdaderos ejércitos que ocupan espacios en Colombia, hay que darles reconocimiento, son fuerzas insurgentes que tienen un proyecto político, un proyecto  bolivariano que aquí es respetado”, a lo que naturalmente le replicó el ministro del interior colombiano del  momento al afirmar que “la calificación de terrorista no es caprichosa sino que deriva de los actos terroristas de las mencionadas bandas criminales”.

Sin duda que la historia venezolana descubre corrupciones y desaguisados ejecutados por varios de los partidos políticos de la era anterior a la irrupción de los tiranos de marras, pero esos problemas no justifican en modo alguno empeorar la situación como ha ocurrido desde el golpe militar de Chávez de 1992 sino, por el contrario, demanda tomar el camino inverso y sanear la República. Esperemos que muy pronto dejemos de presenciar el triste espectáculo de ver las vergonzosas imágenes de los aplaudidores tan o más repugnantes que el aplaudido, una masa amorfa de carne impregnada de servilismo.

A esta altura no podemos saber a ciencia cierta como terminará el episodio que venimos comentando, solo cabe precisar que si se decidiera el levantamiento de las Fuerzas Armadas esto sería un contragolpe puesto que el golpe ya lo propinaron los dictadores al alzarse contra los principios republicanos, con una urgencia aun mayor, por ejemplo, que los contragolpes independentistas que se revelaron en América del Sur y América del Norte contra la usurpación de derechos que impusieron en las colonias respectivamente por parte de la metrópoli española y la corona inglesa.

Me solidarizo con sus privaciones y sacrificios de la población venezolana, pero renuevo el pedido de estar alerta para no caer en medias tintas tan peligrosas como malsanas. El respeto a la propiedad privada constituye el eje central de las medidas urgentes a tomar puesto que como ha escrito Marx y Engels en el Manifiesto Comunista de 1848 “todo nuestro programa puede resumirse en esto: abolición de la propiedad privada”. Y debe tenerse muy en cuenta que en la medida en que se afecte ese derecho sin necesidad de abolirlo, en esa medida se producen desajustes graves que consumen capital y por ende reducen salarios e ingresos en términos reales.

No se puede jugar con fuego, en su momento la higiene conceptual debe ser completa con el criterio más exigente para lo cual, entre otras cosas, debe liberarse el sistema educativo de toda tutela gubernamental al efecto de permitir la competencia en un proceso que es por su naturaleza de prueba y error exento de toda politización puesto que el conocimiento tiene la característica de la provisionalidad sujeto a posibles refutaciones.

Otra medida aconsejable es la eliminación de la banca central y el curso forzoso para permitir que la gente elija los activos financieros con los que desea operar ya que la denominada “autoridad monetaria” solo puede decidir entre uno de tres caminos: expandir, contraer o dejar igual la base monetaria con lo que siempre y en todos los casos altera los precios relativos que son los únicos indicadores para los agentes en la economía. Esto, entre muchos otros, ha sido reiteradamente aconsejado por los premios Nobel en economía Friedrich Hayek y Milton Friedman.

Un tercer campo es la inexorable apertura comercial con el exterior para hacer posible las compras baratas y de la mejor calidad posible y así liberar recursos humanos y materiales para producir otros bienes y prestar otros servicios. Las culturas alambradas hacen mucho daño y permiten la acción depredadora de empresarios prebendarios que en su siempre hedionda alianza con el poder político de turno, explotan miserablemente a sus congéneres.

En cuarto lugar, la inmediata privatización de todas las empresas estatales al mejor postor sin base ni condición alguna ya que los incentivos son muy distintos en estos sitios donde hasta la forma en que se toma café y se encienden las luces es de modo sustancialmente diferente ya que la característica de una empresa propiamente dicha es el asumir riesgos con recursos propios y no coactivamente con el fruto del trabajo ajeno.

Por último, pero no por ello menos importante es la eliminación de ministerios y reparticiones burocráticas dejando sin efecto funciones pero nunca podando gastos porque, igual que con la jardinería, la poda hace que crezca con mayor vigor. Y de más está decir que desaparezcan cargos como el que propicia “la felicidad absoluta” y otras tropelías incalificables.

Hay muchas personas e instituciones que han hecho faenas admirables por la libertad de Venezuela en los últimos largos tiempos pero quiero poner en primer plano a dos de los embanderados con esta noble causa. Se trata del Centro de Divulgación del Conocimiento Económico (CEDICE) que en otro orden de cosas tuve el gusto de visitar en varias oportunidades y que también publicó uno de mis libros y El Diario de Caracas donde vengo colaborando con columnas semanales desde hace años.  

Salvo los sátrapas del régimen no hago nombres propios en esta nota periodística pero quiero hacer un par de excepciones respecto a dos personajes singulares que tenían un conocimiento profundo de lo que había que hacer en su país Venezuela y que se desvivieron por esa nación, sacrificaron su salud y sus negocios para bien de todos los venezolanos. Estoy naturalmente hablando del empresario Ricardo Zuloaga y del periodista Carlos Ball, hoy muertos ambos pero que permanecen en la memoria de nosotros sus amigos y de todos sus compatriotas de bien. En honor a estas personas y a tantos que como ellos ofrendaron sus vidas, es de esperar que nuestros hermanos venezolanos puedan encaminarse a la brevedad por la senda del progreso moral y material.

La moralidad del capitalismo – R. M. Hartwell – Libertas No. 4

El tema central de este artículo es la moralidad del capitalismo. (1) El capitalismo es un sistema socioeconómico que se caracteriza, desde el punto de vista institucional, por el predominio del mercado y de la propiedad privada, y, en términos de motivación, por el «incentivo de la ganancia», por el deseo y la voluntad del individuo de satisfacer en grado máximo sus necesidades. (2) En las sociedades capitalistas existe un gran respeto intelectual e ideológico por el individuo, y una fuerte protección legal a su persona y sus bienes. Las economías capitalistas son muy productivas y aseguran altos niveles de ingreso real a sus poblaciones. El capitalismo se desarrolló primero en Europa y se ajusta a la tradición sociopolítica de Occidente, que asigna un alto valor al individuo y a sus libertades. (3) Sin embargo, existen dos puntos de vista antagónicos acerca de su carácter y sus realizaciones. Tenemos, por un lado, a aquellos que admiran el capitalismo, no sólo por las actuales libertades y oportunidades que brinda al individuo sino también por la forma en que las ha incrementado hasta un nivel casi inimaginable en épocas pasadas. Por otro lado, a pesar de que este historial es evidentemente beneficioso, hay quienes critican al capitalismo por su ineficacia y su injusticia, al par que reivindican la superioridad del socialismo. El socialismo es un sistema socioeconómico que se caracteriza, desde el punto de vista institucional, por el predominio de la propiedad pública y la planificación y control absolutos de las actividades económicas por parte de una burocracia centralizada y, en términos de una motivación reiteradamente proclamada, por los ideales de igualdad y justicia. (4) En este ensayo nos ocuparemos precisamente de estos criterios contradictorios y trataremos de responder a las siguientes preguntas: ¿Qué es lo que caracteriza a una sociedad “buena” y “moral?” ¿Cuáles son los antecedentes históricos del capitalismo y del socialismo? ¿Cuáles son las principales críticas que se han formulado contra el capitalismo, y cuáles los argumentos invocados por los críticos? En este trabajo nos proponemos demostrar que el capitalismo es, por su naturaleza, más «moral» que el socialismo, porque se funda esencialmente en el respeto al individuo, y le brinda mayores oportunidades para satisfacer sus necesidades y estimular su desarrollo.

Acceda aquí al documento completo.

MISES: SÍNTESIS, EVALUACIÓN DE SU PENSAMIENTO Y SU RELEVANCIA PARA EL MUNDO ACTUAL – por Gabriel J. Zanotti

La vida de Ludwig von Mises tiene características muy peculiares.1 Nace en Lemberg en 1881 y su familia se muda a los pocos años a Viena. La familia de Mises pertenecía a un grupo de judíos no practicantes, de ideas ilustradas y reformistas, que tuvo mucha influencia en la Viena de entonces.2 Esto influye mucho en la vida del joven Mises, que recibe una especie de mandato familiar de salvación del mundo, no del sobrenatural, sino del terrenal, que Mises asume estoicamente. Estudia Derecho y Ciencias Sociales en Viena. No había, por suerte, en aquella época, una carrera separada de economía, sino una formación integral en ciencias sociales que luego admitía cierta especialización. Mises mismo cuenta después que “devino en economista” cuando lee a Menger y a los clásicos (Mises, 2001). Ya sea por su difícil carácter o ya sea por la ya inicial persecusión antisemita, no logra obtener una cátedra rentada, sino sólo un puesto como Privatdozent, sin salario. Tiene que ganarse la vida como asesor de la Cámara de Comercio Vienés, desde 1908 hasta 1934, lo cual le da una gran experiencia como economista de coyuntura. Sus escritos al respecto, que molestarían a más de uno que tenga de él la visión de un libertario que vivía en el topos uranos platónico, fueron ya publicados todos gracias a los esfuerzos de Richard y Anna Ebeling (Mises, 2012a).

Acceda aquí al documento completo. Forthcoming in Julio H. Cole (ed.), A Companion to Ludwig von Mises (Guatemala: Universidad Francisco Marroquín).

INDICE

Introducción General

Su Filosofía Política

Su Economía

Su Epistemología

Análisis Retrospectivo

Conclusión

Los peligros de la figura de la extinción de dominio – por Alberto Benegas Lynch (h)

Hay una muy justificada preocupación por el alto grado de corrupción, especialmente en el contexto  del gobierno anterior al actual, aunque los desmanes inauditos de los aparatos estatales vienen de largo. Con razón la gente de bien quiere que se recuperen los activos robados a la brevedad a los efectos de aliviar las arcas fiscales y poder así disminuir la carga tributaria descomunal que viene soportando la población.

Pero el asunto no es proceder en cualquier dirección. Es indispensable actuar con el cuidado necesario para ser congruentes con el debido proceso y el consiguiente resguardo a las autonomías individuales. Sobre todo es menester como una elemental gimnasia higiénica ponerse en los zapatos de la persona a quien se le confiscan sus bienes antes de una sentencia firme, lo cual, tengamos muy en cuenta, constituye un arma potente para los tiranuelos en potencia.

Hoy la figura del decomiso está presente en el Código Penal argentino como una privación transitoria de activos, aunque originalmente estuvo pensada para la incautación de mercaderías al momento consideradas ilícitas por lo que se especificaba la prohibición de venderlas y con al mandato expreso de destruirlas. En cualquier caso,  la llamada extinción de dominio pretende que la propiedad puede extinguirse lo cual es un absurdo, puede eso si transferirse a otro u otros, voluntaria o coercitivamente. En el caso que nos ocupa quiere decir que por fuera del Poder Judicial resulta posible al aparato estatal intervenir en un proceso judicial y si el confiscado resultara inocente deberá iniciar una causa con lo que eventualmente será resarcido ex post facto.

Como queda dicho, en verdad la figura de la extinción de dominio es un subterfugio para ocultar la confiscación, enfáticamente excluida de las facultades del poder político por la Constitución Nacional.

Lo dicho no significa que no puedan adoptarse medidas precautorias, especialmente cuando hay riesgo de que se interfiera el proceso judicial para tergiversar sus resultados o cuando hay posibilidades de fuga del sospechoso, pero en última instancia debe prevalecer el principio de inocencia hasta que la sentencia definitiva demuestre lo contrario.

Desde luego que hay justificadas quejas respecto a las insólitas demoras en las tramitaciones judiciales y hay también elementos políticos que desafortunadamente interfieren, pero esto se resuelve con la debida aceleración a través de límites para pronunciarse tal como en algunos casos ocurre actualmente pero en ningún caso resulta aceptable que los otros poderes del aparato estatal se adelanten a lo que prescribe el Poder Judicial.

Los marcos institucionales civilizados son custodios indispensables para los derechos y, por tanto, para que puedan llevarse a cabo las transacciones libres y voluntarias entre las partes. No resulta posible el apresuramiento por más bien inspirado que sea ya que la contracara amenaza a todos, incluso a los mismos patrocinadores de la medida en cuestión.

Publicado originalmente en la edición impresa de El Cronista, martes 22 de enero de 2019.

LOS LIBERALES ESTAMOS EN DESVENTAJA – Por Alberto Benegas Lynch (h)

Debido a que no hay de todo para todos todo el tiempo, es decir, los recursos son escasos en relación a las necesidades, se hace necesario asignar derechos de propiedad al efecto de que se coloque en las manos más eficientes para atender los requerimientos del prójimo. Quienes dan en la tecla obtienen beneficios y quienes yerran incurren en quebrantos. Los patrimonios y las rentas no son posiciones irrevocables, deben ser convalidadas permanentemente en el mercado abierto.

Dada esta situación, naturalmente habrá quienes tienen más éxito que sus vecinos lo cual se traduce en desigualdades de resultados, indispensables para el logro de los objetivos señalados de abastecer a los demás y al premiar a los más eficientes para tal fin se abren las puertas para maximizar las consecuentes inversiones que dan lugar a las mayores tasas de capitalización posibles que, a su turno, son las únicas causas de incrementos en salarios e ingresos en términos reales. Lo relevante en toda sociedad no es el delta entre pobres y ricos sino la mejora de todos, al fin y al cabo, como queda dicho, las desigualdades de rentas y patrimonios son consecuencia directa de los plebiscitos diarios en el mercado con las compras y abstenciones de comparar de cada cual. Por eso resulta una torpeza mayúscula que los políticos impongan “redistribuciones” puesto que significan volver a distribuir por la fuerza la distribución pacífica y voluntaria de las gentes cotidianamente en el supermercado y afines.

Habiendo dicho esto, ahora es menester dar otro paso en nuestro análisis para comprobar que debido a que la gran mayoría no se ha adentrado en el proceso a que acabamos de aludir, no se conforman con mejorar sino que pretenden estar al nivel patrimonial de los más eficientes sin exteriorizar los talentos y las condiciones de aquellos. Sobreviene entonces la envidia que no es el sentido de la sana emulación sino el deseo irrefrenable de arrancarle recursos a los mejores. Como no pueden ganar legítimamente los recursos adicionales a que aspiran, entonces pugnan por el manotazo y como saben que el asalto a mano armada está condenado y penado, pretenden que los aparatos estatales hagan la faena por ellos. No solo esto sino que hay empresarios con complejo de culpa por sus ganancias sin entender tampoco el proceso de mercado competitivo.

Asimismo, los políticos al recibir tamaño mensaje incorporan a sus plataformas electorales diversas maneras de expropiación para ganar las elecciones y así asumir el poder (y cuando aparece alguien disfrazado de semi-liberal resulta que era para ocultar otras derivaciones o para fabricar negociados). Es cierto que, como se ha indicado en reiteradas oportunidades, la democracia para ser tal demanda renovados límites al poder para que no se convierta en mayorías ilimitadas que arrasan con los derechos de las minorías en abierto conflicto con la misma esencia de la democracia, pero de todos modos en mayor o menor medida está siempre latente el riesgo señalado. Por otro parte, no hay alternativa puesto que en esta instancia del proceso de evolución cultural la otra posibilidad es la dictadura lo cual entierra todo vestigio de respeto a las autonomías individuales.

Entonces solo queda el camino de la educación en valores y principios compatibles con la sociedad abierta. Pero aquí surge otro obstáculo que subraya las desventajas en las que se encuentra el liberalismo ya que como, entre otros, ha escrito el premio Nobel Friedrich Hayek todo lo referido a los fundamentos de la libertad “resulta contraintuitivo”, es decir, lo primero que se infiere está mal y necesita digerirse y meditarse cuidadosamente. Esto último acentúa la desventaja de marras puesto que si bien los debates centrales se llevan a cabo en las aulas, las personas están naturalmente  inclinadas a promover medidas inconvenientes para el funcionamiento de la sociedad libre debido a lo contraintuitivo del caso. Esta desventaja es aun mayor cuando los gobiernos manipulan la educación.

Tremendo desafío entonces el de los liberales que parten en la carrera con marcadas desventajas. Una lucha desigual que, sin embargo, debe darse como única salida al marasmo estatista y autoritario del momento. Es sumamente alentador observar la muy gratificante reacción de alumnos cuando tienen la posibilidad de estar expuestos a tradiciones de pensamiento habitualmente poco exploradas. Estas reacciones constituyen una gran esperanza para el futuro que contrarresta la envidia a la que nos referimos más arriba que habitualmente se base en la errada noción de la suma cero sin percatarse que la riqueza no es algo estático sino dinámico y cambiante según sean las necesidades de la gente.

Antes he aludido al libro más conocido de Thomas Piketty en el contexto de las críticas más contundentes como son las de Anthony de Jasay, Thomas Sowell y más recientemente la de Steven Pinker. En esta ocasión pensamos que ilustra la desventaja de los liberales (ilustra el embrollo en que estamos). Se trata de comentar nuevamente  una obra menos conocida de Piketty titulada La economía de las desigualdades. Como implementar una redistribución justa y eficaz de la riqueza. 

Abre este nuevo escrito con una oda a la justicia social como eje central de su análisis, sin percatarse que esa expresión en el mejor de los casos constituye una grosera redundancia puesto que no está presente el concepto de justicia en el reino vegetal, mineral o animal donde no hay responsabilidad individual. En el peor de los casos significa lo opuesto a la idea de justicia según la definición clásica de “dar a cada uno lo suyo”. Piketty recurre al término en  este último sentido con lo cual da por tierra con la noción de justicia para abrir cauce a las arbitrariedades de los burócratas de turno. Por su parte, Hayek agrega que el adjetivo “social” seguido de cualquier sustantivo lo convierte en su antónimo,  como, por ejemplo, es el caso del constitucionalismo social, la democracia social, los derechos sociales etc.

A continuación incurre en otro equívoco de proporciones al sostener que la “desigualdad en el empleo” fue una de las mayores causas de la desigualdad de resultados, desconociendo que el desempleo involuntario (el voluntario no es el problema) se debe exclusivamente a la imposibilidad de concretar arreglos contractuales libres como consecuencia de las mal llamadas “conquistas sociales” que imponen salarios superiores a los del mercado, es decir, superiores a los que las tasas de capitalización permiten (sin embargo, Piketty sugiere hacer esto). En otras palabras, si la desigualdad se conecta con el desempleo la solución estriba en liberar el mercado laboral de trabas e impuestos al trabajo que justifican la existencia de la economía informal al efecto de poder emplearse y no estar condenado a deambular por las calles y eventualmente morirse por inanición  por no encontrar trabajo en ninguna parte.

Sorprende en grado sumo su aseveración en cuanto a que la compilación de estadísticas es una faena complicada “respecto a la desigualdad que existió en los países comunistas, porque había muchos beneficios en especie que son difíciles de cuantificar desde el punto de vista monetario”. Las cursivas son nuestras para destacar lo de los “beneficios” en el sistema del Gulag en los que se liquidó a millones de personas por hambrunas espantosas y por fusilamientos y purgas varias, nos suena tan disparatado como hablar de los “beneficios” que se otorgaban a las víctimas de los hornos crematorios de los sicarios nazis.

Concluye que “Para Marx y los teóricos socialistas del siglo XIX, aunque no cuantificaban la desigualdad de la misma manera, la respuesta no dejaba lugar a dudas: la lógica del sistema capitalista es amplificar incesantemente la desigualdad entre dos clases sociales opuestas, capitalistas y proletarios”. A esta altura de la evolución cultural, sorprende este razonamiento puesto que todos los análisis serios han puesto en evidencia el esparcimiento de la riqueza ya desde la aparición de las sociedades por acciones y los mercados de capitales, además del incremento notable de salarios debido precisamente a los aumentos en las inversión per capita a lo que debe agregarse la improcedencia de la confrontación “de clases” en lugar de ver la antedicha cooperación entre las tasas de capitalización al efecto de incrementar salarios e ingresos en términos reales.

Encomillamos la expresión “de clase” porque si bien es ampliamente utilizada, es desafortunada ya que clase proviene del marxismo que sostenía vía el polilogismo que el proletario y el burgués tienen una estructura lógica distinta, a pesar de que ningún marxista haya explicado concretamente en que consisten esas diferencias respecto de la lógica aristotélica.

Lo que si es sumamente dañino y peligroso es la alianza reiterada entre supuestos empresarios y el poder lo cual se traduce inexorablemente en la explotación de los que no tienen poder de lobby. Esto que nunca menciona Piketty nos retrotrae al antiguo régimen en el que los ricos nacían y morían ricos independientemente de su capacidad para servir al prójimo y los pobres nacían y morían pobres y miserables con total independencia de su capacidad para atender las demandas de los demás, por lo que la movilidad social se torna indispensable.

Y es en este sentido que el autor que comentamos reitera su recomendación de establecer gravámenes altos y progresivos, lo cual, como dijimos antes altera las posiciones relativas en el mercado (contradice las indicaciones de la gente con sus compras y abstenciones de comprar), al tiempo que introduce una concepción fiscal regresiva al afectar la inversión que repercute especialmente sobre los ingresos más bajos y, por último, no solo significa un castigo a la eficiencia sino que privilegia a los más ricos que se ubicaron en el vértice de la pirámide patrimonial antes del establecimiento del tributo progresivo que bloquea la mencionada movilidad social.

Piketty se pregunta “¿Por qué los individuos que heredan un capital deberían disponer de unos ingresos vedados a quienes sólo heredaron su fuerza de trabajo. En ausencia de toda eficiencia de mercado, esto bastaría en amplia medida para justificar una redistribución pura de las ganancias del capital de las ganancias del capital hacia los ingresos del trabajo […] ¿Acaso la desigualdad de la distribución del capital entre individuos y entre países no solo es injusta sino también ineficaz?”.

La herencia de bienes obtenidos legítimamente es el componente de mayor peso en el proceso económico puesto que incentiva en grado sumo la producción con la idea de trasmitir lo producido a las próximas generaciones. El aplicar la guillotina horizontal en este campo mina esos potentes incentivos. En el mercado resulta del todo irrelevante en nombre y el apellido de quienes poseen recursos, lo relevante y decisivo es la forma en que se administran. En la medida de la aptitud o ineptitud de los herederos incrementarán o dilapidarán lo recibido.

En esa misma cita Piketty incluye la redistribución a nivel internacional. Henos aquí un tema sobre el que han escrito profusamente autores como Peter Bauer, Melvyn Krauss, Doug Bandow y James Bovard apuntando a que los dólares sacados compulsivamente del fruto del trabajo ajeno no solo han generado subsidios cruzados sino que han facilitado que los gobiernos receptores continúen con políticas estatistas y corrupciones que provocaron los problemas de la fuga de capitales y la huída de personas en busca de horizontes mejores.

Otra vez en este libro de Piketty se pretenden adornar afirmaciones con estadísticas, algunas irrelevantes y otras mal tomadas tal como lo han señalado economistas de la talla de Rachel Black, Louis Woodhill, Robert Murphy, Hunter Lewis y Mathew Rognlie que han detectado nuevos errores gruesos en las estadísticas de Piketty. En esta línea argumental, el antes citado Pinker formula una crítica demoledora a un error más bien de colegial en la obra original de Piketty quien escribe que “La mitad más pobre de la población mundial es tan pobre en la actualidad como lo era en el pasado, con apenas el 5% de la riqueza total en 2010, al igual que en 1910”. A continuación dice Pinker que con una lógica implacable responde: “Pero la riqueza actual es infinitamente mayor que en 1910, por lo que si la mitad más pobre posee la misma proporción, es mucho más rica, no igual de pobre”.

En todo caso esta es solo una muestra de los problemas conceptuales que deben enfrentar los liberales en esta batalla cultural tan desigual por las razones expuestas en un contexto donde se interpreta equivocadamente la riqueza como algo estático sujeto a la suma cero. Así y todo el esfuerzo debe redoblarse en vista de los notables progresos realizados en varios frentes intelectuales y en vista de las grandes mejoras logradas en el pasado por sociedades en la medida en que se extendía la libertad. Es del caso enfrentar con rigor los nacionalismos que hoy invaden el mundo ahora liderados por el gobierno de Estados Unidos, pero es como ha escrito Albert Camus: “quiero demasiado a mi país como para ser nacionalista”.

Debates sobre metas y ejecuciones – por Alberto Benegas Lynch (h)

Se observa que en reportajes orales y escritos se consulta sobre los modos para lograr determinados resultados. Habitualmente el entrevistado se enreda en ingenierías varias para responder a la requisitoria periodística y a partir de ese momento con repreguntas y opiniones de variado color se entra en un debate que parece no tener salida. Y esto es así porque antes de entrar en el tema de las políticas de transición para arribar a ciertos objetivos se torna indispensable aclarar el sentido y los fundamentos del objetivo mismo, de lo contrario el embrollo es seguro.

Una vez que se ha comprendido y aceptado la meta resulta una cuestión del todo secundaria el modo de encaminarse a ella. Siempre aparecen infinidad de procedimientos para acercarse al objetivo. Las ingenierías son múltiples. Las estrategias y los elementos políticos a tener en cuenta son innumerables.

Y no es que las políticas públicas carezcan de importancia, no se puede ejecutar una idea sin un programa para llevarla a cabo, se trata de evaluar correctamente las prioridades y economizar el tiempo disponible. No es posible poner la carreta delante de los caballos.

Primero debe clarificarse la idea y luego las muy diversas maneras de ejecutarlo con mayores o menores pasos intermedios al contemplar las muy diferentes reacciones y efectos en los plazos medianos y de largo alcance pero no se puede comenzar por el final.

Sin quererlo en no pocos casos se tiende una trampa al pretender discutir modos para lograr algo antes de haber aclarado debidamente las virtudes de ese algo. Lo primero es primero. Nadie entenderá el asunto si se pretenden formular procedimientos antes de saber hacia donde se apunta y la razón de esa dirección.

La idea es el núcleo, el resto se da por añadidura. Una vez comprendida la meta se competirá por diversas propuestas para logar el objetivo, de lo contrario atrasamos el debate. Hace mucha falta la explicación  de ideas antes de proponer mecanismos para lograr algo que aun no se comprendió.

Antes de mostrar como se hace hay que entender porqué se hace. Una vez que la opinión pública ha entendido la idea será más o menos indiferente a los muchos caminos para llevarla a cabo, el asunto es ponerse en marcha. Ilustremos lo dicho con uno de tantísimos ejemplos.

Se afirma que debe reducirse el gasto público, frente a lo cual se pregunta en que rubros se procedería en consecuencia.

El entrevistado mantiene que hay que despedir empleados públicos y entra en los detalles más escabrosos de cómo hacerlo,  se refiere a la necesidad producir un ajuste cuando en verdad el ajuste es el que implanta el estatismo sobre los bolsillos de todos, especialmente sobre el fruto del trabajo de los más necesitados. De ese modo los interlocutores concluyen que el entrevistado es insensible y derrotista, cuando no explotador. En nuestro país aparentemente se atribuye mayor importancia a los medios que a los fines, así se hace difícil avanzar. Estamos atrasados en el debate de ideas.

Publicada originalmente en la edición impresa de El Cronista, martes 15 de enero de 2019.

Entrevista en PanamPost: Argentina y Chile acordaron tratado de libre comercio

Alguien podría pensar que, dado que Chile es una economía pequeña, que la noticia puede no ser tan relevante para el país. Pero lo cierto es que el país vecino tiene una apertura y una presencia en el mundo que Argentina no tiene. Desde su asunción, Mauricio Macri mostró interés en fortalecer los vínculos con la Alianza del Pacífico y esto es un paso en esa dirección, que además mejora considerablemente las relaciones con Chile.


Seguir leyendo en PanamPost.

EL SIEMPRE REPUGNANTE ANTISEMITISMO – Por Alberto Benegas Lynch (h)


Muchas veces he escrito sobre este asunto espantoso, pero ahora se me ocurre volver sobre el tema a raíz de nuevos brotes de antisemitismo en Europa y también en Estados Unidos, entre otros, levantado con gran capacidad didáctica por CNN en un magnífico documental titulado Una sombra sobre Europa. Antisemitismo en 2018 donde entre muchos testimonios de valía aparece un Rabino polaco a quien le preguntan como se siente con estos sucesos horrendos. La respuesta me estremeció por la nobleza y el coraje moral del entrevistado: “Siento que tenemos más trabajo que hacer”.

Después de todas las atrocidades criminales que han ocurrido en el mundo perpetradas contra los judíos, todavía existe ese prejuicio bárbaro que se conoce como “antisemitismo” aunque, como bien señala Gustavo Perednik, es mas preciso denominarlo judeofobia (que es el título de su obra) puesto que esa otra denominación inventada por Wilhelm Marr en un panfleto de 1879 no ilustra la naturaleza y el significado de la tropelía.

Spencer Wells, el biólogo molecular de Stanford y Oxford, ha escrito en The Journal of Man. A Genetic Odessey que “el término raza no tiene ningún significado”. En verdad constituye un estereotipo. Tal como explica Wells en su libro mas reciente, todos provenimos de África y los rasgos físicos se fueron formando a través de las generaciones según las características geográficas y climatológicas en las que las personas han residido. Por eso, como he dicho en otra ocasión, no tiene sentido aludir a los negros norteamericanos como “afroamericanos”, puesto que eso no los distingue del resto de los mortales estadounidenses, para el caso el que éstas líneas escribe es afroargentino.

La torpeza de referirse a la “comunidad de sangre” pasa por alto el hecho que los mismos cuatro grupos sanguíneos que existen en todos los seres humanos están distribuidos en todas las personas del planeta con los rasgos físicos mas variados. Todos somos mestizos en el sentido que provenimos de las combinaciones mas variadas y todos provenimos de las situaciones mas primitivas y miserables (cuando no del mono). Thomas Sowell escribe que las tres cuartas partes de la población negra en Estados Unidos tienen blancos entre sus ancestros y que millones de blancos estadounidenses tienen por lo menos un negro entre sus ancestros.

También apunta Sowell que en los campos de extermino nazis se rapaba y tatuaba a las víctimas para poder diferenciarlas de sus victimarios. Esto a pesar de todos los galimatías clasificatorios de Hitler y sus sicarios, quienes finalmente adoptaron el criterio marxista (dicho sea de paso como una nota a pie de página, el antisemitismo de Marx queda consignado en su escrito La cuestión judía). Solo que el nazismo en lugar de seguir el polilogismo clasista fue el racista pero con la misma insensatez en cuanto a que nunca pudieron mostrar cuales eran las diferencias entre la lógica de un “ario” respecto de las de un “semita”. Darwin y Dobzhansky -el padre de la genética moderna- sostienen que aparecen tantas clasificaciones de ese concepto ambiguo y contradictorio de “raza” como clasificadores hay.

Por otra parte, en el caso de la judeofobia, a pesar de las incoherencias de la idea de raza se confunde esta misma noción con la religión puesto que de eso y no de otra cosa se trata. El sacerdote católico Edward Flannery exhibe en su obra publicada en dos tomos titulada Veintitrés siglos de antisemitismo los tremendos suplicios que altos representantes de la Iglesia Católica le han inferido a los judíos, entre otras muchas crueldades, como subraya el Padre Flannery, les prohibían trabajar en  actividades corrientes con lo que los limitaban a ocuparse del préstamo en dinero, pero mientras los catalogaban de “usureros” utilizaban su dinero para construir catedrales. Debemos celebrar entusiastamente el espíritu ecuménico y los pedidos de perdón de Juan Pablo ii en nombre de la Iglesia, entre los que figura, en primer término, el dirigido a los judíos por el maltrato físico y moral recibido durante largo tiempo.

Paul Johnson en su Historia de los judíos señala que “Ciertamente, en Europa los judíos representaron un papel importante en la era del oscurantismo […] En muchos aspectos, los judíos fueron el único nexo real entre las ciudades de la antigüedad romana y las nacientes comunas urbanas de principios de la Edad Media; mas aún se ha argüido que la palabra misma comuna es una traducción del hebreo kahal […] La antigua religión israelita siempre había dado un fuerte impulso al trabajo esforzado. Cuando maduró para convertirse en judaísmo, la importancia asignada al trabajo aumentó […] Exigía que los aptos y los capaces se mostrasen industriosos y fecundos, entre otras cosas, porque así podían afrontar sus obligaciones filantrópicas. El enfoque intelectual se orientaba en la misma dirección”. Todos los logros de los judíos en las mas diversas esferas han producido y siguen produciendo envidia y rencor entre sujetos acomplejados y taimados.

Por otro lado, los fanáticos no pueden digerir aquello del “pueblo elegido” y arrojan dardos absurdos como cuando sostienen que “el pueblo judío crucificó a Cristo” sin percatarse, por un lado, que fueron tribunales romanos los que lo condenaron y soldados romanos los que ejecutaron la sentencia. De todas maneras, como una de las primeras manifestaciones de una democracia tramposa en la que por mayoría se decidió la aniquilación del derecho, la respuesta perversa a la célebre pregunta si se suelta a Barrabás o Cristo, en modo alguno permite la imbecilidad de atribuir culpas colectivas y hereditarias y no permite eludir la responsabilidad a quien pretendió “lavarse las manos” por semejante crimen.

Personalmente, como ser humano y como católico, me ofenden hasta las chanzas sobre judíos y me resulta repugnante toda manifestación directa o encubierta contra “nuestros hermanos mayores” y la canallada llega a su pico cuando quien tira las piedras pretende esconder la mano con  subterfugios de una felonía digna de mejor causa. Buena parte de mis mejores profesores han sido de origen judío o judíos practicantes a quienes aprovecho esta ocasión para rendirles un sentido homenaje.

Lamentablemente han sido y son muchos los flancos de donde proviene la descalificación, el descrédito y las acciones malvadas contra judíos pero me detengo en los cristianos porque me duele especialmente la injusticia y el bochorno cuando proviene de la propia casa del cristianismo.

En este último sentido, tal vez las primeras manifestaciones de antisemitismo o, mejor judeofobia, por parte del cristianismo han sido primero el aliento por parte de quien luego fuera San Pablo para el martirio de San Esteban, más adelante los patéticos sermones de San Juan Crisóstomo en el siglo primero publicados con el título de Adversus Judaeos donde dice que los judíos “son bestias salvajes” que son “el domicilio del demonio” y que “las sinagogas son depósitos del mal” para quienes “no hay indulgencia ni perdón” y luego el Concilio de Elvira en 306 prohibió a cristianos casarse con judíos y otras barrabasadas.

A través del tiempo, también debe subrayarse el apoyo explícito de autoridades de la Iglesia a legislaciones que restringían los derechos de los judíos incluyendo el derecho de propiedad y en muchos casos bautismos forzados, confiscaciones, impuestos especiales, vestimentas que estigmatizaban y en los lugares permitidos a judíos a veces se colocaba una marca denigrante en la puerta. El Papa Eugenio iii estableció que los judíos estaban obligados a perdonar las deudas a cristianos. Inocencio iii autorizó las conversiones forzosas y el Concilio de Basilea permitió la discriminación en ghettos y otros horrores que con el tiempo se fueron consolidando y agudizando hasta los antedichos pedidos de perdones de Juan Pablo ii que marcaron un punto de clara reversión y severa condena del antisemitismo y promulgaron un sincero y muy valioso y afectuoso ecumenismo en relación a las tres religiones monoteístas y el respeto a todas. De más está decir que aquella actitud denigrante no alcanza a toda la cristiandad, muy lejos de ello siempre hubieron personas sensatas y civilizadas que se indignaron e indignan con el inaceptable trato a los judíos, tanto sacerdotes como laicos.

Es de esperar que lo que viene sucediendo en nuestra época pueda revertirse a la brevedad para bien de la civilización y de un mínimo de decencia. Es de esperar también que la tolerancia y el respeto recíproco abarque a todas las religiones, en nuestra época especialmente a los musulmanes en cuyo caso no nos dejemos atrapar por la trampa letal de aquellos que se escudan en una religión para cometer actos de barbarie y terrorismo porque saben que los ingenuos morderán el anzuelo ya que las guerra religiosas provocan llamaradas de fanatismo. En otras oportunidades he escrito en detalle sobre el Islam y el Corán, ahora solo marco el tema. Es hora de frenar las matanzas en nombre de Dios, la bondad y la misericordia y ahondar en el respeto recíproco y la santidad de las autonomías individuales. El caso de los judíos ha sido el más horroroso de la historia, pero no es el único. Tenemos que estar alertas.

Una oportunidad para el Brasil de Bolsonaro – por Alberto Benegas Lynch (h)

Si la sensatez prima sobre la incivilidad, el nuevo gobierno brasileño podría ser un ejemplo para el mundo.

Acaba de asumir la presidencia de nuestro vecino y socio más grande un personaje que por múltiples motivos concita la atención de todos los analistas. Con anterioridad ha formulado declaraciones algunas de las cuales han alarmado y enojado sobremanera por resultar del todo inaceptables para cualquier mente civilizada. Pero como tampoco es original en este caso, los políticos suelen desviarse y retractarse de lo dicho antes del ejercicio en el poder, lo cual para nada significa olvidarse de tamañas afirmaciones solo dignas de un desaforado, contrarias a todo vestigio de las normas elementales del derecho. De todos modos, en esta oportunidad es menester tomar nota de su primer paso concreto en el poder al efecto de elaborar un juicio ponderado de lo que realmente comienza a hacer el flamante mandatario.

Jair Bolsonaro responde a un hartazgo en varios frentes, está por verse si en los hechos estará a la altura de los acontecimientos. Asume con dos laderos de envergadura en su gabinete quienes cuentan con una trayectoria muy destacada en defensa de la sociedad libre: el ministro de justicia y el ministro de hacienda. De su discurso inaugural cabe subrayar unos pocos tramos centrales. Abrió su discurso dando gracias a Dios por haber sobrevivido al ataque del que fue objeto y subrayó el rol de la familia y señaló su disconformidad con la denominada ideología de género.

En segundo lugar, abogó por el abandono de pesadas burocracias y reglamentaciones que, como veremos más abajo, con diversos matices y etiquetas estuvo presente sin solución de continuidad en Brasil desde sus orígenes, lo cual tradujo en la promesa de mercados abiertos y competitivos que son inseparables de marcos institucionales conducentes al respeto recíproco sin distinción de ninguna naturaleza. Asimismo, es de interés destacar que en este contexto durante su campaña marcó su decidido rechazo al Foro de San Pablo que concentra el estatismo vernáculo más recalcitrante y retrógrado del continente.

Un tercer capítulo lo refirió a la importancia de dotar a las fuerzas de seguridad las garantías para que cumplan su deber de proteger derechos de todos sin discriminaciones, y en esta línea argumental sostuvo la necesidad de preservar el legítimo derecho a la defensa propia. Por último, pero no por ello menos importante intercaló con énfasis en su discurso la trascendencia de combatir la corrupción al efecto de salir de la crisis moral que viene arrastrando su país en diversas esferas.

En el caso que nos ocupa, es sumamente relevante detenerse a considerar el clima en el que asume el nuevo presidente para lo cual es menester hacer referencia telegráfica a los ejes centrales de la historia de Brasil. En este sentido, entre valiosos documentos en la misma línea narrativa, nada mejor que recurrir a la pluma de David Fleischer -profesor en la Universidad de Brasilia- quien en un largo y bien respaldado ensayo explica este contexto clave para entender la genealogía de la situación actual.

Alude a la larga serie de estrepitosas corrupciones gubernamentales en  Brasil desde épocas de la colonia hasta el presente, lo cual no incluye a todos los mandatarios y sus colaboradores pero a buena parte de ellos. El trabajo de marras comienza señalando que Portugal otorgaba privilegios a sus agentes del continente americano y cerraba los puertos al comercio extranjero hasta que la corona debió aceptar la ayuda inglesa para trasladarse de Lisboa a Río de Janeiro en 1808 ante la amenaza napoleónica, lo cual obligó a una apertura relativa que se revirtió con la independencia en 1822 a partir de la cual se fueron fortaleciendo monopolios legales y otros privilegios durante todo el período imperial hasta su fin en 1889.

A partir de entonces, nos sigue relatando Fleischer, desde el fin del imperio hasta los años 30, todos los sectores más importantes de la economía brasileña operaron en base a concesiones gubernamentales como la administración de puertos, la electricidad, la telefonía, los ferrocarriles, la minería, el transporte urbano y el petróleo.

A partir de la revolución de Getulio Vargas las concesiones se estatizaron lo cual incluyó el establecimiento de bancos estatales, con lo que la corrupción se incrementó respecto al  ya fallido sistema de las concesiones como gracias otorgadas por el poder de turno. Como una nota al pie, recordamos que el dictador Vargas pretendió que Sefan Sweig escribiera su biografía a lo cual el escritor se negó. En su lugar escribió una suculenta descripción de Brasil donde residía en aquel momento en la que el autor sugiere que esa ex colonia portuguesa podría convertirse en “el país del futuro” si modificara “esa avidez y ese afán de poder sin freno alguno”.

En los noventa se decidió privatizar empresas en Brasil pero traspasando los monopolios gubernamentales a monopolios privados con lo que se dejó de lado la competencia y se abrió el camino a todo tipo de abusos ya llevados a cabo antes por los aparatos estatales solo que ahora la mancha se extendió al sector privado degradando la idea de la privatización.

También escribe Fleischer que básicamente con algún interregno no muy significativo, hasta el momento se mantienen los privilegios de las llamadas reservas de mercado, exenciones fiscales, permisos para importar, tipos de cambio preferenciales, subsidios a través de tasas de interés, privilegios en licitaciones públicas, inmunidades políticas, nepotismo, jubilaciones especiales, protecciones arancelarias, uso de activos gubernamentales para beneficios privados y otras prebendas.

Se ha dicho que el Partido de los Trabajadores –dejando de lado sus corrupciones denunciadas y sancionadas en los estrados judiciales- sacó a gente de la pobreza pero lo que no se dice es que esto es engañoso  y aparente ya que arrancó recursos a los sectores más eficientes para atender espejismos populistas, con lo que la abrupta caída en la productividad colocó una bomba de tiempo en el sistema.

La situación general de Brasil, en lo esencial, no difiere de otras experiencias en nuestra región. El gasto público elefantiásico, empresas estatales ruinosas, regulaciones asfixiantes, impuestos astronómicos, pesadas deudas gubernamentales, alianzas hediondas entre el poder político y empresarios prebendarios, corrupciones colosales y nacionalismos y consecuentes xenofobias siempre signos de barbarie que hoy parecen dominar buena parte del llamado mundo libre, todo en el contexto de una alarmante inseguridad.

Esto último a veces ha confundido las necesarias garantías a los derechos individuales como el debido proceso y equivalentes con una colosal ausencia de resguardo y protección a los ciudadanos pacíficos que quedan en manos de delincuentes que no son debidamente recusados.

Como ha consignado Lord Acton “el poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente”. Es de desear que la parte sensata del nuevo gobierno en Brasil pueda operar sin claudicaciones en dirección a una sociedad abierta y abandone prácticas estatistas que han perjudicado muy especialmente a los más necesitados, y hacemos votos para que no vuelvan a aparecer manifestaciones horripilantes como las formuladas en el pasado por el actual gobernante. De ser así, sería un magnífico ejemplo para el resto del mundo.

Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso.

Publicado originalmente en la edición impresa de La Nación, 10 de enero de 2019.

LA ECONOMÍA COMO EXPRESIÓN DE HUMANISMO – Por Alberto Benegas Lynch (h)

Es culpa de no pocos economistas que su disciplina sea vista como algo muy poco digerible, como algo nada humano, como algo mecánico y desprovisto de alma. Así estos profesionales hacen referencias a equilibrios y competencias perfectas inexistentes que solo encajan en mentalidades de la arqueología neoclásica. Completan este panorama con aires de automaticidad las alusiones a las “fuerzas” de mercado, optimizaciones, variables, modelos y equivalentes como si se trataran de cosas los seres humanos. Como si no hubiera diferencia entre las ciencias sociales y las físico-químicas. En definitiva equivocadamente se presenta a la economía como colonizadora de lo humano, como un esperpento que significa una grave intromisión en lo que es propio del hombre.

Es por esto que la mayoría de los poetas, escritores, sacerdotes, escultores, pintores y artistas en general se mantienen apartados de la economía que les suena a metálico, hosco y anti-hospitalario, mientras los economistas no toman en serio a los primeros pues los consideran pura manifestación de “metafísica inconducente”. Es tiempo de revisar ambas actitudes y me parece que somos los economistas los que tenemos que tomar la iniciativa sustentados en ricas tradiciones de pensamiento. La terquedad no ayuda.

Muy a contracorriente de la referida visión se ha ubicado primero la Escuela Escocesa y luego, mas pulida, principal aunque no exclusivamente la decimonónica Escuela Austríaca contemporáneamente liderada por Ludwig von Mises, especialmente en su Acción humana. Tratado de economía donde incorpora una concepción radicalmente diferente a la marxista y neoclásica para abarcar toda conducta humana en base a postulados anclados en el respeto irrestricto a las autonomías individuales como condición para el progreso, en el contexto de procesos y no equilibrios ni modelos al extender la teoría marginal del valor a toda manifestación humana. Esta concepción moderna no da lugar para comparaciones intersubjetivas en este campo ni para referencias a números cardinales, solo ordinales. Deriva de la acción humana los teoremas de mayor relevancia para el análisis económico, teoremas que ocupan buena parte del antedicho tratado de economía.

Hay otro aspecto crucial en este territorio que debe ser contemplado con atención y que han sido especialmente estudiados en tres obras ahora clásicas: Culture and Enterprise de Don Lavoie y Emily Chamlee-Wright, The Capitalist Revolution de Peter Berger y el anterior Who Prospers? How Cultural Values Shape Economics and Political Sciences de Lawrence Harrison. Con matices estos libros apuntan que si bien resulta de gran trascendencia el mercado libre y marcos institucionales compatibles con la sociedad abierta, es condición previa indispensable la cultura predominante en el sentido de cultivar valores y principios que apuntan al respeto recíproco. Sin esta condición lo demás no se mantiene. Se podrá derrocar a un tirano pero a poco andar lo sustituirá otro si lo se ha dado con éxito la batalla cultural. Y desde luego la cultura no es algo estático, igual que con el resto de lo humano está inserto en un proceso evolutivo ya que en el ámbito de lo mortal nunca se llega a una meta de perfección, la cultura está siempre en tránsito. A su vez, esta batalla cultural depende de la calidad educativa para trasmitir el respeto recíproco y en última instancia también el propio respeto al efecto de prosperar moral y materialmente. En esta oportunidad no me detengo a escudriñar el tema educativo, remito al lector a mi conferencia sobre la materia en la Universidad de Liechtenstein (mayo de 2015, publicada en el sitio de la universidad y como post-scriptum en mi libro Estampas liberales).

Pasamos entonces al tema central de esta nota cual es la indispensable conexión entre la economía y las humanidades o, más genéricamente los estudios culturales. Debido a las acepciones erróneas de la economía con que abrimos este análisis, los departamentos que se ocupan de temas culturales en las universidades y centros de estudios estiman que la economía no solo no calza en sus objetivos sino que se le contraponen y cuando incursionan en la economía es habitualmente basados en teorías marxistas que denuncian la explotación de los mercados abiertos y el liberalismo en general.

Mientras, en los departamentos de economía los profesionales del ramo suelen apenas hacer un turismo superficial sobre áreas humanistas que como todo turismo superficial se quedan en la superficie y no calan hondo en asuntos culturales ya que los consideran fuera del ámbito “técnico” y propio de tendencias “literarias” sin percatarse que en este territorio de libra la batalla crucial, entre muchas otras cosas, para la comprensión de la economía. Si no se sale de lo meramente cuantitativo y de tratar al ser humano como cosas y no sujetas a sentimientos y valorizaciones personalísimas, la economía no es susceptible de entenderse. Por esto es que en este contexto resulta de tanto valor las experiencias interdisciplinarias que permiten el debido mestizaje de donaciones y recibos entre diferentes campos de investigación y estudio.

La misma noción de riqueza o bienestar es eminentemente subjetiva. Para unos es tocar el arpa y contemplar atardeceres, para otros es disponer de más tiempo libre o contar con comida más barata y así sucesivamente. No son iguales las aspiraciones de una comunidad Amish que una comunidad de vegetarianos etc. Tal como también apuntan Lavoie y Chamlee-Wright, incluso el incremento en las ventas de rubros como cerraduras, alarmas y candados si bien aumentan el producto bruto interno, pueden ser una señal de deterioro significativo en la calidad de vida por una mayor inseguridad.

Más aun, cuando los aparatos estatales participan de modo creciente en el PBI, el crecimiento de este guarismo no significa mejoramiento en el nivel de vida del mismo modo que el crecimiento en el patrimonio del dictador de turno no significa que los súbditos hayan mejorado un ápice sus condiciones de vida sino que generalmente han empeorado grandemente.

Detengámosnos en el concepto del producto bruto (a veces denominado un producto para brutos) al efecto de ilustrar el tema cultural. Aquellas estadísticas deben verse con espíritu crítico en varios planos. Primero, es incorrecto decir que el producto bruto mide el bienestar puesto que mucho de lo más preciado no es susceptible de cuantificarse.

Segundo, si se sostiene que solo pretende medir el bienestar material debe hacerse la importante salvedad de que no resulta de esa manera en la media en que intervenga el aparato estatal puesto que lo que decida producir el gobierno (excepto seguridad y justicia en la versión convencional) necesariamente será en un sentido distinto de lo que hubiera decidido la gente si hubiera podido elegir: nada ganamos con aumentar la producción de pirámides cuando la gente prefiere leche.

Tercero, una vez eliminada la parte gubernamental, el remanente se destinará a lo que prefiera la gente con lo que cualquier resultado en libertad es óptimo aunque sin duda el estatismo hará retroceder las condiciones de vida debido a la injustificada succión de recursos y la consiguiente alteración de los precios relativos, lo cual conduce al desperdicio de los siempre escasos bienes disponibles.

Cuarto, el manejo de agregados como los del producto y la renta nacional tiende a desdibujar el proceso económico en dos sentidos: hace aparecer como que producción y distribución son fenómenos independientes uno del otro y trasmite el espejismo que hay un “bulto” llamado producción que el ente gubernamental debe distribuir por la fuerza (o más bien redistribuir ya que la distribución original se realizó pacíficamente en el seno del mercado).

Quinto, las estadísticas del producto bruto tarde o temprano conducen a que se construyan ratios con otras variables como, por ejemplo, el gasto público o la presión tributaria, con lo que aparece la ficción de que crecimientos en el producto justifican crecimientos en el gasto público o en los gravámenes.

Y, por último, en sexto lugar, la conclusión sobre el producto es que no es para nada pertinente que los gobiernos lleven estas estadísticas ya que surge la tentación de planificarlas y proyectarlas como si se tratara de una empresa cuyo gerente es el gobernante. Esto no permite ver que cuando gobernantes estiman tasas de crecimiento del producto no es que se opongan a que sen más elevadas y si resultan menores es porque así lo resolvió la gente.

Si prevalece un clima de libertad y de respeto recíproco los resultados serán los que deban ser. En este sentido, el premio Nobel en economía James M. Buchanan ha puntualizado en “Rights, Efficency and the Irrelevance of Transction Costs” que “mientras los intercambios se mantengan abiertos y mientras no exista fuerza y fraude, entonces los acuerdos logrados son, por definición, aquellos que se clasifican como eficientes”.

Si por alguna razón el sector privado considera útil compilar las estadísticas del producto bruto procederá en consecuencia pero es impropio que esa tarea esté a cargo del gobierno. Cuando un gobernante actual se pavonea porque durante su gestión mejoraron las estadísticas de la producción de, por ejemplo, trigo es menester inquirir que hizo en tal sentido y si la respuesta se dirige a puntualizar las medidas que favorecieron al bien en cuestión debe destacarse que inexorablemente las llevó a cabo a expensas de otro u otros bienes. No hay alquimias posibles, en esta instancia del proceso de evolución cultural, lo único que un gobierno puede hacer para favorecerle progreso de la gente es respetar marcos institucionales civilizados que aseguren los derechos a la vida, la propiedad y la libertad.

Por otra parte, concentrar la atención solo en lo material hace perder de vista la razón espiritual del hombre…como escribió el decimonónico Leslie Stephen “es más fácil construir iglesias que pensar en que es lo que se va a enseñar dentro de ellas”.

Pienso que ilustra lo que aquí consideraremos brevemente  lo que escribe Wilhelm Röpke (en A Human Economy. The Social Framework of the Free Society): “Cuando uno trata de leer un journal de economía en estos días, frecuentemente uno se pregunta si no ha tomado inadvertidamente un journal de química o de hidráulica […] Los asuntos cruciales en economía son tan matemáticamente abordables como una carta de amor o la celebración de Navidad […] Tras los agregados pseudo-mecánicos hay gente individual, son sus pensamientos y juicios de valor”. 

Del otro lado del espectro intelectual, quien con más peso ha abogado por el análisis de equilibrio ha reconocido su fracaso. Se trata de Mark Blaug (en “Afterword” de su Appraising Economic Theories) donde consigna que “Los Austríacos modernos  [la Escuela Austríaca de Economía] van más lejos y señalan que el enfoque walrasiano al problema del equilibrio en los mercados es un cul de sac: si queremos entender el proceso de la competencia más bien que el equilibrio final tenemos que comenzar por descartar aquellos razonamientos estáticos implícitos en la teoría walrasiana. He llegado lentamente y a disgusto a la conclusión de que ellos están en lo correcto y que todos nosotros hemos estado equivocados”.

Por su parte, John Hicks finalmente reconoce (en Capital y tiempo) que “He manifestado la afiliación Austríaca de mis ideas; el tributo a Böhm-Bawerk y a sus seguidores es un tributo que me enorgullece hacer. Yo estoy dentro de su línea, es más, comprobé, según hacía mi trabajo, que era una tradición más amplia y extensa que la que al principio parecía”. En resumen, la humanización no solo no resta rigurosidad a la ciencia económica sino que fortalece sus preceptos y no los escinde de otros vínculos fundamentales. Una concepción más abierta como la que enseñan modernas tradiciones de pensamiento, permite un mejor entendimiento de las bases de la economía en armonía con otras disciplinas. Muchas de las incomprensiones y reparos que habitualmente se hacen a la economía proceden de profesionales que no han entendido el objeto de su propia profesión y la confunden con autómatas que se limitan a recitar cifras y cuadros estadísticos sin siquiera comprender la sustancial diferencia entre “los hechos” en ciencias naturales y los llamados “hechos” en ciencias sociales tal como destaca Friedrich Hayek, otro premio Nobel en economía,  en su ensayo titulado “The Facts of the Social Sciences”.