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Acerca de Adrián Ravier

Adrian Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y Profesor en la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín.

América Latina: entre la democracia, la autocracia y el fin del consenso democrático – por Constanza Mazzina y Roberto Bavastro

Este trabajo de Constanza Mazzina y Roberto Bavastro se publica en el libro «Contrapuntos para comprender las relaciones internacionales en el siglo XXI. Un análisis crítico de la política internacional«, editado por Mariana Colotta y Julio Lascano y Vedia.

Sinopsis

El contrapunto es una técnica de composición musical que evalúa la relación existente entre dos o más voces independientes, con la finalidad de obtener cierto equilibrio armónico. Y es justamente ese equilibrio armónico el que queremos alcanzar a través de la compilación de una serie selecta de artículos que constituyen el presente libro, que nos embarca en una tarea tan grata como honrada y desafiante. Nuestros contrapuntos para comprender las relaciones internacionales en el siglo XXI están vertebrados en diálogos simultáneos focalizados en el análisis crítico de la política internacional actual. Cada artículo volcado en esta obra busca generar una mirada diversa y paralela en el cambiante devenir de las relaciones internacionales, lo que permite entender mejor el estado de la política internacional en este siglo dinámico, desordenado y desafiante.

Con un tono multidisciplinar nutrido de la Ciencia Política, la Sociología, la Antropología, la Filosofía y la Historia, y transversalmente desde los ámbitos académicos privados, públicos, nacionales e internacionales, buscamos trascender los abordajes clásicos, exponiendo una propuesta única y distinta superadora de los meros análisis coyunturales o sectoriales en lo que a política internacional se refiere. No por ello obviamos que las Relaciones Internacionales constituyen una disciplina autónoma de estudio con sus propios objetos, métodos y categorías, resultantes del estudio de ciencias madres, ciencias sociales y artes como la Filosofía, la Sociología y la Ciencia Política.

ACERCA DE LOS COMPILADORES

Mariana Colotta es decana de la Facultad de Ciencias Sociales (USAL), licenciada en Sociología (USAL), especialista en Metodología de la Investigación Científica (UNLA), doctora en Ciencia Política (USAL) y doctora en Ciencias de la Educación (USAL). Es especialista en Gestión Universitaria por la Organización Universitaria Interamericana (OUI). Se desempeñó como secretaria de Investigación en la Escuela de Defensa Nacional (EDENA) y como secretaria académica en la Facultad de Ciencias Sociales (USAL). Fue consultora e investigadora del Instituto Nacional de la Administración Pública (INAP), del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el crecimiento (CIPPEC), Oficina Anticorrupción, Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación, del Ministerio de Defensa (MINDEF) y del Consejo Federal de Inversiones (CFI). Es docente titular de Métodos y Técnicas de Investigación Social de la Facultad de Ciencias Sociales (USAL), de la maestría en Recursos Humanos de la Facultad de Ciencias Económicas (UBA) y de la maestría de Integración Latinoamericana y Sociología Política Internacional (UNTREF).
Julio Lascano y Vedia es director de la Escuela de Relaciones Internacionales (USAL), licenciado en Ciencias Políticas especializado en Relaciones Internacionales de la UCA en 1983; también estudió Relaciones Internacionales en la USAL. Es profesor de Política Internacional y Política Exterior Argentina en la Facultad de Ciencias Sociales de la USAL y ha sido docente de la Universidad de Belgrano, de la Universidad Nacional Autónoma de México y del Instituto del Servicio Exterior de la Nación. Egresó como diplomático de carrera del ISEN en 1983 y ocupó funciones en Italia, Uruguay, México y Angola. Es autor del libro Política y diplomacia: una política institucional hacia el mundo (2009) y Hacia una nueva diplomacia. Ideas para el diseño de una política exterior (2020). Ha publicado diversas conferencias y seminarios sobre la política exterior y las relaciones institucionales, y artículos sobre su especialización en el país y en el exterior.

Acceda aquí al capítulo del libro escrito por Constanza Mazzina y Roberto Bavastro.

¿De quién es la responsabilidad? La verdadera pandemia – Por Alberto Benegas Lynch (h)

Se observa con justificada preocupación que el mundo está atravesando por una situación sumamente difícil y no es cuestión de decir que hubo otros momentos por cierto difíciles y también horrorosos en la historia de la humanidad. Los problemas no se resuelven automáticamente, sino que ocurre gracias a esfuerzos concretos de muchas personas que trabajan para revertir el mal.

Estados Unidos, el otrora baluarte del mundo libre, se viene deslizando hacia populismos a contracorriente de los sabios valores y principios de los Padres Fundadores. Los gastos del aparato estatal están creciendo a pasos agigantados con una deuda pública insostenible. Las tensiones mal llamadas raciales afloran a cada rato y decimos mal llamadas porque la raza es un estereotipo, es un invento: en todos los humanos se distribuyen cuatro grupos sanguíneos. Las diferentes características exteriores provienen de ubicaciones distintas en la geografía, por eso es que los criminales nazis tatuaban y rapaban a sus víctimas para distinguirlas de sus victimarios. Como todos provenimos del continente africano, llama poderosamente la atención que en Norteamérica a los de piel oscura se los llame “afroamericanos”, puesto que para el caso quien estas líneas escribe es afroargentino.

En Europa predominan los nacionalismos y las consiguientes xenofobias a los que se agregan prejuicios religiosos que retrotraen a las épocas inquisitoriales que en nombre de Dios, la misericordia y la bondad se enviaban a seres humanos a la hoguera. Especialmente el nacionalismo en Austria, la tierra cosmopolita de la época joven de Stefan Sweig. Se ha engrosado el Leviatán, salvo Alemania a pesar de lo cual aquí y allá recrudecen manifestaciones bochornosas de su pasado reciente, incluso en Gran Bretaña donde la tradición liberal has sido tan vigorosa. España machaca con su socialismo cavernario. En Asia aparecen esperpentos como el de Corea del Norte en abierto contraste con la otra Corea, Japón y Taiwán están dando muestras de mayor estatismo, Rusia está dominada por una camarilla autoritaria enquistada en el poder, en América Latina se producen tragedias como las de Cuba y Venezuela, que lamentablemente tienen otros seguidores entusiastas de las tiranías como es el caso de Nicaragua y otros movimientos en el seno de la región no tan evidentes pero no menos ponzoñosos.

El presidente de Brasil formula declaraciones inauditas y remueve a su prestigioso ministro de Justicia y se pelea con médicos de gran solvencia a raíz del coronavirus, lo cual tiene preocupado al ministro de Hacienda, que hace lo posible por poner paños fríos para dentro de lo que puede seguir con sus faenas. Parecería que el caso uruguayo constituye por el momento un ejemplo de cordura puesto que la situación chilena muestra muchas fisuras y contradicciones.

Son también los modales, las formas que se han deteriorado grandemente en el contexto de valores morales básicos relegados que permiten una sociedad civilizada. Al dictum de “el hábito no hace al monje” se le adiciona con razón “pero lo ayuda muchísimo”. Buena parte de la educación ha dejado de refugiarse en el bastión del pensamiento independiente para en vez alentar la repetición como loros de libretos arcaicos en un pestilente cuadro de pensamiento único. Sin duda que hay formidables impulsos que van en la dirección opuesta pero muchas veces navegan en soledad sin la adecuada y necesaria comprensión. Hay fundadas esperanzas mientras haya navegantes con coraje moral para oponerse a los desatinos y enseñar otras rutas.

No nos detendremos en los padecimientos argentinos puesto que acabo de dedicarles una columna en este mismo medio, pero los desbarajustes se acentúan a medida en que aparecen embates contra la Justicia, se suspende la querella de la oficina correspondiente contra sondas denuncias de corrupción, se pretende otorgan facultades del manejo presupuestario en la jefatura de gabinete a espaldas del Poder Legislativo, se reincide en el control gubernamental de los precios, la emprenden contra comerciantes, se anuncian nuevos impuestos a la maraña existente, se insiste con expandir la base monetaria y se eleva el gasto público ya de por si elefantiásico. Como si todo esto fuera poco, tenemos un Papa peronista que alienta aun más el exacerbado estatismo reinante en casi todas las latitudes lo cual empobrece por doquier.

La pandemia que a todos nos compromete tiene dos andariveles: por una parte quienes se limitan a que se respeten derechos a través de evitar o minimizar contagios y por otra gobernantes que se escudan en el coronavirus para avanzar contra los derechos individuales consagrados en todas las constituciones que desde la Carta Magna de 1215 se promulgaron para limitar el poder.

Pero el objeto de esta nota periodística no es hacer un inventario de las desgracias del momento sino centrar la atención en los motivos fundamentales de tanta malaria. La respuesta consiste en mirarnos cada uno de nosotros los ciudadanos de a pie y comprobaremos que son muy pocos los que ayudan a revertir los problemas con contribuciones concretas para que se comprendan los cimientos morales de la sociedad libre. En este descuido mortal radica la verdadera pandemia.

La inmensa mayoría de las personas mira desde afuera, se ocupa y preocupa de sus menesteres que pueden ser muy legítimos pero no parecen percatarse que el respeto recíproco no es algo que venga del aire y por ósmosis, sino que es el resultado de esfuerzos permanentes. Es por eso que Jefferson reiteraba que “el precio de la libertad es su eterna vigilancia”. Es por eso que Einstein escribía que “el mundo es un lugar peligroso, no por los malvados sino por los que no hacen nada al respecto”, es por eso que Edmund Burke concluía que “todo lo que se necesita para que las fuerzas del mal se apoderen del mundo es que haya un número suficiente de gente de bien que no haga nada”, es por eso, por último, que Martin Luther King afirmaba a lo cuatro vientos: “No me preocupan los violentos, los miserables sin escrúpulos y los que carecen de ética, me preocupa el silencio de las personas buenas”.

Es de una irresponsabilidad digna de mejor causa lo que demuestran quienes actúan como si estuvieran ubicados en una inmensa platea mirando el escenario donde creen que están las personas que les resolverán los problemas. Este procedimiento es ideal para que se derrumbe el teatro y todo se desmorone.

No es aceptable que haya quienes solo se limitan a criticar en reuniones sociales pero luego de pasado el ágape se dedican a los arbitrajes y a atender otras de sus cuestiones cremátisticas o no pero despegados de la faena específica de poner su granito de arena en el debate de ideas de fondo. Sin duda que para difundir ideas lo primero es saber de que se trata, para lo cual hay que pelarse las pestañas y dedicar tiempo en la biblioteca. No hay pretexto ni justificativo para la abstención.

La cátedra, el libro, el ensayo y el artículo son probablemente los canales más fértiles para lo que venimos comentando en modo alguno es lo único. Un procedimiento muy efectivo es la reunión periódica de muy pocas personas en casas de familia para discutir libros de provecho donde por turno uno expone y los otros debaten lo cual produce un efecto multiplicador notable no solo en el seno de las familias, sino en lugares de trabajo y relaciones sociales en general.

No se trata de limitarse a convocar marchas, cacerolazos o firmar petitorios que pueden ser útiles como apoyo logístico circunstancial pero no son en modo alguno definitorios para clarificar ideas y proyectos de fondo. Al efecto de ilustrar lo dicho transcribo algunas consignas de las marchas del anterior fin de semana que se replicaron en la capital y en diversas provincias argentinas al efecto de comprobar que con la mejor buena voluntad y el mérito de muchos, se trasmitieron señales confusas, contradictorias y por cierto variopintas. Algunos de los reclamos recogidos en distintos puntos del país fueron “fin a la cuarentena”, “quédense en sus casas”, “cuiden a los médicos”, “es la tiranía de los médicos”, “la pandemia es una farsa”, “queremos el bono”, “que suban los salarios”, “controlen mejor los precios”, “Perón y Evita nos cuidan”, “basta de la política económica del gobierno”, “queremos una República”, “libertad para trabajar”, “no a los empresarios”, “terminen con la OMS”, “gracias OMS” y así sucesivamente, con entusiasmos compartidos.

Afortunadamente hay en distintas partes del mundo, incluyendo en el territorio argentino, fundaciones e instituciones dedicadas al estudio y a la difusión de los antedichos principios liberales y hay quienes a título personal trabajan denodadamente en esa misma dirección, también con resultados promisorios, pero no es suficiente, se necesita que todos se comprometan. Es irrelevante a qué se dedique cada uno: todos requieren que se los respete para seguir con sus particulares proyectos de vida.

Entonces la responsabilidad de lo que viene ocurriendo en distintas partes del orbe es de cada uno, no hay cabida para los distraídos. Es un buen ejercicio todas las noches preguntarnos que hicimos en la víspera para que se nos respete. Si la respuesta es nada, no tenemos derecho a quejarnos. Y no vale simplemente decir que si las cosas se complican nos mudaremos de país pues si seguimos en las mismas quiere decir que pretendemos recostarnos en los esfuerzos de otros lo cual a la larga no se sostiene.

Como he apuntado antes, Tocqueville ha dicho que es frecuente que en países donde se ha logrado gran progreso moral y material la gente da eso por sentado lo cual es el momento fatal puesto que inexorablemente otras ideas ocuparán los espacios. También dije que me admira un grafiti del mayo francés en el que la izquierda escribió “seamos realistas, pidamos lo imposible”, lo cual constituye un ejemplo extraordinario de perseverancia y coraje puesto que de tanto empujar la izquierda ha logrado correr el eje del debate y marcar agendas, en verdad son realistas. Mientras del otro lado del mostrador no pocos que se dicen partidarios de la libertad son timoratos y ceden ante “lo políticamente correcto” y en la práctica se dejan arrastrar.

Y no es cuestión de acordar con lo que ahora dejamos consignado sino de tomar cartas en el asunto y proceder en consecuencia. Es hora de terminar con la frivolidad de pensar que los valores de una sociedad libre aparecen por arte de magia: somos cada uno de nosotros responsables. Manos a la obra y no para envolvernos en coyunturas del momento sino mirar más lejos y contribuir al debate de ideas que vayan al hueso de los problemas al efecto de despejar horizontes. Que da trabajo y cuesta mucho, de eso se trata, por supuesto que demanda esfuerzo pero la recompensa es bifronte, por una parte nos podemos mirar al espejo con la tranquilidad de conciencia de haber hecho lo posible y por otra ampliamos las posibilidades de lograr el objetivo.

Cierro este texto con una cita de Ronald Reagan tomada su discurso titulado “A Time for Choosing” que resulta muy apropiada para lo que en esta ocasión marcamos: “Usted y yo tenemos un rendez-vous con el destino. Preservar esto para nuestros hijos, la última esperanza del hombre en la tierra o sentenciarlos al primer paso hacia mil años de oscuridad. Si fracasamos, por lo menos que nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos puedan decir que hemos justificado nuestro paso por aquí. Que hicimos todo lo que podía hacerse”.

El autor es Doctor en Economía y también Doctor en Ciencias de Dirección, preside la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires y miembro de la Academia Nacional de Ciencias Económicas.

Publicado originalmente en Infobae, 6 de junio de 2020.

El síndrome Zelig – por Alberto Benegas Lynch (h)

Me refiero a la producción cinematográfica de Woody Allen en la que se representaba a un fulano que carecía de timón interior y que todo lo operaba según lo que decían, hacían o pensaban quienes tenía en su cercanía. Recordemos que Zelig era del Partido Demócrata si estaba con un demócrata, era del Partido Republicano si estaba con un republicano, si estaba con un psicoanalísta se mimetizaba con esa profesión,  incluso si estaba con un negro comenzaba a mutar su piel. Es estrictamente un camaleón. Woody Allen que adopta el personaje central en ese rodaje, dice que “es más seguro” proceder de ese modo.

Es lo que en gran medida ocurre hoy en día. La mayoría siente la necesidad de ajustarse a los demás. Se renuncia a la individualidad, a los más distintivo y precioso que tiene el ser humano: su unicidad en toda la historia de la humanidad. Se amputa de su tesoro más valioso. Deja de ser para ser los demás. Hay pereza y temor por pensar distinto. Hay inseguridad y debilidad interior. La responsabilidad lo abruma, prefiere endosar las decisiones al grupo. Abdica de su persona y se incorpora a la manada. No tiene voz sino que es eco. Es inconcebible ir contra la corriente. Se masifica. Tiene que ser parte del coro. Es un masoquismo moral. Se entrega a la nada.

Estos personajes que padecen el síndrome Zelig, necesitan de un gurú, de un caudillo, de un líder puesto que son incapaces de liderar sus propias vidas. En gran medida los sistemas adoptados de nuestro tiempo se encaminan a la guillotina horizontal, es decir al igualitarismo donde en gran medida no se enseña a pensar sino a repetir.

Es de interés recordar el célebre experimento donde se acuerda con un grupo al que se deja afuera una persona para que todos digan que frente a una serie de barras de distinto tamaño que la más chica es la más grande. Así se invita a la persona que no está al tanto de lo acordado por los demás y comienza la sesión. En una primera rueda naturalmente el extraño al grupo se pronuncia por la verdad de lo que ve y queda sorprendido por la opinión de todos los otros. Se suceden distintas ruedas y finalmente el sujeto se rinde y opina como los demás al sostener algo que no se condice con lo que está viendo. Es para probar la inclinación a ceder ante la opinión de los demás. Es raro el caso de quien se mantiene en su posición en cuanto a lo que considera verdadero en estos reiterados experimentos.

En una época en la que la politización abarca áreas crecientes, resulta más necesario que nunca preservar espacios íntimos. Los aparatos estatales se inmiscuyen en el deporte, la música, la familia, los medios de comunicación, el teatro, las jubilaciones, los contratos entre particulares y tantas otras áreas de la vida que se mantenían a buen resguardo cuando primaba el espíritu republicano. Ahora no hay prácticamente recoveco en el que los tentáculos del poder político no están presentes. Mientras, paradójicamente, los gobiernos tienden a abandonar responsabilidades en campos tan sensibles y cruciales como la justicia y la seguridad.

Parece haber pocas personas para el estudio, la reflexión sesuda y el debate de ideas de fondo y demasiadas para la foto, la pose y el protagonismo. A estos últimos aludía Borges al señalar que se esfuerzan en aparecer como alguien “para que no se descubra su condición de nadie”. Personalmente, tengo por estos hombrecillos la misma opinión que tienen las palomas por las estatuas.

Estamos en momentos difíciles en el mundo y no por la ya de por si desgraciada pandemia que a todos nos compromete, sino principalmente por gobernantes estrafalarios que incrementan gastos a niveles elefantiásicos, cargas impositivas insoportables, deudas públicas colosales, manipulaciones monetarias inaceptables en un contexto de regulaciones asfixiantes que naturalmente encogen los bolsillos de la gente, especialmente de la más necesitada.

En un momento como este brilla la esperanza cifrada en el caso de nuestros queridos hermanos uruguayos como un mojón que puede ser distintivo y liderar reformas tan necesarias, no para podar que igual que con la jardinería crece con mayor vigor sino para liberar energías creadoras y apartarse del rotundo fracaso del gobierno argentino anterior al presente que malgastó la oportunidad de revertir el populismo de las últimas ocho décadas y ahora resulta que en la actual administración la niebla se torna más espesa y preocupante.

En estos momentos difíciles hacemos votos para que Uruguay consolide su rumbo anunciado y se aparte del síndrome Zelig de imitar estatismos ajenos y alejarse de las fauces del Leviatán que incrementan la pobreza por doquier. Para cortar amarras con tentaciones anteriores resulta conveniente tener en la mira el dictum de Ronald Reagan: “nada hay más permanente que una medida transitoria de gobierno”. Las explicaciones y las anécdotas no son  relevantes,  lo crucial son los resultados. Todos los partidarios de la sociedad libre observamos con atención el caso uruguayo, confiamos que con firmeza se apartará del síndrome Zelig.

Publicado originalmente en El País de Uruguay, el 31 de mayo de 2020.

Los peligros que se ciernen sobre el caso argentino – Por Alberto Benegas Lynch (h)

No soy muy afecto a escribir sobre la coyuntura pues pienso que resulta indispensable debatir temas de fondo al efecto de despegarse de lo cotidiano para no estar como perros que en círculos pretenden morderse el rabo y abrir horizontes para entre otras cosas modificar favorablemente la coyuntura del futuro. Son más bien escasos mis textos sobre coyunturas. Aunque mi inclinación sea la de evitar los detalles del momento y centrar la atención en remover obstáculos de fondo, en esta oportunidad me refiero a sucesos actuales debido a la gravedad de lo que ocurre pero siempre con un ojo en el mensaje de fondo con la intención de correr el eje del debate hacia posiciones más sólidas puesto que, como queda dicho, el desbalance entre lo meramente coyuntural y lo de fondo nos viene hundiendo en el fango a los argentinos desde hace demasiado tiempo.

Los peligros que vislumbro no son de la ya de por sí desgraciada pandemia sino demedidas que se vienen adoptando en dirección a lo que he catalogado antes como el virus del estatismo, más peligroso y de mayor alcance aun que el propio coronavirus.

Estimo que quienes deben opinar sobre la pandemia son los inmunólogos, infectólogos y médicos de prestigio y no caer en el cotorreo de quienes no tienen idea de medicina y mucho menos de epidemiología. En este sentido, cito a título de ejemplo a los especialistas Pablo Bonvehí de CEMIC y Jorge Geffner de la UBA. En ambos casos con gran prudencia, ponderación y conocimiento de causa han dicho que debe aplicarse el federalismo también en esta materia, es decir, descentralizar las políticas sanitarias puesto que las situaciones son distintas en áreas rurales respecto de las urbanas y dentro de estas contemplar circunstancias muy diversas siempre con la idea de proteger de contagios. Todo no puede ponerse en la misma bolsa.

En esta instancia del proceso de evolución cultural, la función primordial del monopolio de la fuerza que denominamos gobierno es la protección de derechos y el contagio aun el involuntario constituye una lesión al derecho de terceros del mismo modo que lo es cuando se emite monóxido de carbono o se arroja ácido al jardín del vecino. El caso de las vacunas es otro puesto que cada uno en su propiedad exigirá la respectiva certificación si lo considera necesario. Como es del dominio público, en estos momentos no hay vacuna para protegerse del Covid-19 ni fármaco que cure esta enfermedad.

En la otra punta del espectro el doctor en medicina y parlamentario francés Claude Malhuert luego de fustigar a los detractores del liberalismo y decir que proceden de una lectura más atenta de Robespierre que de Tocqueville, sugiere a esta altura dejar de lado la cuarentena para el caso francés. Por su lado el también doctor en medicina Anthony Fauci -asesor en temas de salud para el gobierno estadounidense- también sugiere la descentralización pero concluye que sin más eliminar el aislamiento provocará un incremento alarmante de muertes, a contracorriente de lo que imprudentemente viene proponiendo el actual morador de la Casa Blanca (que además aumentó sideralmente el gasto y la deuda y en noviembre competirá con otro candidato aun más estatista).

Sin duda que el asunto que tratamos debe ser aplicado con la debida precaución y equilibrio tomando en consideración la relación costo-beneficio. Si todos fenecemos no tiene sentido ocuparse de las cotizaciones de Wall Street y, por otro lado, la paralización de las actividades comerciales y equivalentes puede conducir a muertes por hambre. El equilibrio es sumamente delicado para evitar acumulación de cadáveres, pero como decimos, la palabra autorizada corresponde a los especialistas de peso con el cuidado para que los políticos no usen la pandemia de escudo para aventuras estatistas con tufillo orwelliano, y una vez finiquitado el aspecto crítico del mal eliminar de cuajo todas las restricciones pues siempre debe tenerse presente el dictum de Ronald Reagan: “Nada hay más permanente que una medida transitoria de gobierno”.

Pero hay otos asuntos sumamente graves que nos conciernen a todos independientemente de nuestras profesiones y ocupaciones. Resumimos en nueve capítulos las acechanzas que percibimos. En primer lugar, se trata de los absurdos y a todas luces contraproducentes controles de precios. Como es sabido, los fracasos en esta materia vienen repitiéndose desde hace 4000 años. El precio es el único indicador en el mercado para operar; coordina las actividades económicas, pero cuando se imponen precios políticos se incrementa la demanda con lo cual aparecen faltantes que se agudizan debido a la contracción de los productores marginales. Cuanto más difícil la situación, mayor razón para permitir el funcionamiento de los arreglos libres y voluntarios entre las partes.

En segundo lugar, el problema se agudiza notablemente si se encaran embates contra comerciantes que son precisamente quienes pueden resolver los problemas a través de sus respectivas producciones en el contexto de un default que se viene arrastrando y que con razón preocupa a locales que ven peligrar sus canales de financiación debido a las conductas inaceptables de gobiernos que dejan de atender los compromisos contraídos bajo fachadas tragicómicas como “reperfilamiento”, “default selectivo, parcial o suave” y otros disparates similares dignos de una tira cómica.

Tercero, no parece concebible que en momentos de crisis como la que estamos padeciendo los gobernantes deciden aumentar la ya insoportable carga tributaria lo cual naturalmente acelera la retirada de capitales tan necesarios para hacer de apoyo logístico para mejorar la situación.

Cuarto, la manipulación estatal de la moneda es siempre un obstáculo serio al progreso, pero intensificarla en medio de la pandemia generará mayores succiones del fruto del trabajo ajeno, muy especialmente por parte de los más necesitados y no cabe guiarse por engañosos índices estadísticos del costo de la vida cuando los precios se toman en base a anteriores cotizaciones ya que al paralizar la producción merma la actividad.

Quinto, en medio de la pandemia se está engrosando exponencialmente el gasto público ya sumamente adiposo antes de la actual gestión debido al rotundo fracaso de las administraciones anteriores. Y como hemos consignado tantas veces con anterioridad, no se trata de podar el gasto puesto que igual que con la jardinería crece con mayor vigor. Tampoco es del caso insistir en que el gasto debe ser eficiente ya que si una función resulta incompatible con el sistema republicano debe eliminarse. Convertir en eficiente algo que es innecesario es mucho peor que mantener la ineficiencia.

Sexto, alarman los proyectos de modificación del Poder Judicial junto con la pretensión de dejar sin efecto la querella por parte de la oficina correspondiente de los casos de corrupción y la propuesta de concentrar en la jefatura de gabinete el manejo presupuestario constituye una afrenta a la función primordial del Poder Legislativo.

Séptimo, la insistencia en la manía del igualitarismo hace que la consiguiente guillotina horizontal apunte a eliminar las diferencias de resultados entre las personas diferentes en sus talentos y capacidades que en una sociedad libre son consecuencia de servir a sus semejantes. De este modo el que acierta en las demandas de sus congéneres obtiene ganancias y el que yerra incurre en quebrantos, en contaste con los pseudoempresarios prebendarios que se alían con el poder de turno para obtener privilegios y así explotar a su prójimo. Resulta aterrador escuchar algunos dirigentes empresarios formular declaraciones que no hacen más que acentuar el estatismo galopante que enfrentamos.

Octavo, como consecuencia de todo lo anterior se vulnera la institución de la propiedad privada que se agrava debido a las manifestaciones de funcionarios que apuntan a que el aparato estatal participe con acciones en las empresas privadas, lo cual agrava a la ya de por sí situación calamitosa de las mal llamadas empresas estatales, que son más bien entidades políticas ya que no solo no asumen riesgos con recursos propios sino que arrojan abultadas pérdidas.

Y noveno, en lugar de permitir que las entidades privadas de educación ajusten sus actividades no presenciales en un proceso abierto y competitivo de auditorias cruzadas, resulta que las autoridades imponen sus criterios políticos en cuanto a calificaciones, compaginación de trimestres y similares en el contexto de la distribución de cuadernillos obligatorios con un grosero adoctrinamiento para la enseñanza primaria.

Los argentinos estamos navegando en el estatismo desde hace ocho décadas, pero ahora la niebla se ha hecho más espesa y hay un riesgo de desembocar en una tragedia como la venezolana, puesto que a las mismas causas tienen lugar los mismos resultados. Espero equivocarme, pero si no se cambia la dirección los resultados negativos se profundizarán y vamos al despeñadero en medio de revueltas de diversa procedencia y espesor. Nunca es tarde para rectificar el rumbo, especialmente ahora gracias a instituciones liberales que vienen trabajando en pos de una sociedad abierta en consonancia con los valores alberdianos que hicieron de nuestro país uno de los más prósperos del planeta.

Por último, vuelvo sobre el tema del partido liberal sin dejar de subrayar enfáticamente y antes que nada las nobles faenas realizadas en esa dirección y destacar las características de abnegación que en general tienen quienes se han dedicado a esas tareas. Reitero, sin embargo, que dado el atraso en la batalla cultural y la consecuente incomprensión de las ideas básicas de ese ideario, no es el momento de insistir en un partido de esas características. Machaco con el ejemplo de quien habla sueco frente a una audiencia de hispanoparlantes, para proceder en consecuencia es requisito fundamental que los receptores entiendan sueco, de lo contrario los mensajes quedarán sin destinatarios. Es indispensable arremangarse y trabajar en el terreno de las ideas con mayor ímpetu y dedicación.

En otros lares como en Estados Unidos la experiencia ha podido llevarse a cabo, por ejemplo, con el extraordinario Ron Paul debido a que, a pesar de los problemas que ahora atraviesan, el plafón de ideas era otro como consecuencia de profundos trabajos en la batalla cultural, lo cual no ocurre por el momento en nuestro país en grado suficiente.

No debe confundirse el plano académico con el político. En este último caso se trata de conciliar y de acordar según sea la comprensión de la opinión pública. Desde la tribuna el político no puede decir lo que le venga en gana, debe considerar lo que por lo menos una parte significativa de la gente pueda masticar y digerir de lo contrario tendrá sus días contados como político. Hace tiempo que venimos insistiendo en la imperiosa necesidad de trabajar en proyectos de fondo que contribuyan a mover las agendas. No es posible saltar etapas. Lo primero viene primero, de lo contrario ponemos las carretas delante de los caballos.

Afortunadamente se ha constituido una oposición numerosa en ambas cámaras del Congreso y está en proceso una renovación de dirigentes al efecto de evitar la concentración en personeros de primera fila del fallido gobierno anterior. Aquellos, en este corto período desde que asumió el actual gobierno han batallado para poner freno a abusos extremos. Quienes los han votado en su inmensa mayoría no fue para respaldar la gestión fracasada sino desesperadamente para salvaguardar principios elementales del republicanismo como la libertad de prensa y lo que queda en pie de la Justicia. Sin duda que desde la perspectiva del liberalismo lo actuado en diversos planos es de un gran mérito y solvencia pero por ahora resulta muy incompleto y hay muchísimo más que hacer y es imprescindible percatarse de lo que ocurre y administrar con prudencia y cuidado lo que existe y no lo que nos gustaría a los liberales que tenga lugar. El fraccionamiento de la oposición solo servirá para fortalecer el populismo extremo. Es aconsejable que los liberales intenten alimentar esta nueva oposición basados en proyectos y críticas constructivas, con la necesaria conciencia de las severas limitaciones del caso que impone la realidad de nuestra historia y, como decimos, mirar con detenimiento el plano de la batalla cultural donde no debe haber contemplación de ninguna naturaleza.

Lamentablemente se invierten los roles: algunos las juegan de valentones en el plano político y retroceden y se aplastan cuando se esgrimen ideas de fondo como la eliminación de la banca central que siempre succiona el poder adquisitivo, el ministerio de educación que impone pautas curriculares en lugar de abrir la competencia en auditorias cruzadas en busca de la excelencia, las embajadas que estaban bien para la época de las carretas y no de las teleconferencias, la agencia oficial de noticias típica del fascismo, el instituto de estadísticas dependiente del aparato estatal y tantas otras propuestas que hemos expuesto en detalle en diversas ocasiones.

Si cada uno asume su responsabilidad en contribuir diariamente a que se comprendan los pilares del respeto recíproco, se acortará la distancia con otra posible circunstancia futura para poder concretar la consolidación de un partido liberal, pero ahora no es el momento. En ese sentido, recuerdo lo relatado por Ortega: en una oportunidad, un sacerdote celebraba misa y a cada cosa que decía el monaguillo repetía “Ave María Purísima”, pasado un tiempo razonable en que se reiteraba el coro del ayudante circunstancial el cura perdió la paciencia y le dijo: “Mira, lo que dices es muy interesante pero no es el momento”.

El autor es Doctor en Economía y también Doctor en Ciencias de Dirección, preside la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires y miembro de la Academia Nacional de Ciencias Económicas.

Publicado originalmente en Infobae, el 30 de mayo de 2020.

Meditaciones sobre el transcurso del tiempo – Por Alberto Benegas Lynch (h)

Antes he escrito sobre este asunto un tanto misterioso, pero en las circunstancias de la pandemia es tal vez la oportunidad de volver a reflexionar sobre la cuarta dimensión, dado que la vorágine de la vida diaria ha disminuido en algo su ritmo. Es para sacar provecho de una desgracia que es de desear termine cuanto antes y seguramente será cuando las investigaciones de laboratorios y equivalentes den en la tecla con una vacuna. Ha sido la historia de la medicina: es de esperar que en esto también el Leviatán no lo arruine todo con sus tentáculos mortales.

Desde la más tierna infancia se nos ha dicho que aprovechemos el tiempo, que economicemos tiempo o que ahorremos el tiempo. Esto es porque somos finitos, porque tenemos un tiempo limitado para, dadas las circunstancias, hacer de nuestras vidas algo sustancioso y no simplemente vegetar aunque se esté a las corridas pero con el alma desierta. Deambular sin rumbo significa no sacar partida de la condición humana dotada de libre albedrío al efecto de hacer algo con el timón.

En líneas generales podemos decir que aprovechar el tiempo es, en primer lugar, mejorar como personas y, en segundo término, contribuir a hacer en algo mejor el ámbito en el que nacimos y vivimos en contacto con nuestro próximo (prójimo). Mejorar quiere decir actualizar nuestras potencialidades en busca del bien según sean nuestros esfuerzos por conocer, es decir, por agrandarnos en lo que tenemos de más preciado cual es el intelecto que nos diferencia de todas las especies conocidas.

Sin duda que la faena de conocer tiene sus bemoles en el sentido de que se trata de un proceso evolutivo de prueba y error siempre sujeto a posibles refutaciones. De allí es que el sistema social que optimiza resultados es el del respeto recíproco, a saber, el de la libertad en cuyo contexto cada cual se mueve según estime pertinente en concordancia con sus proyectos de vida siempre y cuando no lesiones derechos de terceros, lo cual incluye la generosidad respecto al prójimo (naturalmente con lo propio). En esto consiste el eje central de la tradición de pensamiento liberal.

Es cierto que la vida se vive una vez y el segundero pasa rápido, pero nuestra misión no puede encajarse en la arrogancia superlativa de pretender la resolución de los problemas que indefectiblemente genera el autoritarismo. Nuestra misión es mucho más modesta: se circunscribe a poner nuestro granito de arena para que se comprendan las ventajas del respeto recíproco en cuyo ámbito cada uno asume la responsabilidad por lo que hace o deja de hacer pero se maximizan las posibilidades de sacar el mayor provecho posible de las circunstancias imperantes.

Derrochar o malgastar el tiempo -la cuarta dimensión- entonces se traduce en no vivir sino simplemente durar. Una persona sin objetivos, proyectos o metas superadoras está a la deriva, su vida es un sinsentido o vive la vida de otros, renuncia a la unicidad de su ser en toda la historia de la humanidad, lo cual refuta la idea de tiempos circulares o repetitivos ya que irrumpen personas distintas.

Ortega concluye que “la vida es tiempo” y que “el tiempo es irreparable”, una vez transcurrido se torna irreversible, “es el tiempo que se acaba” para cada cual. La vida es como la dibuja Shakespeare en el sentido de un gran teatro en el que hombres y mujeres no son más que actores que tienen posibilidades limitadas y concretas de entradas y salidas al escenario. Bien se ha dicho que matar el tiempo no es un homicidio sino un suicidio ya que afecta principalmente al sujeto que desperdicia su tiempo siempre limitado en esta tierra y que en última instancia constituye el test de su vida. Se ha mantenido que el tiempo es eterno pero no lo es para cada uno (por otro lado Woody Allen ha consignado que “la eternidad se hace muy larga, especialmente la última parte”).

Hay quienes se excusan y exhiben toda clase de pretextos en la falta de tiempo para no llevar a cabo faenas relevantes, pero el día tiene 24 horas para todos: de lo que se trata es de un tema de prioridades al efecto de encontrar el tiempo necesario. ay quienes se quejan de la rapidez del tiempo y los hay satisfechos con el paso del transcurrir, concepciones subjetivas relacionadas con la intensidad del vivir y de posibles satisfacciones por logros obtenidos y la conjetura de no poder repetirlos si se pudiera navegar para atrás en el tiempo tal como proponía Wells en su ficción.

André Compte-Sponville nos enseña que el tiempo es el ser en cuanto a que si nada cambiara, si nada durara la existencia no sería, lo cual pone al descubierto el vínculo espacio-tiempo y el movimiento potencia-acto que puede denominarse energía. Enfatiza este autor: “Imaginemos que se detuviera el tiempo. ¿Qué pasaría? Nada, por definición, porque ya no pasaría más nada”. Solo para el inmortal el tiempo resultaría irrelevante.

Aldous Huxley ha escrito con razón que “la más firme enseñanza de la historia es que no hemos aprendido las enseñanzas de la historia”. Tal cual, hay fenómenos recurrentes que revelan que estamos encorsetados por el pasado, es como si estuviéramos condenados a repetir errores una y otra vez. Los ejemplos tremebundos de los totalitarismos del siglo XX y XXI atestiguan el aserto, en mayor o menor medida se toman ingredientes de esos regímenes de horror y los aplicamos en dosis diversas, en general sin las matanzas físicas pero si las matanzas del espíritu a través de aparatos estatales que con creciente saña aplican sus recetas. Hay signos muy preocupantes de persecuciones a ciudadanos pacíficos que han obtenido legítimamente sus ingresos, son el fruto de su trabajo y sin embargo se los confisca a través de impuestos inauditos, inflaciones crónicas y regulaciones inaceptables.

Ahora viene el intento de explicar desde otro ángulo el tiempo, el transcurrir o el devenir. Aristóteles primero, pero especialmente San Agustín mostraron lo intrincado que resulta elaborar sobre el significado del tiempo al señalar la dificultad de aprehender ese concepto. Se trata de aludir a la sumatoria de presentes pero resulta que no son más que tiempos que ya fueron (pasado) o que serán (futuro) y que divididos en fragmentos infinitesimales de presentes que en verdad hacen que esa noción más bien se esfume. Esto así considerado convierte al tiempo en una especie de enigma ya que si el presente no puede aprehenderse y el pasado ya no es y el futuro aun no ocurre, el tiempo se transforma en un misterio pero que, sin embargo, es. No podemos separarnos del tiempo. Es como aquel cuento del que buscaba afanosamente sus anteojos y resulta que los tenía puestos precisamente para buscarlos.

Por su parte, Henri Bergson fue pionero en elaborar sobre el tiempo psicológico o interior, por una parte, y el tiempo del reloj por otra al poner de manifiesto cómo sucesos agradables para el sujeto actuante pasan más rápidamente que los desagradables que subjetivamente considerados tienden a sucederse con mayor lentitud.

En realidad, tal como apunta John B. Prestley, hubo calendarios antes que relojes al efecto de facilitar los períodos de siembras y cosechas y para encuentros y comercios se hizo referencia a horas, días, meses y años para lo cual se recurrió como parámetro al giro de la Tierra sobre su eje y al giro de la Tierra en torno al Sol en el contexto de puntos de referencia que cambian a ritmos distintos de lo observado puesto que si absolutamente todo cambia al mismo compás no hay modo de medir el tiempo (el río fluye en relación a márgenes inmóviles). A esta altura es bueno recordarle a aquellos que todo lo quieren controlar desde los aparatos estatales que la Tierra suspendida en el espacio gira en torno a su eje a 1600 km por hora y en torno al Sol a 30 km por segundo y sin piloto.

Como es sabido, Albert Einstein explicó su teoría de la relatividad especial en base a sostener que, a diferencia de la concepción newtoniana, el tiempo no es absoluto sino que depende de la ubicación del observador (una explosión será detectada en lugares distintos en diferentes tiempos debido a la velocidad del sonido y de la luz). Asimismo, su teoría general de la relatividad introdujo el factor masa, es decir, que si la Tierra fuera de mayor tamaño tardaría más en girar sobre su eje y en torno al Sol.

Stephen Hawking, aunque cambiante en su posición respecto al origen del universo, en su libro sobre el tiempo parte del Big-Bang que como es sabido se trata de algo contingente y no necesario como la Primera Causa a la que todo remite puesto que la regresión ad infinitum no permitiría la existencia ya que las causas nunca hubieran comenzado. Una Primera Causa que es inexorablemente anterior a la referida explosión inicial.

Si queremos establecer un punto sobre una recta, necesitamos una medida -una dimensión- para localizarlo. Si en lugar de una recta quisiéramos trasmitir la ubicación de una mancha en la alfombra, necesitaríamos dos números -dos dimensiones- para establecer el lugar exacto de la mancha: necesitaríamos el largo y el ancho. Si en una habitación cuelga una lámpara del techo y quisiéramos referir en que punto del espacio se encuentra la bombilla de marras, necesitaríamos tres números -tres dimensiones- que denominaríamos ancho, largo y profundidad. Si en esa habitación hubiera una mosca volando nos referiríamos a cuatro dimensiones: debemos agregar el tiempo, conocido como la cuarta dimensión. La localización de la mosca no es la misma a las diez de la mañana que a las dos de la tarde.

Esta cuarta dimensión a la que nos venimos refiriendo resulta trascendental para el ser humano. Constituye una implicación lógica de la acción humana, es uno de los teoremas que se explican al comenzar un curso de economía: si alguien tiene un deseo e ipso facto lo satisface, no hay acción humana. Para que haya acción necesariamente debe mediar tiempo entre el deseo y la búsqueda de la satisfacción correspondiente. El hombre no puede hacer todo al mismo tiempo, por tanto debe seleccionar, preferir, optar, en otros términos, economizar. Deberá establecer una escala de valores en sentido ordinal, no cardinal puesto que no son susceptibles de medirse (el precio no mide sino que expresa valorizaciones cruzadas, cuando se dice que una zanahoria vale dos pesos no es en modo alguno que dos pesos y una zanahoria sean iguales puesto que en ese caso no habría transacción).

No podemos posponer indefinidamente nuestras preferencias cotidianas, de lo contrario perecemos. Tampoco -si queremos realizarnos en la vida en el sentido antes mencionado- podemos posponer para siempre objetivos centrales en nuestras vidas tales como hemos aludido antes en esta nota. En definitiva, para vivir una vida propiamente humana, en esa aventura de pasar de lo latente a lo patente, el hombre no puede escindirse de la cuarta dimensión y cuanto más libre resulte el entorno, mayor serán sus posibilidades de logros. Es pertinente destacar que Henri Boulad nos dice que “el error de quienes calculan el tiempo matemáticamente consiste en olvidar que cada instante es único y, por lo tanto, no es susceptible de sumarse”.

Como queda dicho, un modo eficaz de aprovechar el tiempo consiste en contribuir a que las cosas sean un poquito mejor respecto al momento en que nacimos para lo cual resulta ineludible el trabajo para que se comprendan las ventajas del respeto recíproco. Es una misión ineludible para cada uno ya que todos estamos interesados en que se nos respete y esto no viene del aire, deriva de esfuerzos cotidianos.

El autor es Doctor en Economía y también Doctor en Ciencias de Dirección, preside la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires y miembro de la Academia Nacional de Ciencias Económicas.

Publicado en Infobae, 23 de mayo de 2020.

Cosmos + Taxis, Vo. 7, No. 5-6, 2020

Symposium on Peter Boettke’s F. A. Hayek: Economics, Political Economy and Social Philosophy

Introduction
Mikayla Novak

A Galbraithian Perspective on Epistemic Institutionalism and True Liberalism
Ted Burczak

Hayek’s Appreciative Theory and Social Justice
Nick Cowen

Before Kahneman and Tversky, There Was Friedrich Hayek
Roger Frantz

A Branch on the Mainline: Hayek’s Analysis of Complex Adaptive Systems
Gerald Gaus

F. A. Hayek, Gemeinschaft and Gesellschaft, Globalization and Digitalization
Stefan Kolev

Epistemic Institutionalism: Rules and Order, Complexity, and Liberalism
Paul Lewis

You Can Take Hayek Out of Vienna . . . 
Adam Martin

Two Contrasting Views of People and Institutions in the Philosophical Anthropologies of Hayek and Marx
David L. Prychitko

A Problem of Knowledge for Hayek
Jeremy Shearmur

Response
Peter Boettke

Acceda aquí al ejemplar completo.

OLIVER EATON WILLIAMSON (1932 – 2020) – por Juan Carlos de Pablo

CONTEXTO; Entrega N° 1.607; Mayo 25, 2020

Nació en Superior, Wisconsin, Estados Unidos. “Mis padres eran maestros, pero mi papá dejó la enseñanza cuando se casó y se puso a trabajar con su suegro, en una inmobiliaria… Estudiar en la escuela pública de Superior fue una experiencia muy igualitaria” (Williamson, 2009).

Estudió ingeniería en el MIT y economía en las universidades de Stanford y Carnegie Mellon, doctorándose en esta última en 1963. “Pensé en estudiar abogacía, luego me atrajo la ingeniería, por lo cual cursé el college en el MIT. Cuando estudié en Stanford mi entrenamiento en ingeniería me aventajó con respecto a quienes había estudiado ciencias sociales… Con el tiempo me di cuenta que existe una gran diferencia entre ingeniería y economía: en la primera los supuestos de ausencia de fricción ayudan a entender; en economía complican el entendimiento” (Williamson, 2009).

            “Mi paso de administración de empresas a economía derivó de 4 eventos: el curso que dictó James Howell; que éste me recomendara tomar un curso dictado por Kenneth Joseph Arrow; el consejo que me dio Charles Bonini, que tomara el curso interdisciplinario que se dictaba en Carnegie; y una beca por 3 años que me otorgó la Fundación Ford… Arrow me recuerda como un alumno que formulaba buenas preguntas. Siempre tuve curiosidad por entender cómo funcionan las cosas” (Williamson, 2009). “En Carnegie Mellon uno aprendía a ser disciplinado, interdisciplinario y tener una mente activa” (Williamson, 2010). “A comienzos de la década de 1960, junto con Richard Michael Cyert y James Gardner March (entre otros), se dedicó al estudio de las verdaderas motivaciones que generan las decisiones en las grandes corporaciones” (Shepherd, 2007).

“Lo atrajeron las cuestiones analizadas por los economistas del comportamiento, como Herbert Alexander Simon, Richard Michael Cyert y James Gardner March, pero prefería los métodos desarrollados por economistas como John Fraser Muth, Merton Howard Miller y Allan H. Meltzer” (Masten, 2010).

            Enseñó en las universidades de California (Berkeley), Pensilvania y Yale, retornando en 1988 a la de Berkeley.

            Presidió la Asociación americana de derecho y economía.

            “Mi experiencia como asistente económico especial del titular de la División Antitrust del departamento de Justicia, fue un hecho definitorio para mí” (Williamson, 2009).

“Sus principales contribuciones pertenecen al plano de la teoría… Constituyen un contraejemplo del `principio´ de [Paul Robin] Krugman, según el cual las ideas que no son modeladas, pronto decaen” (Gibbons, 2010). “Por su estilo no matemático, sus trabajos son conocidos entre abogados, cientistas políticos, sociólogos y analistas de empresas… Su presentación `preformal´ de su teoría la hacía aparecer algo vaga… Hasta la publicación de Mercados y jerarquías, ocurrida en 1975, su labor no fue apreciada” (Masten, 1996). “A menudo acuñó términos inusuales, como `preferencias por los gastos´, `racionalidad acotada´, `amenazas creibles´, para ideas que ya existían en la literatura” (Shepherd, 2007).

            En 2009 compartió el premio Nobel en economía con Elinor Claire Ostrom. Según el Comité Nobel, mereció el galardón “por su análisis de la gobernanza económica, especialmente qué tareas se realizan dentro y cuáles fuera de cada empresa… Argumentó que los mercados y las organizaciones jerárquicas, como las empresas, representan organizaciones de gobernanza alternativas, que enfocan de manera diferente la resolución de los conflictos. El problema de los mercados es que alientan el regateo y el desacuerdo, el problema con las empresas es que sus directivos abusan de su poder” (Nobel foundation. Press release)

            “Enseñó que mercados, empresas, asociaciones, agencias y hasta familias, deben ser analizadas desde el punto de vista de la resolución de los conflictos… A comienzos de la década de 1970 argumentó que a veces las organizaciones jerárquicas dominan los mercados porque constituyen una manera más eficaz para solucionar los conflictos… Cuando la tendencia al regateo es sustancial, no hay garantía que el acuerdo final sea inmediato o eficiente… Su idea principal se basa en 2 factores: no hay necesidad de formar empresas cuando no hay limitaciones en los contratos, y tampoco la hay cuando compradores y vendedores pueden fácilmente encontrar a sus contrapartes. Las empresas emergen cuando las transacciones son complejas y no estandardizadas, y cuando las partes que realizan la transacción son mutuamente dependientes. Por ejemplo, cuando las partes tienen activos que sólo son valiosos dentro de cierta relación (por eso, cuando están distantes, hay integración vertical entre una mina de carbón y una generadora de electricidad que lo utiliza como insumo)… Según él, las grandes corporaciones existen principalmente porque son eficientes, al aprovechar las economías de escala” (Nobel foundation. Information for the public).

            “En una monografía básica, publicada en 1971, sostuvo que las empresas existen cuando las transacciones son complejas y los activos tanto humanos como físicos tienen fuertes relaciones específicas. Como tanto la complejidad como la especificidad pueden ser medidas, la teoría tiene implicancias empíricas y puede estar sujeta a verificación… Su argumentación se basa en 4 elementos: los mercados funcionan, a menos que haya obstáculos para redactar y hacer cumplir contratos detallados; una vez que un agente ubicado en el costado largo del mercado se involucro en una relación específica de inversión física o humana, la transacción que comenzó en un mercado `grueso´ se transforma en un mercado `delgado´; las pérdidas asociadas con las negociaciones ex post están positivamente relacionadas con las cuasi rentas; y se pueden reducir las perdidas integrando las transacciones dentro de la empresa” (Nobel foundation. Scientific backgroud).

“El enfoque de los costos de transacción reformula a la empresa como una estructura de gobernanza… La decisión de fabricar, en vez de comprar, tiene grandes implicancias: los conflictos cuando se compra se dirimen en los tribunales, cuando se fabrica cada organización es su propio tribunal… Recomendó de manera sistemática analizar a las organizaciones utilizando `lentes de contacto´, mientras la ortodoxia sugiere verlos utilizando `lentes de elección´… Entender la gobernanza implica utilizar un análisis interdisciplinario, que combina economía, derecho y teoría organizacional. Su carrera es un testimonio de la productividad que genera este enfoque” (Masten, 2010).

“Distinguía entre las negociaciones caso por caso, de las relaciones de largo plazo que se plasman en contratos… Desarrolló el concepto de `information impactedness’, aplicable a situaciones en las cuales resulta difícil estimar los costos de transacción” (Wikipedia).

“Es conocido por su juicio agudo y su consejo generoso” (Masten, 1996). Además de Arrow, “reconoce una gran deuda con Alfred Chandler por enfatizar la importancia de las innovaciones institucionales; con Ronald Coase por su enfoque de costos de transacción y con Herbert Alexander Simon por introducir un conjunto de supuestos de comportamiento en el análisis económico” (Beaud y Dostaler, 1995).

            ¿Por qué los economistas nos acordamos de Williamson? Porque “es el fundador y principal desarrollador de la economía de los costos de transacción (TCE)”; “es uno de los padres fundadores de la nueva economía institucional. Creó la economía basada en los costos de transacción. Durante las 4 ultimas décadas generó el contexto en el cual los economistas piensan sobre las empresas, los contratos y la economía de las organizaciones” (AER, 2008).

            Es autor de Economía del comportamiento discrecional, publicado en 1964; Control corporativo y comportamiento de las empresas, publicado en 1970; Mercados y jerarquías, que viera la luz en 1975; Las instituciones económicas del capitalismo, publicado en 1985; Organización económica, publicado en 1986; Los mecanismos de la gobernanza, publicado en 1995; y Las instituciones económicas del capitalismo, publicado en 1998. “En Economía…, basado en su tesis doctoral, cuestionó uno de los supuestos fundamentales de la teoría de la firma surgida de las cajas negras: que los gerentes maximizan las utilidades de las empresas. Por el contrario, sostuvo que los gerentes pueden gastar recursos en ítems que aumentan sus propios beneficios, a expensas de los de las empresas donde trabajan” (AER, 2008). “Economía… introdujo el primer modelo consistente y económicamente sano del funcionamiento de la empresa basado en la maximización de la utilidad, no de las ganancias, abriendo la caja negra de la teoría económica de la empresa a las herramientas del análisis económico moderno” (Masten, 1996). “Hasta la aparición de Mercados y jerarquías la importancia de su enfoque no fue apreciado por completo” (Masten, 2010).

“El principal objetivo del enfoque neoclásico es el de entender cómo el sistema de precios coordina el uso de los recursos, no el funcionamiento interno de las empresas que operan en la práctica” (Williamson, 2010). “A diferencia del análisis neoclásico, Williamson supone que los seres humanos no son muy competentes como optimizadores, y por el otro lado son mejores mentirosos, tramposos y remolones” (Masten, 1996).

            TCE. “Mi labor se inspiró en el enigma planteado por Coase (1937): ¿qué consideraciones de eficiencia llevan a una empresa a fabricar por sí misma algo que necesita, en vez de comprárselo a un tercero?.. Fui el primero que planteó la cuestión de los costos de transacción, sugiriendo que la frontera operatoria de las empresas no era algo dado sino algo que tenía que ser derivada… Reformulé la pregunta inicial de Coase en los siguientes términos: ¿bajo qué condiciones una empresa decidiría comprar un componente tecnológicamente separable del proceso de producción, en vez de producirlo ella misma?” (Williamson, 2010). “Coase fue pionero, pero Williamson descubrió sus implicancias… Este elevó la idea original de aquel, de una tautología a la categoría de teoría que genera predicciones, un logro que el propio Coase reconoció” (Masten, 1996).

            “Comenzó sus investigaciones observando que todas las formas organizacionales tienen sus problemas y por consiguiente las decisiones referidas al ámbito organizacional son del tipo problema contra problema” (Masten, 1996). “En su etapa rudimentaria, la teoría de los costos de transacción enfrentó problemas conceptuales, operativos y de aplicación; mientras que en su etapa de madurez planteó cuestiones de intervención selectiva, remediabilidad, compromisos creíbles y posibles variación de los resultados vía operación repetitiva de los modelos” (Williamson, 2010).

“Williamson sostiene que una combinación de 2 factores obstaculiza las habilidades de las empresas para realizar transacciones a través del mercado: por una parte, los contratos incompletos plantean la necesidad de la adaptación; y por la otra la especificidad de la relación implica una `transformación fundamental´ en la cual esas adaptaciones serán negociadas en condiciones de monopolio bilateral. Esta falla de mercado lleva a la integración vertical de los procesos productivos” (AER, 2008).

            Integración vertical. “Analicé la cuestión combinando las perspectivas que surgen de la económica y la de la organización” (Williamson, 2010). “En 1971 mostré que la producción no integrada de bienes intermedios funciona adecuadamente vía contratos simples cuando los activos son genéricos; mientras que la ventaja se vuelca a favor de la organización jerárquica y la dependencia bilateral, en presencia de activos específicos y perturbaciones aisladas” (Williamson, 2010). “En Williamson (1971) cuestionó la visión implícita en la política antitrust, según la cual los fusiones son malas porque aumentan el poder monopólico, planteando las bases de Mercados y… y Las instituciones… En estas obras Williamson une la idea de Coase de costos de transacción, con el funcionamiento práctico de las empresas” (AER, 2008).

            “En otro trabajo publicado en 1976 refutó el punto de vista de la escuela de Chicago, demostrando que en contextos complejos, donde los contratos completos no se pueden formular, la regulación -aunque problemática- resulta superior a la subasta rígida de franquicias” (AER, 2008).

            “En 1968 sugirió que las posibles economías de escala resultantes de las fusiones, podrían más que compensar los correspondientes efectos monopólicos, por lo que ambos factores deberían ser tenidos en cuenta en las políticas públicas” (Shepherd, 2007).

            “Como para Hayek, para Williamson el cambio es el elemento clave en el contexto económico y la adaptación a eventos inesperados el problema central de la organización económica” (Masten, 1996).

            “Una vez que la inversión física o humana adoptó un carácter específico, la continuidad en la relación de intercambio se vuelve importante” (Masten, 1996).

AER (2008): “Oliver E. Williamson. Distinguished fellow 2007”, American economic review, 98, 5, diciembre.

Beaud, M. y Dostaler, G. (1995): «Williamson, Oliver E.», Economic thought  since Keynes, Routlegde.

Blaug, M. (1999): Who´s who in economics, Edward Elgar.

Coase, R. H. (1937): “The nature of the firm”, Economica, 4, noviembre.

Gibbons, R. (2010): “Transaction-costs economics: past, present and future?”, Scandinavian journal of economics, 112, 2.

Masten, S. E. (1996): “Oliver E. Williamson”, en Samuels, W. J.: American economists of the late twentieth century, Edward Elgar.

Masten, S. E. (2010): “Williamson, Oliver E.”, New palgrave dictionary of economics, Online edition.

Shepherd, W. G. (2007): “Oliver E. Williamson”, en de Jong, H. W. y Shepherd, W. G.: Pioneers of industrial organization, Edward Elgar.

Williamson, O. E. (1971): “The vertical integration of production: market failures considerations”, American economic review, 61, 2, mayo.

Williamson, O. E. (2009): “Autobiografía”, Nobelprize.org.

Williamson, O. E. (2010): “Transaction cost economics: the natural progression”, American economic review, 100, 3, junio.

Desde su primera impresión el billete de $1.000 perdió 85% de su valor (Fundación Libertad y Progreso)

El billete de $1.000, dejaría de ser el de mayor denominación. Desde su primera impresión en diciembre del 2017, pasó de valer US$57,37, a tener un valor de apenas US$8,44 a Mayo del 2020 tomando el Contado con liquidación.
La nueva incorporación en la familia de billetes de la moneda argentina, en este caso de $5.000,  refleja la constante depreciación de peso. El billete que circuló en medios de comunicación la semana pasada con la imagen de Cecilia Grierson y Ramón Carrillo, nacería con un valor de US$42,21.

Por otra parte, si se analizan los billetes de mayor denominación en países de la región, suelen mantenerse estables con pocos nuevos lanzamientos. En el gráfico 2 se observa que (excluyendo a Venezuela) el nuevo billete estaría tercero entre aquellos de más valor en dólares y de mayor denominación nominal. En primer lugar se ubica el billete de S/.200 nuevos soles de Perú que entró en circulación en el año 1991. En último lugar, aparece nuestro billete de $1.000, aunque dejaría de competir en este ranking.

Los beneficios de tener una moneda sana pueden parecernos lejanos a los argentinos dado que convivimos con una alta inflación la mayoría de nuestras vidas. Sin embargo, para encauzar un crecimiento sostenido que nos saque de la constante decadencia que padecemos es condición necesaria tener una moneda que cumpla con las tres funciones de todo dinero: Unidad de cuenta, medio de circulación y reserva de valor.