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Acerca de Adrián Ravier

Adrian Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y Profesor en la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín.

Por qué habrá un estallido inflacionario en la Argentina y no en Estados Unidos

En este momento viene a la memoria la participación de Axel Kicillof en unas Jornadas Monetarias y Bancarias organizadas por el Banco Central de la República Argentina en 2011 donde dijo: “según la teoría ortodoxa, una quintuplicación de la base monetaria debería haber engendrado un terrible proceso inflacionario.” Dado que eso no ocurrió, sugería sustituir la ortodoxia con un nuevo marco teórico. El equipo económico actual sigue esa línea. Críticos de la teoría cuantitativa del dinero creen que pueden domar la inflación sobre postulados heterodoxos que han sido descartados por la mayor parte de la profesión.

Lo cierto es que Axel Kicillof se equivoca, pues Milton Friedman y los ortodoxos jamás afirmaron que quintuplicar la base monetaria genera “un terrible proceso inflacionario”. Lejos de ello, hay un supuesto en esa parte de la teoría que le enseñaron al actual gobernador de la provincia de Buenos Aires en la UBA que dice: “si la velocidad de circulación permanece constante”, entonces la inyección de liquidez puede ir a precios. El supuesto es un factor determinante en la predicción. No fue el caso en la gran depresión que estudió Milton Friedman en su famoso libro con Anna Schwartz sobre la historia monetaria de los Estados Unidos, ni tampoco fue el caso en la gran recesión de 2008, pues en ambos casos hubo una fuerte contracción de la velocidad de circulación del dinero, entendido como la inversa de la demanda de dinero.

 Axel Kicillof se equivoca, pues Milton Friedman y los ortodoxos jamás afirmaron que quintuplicar la base monetaria genera “un terrible proceso inflacionario”

Muchos economistas argentinos, lamentablemente, no han comprendido aun la teoría básica del equilibrio monetario. Una teoría que enseña que en la medida que la oferta crece por encima de la demanda de dinero habrá un desequilibrio llamado inflación, y que será tanto mayor cuanto más amplio sea el desborde de la circulación de pesos.

En el escenario concreto de la gran recesión de 2008, con impacto global en 2009, el mundo demandó más dólares y con ello se hundió la velocidad de circulación del dinero, lo que contrarrestó el efecto expansivo de la masa monetaria. Más en detalle, la liquidez que inyectó la Reserva Federal “quintuplicando” la base monetaria fue absorbida por el sistema bancario, lo que impidió que saliera el dinero a la calle generando el aludido efecto inflacionario.

El caso es importante para entender la economía de la pandemia. En el escenario actual, también hay recesión global, sumado a un temor por la pérdida de empleo, y un fuerte incremento en la demanda de dinero. La liquidez que inyectan los bancos centrales intenta justamente acompañar la mayor demanda de dinero, y en la medida que se mantenga cierto equilibrio monetario, no observaremos un proceso de alta inflación.

Fuente: Informe de Política Monetaria del Banco Central
Fuente: Informe de Política Monetaria del Banco Central

Técnicamente, la demanda de dinero abandonó en estos meses su nivel habitual y los bancos centrales acompañaron la suba con mayor oferta de dinero. Terminada la cuarentena global se espera que la demanda de dinero retorne a su nivel anterior, lo que obligará a los bancos centrales a retirar liquidez con el mismo instrumento con el que la expandieron, siendo el más general, las operaciones de mercado abierto.

En otros términos, los bancos centrales compran bonos e inyectan liquidez, y cuando la cuarentena termina, venderán bonos para recuperar la liquidez inyectada. Como los bonos tienen un valor de mercado, la posibilidad concreta de expandir y contraer la masa monetaria será efectiva para estos bancos centrales. Esto evitará seguramente que veamos un estallido inflacionario en otras partes del mundo.

Una diferencia no menor

¿Por qué la Argentina tiene una dinámica diferente? ¿Por qué los economistas ortodoxos en general prevén para nuestro país un estallido inflacionario? La respuesta está precisamente en los instrumentos que se utilizan para expandir la oferta monetaria.

El Banco Central de la República Argentina monetiza el déficit del gobierno por la pérdida de recaudación provocada por la cuarentena. En términos contables, coloca “bonos intransferibles” en el activo, y emite pesos que coloca en su pasivo. Si bien el presidente del BCRA anunció que terminada la cuarentena, como indica la lógica presentada arriba, se esterilizará la oferta monetaria inyectada durante los últimos meses, lo cierto es que los instrumentos pueden ser menos eficaces. Que los bonos que coloca el BCRA en su balance sean intransferibles hace que el margen de acción de la autoridad monetaria se acote por la imposibilidad de venderlos.

El Banco Central de la República Argentina monetiza el déficit del gobierno por la pérdida de recaudación provocada por la cuarentena (EFE)
El Banco Central de la República Argentina monetiza el déficit del gobierno por la pérdida de recaudación provocada por la cuarentena (EFE)

El instrumento que se utiliza en Argentina es entonces el de las Leliqs y los pases, aunque ambos requieren para su continua renovación pagar intereses elevados, que poco a poco alimentan una burbuja de pasivos que tiende a explotar, como ya le ocurriera a la gestión de Federico Sturzenegger bajo el gobierno de Mauricio Macri.

Es asombroso para cualquier especialista monetario la manera en que Argentina evade aplicar herramientas ortodoxas para controlar la inflación, las que claramente requieren primero de equilibrio fiscal, y luego de equilibrio monetario y cambiario. El mundo comprendió esto desde los años 80 en adelante, y desde entonces la inflación de dos dígitos fue desterrada por completo.

 Es asombroso para cualquier especialista monetario la manera en que Argentina evade aplicar herramientas ortodoxas para controlar la inflación, las que claramente requieren primero de equilibrio fiscal, y luego de equilibrio monetario y cambiario

La Argentina cerrará el año con un déficit fiscal primario de alrededor de 6% del PBI, más otro 2% de las provincias, lo que totaliza un déficit consolidado (sin intereses de la deuda defaulteada) de 8% del PBI. Es una proyección prematura, por supuesto, pero sirve de base para analizar el escenario que enfrentaremos en 2021. Ese nivel de déficit ha conducido en períodos anteriores de nuestra historia al rodrigazo, a procesos hiperinflacionarios y a profundas crisis económicas.

Es realmente difícil que Argentina puede salir de esta situación sin un nuevo estallido inflacionario, lo que debería generar preocupación tanto de analistas como también de parte de la población. Si no se está ante un gobierno de ajuste, y parece que no lo estamos, entonces la monetización del déficit fiscal post pandemia puede conducir a un nuevo escenario hiperinflacionario.

El autor es economista, especializado en teoría monetaria, ciclos económicos y finanzas públicas.

Publicado en Infobae económico, domingo 21 de junio de 2020.

Thomas Sowell on the Myths of Economic Inequality

Recorded on November 15, 2018

Thomas Sowell discusses economic inequality, racial inequality, and the myths that have continued to falsely describe the system of poverty among different racial and economic classes. He explains the economic theories behind these pervasive myths and proposes fact-based solutions for seemingly intractable situations.

Sowell discusses his early life as a high school dropout and his first full-time job as a Western Union messenger delivering telegrams. He admits to flirting with Marxism in his early twenties as he first tried to grapple with the housing inequality he saw across the neighborhoods of New York City. Marxism, he says, was the only explanation he could find at the time. He went on to serve in the Marine Corps before continuing his education in economics at Harvard and earning a master’s at Columbia and a PhD at the University of Chicago.

Sowell’s first job after his receiving his PhD in economics was working for the Department of Labor, and he says it was there that he realized Marxism was not the answer. He argues that the government has its own institutional interests in inequality that cannot be explained through Marxism. He began to be discouraged by Marxism and the government in general and began searching for better economic ideas and solutions (the free market).

Robinson and Sowell discuss Sowell’s written works, his ideas of racial and economic inequality, the state of the United States today, and much more. Interested in exclusive Uncommon Knowledge content? Check out Uncommon Knowledge on social media!

Soberanía alimentaria: otra sandez – Alberto Benegas Lynch (h)

Tal como hemos advertido en diversas circunstancias, hoy el gobierno argentino sigue los lineamientos del chavismo y si no se revierte a tiempo terminará en la misma tragedia venezolana.

Ahora se anuncia la expropiación de una empresa centenaria con gran presencia en la exportación agroindustrial, harinas, aceites, la ganadería, la industria frigorífica y la vitivinicultura. Se presentó en concurso de acreedores debido a un pasivo de más de mil millones de dólares con bancos y más de trescientos millones adeudados con el sector agrícola.

Como es de público conocimiento, el gasto estatal se encuentra a niveles astronómicos lo cual hace que la carga tributaria resulte descomunal, la deuda -hoy nuevamente en proceso de “renegociación”- ha escalado a niveles insostenibles a lo que se agrega una expansión monetaria colosal en un contexto de amenazas a la libertad de prensa, proyectadas reformas inauditas al Poder Judicial, querellas frenadas por sonados casos de corrupción y la pretensión de endosar el manejo presupuestario a la jefatura de gabinete lo cual es función primordial del Poder Legislativo. Como si esto fuera poco, este enjambre se lleva a cabo machacando con las fallidas recetas de controles de precios y embates contra comerciantes.

¿Será posible que en lugar de encaminarnos hacia los principios alberdianos que en su momento hicieron de nuestro país uno de los más prósperos del planeta, nos encaminemos a la profundización del estatismo que nos viene hundiendo en el fango desde hace ocho décadas? ¿Será posible que no nos hayamos dado cuenta de los estrepitosos fracasos que ha provocado el estatismo en todo el mundo donde se ensayó?

Si no fuera dramático podríamos decir que lo que ocurre es digno de una producción cinematográfica de Woody Allen. Se vuelve a repetir la cantinela que la expropiación de marras “es una decisión estratégica del gobierno” y que “rescatará la empresa y preservará las fuentes de trabajo”, sin percatarse que es la población que debe agregar al ya gigantesco peso que debe soportar cotidianamente con el fruto de su trabajo para todavía tener que financiar una aventura adicional. Esto es lo ideal para que se derrumben aun más los salarios e ingresos en términos reales. No son los gobernantes los que contribuyen de su peculio a estas financiaciones (ni ninguna otra), son los habitantes que deben absorber semejantes gastos adicionales lo cual acentúa la bancarrota al tiempo que ahuyenta a inversores potenciales locales y del extranjero pues resulta un riesgo superlativo el atreverse a encarar actividades económicas en un clima semejante.

Lo dicho también alude a una ridícula “soberanía alimentaria” que ha conducido a las hambrunas más espeluznantes en todos lados donde los aparatos estatales pretendieron inmiscuirse en la administración de alimentos, a lo que se acumulan las ya deficitarias empresas estatales. Como es sabido, la característica medular de una empresa es el arriesgar recursos propios, el dar un manotazo y poner en riesgo por la fuerza recursos de terceros no constituye una actividad empresaria. El mismo establecimiento de una empresa estatal significa que inexorablemente se altera la prioridad que establecen los consumidores con los siempre escasos recursos. Si, en cambio, la empresa estatal se ubicara en lo mismo que la gente prefiere no tiene sentido su intervención si va a hacer lo mismo que hubieran realizado las personas libremente con el consiguiente ahorro de gastos burocráticos.

Por lo dicho, politizar la actividad empresaria es lo peor para la salud de la economía. La asignación de los derechos de propiedad permite en una sociedad libre que obtengan ganancias los comerciantes que dan en la tecla respecto a los gustos de sus semejantes y que incurran en quebrantos los que no aciertan. Este proceso sanador contrasta con llamados empresarios -en verdad asaltantes- que se alían con el poder de turno para obtener privilegios que siempre atentan contra el bienestar de la población.

Es reconfortante la reacción y la preocupación por estas medidas alarmantes puestas en evidencia por destacados periodistas, sustanciosos colegas y la parte de la actual oposición liberada de los fracasos estrepitosos del gobierno anterior. Es de desear que se recapacite antes de caer en el pestilente pozo venezolano donde el “exprópiese” resuena como un alarido mortal.

Publicado originalmente en El Economista, 10 de junio de 2020

The False Promise of Big Government (Patrick Garry – Acton Institute)

The debate over the size and scope of the federal government has raged since the New Deal. So why have opponents of big government so rarely made political headway? Because they fail to address the fundamental issue.

== Patrick Garry, Ph.D.

Professor of Law University of South Dakota School of Law

Patrick Garry is a law professor with a Ph.D. in constitutional history. He has testified before Congress on constitutional issues and is a contributor to The Oxford Companion to the U.S. Supreme Court. He is the author of numerous constitutional law books, including Wrestling With God: The Court’s Tortuous Treatment of Religion and An Entrenched Legacy: How the New Deal Constitutional Revolution Continues to Shape the Role of the Supreme Court.

The Growth of Leviathan (The Hon. Joseph Scoville – Acton Institute)

Everyone knows that the Federal Government has far transcended the limited role envisioned by the Founders. In this address, retired United States Magistrate Judge Joseph Scoville explores the main events in American Constitutional history responsible for the eclipse of the checks and balances designed to limit federal power.

Joseph G. Scoville served for 26 years as United States Magistrate Judge for the Western District of Michigan. Before taking the bench in January of 1988, he was a partner in the law firm of Warner, Norcross & Judd in Grand Rapids. Among other cases of public importance, he successfully argued an appeal to the United States Supreme Court on an issue of federal preemption.

Scoville is a past president of the Federal Bar Association, Western Michigan Chapter, and has been a faculty member for many continuing legal education programs in the State of Michigan. He has taught Constitutional Law as an Adjunct Professor at the Thomas M. Cooley Law School. Judge Scoville is a graduate of Michigan State University (1971, with High Honors, Phi Beta Kappa) and University of Michigan Law School (1974, Magna cum Laude, Order of the Coif). He and his wife, Margaret, have been married for forty-two years.MOSTRAR MENOS

El nivel de reservas internacionales y la brecha cambiaria se encuentran en niveles críticos – Fundación Libertad y Progreso

En 2020 alcanzamos brechas cambiarias siderales y hay alarma por las reservas internacionales netas.

La brecha cambiaria entre el tipo de cambio oficial y el contado con liquidación llegó a niveles preocupantes en mayo del 2020 (73,25%). Por su parte el bajo nivel de las reservas internacionales netas es alarmante. Hoy, el panorama continúa complicado ya que la brecha cambiaria en el promedio de junio supera el 66% y las reservas netas internacionales se ubican en torno a los US$ 7.500 millones.

En el gráfico se observa que durante el período 2012-2015, Argentina convivió con niveles elevados de brecha mientras que al mismo tiempo las reservas internacionales netas entraban en caída libre. A principios del 2014 se produjo una devaluación que redujo la brecha sustancialmente, pero está volvía a incrementarse meses después. En enero 2015 se observa un punto de inflexión que se logró mediante un sinceramiento del tipo de cambio, pero sus efectos fueron de corto plazo para volver a colapsar en agosto del 2019. Durante este período las reservas internacionales netas se recuperaron obteniendo un pico en febrero de 2018 siendo las más altas desde el 2012. Por otro lado, la brecha cambiaria se volvió prácticamente inexistente por tener un tipo de cambio sin estar preso del cepo. En septiembre del 2019, la brecha fue creciendo y las reservas internacionales netas se desplomaron hasta nuestros días.

Por su parte el gobierno ha decidido intensificar los controles cambiarios obligando a los importadores que tenían dólares líquidos en el exterior a utilizarlos al momento de realizar sus importaciones. Este tipo de medidas son de cortísimo plazo y generan otros problemas. Por un lado, se les obliga a las empresas que habían logrado generar activos en dólares para protegerse de la inflación a comprar al dólar paralelo mientras que el resto lo seguiría haciendo con el dólar oficial. De esta manera el BCRA busca cuidar sus reservas sacrificando la de los productores que pudieron y supieron ser precavidos. Además, se genera desabastecimiento en ciertos sectores porque se detienen ventas de productos que se utilizan en procesos productivos (fertilizantes, agroquímicos, entre otros). Si el 2015 terminó con una devaluación debido a una brecha alta y la caída de las reservas internacionales netas, lamentablemente con brecha más alta y escasas reservas pareciera que vamos a seguir el mismo camino.


Acerca de la Fundación Libertad y Progreso:
Libertad y Progreso es un centro de investigación en políticas públicas aplicadas a resolver los problemas de la ciudadanía, promoviendo los valores y principios de la República Representativa Federal.
Somos una fundación sin fines de lucro, privada e independiente de todo grupo político, religioso, empresarial o gubernamental. No aceptamos dinero del Estado. Nuestros fondos provienen únicamente de aportes individuales de personas, fundaciones y empresas comprometidas con el futuro del país.

Un autor extraordinario para nuestros días – Por Alberto Benegas Lynch (h)

Hay autores cuyos escritos conservan actualidad por más que transcurra el tiempo. Como bien ha consignado Italo Calvino, “los libros clásicos son aquellos que nunca terminan de decir lo que tienen que decir”. Son aquellos que van al hueso de las cosas y no se entretienen con lo meramente coyuntural por lo que sus consideraciones abarcan períodos muy extensos puesto que ayudan a reflexionar a las mentes curiosas de cualquier época. Este es, por ejemplo, el caso de Richard Pipes (1923-2018), el eximio profesor de historia en la Universidad de Harvard, nacido en Polonia y radicado desde muy joven en Estados Unidos.

Tuve el privilegio de conocerlo en el congreso anual de la Mont Pelerin Society en Chatanooga (Tennesse) en septiembre de 2003, oportunidad en que ambos presentamos trabajos que expusimos ante el plenario por lo que pude intercambiar ideas durante un almuerzo muy bien organizado en el que participamos los panelistas. Un hombre de una versación formidable y, como todo intelectual de peso, siempre muy solícito para responder interrogatorios de muy variado tenor.

Sus obras son múltiples pero en esta nota periodística me limito a los tres libros que tengo de su autoría en mi biblioteca, traducidos al castellano. Se trata de Propiedad y libertad. Dos conceptos inseparables a lo largo de la historia (México, Fondo de Cultura Económica, 1999/2002), Historia del comunismo (Barcelona, Mondadori, 2001/2002) y La Revolución Rusa (Madrid, Debate, 1990/2016).

El primer libro está consubstanciado con lo mejor de la tradición de pensamiento liberal en el sentido que sin el uso y disposición de lo propio, comenzando por la vida, la exteriorización del propio pensamiento y la plena disposición de los bienes adquiridos legítimamente, sin estos atributos decimos, no hay libertad posible. La libertad es ausencia de coacción por parte de otros hombres ya que el uso de la fuerza agresiva no permite lo anterior.

En este contexto es del caso recordar que Ludwig von Mises ha demostrado en los años 20 que el socialismo es un imposible técnico ya que la abolición de la propiedad que propugna no permite la existencia de precios y, por ende, no resulta posible la evaluación de proyectos y la contabilidad con lo que no se conoce el grado de despilfarro de capital. En otros términos, no hay tal cosa como economía socialista. Y es importante recalcar que sin necesidad de abolir la propiedad, en la medida en que se daña esta institución crucial se producen efectos adversos en cuanto a desajustes y distorsión de los precios relativos que inexorablemente malguian los siempre escasos factores de producción con lo que los salarios e ingresos en términos reales disminuyen.

En aquella obra sobre la propiedad, Pipes pasa revista a los instintos de los animales en cuanto a la territorialidad y los correspondientes trabajos de etología, principalmente de Konrad Lorenz y de Nikolas Tinbergen, a la natural noción de propiedad entre los niños y entre los pueblos primitivos a pesar de no contar con registros de propiedad.

Se detiene a considerar el caso del fascismo y el nacionalsocialismo como sistemas en los que se permite “o más bien se tolera” el registro de la propiedad pero en verdad se trata de “una propiedad condicional, bajo la cual el Estado, el propietario en última instancia, se reserva el derecho a intervenir e incluso a confiscar los bienes que a su juicio se usan inadecuadamente”.

Subraya que en el llamado “estado de bienestar” donde “la agresión sobre los derechos de propiedad no siempre es evidente porque se lleva a cabo en nombre del ´bien común´, un concepto elástico, definido por aquellos cuyos intereses sirve”. En la era de las carreras desenfrenadas por los proyectos de ley, pondera al “gran estadista inglés de mediados del siglo XVIII, William Pitt el viejo, conde de Chatham, quien fue primer ministro durante ocho años, no elevó un solo proyecto de ley al Parlamento […] como apuntó Frederick Hayek, todo aumento del alcance del poder estatal, en si y de por si, amenaza la libertad”. Y muestra cómo las expropiaciones fundadas en ley “a menudo se asemejan a la confiscación” .

También puntualiza que “el verbo discriminar ha siso politizado hasta tal punto que casi ha perdido su sentido original” y se ha convertido en un ataque a la propiedad de cada cual al restringir la capacidad de elegir, optar y preferir confundiéndose con la discriminación por parte de los aparatos estatales al proceder en sentido contrario a la igualdad ante la ley.

Termina su obra, luego de analizar muy diversos casos históricos, con el tema educativo lamentándose de que “cada vez más las instituciones de la enseñanza superior se encuentran bajo la vigilancia de la burocracia federal”.

En el segundo libro sobre el historial del comunismo, Pipes estudia los casos cubano, chino, chileno de Allende, soviético, de Camboya, Etiopía, Corea del Norte con una documentación muy rigurosa donde pone de manifiesto los resultados calamitosos del sistema.

Explica que “el comunismo no es una buena idea que salió mal, sino una mala idea […] el marxismo, fundamento teórico del comunismo, lleva en sí la semilla de su propia destrucción, tal como Marx y Engels le habían atribuido erróneamente al capitalismo”. Finalmente subraya el tema tan importante de los incentivos perversos inherentes al comunismo por lo que “desarrolla los instintos más rapaces”.

Hago a esta altura una digresión para aludir a Eudocio Ravines (1897-1997), quien fuera Premio Mao y Premio Lenin y cuenta en su autobiografía que su primer paso hacia la conversión fue considerar que el problema radicaba en el mal manejo y el espíritu sanguinario de Stalin. Tardó mucho en percatarse que la raíz del problema estaba en el sistema y no en los administradores.

Pipes cita en esta segunda obra El libro negro del comunismo. Crímenes, terror y represión de Stephane Courtois y sus colegas, un volumen donde se contabilizan más de cien millones de masacrados por el comunismo de 1917 a 1989 además de las asfixias por las feroces represiones y las espantosas hambrunas provocadas por el régimen. Escribe Pipes: “Los movimientos y regímenes revolucionarios tienden, en cierta medida, a hacerse cada vez más radicales y más implacables. Esto sucede porque, después de sucesivos fracasos, sus dirigentes, en lugar de reexaminar sus premisas fundamentales -dado que son éstas las que proporcionan las bases lógicas de su existencia- prefieren ponerlas en práctica aun con mayor rigor”. Este es el resultado indefectible de la fantasía criminal de producir “el hombre nuevo” y “la felicidad eterna” en base a los aparatos estatales desbocados, cuando en verdad desde la primera restricción a la libertad por más inocente que pueda parecer al comienzo se están sentando las bases para la destrucción moral y material bajo las directivas implacables de los mandones de turno.

El tercer y último libro que comentamos aquí muy brevemente es el que se refiere a la revolución rusa (1045 páginas en la edición referida). Como he apuntado antes en base al monumental obra de Pipes, el régimen zarista implantado en 1547 por Iván IV (el terrible), con el tiempo se caracterizó por los atropellos de la policía política (Ojrana) con sus reiteradas requisas, prisiones y torturas, la censura, el antisemitismo, los siervos de la gleba en el contexto del uso y disposición de la tierra por los zares y sus acólitos sin ninguna representación de los gobernados en ninguna forma. Hasta que por presiones irresistibles y cuando ya era tarde debido a los constantes abusos, Nicolás II consintió la Duma (tres veces interrumpida) en medio de revueltas, cavilaciones varias y una influencia desmedida de Alejandra (“la alemana” al decir de la oposición en plena guerra) basada en consejos atrabiliarios de Rasputín. Finalmente, el zar abdicó primero y luego se constituyó un Gobierno Provisional que en última instancia comandaba Kerenski quien prometía “la instauración de la democracia” pero que finalmente se vio obligado a entregar el poder a los bolcheviques (cuando Hitler invadió la Unión Soviética en 1941, Kerenski, desde Nueva York, le ofreció ayuda a Stalin por correspondencia la cual no fue respondida, una señal de desprecio que merecen aquellos que pretenden actuar a dos puntas).

Imaginemos la situación de toda la población campesina en la Rusia de los zares, nada instruida que recibía de parte de las posiciones más radicalizadas del largo período desde 1905 que comenzaron las revueltas hasta 1917 en que estalló la revolución primero en febrero y luego en octubre cuando los soviets se alzaron con el poder bajo el mando de Lenin. Imaginemos a estas personas a quienes se les prometía entregarles todas las tierras de la nobleza frente a otros que proponían limitar el poder en un régimen de monarquía constitucional y parlamentaria. Sin duda para esa gente resultaba mucho más atractivo el primer camino y no el de “salvar a la monarquía del monarca”. Cuando hubo cesiones de algunas tierras se instauró el sistema comunal que algunos pocos dirigentes trataron sin éxito de sustituir por el de propiedad privada (en primer término debido a los denodados esfuerzos de Stolipin). Es que la tierra en manos de la nobleza como una imposición hacía creer que toda propiedad era una injusticia, extrapolando el privilegio a las adquisiciones legítimas.

De las cuatro revoluciones que más han influido hasta el momento sobre los acontecimientos en el mundo, la inglesa de 1688 que destronó a Jaime II por Maria y Guillermo de Orange donde con el tiempo se recogieron en grado creciente las ideas de autores como Algernon Sidney y John Locke, la norteamericana de 1776 que marcó un punto todavía más profundo y un ejemplo para todas las sociedades abiertas en cuanto al respeto a las autonomías individuales, la Revolución Francesa de 1789 que consagró las libertades del hombre, especialmente referidas a la igualdad de derechos (art. 1), esto es, la igualdad ante la ley y la propiedad (art. 2), aunque la contrarrevolución destrozó lo anterior y, por último la Revolución Rusa de 1917 que, desde la perspectiva de la demolición de la dignidad del ser humano, constituyó un golpe de proporciones mayúsculas que todavía perdura sin el aditamento de “comunismo” porque arrastra el recuerdo de cientos de millones de masacrados y otras tantas hambrunas. Del terror blanco pasar al terror rojo empeoró las cosas y, como es sabido, el sistema actual en Rusia es uno de mafias enquistadas en el poder.

Como queda dicho, la obra de Richard Pipes no se agota en los tres libros que hemos mencionado, pero da una idea de la dimensión de las faenas emprendidas por este notable historiador que permiten extraer valiosas enseñanzas para los momentos que actualmente vivimos, en los que con la etiqueta del nacionalismo se vuelven a repetir los errores del pasado.

La tarea para aquellos que pretenden vivir en una sociedad libre consiste en salir al encuentro de las falacias del estatismo, cualquiera sea la denominación a que se recurra para que el Leviatán atropelle los derechos de las personas. La obligación moral de todos quienes pretenden ser respetados es la de contribuir a enderezar y fortalecer los pilares de la libertad. No hay excusas para abstenerse de una misión de tamaña envergadura. En esta instancia del proceso de evolución cultural, es imperioso establecer límites adicionales al poder político para no correr el riesgo de convertir el planeta en un inmenso Gulag en nombre de una democracia que en verdad se está degradado en dirección a cleptocracias de distinto grado.

El autor es Doctor en Economía y también Doctor en Ciencias de Dirección, preside la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires y miembro de la Academia Nacional de Ciencias Económicas.

Publicado originalmente en Infobae, 13 de junio de 2020

Una disyuntiva medular: ¿Poder Judicial o perjudicial? – Alberto Benegas Lynch (h)

Todos los grandes maestros del derecho han reiterado la célebre definición clásica de Justicia de “dar a cada uno lo suyo” y en este contexto es indispensable subrayar que lo suyo remite al derecho de propiedad, una institución clave de la sociedad civilizada.

Si la naturaleza humana tuviera las características de Jauja y, por ende hubiera de todo para todos todo el tiempo no sería necesaria la asignación de derechos de propiedad, pero las cosas no son así por lo que se torna imperiosa la preservación de lo que pertenece a cada cual. De este modo, en una sociedad libre, los siempre escasos recursos están en las manos más eficientes para atender los requerimientos de los semejantes. Quienes aciertan en sus conjeturas de cómo satisfacer las demandas del prójimo obtendrán ganancias y los que se equivocan incurrirán en pérdidas. En este ámbito el cuadro de resultados muestra el rumbo que deben encarar los negocios.

Y no es que el empresario necesariamente comprenda este proceso, como ha apuntado Adam Smith en 1776 suele ser lo contrario por lo que es del todo inconveniente escuchar sus elucubraciones en la materia. Su oficio y la aptitud del comerciante exitoso es contar con un adecuado sentido de la oportunidad para detectar arbitrajes pero por el hecho de operar en el mercado no lo convierte en un conocedor de filosofía política. Mas bien se observan a no pocos que pretenden aliarse con el poder de turno para sacar provecho de privilegios que van a contracorriente del bienestar de la gente y los hay también que viven con complejos de culpa por haber tenido éxito en la venta de un bien o en la prestación de un servicio.

Ahora viene la cuestión de fondo que trata de la trascendental relevancia de la Justicia independiente,  en verdad una redundancia pero en estos tiempos que corren vale el énfasis. Independiente de los otros poderes y de toda presión distinta a velar por la antedicha preservación y garantía de lo suyo.

Es muy pertinente recordar la importancia que en su obra más conocida Montesquieu le atribuía al concepto de derecho como extramuros de la legislación positiva al dictaminar que “Decir que no hay nada justo ni injusto fuera de lo que ordenan o prohíben las leyes positivas, es tanto como decir que los radios de un círculo no eran iguales antes de trazarse la circunferencia” y que “No hay libertad si el poder de juzgar no está bien deslindado del poder legislativo y del poder ejecutivo”. Por último: “los edictos reales nos afligen aun antes de conocerlos porque hablan siempre de las necesidades del monarca y nunca de las necesidades del pueblo.”

Una condición esencial de la Justicia es la igualdad ante la ley, por lo que se ilustra con los ojos vendados, una característica que hace que los dos conceptos sean inseparables a los efectos que no vaya a entenderse un adefesio como que todos son iguales en cuanto a ir a campos de concentración y sandeces equivalentes.

El papel 47 de Los federalistas escrito por James Madison, el padre de la Constitución estadounidense, consigna que “La acumulación de todos los poderes, legislativo, ejecutivo y judicial en las mismas manos, sea de uno, de varios, de muchos, sea hereditario, auto-ungido o electivo se define como la tiranía.”

Benedetto Croce ha caracterizado a la historia como “la hazaña de la libertad” pero en los tiempos que corren los atropellos a las libertades son desafortunadamente moneda corriente y los gobiernos (generalmente escrito con mayúscula sin percatarse que en ese tren en todo caso habría que hacerlo con individuo que es teóricamente el objeto de cuidado y la razón de ser del monopolio de la fuerza y que son sus empleados  que deben velar por los derechos) los gobiernos decimos fabrican leviatanes gigantescos fruto de impuestos insoportables, deudas públicas elefantiásicas, manipulaciones monetarias escandalosas y regulaciones asfixiantes.

En no  pocos países como el caso argentino fue extraordinario el progreso moral y material desde su verdadera independencia el primero de mayo de 1853 al jurar la Constitución liberal. En realidad en la otra del 25 de mayo de 1810, al decir de Alberdi “dejamos de ser colonos de España para ser colonos de nuestros gobiernos”. El liberalismo argentino se interrumpió primero con la revolución fascista del 30 y luego con mucho mayor intensidad con el golpe del 43, un quiebre brutal que continúa hasta nuestros días que nos ha colocado en posiciones lamentables cualquiera sean los indicadores a que se recurra.

Es que muchos dieron por sentado ese progreso notable que como ha dicho Tocqueville es el momento fatal puesto que las ideas son reemplazadas por concepciones autoritarias. Por eso el vaticino de Francis Fukuyama en cuanto a que a partir del derrumbe del Muro de la Vergüenza inexorablemente surgiría la libertad fue un marxismo al revés.

Nada en el ámbito humano es inexorable, como ha escrito Paul Johnson “Una de las lecciones de la historia que uno debe aprender, a pesar de ser muy desagradable, es que ninguna civilización puede darse por sentada. Su permanencia nunca puede asumirse; siempre habrá una edad oscura esperando a la vuelta de cada esquina.”

Para que tenga lugar un Poder Judicial y no un poder perjudicial, es menester entender el significado cabal del derecho. Salvo honrosas excepciones hoy no egresan abogados en el sentido de defensores del derecho sino estudiantes de legislaciones que pueden recitarlas con sus números, apartados e incisos pero como están en gran medida imbuidos de positivismo legal no saben ni les interesa cuales son los fundamentos del orden jurídico ausentes de mojones o puntos de referencia de lo promulgado.

A todo derecho corresponde una obligación. La contrapartida de quien gana 100 con el fruto de su trabajo es la obligación de terceros de respetar ese ingreso. Pero si alguien pretende 200 pero en el mercado obtiene 100 y el gobierno le otorga semejante “derecho” quiere decir que otro u otros se verán compelidos por la fuerza a financiar la diferencia por lo que se trata de un pseudo derecho. Vivimos la era de los pseudo derechos, es decir la facultad de disponer compulsivamente del bolsillo ajeno. Este clima naturalmente deriva en que se contraen las inversiones y por tanto se reducen salarios e ingresos en términos reales.

Tal vez el impedimento mayor para captar el “dar a cada uno lo suyo” con que abrimos esta nota es la manía del igualitarismo. En su momento la construcción de la Curva Lorenz (expuesta por el economista Max Lorenz en un ensayo de 1905) y el Gini Ratio (elaborado por el estadístico Corrado Gini en un trabajo de 1912) han servido para mostrar la dispersión de ciertas variables, en nuestro caso el ingreso pero esto que resulta ilustrativo no implica que la diferencia de ingresos constituya algo negativo.

Por el contrario, en un mercado abierto y competitivo las aludidas diferencias son el resultado de la preferencia de la gente puesta de manifiesto en los supermercados y afines con sus compras y abstenciones de comprar. La tergiversación política de resultados que surgen de diferentes talentos conduce a una asignación ineficiente de factores productivos lo cual, como queda dicho, empobrece a todos pero muy especialmente a los más débiles.

En resumen, el estrecho vínculo de los procesos económicos y los marcos institucionales resulta vital para el fortalecimiento de la  Justicia.

El último libro del autor es El poder corrompe (2019).

Publicado originalmente en la edición impresa de LA NACIÓN, 8 de junio de 2020.

¡Exprópiese! – por Ricardo Manuel Rojas

Muchos recordamos las oscuras imágenes del presidente Chávez, caminando por las calles de Venezuela, quien señalaba a su paso algunos edificios sentenciando: “¡exprópiese!”, mientras un coro de lacayos reía y aplaudía a su alrededor. Por supuesto que las decisiones de Chávez y luego de Maduro, torcían el sentido de la palabra “expropiación” para esconder verdaderas confiscaciones criminales.

El derecho de propiedad es fundamental para que los seres humanos puedan sobrevivir. Por muchos esfuerzos dialécticos que se hayan hecho en el último siglo, sólo las personas producen riqueza. Los Estados consumen o reparten riqueza previamente producida por individuos. A principios del siglo XX, Franz Oppenheimer distinguía entre medios económicos (basados en acuerdos voluntarios) y medios políticos (basados en el uso de la fuerza). El Estado es la organización de los medios políticos, y ningún Estado puede llegar a serlo hasta que los medios económicos hayan desarrollado un número suficiente de recursos para satisfacer sus necesidades (Oppenheimer, Franz, El Estado, 1908). El Estado por definición no es productor, es depredador, sólo puede prosperar si existen condiciones de depredación suficientes. Por eso, cuando depreda a mayor velocidad de lo que la gente produce, es inevitable desembocar en la miseria general.

El surgimiento de los estados modernos se produjo alrededor de constituciones que equilibraban el poder, estableciendo la protección de los derechos individuales básicos, que incluían el de propiedad. Después de todo, la justificación de la existencia de un gobierno es que sirva a las personas para coexistir pacíficamente, y no para convertirlos en sus sirvientes. Cuando se escucha en ceremonias oficiales hablar del “primer mandatario”, no debe olvidarse que el mandatario es quien realiza un trabajo encomendado por un “mandante”, que precisamente es la gente.

La Constitución argentina fue elaborada alrededor de ese principio. Establece un catálogo de derechos individuales –incluido el de propiedad-, que no pueden ser alterados por actos del gobierno. No sólo lo establece en el artículo 14 al disponer que las personas gozan del derecho a usar y disponer de su propiedad, trabajar y ejercer toda industria lícita o asociarse con fines útiles, sino que además consagra la inviolabilidad de la propiedad, prohíbe la confiscación y dispone requisitos estrictos para que proceda la expropiación (artículo 17).

Pero a medida que el avance del Estado sobre los derechos de propiedad se fue naturalizando y aceptando, Argentina abandonó su ubicación entre las naciones más prósperas del mundo, para ubicarse en el lamentable lugar que hoy ocupa. Es que la magia es sólo ilusión. No se pueden destruir las causas de la creación de riqueza y al mismo tiempo pretender prosperidad.

En la época de la Argentina próspera, el derecho de propiedad fue fuertemente protegido. En el caso de la Municipalidad de Buenos Aires contra Elortondo (1888), la Corte le dijo a la ciudad que no podía expropiar más terreno que el estrictamente necesario para construir la Avenida de Mayo, con la excusa de que luego vendería el sobrante a mayor valor para financiar la obra. No se admitía alterar la propiedad privada por motivos de conveniencia o de política económica. Lo reiteró en 1903 en el fallo “Hileret”, esta vez con la intervención del Juez Bermejo y citando a Alberdi.

Fue una época de esplendor. En 1896 Argentina fue el país con mayor ingreso per cápita del mundo, figuró durante mucho tiempo entre los diez países con economía más sólida, y estuvo preparada para albergar a millones de personas que desde todos los rincones del planeta llegaban en condiciones de extrema pobreza, y podían prosperar en poco tiempo. A principios del siglo XX, los dos faros de esperanza para quienes huían del hambre y el autoritarismo eran Estados Unidos y Argentina.

Pero distintas variantes de estatismo llevaron a que poco a poco se justificara la intervención estatal en todos los aspectos de la vida, lo que llevó a sufrir crisis tan graves como innecesarias desde mediados del siglo XX hasta ahora. El común denominador de esas crisis fue la restricción a la propiedad y la pretensión de que el Estado debe dirigir la economía y la producción.

En un trabajo reciente con la jurista venezolana Andrea Rondón García (La supresión de la propiedad como crimen de lesa humanidad. El caso Venezuela, Unión Editorial, 2019), explicamos cómo ataques estatales generalizados a la propiedad terminan generando una situación de violación sistemática de derechos, empobrecimiento, éxodo masivo, enfermedades y muerte, que son asimilables a otras formas de crimen de lesa humanidad, en los términos del Estatuto de Roma. Mostramos a Venezuela como un caso claro de esto.

Formas de alteración de la propiedad, que analizadas aisladamente no parecen tan graves, unidas convierten al país en un infierno y a su gobierno en una dictadura. Entre ellas se puede mencionar: el apoderamiento directo o confiscación de bienes; las restricciones legales o reglamentarias al ejercicio de derechos de propiedad y al comercio; el aumento sostenido del aparato burocrático que genera entorpecimiento del ejercicio de derechos y un costo sobredimensionado que deben pagar los contribuyentes; la asunción directa de actividades comerciales o productivas a través de las llamadas “empresas estatales” y otros mecanismos; restricciones al comercio internacional, ingreso y egreso de divisas, bienes o personas; el incremento de los impuestos para sostener el excesivo gasto público; el manejo arbitrario de la moneda recurriendo a la inflación como modo de exacción estatal; y en casos extremos, como forma de cerrar el círculo, la prohibición del ingreso de ayuda humanitaria desde el exterior para paliar las consecuencias en hambre y enfermedades, producidas por la anulación del derecho de propiedad.

Se puede analizar cada una de estas medidas aisladamente, y quienes las defienden intentarán justificarse diciendo que en el fondo no son tan graves. Pero la visión de conjunto de todas estas formas de violación a la propiedad, terminan explicando por qué, países como Venezuela, y también Argentina, parecen estar condenados a la miseria.

Entiendo que en ese marco deben examinarse acciones irregulares del gobierno; no como un hecho aislado, sino como parte de un proceso que indefectiblemente lleva al empobrecimiento y el autoritarismo. Se naturalizan noticias como el incremento exponencial de la base monetaria (inflación), que se reflejará en los precios una vez que la gente abandone su encierro; se admiten todas las formas de corralitos, controles de precios y cambios, o que el gobierno simplemente comience a evaluar a quién le va a cobrar nuevos impuestos para cubrir sus mayores gastos. Cada nuevo golpe va anestesiando la resistencia de quien, al final, será el encargado de pagar las consecuencias: el individuo productor.

La decisión del Presidente Fernández, a través de un DNU, de intervenir en un expediente comercial en el que tramita un concurso para designar un administrador con facultades amplias y sin límite temporal en la empresa Vicentin, supone una forma de confiscación. Ello es así porque ha tomado el derecho de propiedad de una empresa sin someterse a los procesos constitucionales y legales debidamente justificados que permiten hacerlo (lo que difícilmente sería posible justificar en este caso). Es que el derecho de propiedad no es sólo el pedazo de papel que se inscribe en un registro. Derecho de propiedad es también la facultad concreta de ejercer actos de administración y disposición sobre los bienes; y el Estado acaba de apoderarse de ese derecho, sin justificación constitucional, por su sola decisión discrecional.

Lo que resulta particularmente sugestivo en esto, es que el Presidente Fernández utilizó la expresión “soberanía alimentaria”, para justificar su decisión. La misma expresión utilizada por Chávez y Maduro quienes, tras dos décadas de autoritarismo, han sumido a Venezuela en la muerte, el hambre y la miseria.

En los próximos días estaremos sometidos a extensos debates donde de uno y otro lado se intentará justificar, tanto la medida como su ilegalidad. Pero es importante que el árbol no impida ver el bosque. Se trata de un paso más –aunque muy audaz y grave-, en el camino que sin pausa se sigue hacia la anulación de los derechos de propiedad, esto es, hacia la estatización y el autoritarismo.

Publicado en Infobae, 10 de junio de 2020.