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Acerca de Adrián Ravier

Adrian Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y Profesor en la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín.

El milagro de posguerra de Estados Unidos, bajando 35 puntos de gasto público sobre PIB entre 1944-48.

The U.S. Postwar Miracle – By David R. Henderson [Mercatus Center – GMU]

We often hear that big cuts in government spending over a short time are a bad idea. The
case against big cuts, typically made by Keynesian economists, is twofold. First, large
cuts in government spending, with no offsetting tax cuts, would lead to a large drop in
aggregate demand for goods and services, thus causing a recession or even a depression.
Second, with a major shift in demand (fewer government goods and services and more
private ones), the economy will experience a wrenching readjustment, during which
people will be unemployed and the economy will slow.
Yet, this scenario has already occurred in the United States, and the result was an
astonishing boom. In the four years from peak World War II spending in 1944 to 1948,
the U.S. government cut spending by $72 billion—a 75-percent reduction.
It brought federal spending down from a peak of 44 percent of gross national product (GNP) in 1944 to only 8.9 percent in 1948, a drop of over 35 percentage points of GNP (see figure
1).

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Las horribles consecuencias de la siesta fatal – por Alberto Benegas Lynch (h)

Los que se despreocupan de la suerte de la libertad porque concretamente no hacen nada para mantenerla son los responsables directos de lo que muchas veces ellos mismos critican.

En una de las célebres fábulas de Jean de La Fontaine titulada El lobo y el perro se relata una conversación entre un lobo en un bosque y un perro que lo encontró a su paso. El can lo invitó al lobo a que lo acompañara a la casa de su amo para recibir alimentos y no andar vagabundeando por la selva, un convite que el lobo no aceptó pues dijo que prefería seguir luchando por la comida a ser esclavo. El autor termina su cuento con la moraleja que dice “no vendas tu libertad a ningún precio”.

Una forma de vender la libertad -rematarla diría- es no hacer nada para defenderla puesto que no es algo que venga del aire automáticamente con el ser humano. Por el contrario es una condición que surge primero de su comprensión y luego de la indispensable difusión de sus preceptos. El respeto recíproco es otra forma de referirse a la libertad que es algo que requieren todas las personas para contar con una vida propiamente humana. Entonces todos, no importa a que se dediquen, todos decimos están interesados en que se los respete a los efectos de poder caminar hacia sus propósitos sin ser molestados. Este es el sentido por el que los Padres Fundadores en Estados Unidos reiteraban que “el precio de la libertad es su eterna vigilancia”.

Si todas las personas de buena fe que se dicen partidarias de la sociedad libre se ocuparan y preocuparan de contribuir a sostener la libertad, si cada una le dedicara un espacio de su tiempo a esta faena vital la situación en el mundo de hoy sería sustancialmente distinta. Como queda dicho, lo primero es entender el significado y los fundamentos de la libertad y el consiguiente respeto recíproco. Son los cimientos éticos, filosóficos, económicos y jurídicos de esta postura radical frente al autoritarismo siempre esclavizante.https://tpc.googlesyndication.com/safeframe/1-0-37/html/container.html

No hay pretextos para evadir esta obligación moral. Lo fácil y cómodo es decir que son otros los que deben ocuparse pues están debidamente preparados para la tarea, mientras que los cómodos alegan desconocimiento e incapacidad para tales fines con lo que cubren sus verdaderos designios que son el dedicarse a sus personales menesteres que pueden ser muy legítimos pero dejan de existir si no se defiende el imprescindible ámbito en el que se desenvuelven.

Es necesario un alarido como advertencia para que cada uno dedique parte de su tiempo al establecimiento de diques de contención frente a los amenazantes avances de un Leviatán que todo lo engulle a su paso. Hay que ser muy irresponsable para limitarse a la sandez de votar cada tanto en elecciones, por otra parte generalmente amañadas en un u otro sentido. Hay que ser muy inconsciente para solo criticar en reuniones sociales y luego de pasado el ágape dedicarse a los arbitrajes personales que como decimos pueden ser muy loables pero con esta actitud indefectiblemente se derrumban esos mismos negocios.

Es en verdad tragicómico observar la pasividad de tantos cuando la situación es buena debido a los esfuerzos de otros para apuntalar el sistema lo cual preanuncia el declive a medida que transcurre el tiempo y cuando la situación se desmorona los tilingos de siempre alegan falta de preparación debido a que no han tenido la inteligencia de quemarse las pestañas en tiempos de las vacas gordas.

Naturalmente todos quieren dedicarse a sus trabajos, a sus familias y a disfrutar de la vida pero eso no resulta posible si no se realizan esfuerzos para apuntalar el sistema que permite aquellos objetivos nobles pero de ningún modo suficientes para vivir con la dignidad que permite la libertad.

Marie-Jeanne Roland antes de ser guillotinada por la barbarie de la contrarrevolución francesa exclamó “¡Oh libertad, cuántos crímenes se cometen en tu nombre!”. Exactamente, todavía hoy se ejecuta la libertad en nombre de la libertad. Desafortunadamente no se ha comprendido aun que la libertad es ausencia de coacción humana que es otro modo de aludir al antedicho respeto recíproco. No caben extrapolaciones inconducentes del terreno de la física o la biología que nada tienen que ver con el ámbito de las relaciones sociales que es lo relevante para definir el concepto de marras. No deja de ser libre aquél que no puede bajarse de un avión en pleno vuelo o aquél que dice que no es libre de ingerir arsénico sin sufrir las consecuencias. Incluso se ha machacado que el pobre no es libre pues cuenta con pocas opciones lo cual también tergiversa la noción de libertad. La pobreza es una desgracia y también lo es la constipación crónica pero nada tienen que ver con la libertad. No debe confundirse la oportunidad con la libertad. Nuestros ancestros eran pobres (recordemos que todos provenimos de las cuevas) pero no quiere decir que eran esclavos. Reiteramos la libertad es la ausencia de coacción por parte de otros hombres, podemos estar en un desierto muriéndonos de sed pero si no estamos coaccionados por otros somos libres. La libertad no garantiza estar exentos de enfermedades y dolores varios, solo asegura que dadas las circunstancias imperantes se contará con el ámbito más adecuado para actualizar y desarrollar las energías creativas al efecto de ofrecer las mejores y mayores oportunidades posibles.

Uno de los obstáculos más graves a la libertad es la manía del igualitarismo por lo que se recurre a la guillotina horizontal al efecto de limar diferencias sin percatarse que las desigualdades constituyen una formidable bendición que permite la cooperación social y la división del trabajo. Si todos fuéramos iguales y nuestra vocación unánime fuera ser plomeros, no habría panaderos y así sucesivamente. La misma conversación sería de un tedio colosal puesto que sería lo mismo que hablar con el espejo. El asunto es que la libertad permite que los que mejor sirven los intereses de su prójimo obtienen ganancias y los que no dan en la tecla incurren en quebrantos, una atmósfera de competencia abierta que es destruida cuando irrumpen los empresarios prebendarios que se alían con el poder para explotar a sus semejantes vía mercados cautivos y otros privilegios.

Entonces, los que duermen la siesta de la vida en cuanto a que se despreocupan de la suerte de la libertad porque concretamente no hacen nada para mantenerla son los responsables directos de lo que muchas veces ellos mismos -los cómplices del derrumbe- critican airadamente en círculos cerrados como si no fueran corresponsables del declive. Lo que apuntamos en esta nota no es un problema de determinado país, es un asunto que incumbe a todos en todas las latitudes geográficas, es el tema de la libertad, es el tema de la condición humana.

Y cuando se interviene para fortalecer los cimientos del edificio de la libertad, por una parte, es menester que los respectivos ejercicios didácticos no se circunscriban en la coyuntura y presenten batalla en ideas de fondo para abrir horizontes y correr el eje del debate, de lo contrario nos estancamos en lo cotidiano y no permitimos avanzar. En ese sentido anuncio que mi nuevo libro de próxima aparición se titula Maldita coyunturaNo es que haya que abandonar la coyuntura puesto que la información de lo que sucede es necesaria, pero eso no justifica empantanarse en ella como perros histéricos en círculos intentando morderse el rabo. Por otra parte, es urgente asimilar la idea de la prelación de la teoría a la práctica ya que todo lo que vemos a nuestro derredor es fruto de lo primero, sean computadoras, medicamentos, transportes, alimentación o lo que fuere. “Nada hay más práctico que una buena teoría” reza el célebre aforismo puesto que los prácticos inevitablemente se montan en la teoría que dan por descontada, de lo contrario se anda a los tumbos por la vida. Juan Bautista Alberdi si preguntaba que se requiere para mejorar y se respondía: “Un buen sistema de opinión: porque siendo la acción la traducción de las ideas, los hechos van bien cuando las ideas caminan bien”

Los canales más fértiles para el estudio y la difusión de las ideas del respeto recíproco son la cátedra, el libro, el ensayo y el artículo pero no son en modo alguno las únicas vías para lograr el objetivo de la comprensión de los pilares de la libertad. Uno de tantos ejemplos son las reuniones de muy pocas personas para debatir un libro donde por turno uno expone y los otros discuten. Esto produce un efecto multiplicador notable en lugares de trabajo, familias y reuniones sociales. El asunto es no estar con los brazos caídos.

Hay quienes se sienten cumplidores frente a la vida por el hecho de andar correteando de un lado para otro con agendas que rebalsan de anotaciones, pero en verdad duermen la siesta de la vida pues aparentemente no se dan cuenta de que si no ponen algo de sí para que se los respete terminarán con que la mismísima agenda le será metida en el lugar menos sospechado del cuerpo.

Hay también los cerebros liliputenses que piensan que todo se solucionará si se encajan en la arena política sin percibir que el discurso del plano político inexorablemente depende de la batalla cultural que es lo que marca el rumbo de la opinión pública, que a su turno reclama y acepta tal o cual medida según su comprensión o incomprensión de las correspondientes ideas.

Hoy nos encontramos con que el veneno nacionalista y la consecuente xenofobia invade Europa, con que en el otrora baluarte del mundo libre, Estados Unidos, de un tiempo a esta parte se desliza hacia un estatismo colosal a contracorriente de los valores de los antes mencionados padres fundadores a través de la presente gestión republicana de aumentos exponenciales en el gasto público, el déficit y el endeudamiento que amenazan con acentuarse si los demócratas ganan la próxima contienda electoral a lo que prometen enancar otros manotazos del Leviatán. Observamos atónitos la perseverancia de adefesios como Corea del Norte, Cuba y Venezuela, mientras otras regiones se desangran en las luchas intestinas como el antes ejemplo de los fenicios del comercio libre que mutó en Líbano que hoy sucumbe en las llamaradas del estatismo y el consecuente fantasma tenebroso de la corrupción. Tenemos un Papa peronista, feminismos que humillan la condición de la mujer y ambientalismos que con el pretexto de cuidar la propiedad del planeta destrozan la propiedad privada con lo que terminan en un asalto al orbe. Todo esto sin contar las barrabasadas de vincular la religión con el poder político como en Irán, los alumnos aventajados del espíritu totalitario tal como ocurre en Nicaragua, varias republiquetas africanas, Rusia dominada por una mafia y China que ha producido maravillas con solo permitir islotes de libertad pero que la inmensa mayoría vegeta en la miseria en un contexto donde el Gran Hermano no cede en sus propósitos estalinistas. Y nuestra querida tierra argentina que si no se rectifica a tiempo acentuará su empobrecedor y peligroso populismo que viene arrastrando desde hace demasiadas décadas.

Es pertinente recordar las sabias reflexiones de autores de renombre que apuntan a fortalecer las defensas. En esta línea argumental, Einstein escribía que “el mundo es un lugar peligroso, no por los malvados sino por los que no hacen nada al respecto”, es por eso que Edmund Burke concluía que “todo lo que se necesita para que las fuerzas del mal se apoderen del mundo es que haya un número suficiente de gente de bien que no haga nada”, es por eso, por último, que Martin Luther King afirmaba a lo cuatro vientos: “No me preocupan los violentos, los miserables sin escrúpulos y los que carecen de ética, me preocupa el silencio de las personas buenas”. En resumen, la muy canallesca y vergonzosa siesta fatal de los distraídos nos hunden en lo más pestilente de un fango que amenaza con ser un Gulag extendido si no se reacciona a tiempo. “A las cosas”, diría Ortega y Gasset. Ahora más que nunca, hoy y no mañana. Tengamos presente a La Fontaine en el relato con que abrimos esta nota periodística.

El autor es Doctor en Economía y también Doctor en Ciencias de Dirección, preside la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires y miembro de la Academia Nacional de Ciencias Económicas.

Publicado originalmente en Infobae, 15 de agosto de 2020.

Acerca de la pandemia y los derechos individuales – por Alberto Benegas Lynch (h)

Lo primero me parece que deba subrayarse es que en esta instancia del proceso de evolución cultural la función del monopolio de la fuerza que denominamos gobierno es la protección y garantía de los derechos de las personas que son anteriores y superiores a la existencia del gobierno.

En este contexto es de interés recordar que Leonard Read en uno de sus libros sostiene que es una pena que se haya recurrido a término “gobierno” puesto que significa mandar y dirigir que es lo que debe hacer cada uno con su vida, en su lugar sugiere utilizar las expresiones “agencia de seguridad” o equivalentes, de lo contrario, sigue diciendo, se crea la misma confusión que si se denominara “gerente general” al guardián de una empresa.

Así las cosas, en la actualidad nos encontramos con el coronavirus que todo lo invade y pone en peligro la salud y la vida de la gente. Ahora bien, del mismo modo que los gobiernos deben preservar derechos frente a la emisión de monóxido de carbono o frente al hecho que alguien arroja ácidos al jardín del vecino, del mismo modo decimos debe evitarse el contagio en medio de la pandemia de marras.

No es del caso escribir un código estableciendo concretamente cuales deben ser las medidas precautorias y cuales los castigos por contagios irresponsables, solo enunciamos el problema que deben encarar los aparatos estatales, desde luego evitando arbitrariedades como, por ejemplo, en el caso argentino, permitiendo entrenamientos de once jugadores de fútbol y prohibiendo a remeros ejercer su deporte o permitir que abran comités políticos y no bares y así sucesivamente.

Son en este sentido importantes las opiniones de médicos destacados y por ende confiables quienes sugieren no poner todo en la misma bolsa y federalizar y descentralizar: no son iguales las situaciones de los distintos países ni iguales las condiciones provinciales o municipales dentro de una misma nación. Lamentablemente en todas partes del mundo -sin excepción- hubo que dar marchas y contramarchas en las distintas formulaciones y fases de las respectivas cuarentenas. Desafortunadamente hay sonados casos de quienes han protestado indiscriminadamente contra toda noción de cuarentena y se han enfermado gravemente de Covid 19.

Las medidas gubernamentales de protección van no solo para lugares públicos sino también para privados por lo que se evitan sitios como teatros, estadios etc., del mismo modo que interviene la policía cuando uno de los visitantes en un domicilio decide asaltar a los dueños de casa.

Mientras no aparezca una vacuna lo que ocurre es un drama que tiene naturalmente consecuencias económicas y emocionales de diversa envergadura al efecto de evitar decesos y enfermedades graves. Cuando se cuente con una vacuna la situación será radicalmente distinta puesto que nada tiene que hacer el gobierno en ese contexto: en todos los lugares donde se estime un peligro de contagio se pedirá la certificación de la vacuna correspondiente.

De más está decir que en ningún caso y bajo ninguna circunstancia se justifica que aprovechando la pandemia los gobiernos den manotazos adicionales a la Justicia, apunten a la colonización del Legislativo, pretendan el uso y abuso de decretos del Ejecutivo, se establezcan mordazas a la libertad de prensa, la ridícula y contraproducente imposición de precios máximos, los embates a comerciantes, el incremento de las ya insoportables cargas fiscales, el incremento de la colosal deuda pública, la estafa de la expansión monetaria, el engrosamiento del siempre adiposo gasto estatal, la insistencia en regulaciones asfixiantes, el embate a comerciantes y en general el ataque a la propiedad privada.

La pandemia ha brindado oportunidades imprevistas a gobiernos de tendencia autoritaria para acentuar sus fechorías, lo cual debe ser resistido por todos los medios al alcance de la población y las fuerzas opositoras.

Por otra parte, las desgracias de la pandemia pueden ofrecer inesperadas respuestas como el desarrollo más sofisticado en la tecnologías de comunicación, mejoras en la educación al enfatizar en los conceptos y la capacidad analítica y desechar el estudio de memoria ya que las antedichas tecnologías abren posibilidades de respuestas a libro abierto, la lectura y el estudio sobre los fundamentos de la sociedad libre, el fortalecimiento de relaciones familiares y amistades. De cada uno de nosotros dependerá el resultado final de este test que nos impuso el destino.

Publicado originalmente en El Economista, 13 de agosto de 2020.

Seminario Historia del Pensamiento Económico Argentino

CIDED – UNTREF 
Centro de Investigación y Docencia en Economía para el Desarrollo – Universidad Nacional de Tres de Febrero 
IIEP Instituto Interdisciplinario de Economía Política 
CONICET-UBA

Seminario Historia del Pensamiento Económico Argentino

El seminario tiene por objetivo difundir y actualizar los aportes realizados a la ciencia por economistas argentinos. Para este año, se han programado cuatro capítulos:

1. Introducción al pensamiento de Julio H. G. Olivera – ˜Sobre la cientificidad de la teoría económica”, por Luis Blaum – Agosto 25 y Septiembre 8

2. El pensamiento de Raúl Prebisch, por Saúl Keifman – Septiembre 22

3. La Economía del Stop and Go: Las ideas estructuralistas en argentina, 1945 1976 por Martín Fiszbein – Octubre 6 y 20

4. Apuntes macroeconómicos; por Daniel Heymann – Noviembre 3* 
* Fecha a confirmar 
Agosto 25 y Septiembre 8, de 17hrs a 19hrs. por Zoom. 
Requiere inscripción previa: cided@untref.edu.ar 
Informes y consultas escribir a cided@untref.edu.ar

Introducción al pensamiento de Julio H. G. Olivera: 
Sobre la cientificidad de la teoría económica 
El capítulo a desarrollar los días 25 de agosto y 8 de septiembre próximos estará dedicado al Dr. Julio H.G. Olivera, considerado como un hito en la enseñanza de la economía y en el desarrollo de la investigación económica en la Argentina (Montuschi y Chisari, 2016) 1. Son conocidas sus contribuciones al estructuralismo latinoamericano, en particular, respecto al fenómeno inflacionario y las consecuencias que genera en la teoría monetaria (dinero pasivo). En cambio, permanecen en segundo plano su peculiar forma de abordar la cientificidad de nuestra disciplina y los modos en que se utilizan las teorías económicas. Esta introducción expondrá el vínculo entre ambos planos, permitiendo resignificar la historia del pensamiento económico que, precisamente, permanecerá abierta actualmente para dilucidar los episodios económicos presentes. 
Se analizaran cuatro textos del Dr. Olivera (se envían a los inscriptos) divididos en dos sesiones:

Martes 25-08-2020, de 17hrs a 19hrs. 
Introducción: Olivera y la Historia del Pensamiento. La actualidad de sus aportes.
La teoría estructuralista como teoría general de la inflación y el dinero: determinación del ancla nominal. 
– La teoría no monetaria de la inflación, El Trimestre Económico, octubre-diciembre de 1960. 
– El dinero pasivo, El Trimestre Económico, octubre-diciembre de 1968.

Martes 08-09-2020, de 17hrs a 19hrs.

II – El carácter de la ciencia económica: cientificidad y política. 
– Equilibrio social, equilibrio de mercado e inflación estructural, Desarrollo Económico, enero-marzo de 1991. 
– Realidad e irrealidad en la ciencia económica, Ciclos, Año VII, Vol. VII, Nº 13, 2º semestre de 1997.

Los artículos también se encuentran en el libro de Olivera (2010), Economía y Hermenéutica, EDUNTREF, Bs.As.; Caps. 1, 6, 7 y 19.

1- Montuschi, L. y O. Chisari (2016), En Memoria de Julio H. G. Olivera (1929-2016), Económica, La Plata, Vol LXII, Enero-Diciembre 2016

¿Un nuevo espacio político? – por Alberto Benegas Lynch (h)

Por qué sería una mala idea constituir un nuevo partido en un contexto como el actual.

Todas las personas que mantienen un mínimo respeto por las instituciones republicanas están sumamente preocupadas y ocupadas con el estatismo avasallante que vienen adoptando nuestros gobernantes desde hace décadas. El drama comenzó con el golpe fascista de los años treinta, una tragedia que se acentuó grandemente a partir del golpe militar del 43 que fabricó un Leviatán que ha estado engordando peligrosamente hasta nuestros días bajo distintas denominaciones partidarias y bajo distintos regímenes militares, todo lo cual ha empobrecido enormemente a los habitantes en las tierras argentinas desde la perspectiva moral y material.

Desde la Constitución liberal de 1853 hasta el antedicho intento fascista nuestro país estaba a la vanguardia de las naciones civilizadas. Como tantas veces se consignó, los salarios e ingresos de los peones rurales y los obreros de la incipiente industria eran superiores a los de Suiza, Alemania, Francia, Italia y España, equiparables a los de Estados Unidos por lo que nuestras costas competían con las de esta última nación en las oleadas migratorias. Por ese fenomenal atractivo la población argentina se duplicaba cada diez años y su comercio exterior era equivalente al de Canadá. Los centros de estudios, la prensa, la construcción, la agricultura y la descollante actividad cultural eran la envidia del mundo.

Como queda dicho, luego irrumpió el populismo estatista que arruinó el signo monetario, liquidó los ahorros de inmigrantes que habían invertido en terrenitos y departamentos, destrucción que se ejecutó a través de nefastas leyes de alquileres y desalojos para obligatoriamente adherir a un sistema de entrada actuarialmente quebrado de inseguridad antisocial en el contexto de legislación sindical copiada de la Carta de Lavoro de Mussolini, con el agregado de la expropiación de empresas para imponer “la tragedia de los comunes” con administraciones fiscales de pésimos servicios y deficitarias, junto con la sandez de “vivir con lo nuestro” alambrando fronteras con las consiguientes corrupciones y manotazos a la Justicia y colonización del Legislativo en medio de la fabricación de una maraña impositiva imposible de digerir por la estructura productiva y un endeudamiento colosal de los aparatos estatales.https://tpc.googlesyndication.com/safeframe/1-0-37/html/container.html

En las circunstancias que corren se ha constituido una milagrosa oposición de un muy respetable peso en ambas Cámaras, oposición que se formó debido al alarido desesperado de quienes se dirigían a preservar aspectos básicos del republicanismo tal como la libertad de prensa y apuntalar lo que queda en pie de la Justicia y en su gran mayoría no como apoyo a la fallida gestión anterior que comenzó con el nada sobrio republicanismo bailecito con la banda presidencial en la Casa Rosada, siguió con la pretensión de designar dos miembros de la Corte por decreto, la expansión de ministerios y todo el fracaso que también es del dominio público.

Tal como he reiterado en distintas oportunidades estimo que el momento muy peligroso que atravesamos exige fortalecer y alimentar la actual oposición en dirección a los principios alberdianos y de personajes como el jeffersoniano Leandro Alem puesto que no da para constituir nuevos espacios políticos frente a las graves andanadas institucionales y las permanentes amenazas a la propiedad, a los sueños de vida y a la libertad fortaleciendo un elefantiásico aparato estatal con embates a comerciantes y el establecimiento de fracasados y cavernarios precios máximos que se enancan a la ya de por si desgraciada pandemia.

Sé que quienes proponen nuevos espacios desde el costado republicano son personas muy bien inspiradas y con ideas y proyectos muy encomiables, pero no es el momento de dividir, fraccionar y debilitar lo que ya existe puesto que en campaña necesariamente se criticarán los otros espacios (de lo contrario no tiene sentido un nuevo partido o alianza).

Una de las propuestas se han sugerido es la de denominar Encuentro Republicano a una nueva fuerza. Confieso que me emociona la etiqueta elegida puesto que mi padre bautizó con ese nombre su esfuerzo en coordinar distintos partidos. La diferencia es que en esa época no había nada enfrente fuera de los populismos, mientras que ahora opera la referida oposición.

Comprendo que muchos amigos no se conforman con apoyar a personajes que en primera línea participaron del gobierno anterior que malamente desperdició una gran oportunidad de rectificar el rumbo, pero es necesario comprender que hay una enorme diferencia entre el plano político y la imprescindible batalla cultural en el ámbito académico y la lucha por las ideas de fondo. En el primer plano debe recurrirse a un discurso que la opinión pública puede digerir, lo cual, a su turno depende del trabajo que se lleve a cabo en aquél segundo plano que es vital para correr el eje del debate y marcar agendas.

Por otra parte, es necesario que la nueva oposición ya constituida no corra el riesgo de perder otra vez el tren y la nueva dirigencia recurra a manifestaciones que no den lugar a interpretaciones ambiguas al efecto de atraer a sus filas a quienes están de muy buena fe estudiando la posibilidad de abrir otros espacios. No hay posibilidades de pérdidas de tiempo, no es suficiente declamar sobre indudables valores institucionales, es menester escarbar más hondo en las ideas por las que otrora fuimos un ejemplo para el mundo libre.

No corramos el tremebundo riesgo de quedarnos sin el pan y sin las tortas, no vaya a ser que se fraccione el espíritu republicano mientras la actual oposición se queda en declamaciones, útiles pero escasas. No es ni remotamente suficiente oponerse a los manotazos a la Justicia y equivalentes, es indispensable comprender que aquella cualidad significa “dar a cada uno lo suyo” y lo suyo remite a la fundamentalísima institución de la propiedad privada que inexorablemente se traduce en los mercados libres y el consiguiente respeto recíproco.

Los liberales no somos una manada, detestamos el pensamiento único de modo que los debates en este y otros temas son siempre bienvenidos. Estamos siempre en ebullición, nunca habrá un puerto definitivo, estamos siempre navegando en un ámbito evolutivo: como reza el lema de la Royal Society de Londres, nullius in verba, es decir no hay palabras finales.

El autor es Doctor en Economía y también Doctor en Ciencias de Dirección, preside la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires y miembro de la Academia Nacional de Ciencias Económicas.

Publicado originalmente en Infobae, 13 de agosto de 2020.

EL ESPECTACULAR CASO DEL CIUDADANO DE DOS MUNDOS – Por Alberto Benegas Lynch (h)

En esta nota me refiero a quien fuera conocido como el marqués de Lafayette (Marie-Joseph Roch Gilbert du Motier, 1757-1834) quien peleó como general designado por Washington en la revolución estadounidense contra el imperio británico y también como general en el origen de la revolución francesa. Su cercanía en las colonias norteamericanas a Thomas Jefferson y Benjamin Franklin y su amistad en Francia con Benjamin Constant y Madam de Staël ponen de manifiesto su espíritu liberal.

Lafayette participó activamente en la redacción de la Declaración de los Derechos del Hombre junto a personalidades como Mercier de la Rivere y a través del océano con la cooperación de Jefferson cuando Lafayette fue electo a la Asamblea de los tres estados generales, donde se establece claramente la trascendencia del derecho de propiedad privada y el respeto a la igualdad de derechos en los dos primeros artículos. La contrarrevolución copada por los jacobinos decretó su arresto, por lo que huyó a Bélgica. Más adelante en su correspondencia dirigida a Jefferson, el 14 de agosto de 1814, sostuvo que Napoleón reflejaba “la inmoralidad de su mente” y “el amor por el despotismo” (hoy diríamos en plena coincidencia con historiadores de la talla de Paul Johnson en su obra sobre aquél sujeto y las célebres consideraciones de Leo Tolstoy y que solo por un accidente puede ponerse en el lado del activo su código civil). En dos de sus discursos Lafayette resumió el eje central de sus desvelos: en Virginia colonial sostuvo que “Hay derechos naturales e imprescriptibles que ninguna nación tiene la facultad de violar” y en París afirmó que “La libertad consiste en todo lo que no lesione a otro”.

Nuestro personaje comenzó sus días bajo el reinado de Luis xvi pero a poco andar se adentró de los desmanes del árbol genealógico inmediatamente anterior del “Rey Sol” y su lema de “el Estado soy yo” y de su sucesor que operaba bajo la poco considerada y por cierto poco modesta consigna de aquello de que “después de mi el diluvio” con el entusiasta apoyo en los desmanes por parte de las amantes oficiales, primero Pompadour y luego du Barry pues el a veces alegado “derecho de pernada” (ius primae noctis) no era suficiente. Tal como consigna en sus memorias, desde muy joven se percató de las injusticias de las castas reinantes y su corte y de la consecuente situación de miseria y despojo de derechos de los habitantes de su país. En sus viajes por Francia quedaba “horrorizado con los rostros embrutecidos, contorsionados por el odio que asomaban a los costados de las ventanillas de su cupé” nos relata Andreas Latzko en su Lafayette, a Life.

Pero sus estudios no lo hicieron caer en las recetas fáciles y contraproducentes de sustituir un autoritarismo por otro por lo que decididamente se volcó al estado de derecho y a la libertad de mercados en oposición a los Colbert que lo precedieron con una inclinación más bien a la fisiocracia, tal como explican autores disímiles en sus apreciaciones pero de quienes se puede extraer jugo de interés como Lloyd Kramen en Lafayette in Two Worlds: Public Cultures and Personal Identities in an Age of Revolution, Charles W. Noth en Liberte, Egalite, Fraternite: the Amerian Revolution & the European Republic y de Laura Aurecchio The Marquis: Lafayette Reconsidered.

Ya a los quince años de edad llamó la atención de sus maestros en el Colegio de Plessis una composición que fabricó en latín titulada “La superioridad del espíritu del hombre sobre la fuerza bruta” en la que, como también apunta el antes mencionado Latzko, “con su rebeldía innata el muchacho hizo una apología del espíritu revolucionario de la libertad” y el mismo autor subraya que “El joven Lafayette, con su seriedad, su ardiente sed de destacarse y su amor por el saber, estaba completamente fuera de todo en ese círculo [el de la casta gobernante y sus acólitos] de febriles perseguidores del placer” y “como a los funcionarios del gobierno no se les pagaba o se pagaba con gran atraso, había que permitirles meter la mano en la rica caja [de los dineros públicos]”.

Debido a que son muy escasos sus testimonios escritos y muchas sus alabanzas públicas a las amistades como las señaladas y también frecuentes sus tertulias con los personajes mencionados, es de interés recordar telegráficamente qué ideas y valores sustentaban sus inspiradores más relevantes. Sus principales fuentes de consultas han sido George Buchanan, Algernon Sidney, John Locke, Montesquieu, Diderot, D´Alambert, Voltaire y de modo especial Turgot, por razones de espacio y debido a que en otras ocasiones nos hemos referido a los otros pensadores y debido a la antedicha importancia de este personaje para sus especulaciones intelectuales, en esta oportunidad centraremos nuestra atención en este último al efecto de mostrar la comprensión de Lafayette respecto a los fundamentos del mercado libre aun con ciertas disquisiciones algo técnicas pero no hay otra manera de ilustrar la profundidad y anchura de los intereses del personaje de marras pues “se decidió por zambullirse en los temas más intrincados para conocer el sustrato del valor de la libertad en lugar de quedarse flotando en la superficie”. En carta de Jefferson a Lafayette fechada en New York el 2 de abril de 1790 le reitera su amistad y admiración por su firmeza en los principios y cierra su misiva diciéndole que “usted es un cemento entre nuestras dos naciones” (The Life and Select Writings or Thomas Jefferson, NY, The Modern Library, 1790/1944, p.495).

A diferencia de Necker que fue tres veces requerido por el rey quien, entre otras medidas, por primera vez hizo públicos los estados financieros de la corona, Turgot participó en el gabinete gubernamental como ministro de finanzas solo en un brevísimo período, aunque había ocupado otros cargos burocráticos menores con anterioridad. Pero lo destacable de Jacques Turgot -Barón de l´Aulne- no es su paso por el aparato estatal, sino sus estudios y escritos de gran peso aunque muy breves en el tiempo que pudo dedicarse a esas investigaciones luego de sus estudios en la Sorbona.

Hasta donde mis elementos de juicio alcanzan, esta es la primera vez que se alude en el mundo hispanoparlante a los cuatro trabajos de Turgot que a continuación se citan que, como queda dicho, sirvieron de sofisticada instrucción al personaje de los dos mundos que aquí consideramos. Se han publicado otros en español que estimamos de menor significación, pero no los que ahora mencionamos. Estos textos se han traducido del francés en el mundo anglosajón en libros de historia económica pero hasta el momento no han aparecido en nuestra lengua.

Turgot en 1759 escribió Elogio a Gournay  que fue quien acuñó la frase “laissez faire” como un alarido a gobernantes que no intervinieran en actividades legítimas de comerciantes y de quien aprendió economía vía los trabajos de Cantillon y donde Turgot consigna que “las innumerables regulaciones dictadas por el espíritu monopolista cuyo propósito es eliminar la industria y concentrar el comercio en pocas manos”. En este trabajo también explica el absurdo de pretender vender a otras naciones y no comprar de ellas cuando el objeto del comercio es en verdad la compra pues la venta es el costo que hay que incurrir para lograr ese objetivo de adquirir lo que se necesita puesto que el comercio libre siempre produce beneficios recíprocos.

Es el caso de subrayar que Turgot fue en parte pionero respecto a los muy  incipientes estudios de miembros de la Escolástica Tardía del siglo xvi y la posterior decimonónica Escuela Austríaca en desarrollar la idea del conocimiento disperso en la sociedad que se aprovecha y coordina a través del sistema de precios, así escribe en el mencionado texto sobre Gournay que el comerciante “es el único que conoce los elementos particulares de su oficio que cualquier hombre iluminado  está ciego de reconocer”. También en ese texto se detiene a mostrar que el interés personal constituye el motor de toda acción humana y que siempre será en coincidencia con el interés general legítimo y concluye que “el gobierno debe siempre proteger la libertad natural del comprador a comprar y al vendedor a vender” antes de que indagara en este concepto la Escuela Escocesa.

En 1763 comenzó un Plan sobre impuestos en general que quedó inconcluso donde señala los prejuicios de la succión desmedida y creciente de los gravámenes, en esta línea argumental escribe que “parecería que las finanzas públicas como un monstruo codicioso que siempre espera adueñarse de toda la riqueza de la gente”, aunque desafortunadamente influido en esto por los fisiócratas sobrevaloraba el significado de la agricultura parcialmente en detrimento de otros sectores por lo que sugería un impuesto único a la tierra, lo cual fue más adelante expandido por Henry George bajo el argumento falaz de “la renta no producida” y las externalidades no merecidas sin ver que todos nuestros ingresos se deben a las tasas de capitalización que generan otros.

Otro de los escritos de Turgot también lamentablemente inconcluso en 1769 titulado Valor y moneda donde sorpresivamente retoma la idea iniciada por la antes mencionada Escolástica Tardía sobre la teoría subjetiva del valor, mucho antes de Carl Menger en 1871. Turgot no solo desarrolla una teoría monetaria de gran interés como la completaría tiempo después Ludwig von Mises, sino que en ese contexto explica como la economía no puede referirse a números cardinales, solo ordinales ya que “no es susceptible de mediciones” e insinúa la imposibilidad de comparaciones intersubjetivas  y da los pasos iniciales para el establecimiento del concepto de costos de oportunidad.

En 1766 Turgot publica un trabajo que adquirió fama inmediata: Reflexiones sobre la formación y distribución de la riqueza donde se detiene a considerar los procesos simultáneos de producción-distribución que contradicen concepciones modernas en cuanto a la pretendida posibilidad de tratar esa cara y contracara como si fueran independientes. Este trabajo de Turgot es una refutación anticipada a la concepción de John Stuart Mill en su texto tan difundido en distintas facultades de economía tan criticado en ese aspecto por Friedrich Hayek, entre otros. Es vinculado a este aspecto que Thomas Sowell insiste en que nosotros los economistas deberíamos dejar de hablar de “distiribución” puesto que por una parte “los ingresos se ganan, no se distribuyen” y por otra es un buen antídoto para no continuar con la denominada “redistribución de ingresos” que significa volver a distribuir por la fuerza lo que libre y voluntariamente se llevó a cabo en el mercado.

Si bien Lafayette dedicó principalmente sus energías al terreno militar, es de gran interés mostrar que lo hizo en pos de sus ideales de libertad guarnecido en estudios, lecturas y amistades todas dirigidas a proteger las autonomías individuales y cuando ocupó cargos legislativos los dedicó en la misma dirección, siempre con preocupaciones basadas en la triada tan cara al espíritu liberal: la vida, la propiedad y la libertad de todos los integrantes de la comunidad civilizada. Por eso fue considerado el ciudadano de dos mundos y por eso será recordado como uno de los bastiones de la sociedad abierta.

En las últimas líneas de la antes aludida biografía de Lafayette por Andreas Latzko se enfatiza que el poder de las armas es destructivo si no está cubierto por la fuerza de las ideas liberales del respeto recíproco. Estos son los conceptos de un general estudioso de la mejor tradición del mundo libre que, como queda consignado, tuvo participación descollante en el terreno militar e intelectual en dos de los acontecimientos más sobresalientes de lo que va de la historia de la humanidad. En Francia se frustraron los ideales originales de la revolución con los embates del jacobinismo y en Estados Unidos de un tiempo a esta parte se está frustrando la revolución por el asalto del estatismo. Los franceses en gran medida pudieron revertir aquella frustración, es de esperar que los estadounidenses puedan revertir su declinación para bien de todos los espíritus libres y en homenaje a Lafayette.

¿A quiénes asisten los aparatos estatales? -por Alberto Benegas Lynch (h)

Vivimos una época de mucha hipocresía que se pone de manifiesto con claridad y contundencia cuando gobernantes repiten hasta el cansancio ideas tan esotéricas como que llevan a cabo «grandes esfuerzos» para entregar recursos a tales o cuales grupos. No parecen percatarse de que los esfuerzos los hacen los vecinos a quienes se les arranca el fruto de su trabajo para colocarlo en manos de otros destinatarios, que no son los titulares de esos fondos.

De entrada exponemos la tesis de esta nota: los políticos en funciones se asisten a sí mismos al cobrar emolumentos extraídos de la comunidad por la fuerza para jugar al hada madrina, como si ellos contribuyeran con su propio peculio, algo que jamás hacen. En lugar de dedicarse a proteger derechos y ofrecer seguridad y justicia, en gran medida se dedican a expoliar a unos en la esperanza de congraciarse con otros. Es necesario insistir en que, de este modo, la sociedad se transforma en una lucha descarnada de todos contra todos. Es como si la sociedad se hubiera convertido en un círculo infernal e insoportable donde todos tienen metidas las manos en los bolsillos del vecino. Esto así es insostenible y, por cierto, macabro.

Así, reclama airadamente el fabricante de tornillos que pretende un subsidio, los artistas que piden financiación para sus obras, los piqueteros que marchan para obtener prebendas, el productor que quiere ayudas monetarias, el sindicalista que pide que le otorguen más controles sobre obras sociales, el comerciante que espera que le otorguen un mercado cautivo, el profesional que insiste en asociaciones obligatorias, el banquero que apunta a mayor cobertura por parte de la banca central; el almacenero sugiere que se limite el radio de los supermercados, el empresario pide mayores aranceles, barrios populares reclaman viandas, médicos apuntan a que se les entreguen mejores equipos, estudiantes se manifiestan airadamente para obtener estudios sin cargo y así sucesivamente, todo a costa del prójimo.

Parece que a pocos se les ocurre que como primer principio civilizado debe respetarse la propiedad privada

Parece que a pocos se les ocurre que como primer principio civilizado debe respetarse la propiedad privada. Las demandas no pueden ser para dar un manotazo a lo que otros han obtenido legítimamente. En general se trata al lugar de trabajo o el lugar donde se abastece la gente como propio sin percatarse de que se trata de la propiedad privada de otro, del mismo modo que condenaríamos que alguien ajeno pretenda dirigir lo que ocurre en nuestro domicilio.

De esta concepción proviene la maldita idea de aplicar la guillotina horizontal al efecto de «redistribuir ingresos» sin comprender que la distribución original y pacífica se lleva a cabo en supermercados y afines cuando la gente compra o se abstiene de hacerlo según sean los diferentes rubros que necesita. Pero resulta que esa distribución es reemplazada por la referida redistribución que inexorablemente se lleva a cabo con el uso de la fuerza contradiciendo las previas votaciones de la gente, y como los recursos no crecen en los árboles, esta violencia implica despilfarro que repercute negativamente en los salarios e ingresos en términos reales.

Todos los quejosos y pedigüeños que les exigen a los aparatos estatales que les arranquen recursos a otros en lugar de esto deberían ellos mismos constituirse en oferentes de lo que demandan y hacerlo con el precio y la calidad que airada e injustificadamente reclaman que lo haga otro. Si esas personas alegan que no cuentan con el dinero suficiente para embarcarse en esos negocios, pues que ofrezcan su idea a terceros para recabar los fondos necesarios para operar. Pero si nadie les compra la idea es porque no se basa en un plan de negocios serio y por ende debe abandonarse.

En esta línea argumental, se suele proceder a través del impuesto progresivo tan apreciado y aconsejado por Marx y Engels en el Manifiesto comunista, de 1848. Ese gravamen se traduce en cuatro efectos. En primer lugar, es regresivo, puesto que el contribuyente de jure al contraer sus inversiones reduce los salarios de los marginales que se convierten en contribuyentes de facto. En segundo término, significa un bloqueo para la imprescindible movilidad social, puesto que se perjudica a los que trabajosamente vienen ascendiendo en la pirámide patrimonial vía tasas que progresan a medida que progresa el objeto imponible. Tercero, altera las posiciones patrimoniales relativas, ya que son necesariamente distintas de las que había establecido la gente revelando sus preferencias, lo cual acentúa el consumo de capital. Por último, con razón se sostiene que deben incrementarse la productividad y realizarse los esfuerzos correspondientes, pero nos encontramos con que la progresividad significa que cuanto más productivo el agente, se propinan mayores palos fiscales como castigo.

La siempre ponzoñosa envidia opaca la bendición de las desigualdades de las personas, puesto que de otra manera se derrumbarían la cooperación social y la consiguiente división del trabajo. Si todos tuviéramos las mismas inclinaciones y vocaciones, las relaciones sociales serían inviables. El delta de ingresos y patrimonios en una sociedad libre es consecuencia necesaria de los gustos de la gente; lo importante es que todos mejoren, pero no que sean iguales, puesto que, como queda dicho, la desigualdad de resultados surge del plebiscito diario del mercado, que a su turno es debida a las diferencias de talentos de cada cual para servir a su prójimo.

En este sentido, para comprobar cómo ha cambiado la opinión que hoy prevalece en el Vaticano, y sin perjuicio de otros eventuales errores que puedan señalarse, es de interés reproducir un pasaje de lo consignado por el papa León XIII en 1891: «Quede, pues, sentado que cuando se busca el modo de aliviar a los pueblos, lo que principalmente y como fundamento de todo se ha de tener es esto: que se ha de guardar intacta la propiedad privada. Sea, pues, el primer principio y como base de todo que no hay más remedio que acomodarse a la condición humana; que en la sociedad civil no pueden ser todos iguales, los altos y los bajos. Afánense en verdad los socialistas, pero vano es ese afán y contra la naturaleza misma de las cosas. Porque ha puesto en los hombres la naturaleza misma grandísimas y muchísimas desigualdades. No son iguales los talentos de todos, ni igual el ingenio ni la salud ni la fuerza, y a la necesaria desigualdad de estas cosas le sigue espontáneamente la desigualdad de la fortuna, lo cual es por cierto conveniente a la utilidad, así de particulares como de la comunidad, porque necesitan para su gobierno la vida común de facultades diversas y oficios diversos, y lo que a ejercitar esos oficios diversos principalmente mueve a los hombres es la diversidad de la fortuna de cada uno».

Por último subrayo que, como si todo lo dicho fuera poco, hay gobernantes trasnochados que sostienen que la solución a los problemas es el aumento del consumo, sin entender que la clave para todo es el incremento de la producción. Si un grupo de náufragos llega a una isla deshabitada y uno de los sujetos proclama que lo que deben hacer es consumir para resolver sus problemas, seguramente los colegas no se molestarían en contestar semejante sugerencia, si es que no amenazan con ahogarlo en represalia por tamaña obscenidad.

El autor completó dos doctorados, es docente y miembro de dos Academias Nacionales

Publicado originalmente en La Nación como columna de opinión, 1 de agosto de 2020.

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