Acerca de Adrián Ravier

Adrian Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y Profesor en la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín.

Indice de Libertad Económica 2021: Argentina sigue cayendo.

Ya se encuentran publicados los resultados del Index of economic freedom 2021 y no sorprende que Argentina vuelve a caer. Ocupa el puesto 148 a nivel global, y el puesto 26 en la región del continente Americano, sólo superando a Ecuador, Haití, Suriname, Bolivia, Cuba y Venezuela.

Sólo tres países del continente son calificados como mayormente libres en este ranking: el líder Canadá (77,9), seguido por Chile (75,2), que vuelve a superar a Estados Unidos (74,8). Cabe notar que los tres países han caído en calidad institucional en este último año. Uruguay, por su parte, podría integrar este selecto grupo en el próximo Indice. Hoy mide 69.3 y es de los pocos países que ganaron calidad institucional en un año complejo por la pandemia.

El Index of Economic Freedom permite graficar la evolución del indicador por país, y también hacer comparaciones. Quizás la nota más saliente resulte de observar que en 1996 Argentina superaba a Chile, y hoy, a pesar de la mejora durante el gobierno de Mauricio Macri, sigue mostrando un resultado 20 puntos inferior a su vecino. Quizás allí radiquen los fundamentos que pueden explicar que mientras Chile reduce la pobreza, Argentina la ha incrementado.

“Le estamos diciendo al mundo que somos un país en el que no hay reglas”

El economista se refirió a las proyecciones para la Argentina en este 2021 tras un año de pandemia. El desafío de lograr el equilibrio fiscal y el histórico problema de la emisión monetaria. La fábrica de pobres y el lugar de los emprendedores en la recuperación.

“Hay que asumir las consecuencias, tomar distancia de lo popular y entender que la Argentina necesita cambiar a fondo, explica Adrián Ravier, economista especializado en teoría monetaria y finanzas públicas, en una entrevista que comienza con la descripción del profesional a cargo de hacer un diagnóstico que luego la política tendrá en sus manos para decidir un “curso de acción”.

Para Ravier, los problemas del país pasan por una serie de desequilibrios: fiscal, monetario, cambiario, exceso de impuestos, de deuda y de emisión monetaria, pero entendió que corregirlos no pasa únicamente por un tema económico sino de gestión de gobierno. “Cuando analizamos una política económica, no solo tenemos que mirar lo que ocurre en un sector específico, sino lo que ocurre en el conjunto de la economía”, agregó.

Aquí puede escuchar la entrevista completa o leer la nota.

Otra vez el Consejo Económico y Social – por Alberto Benegas Lynch (h)

Es absolutamente inaudito que todavía se siga insistiendo en resucitar el antes fracasado Consejo Económico y Social, una idea inaugurada por Mussolini para reemplazar lo que consideraba el esperpento de la democracia por el corporativismo en el que algunos capitostes sustituirían al mercado libre. Los fracasos no son solo de nuestro país, hay otras experiencias fallidas.

En nuestra tierra el peronismo lo copió del dictador italiano con los mismos resultados nefastos una y otra vez. El acuerdo básico es la libertad que significa el respeto recíproco, es lo que advertía Alberdi para alejarnos de deliberaciones inútiles que se apartan del espíritu liberal. Para esto se necesita fortalecer marcos institucionales, lo cual no viene ocurriendo en nuestro medio. Cuando aparecen “acuerdos” que pretenden administrar procesos complejos vía consejos sobre producción, precios, salarios y equivalentes se generan desajustes que sustituyen el fraccionamiento y la dispersión de conocimiento por concentración de ignorancia.

Como una ilustración, es del caso precisar el rol de los precios como trasmisores de información. Como ha apuntado el premio Nobel de economía Friedrich Hayek, se trata de un proceso de coordinación de conocimiento entre los actores de una sociedad libre a los efectos de lograr los objetivos de atender las demandas de la gente del modo más eficaz.

Estimo que nada mejor para ilustrar lo dicho que un relato del periodista estadounidense John Stossel. Nos sugiere que prestemos atención a un trozo de carne envuelto en celofán en la góndola de un supermercado. Acto seguido nos invita a que cerremos los ojos e imaginemos el proceso productivo en regresión. Los agrimensores que calculan y delimitan propiedades en los campos. Los alambrados y los correspondientes postes (esto solo significa veinte o treinta años desde la siembra a la tala, los transportes, las fábricas para esos medios de locomoción, las cartas de crédito, los seguros, el personal administrativo, el de las obras, etcétera). Los tractores, los plaguicidas, los fertilizantes, las cosechadoras, los caballos, las riendas y monturas, los peones, el ganado, las mangas y bebederos, y así sucesivamente, hasta el supermercado de marras con el mencionado producto.

Cada uno en esta cadena de producción está ocupado y preocupado con sus faenas específicas sin saber de otras tareas e incluso en algunos casos sin poder explicitar bien lo que ellos mismos hacen, es decir, “conocimiento tácito” como explica Michael Polanyi igual que ocurre cuando nosotros andamos en bicicleta y no somos conscientes de las leyes físicas implícitas, simplemente andamos. Todos estos cientos de miles de personas se coordinan a través de los precios que surgen como consecuencia de las transacciones de derechos de propiedad sin que nadie hasta la última etapa esté al tanto del trozo de carne envuelto en celofán en la góndola del supermercado.

Los miembros de un Consejo Económico y Social no pueden reemplazar el proceso que dejamos consignado. Lo intentan hacer –muchas veces con los mejores propósitos– porque no se percatan del valor de la libertad y solo entienden de imposiciones y consejos atrabiliarios, lo cual arruina a todos pero muy especialmente a los más necesitados, que son los que más sufren frente a los descalabros que incrusta el estatismo.

En esta línea argumental se torna indispensable reiterar los desbarajustes que inexorablemente producen los precios controlados o el subterfugio de “precios cuidados” que siempre se convierten en fenomenalmente descuidados no solo por la manía de controlar, sino por no eliminar la razón última de la escalada de precios, cual es la estafa generalizada que llevan a cabo los gobiernos y que los economistas llamamos inflación.

El precio limpia oferta y demanda, en la medida en que aumenta lo primero baje el precio y se incremente lo segundo y, a la inversa, cuando disminuye lo primero sube el precio y se contrae lo segundo. Cuando los aparatos estatales se inmiscuyen y establecen precios máximos, invariablemente se suceden los siguientes cuatro efectos centrales. Primero, la demanda se amplía debido al precio gubernamental más bajo. Segundo, en el mismo instante del control los bienes disponibles no alcanzan para atender ese demanda ampliada, por lo que aparece faltante artificial. Tercero, se alteran los márgenes operativos, con lo cual surgen artificialmente otros renglones como más atractivos debido al deterioro en las señales de mercado, con lo que se estimula el derroche. Cuarto, como una defensa de la gente, se filtra el mercado negro, que abastece a un precio mayor, que incluye la prima por el riesgo de operar clandestinamente, pero que atiende la demanda insatisfecha.

El empresario puesto a competir en el mercado abierto se convierte en un benefactor que obtiene ganancias si da en la tecla con las necesidades de su prójimo e incurre en quebrantos si yerra. Si es exitoso para detectar arbitrajes no por ello necesariamente sabe de filosofía política ni de las leyes de la economía, recordemos que Einstein consignó que “todos somos ignorantes, solo que en temas distintos”. Como ha señalado Adam Smith, los empresarios vinculados al gobierno son un peligro manifiesto, pues tienden a buscar privilegios del poder político de turno, con lo que se convierten en explotadores de sus congéneres.

Un ejemplo del dislate estriba en aceptar la integración del fascista Consejo Económico y Social con sindicalistas generalmente amparados en la figura de la personería gremial también copiada de la Carta de Lavoro del inventor del fascismo italiano. Sobre la participación de ciertos académicos en este rejunte con visos autoritarios prefiero no pronunciarme para no ofender. Las intenciones no son relevantes, lo significativo son estos andamiajes conceptuales que inexorablemente se encaminan a resultados adversos.

En lugar de estos esfuerzos estériles sería bueno un poco más de recato y sentido común y eliminar ese adefesio conocido como banca central, ya que, como ha escrito otro premio Nobel en economía, Milton Friedman, “la moneda es un asunto demasiado serio como para dejarlo en manos de banqueros centrales”. Como se ha señalado, la banca central solo puede operar en una de tres direcciones: a qué tasa emitir, a qué tasa contraer o dejar igual la base monetaria. Cualquiera de esos tres caminos distorsionará los precios relativos, con lo que el consiguiente consumo de capital reduce los salarios e ingresos en términos reales. Y si se dijera que la denominada autoridad monetaria tiene la bola de cristal y procediera conforme a lo que la gente prefiere, resulta del todo superflua la intervención para hacer lo mismo que la gente hubiera hecho con ahorros en gastos administrativos y, por otra parte, la única manera de saber lo que la gente hubiera preferido es dejarla que se exprese, esto es, que pueda elegir el activo monetario de su preferencia y dejar de lado el fetichismo de nuestra época, cual es la banca central y el curso forzoso, que producen un drenaje espectacular en el fruto del trabajo ajeno.

En resumen, el susodicho Consejo debería dejarse sin efecto y resolver los problemas con rigor, sin absurdos voluntarismos que a todos perjudican y solo se dirigen a celebrar y aplaudir los atropellos del Leviatán.

El autor completó dos doctorados, es docente y miembro de dos academias nacionales.

Publicado originalmente en La Nación, 12 de marzo de 2021.

Una reflexión a propósito de los medios y los gustos de las audiencias – Por Alberto Benegas Lynch (h)

Por respeto a la gente a veces se hace necesario desconocer las encuestas y el rating para concentrase en la trasmisión de temas que hacen pensar en lugar de divertir.

Entre tantos temas de interés se escurre uno que tiene mucho jugo vinculado a los medios periodísticos viejos y a los nuevos que asoman en el contexto de la medición de audiencias. Para algunos es un dilema que se presenta entre proceder de acuerdo a valores e inclinaciones de cada cual o ceder a lo que demandan terceros. Para otros en cambio no hay conflicto alguno: se debe proceder de acuerdo a lo que la gente reclama. Y para un tercer grupo tampoco hay motivo de congoja pues uno debe seguir la propia conciencia prestando debida atención a lo que otros dicen pero sin actuar como siervos de esas tendencias.

En torno a esto es lo que días pasados giraba una amena conversación en un conocido programa radial. Como suele suceder donde hay libertad de expresión se presentaron varias facetas interesantes que alimentaron el tema en cuestión. Sin duda que para dar rienda suelta a diversas perspectivas es indispensable la libertad de prensa no solo como un derecho fundamental de las personas sino para abrir las posibilidades de incorporar nuevos islotes de conocimiento en este mar de ignorancia en que nos desenvolvemos los humanos. En esta línea argumental recuerdo que el primer día de clase en el colegio al que atendía en Estados Unidos, de entrada el profesor dibujó dos círculos en el pizarrón de diámetros distintos. Acto seguido nos dijo que esas circunferencias representaban distintos grados de saber, y concluyó con su moraleja para apuntar con énfasis que el círculo mayor donde hay más conocimiento tiene una superficie más amplia expuesta a lo que se ignora representada por lo que entonces era la negrura del pizarrón, mientras que la circunferencia más reducida -el que cuenta con menores conocimientos- está menos expuesta por lo que el titular no se percata tanto de su ignorancia.

Lo que dejamos consignado es relevante para tener siempre presente la insistencia de Karl Popper en subrayar que el conocimiento conforma la característica de la provisionalidad sujeta a refutaciones, este enfoque permite el progreso de la ciencia en contraste con el dogmatismo que abunda en telarañas mentales que no permiten explorar otras avenidas y paradigmas. También en este mismo plano, es frecuente que se piense que para que algo se demuestre como verdad debe ser verificado empíricamente, que como bien escribe Morris Cohen esa misma aseveración no es verificable empíricamente y, por otro lado, nada en la ciencia es verificable solo corroborable provisoriamente como nos enseña el antes mencionado Popper.

Todo esto viene a cuento porque el intercambio del conductor radial y su equipo me remitió a lo que me sucedió una y otra vez cuando fui Rector de ESEADE durante veintitrés años, una casa de estudios que se constituyó como la primera argentina en ofrecer maestrías en el sector privado y la primera en introducir institucionalmente la tradición de pensamiento de la Escuela Austríaca junto a otras teorías complementarias y otras rivales para el debate. En todo caso, el tema alude a las difíciles elucubraciones a empresarios que financiaban la institución a través de becas y aportes para inversiones en el edificio, equipos, biblioteca, departamento de investigaciones, revista académica y similares. Estas elucubraciones se referían a la importancia de los procesos de mercado basados en derechos de propiedad, competencia y gobierno con poderes limitados a la protección de las autonomías individuales. Mercado que como es sabido no es un lugar ni una cosa sino un proceso que pone de manifiesto las preferencias de la gente que con sus compras y abstenciones de comprar van asignando los siempre escasos factores productivos a las áreas que reclaman los consumidores. De ese modo, en el supermercado y afines se establecen las diferencias de rentas y patrimonios según el mejor o peor servicio que presta el comerciante o el profesional del caso. Lo que en este contexto queda completamente de lado es el privilegio, los mercados cautivos, la dádiva y el subsidio a empresarios que así estrictamente dejan de serlo para convertirse en explotadores.

Habiendo dicho esto, retomo el hilo para trasmitir que el punto crítico con los empresarios de marras era presentarles una complicada situación paradojal: para defender y permitir que funcione el mercado es indispensable el respeto recíproco, es decir, la libertad pero lo que se observaba en nuestro medio con creces (y todavía ocurre) es que la gente pedía intervencionismo estatal, léase la aniquilación del mercado. En otros términos, para fortalecer la filosofía basada en principios éticos que permite la operación de mercado -o sea que la gente pueda decidir el destino del fruto de sus trabajos- había que ir contra las tendencias del momento del mismo mercado. En resumen evitar que el mercado se suicide.

El mercado remite a que la gente se exprese libremente pero si se produce un cortocircuito con la política que propone controles y bozales para la gente no hay manera de logar aquél objetivo. Si las mayorías votan para cercenar las libertades del vecino en la pueril esperanza de mantener las suyas se extingue el mercado que solo resucita si se lo respalda en el plano educativo, de ahí la indispensable contracorriente.

Como queda dicho, el referido suicidio colectivo naturalmente deriva de la ausencia de explicación y fundamentación del valor de las autonomías individuales. En lugar de anclarse en valores y principios de la sociedad libre se le oponen con el resultado del empobrecimiento moral y material de todos. Salvando las distancias, esto mismo ocurre en el mencionado debate sobre medios periodísticos modernos y antiguos respecto a la medición de audiencias. Por respeto a la gente a veces se hace necesario desconocer encuestas y mediciones que se dirigen a la pura frivolidad, no como un descanso y un recreo a las actividades diarias sino como un fin en sí mismo. De ahí es que afortunadamente algunos le dan la espalda a los ratings y optan por concentrase en la trasmisión de temas que hacen pensar en lugar de solo la diversión (di-vertir o separarse del camino principal).

En el caso de la aludida institución de posgrado de aquella época, la generosidad y la comprensión de los empresarios que financiaban el proyecto permitió trasmitir y debatir esas tradiciones de pensamiento entre jóvenes provenientes de distintas profesiones a nuevas búsquedas en una atmósfera de puertas y ventanas abiertas para que entrara el mayor oxígeno posible, en ese sentido no me cansaré de repetir el sabio lema de la Royal Society de Londres: nullius in verba, esto es, no hay palabras finales.

De más está decir que tanto en el caso de los medios tradicionales y no tradicionales vía la medición de audiencias como en el caso del mercado de las ideas a través de ensayos, libros y la cátedra, no es que no interesen las respuestas de la gente, muy por el contrario es muy relevante conocerlas y sopesarlas solo que desde la perspectiva de quienes mantienen ciertos principios -sea del lado que fuere- pueden (y deben) intentar la navegación a contracorriente si lo estiman necesario al efecto de correr el eje del debate y marcar agendas, sobre todo si el objetivo último es el respeto recíproco donde nunca es lícito recurrir al uso de la fuerza a menos que se lesionen derechos. En un caso los hay que se preocupan y ocupan de la farandulización de la vida y en otro de las embestidas del Leviatán.

Son dos planos de naturaleza distinta cada uno con sus bemoles y con opiniones muy disímiles que deben atenderse para extraer conclusiones acertadas, pero en todo caso se plantean temas que merecen ser atendidos y discutidos con un eje central que parece muy fértil para el pensamiento, especialmente cuando abunda tanta andanada brumosa.

Publicado originalmente en Infobae, 27 de febrero de 2021.

Peter Boettke & Virgil Storr on the Legacy of Don Lavoie, Pt. 2

In the second of a two-part series, Peter Boettke and Virgil Storr finish their conversation on the legacy of Don Lavoie as both a mentor and scholar. Virgil Storr first reflects on the untimely death of Don Lavoie, how his death influenced those close to him, and the impact he left on his colleagues and students. Later in the podcast, Boettke and Storr discuss the nature of scholarship and the process of exploring gaps in the social sciences before finishing their talk with some thoughts on the importance of interdisciplinary conversations.
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La gran paradoja de la igualdad – por Alberto Benegas Lynch (h)

El premio Nobel en economía Friedrich Hayek en su constante preocupación y  ocupación por la trascendencia de los marcos institucionales ha repetido que la única igualdad compatible con una sociedad libre es la igualdad ante la ley. En esta línea argumental subraya que ese concepto clave está indisolublemente atado a la idea de Justicia que según la definición clásica consiste en “dar a cada uno lo suyo” por lo que, a su vez, “lo suyo” remite a la propiedad privada.

Asimismo destaca que la pretendida igualdad de rentas y patrimonios no solo destruye incentivos para producir por partida doble pues desalienta a los que se ubican por encima de la marca igualatoria y paraliza a los que se encuentran por debajo para esforzase en subir debido al redistribucionismo, sino que inexorablemente apunta a tratar a las personas de modo desigual ante la ley, es decir, los gobernados tendrían derechos desiguales.

En nuestro tiempo irrumpe con toda fuerza la gran paradoja de la igualdad, esto es, al tiempo en que se insiste en el redistribucionismo se ataca la noción jurídica elemental de la igualdad de todos ante la ley. La demagogia quiere igualitarismo económico y desigualdad de derechos pues resulta imposible contar con las dos igualdades. Una u otra.

Pues bien, es necesario tener el claro que la desigualdad de ingresos y patrimonios la establece diariamente la gente en el supermercado y afines con sus compras y abstenciones de comprar. El delta depende entonces de la voluntad de la gente que pone de relieve cotidianamente sus inclinaciones. Esta votación diaria en el mercado es el resultado de los juicios del consumidor respecto a la capacidad o incapacidad de servir a sus necesidades. El comerciante o profesional que da en la tecla con los gustos y preferencias del prójimo obtiene ganancias y el que yerra incurre en quebrantos. Es la forma en que se le da el mejor uso a los siempre escasos factores productivos. Solo quiebran este principio los empresarios prebendarios aliados al poder de turno para explotar a sus semejantes con privilegios y mercados cautivos de distinta naturaleza.

Es en este contexto es que Adam Smith ya precisó en 1776 que el carnicero y el panadero obtienen ganancias solo si se concentran en el interés del consumidor, en la forma de satisfacerlo. Esa es la base de la competencia y los mercados abiertos que no quiere decir cuantos proveedores deben existir sino que la entrada y salida sea completamente libre de regulaciones.

Es necesario percatarse de la sandez de sostener que “frente a cada necesidad nace un derecho” lo cual demuestra no tener la menor idea del significado del derecho que es la facultad de usar y disponer de lo adquirido legítimamente vía el trabajo personal, la herencia, donaciones y equivalentes. A todo derecho corresponde una obligación. Si alguien obtiene cien en el mercado, hay la obligación universal de respetar ese ingreso, pero si esa misma persona demanda que el gobierno directa o indirectamente le entregue doscientos cuando gana cien y el aparato estatal procede en consecuencia quiere decir que otros se habrán visto forzados a entregar parte del fruto de su trabajo con lo cual estamos frente a un pseudoderecho.

Vivimos la era de los pseudoderchos: derecho a hidratos de carbono, derecho a la recreación, derecho al transporte, derecho a la salud adecuada y hasta derecho a la felicidad. Si de lo que se trata es que otros se vean compelidos a entregar sus ingresos para tales fines, estamos frente a la destrucción del derecho lo cual afecta a toda la comunidad pero muy especialmente a los más vulnerables debido a la consecuente disminución en las tasas de capitalización que son la únicas causas de salarios e ingresos en términos reales.

Desde la Carta Magna de 1215 en adelante las constituciones originalmente eran documentos para limitar el poder político, hoy en cambio son en gran medida cheques en blanco para que los aparatos estatales hagan lo que quieran con los derechos de la gente. Muchas son ahora declaraciones de deseos. Para poner un ejemplo extremo, en la Asamblea Constituyente convocada en su momento por Correa en Ecuador se propuso seriamente incluir en la Constitución el “derecho al orgasmo de la mujer”, lo cual afortunadamente no prosperó pero lo menciono al efecto de ilustrar la corriente que hoy embarga a buena parte del mundo basada en ideas atrabiliarias del derecho.

Entonces, por un lado la empobrecedora guillotina horizontal presente en la manía del igualitarismo de resultado y, por otro, el remate del derecho hacen de operación pinza para la liquidación de marcos institucionales civilizados. Como bien ha apuntado Anthony de Jasay, sostener que en la carrera de la vida todos deben partir de la misma situación es una metáfora deportiva autodestructiva puesto que a la llegada de la carrera los participantes se darán cuenta que los esfuerzos fueron completamente estériles puesto que para seguir con el mismo principio se iguala nuevamente en la carrera que le sigue a continuación.

La paradoja de las igualdades que dejamos consignada en esta nota periodística debe ser intelectualmente combatida si se desea el progreso moral y material de la sociedad.

Publicado originalmente en la edición impresa de El Economista, viernes 19 de febrero de 2021.

Richard Wagner’s book Macroeconomics as Systems Theory

“Macroeconomics as Systems Theory” Book Panel
Peter Boettke, Erwin Dekker, Abigail Devereaux, Will Luther, & Richard Wagner | February 24, 2021
On this episode of the Hayek Program Podcast, we host our first book panel of 2021 on Richard Wagner’s book Macroeconomics as Systems Theory.
This book examines macroeconomic theory from an analytical framework provided by theories of complex systems, in contrast to conventional theories founded on aggregation. In considering macro theory, Wagner contrasts the conventional approach of focusing on the national economy as a collection of aggregate variables with the social-theoretic approach of viewing macro variables as shaped through social institutions, conventions, and other processes.
The panel is moderated by Peter Boettke and features Abigail Devereaux, Assistant Professor of Economics at Wichita State University; Erwin Dekker, Assistant Professor of Cultural Economics at Erasmus University; and Will Luther, Assistant Professor of Economics at Florida Atlantic University.
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