Acerca de Adrián Ravier

Adrian Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y Profesor en la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín.

¿Vamos a o venimos de la dolarización? – por Jorge Avila

Rechazada por la academia y rotulada como inaplicable, una idea se atrinchera mientras espera su turno.

«Dolarizan la economía” tituló Clarín el 21 de marzo de 1991 cuando fue lanzada la convertibilidad. El copete fue meridianamente claro: “todo el esquema depende de que el Gobierno no gaste más de lo que recauda; si lo hace se romperá la paridad con el dólar y volverá la inflación”.

La bajada del título refleja la lucidez argentina que emerge cuando tenemos la soga al cuello, en ese caso, después de dos hiperinflaciones.

Lo que sucedió en 1991 fue una dolarización casi total, excepto del circulante. Se podrá decir que los billetes verdes para entregar la totalidad de los depósitos nunca estuvieron, pero ¿qué país los tiene inmediatamente?

Que en 2002 se hayan tenido que romper prácticamente todos de los contratos existentes en el país prueba que efectivamente fue una dolarización. Lo que pasa es que estamos acostumbrados a que los contratos no se respeten. Y, aún así, el gobierno de Eduardo Duhalde fue inagotable en el terreno de no cumplir con lo firmado.

Los beneficios de adoptar una moneda dura son conocidos: el principal no es tirarle con bazuka a la inflación, sino generar una certidumbre clave en la economía más inestable del globo.

De todas maneras, nada nos asegura que la dolarización termine con el déficit fiscal y éste es su mayor punto débil. Sería como comprarse ropa dos talles más pequeños esperando que eso nos obligue a adelgazar. La mejor crítica a una posible adopción de la moneda de EEUU la hizo el profesor de la Universidad Di Tella Constantino Hevia en su artículo “La dolarización es una mala idea”. Lo escribió en medio del festival de devaluaciones macristas de 2018. Y lo cierto es que el gobierno del PRO nunca evaluó seriamente dolarizar, ni cuando -gracias al FMI- tenía los billetes para hacerlo. La respuesta pública en ese momento la dio el ex Jefe de Gabinete Marcos Peña“Es un disparate”.

El profesor Hevia nos enumera los perjuicios: manos atadas ante shocks externos, pérdida del señoraje (2% del PBI que se podría emitir sin generar inflación) y el Banco Central no podría ser más el prestamista de última instancia. Los costos superan a los beneficios, asegura. Y nos invita a seguir el camino que recorrieron nuestros vecinos para vencer a la inflación: el célebre “paso a paso” que también predica Roberto Lavagna. Lastimosamente, ese vía crucis de país normal la Argentina elige, una y otra vez, no transitarlo.

Del otro lado del ring académico está el profesor de la Universidad del CEMA Jorge Ávila que aborda seriamente el tema, a diferencia de economistas con posgrado en panelismo televisivo.

Hoy, el gobierno no tiene ni por asomo los billetes verdes para enfrentar una dolarización, pero el profesor Ávila nos responde que eso es solucionable con un préstamo a largo plazo que nos otorgue el Tesoro de Estados Unidos.

La cuestión nacionalista suele esgrimirse como un obstáculo, pero ese punto carece de fuerza: fue el peronismo fue el que lanzó la convertibilidad en 1991. Otro ejemplo: los mismos que -con argumentos ultranacionalistas- llamaron en 1984 a abstenerse en el plebiscito del Beagle fueron los que apoyaron el entreguismo con Malvinas durante la presidencia de Carlos Menem. La historia nos enseña a confiar en la plasticidad del PJ.

¿Quiénes apoyan la dolarización? Acá se complica porque algunos cambian de posición cada trimestre. Con los libertarios no se pisa sobre seguro en casi ningún tema, excepto en su amor por los micrófonos. El portal de derecha más visitado de la Argentina -que la vicepresidenta relaciona a la embajada de EEUU- cada tanto publica la nota de algún economista poco conocido a favor de la dolarización con argumentos un tanto rudimentarios. Ricardo López Murphy se ha declarado reiteradamente en contra. José Luis Espert a veces sí, a veces no.

Pero más allá de todo ese vedetismo, lo cierto es que los libertarios tienen buenas chances de que les vaya electoralmente mejor en el año que tendrá -al menos- 45% de inflación, 2021, si se convierten en un grupúsculo cabalgando sobre un solo tema. Un partido monotema. Sus otras propuestas son tan ininteligibles que, la verdad, necesitan que el electorado los vea como un vehículo para traspasar una única meta.

Esa meta podría ser la consolidación fiscal, pero esta no es una cuestión ni superficial ni simple en la Argentina. El analista económico Ricardo Arriazu la aborda con una perspectiva de décadas. El Estado es tomado como un botín. Aunque el mayor saqueador y quien le ocasiona mayor perjuicio al Estado es el gran empresariado prebendario, las otras clases sociales reciben subsidios -a veces encubiertos, a veces no- a través del empleo público la clase media y la multiplicación de planes sociales la clase baja. Cada clase social acusa a la otra de parasitaria y esas acusaciones quedan reflejadas en el escenario electoral. Por ejemplo, el antikirchnerismo y los liberales suelen señalar al empleo público provincial o a las jubilaciones sin aportes -que efectivamente son un subsidio-, pero nunca a las activos rentables del Estado que pasaron a manos del mejor amigo del anterior presidente, lo que es sólo un ejemplo del saqueo -ya sistémico- que hace la burguesía local.

Con el pensamiento mágico argentino soluciones “de una vez y para siempre” se han puesto en práctica para cerrar el agujero fiscal, como las privatizaciones, acusando a las empresas del Estado de ser las culpables del déficit. Incluso el desfinanciamiento de las Fuerzas Armadas o la estatización de las AFJP se vieron como formas de cerrar la brecha entre ingresos y egresos. El país igual busca una nueva forma de seguir viviendo por encima de sus posibilidades. Y siempre lo logra.

Los libertarios y liberales apuntarían a un universo más pequeño de votantes si insisten en este tema, porque invariablemente tomarán partido por las poquitas familias que, por ejemplo, no quieren pagar un aporte extraordinario por la crisis que genera la pandemia.

En resumen, el mayor inconveniente para la dolarización es, naturalmente, el gran problema estructural de nuestra economía: gastamos más de lo que recaudamos.

Por eso la convertibilidad sólo pudo ser lanzada con las licuaciones de gastos del Estado que forjaron las dos hiperinflaciones. Pero hubo más: antes también se tuvieron que confiscar depósitos privados con el Plan Bonex mientras se remataban las empresas más apetecibles del Estado, las joyas de la abuela. Recién ahí el país estaba listo para usar la moneda norteamericana como propia.

¿Cómo se logra eso ahora? Aquí se abre la discusión de si el dólar tiene que entrar por la puerta o por la ventana. Por la puerta sería que no compita con ninguna otra moneda, desterrar el bimonetarismo, pero sí permitir que circulen cuasimonedas, papelitos de colores para generar liquidez, que irían directo a la base de la pirámide socioeconómica. Otra opción para lograr liquidez es permitir la circulación de una mínima cantidad de moneda propia, como hace Ecuador. Otra es que la dolarización sea asimétrica, que incluya el gran ajuste en su implementación. Los más afortunados serían dolarizados a 85, los menos a 200.

No nos olvidemos de los que quieren ingresar al dólar por la ventana, como Domingo Cavallo. Que el dólar sea legalizado, que compita con el peso. Una moneda para ricos y otra para pobres. Sería blanquear lo que hoy ya es un hecho. En este esquema, de a poco, el dólar iría reemplazando al peso. El problema con esta idea es que si el dólar se mete por la ventana, también se lo puede tirar por la ventana.

Por eso hay defensores de la dolarización total y final, como el corredor de Bolsa y activo tuitero Mauro Mazza, que insisten en que la dolarización tiene que entrar por la puerta grande para no irse nunca más. Quemar la naves.

Dolarizar, reconozcamos, es una idea un tanto bizarra, representa otro atajo, y, a primera vista, es impracticable. Pero, en definitiva, ¿En qué tipo de país vivimos?

Publicado originalmente en Ámbito, 26 de diciembre de 2020.

Dolarización oficial: por qué es necesario encarar el debate en la Argentina – por Emilio Ocampo

a aceleración de un nuevo ciclo de alta inflación pone sobre el tapete la necesidad de erradicar de una vez por todas un mal que nos aflige recurrentemente desde 1825. La dolarización es una alternativa que merece ser considerada seriamente. Se trata de un término que tiene múltiples significados, lo cual muchas veces genera confusión. Una dolarización oficial significa que el Estado adopta el dólar como moneda de curso legal y renuncia a tener una moneda local. Hay muchas maneras distintas de implementarla.

Las objeciones a una dolarización oficial pueden agruparse en seis categorías, no excluyentes: 1) las nacionalistas, 2) las naive, 3) las de la “falacia del nirvana”, 4) las teóricas, 5) las prácticas y 6) las políticas. Las del primer grupo son indefendibles. El peso no significa “soberanía” porque si así fuera no seríamos una nación soberana, ya que desde 2001 perdió el 99,5% de su valor.

Las de la segunda categoría son del tipo “no hay que dolarizar, lo que tiene que hacer el gobierno es reducir el gasto público, abrir la economía, desregular, etcétera”. Es como decirle a una persona con un serio problema de obesidad: “El anillo gástrico no es la solución a su problema, lo que tiene que hacer es comer menos”. Justamente, el anillo gástrico es lo que le permite a esa persona cambiar sus hábitos alimenticios. Es una condición necesaria pero no suficiente para bajar de peso. En cierto sentido, la dolarización oficial es como un anillo gástrico: es un remedio extremo para pacientes en estado crítico, que pone de relieve la necesidad de un cambio de hábitos.

La historia argentina demuestra dos cosas. Primero, que el sistema político es incapaz de hacer lo necesario para estabilizar la economía a menos que la economía se encuentre frente a una hiperinflación. Segundo, que cuando hace reformas estructurales, como en los 90, no puede sostenerlas en el tiempo. Cuando las restricciones al gasto empiezan a “apretar”, son revertidas fácilmente por un Congreso sometido al Poder Ejecutivo.

Las objeciones en el caso de la tercera categoría plantean que con una dolarización: a) no podríamos hacer ciertas cosas que en realidad nunca hicimos (o nunca pudimos hacer), b) nos forzaría a tomar medidas que de cualquier manera debemos hacer, y/o c) nos pondría en una situación que no es distinta de la que ya estamos. Ejemplo de lo primero es que con una dolarización perderíamos la política monetaria de estabilización de la economía cuando, en realidad, casi siempre ha sido fuente de inestabilidad. Ejemplo de lo segundo es decir que la dolarización requiere de un ajuste fiscal políticamente inviable, cuando el ajuste es inevitable porque de lo contrario terminaremos en una hiperinflación. Ejemplo de lo tercero es decir que con una dolarización quedaríamos subyugados a la política monetaria norteamericana, cuando ya lo estamos, incluso más que otros países, como Ecuador y El Salvador, que dolarizaron sus economías.

Las objeciones teóricas son básicamente tres: 1) la economía argentina no pertenece al “área monetaria” del dólar, 2) adoptar el dólar como moneda exacerbaría el ciclo económico y 3) con una dolarización perderíamos al Banco Central como prestamista de última instancia. La primera es inválida, como lo explicó muy bien Robert Mundell, el premio Nobel que desarrolló el concepto de áreas monetarias óptimas.

Hay que destacar otros dos puntos: a) el 80% del comercio mundial está facturado en dólares, y b) en una economía cerrada y dolarizada de facto como la argentina, los flujos financieros tienen tanto o más peso que los comerciales. En cuanto a la segunda objeción, la experiencia de la primera década de este siglo muestra que lo que realmente exacerba el ciclo económico son las políticas populistas. Finalmente, el Banco Central es el deudor de primera instancia del sistema financiero. El único prestamista de última instancia que hemos tenido en los últimos 70 años ha sido el Fondo Monetario Internacional (FMI) y no lo perderíamos bajo una dolarización.

“Una dolarización oficial, una reforma del sistema bancario que ponga los depósitos fuera del alcance de los políticos, y la firma de tratados de libre comercio serían una trinidad de medidas difíciles de revertir”

Respecto de la implementación práctica de la dolarización, si bien es cierto que sin reservas internacionales implicaría una megadevaluación, es un error conceptual evaluar la conveniencia de una reforma de largo plazo por cuestiones coyunturales. La falta de reservas no es consecuencia de una limitación estructural de la economía argentina, sino de las malas políticas del Gobierno. Justamente, el objetivo sería modificar esas políticas.

Eso nos lleva a la última objeción. Resulta obvio que sin un amplio acuerdo político una dolarización oficial es utópica. También es obvio que, con ese acuerdo, su impacto sería tremendamente poderoso, incluso antes de implementarse.

Desde el punto de vista estrictamente económico hay muchas razones para dolarizar, pero hay tres particularmente importantes. Primero, los argentinos ya dolarizaron sus ahorros. Toda la liquidez que tienen en pesos representa a lo sumo un 15% de la liquidez que tienen en dólares. Es decir, tenemos todos los costos y las limitaciones de una dolarización oficial sin ninguno de sus beneficios. Segundo, la deuda en dólares del Gobierno nacional asciende a 250.000 millones. Es una deuda impagable sin una dolarización oficial y, por ende, debido a un descalce cambiario estructural continuará siendo una fuente permanente de inestabilidad macroeconómica. Tercero, una dolarización oficial ofrece la única esperanza para repatriar los 400.000 millones de dólares que los argentinos tienen fuera del país.

Es obvio que con solo adoptar el dólar como moneda de curso legal no alcanza. El problema es que sin credibilidad es imposible eliminar la inflación y, en la Argentina, las reformas de jure no generan credibilidad porque son fácilmente reversibles. Solo la inviabilidad económica del statu quo las habilita políticamente en el corto y mediano plazo.

La cuestión, entonces, se centra en determinar la secuencia óptima de las reformas. Una dolarización oficial con libre competencia de monedas convertibles, una reforma bancaria que ponga los depósitos bancarios fuera del alcance de los políticos, y la firma de tratados de libre comercio con la UE, el TPP y el ex NAFTA constituirían una trinidad de reformas difíciles de revertir, que impondrían la necesidad de llevar adelante otras reformas estructurales.

Es imposible resumir en un artículo todas las ventajas y desventajas de una dolarización. Lo que está fuera de duda es que avanzar por el camino iniciado hace 20 años profundizará el estancamiento y aumentará la pobreza. Es necesario debatir de manera razonada cuál es la mejor manera de cambiar de rumbo y ofrecerle una esperanza a la juventud argentina.

Por Emilio Ocampo

Publicado originalmente en La Nación, 17 de abril de 2022.

El retorno de los austriacos – por Mark Thornton

[Este artículo es una selección de The Skyscraper Curse: And How Austrian Economists Predicted Every Major Economic Crisis of the Last Century.]

Los 1960 y 70 fueron tiempos precarios para la escuela austriaca. Ludwig von Mises era muy viejo, estaba jubilado y moriría en 1973 a la edad de noventa y dos años. Friedrich Hayek también estaba jubilado y se instaló en la Universidad de Salzburgo, en Austria, de 1969 a 1977. Calificó de error su traslado a Salzburgo. No había trabajado en ciclos económicos y política monetaria durante muchas décadas y sus intereses de investigación en ese momento eran muy diferentes. Henry Hazlitt se retiró de Newsweek en 1966 a la edad de setenta y dos años. Murray Rothbard era un hombre joven y estaba marginado y aislado, con poco apoyo institucional. Había muy pocos economistas austriacos más en todo el mundo, y la siguiente generación de economistas austriacos no había salido de la escuela de posgrado o ni siquiera había entrado en ella.

A la edad de ochenta y nueve años, Mises continuó dando conferencias durante el crítico período 1968-70, y haciendo apariciones públicas. Algunas de sus conferencias más importantes fueron: «Los problemas de la inflación» (3 de abril de 1968); «Sobre el dinero» (3 de abril de 1969); «La balanza de pagos» (1 de mayo de 1969); «Un seminario sobre el dinero» (8 de noviembre de 1969); «La sociedad de libre mercado» (21 de febrero de 1970), en la que analizó los problemas derivados del aumento de la oferta de dinero; y «Problemas monetarios» (23 de junio de 1970), en la que expuso por qué la vuelta al verdadero patrón oro era tan importante y esencial para el crecimiento económico y la estabilidad y por qué el sistema de Bretton Woods era tan problemático. Una muestra de estas conferencias pone de manifiesto que Mises, en sus años de madurez, estaba completamente al tanto de los problemas de la política monetaria y de sus posibles consecuencias, y que hacía todo lo posible por alertar a los demás de los peligrosos resultados que se avecinaban.

Henry Hazlitt tampoco estaba retirado. Tras dejar Newsweek en el otoño de 1966, empezó a escribir para Los Angeles Times, y entre el otoño de 1966 y junio de 1969 Hazlitt publicó 177 artículos en el Times.1 Casi todos los artículos hablaban de los peligros que se cernían sobre la política monetaria y fiscal actual. Veía claramente que el patrón oro de Bretton Woods era el problema principal porque conducía a un gasto público excesivo y a una política monetaria laxa. Por ejemplo, a principios de 1967 escribió artículos como «Presupuesto fuera de control» (12 de febrero de 1967), «La gente quiere oro» (22 de febrero de 1967) y «Crisis monetaria por delante» (29 de marzo de 1967). En 1968 escribió «Para qué sirve una reserva de oro» (3 de febrero de 1968), «El presupuesto más irresponsable» (11 de febrero de 1968) y «La crisis del dólar: Una salida» (17 de marzo de 1968). En 1969, Hazlitt escribió sobre temas como «El colapso monetario que se avecina» (23 de marzo de 1969), «Pretender que el papel es oro» (4 de mayo de 1969) y «Adiós a la ‘nueva economía’» (8 de junio de 1969). Hazlitt vio claramente el fallo crítico del sistema de Bretton Woods: que el gobierno de EEUU gastaría en exceso —por ejemplo, el gasto en la guerra de Vietnam, la misión espacial a la luna y la guerra contra la pobreza— y lo pagaría imprimiendo dólares. Vio claramente desde el principio que el patrón oro de Bretton Woods se derrumbaría, lo que ocurrió en 1971.

Murray Rothbard también era muy consciente de lo que estaba ocurriendo con la economía de EEUU a finales de la década de 1960. Publicó un pequeño folleto sobre el tema de los ciclos económicos en 1969: Economic Depressions: Their Cause and Cure. Esto fue justo antes del final de la expansión más larga de la historia de Estados Unidos y el comienzo de trece años de estanflación y depresión. Es muy similar al libro de Mises The Causes of the Economic Crisis, publicado el año anterior a la caída de la bolsa en 1929. Rothbard seguiría escribiendo sobre la crisis que se avecinaba y el papel de la teoría austriaca del ciclo económico:

En el ámbito de la economía, la Administración Nixon había sido muy promocionada entre los conservadores. Se suponía que anunciaría un retorno al mercado libre y un control de la inflación galopante mediante la restricción monetaria. De nuevo, no ha ocurrido nada. El tan publicitado endurecimiento monetario ha sido, en el mejor de los casos, poco entusiasta, y no ofrece ninguna prueba real de la eficacia de la política monetaria. Porque la Administración ha estado haciendo precisamente lo que sus portavoces habían estado ridiculizando a los demócratas por hacer: tratar de «afinar» la economía, tratando de recortar siempre suavemente la inflación para no precipitar ninguna recesión. Pero no se puede hacer. Si las medidas restrictivas fueran alguna vez lo suficientemente fuertes como para frenar el auge inflacionario, también lo serían para generar una recesión temporal.2

Rothbard continuó su ataque a la política económica de Nixon:

El fenómeno de la recesión inflacionaria no puede ser entendido por los economistas del establishment, ya sea de la variedad keynesiana o de Milton Friedman. Ninguno de estos grupos prominentes tiene herramientas para entender lo que está pasando. Tanto los keynesianos como los friedmanistas ven los ciclos económicos de una forma muy simplista; las fluctuaciones empresariales se consideran básicamente inexplicables, sin causa, debido a cambios arcanos dentro de la economía, aunque Friedman cree que estos ciclos pueden verse agravados por las desacertadas políticas monetarias del gobierno.3

En cambio, Rothbard era muy consciente de este dilema político, la «recesión inflacionaria», porque asistió a unas conferencias de su entonces director de tesis, el Dr. Arthur F. Burns4, en la Universidad de Columbia en 1958. Rothbard recordó el incidente con su profesor y posterior presidente de la Reserva Federal:

Recuerdo vívidamente un incidente profético durante la recesión de 1958, cuando el fenómeno de la inflación durante la recesión afectó al país por primera vez. Asistí a una serie de conferencias del Dr. Arthur F. Burns, antiguo jefe del Consejo de Asesores Económicos, ahora jefe de la Junta de la Reserva Federal, y alguien curiosamente querido por muchos partidarios del libre mercado. Le pregunté qué políticas defendería si la recesión inflacionista continuaba. Me aseguró que no lo haría, que los precios pronto se nivelarían y que la recesión pronto llegaría a su fin; se lo concedí, pero le presioné para que dijera qué haría en una futura recesión de este tipo. «Entonces», dijo, «todos tendríamos que dimitir». Ya es hora de que todos aceptemos la promesa de Burns y sus colegas.5

Rothbard está confrontando directamente a los «nuevos economistas» y su amado análisis de la Curva de Phillips con el fenómeno que ahora llamamos estanflación, que Rothbard llamó «recesión inflacionaria».

Rothbard también atacó las directrices laborales y la política de ingresos de la administración Nixon. Predijo correctamente que esas políticas probablemente conducirían a controles de salarios y precios, lo que ocurrió al año siguiente:

Si bien podemos predecir firmemente la aceleración de la inflación, y las dislocaciones derivadas de los controles directos, no podemos predecir tan fácilmente si el expansionismo nixoniano conducirá a una pronta recuperación empresarial. Eso es problemático; seguramente, en cualquier caso, no podemos esperar ningún tipo de auge desenfrenado en el mercado de valores, que se verá inevitablemente frenado por los tipos de interés que, a pesar de la propaganda de la Administración, deben seguir siendo altos mientras continúe la inflación.6

Rothbard continuó mostrando que los economistas keynesianos y friedmanistas no pueden entender este fenómeno y no tienen forma de abordar estos problemas. Por el contrario, mostró cómo los economistas austriacos pueden entender este fenómeno a través de la teoría de los precios y la teoría del capital y que sí tienen recomendaciones políticas sobre la mejor manera de abordar los problemas de la estanflación. Hay que subir los tipos de interés para expulsar de la economía las malas inversiones y la inflación de precios.

F. A. Hayek fue galardonado con el Premio Nobel de Economía en 1974 por su trabajo basado en los escritos de Mises sobre la teoría del ciclo económico. Hayek había estado trabajando aislado en Austria y concentrado en sus investigaciones en direcciones totalmente diferentes durante algunos años. Sin embargo, cuando llegó la crisis a principios de los 1970, se apresuró a volver a la acción. La primera publicación de Hayek7 sobre esta cuestión fue elaborada por Sudha R. Shenoy, la hija del gran economista indio B. R. Shenoy. La autora reunió a la perfección materiales de los primeros escritos de Hayek sobre el dinero y los ciclos económicos en una monografía coherente. A este libro de 1972, Hayek contribuyó con el ensayo «The Outlook for the 1970s: Open or Repressed Inflation?». También publicó tres monografías: Choice in Currency: A Way to Stop Inflation (1976), Denationalization of Money: The Argument Refined (1977), Unemployment and Monetary Policy: El gobierno como generador del «ciclo económico» (1979) — que trataban de abordar el problema de la crisis monetaria y la depresión económica.

Los austriacos de la época eran pocos, pero resultaron ser muy expresivos y correctos sobre la amenaza de crisis económica. De hecho, su énfasis en la subida de los tipos de interés y en el cese de la impresión de dinero podría haber influido mucho en la política de tipos de interés adoptada por el presidente de la Reserva Federal, Paul Volcker (1979-87). Provocó una grave contracción, pero puso fin a la inflación monetaria y de precios y sentó las bases para una sólida recuperación.

También hay que señalar que el Dr. Ron Paul, defensor de la economía austriaca, decidió en 1971 presentarse como candidato a la Cámara de Representantes porque Nixon había sacado a Estados Unidos del patrón oro. Ha contribuido a crear un movimiento mundial a favor de la economía austriaca. Además, el Instituto Cato fue fundado en 1974 por Ed Crane, Murray Rothbard y Charles Koch. El Instituto Cato publicó en 1982 las monografías de F. A. Hayek, así como The Case for Gold: A Minority Report of the U.S. Gold Commission, de Ron Paul y Lewis Lehrman.8 Por último, el Instituto Ludwig von Mises fue fundado en 1982 por Llewellyn H. Rockwell, Jr.; su principal misión es educar a la gente sobre los beneficios de un verdadero patrón oro, tal como se describe en el informe de la minoría de la Comisión del Oro. La Comisión del Oro de EEUU, repleta de monetaristas, ganó la batalla para mantener el dinero fiduciario, pero Ron Paul, el Instituto Cato, el Instituto Mises y la escuela austriaca han crecido enormemente en influencia desde entonces.

  • 1.Jeffrey A. Tucker, Henry Hazlitt: A Giant of Liberty (Auburn, AL: Mises Institute, 1994).
  • 2.Murray N. Rothbard, «Nixon’s Decisions», Libertarian Forum 1, no. 8 (15 de julio de 1969): 1.
  • 3.Ibídem, p. 4.
  • 4.Doug French, «Arthur Burns: The Ph.D. Standard Begins and the End of Independence», en The Fed at One Hundred: A Critical Review on the Federal Reserve System, editado por David Howden y Joseph T. Salerno (Heidelberg, Nueva York, Londres: Springer, 2014), pp. 91-102.
  • 5.Murray N. Rothbard, «The Nixon Mess», Libertarian Forum 2, no. 12 (15 de junio de 1970): 1-3.
  • 6.Murray N. Rothbard, «Nixonite Socialism», Libertarian Forum 3, nº 1 (enero de 1971): 1-2.
  • 7.F. A. Hayek, «The Outlook for the 1970s: Open or Repressed Inflation?» en Tiger by the Tail: The Keynesian Legacy of Inflation, editado por Sudha R. Shenoy (Washington, DC: Cato Institute, 1972).
  • 8.Ron Paul y Lewis Lehrman, The Case for Gold: A Minority Report of the U.S. Gold Commission (Washington, DC: Cato Institute, 1982), que se basó en las investigaciones de Murray Rothbard.

Este artículo traducido al español fue tomado de Mises Hispano.

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Contact Mark Thornton

Mark Thornton is a Senior Fellow at the Mises Institute and the book review editor of the Quarterly Journal of Austrian Economics. He has authored seven books and is a frequent guest on national radio shows.

MODELOS Y PATTERN PREDICTIONS EN HAYEK – POR AGUSTINA BORELLA

Comparto el link de acceso a la publicación de la Dra. Agustina Borella en la revista PROCESOS DE MERCADO, Revista Europea de Economía Política cuyo editor es el Dr. Jesús Huerta de Soto de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid.

«Si bien la Escuela Austríaca parece quedar fuera de la discusión acerca del realismo de los modelos económicos y hemos tratado este tema anteriormente (Zanotti & Borella, 2015; Borella, 2019), en el marco de la consideración del orden espontáneo como modelo de la Escuela Austríaca, nos referiremos en este trabajo a la posibilidad de comparar las pattern predictions con modelos. Tomaremos como punto de partida la traducción del término pattern prediction como predicción de modelos al modo de la traducción realizada en Estudios Públicos del artículo de Hayek de 1964 «La teoría de los fenómenos complejos». Intentaremos mostrar aquellas notas de las pattern predictions que permitirían leer a estas predicciones como modelos.

Acceda aquí al documento completo.

Raíces del pensamiento económico argentino, en INFOBAE

He tenido el placer de editar el libro que lleva el título de esta nota, convocando a expertos que representan distintas corrientes de pensamiento económico con ideas fundadas en Europa, Estados Unidos o Latinoamérica, pero que luego fueron importadas en nuestro país y ampliadas a través de personas e instituciones que trabajaron por décadas con ese objetivo.

Virreinato del Río de La Plata: La primera referencia es con la llegada de los barcos españoles al continente americano, producto de cierto mercantilismo que nace en Inglaterra y Francia, que luego adquiere su propio proceso en España y que se plasmó en el gobierno de los virreinatos que se impusieron a lo que hoy es nuestro territorio nacional. En esos siglos de dominio español, nuestro territorio estuvo plagado de restricciones al comercio, lo que impidió que el desarrollo económico y el progreso ocurrieran antes del modelo agro exportador.

Manuel Belgrano e Hipólito Vieytes: Mientras el primero estudió en Europa y se acercó a las ideas del Laissez Faire y Adam Smith, Vieytes tuvo un proceso más latino, pero llegando a las mismas fuentes. En los distintos periódicos que circularon poco antes de la Revolución de Mayo (me refiero al Telégrafo Mercantil y al Semanario de Agricultura, Industria y Comercio), tanto Belgrano como Vieytes le dieron a nuestras tierras las primeras pinceladas liberales. Es cierto que la Revolución de Mayo ocurre en paralelo con las batallas entre Francia y España, que mantenían a los monarcas españoles preocupados por defender territorio propio, pero también había en lo que hoy es el territorio argentino fuerzas locales que exigían cierto liberalismo del comercio para alcanzar el progreso. Belgrano y Vieytes le dieron a esa Revolución un espíritu liberal, no solo para recuperar libertades individuales y buscar un desarrollo local propio, sino también para liberar el comercio.

La Generación del 37: Rodeados de guerras civiles, intelectuales como Esteban Echeverría (1805-1851), Juan María Gutiérrez (1809-1878), Juan Bautista Alberdi (1810-1884) y Domingo Faustino Sarmiento (1811-1888) lograron crear una isla de diálogo en la que fueron construyendo las bases de nuestra Argentina. Había diferencias entre ellos, claramente, pero coincidían en la importancia del comercio como base del progreso, y cuestionaban las regulaciones y los monopolios.

Las Bases de Alberdi: Esa isla intelectual fue inspiración de nuestra arquitectura constitucional, la que se puede leer en las Bases de Juan Bautista Alberdi. Como bien dice el historiador Ricardo López Gottig las ideas liberales plasmadas en nuestra Constitución de 1853, “no fueron monopolio de Alberdi”. Aun así, su trabajo fue fundamental para recoger e importar instituciones, reglas de juego, debates y experiencias que había acontecido en Europa y Norteamérica. Es a partir de ese marco constitucional que Argentina despega, alcanzando un desarrollo económico milagroso, atrayendo inmigrantes con el florecimiento del comercio y el consecuente progreso.

Quizás una primera conclusión de este estudio es que el siglo XIX de la Argentina fue liberal, con excelentes resultados que se pueden observar en indicadores económicos y sociales.

El socialismo librecambista: Incluso en ciertos socialistas que participaron de debates parlamentarios como Juan B. Justo -quien tradujo El Capital de Marx al español- se observa cierto pedido de libre comercio, entendiendo que la libre importación de alimentos reducía los precios que beneficiaban al trabajador.

John Maynard Keynes y Raúl Prebisch: Las circunstancias históricas, sin embargo, cambian con la primera guerra mundial y la gran depresión de los años 1930, y emerge en el mundo desarrollado la figura de John Maynard Keynes. Keynes pedía cierto estado presente y cierta política económica estabilizadora para enfrentar la gran depresión, lo que no significa justificar los excesos que el mundo cometió en su nombre en el siglo XX. En Argentina fue especialmente importante la figura de Raúl Prebisch, recibiendo la influencia de Keynes, pero dándole una forma local propia. Una diferencia sustancial entre ambos es que Keynes, fundamentaba la intervención con ánimo de estimular la demanda agregada en un contexto de crisis y recursos ociosos; Prebisch, sin embargo, tiene un ánimo más desarrollista, fundamentando la intervención y el estado presente en contextos diferentes. Aun así, ni Keynes, ni Prebisch, ni tampoco seguidores de esta corriente como Julio Olivera, Roberto Frenkel, o los autores de estos capítulos del libro de referencia como Saúl Keifman, Luis Blaum y Daniel Heymann, justificarían las intervenciones económicas de los sucesivos gobiernos argentinos a los largo del siglo XX. Una cosa es sostener que el gobierno debe intervenir con un ánimo desarrollista, otra muy distinta es justificar los excesos de los sucesivos gobiernos argentinos.

La Escuela Austriaca de Mises y Hayek: Quizás para enfrentar esa expansión del Estado Moderno, algunos argentinos como Alberto Benegas Lynch importaron en la Argentina las ideas de la Escuela Austriaca, en particular la de Mises y Hayek. Primero con reuniones en la Universidad de Buenos Aires, y luego con la creación de distintos centros, algunas personas e instituciones se preocuparon por traer a estas figuras intelectuales nacidas en Viena para ilustrarnos de aquellos excesos. No se trataba de defender ideas anarquistas o libertarias, sino de defender la libertad individual, la economía de mercado, la propiedad privada y el gobierno limitado. Varios intelectuales como Juan Carlos Cachanosky viajaron a Estados Unidos a doctorarse en programas austriacos, para luego traer esas ideas a la Argentina.

La Escuela de Chicago de Milton Friedman: Lo mismo ocurrió con la Escuela de Chicago. Jóvenes argentinos viajaron a esta ciudad de los Estados Unidos y se acercaron a las ideas de Milton Friedman, las que luego trajeron a nuestro país para alentar un debate necesario. Juan Carlos de Pablo cuenta en este capítulo quienes fueron las personas y las instituciones responsables de crear cierto monetarismo argentino, ideas necesarias para encontrar respuestas al problema de la inflación.

La Economía Social de Mercado y la Doctrina Social de la Iglesia: En esta historia por supuesto que la Iglesia también recibió influencia de ideas foráneas, y en este capítulo Marcelo Resico muestra el impacto de ciertas ideas ordoliberales, que tuvieron éxito -entre otros- en el milagro alemán de posguerra, y que pueden ayudar a resolver ciertos dicotomías entre liberales y keynesianos. Röpke, Einaudi, Rueff, Erhard son posiblemente un puente entre Keynes y Hayek, una respuesta a esa grieta de ideas económicas que prevalece aun hoy en Argentina.

Un renovado interés por las instituciones: Si la economía en la primera mitad del siglo XX se transformó hacia cierto mecanicismo matemático, lejos del enfoque multidisciplinar que tenían los trabajos clásicos, en las últimas décadas parece ocurrir cierto renovado interés por la economía institucional. Martín Krause nos cuenta cómo las ideas de James M. Buchanan, Ronald Coase y Douglass North, entre otras, llegan a nuestro país y empiezan a generar interés en los economistas locales.Este es un libro plural, y hemos pretendido darle voz a los distintos economistas influidos por distintas corrientes de pensamiento. Se trata de un intento por rastrear las fuentes de nuestro pensamiento económico, tan heterogéneo como podrá ver el lector en los medios, pero al mismo tiempo, tan actualizado respecto de los procesos iniciados en otros continentes. El debate de ideas es el precedente del orden económico institucional que puede ayudar a la Argentina a encontrar respuestas a sus problemas. Este libro pretende iniciar una búsqueda y un diálogo entre quienes se han formado con diversas influencias de pensamiento económico.

Adrián Ravier es Doctor en Economía por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. El libro de referencia se titula «Raíces del pensamiento económico argentino», y fue publicado por el Grupo Unión, en Buenos Aires, en diciembre de 2021. Han participado de este libro los historiadores económicos Ricardo Manuel Rojas, Ricardo López Gottig y Alejandro Gómez, y los economistas Alberto Benegas Lynch (h), Juan Carlos de Pablo, Saúl Keifman, Luis Blaum, Daniel Heymann, Marcelo Resico y Martín Krause. 

Aquí la nota completa. Infobae, 1 de enero de 2022.