Acerca de Adrián Ravier

Adrian Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y Profesor en la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín.

Voces sobre la actualidad macroeconómica argentina – Inscríbete a la presentación de Juan Carlos De Pablo este miércoles 11/11 a las 18 hs

La Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de la Universidad Nacional de La Pampa (UNLPam), invita a un ciclo de conferencias virtuales sobre la actualidad macroeconómica argentina que inició el jueves 24 de septiembre y cierra este miércoles 11 de noviembre. Será abierto a toda la comunidad y transmitido a través de la plataforma de zoom. Para acceder a ella, se deberá ingresar al siguiente enlace.

La propuesta tiene como objetivo aportar distintas miradas sobre la temática, pensar escenarios a futuros y enriquecer el debate a través de la mirada de especialistas con distintas trayectorias y diversos perfiles académicos. Los disertantes han sido Rolando Astarita, Eduardo R Conesa, Daniel Heyman y cierra este miércoles con Juan Carlos de Pablo.

Juan Carlos De Pablo nació el 25/11/1943. Estudió en la Universidad Catòlica Argentina entre 1960 y 1964 y luego continuó con su formación en Harvrad. Es doctor honoris causa en la UCEMA.

Es consultor económico y columnista del diario La Nación. 

Aquí puede acceder al formulario de inscripción.

¿Chile se suicida? – por Alberto Benegas Lynch (h)

Nuestros hermanos chilenos vienen en problemas de un tiempo a esta parte lo cual desembocó en el referéndum para modificar el marco institucional supremo: la Carta Magna. Antes he escrito sobre lo que sigue pero ahora revive a raíz de los últimos acontecimientos. En las presentes circunstancias, estimo de gran importancia distinguir aspectos de la rebelión del 11 de septiembre de 1973 en Chile. En primer término, la justificación al derecho de resistencia tan caro a las tradiciones liberales, contemporáneamente desde Sidney y Locke, a la Declaración de la Independencia estadounidense que enfatiza que si cualquier forma de gobierno atenta contra las libertades de las personas, “está en el derecho de la gente alterarlo o abolirlo e instituir un nuevo gobierno”. Lo mismo había ocurrido en Inglaterra con la sublevación contra Jacobo II y, posteriormente, contra el despotismo español en Sudamérica, la invasión aliada contra Hitler o la sublevación de Castro contra Batista (aunque este último contragolpe resultara mucho peor que los golpes del régimen anterior a las instituciones republicanas).

Salvador Allende ganó las elecciones con el 36.2% de los votos, esto es, 1.3% más que el segundo candidato, Jorge Alessandri. Como no obtuvo la mayoría necesaria, la Democracia Cristiana, como tercera fuerza, le otorgó el apoyo en el Congreso, al primero. Recordemos que como han destacado los Giovanni Sartori de nuestra época, la esencia de la democracia radica en el respeto a los derechos. En este sentido ha consignado Benjamin Constant que “la voluntad de todo un pueblo no puede hacer justo lo que es injusto” y Juan González Calderón ha señalado que “los demócratas de los números ni de números saben pues se basan en dos ecuaciones falsas: 50%+1%=100% y 50%-1%=0%.”

Una vez en el poder, Allende estableció relaciones diplomáticas con Cuba, Alemania Oriental, Corea del Norte y Vietnam del Norte, y anunció su propósito de modificar la Corte de Justicia, ya que juzgaba que adolecía “de parcialidad de clase” y también al Congreso, eliminando su estructura bicameral y amenazó con clausurarlo si continuaba con “su actitud obstruccionista”, a pesar de haber votado la modificación constitucional -con carácter retroactivo- para proceder a expropiaciones masivas de la propiedad privada.

Comenzaron las “tomas” violentas, la inflación fue del 500% en su primer año de gobierno, los controles de precios produjeron faltantes de prácticamente todos los bienes. Además, desórdenes cotidianos que incluían matanzas impunes y un estado de zozobra generalizada, puesta de manifiesto en crecientes marchas multitudinarias opositoras, como la de diciembre 1 de 1971.

El propio Eduardo Frei declaró al diario italiano Corriere della Sera (reproducido en El Mercurio, el 30 de marzo de 1973) que el país era “un carnaval de locura” y que se encaminaba a “un régimen totalitario marxista”. Incluso, en el editorial del New York Times de junio 25 de 1973 se lee que la política de Allende “dominada por su coalición marxista insiste con políticas y tácticas que aceleran la polarización y empujan a Chile al abismo”, todo ratificado en su asidua correspondencia con Fidel Castro y sus conocidas confesiones a Regis Debray.

En este clima de prostitución y degradación de los principios más elementales de la democracia se produjo la sublevación de marras, ampliamente justificada por los espíritus libres. El segundo aspecto que debe distinguirse, sobre el que he escrito reiteradamente, es el a todas luces injustificable e inaceptable manejo de la guerra antisubersiva, dando lugar a la bochornosa y repugnante figura de los desaparecidos con el consecuente rechazo a debidos procesos, en ausencia, incluso, de juicios sumarios y actas con responsables.

Por otra parte, nada ni nadie civilizado, en ninguna circunstancia, puede aceptar la apropiación de dineros públicos para usos personales.

De todas maneras en medio del desbarajuste inaceptable que dejamos consignado el régimen abrió la posibilidad de un llamado a elecciones y también se introdujeron casi de contrabando y a contracorriente del resto de lo realizado algunas ideas que iban a sentar las bases de posibles aperturas que en modo alguno justifican lo dicho más arriba pero que debe tomarse nota pues estas fueron en gran medida ratificadas por gobiernos constitucionales posteriores.

En este cuadro de situación -tal como he señalado antes- de un tiempo a esta parte irrumpe la denominada Revolución Molecular inspirada por autores como Michel Foucault y Jacques Derrida que refuerzan la tesis gramsciana con la adulteración del lenguaje en el contexto de mostrar lo innecesario de liderazgos ya que cada cual opera pertrechado en fuertes convicciones marxistas para proceder en consecuencia.

En este contexto es que se han producido reiterados incendios en sentido literal y figurado en Chile que apuntan a arrasar con la parte buena de las instituciones republicanas como, por ejemplo, el sistema de pensiones que si bien es mejorable en cuanto a que cada uno debe poder usar y disponer el fruto de su trabajo como le venga en gana, constituye un paso adelante salir del quebrado y fraudulento sistema de reparto para ir a la capitalización.

En resumen, aparentemente la mayoría chilena ha decidido suicidarse y dejar de lado los avances hacia una sociedad libre para retroceder a la tribu. Una pena, lo cual no significa que claudiquen las muchas reservas morales del país hermano.

Publicado originalmente en el diario El País, 1 de noviembre de 2020.

¿Frente a cada necesidad nace un derecho? – Por Alberto Benegas Lynch (h)

Una de las mayores incomprensiones respecto a la sociedad libre radica en la noción misma del derecho, que significa la facultad de usar y disponer de lo propio. A todo derecho corresponde una obligación. Si una persona gana diez en el mercado laboral hay la obligación universal de respetarle ese ingreso, pero si ganando lo dicho la persona pretende que el gobierno le asegure veinte y el aparato estatal procede en consecuencia, esto se traduce en que otros deben hacerse cargo por la fuerza de la diferencia lo cual implica una lesión al derecho de esos otros por lo que estamos frente a un pseudoderecho.

Vivimos la era de los pseudoderechos: “derecho a una vivienda digna”, “derecho a vitaminas e hidratos de carbono”, “derecho a un salario adecuado”, “derecho a la recreación” y similares. Son todos pseudoderechos, como queda dicho, no pueden otorgarse sin lesionar derechos de terceros.

En este ámbito se hace necesario insistir en la importancia crucial del derecho de propiedad. Esta institución se torna indispensable al efecto de darle el mejor uso a los siempre escasos recursos disponibles. En las transacciones cotidianas el comerciante que acierta en las preferencias de su prójimo obtiene ganancias y el que yerra incurre en quebrantos. El cuadro de ganancias y pérdidas no es una situación irrevocable, se modifica según se modifique le eficiencia del empresario para atender los deseos de sus congéneres. Desde luego que no nos referimos a los que la juegan de empresarios pero están vinculados al poder de turno para obtener privilegios de diversa naturaleza puesto que explotan a sus semejantes con precios mayores, calidades inferiores o las dos cosas al mismo tiempo.

Como se ha puesto de relieve la intervención en los precios afecta el derecho de propiedad y en el extremo la abolición de la propiedad elimina precios y por ende no hay posibilidad alguna de evaluar proyectos, de llevar registros contables y en general de todo cálculo económico. Como hemos ejemplificado antes, en este contexto no se sabe si conviene construir carreteras con pavimento o con oro puesto que se ha barrido con los únicos indicadores que tiene el mercado para operar y es imposible conocer la mejor variante técnica puesto que es inseparable de su costo lo cual, como decimos, no se conoce si no hay precios de mercado. Sin llegar a este extremo, en la medida en que los aparatos estatales si inmiscuyen con los precios se desdibujan las antedichas señales y por ende se consume capital que es el único factor que permite el incremento de salarios e ingresos en términos reales. En otros términos, afectar el derecho de propiedad empobrece a todos pero muy especialmente a los más necesitados puesto que son los más afectados por el derroche.

Entonces decir que “frente a toda necesidad nace un derecho” no solo es una sandez mayúscula sino que constituye un imposible puesto que las necesidades son ilimitadas y los recursos escasos por lo que no hay de todo para todos todo el tiempo lo cual sería Jauja, situación en la cual no habría precios ya que todo sería gratuito pero no se necesita ser un economista para saber que en la vida nada es gratis, todo tiene un costo.

Para ilustrar la relevancia del derecho de propiedad, hemos puesto antes el ejemplo de lo que ocurría con el ganado vacuno en nuestro continente: quien se topaba con un animal lo achuraba para engullirlo o lo cuereaba y dejaba el resto a las aves de rapiña con lo que se corría el riesgo de la extinción de estos animales hasta que apareció la tecnología más avanzada de la época que consistió primero en la marca y luego el alambrado con lo que los propietarios podían reproducir y defenderse de la extinción. Esto mismo ocurrió con las manadas de elefantes en África: al asignar derechos de propiedad los titulares estaban incentivados a mantener y reproducir y no dejar a la suerte que se ametrallaran en busca de marfil.

La misma Justicia es inseparable del derecho de propiedad puesto que la definición clásica es “dar a cada uno lo suyo” y lo suyo remite a la propiedad y ésta es inseparable del proceso de mercado, es decir, del respeto irrestricto a las transacciones entre propietarios de dinero, bienes y servicios.

Benjamin Constant diferenciaba “la libertad de los modernos” de “la libertad de los antiguos”. En el primer caso la libertad era entendida como una defensa frente al poder y como resguardo de las autonomías individuales, mientras que en el segundo, era más bien la facultad de participar en procesos políticos. En todo caso la clasificación resulta analíticamente de utilidad. La llamada “libertad de los antiguos” puede también concebirse como una gracia concedida por el gobernante a los gobernados y no el reconocimiento de derechos anteriores a la misma existencia del gobierno. La Carta Magna de 1215 se considera como el punto de partida de la teoría constitucional propiamente dicha. Sin embargo es poco conocido que hay antecedentes anteriores, en España. Juan Beneyto reúne documentación y demuestra: “La formulación más antigua de los derechos de libertad tuvo lugar en territorio español. Las leyes leonesas de 1188, que bien pueden llamarse Carta Magna, fijan normas de carácter constitucional un cuarto de siglo antes que en la arrancada a Juan sin Tierra por los ingleses”.

En realidad antes que eso ya existieron los Fueros de León en 1020, de Nágera en 1076, de Toledo en 1085, de Burgos en 1073, de Calatayud en 1120, Zaragoza en 1115 y de Puebla de 1191. Posteriormente al antes mencionado Fuero de León deben destacarse muy especialmente los Fueros de Aragón de 1283. Norberto Gorostiaga explica: “El respeto del Fuero era, por así decirlo, la razón de ser del fuero mismo. El rey le debía obediencia en los mismos términos que sus súbditos. El Fuero tenía el valor de ley suprema y estaba por encima de la voluntad real. Todo lo que el rey hiciera en contra de él carecía de valor y no podía aplicarse”. Carlos López de Haro señala que la función de los fueros fue “impedir que los reyes impusieran su ley”. Segundo V. Linares Quintana citando a Rafael Bielsa señala: “Debe agregarse, finalmente, que el mismo recurso de habeas corpus, cuya ascendencia sajona es considerada casi como un axioma de ciencia constitucional, aparece configurado en el juicio de manifestación, en defensa de la persona oprimida por cualquier autoridad, incluso el juez, que instituía el Fuero de Aragón”. En la misma obra Linares Quintana lo cita a Macaulay quien afirma: “El gobierno de Castilla era en el siglo XV tan libre como en Inglaterra e indudablemente más lo era el de Aragón”.

También es de gran interés destacar el derecho de resistencia o de contragolpe cuando se repiten insoportables golpes a las instituciones republicanas que se encontraba presente en los aludidos fueros antes que lo desarrollara John Locke y toda la tradición de la sociedad libre inserta primero en la Declaración de la Independencia estadounidense y luego replicadas en documentos fundacionales de muy diversos países. En la misma obra, Beneyto subraya que “el régimen de las libertades del súbdito español se encontraban a la cabeza de cualquiera otras análogas tendencias extranjeras”. Afirma Linares Quintana que en las Cortes de León se consagran libertades “que pueden considerarse modelos de principios reconocidos en las constituciones modernas”.

Por su parte, Bruno Leoni destaca la importancia del common law inglés y de procedimientos equivalentes en la República romana antes del Imperio en cuanto a la tendencia de jueces en competencia que con sus fallos reconocían al derecho como un proceso de descubrimiento y no de diseño o ingeniería social.

Hoy día salvo honrosas excepciones en gran medida no egresan de las facultades de derecho abogados (es decir defensores del derecho) sino más bien estudiantes de leyes que pueden recitar el número de la legislación, el año de promulgación, el inciso y el párrafo pero no tienen idea de los mojones o puntos de referencia extramuros de la norma positiva. En este sentido el positivismo legal ha hecho estragos en los sistemas jurídicos.

Por todo esto es que resulta vital prestarle atención primordial a la educación como un proceso abierto y competitivo en el que las instituciones privadas (y no meramente privadas de toda independencia por los así denominados “ministerios de cultura y educación” que mandan sobre estructuras curriculares) hacen de auditorías cruzadas para el logro de la excelencia. Lo contrario, es decir, la politización de las faenas educativas es lo que aconseja el marxista Antonio Gramsci a través de su conocida conclusión: “Tomen la educación y la cultura, el resto se da por añadidura”. Esto ha sido refinado y reforzado por la denominada deconstrucción de autores como Michel Foucault y Jacques Derrida que insisten en transformaciones en el lenguaje para aquellos propósitos. Esta tarea marxista y neomarxista (recordemos que el nombre original de la Escuela de Frankfurt era Instituto Neomarxista) es al efecto de lograr la llamada Revolución Molecular en la que como miles de moléculas dispersas ya no se precisa un líder para coordinar la subversión sino que cada cual dotado de fuertes pertrechos intelectuales marxistas hace su faena disruptiva y luego se disipa. Esa es la explicación de lo que viene ocurriendo en diversos países en distintos grados con distintos logros en la destrucción de lo existente y que tanto sorprende a los incautos.

Por su parte, el derecho es un concepto correlativo a la libertad como ausencia de coacción de otros hombres lo cual se ubica en el contexto de las relaciones sociales y, por tanto, no es pertinente confundirla con otros planos como el biológico y el físico. Esto último es del caso subrayarlo pues en este ámbito, por ejemplo, carece de sentido sostener que “no se es libre de ingerir arsénico sin sufrir las consecuencias” o que “no se es libre de bajarse de un avión en pleno vuelo” y así sucesivamente. Tampoco debe confundirse la libertad con la oportunidad y concluir que “el pobre no es libre pues tiene restringidas sus elecciones”, la miseria es un problema pero no tiene que ver con la libertad del mismo modo que el dolor de espalda puede resultar insoportable pero se encuentra fuera de la órbita de la libertad. Nuestros ancestros que venían de las cuevas o nosotros respecto de eventuales situaciones futuras de descendientes más holgados económicamente no representan menos libertad. Todos tenemos diferentes oportunidades intelectuales, físicas y económicas de lo cual no se desprende que no seamos libres si se respeta nuestras decisiones que no lesionen derechos de otros. Si alguien se está ahogando en el mar, está perdido en el bosque, es derrotado un partido de tenis, es reprobado en un examen o extravía su billetera no tiene por ello restringida su libertad que, como queda dicho, es siempre en el contexto de las relaciones interindividuales, en aquellos casos el sujeto en cuestión estará frente a un problema que puede ser más o menos grave pero si no han sido lesionados sus derechos es una persona libre.

Desafortunadamente viene arrastrándose una corriente por la que gobernantes han convencido a grandes audiencias que es conveniente que unos vivan a costa del fruto del trabajo de otros y así convertir a la sociedad en un círculo nefasto donde muchos tienen metidas las manos en los bolsillos del vecino lo cual -como hemos consignado- se traduce en empobrecimiento generalizado y conflictos permanentes.

En resumen, tomar livianamente el significado del derecho resulta devastador. Actualmente el tronco principal de la tradición recientemente incorporada al mundo latino -aunque de larga data en el mundo anglosajón- ha contribuido grandemente a fortalecer el vínculo entre el derecho y la economía (Law and Economics) y así sacar partida de la rica experiencia interdisciplinaria para la mejor comprensión de los lazos indivisibles entre los marcos institucionales y los procesos de mercado.

El autor es Doctor en Economía y también Doctor en Ciencias de Dirección, preside la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires y miembro de la Academia Nacional de Ciencias Económicas.

Publicado originalmente en Infobae, 31 de octubre de 2020.

Journal of New Finance (JNF), Volume 1, Number 1 and 2, UFM, Madrid.

The Journal of New Finance (JNF) is a peer-reviewed quarterly journal devoted to the publication of world class research across all major areas of finance. The journal targets as an audience both academics and industry practitioners, with a special emphasis for investment managers and risk managers. The JNF is promoted by the Universidad Francisco Marroquin Madrid.

See the Mission Statement for a complete coverage of the journal.

Volume 1, Number 1 (2020)

Articles

Are CoCo Bonds Suitable as Core Capital Instruments?
Kevin Dowd

Hyman Minsky: An Advocate of Big Government
Juan Ramon Rallo

Is Modern Finance Geared Up to Support Financial Regulation?
Massimiliano Neri

Buffett’s Derivatives: Disruptive Financing at Low Cost
Florencia Roca and Juan Carlos Sanchez Meyer

Volume 1, Number 2 (2020)

Articles

Socially Useless? The Crucial Contribution of Finance to Economic Life
Philip Booth and Diego Zuluaga

Saving Active Managers from the Market
Scott Vincent

Friedrich Hayek On Monetary and Banking Systems Reforms
Adrian Ravier

MILGROM Y WILSON, NOBEL EN ECONOMÍA 2020 – por Juan Carlos de Pablo

El premio Nobel en economía, en 2020 fue compartido por Paul Robert Milgrom y Robert Butler Wilson. Ambos norteamericanos, el primero nació en 1948 el segundo en 1937. Los 2 desarrollaron los trabajos por los cuales fueron galardonados, en la Escuela de negocios de la universidad Stanford. “Lo único que lamento es que a Wilson el premio no le haya llegado 20 años antes” (Kreps, 2020).

“Wilson fue el fundador de una línea de investigación que se desarrolló en Stanford y generó la `banda de los 4´. Integrada -además de los 2 galardonados- por Bengt Robert Holmstrom y David Mark Kreps. Este último es el único que hasta ahora no recibió el Nobel. Wilson supervisó las tesis doctorales de Holmstrom y Milgrom… Quedaron fuera del premio, a pesar de sus aportes, R. Preston McAfee y Paul David Klemperer” (Navajas). “Wilson fundó la `escuela de teoría económica vista como ingeniería´” (Kreps, 2020). “Alvin Eliot Roth, otro Nobel en economía, también fue estudiante de Wilson” (Weinschelbaum).

            Nota de color. Además de colegas, Milgrom y Wilson son vecinos. Como los burócratas de la Fundación Nobel no podían localizar al primero de los galardonados, Wilson fue hasta su departamento y le tocó el timbre, para enterarlo de la buena nueva. Es de imaginar el susto que se habrá pegado Milgrom, porque en Stanford era de madrugada.

            ¿Por qué el Nobel a ellos? “Por haber mejorado la teoría de las subastas e inventar nuevas formas de subastas… Durante 5 décadas los laureados han generado investigaciones que profundizaron la comprensión de cómo funcionan los mercados que utilizan las subastas, en presencia de información privada. Sus hallazgos les permitieron a los analistas entrenados, diseñar nuevos mecanismos de subastas, y a los encargados de utilizarlas, elegir la mejor entre las existentes. Milgrom y Wilson unieron la teoría y la práctica, como pocos lo han logrado. En una palabra, sus investigaciones sobre la teoría y el diseño de las subastas sirvió para reemplazar de manera gradual, un proceso de prueba y error intuitivo, por un enfoque con mayor base científica” (Comité Nobel, 2020).

“Hemos aprendido que la maximización de las ganancias del intercambio tiene más que ver con la información y los incentivos que tienen los participantes, que con la intersección de las curvas de oferta y demanda; pero la teorización académica ha sido menor en comparación con el involucramiento ingenieril usando el conocimiento de la tecnología y las prácticas de las empresas. La familiaridad con las preocupaciones de los participantes es necesaria si uno quiere ayudar a mejorar los resultados. El profundo involucramiento descubre facetas claves, imposibles de anticipar a partir de análisis abstractos de los mercados” (Wilson, en R & W, 2019).

“Las subastas tienen hoy una importancia mucho mayor que en cualquier momento del pasado… Estamos delante de un nuevo ejemplo de serendipidad en la ciencia: importantes descubrimientos realizados por mentes curiosas, generaron aplicaciones prácticas no anticipadas” (Comité Nobel, 2020).

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“Cuando, en 1960, era estudiante de administración de empresas, me reprobaron una monografía que escribí sobre cómo ofertar en una subasta, por considerárselo un análisis `que no tenía nada de gerencial’” (Wilson, en R & W, 2019). “Las subastas no son juegos de suma cero, por lo cual recién pudieron ser analizados luego del aporte de John Forbes Nash, sobre juegos no cooperativos” (Comité Nobel, 2020).

“Hasta comienzos de la década de 1990 el análisis se circunscribía a la subasta de objetos únicos. Pero los casos del espectro de frecuencias de radio, electricidad, emisión de títulos, etc., obligó a diseñar nuevas formas de subastas. El ejemplo más famoso fue el del espectro radial, demandado en 1994 por la Comisión de Comunicaciones de Estados Unidos” (Comité Nobel, 2020).

“A comienzos de la década de 1990 la explosión de la demanda por comunicación móvil, hizo que el gobierno federal de Estados Unidos utilizara subastas para asignar el espectro de ondas radiales. Antes se las asignaba de manera administrativa, o por sorteo… De la noche a la mañana esto transformó el análisis, de una ocupación esotérica a una actividad relevante” (Comité Nobel, 2020).

“La pionera teoría de las subastas identificó 4 variantes: la subasta holandesa, la inglesa, el mejor postor paga lo que ofreció y el mejor postor paga la segunda mejor oferta. El más utilizado es el remate inglés” (Comité Nobel, 2020), porque “tiene una serie de ventajas prácticas. Una desventaja es la facilidad con la cual genera acuerdos entre los ofertantes” (Milgrom, 1989).

Digresión. La guinea es una moneda de cuenta, es decir, que no existe físicamente (como el derecho especial de giro, la utilizada por el Fondo Monetario Internacional). Equivale a una libra esterlina más 5% o 10%. Se utiliza en las subastas. Comprador y vendedor se refieren al mismo número, pero se entiende que el comprador pagará “en guineas”, el vendedor cobrará “en libras esterlinas”, y el rematador se quedará con la diferencia, su comisión.

 “Friedman -Lawrence, no Milton- (1956) fue pionero en el estudio de las ofertas competitivas. Sus recomendaciones se basaron en 2 supuestos importantes: 1) la oferta de cada ofertante es independiente de las de los demás, y su distribución podría ser estimada en base a la historia (supuesto de independencia); y 2) cada ofertante conoce el costo del cumplimiento del contrato en el que quiere participar (supuesto de valor privado)” (Milgrom, 1989).

“Wilson (1969) fue crucial para replantear la teoría, cuando cada ofertante puede querer revisar su oferta, en base a la estimación que realiza de las ofertas de los restantes participantes. Este esquema es conocido como el modelo de los derechos minerales. El trabajo mostró que quien gana la subasta sobreestima el verdadero valor de lo subastado, porque es el más optimista de los pronosticadores. Esto es lo que se denomina la maldición del ganador” (Comité Nobel, 2020). “Observación crucial: aunque cada oferta individual no sea sesgada, la menor tiene un sesgo hacia abajo. Esta es la maldición del ganador. Quienes pierden en una licitación, generalmente sobreestiman sus costos; quienes las ganan los subestiman. Todo esto fue analizado de manera magnifica por Vickrey (1961)” (Milgrom, 1989).

“El caso de los valores privados independientes, y el de los valores compartidos puros, son situaciones especiales límites. En la práctica muchas subastas de objetos únicos combinan ambos elementos. Milgrom (1981) analizó estos casos híbridos” (Comité Nobel, 2020).

“Milgrom y Weber (1982) fundamentan la práctica de proveerle a los potenciales ofertantes, de evaluaciones realizadas por expertos, antes de que comiencen las subastas, como certificados de autenticidad, informes de inspectores, e investigaciones geológicas” (Comité Nobel, 2020).

“En los últimos tiempos las subastas se han utilizado para vender múltiples objetos al mismo tiempo. Ejemplos: deuda pública o concesiones eléctricas… En casos como estos, las ofertas equivalen a funciones de demanda… Comparando con el caso de subastas de objetos únicos, los ofertantes ahora tienen un incentivo a `disimular’ las ofertas, por debajo de su verdadero valor; además de que pueden coordinar las ofertas” (Comité Nobel, 2020).

            “No existe una bala de plata en el diseño de subastas, relevante para cualquier contexto o detalles de cada uno de los mercados… El desafío no es trivial, porque decidir exclusivamente en base al ingreso para el Estado puede privilegiar el corto plazo y generar un mercado monopólico” (Comité Nobel, 2020).

“Milgrom y Weber (1982) introdujeron el concepto de afiliación, para capturar la idea de que a medida que aumenta el valor estimado por un ofertante, espera que los otros también lo aumenten; y esto es algo más que correlación” (Milgrom, 1989).

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            Edgardo Zablotsky enseña microeconomía, en el primer año de la carrera de grado en la UCEMA. Un par de semanas antes de que se conocieran los galardonados con el premio Nobel 2020, invitó a sus alumnos a que escribieran monografías, investigando a probables candidatos. Una de ellas, Lourdes Matheou, eligió a Milgrom. No solamente se ocupó de su obra, sino que se contactó con él para entrevistarlo. A lo cual don Paul accedió con gusto.

Felicitaciones a Zablotsky por la iniciativa, a Matheou por la fuerza y creatividad, y a Milgrom, porque mostró que es un “grande”. Porque un grande siempre encuentra un minuto para hablar con un alumno inquieto.

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Actualizando las estadísticas. Entre 1969 (primer año que se otorgó) y 2019 86 personas obtuvieron el Nobel en economía. 25 de ellas de manera individual; 40 en grupos de 2 y 21 en grupos de 3. 82 varones, 2 mujeres.

En el momento de ser galardonados, en promedio tenían 67 años de edad. Hurwicz tiene el récord máximo, porque lo recibió cuando tenía 90 años –Shapley se le acercó mucho, ya que lo recibió a los 89 años-; Arrow, galardonado en 1972, fue el “Benjamín” del grupo hasta 2018 inclusive, porque se lo otorgaron cuando tenía 51 años; pero en 2019 fue desplazado por Duflo, quien cuando lo obtuvo todavía no había cumplido 47 años. 43 de los 84 premiados fallecieron. Solow, nacido en 1924, es el más viejo de los que viven.

En promedio, vivieron 16,3 años luego de haber recibido el galardón. Encabeza la tabla Arrow, quien vivió 45 años, seguido por Samuelson, quien vivió 39 años. Vickrey, en el otro extremo, murió pocos días después de que se lo otorgaran, y por consiguiente no pudo pronunciar la conferencia Nobel.

1943 fue el año en que nacieron más premios Nobel en economía: 4 (Kydland, Sargent, Spence y Stiglitz); 2013 aquel en que fallecieron más galardonados: 4 (Buchanan, Coase, Fogel y Klein).

49 de los 86 galardonados nacieron en Estados Unidos (57% del total) y 20 en otros países, pero migraron y desarrollaron su carrera profesional en dicho país (sumados, equivalen a 80% del total). Los 17 restantes nacieron 3 en Inglaterra, 2 cada uno en Alemania, Francia, Noruega y Suecia, y uno cada uno en Escocia, Holanda, Chipre, India, Indias Occidentales y Rusia.

Comité Nobel (2020): Scientific background, 12 de octubre.

Friedman, L. (1956): “A competitive bidding strategy”, Operations research, 4.

Kreps, D. M. (2020): “David Kreps lauds 2020 Nobel laureate Robert Wilson”, Stanford business, 12 de octubre.

Milgrom, P. R. (1981): “Rational expectations, information acquisition, and competitive bidding”, Econometrica, 49.

Milgrom, P. R. (1989): “Auctions and bidding: a premier”, Journal of economic perspectives, 3, 3, verano.

Milgrom, P. R. y Weber, R. J. (1982): “A theory of auctions and competitive bidding”, Econometrica, 50.

Roth, A. E. y Wilson, R. B. (2019): “How markets design emerged from game theory: a mutual interview”, Journal of economic perspectives, verano.

Vickrey, W. S. (1961): “Counterspeculation, auctions and competitive sealed tenders”, Journal of finance, 16, 1.

Wilson, R. B. (1969): “Competitive bidding with disparate information”, Management science, 13.

Publicado originalmente en CONTEXTO; Entrega N° 1.628; Octubre 19, 2020.

Un lenguaje inclusivo que divide – por Alberto Benegas Lynch (h)

Los diccionarios son libros de historia que mutan con el tiempo según sean las utilizaciones del lenguaje, un instrumento esencial en primer término para pensar y en segundo lugar para la comunicación. Como se ha consignado en el prefacio a la obra del célebre profesor de la Universidad de París Joseph Vendryes titulada El lenguaje. Introducción lingüística a la historia, el lenguaje marca “el fin de la historia zoológica y el principio de la historia humana”. También el extraordinario lingüista Noam Chomsky (tan lejos de la tradición de pensamiento liberal) que “la lengua constituye una manifestación clave de la mente distinta de la estructura material del hombre” y Michael Polanyi, el gran profesor de la Universidad de Oxford, destaca que “la era pre-verbal estaba rodeada de una gran oscuridad”.

Como ha señalado Mario Vargas Llosa “el lenguaje inclusivo es una aberración” y Arturo Pérez-Reverte concluye que “el lenguaje inclusivo es una estupidez”. Esto por forzar las cosas, desnaturalizar el lenguaje y pretender la imposición de un discurso a contramano de los usos corrientes. Incluso hay gobernantes que se han dirigido a sus audiencias como “millones y millonas”, como “miembros y miembras” como “portavoces” y “portavosas” y demás dislates. En este curioso y primitivo lenguaje solo falta que se sustituya el no por na o ne “para no ser machista” o la sandez de referirse a la delincuenta, la narcotraficanta y para no ofender a los varones aludir al poeto. También Ricardo Güiraldes debió hacer figurar a su conocido personaje como Segunde Sombre y, en esta misma línea argumental referirse a los “gauches” y nuestro himno, entre otras cosas, debería incluir “el grite sagrade”. Y antes que nada la parla debiera ser “lenguaje inclusive” para eventualmente “evitar cierta reminiscencia machista”.

Hay por una parte el principio de economía del lenguaje para no extenderse innecesariamente, por ejemplo, en “los y las estudiantes” y equivalentes que revelan un gusto desmedido por las redundancias. Por otra parte, hay sustantivos que indican sexo (perro/perra) y otros que no lo indican (periodista, persona). Muchas palabras terminan en la letra a que son asexuadas (alegría, día, dogma, silla, casa,) y otros de la misma naturaleza que terminan en la letra o (cuaderno, libido, mano, odio, puerto).

El lenguaje inclusivo como parte de lo “políticamente correcto” desconoce la gramática como estructuras de la lengua, la semántica como significados, la sintaxis como formas de combinar palabras y hasta la fonética debido a sonidos inapropiados en el uso de los términos y a veces la misma prosodia puesto que la puntuación suele ser incorrecta en estos textos.

El concepto clave en la genuina inclusión es el respeto lo cual constituye precisamente el alma del liberalismo, sin embargo, aparentemente los que pretenden imponer el llamado lenguaje inclusivo excluyen malamente a los que no adhieren y revelan visos autoritarios. Hasta la irrupción de esta moda el lenguaje incluía a todos pero hoy divide.

Lo que les ocurre a quienes insisten en el denominado lenguaje inclusivo es que, por un lado y fuera ya del lenguaje, no comprenden lo que implica la discriminación y, por otro, no entienden el valioso feminismo original. He escrito sobre ambos conceptos pero se hace necesario reiterar aunque más no sea de un modo resumido y telegráfico sobre las dos expresiones.

Según el diccionario, discriminar quiere decir diferenciar y discernir. No hay acción humana que no discrimine: la comida que elegimos engullir, los amigos con que compartiremos reuniones, el periódico que leemos, la asociación a la que pertenecemos, las librerías que visitamos, la marca del automóvil que usamos, el tipo de casa en la que habitamos, con quién contraemos nupcias, a qué universidad asistimos, con qué jabón nos lavamos las manos, qué trabajo nos atrae más, quiénes serán nuestros socios, a qué religión adherimos (o a ninguna), qué arreglos contractuales aprobamos y qué mermelada les ponemos a las tostadas. Sin discriminación no hay acción posible. El que es indiferente no actúa. Entonces la acción es preferencia, elección, diferenciación, discernimiento y, por ende, implica discriminar.

Esto debe ser nítidamente separado de la pretensión, a todas luces descabellada, de intentar el establecimiento de derechos distintos por parte del aparato estatal, que, precisamente, existe para velar por los derechos y para garantizarlos. Esta discriminación ilegítima echa por tierra la posibilidad de que cada uno maneje su vida y hacienda como le parezca adecuado, es decir, bloquea las posibilidades de que cada uno discrimine acerca de sus preferencias, lo cual debe ser respetado en una sociedad libre, siempre que no se lesionen iguales derechos de terceros. La igualdad ante la ley resulta crucial, concepto íntimamente atado a la justicia, es decir, a la propiedad, del propio cuerpo, a sus pensamientos y a sus pertenencias, en otras palabras, el “dar a cada uno lo suyo”.

Curiosamente se han invertido los papeles: se alienta la discriminación estatal con lo que no les pertenece a los gobiernos y se combate y condena la discriminación que cada uno hace con sus pertenencias. Menudo problema en el que estamos por este camino de la sinrazón, en el contexto de una libertad hoy siempre menguante.

Por otra parte, en nombre de la novel “acción positiva” (affirmative action), impone cuotas compulsivas en centros académicos y lugares de trabajo “para equilibrar los distintos componentes de la sociedad”, al efecto de obligar a que se incorporen ciertas proporciones, por ejemplo, de asiáticos, lesbianas, gordos y budistas. Esta imposición naturalmente afecta de forma negativa la excelencia académica y la calidad laboral, ya que deben seleccionarse candidatos por razones distintas a la competencia profesional, lo cual deteriora la productividad conjunta, que, a su vez, incide en el nivel de vida de toda la población, muy especialmente de los más necesitados, cuyo deterioro en los salarios repercute de modo más contundente dada su precariedad.

Por todo esto es que resulta necesario insistir una vez más en que el precepto medular de una sociedad abierta que la igualdad de derechos es ante la ley y no mediante ella, puesto que esto último significa la liquidación del derecho, es decir, la manipulación del aparato estatal para forzar pseudoderechos que siempre significa la invasión de derechos de otros, quienes, consecuentemente, se ven obligados a financiar las pretensiones de aquellos que consideran que les pertenece el fruto del trabajo ajeno.

Vivimos la era de los pre-juicios, es decir el emitir juicios sobre algo antes de conocerlo: la fobia a la discriminación de cada uno en sus asuntos personales y el apoyo incondicional a la discriminación de derechos por parte del Leviatán es, en gran medida, el resultado de la envidia, esto es, el mirar con malevolencia el bienestar ajeno, no el deseo de emular al mejor, sino que apunta a la destrucción del que sobresale por sus capacidades atacando el mérito.

Vivimos en una era en la que se discrimina lo que no debería discriminarse y no se permite discriminar lo que debe discriminarse. Por cierto, una confusión muy peligrosa. Respecto al feminismo moderno tan adicto al lenguaje inclusivo, reitero que hay dos tipos de feminismos. Uno consistente con la tradición de pensamiento liberal y su eje central de respeto recíproco; el otro, la emprende contra los derechos de las personas.

Con toda razón nos repugna y alarma la idea de la esclavitud. Nos resulta difícil aceptar que se pudiera implantar esa institución a todas luces espantosa, pero a veces se pasa por alto la esclavitud encubierta de la mujer en la época del cavernario machismo. Entristece la situación de un ser femenino que tuviera alguna ambición más allá de copular, internarse en la cocina y zurcir.

Imaginemos más contemporáneamente a la extraordinaria Sophie Scholl, objeto de burla por ser mujer y por señalar a los asesinatos del nazismo en una notable demostración de coraje al distribuir material sobre la libertad en medios universitarios del nacionalsocialismo (fue condenada a muerte, sentencia ejecutada de inmediato para que no dar lugar a defensa alguna).

Más cerca aún en el tiempo, imaginemos a la intrépida periodista Anna Politkovskaya, también vilipendiada por ser mujer y asesinada en un ascensor por denunciar la corrupción, los fraudes y el espíritu mafioso de la Rusia actual.

Pero sin llegar a estos actos de arrojo y valentía extremos, la mujer común fue tratada durante décadas y décadas como un animalito que debía ser dúctil frente a los caprichos y los desplantes de su marido, sus hermanos y todos los hombres que la rodearan. Muchas han sido vidas desperdiciadas y ultrajadas que no debían estudiar ni educarse en nada relevante para poder hundirlas más en el fango de la total indiferencia, embretadas en una rutina indigna que solamente resistían los espíritus serviles. En otro plano, debe subrayarse de modo enfático el horror de la cobardía criminal más espeluznante y canallesca de abusos y violaciones.

En realidad, dejando de lado estas últimas acciones delictivas y volviendo al denominado machismo, en algunos casos todavía se notan vestigios de trogloditas a los que no hay más que mirarles los rostros cuando hace uso de la palabra una mujer sobre temas que consideran privativos del sexo masculino. Todavía en algunas reuniones sociales se separan los sexos en ambientes distintos: unos para reflexionar sobre “temas importantes” y otro para hablar de pañales y equivalentes. Hay todavía maridos que no parecen percatarse de las inmensas ventajas que le reporta el intercambiar opiniones con sus cónyuges formado un equipo para hacer frente a todos los avatares y los andariveles de la vida. Los acomplejados sienten que pierden posiciones o son descolocados si se les diera rienda suelta a las deliberaciones del sexo femenino. En verdad son infradotados que únicamente pueden destacarse amordazando a otras.

Lo dicho para nada subestima al ama de casa, cuya misión central es nada menos que la formación de las almas de sus hijos, por cierto una tarea mucho más significativa y trascendente que la de comprar barato y vender caro, es decir, el arbitraje a que usualmente se dedican los maridos como si se tratara del descubrimiento de la piedra filosofal, en lugar de comprender que se trata de un mero medio para, precisamente, formarse y formar a sus descendientes.

La pionera en el feminismo o, en otros términos, la liberación de la mujer de la antedicha esclavitud encubierta fue Mary Wollstonecraft, una extraordinaria precursora que escribió, en 1792, A Vindication of the Rights of Women, libro en el que se leen párrafos del tenor del siguiente: “¿Quién ha decretado que el hombre es el único juez cuando la mujer comparte con él el don de la razón? Este es el tipo de argumentación que utilizan los tiranos pusilánimes de toda especie”.

Pensemos en lo que significaba escribir y publicar en esa época en medio de la más enfática condena social. A esta línea reivindicatoria adhirieron muchas figuras de muy diversa persuasión intelectual, desde las liberales Isabel Paterson, Rose Wilder Lane, Voltarine de Cleyre y Suzanne LaFollette. Destaco también el caso de Virginia Woolf, que sostenía: “No hay barrera, cerradura ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente”.

En todo caso, esfuerzos en diversas direcciones para que se reconozca un lugar digno a las mujeres se desperdician malamente a través del inaudito “feminismo moderno”, integrado en su mayor parte por militantes resentidas, generalmente abortistas y a veces golpeadoras (como lo ocurrido en una marcha feminista en Buenos Aires con muchachos que pretendían limpiar la Catedral de inscripciones obscenas). Estas mujeres confunden autonomías individuales con la imposición de esperpentos de diversa naturaleza y cuotas en instituciones académicas y en lugares de trabajo que, como queda dicho, degradan a la mujer. La tontera ha llegado a extremos tales que se ha propuesto que la asignatura history se denomine herstory, y otras sandeces por el estilo que convierten el genérico en una afrenta, contexto en el que las nuevas feministas además consideran la función maternal como algo reprobable e indigno.

Comenzó esta tradición nefasta Anna Doyle Wheeler, quien estaba muy influenciada por Saint-Simon y mucho más adelante siguieron Clara Fraser, Emma Goldman, Donna Haraway y Sylvia Walburg, quienes aplicaron la tesis marxista de la opresión a las reivindicaciones feministas y sostienen que la propiedad privada constituye una institución que debe abolirse.

Carlos Grané, en El puño invisible, denuncia un pretendido feminismo encajado de contrabando en el arte. En este sentido escribe que “la filósofa” Luce Irigaray escribe que “La ecuación de Einstein de e = m.c2 [la energía es igual a la masa por la velocidad de la luz al cuadrado] es machista. ¿La razón? en jerga feminista significa que la ecuación de Einstein fomenta la lógica del más rápido, lo cual responde a un típico prejuicio machista”.

Se trata de “individuas” dirían las del lenguaje inclusivo pero que son vacías interiormente, con complejo de inferioridad y espíritu totalitario. Este es el contexto en el que Nati Mistral afirmó: “Soy antifeminista porque soy muy femenina”. En resumen, como anotamos al abrir esta nota, el lenguaje sirve principalmente para pensar y luego para transmitir nuestros pensamientos por lo que fabricaciones fantasiosas impiden el adecuado pensamiento y la comunicación. No me extrañaría que si esto sigue su curso se sustituirá una de las falacias más estudiadas en lógica desde tiempo inmemorial por alguna curiosidad gramatical: me refiero a la falacia ad hominem.

Publicado originalmente en Infobae, 24 de octubre de 2020.

Es falso que el Blue no refleje necesariamente la realidad argentina (Informe de la Fundación Libertad y Progreso)

En los años previos a la hiperinflación del 89’ los valores de brecha cambiaria fueron muy superiores a los actuales

El Ministro de Economía dijo que el dólar paralelo informal no reflejaba la realidad de la Argentina. Es posible que no sea la realidad que él considera; pero su percepción es muy distinta a la de los argentinos que hoy huyen del peso ante un Banco Central (BCRA) que no cesa de financiar al gobierno, que además le quita poder adquisitivo a la moneda en la cual cobran su sueldo y que en este momento tiene en su bolsillo.

Cuando se hacen comparaciones históricas del dólar Blue, ¿quién decide cuál es el momento pasado que tenía la misma combinación de riesgo país, aumento de la oferta y caída de la demanda de pesos? De hecho, como se observa en el gráfico que se acompaña, en los ´80s, antes y durante las hiperinflaciones se observan valores de Blue que “inflacionados” (o sea, sumándole la inflación para traerlos a valores actuales) son similares o más altos que los actuales.

Cabe recordar que los gobiernos de entonces no cesaban de gastar de más y no contaban con financiamiento; por lo que lo hacían mayormente con recursos del BCRA, reservas e impuesto inflacionario. Llegó un momento en que la gente se hartó de que les quitaran poder adquisitivo a sus ahorros en pesos y dejó de demandar la moneda nacional; lo cual derivó en la hiperinflación de 1989.

Aldo Abram, Director Ejecutivo en la Fundación Libertad y Progreso indica que “Un riesgo país de más de 1.400 puntos porcentuales es una señal de que los nuevos bonos emitidos para el reciente canje de deuda serán reestructurados en el mediano plazo y con una quita tan importante como la que ya tuvieron. Mientras que los valores actuales de los dólares paralelos están reflejando el enorme riesgo de quedarse en una moneda que va rumbo a depreciarse fuertemente en un contexto de crisis. O sea, no hay nada incoherente en las cotizaciones de los mercados argentinos. El problema es que descuentan que el actual gobierno seguirá con el actual rumbo económico; por eso el valor de nuestra moneda y de los activos argentinos señalan una buena probabilidad de una crisis en el corto o mediano plazo”.

El Director de LyP agregó: “Sería una muy mala noticia que el Ministro Guzmán y el actual gobierno no interpreten el mensaje que les está dando el mercado. Entiendo que intenten explicarle a quienes operan en ellos que consideran que están equivocados. Sin embargo, cuando hay una enorme cantidad de gente opina distinto y que podría perder mucha plata si estuvieran errados, sería necio no evaluar qué posibilidad hay de que tengan razón. Eso permitiría buscar las soluciones adecuadas”.

El economista en jefe de la Fundación, Iván Cachanosky, aclaró “Es posible que algunas de las medidas que toman traigan alguna tranquilidad coyuntural, pero sólo permitirán ganar tiempo. La única forma de evitar llegar a una crisis es resolver los problemas de fondo de la Argentina y avanzar en las reformas estructurales que hace décadas están pendientes”.

En la web de la Fundación se encuentran las propuestas de reformas del Estado, tributaria, federalismo fiscal, desregulación y laboral que hay que realizar. https://www.libertadyprogreso.org/politicas-publicas/ 

Cómo unir fuerzas ante la amenaza a las libertades – Por Alberto Benegas Lynch (h)

Se necesita la suficiente cintura política para no dejar que otra vez se escape el tren; en esto, los empecinamientos son inconducentes.

He insistido en reiteradas oportunidades que dado el inmenso peligro que presenta el chavismo autóctono, se hace imperioso unir todas las fuerzas que se oponen a semejante amenaza al efecto de salvarnos del hundimiento total.

En este sentido, apunté la actitud valerosa de votantes que apoyaron a la actual oposición como un grito desesperado para preservar valores básicos como la libertad de prensa y la independencia de lo que queda en pie de la Justicia y no como señal de apoyo a la fallida gestión anterior cuyo balance neto se tradujo en continuar con deudas colosales, impuestos insoportables, inflaciones astronómicas para financiar un aparato estatal elefantiásico en el contexto de un régimen laboral fascista en medio de regulaciones asfixiantes.

Como también he reiterado, para lograr el antedicho objetivo de unidad es preciso contar con una acción doble: por una parte, la renovación de los responsables directos de quienes estuvieron en la primera línea de la administración anterior y sustituirla por otros miembros de la misma coalición y simultáneamente que tenga lugar una clara invitación de las autoridades de esa oposición a quienes enfáticamente adhieren a los principios esbozados por Juan Bautista Alberdi y que aplicados permitieron que en su época nuestro país se ubique a la vanguardia de las naciones civilizadas. Por otra parte, la necesaria receptividad de esos alberdianos para incorporarse a la oposición que hoy cuenta con una representatividad de peso en ambas Cámaras en el Congreso de la Nación.

Este cuadro de situación nos daría más tiempo a quienes nos dedicamos al trabajo docente en el contexto de la imprescindible batalla cultural, es decir, la filosofía del respeto recíproco.

Observamos que algunos distinguidos integrantes de la actual oposición se pronuncian sobre la necesidad de defender marcos institucionales republicanos en términos generales lo cual es muy meritorio pero no puede borrar el intento del gobierno anterior de designar dos miembros de la Corte por decreto ni el otorgamiento de obras sociales a los piqueteros como tales por lo que a esta altura la situación demanda un discurso más directo y es que se precise que la Justicia significa “dar a cada uno lo suyo” y lo suyo remite a la propiedad que a su vez es inseparable de los mercados abiertos, es decir, la consideración por las transacciones de lo que pertenece a cada cual, un esqueleto que está bloqueado por el astronómico gasto público que arrastramos. Y también nos percatamos que otros ponen de manifiesto ciertos empecinamientos en mantener el discurso deshilachado cuando estaban en el gobierno sin rectificaciones en cuanto a las alabanzas de las mal llamadas empresas estatales, las desviadas consideraciones sobre el intervencionismo y equivalentes en cuanto a las referidas facetas de los estragos galopantes que nos vienen consumiendo y que precisamente han cavado la fosa del gobierno anterior cuando tuvo la oportunidad de revertir décadas de nuestra decadencia superlativa. Ahora, entre otros dislates, la oposición votó la mil veces fracasada ley de alquileres. No hay más que recorrer unos pocos archivos para constatar las declaraciones inauditas e inaceptables de algunos capitostes de la gestión anterior.

Si esta doble tracción no se produjera -como también destaqué en distintas ocasiones- estaremos facilitando una nueva victoria del espíritu autoritario, lo cual para nada justifica que algunos de los que proponen nuevos espacios coloquen en pie de igualdad al actual gobierno con el anterior puesto que se trata de personas y concepciones muy diferentes. En cualquier caso, si esta avenida de doble mano no se explora con la urgencia que requiere el caso, festejarán la división los que hoy operan en el actual gobierno pero los aludidos liberales se verán obligados a dejar testimonio con un nuevo espacio político, seguros de haber hecho todo lo posible para una unidad que en este escenario habrá resultado una quimera. En este caso los liberales de ese nuevo espacio habrán tenido razón de independizarse por más que la fragmentación conduzca al despeñadero.

Aun se está a tiempo de tomar el toro por las astas y dar batalla unidos, por más que naturalmente existan diversas perspectivas en juego en un gran frente electoral pero todas opuestas a un manotazo grosero del Leviatán, por ejemplo, en la esperanza de que algunos miembros de esta nueva oposición en ejercicio retomen los valores del jeffersoniano Leandro Alem.

El multitudinario banderazo del 12 de octubre puso de manifiesto una vez más el deseo de numerosas personas de unión en la defensa de valores republicanos y por ende poner fin al embate a las libertades individuales y al atropello a la división de poderes. Es importante no decepcionarlas con fraccionamientos estériles y no se diga que finalmente todos los opositores tejerán una coalición pues la constitución de un nuevo partido naturalmente opera en base a críticas a lo existente, de lo contrario la instalación de lo novedoso carece de razón de ser.

Ya se sabe que en una agrupación como la sugerida habrá distintas opiniones lo cual se traduce en acuerdos y desacuerdos pero esa es la diferencia de la acción política con el mundo académico donde los intercambios exigen no ceder ante nada distinto a la propia convicción lo cual en política significaría el fin del político que inexorablemente debe fabricar arreglos y coordinaciones para lograr los objetivos. Se sabe también que aquellos acuerdos y en general el discurso político depende de la evolución de la opinión pública y ésta a su vez depende de la comprensión de ideas que son debatidas y difundidas en el terreno intelectual para lo que -como queda dicho- se necesita tiempo que en estas circunstancia lo proveerá la mencionada unión en oposición al chavismo vernáculo.

Sé que desde el costado liberal hay justificados reparos a la unión con políticos que han desperdiciado una gran oportunidad de enderezar el rumbo luego de un prolongado período de estatismo. Se también que en la actual oposición hay incomprensiones y desagrados de vincularse con liberales de fuste, pero es indispensable machacar ad nauseam que los riesgos son manifiestos y presentes para seguir con la fórmula sugerida por el célebre juez estadounidense Oliver W. Holmes en un fallo de 1919 para subrayar un peligro eminente. Los empecinamientos resultan inconducentes, incluso para los propios integrantes de las partes en cuestión.

Mientras algunos consumen tiempo debatiendo quién está gobernando y se preguntan cuál es el plan de gobierno, nos están gritando que el barco se encamina aceleradamente a un iceberg monstruoso con atropellos a la Justicia para ocultar corrupciones gigantescas incluso con la complicidad de algunos jueces desviados de su mandato constitucional, amenazas a la libertad de prensa, se coloniza el Legislativo, se abusa de decretos del Ejecutivo, se expande la moneda a ritmo vertiginoso, se incrementa aun más el gasto, se proponen nuevos gravámenes y se atenta contra el ya de por si alicaído federalismo.

Todo en la vida es una cuestión de prioridades, hoy se necesita la suficiente cintura política para no dejar que otra vez se escape el tren. Como también escribí, estamos jugando sobre el fleje y el tiempo apremia. Hago votos para que de ambos lados del espectro acerquen la bocha para lograr el objetivo de toda persona de bien: preservar la República, que no se hace con declaraciones altisonantes sino con acciones concretas que derivan de ideas compatibles con la sociedad libre tan bien expuestas por el liberalismo alberdiano en nuestra Constitución fundadora.

Entonces, para finalizar, vuelvo a repetir lo que estimo resume el eje central del pensamiento de Alberdi con la idea de volver a la fuente. Primero, su crítica al positivismo legal: “saber leyes, pues, no es saber derecho”. Segundo, su aversión al estatismo: “El ladrón privado es el más débil de los enemigos que la propiedad reconozca. Ella puede ser atacada por el Estado, en nombre de la utilidad pública.” Tercero, su advertencia respecto a las cargas fiscales: “Después de ser máquinas del fisco español, hemos pasado a serlo del fisco nacional.” Cuarto, su arenga a la energía creadora en libertad: “¿Qué exige la riqueza de parte de la ley para producirse y crearse? Lo que Diógenes exigía de Alejandro, que no le haga sombra.” Y quinto, su alarma frente a la inflación: “Mientras el gobierno tenga el poder de fabricar moneda con simples tiras de papel que nada prometen, ni obligan a reembolso alguno, el poder omnímodo vivirá inalterable como un gusano roedor en el corazón de la Constitución.”

Publicado originalmente en Infobae, sábado 17 de octubre de 2020.