Reflexión de domingo: «Elogio de Nelson Mandela»

MandelaSoy de aquellos que piensan que los héroes y villanos de nuestro tiempo tienen mucho de mito. Si Galileo Galilei no hubiera creado el termómetro, otros hubieran tomado su lugar. Si Hitler no hubiera comenzado un movimiento totalitario, algún otro individuo del sufrido pueblo alemán hubiera tomado su lugar. Si Keynes no hubiera planteado la teoría general del intervencionismo, algún otro autor, un Pigou o un Samuelson, habría tomado su lugar.

Pero luego aparecen las excepciones. Y quizás Nelson Mandela lo sea. El País publica una nota de Mario Vargas Llosa, el Premio Nobel en Literatura y uno de los grandes escritores de nuestro tiempo, acerca de la vida de Nelson Mandela.

Afirma Vargas Llosa, que Mandela logró alcanzar un sueño imposible:

una transición pacífica del apartheid a la libertad, y que el grueso de la comunidad blanca permaneciera en un país junto a los millones de negros y mulatos sudafricanos que, persuadidos por su ejemplo y sus razones, habían olvidado los agravios y crímenes del pasado y perdonado.

Habría que ir a la Biblia, a aquellas historias ejemplares del catecismo que nos contaban de niños, para tratar de entender el poder de convicción, la paciencia, la voluntad de acero y el heroísmo de que debió hacer gala Nelson Mandela todos aquellos años para ir convenciendo, primero a sus propios compañeros de Robben Island, luego a sus correligionarios del Congreso Nacional Africano y, por último, a los propios gobernantes y a la minoría blanca, de que no era imposible que la razón reemplazara al miedo y al prejuicio, que una transición sin violencia era algo realizable y que ella sentaría las bases de una convivencia humana que reemplazaría al sistema cruel y discriminatorio que por siglos había padecido Sudáfrica. Yo creo que Nelson Mandela es todavía más digno de reconocimiento por este trabajo lentísimo, hercúleo, interminable, que fue contagiando poco a poco sus ideas y convicciones al conjunto de sus compatriotas, que por los extraordinarios servicios que prestaría después, desde el Gobierno, a sus conciudadanos y a la cultura democrática.

Preguntas que me surgen: ¿Cuántas muertes evitó Mandela? ¿Pudo haber otro Mandela? ¿Cuán responsable es del cambio revolucionario que vemos en Sufáfrica? Meditar acerca de su legado, nos puede dejar muchas lecciones.

Los invitamos a leer aquí la columna de Mario Vargas Llosa completa.