La responsabilidad social de la empresa es incrementar sus beneficios – por Milton Friedman

The New York Times Magazine, 13 de septiembre de 1970. Copyright © 1970 de The New York Times Company.

Cuando oigo a empresarios hablando de manera elocuente sobre “las responsabilidades sociales de la empresa en un sistema de libre empresa” me viene a la cabeza el maravilloso planteamiento de aquel francés que a sus 70 años descubrió que había estado hablando en prosa durante toda su vida. Los empresarios creen que están defendiendo la libre empresa cuando declaman que a la empresa no le preocupan “simplemente” los beneficios, sino también promover unos fines “sociales” deseables; que la empresa tiene una “conciencia social” y se toma en serio sus responsabilidades para crear empleo, eliminar la discriminación, evitar la polución y cualquier otra cosa que sea el reclamo de la cosecha contemporánea de reformistas. De hecho están —o estarían si ellos o cualquier otro se les tomara en serio— predicando el más puro y genuino socialismo. Los empresarios que hablan en estos términos son títeres involuntarios de las fuerzas intelectuales que han estado socavando las bases de una sociedad libre durante las últimas décadas.

Las discusiones sobre “las responsabilidades sociales de la empresa” destacan por su imprecisión analítica y por su falta de rigor. ¿Qué significa decir que “la empresa” tiene responsabilidades? Sólo las personas pueden tener responsabilidades. Una corporación es una persona artificial, y en este sentido puede tener responsabilidades artificiales, pero no puede decirse que “la empresa” en su conjunto tiene responsabilidades, ni siquiera en este sentido vago. El primer paso hacia la claridad al examinar la doctrina de la responsabilidad social de la empresa es preguntar de manera precisa qué implica y para quién.

Supuestamente, los individuos que deben ser responsables son los empresarios, es decir, los propietarios individuales o los ejecutivos corporativos. La mayor parte del debate sobre la responsabilidad social va dirigido a las corporaciones, de modo que en adelante dejaré de ocuparme mayormente de los propietarios individuales y hablaré de los ejecutivos corporativos.

En un sistema de libre empresa y de propiedad privada, un ejecutivo corporativo es un empleado de los propietarios de la empresa, y tiene una responsabilidad directa para con sus empleadores. Esta responsabilidad es dirigir la empresa con arreglo a los deseos de los mismos, que por lo general serán ganar tanto dinero como sea posible ajustándose a las normas básicas de la sociedad, tanto las plasmadas en las leyes como las plasmadas en las costumbres éticas. Por supuesto, en algunos casos sus empleadores puede que tengan un objetivo distinto. Un grupo de personas podría crear una corporación con un objetivo caritativo, como por ejemplo un hospital o una escuela. El gerente de una corporación de este tipo no tendrá como objetivo obtener beneficios monetarios, sino prestar determinados servicios.

Tanto en un caso como en el otro, el punto clave es que, en su condición de ejecutivo corporativo, el gerente es el agente de los individuos que son los propietarios de la corporación o que crean la institución caritativa, y su responsabilidad básica es para con ellos.

Ni que decir tiene que ello no significa que sea fácil juzgar hasta qué punto el ejecutivo corporativo está desempeñando bien su cometido. Sin embargo, por lo menos el criterio del rendimiento está claro, y las personas entre las que existe un acuerdo contractual voluntario están claramente definidas.

Por supuesto, el ejecutivo corporativo es también una persona en su propio derecho; y, como tal, puede que tenga muchas otras responsabilidades que reconozca o asuma de manera voluntaria: para con su familia, su conciencia, sus sentimientos de caridad, su iglesia, sus clubes, su ciudad, su país. Puede que se sienta obligado por dichas responsabilidades a dedicar parte de sus ingresos a causas que considera respetables, a rechazar trabajar para ciertas corporaciones, e incluso a abandonar su trabajo, por ejemplo, para incorporarse al ejército de su país. Si lo deseamos, podemos referirnos a algunas de estas responsabilidades como “responsabilidades sociales”. Sin embargo, en este sentido el ejecutivo corporativo está actuando como principal, y no como agente; está gastando su propio dinero o tiempo o energía, y no el dinero de sus empleadores o el tiempo o la energía que por contrato se ha comprometido a dedicar a los objetivos de los mismos. Si esto son “responsabilidades sociales”, son las responsabilidades sociales de los individuos, no de la empresa.

¿Qué significa decir que el ejecutivo corporativo tiene una “responsabilidad social” en su condición de empresario? Si esta afirmación no es pura retórica, entonces ello debe significar que el ejecutivo corporativo tiene que actuar de algún modo que no sea en interés de sus empleadores. Por ejemplo, que debe abstenerse de incrementar el precio del producto con el fin de contribuir al objetivo social de impedir la inflación, aunque un incremento de precio fuera en beneficio de los mejores intereses de la corporación. O que debe realizar una serie de gastos para reducir la polución por encima de la cantidad que constituye los mejores intereses de la corporación o de lo que exige la ley con el fin de contribuir al objetivo social de mejorar el medio ambiente. O que, a expensas de los beneficios corporativos, debe contratar a unos indeseables en paro en vez de a unos trabajadores disponibles más cualificados para contribuir al objetivo social de reducir la pobreza.

En cada uno de estos casos, el ejecutivo corporativo estaría gastando el dinero de otra persona en beneficio de un interés social general. En la medida en que sus acciones con arreglo a su “responsabilidad social” reducen las ganancias de los grupos de interés, se está gastando el dinero de los mismos. En la medida en que sus acciones incrementan el precio para los clientes, se está gastando el dinero de los clientes. En la medida en que sus acciones reducen los salarios de algunos empleados, se está gastando el dinero de los mismos.

Los grupos de interés o los clientes o los empleados podrían gastarse por separado su propio dinero en la acción particular si desearan hacerlo. El ejecutivo está ejerciendo una “responsabilidad social” distinta, en vez de servir como agente de los grupos de interés o de los clientes o de los empleados, sólo si se gasta el dinero de manera distinta a como éstos se lo hubieran gastado.

Sin embargo, si el ejecutivo lo hace en realidad está cobrando unos impuestos, por un lado, y decidiendo cómo se gastará el rendimiento de dichos impuestos, por otro lado.

Este proceso plantea cuestiones políticas a dos niveles: el principio y las consecuencias. A nivel del principio político, cobrar impuestos y gastarse el rendimiento de los mismos son funciones gubernamentales. Hemos establecido disposiciones constitucionales, parlamentarias y judiciales muy elaboradas para controlar dichas funciones, para garantizar que los impuestos se cobran en la medida de lo posible con arreglo a las preferencias y los deseos del público —al fin y al cabo, “la fiscalidad sin representación” fue uno de las consignas de la Revolución Americana. Tenemos un sistema de comprobaciones y de balanzas para separar la función legislativa de cobrar impuestos y promulgar gastos de la función ejecutiva de cobrar los impuestos y administrar los programas de inversión y de la función judicial de mediar en las disputas e interpretar la ley.

Aquí el empresario —ya sea autoseleccionado o nombrado directamente o indirectamente por los grupos de interés— debe actuar simultáneamente como legislador, ejecutivo y jurista. Debe decidir a quién cobrar un impuesto, en qué cuantía y con qué objetivo, y debe gastarse el rendimiento de dicho impuesto, todo ello guiándose únicamente por las exhortaciones generales para contener la inflación, mejorar el medioambiente, combatir la pobreza, etc., etc.

Toda la justificación para permitir que el ejecutivo corporativo sea seleccionado por los grupos de interés es que el ejecutivo es un agente que sirve los intereses de su principal. Esta justificación desaparece cuando el ejecutivo corporativo cobra impuestos y se gasta el rendimiento de los mismos para fines “sociales”. Se convierte entonces, en efecto, en un empleado público, en un funcionario, a pesar de que nominalmente siga siendo un empleado de una empresa privada. Por principio político, es intolerable que tales funcionarios públicos —en la medida en que sus acciones en nombre de la responsabilidad social sean reales y no sólo pura fachada— deban seleccionarse tal como se hace actualmente. Si deben ser funcionarios, entonces deben ser seleccionados mediante un proceso político. Si deben cobrar impuestos y realizar gastos para favorecer objetivos “sociales”, entonces debe crearse una maquinaria social para valorar los impuestos y determinar mediante un proceso político los objetivos que hay que servir.

Éste es el motivo básico por el cual la doctrina de la “responsabilidad social” implica la aceptación de la visión socialista según la cual son los mecanismos políticos, y no los mecanismos de mercado, la manera apropiada de determinar la asignación de recursos escasos a usos alternativos.

Debido a las consecuencias que de ello se derivan, ¿puede en realidad el ejecutivo corporativo cumplir sus supuestas “responsabilidades sociales”? Por otra parte, supongamos que se le permitiera gastarse el dinero de los grupos de interés o de los clientes o de los empleados. ¿Cómo puede saber cómo debe gastárselo? Se le dice que debe contribuir a combatir la inflación. ¿Cómo puede saber qué acción suya contribuirá a tal fin? Se supone que es un experto en dirigir su empresa, en producir o vender un producto o en financiarlo. Sin embargo, nada en su selección le convierte en un experto en inflación. ¿Comportará su reducción del precio de su producto una reducción de la presión inflacionista? ¿O, al dejar más poder de gasto en manos de sus clientes, simplemente la desviará hacia otra parte? ¿O, al forzarle a producir menos como consecuencia del precio más bajo, contribuirá simplemente a la escasez? Aunque el ejecutivo corporativo pudiera responder a estas preguntas, ¿hasta qué punto puede justificar la imposición de un coste a sus grupos de interés, clientes y empleados para este objetivo social? ¿Cuál es su proporción apropiada y cuál es la proporción apropiadade los demás?

Y, tanto si lo desea como si no, ¿se le puede consentir que se gaste el dinero de sus grupos de interés, de sus clientes o de sus empleados? ¿No van a despedirle los grupos de interés? (Ya sean los actuales o los que ocupen su lugar cuando las acciones del ejecutivo corporativo en nombre de la responsabilidad social hayan reducido los beneficios de la corporación y el precio de sus acciones). Sus clientes y sus empleados pueden abandonarle por otros productores y empleadores menos escrupulosos en el ejercicio de sus responsabilidades sociales.

Esta faceta de la doctrina de la “responsabilidad social” adquiere su mayor relieve cuando los sindicatos utilizan la doctrina para justificar la moderación salarial. El conflicto de intereses es evidente y claro cuando se pide a los dirigentes sindicales que subordinen los intereses de sus miembros a un objetivo algo más general. Si los dirigentes sindicales intentan cumplir con la moderación salarial, es probable que la consecuencia sean huelgas salvajes, revueltas de las bases y la emergencia de sólidos competidores por sus puestos. Se produce, por tanto, la ironía de que los líderes sindicales —por lo menos en los Estados Unidos— se han opuesto a la interferencia del Gobierno con el mercado de manera mucho más coherente y decidida a como lo han hecho los líderes empresariales.

La dificultad de ejercer la “responsabilidad social” ilustra, por supuesto, la gran virtud de la empresa competitiva privada, ya que fuerza a la gente a ser responsable de sus propias acciones y les dificulta que puedan “explotar” a otras personas, ya sea para fines egoístas o no egoístas. Pueden hacer el bien, pero sólo a expensas de ellos mismos.

Puede que un lector que haya seguido el argumento hasta este punto tenga la tentaciónde objetar que está muy bien hablar de que el Gobierno tiene la responsabilidad de cobrar impuestos y de determinar los gastos para objetivos “sociales” tales como controlar la polución o formar al indeseable que está en paro, pero que los problemas son demasiado urgentes para esperar al lento desarrollo de los procesos políticos, que el ejercicio de la responsabilidad social por parte de los empresarios es una manera más rápida y segura de resolver los acuciantes problemas actuales.

Aparte de la cuestión de hecho —comparto el escepticismo de Adam Smith sobre los beneficios que pueden esperarse de “aquellos que se inclinaron por los negocios por el bien público”—, este argumento debe ser rechazado por motivos de principio. A lo que equivale es a una afirmación en el sentido de que aquellos que son partidarios de los impuestos y de los gastos en cuestión no han conseguido convencer a la mayoría de sus conciudadanos para que piensen igual, y que lo que pretenden es alcanzar porprocedimientos antidemocráticos lo que no pueden alcanzar por procedimientos democráticos. En una sociedad libre, resulta difícil para la gente “mala” llevar a cabocosas “malas”, especialmente porque el bien de uno es el mal de otro.

Para simplificar, me he concentrado en el caso especial del ejecutivo corporativo, excepto en la breve digresión sobre los sindicatos. Sin embargo, precisamente el mismo argumento es aplicable al fenómeno más reciente de apelar a los grupos de interés para exigir a las corporaciones que ejerzan la responsabilidad social (como, por ejemplo, la reciente cruzada de General Motors). En la mayoría de estos casos, lo que en realidad ocurre es que algunos grupos de interés intentan que otros grupos de interés (o clientes o empleados) contribuyan contra su voluntad a causas “sociales” impulsadas por los activistas. En la medida en que tengan éxito, están volviendo a cobrar impuestos y gastándose el rendimiento de los mismos.

La situación del propietario individual es algo distinta. Si actúa para reducir los ingresos de su empresa con el fin de ejercer su “responsabilidad social”, se está gastando su propio dinero, no el de otro. Si desea gastarse su dinero para tales fines, está en su derecho, y no alcanzo a ver que pueda hacerse objeción alguna a que lo haga. En este proceso el propietario individual también puede imponer costes sobre los empleados y los clientes. Sin embargo, dado que es mucho menos probable que el propietario individual tenga el poder monopolístico de una gran corporación o sindicato, cualquier efecto colateral en este sentido tenderá a ser menor.

Por supuesto, en la práctica la doctrina de la responsabilidad social sirve a menudo para encubrir acciones que se justifican por motivos distintos que el motivo para llevar a cabo dichas acciones.

Para ilustrar dicha afirmación, puede muy bien que resulte beneficioso a largo plazo para una corporación que es un empleador de primer orden en una pequeña comunidad dedicar recursos a proporcionar comodidades para aquella comunidad o para mejorar el gobierno de la misma. Ello puede facilitar la atracción de empleados deseables, puede reducir la factura salarial o reducir las pérdidas causadas por hurtos y sabotajes o tener otros efectos positivos. O puede ser que, dadas las leyes sobre la desgravación de las contribuciones benéficas de las empresas, los grupos de interés puedan contribuir a promover más actos benéficos haciendo que sea la empresa y no ellos mismos quien haga el regalo, ya que de este modo pueden contribuir con una cantidad que de lo contrario se habría pagado como impuestos corporativos.

En cada uno de estos casos, y en otros muy similares, existe una tentación muy fuerte de racionalizar estas acciones como un ejercicio de “responsabilidad social”. En el presente clima de opinión, con su aversión generalizada al “capitalismo”, a los “beneficios”, a la “corporación desalmada” y demás, para una corporación ésta es una manera de generar clientela y renombre comercial como producto de unos gastos que están completamente justificados en el propio interés de la empresa.

Sería incoherente por mi parte pedir a los ejecutivos corporativos que se abstuvieran de recurrir a esta pura fachada hipócrita porque perjudica los fundamentos de una sociedad libre. ¡Ello sería pedirles que ejercieran una “responsabilidad social”! Si nuestras instituciones, y las actitudes del público, encubren así las acciones que realizan en su propio interés, yo no puedo llamar a una gran indignación para denunciarlos. Al mismo tiempo, puedo expresar admiración por aquellos propietarios individuales de corporaciones cerradas o por los grupos de interés de corporaciones más abiertas que menosprecian dichas tácticas porque se acercan al fraude.

Sea o no reprobable, la utilización del encubrimiento de responsabilidad social, y los disparates que dicen en su nombre influyentes y prestigiosos empresarios, perjudican claramente los fundamentos de una sociedad libre. Me ha impresionado una y otra vez el carácter esquizofrénico de muchos empresarios. Son capaces de tener una gran visión de futuro y una gran lucidez en cuestiones internas de sus empresas. Sin embargo, son increíblemente miopes y confusos en cuestiones que son externas a sus empresas peroque afectan a la posible supervivencia de la empresa en general. Dicha miopía queda sorprendentemente ejemplificada en los llamamientos que muchos empresarios realizan con respecto a las pautas salariales o de precios o a las políticas de control o de ingresos. No hay nada que pueda hacer más en un breve espacio de tiempo para destruir unsistema de mercado y sustituirlo por un sistema de control centralizado que el control gubernamental efectivo de los precios y salarios.

Dicha miopía también queda ejemplificada en los discursos de los empresarios sobre la responsabilidad social. Puede que ello les reporte prestigio a corto plazo, pero contribuye a reforzar la ya demasiado extendida visión según la cual la búsqueda de beneficios es malvada e inmoral y debe ser refrenada y controlada por fuerzas externas. Una vez adoptada esta visión, las fuerzas externas que refrenan el mercado no serán las conciencias sociales, por muy desarrolladas que estén, de los ejecutivos pontificantes; será el puño de acero de los burócratas gubernamentales. Aquí, como en el caso de los controles sobre los precios y los salarios, a mí me parece que los empresarios hacen gala de un impulso suicida.

El principio político subyacente al mecanismo de mercado es la unanimidad. En un mercado libre ideal basado en la propiedad privada, ningún individuo puede coaccionar a ningún otro, toda cooperación es voluntaria, todas las partes de dicha cooperación se benefician de ella o no necesitan participar en la misma. No existen valores ni responsabilidades “sociales” en ningún sentido que no sean los valores y las responsabilidades compartidos por los individuos. La sociedad es una suma de individuos y de los distintos grupos que éstos constituyen voluntariamente.

El principio político subyacente al mecanismo político es la conformidad. El individuo debe servir a un interés social más general, ya sea determinado por una iglesia, un dictador o una mayoría. El individuo puede tener un voto y decir en qué debe hacerse, pero si es desestimado, debe conformarse. Para algunos es apropiado exigir a los demás que contribuyan a un objetivo social general tanto si lo desean como si no.

Por desgracia, la unanimidad no siempre es posible. Existen algunos aspectos en los que la conformidad parece inevitable, de modo que no veo cómo puede uno evitar la utilización del mecanismo político totalmente.

Sin embargo, la doctrina de la “responsabilidad social” tomada seriamente ampliaría el alcance del mecanismo político a toda actividad humana. Filosóficamente no difiere de la doctrina colectivista más explícita. Difiere únicamente al profesar que cree que los fines colectivistas pueden alcanzarse sin medios colectivistas. Por ello, en mi libro Capitalism and Freedom la he calificado de “doctrina fundamentalmente subversiva” en una sociedad libre, y he afirmado que en tal tipo de sociedad “existe una y sólo una responsabilidad social de la empresa: utilizar sus recursos y comprometerse en actividades diseñadas para incrementar sus beneficios en la medida en que permanezca dentro de las reglas del juego; es decir, comprometerse en una competencia abierta y libre sin engaño o fraude”.

Charla informativa – Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE

La Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE fue inspirada por James M. Buchanan, premio Nobel de Economía del año 1986, cuando era Presidente del Consejo Consultivo de ESEADE. Apuntaba a la importancia de integrar el análisis económico con los aspectos políticos e institucionales, a fin de lograr una adecuada comprensión de los fenómenos sociales.

El programa está orientado al universo emprendedor en todos los ámbitos en que se expresa: empresas establecidas con ánimo de innovar y crecer, emprendimientos nuevos, organizaciones no gubernamentales, función pública, consultoría, análisis de políticas públicas e investigación de nuevas ideas.

El objetivo de la Maestría es desarrollar en los líderes las capacidades para tomar decisiones en un marco de incertidumbre, interpretando apropiadamente las señales proveniente del sistema de precios y considerando el contexto institucional, político y social en el que se desenvuelven sus actividades.

En particular, el programa se propone clarificar la función del empresario emprendedor como motor de la economía moderna e insistir en su rol central en la generación de crecimiento sostenible y el uso eficiente de los recursos escasos con que cuenta la sociedad para la satisfacción de las necesidades humanas.

Siguiendo la tradición de ESEADE, la Maestría en Economía y Ciencias Políticas se propone brindar una formación amplia con una perspectiva profunda. Integra los conocimientos que forman la llamada “corriente principal” de la teoría económica con el pensamiento de la Escuela Austríaca de Economía, la perspectiva de la Escuela de la Elección Pública, el análisis económico del derecho, la nueva economía institucional, la economía experimental, y los hallazgos de la economía del comportamiento. Abarca también otros enfoques, tales como el diseño de políticas públicas y su conciliación con los órdenes espontáneos o los estudios acerca de desigualdad, pobreza y crecimiento económico, todo lo cual responde a la pregunta esencial que se formulaban los economistas clásicos sobre el modo de convivir en un marco de paz y prosperidad.

Nuestros directivos y profesores de dedicación full time son consultados habitualmente en los medios de comunicación, así como invitados a congresos específicos de sus áreas de especialización. El cuerpo de profesores está activamente involucrado en la investigación y la enseñanza.

El perfil del egresado de la carrera se orienta a:
 ejecutivos de empresas
 emprendedores independientes
 consultores de empresas en materia económica y política
 funcionarios públicos
 diseñadores de políticas públicas a nivel local, regional, nacional e internacional
 académicos dedicados a la docencia y la investigación teórica y aplicada

Carrera Acreditada por CONEAU, Resolución N°885/12

Acceda aquí al Plan de Estudios, con el detalle de materias (con objetivos y contenidos de cada una) y sus docentes.

Acceda aquí a las modalidades de cursada y los requisitos de inscripción.

Escriba a eugenia.martinez@eseade.edu.ar o a maestrias@eseade.edu.ar para inscribirse a la charla informativa. Pueden asistir a ESEADE presencial, o desde un aula virtual sincrónica, para lo cual deben solicitar el link a estos dos correos mencionados.

MEDITACIONES SOBRE EL FÚTBOL – Por Alberto Benegas Lynch (h)

La educación alude acuatro planos complementarios y, por ende, estrechamente vinculados entre si. En primer término, a los valores que hacen al respeto recíproco y al propio y alos conocimientos sobre distintos territorios de las ciencias y las artes, en el contexto del dictum de Einstein en cuanto a que «todos somos ignorantes solo que en temas distintos» lo cual hace que estemos atentos y en la punta de la silla para el aprendizaje, incluso por parte de las personas más alejadas de nuestros intereses corrientes y conocimientos recibidos por quienes provienen de las más diversas ocupaciones y condiciones sociales.

En segundo lugar, el tan necesario contacto con la naturaleza, especialmente con los animales. El tercer capítulo de una buena educación estriba en el cultivo del sentido del humor sin el cual no es posible la buena vida. Por último en este cuarteto clave, se encuentra la indispensable práctica del deporte.

Esta faceta deportiva, educa el carácter, enseña el autocontrol, prescribe la disciplina, subraya la honestidad, estimula el compañerismo, muestra las virtudes del juego limpio, acostumbra a seguir a rajatabla las reglas justas, enfatiza las ventajas que proporciona el recato de ganar sin soberbias e incentiva sobre la importanciade saber perder y felicitar con hidalguia al ganador.

Desafortunadamente de un tiempo a esta parte, en algunos lugares el fútbol se ha convertido en una batalla campal, en gran medida se ha transformado en un clima bélico donde prima la agresividad y la violencia superlativa. Muy lejos de aplaudir al victorioso, los perdidosos han mutado en hordas salvajes capitaneadas por mal llamadas «barras bravas». Mal llamadas ya que esa denominación arrastra cierta connotación de sujetos bravucones, altaneros y traviesos, por momentos con cierto halo de heroicidad. Muy por el contrario, se trata de malandras de  la peor especie cuando no de asesinos encubiertos, en otras palabras de delincuentes y de bandas no solo muy alejadas sino absolutamente opuestas a todo lo que pueda rozar la idea del deporte. Sugiero para estos crápulas una expresión que satisfaga los requisitos del insulto de grueso calibre que se merecen y que también describa el hecho de lo antideportivo en el juego que pretenden representar de contrabando. Propongo que se los llame «canallas del antifútbol».

Antes de seguir adelante, declaro que en lo personal no me atrae el fútbol. Puede ser que esto derive de un complejo: estuve pupilo en un colegio inglés donde hice todo tipo de deportes pero me concentré sobre todo en el rugby donde era capitán de uno de los equipos y en el tenis. Cada vez que me obligaban a jugar al fútbol incurría en reiteradas infracciones, confundiendo este deporte con las normas del rugby. Estimo que lo antedicho no constituye una desventaja para comentar sobre el fútbol sino que puede transformase en puntos a favor ya que no estoy imbuido de las inclinaciones de los célebres hinchasni estoy empujado por cierta parcialidad que a veces los caracteriza.

Pues bien, agregamos perplejos que estos canallas del antifútbol resulta que cuentan con apoyo financiero gubernamental y apoyo logístico de punteros políticos, por ejemplo, en la Argentina con la entrega de «planes sociales» coactivamente sufragados con el fruto del trabajo ajeno y respaldo de políticos en campañas electorales. Además, los clubes de fútbol suelen contar con reiterados perdones fiscales y otros favoritismos, los cuales como señalan entre otros Enrique Ghersi y Gustavo Lázzari son el resultado de que los clubes de fútbol en la mayor parte de los casos están constituidos como asociaciones civiles sin finesde lucro en lugar de establecerse como sociedades anónimas.

Ghersi y Lázzariexplican que en el primer caso los clubes son habitualmente tratados comoentidades de bien público que los aparatos estatales deben cuidar, proteger yalentar puesto que operan bajo la fachada de una especie de obra filantrópicaque alienta a la juventud y protege a los más vulnerables. En este cuadro desituación se producen todo tipo de maniobras, corrupciones y canonjíasotorgadas por políticos y gobernantes con el apoyo logístico de los antesmencionados canallas del antifútbol, todo lo cual, reiteramos, no ocurre cuandolas referidas entidades son sociedades anónimas con verdaderos responsables enlugar de insistir en que “el club es de todos” con la consecuencia inevitableque no es de nadie. La figura de la sociedad anónima abre las puertas a fuertesincentivos para mantener auditorias y llevar a cabo gestiones redituables parael club, en lugar de los déficits crónicos y endeudamientos permanentes frutode la asociación civil sin fines de lucro a que aludimos la cual, como queda dicho, es la figura más generalizada en países subdesarrollados.

Cuando han circulado sugerencias de modificar aquella figura jurídica de los clubes salen  al cruce dirigentes que viven de la componenda y las corruptelas señaladas para vociferar airadamente que no  es posible que entre el capitalismo en el club de fútbol ya que el lucro arruinaría el deporte, como si las  ganancias que mantienen al panadero o al ingeniero estropearan sus comportamientos, en lugar de percibir que el sistema de beneficios y quebrantos se traduce en un barómetro colosal para saber cuando se da en la tecla y cuando se yerra respecto a las necesidades de los demás. Muchos son los dirigentes que prefieren lucros personales espectaculares y generalmente mal habidos al calor del paraguas protector que disfraza y disimula el supuesto  “bien común”. No aceptan el negocio para dar rienda suelta a los negociados.

Lázzari apunta las ventajas obtenidas por los clubes que se han convertido en sociedades anónimasen Inglaterra, Italia y España. Y Ghersi en su ponencia presentada en el vii Congreso Anual de la Asociación Latinoamericana y del Caribe de Derecho y Economía (diciembre de 2002) se pregunta porqué no hay la violencia que tiene lugar en el fútbol en otros deportes auque el espectáculo en si sea violento como el box, o en otros deportes también masivos como el basquetbol, los hipódromos o el fútbol americano, para no decir nada del tenis, el golf o el hockey. Sostiene que “Mientras que en el béisbol, el basquetbol, el hockey y el fútbol americano los derechos de propiedad están claramente establecidos y cada equipo, cada estadio y hasta el deporte mismo tienen un dueño, en nuestro fútbol existe una total indefinición en ese sentido […] los clubes y el deporte mismo no son propiedad de nadie”.

Más adelante Ghersi destaca que  “éste no es sólo un problema nacional. El fútbol se halla dominado por la FIFA a nivel internacional y esta institución, super-estado intervencionista que lo regula todo y que recibe una renta de todo, conforma una especie de monopolio que controla totalmente la forma en que se desarrolla y organiza la actividad […]

En realidad el sistema impuesto por la FIFA se basa en relaciones personales y no en relaciones de propiedad. Diferentes caudillos se entronizan en la dirección del organismo y por cooptación designan a los encargados de dirigirlo a nivel internacional. No hay relación dominal alguna.

Existe vínculo de lealtad, camarilla, afinidad. Una organización de este tipo destruye los estímulos de largo plazo y propende a que se preste poca atención al mantenimientodel negocio o su difusión, pues resulta más importante atender al jefe”.

José Luis Chilavert se une a las múltiples quejas en sus muy recientes declaraciones a raíz de los episodios horripilantes acaecidos en Buenos Aires que comenzaron el fatídico 24 de noviembre en las inmediaciones de un estadio de fútbol y continuaron con insólitos titubeos traducidos en reiteradas idas y venidas de dirigentes, en el sentido de que “A la FIFA y a Conmebol no les interesa el ser humano. Hace mucho tiempo que vengo refiriéndome a las anomalías dentro de  la Conmebol”. Fernando Niembro también criticó severamente las conducciones de las dos entidades en relación a los acontecimientos que son del dominio público.

Entre tantos temasque deben ser aclarados en aquella fecha sórdida y durante los díassubsiguientes, uno de los asuntos graves de seguridad acaecidos consiste en quehabiendo más de doscientas mil cámaras oficiales en la ciudad de Buenos Aires, lasimágenes más nítidas de los desmanes de marras que por ahora se disponen son defilmaciones privadas. En todo caso el vandalismo ha parido un hecho curioso: que la Conmebol haya proyectado con voto unánime que la Copa Libertadores de América se dispute en España.

En el instante de escribir esta columna la Secretaría de Seguridad Ciudadana de Madrid a través de una misiva requiere apoyo al Director de Seguridad en el Fútbol en Buenos Aires al efecto de controlar a los hinchas argentinos que eventualmente presenciarán el encuentro en el estadio Santiago Bernabéu (designación en homenaje al jugador, entrenador y presidente durante 35 años del Real Madrid).

En momentos en que se debaten acaloradamente proyectos de legislaciones para que la gente se comporte adecuadamente y que los clubes abandonen sus vinculaciones con corrupción política, en lugar de atender asuntos colaterales y más o menos irrelevantes, esde interés prestar la debida atención a lo tan bien esbozado por Garret Hardin en cuanto a “la tragedia de los comunes” y a las elaboraciones respecto a este problema que he intentado resumir en mi ensayo titulado “Bienes públicos, externalidades y los free riders: el argumento reconsiderado” (Estudios Públicos,Santiago de Chile, invierno de 1998, No. 71).

En esta misma línea argumental, Enrique Ghersi concluye la antedicha presentación al afirmar que “la mejor legislación que puede proponerse es aquella que reconstituya los derechosde propiedad en este deporte, para que los incentivos estén donde deben y seanlos propietarios del negocio los que se encarguen de cuidarlo, reduciendo la cantidadde daños y compensando a las víctimas […] En nuestro concepto, la ventajaprincipal de este sistema es que coloca los incentivos en su sitio, no demanda gasto público y tiende a mediano plazo a producir el resultado más próximo al óptimo de Pareto”.

Por su parte JuanJosé Sebreli tanto en su libro Fútbol y masas como en el más reciente titulado Laera del fútbol, entre otras cosas, critica severamente el fanatismo que habitualmente tiene lugar en el contexto del deporte que venimos comentando. No parece muy razonable que haya que atender a fans del fútbol en clínicas médicas a raíz de infartos producidos por un gol del equipo contrario, para no decir nada de las heridas de diverso calibre ocurridas como consecuencia de refriegas mayúsculas entre hinchas de clubes en competencia. Una cosa es la pasión por el deporte y la simpatía por un club y otra la estupidez y enceguecerse del modo más brutal con lo que se pierde toda noción de las proporciones. También Sebreli en los libros citados se detiene a considerar los peligros de los nacionalismos y las xenofobias que pueden despertar partidos entre países.

Desde un ángulo de observación distinto, el libro Alertarojo de los periodistas Pedro y Panqui Molina ilustra maravillosamente los sueños, las ilusiones, las alegrías, los sufrimientos y en general los problemas que se suceden en las inferiores, junto a sugerencias para cambiar lo que necesita modificarse (por ahora con suerte algo esquiva). Aunque la obra alude a un equipo específico de fútbol, el análisis es extrapolable a otros casosen cuanto a que a través de los muchos testimonios de los protagonistas que el libro recoge queda claro que muchas veces el corto plazo le gana a la tan necesaria formación y adecuado estímulo. Alertarojo es un documento muy valioso que advierte sobre pensiones donde viven jóvenes que más bien son aguantaderos, el mal trato, los inaceptables abusos de diverso orden y la entrega de alimentos vencidos por parte de los antes referidos canallas del antifútbol.

En resumen, el fútbol ha perdido buena parte del atractivo de un deporte para degradarse en corrupciones y actitudes incompatibles con el juego limpio. Lo primero para corregir un problema es contar con un buen diagnóstico y consecuentemente aplicar las medidas pertinentes que vayan al fondo del asunto y no quedarse en declamaciones inconducentes. Hace demasiado tiempo que el fútbol arrastra problemas crónicos que deben ser atendidos con la premura que la situación demanda para bien de tantos entusiastas de este deporte que siempre proceden correctamente y pretenden climas festivos en familia y no de luto y tristeza entre enemigos en lugar de adversarios circunstanciales, en un contexto dondela seguridad y la justicia operen eficazmente en base a incentivos adecuados. Esto último desde luego incluye la efectiva aplicación de códigos penales civilizados, naturalmente a contracorriente de los nefastos abolicionismos en el contexto de una estricta igualdad ante la ley que incluye delitos de encumbrados personajes de la política y la dirigencia en general, sean estos cómplices o actores directos.

Economic Thought History, Philosophy and Methodology Vol. 7, No. 2 


download issue in full


A Common Misunderstanding about Capitalism and Communism Through the Eyes of Innovation
Dirk-Hinnerk Fischer, Hovhannes Yeritsyan

Cherchez la Firme: Redressing the Missing – Meso – Middle in Mainstream Economics
Stuart Holland, Andrew Black

The Lucas Critique: A Lucas Critique
Christian Müller-Kademann

Quantum Economics
David Orrell

Computational Agents, Design and Innovative Behaviour: Hetero Economicus
Timon Scheuer

By paying a WEA membership fee here, or by giving a contribution here,
you will be making the WEA possible.

Miguel Echarte – Análisis de los efectos de la dolarización espontánea y oficial en Hispanoamérica

Miguel Echarte presenta su comunicación dentro del panel de Teoría económica y monetaria en el XI Congreso de Economía Austriaca, que tuvo lugar en las instalaciones de UFM Madrid los días 26 y 27 de septiembre de 2018.

El Congreso es una cita anual de referencia donde estudiantes, profesionales y profesores debaten sobre las más recientes aportaciones académicas en los ámbitos de la economía, la política, la sociología, la filosofía y la ética en la tradición de la Escuela Austríaca de Economía o desde posiciones que la complementan y enriquecen.

El futuro del Mainline Economics

En este corto video Peter Boettke nos enseña cuál es el futuro del Mainline Economics y por qué los economistas fracasan en sus intenciones de proponer políticas públicas que puedan mejorar la calidad de vida de la gente.

«Los economistas están tratando de enseñar lecciones de economía a los políticos, que éstos no están dispuestos a escuchar. Y no las escucharán, ni las implementarán porque restringe su marco de acción y su comportamiento. El futuro del Mainline Economics tiene que seguir trabajando ese Gap.»



La Fed parece seguir la regla de la tasa de interés natural

En 2014 ofrecimos, junto a Erwin Rosen, una regla monetaria para que la Reserva Federal evite seguir generando burbujas bursátiles e inmobiliarias, como las de 1930, 2001 y 2008, de impacto global.

La regla monetaria de la tasa de interés natural se mide tomando en cuenta la brecha entre el pbi actual y potencial, de tal forma que su nivel no estimule ni frene a la economía. En otros términos:

The literature offers a number of alternative ways of determining the NRI. From the options available we selected the methodology of Laubach and Williams (2001) because their estimate of the NRI most closely mimics Wicksell’s definition. In essence,their model attempts to find the interest rate that closes the gap between actual and potential GDP. The potential GDP, also referred to as “natural gross domestic product,” is the highestlevel of real GDP output that can be sustained over the long term, and which should be achieved when the prevailing interest rateand the NRI are equal. 

En esta nota de Laura García, se referencia al Presidente de la Reserva Federal afirmando que las tasas de interés “están justo por debajo” de su nivel de equilibrio, es decir que ni estimulan ni frenan la economía. 

Se deduce de ello, que si bien seguirán subiendo las tasas para alcanzar el nivel de equilibrio, los incrementos podrían encontrar un pico en 2019, a partir de lo cual deberán seguir estudiando la dinámica de la tasa natural para determinar su futura dinámica.

La Reserva Federal abre el debate sobre una eventual pausa en la suba de tasas – Por Laura García

Las tasas de interés se mantienen entre el 2% y el 2,25% desde hace tres meses, pero los analistas dan por seguro de que en diciembre se concretaría el cuarto incremento del año.

Jerome Powell, titular del organismo, pronunció el miércoles en Nueva York un discurso que no pasó inadvertido. En esa ocasión, afirmó que las tasas de interés «están justo por debajo» de su nivel de equilibrio, es decir que ni estimulan ni frenan la economía. Sus declaraciones fueron leídas como una indicación de que el ciclo alcista, iniciado hace tres años, podría estar próximo a su fin. En octubre, el mismo Powell había asegurado que las tasas se encontraban bastante lejos de ese objetivo.

Acceda aquí a la nota completa.

«Hasta que no reviente la burbuja del gasto público Argentina no crecerá»: Entrevista con FM Libertad y síntesis de Visión Liberal

Los problemas estructurales, según Ravier, tienen su Talón de Aquiles en el gasto público: «tenemos una burbuja de gasto público y hasta que esa burbuja no se pinche, vamos a estar en problemas.  Pero el gobierno trata de resolver el problema económico sin resolver primero el problema fiscal».

Acceda aquí al audio de la entrevista con FM Libertad, y a la síntesis de Visión Liberal.