INDEPENDENT REVIEW – Volume 23 Number 3 • Winter 2019

Articles

The Road to Crony Capitalism: An Introduction 
By Robert M. Whaples

The Road to Crony Capitalism 
SUMMARY ONLY
By Michael C. Munger, Mario Villarreal-Diaz

Capitalism, Cronyism, and Democracy 
SUMMARY ONLY
By Geoffrey M. Hodgson

The Fall and Rise of Laissez-Faire in the United States, 1789-1900 
SUMMARY ONLY
By Burton W. Folsom Jr.

Dynamism as a Bump on the Road to Crony Capitalism? 
SUMMARY ONLY
By Michelle Albert Vachris

Crony Capitalism versus Pure Capitalism 
SUMMARY ONLY
By Walter E. Block

We Cannot Let Cronyism Overrun Our Economic Garden 
SUMMARY ONLY
By Nicholaus D. Sorrentino

Cronyism: Necessary for the Minimal, Protective State 
SUMMARY ONLY
By Christopher J. Coyne, Abigail R. Hall

Hunting the Big Five: Twenty-First Century Antitrust in Historical Perspective 
SUMMARY ONLY
By Richard N. Langlois

Leland Bennett Yeager: 1924-2018 
SUMMARY ONLY
By Roger G. Koppl

Stephen Margolis’s Contributions to Economics and Political Economy 
SUMMARY ONLY
By Peter J. Boettke
Book Reviews

Selfish Libertarians and Socialist Conservatives? The Foundations of the Libertarian–Conservative Debate 
By Nathan W. Schlueter and Nikolai G. Wenzel
Reviewed by James M. Strickland

The Invisible Hand? How Market Economies Have Emerged 
By Bas Van Bavel
Reviewed by Hilton L. Root

Restoring America’s Fiscal Constitution 
By John D. Merryfield and Barry W. Poulson
Reviewed by Richard M. Salsman

Cooperation and Excellence: A Premodern Case for Capitalism 
By George Bragues
Reviewed by John J. Thrasher IV

Enlightenment Now: The Case for Reason, Science, Humanism, and Progress; 12 Rules for Life: An Antidote to Chaos 
By Steven Pinker; Jordan B. Peterson
Reviewed by Robert M. Whaples

Stateless Commerce: The Diamond Network and the Persistence of Relational Exchange 
By Barak D. Richman
Reviewed by Lee K. Benham

What Is Classical Liberal History? 
Edited by Michael J. Douma and Phillip W. Magness
Reviewed by Robert E. Wright

Cents and Sensibility: What Economics Can Learn from the Humanities 
By Gary Saul Morson and Morton Schapiro
Reviewed by Cecil E. Bohanon

The Progressive Era 
By Murray N. Rothbard, edited by Patrick Newman
Reviewed by Rok Novak

Discrimination and Disparities 
By Thomas Sowell
Reviewed by Ben O’Neill

Green Tyranny: Exposing the Totalitarian Roots of the Climate Industrial Complex 
By Rupert Darwall
Reviewed by Robert M. Whaples

How Economics Professors Can Stop Failing Us: The Discipline at a Crossroads 
By Steven Payson
Reviewed by Robert M. Whaples
Etceteras

Two Worlds: Politics and Everything Else 
By Robert Higgs 

Review of Austrian Economics (RAE), Volume 31, Issue 4, December 2018

  1. A
  2. A process perspective on regulation: Who bears the dispersed costs of regulation?Diana W. ThomasPages 395-402
  3. The nature and limits of Gary Becker’s theory of racial discriminationSanford IkedaPages 403-417
  4. Moral markets: A marginalistic interpretation of Adam Smith – Walter G. CastroRafael E. BeltraminoPages 419-437
  5. Austrian economics and development: The case of Sudha Shenoy’s analysisGiandomenica BecchioPages 439-455
  6. A research agenda for disaster entrepreneurshipDaniel P. AldrichPages 457-465
  7. The power of narrative in post-disaster entrepreneurial responseEmily Chamlee-WrightPages 467-472
  8. The role of local entrepreneurs in promoting disaster recovery: a review of Community Revival in the Wake of DisasterLori PeekPages 473-478
  9. Entrepreneurs drive community revival in the wake of disasterVirgil Henry StorrStefanie Haeffele-Balch…Pages 479-484

PROCESOS DE MERCADO REVISTA EUROPEA DE ECONOMÍA POLÍTICA VOLUMEN XV, NÚMERO 1, PRIMAVERA 2018

Artículos

  • –  David Sanz; Juan Morillo: The Hayekian Theory of Chronic Unemployment
  • –  Edward W. Fuller: Keynes and Fractional Reserve Banking: The NPV vs. MEC
  • –  Rafael García Iborra: Financial Effects of Monetary Expansions
  • –  Aliaksandr Kavaliou: Mises’ Monetary Argument in Economic Calculation Debate: Cross the Ts and dot the Is
  • –  Jorge Gómez Arismendi: El Mercado como bien público
  • –  Olga Peniaz: Minsky’s Financial Instability Hypothesis vs. Austrian Business Cycle Theory Notas
    • –  Walter E. Block; William Barnett II: Boudreaux on high wages; a critique
    • –  Edgar Ortiz Romero: En un mundo de monedas fiat: ¿tipo de cambio fijo o flotante según la escuela austriaca?
    • –  Christopher P. Guzelian: Silver: A morally good money
    • –  Juan Antonio Gregorio Martínez de los Reyes: El ciclo económico en la Escuela Austriaca de Economía: La relación entre la medición del Gross Output y la recaudación del IVA
    • –  Malte Tobias Kähler: How Behavioral Economics can enrich the Perspective of the Austrian School
    • –  María Blanco; Luis I. Gómez: La agilidad como estrategia en la visión sistémica de la empresa
    • –  Tatiana Macías Muentes: Análisis de la crisis y reforma del sistema de Educación Superior de Ecuador, inspirado en el Modelo guatemalteco Documentos
    • –  Miguel A. Fernández Ordóñez: El futuro de la banca: dinero seguro y desregulación del sistema financiero
    • –  Jesús Huerta de Soto: Anarchy, God and Pope Francis
    • –  Murray N. Rothbard: La Invasión Hermenéutica de la Filosofía y la Economía
    • –  Hugo Salinas Price: Moneda de plata para México
    • –  Ludwig von Mises: La Economía y la rebelión contra la razón
    • –  Friedrich A. Hayek: Reglas, percepción e inteligibilidad Reseñas bibliográficas Noticias
      Sugerencias de nuevas lecturas

Acceda aquí a la revista completa.

LA OBRA DE RICHARD PIPES EN NUESTROS DÍAS – Por Alberto Benegas Lynch (h)

Hay autores cuyos escritos conservan actualidad por más que transcurra el tiempo. Son aquellos que van al hueso de las cosas y no se entretienen con lo meramente coyuntural por lo que sus consideraciones abarcan períodos muy extensos puesto que ayudan a reflexionar a las mentes curiosas de cualquier época. Este es, por ejemplo, el caso de Richard Pipes (1923-2018) el eximio profesor de historia en la Universidad de Harvard, nacido en Polonia y radicado desde muy joven en Estados Unidos.

Tuve el privilegio de conocerlo en el congreso anual de la Mont Pelerin Society en Chatanooga (Tennesse) en septiembre de 2003, oportunidad en que ambos presentamos trabajos que expusimos ante el plenario por lo que pude intercambiar ideas durante un almuerzo muy bien organizado en el que participamos los panelistas. Un hombre de una versación formidable y como todo intelectual de peso siempre muy solícito para responder interrogatorios de muy variado tenor.

Sus obras son múltiples pero en esta nota periodística me limito a los tres libros que tengo de su autoría en mi biblioteca, traducidos al castellano. Se trata de Propiedad y libertad. Dos conceptos inseparables a lo largo de la historia (México, Fondo de Cultura Económica, 1999/2002), Historia del comunismo (Barcelona, Mondadori, 2001/2002) y La Revolución Rusa (Madrid, Debate, 1990/2016).

El primer libro está consubstanciado con lo mejor de la tradición de pensamiento liberal en el sentido que sin el uso y disposición de lo propio, comenzando por la vida, la exteriorización del propio pensamiento y la plena disposición de los bienes adquiridos legítimamente, sin estos atributos decimos, no hay libertad posible. La libertad es ausencia de coacción por parte de otros hombres ya que el uso de la fuerza agresiva no permite lo anterior.

En este contexto es del caso recordar que Ludwig von  Mises ha demostrado en los años veinte que el socialismo es un imposible técnico ya que la abolición de la propiedad que propugna no permite la existencia de precios y, por ende, no resulta posible la evaluación de proyectos y la contabilidad con lo que no se conoce el grado de despilfarro de capital, en otros términos, no hay tal cosa como economía socialista. Y es importante recalcar que sin necesidad de abolir la propiedad, en la medida en que se daña esta institución crucial se producen efectos adversos en cuanto a desajustes y distorsión de los precios relativos que inexorablemente malguian los siempre escasos factores de producción con lo que los salarios e ingresos en términos reales disminuyen.

En aquella obra sobre la propiedad,  Pipes pasa revista a los instintos de los animales en cuanto a la territorialidad y los correspondientes trabajos de etología, principalmente de Konrad Lorenz y de Nikolas Tinbergen, a la natural noción de propiedad entre los niños y entre los pueblos primitivos a pesar de no contar con registros de propiedad.

Se detiene a considerar el caso del fascismo y el nacionalsocialismo como sistemas en los que se permite “o más bien se tolera” el registro de la propiedad pero en verdad se trata de “una propiedad condicional, bajo la cual el Estado, el propietario en última instancia, se reserva el derecho a intervenir e incluso a confiscar los bienes que a su juicio se usan inadecuadamente”.

Subraya que en el llamado “estado de bienestar” donde “la agresión sobre los derechos de propiedad no siempre es evidente porque se lleva a cabo en nombre del ´bien común´, un concepto elástico, definido por aquellos cuyos intereses sirve”. En la era de las carreras desenfrenadas por los proyectos de ley, pondera al “gran estadista inglés de mediados del siglo xviii, William Pitt el viejo, conde de Chatham, quien fue primer ministro durante ocho años, no elevó un solo proyecto de ley al Parlamento […] como apuntó Frederick  Hayek, todo aumento del alcance del poder estatal, en si y de por si, amenaza la libertad”. Y muestra como las expropiaciones fundadas en ley  “a menudo se asemejan a la confiscación” .

También puntualiza que “el verbo discriminar ha siso politizado hasta tal punto que casi ha perdido su sentido original” y se ha convertido en un ataque a la propiedad de cada cual al restringir la capacidad de elegir, optar y preferir confundiéndose con la discriminación por parte de los aparatos estatales al proceder en sentido contrario a la igualdad ante la ley.

Termina su obra, luego de analizar muy diversos casos históricos, con el tema educativo lamentándose de que “cada vez más las instituciones de la enseñanza superior se encuentran bajo la vigilancia de la burocracia federal”.

En el segundo libro sobre el historial del comunismo, Pipes estudia los casos cubano, chino, chileno de Allende, soviético, de Camboya, Etiopía, Corea del Norte con una documentación muy rigurosa donde pone de manifiesto los resultados calamitosos del sistema.

Explica que “el comunismo no es una buena idea que salió mal, sino una mala idea […] el marxismo, fundamento teórico del comunismo, lleva en si la semilla de su propia destrucción, tal como Marx y Engels le habían atribuido erróneamente al capitalismo”. Finalmente subraya el tema  tan importante de los incentivos perversos inherentes al comunismo por lo que “desarrolla los instintos más rapaces”.

Hago a esta altura una digresión para aludir a Eudocio Ravines (1897-1997), quien fuera Premio Mao y Premio Lenin, cuenta en su autobiografía que su primer paso hacia la conversión fue considerar que el problema radicaba en el mal manejo y el espíritu sanguinario de Stalin. Tardó mucho en percatarse que la raíz del problema estaba en el sistema y no en los administradores.

Pipes cita en esta segunda obra El libro negro del comunismo. Crímenes, terror y represión de Stephane Courtois y sus colegas, un volumen donde se contabilizan más de cien millones de masacrados por el comunismo de 1917 a 1989 además de las asfixias por las feroces represiones y las espantosas hambrunas provocadas por el régimen. Escribe Piper que “los movimientos y regimenes revolucionarios tienden, en cierta medida, a hacerse cada vez más radicales y más implacables. Esto sucede porque, después de sucesivos fracasos, sus dirigentes, en lugar de reexaminar sus premisas fundamentales -dado que son éstas las que proporcionan las bases lógicas de su existencia- prefieren ponerlas en práctica aun con mayor rigor”. Este es el resultado indefectible de la fantasía criminal de producir “el hombre nuevo” y “la felicidad eterna” en base a los aparatos estatales desbocados, cuando en verdad desde la primera restricción a la libertad por más inocente que pueda parecer al comienzo se están sentando las bases para la destrucción moral y material bajo las directivas implacables de los mandones de turno.

El tercer y último libro que comentamos aquí muy brevemente es el que se refiere a la revolución rusa (1045 páginas en la edición referida). Como he apuntado antes en base al monumental obra de Pipes, el régimen zarista implantado en 1547 por Iván IV (el terrible), con el tiempo se caracterizó por los atropellos de la policía política (Ojrana) con sus reiteradas requisas, prisiones y torturas, la censura, el antisemitismo, los siervos de la gleba en el contexto  del uso y disposición de la tierra por los zares y sus acólitos sin ninguna representación de los gobernados en ninguna forma. Hasta que por presiones irresistibles y cuando ya era tarde debido a los constantes abusos, Nicolás II consintió la Duma (tres veces interrumpida) en medio de revueltas, cavilaciones varias y una influencia desmedida de Alejandra (“la alemana” al decir de la oposición en plena guerra) basada en consejos atrabiliarios de Rasputín. Finalmente, el zar abdicó primero y luego se constituyó un Gobierno Provisional que en última instancia comandaba Kerenski quien prometía “la instauración de la democracia” pero que finalmente se vio obligado a entregar el poder a los bolcheviques (cuando Hitler invadió la Unión Soviética en 1941, Kerenski, desde Nueva York, le ofreció ayuda a Stalin por correspondencia la cual no fue respondida, una señal de desprecio que merecen aquellos que pretenden actuar a dos puntas).

Imaginemos la situación de toda la población campesina en la Rusia de los zares, nada instruida que recibía de parte de las posiciones más radicalizadas del largo período desde 1905 que comenzaron las revueltas hasta 1917 en que estalló la revolución primero en febrero y luego en octubre cuando los soviets se alzaron con el poder bajo el mando de Lenin. Imaginemos a estas personas a quienes se les prometía entregarles todas las tierras de la nobleza frente a otros que proponían limitar el poder en un régimen de monarquía constitucional y parlamentaria. Sin duda para esa gente resultaba mucho más atractivo el primer camino y no el de “salvar a la monarquía del monarca”. Cuando hubo cesiones de algunas tierras se instauró el sistema comunal que algunos pocos dirigentes trataron sin éxito de sustituir por el de propiedad privada (en primer término debido a los denodados esfuerzos de Stolipin). Es que la tierra en manos de la nobleza como una imposición hacía creer que toda propiedad era una injusticia, extrapolando el privilegio a las adquisiciones legítimas.

De las cuatro revoluciones que más han influido hasta el momento sobre los acontecimientos en el mundo, la inglesa de 1688 que destronó a Jaime II por      Maria y Guillermo de Orange donde con el tiempo se recogieron en grado creciente las ideas de autores como Algernon Sidney y John Locke, la norteamericana de 1776 que marcó un punto todavía más profundo y un ejemplo para todas las sociedades abiertas en cuanto al respeto a las autonomías individuales, la Revolución Francesa de 1789 que consagró las libertades del hombre, especialmente referidas a la igualdad de derechos (art. 1), esto es, la igualdad ante la ley y la propiedad (art.2), aunque la contrarrevolución destrozó lo anterior y, por último la Revolución Rusa de 1917 que, desde la perspectiva de la demolición de la dignidad del ser humano, constituyó un golpe de proporciones mayúsculas que todavía perdura sin el aditamento de “comunismo” porque arrastra el recuerdo de cientos de millones de masacrados y otras tantas hambrunas. Del terror blanco pasar al terror rojo empeoró las cosas y, como es sabido, el sistema actual en Rusia es uno de mafias enquistadas en el poder.

Como queda dicho, la obra de Richard Pipes no se agota en los tres libros que hemos mencionado, pero da una idea de la dimensión de las faenas emprendidas por este notable historiador que permiten extraer valiosos enseñanzas para los momentos que actualmente vivimos que con la etiqueta del nacionalismo se vuelven a repetir los errores del pasado.

La tarea para aquellos que pretenden vivir en  una sociedad libre consiste en salir al encuentro de las falacias del estatismo, cualquiera sea la denominación a que se recurra para que el Leviatán atropelle los derechos de las personas. La obligación moral de todos quienes pretenden ser respetados es la de contribuir a enderezar y fortalecer los pilares de la libertad. No hay excusas para abstenerse de una misión de tamaña envergadura. En esta instancia del proceso de evolución cultural, es imperioso establecer límites adicionales al poder político para no correr el riesgo de convertir el planeta en un inmenso Gulag en nombre de una democracia que en verdad se está degradado en dirección a cleptocracias de distinto grado.

@ABENEGASLYNCH_h

Laissez Faire, No. 48-49 (Marzo-Septiembre 2018)

El Estado Soviético y la Literatura
Marco Antonio Del Río Rivera
No. 48-49 (Marzo-Septiembre 2018)
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A Critique of the Phillips Curve – The Austrian Tradeoff
Gabriel Philbois and Walter E. Block
No. 48-49 (Marzo-Septiembre 2018)
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La filosofía de Ibn Jaldún: Estructura y método
Giovanni Patriarca y Elizabeth Segura Novoa
No. 48-49 (Marzo-Septiembre 2018)
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Liberalism and Allegory: A Tragedy
Daniel B. Klein
No. 48-49 (Marzo-Septiembre 2018)
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QJAE, 2018

Volume 21, no. 3 (Fall 2018)

Articles:

Are Ownership Rent and Pure Profit Separate Returns to the Entrepreneur?
by Joseph T. Salerno

On Conceptualizing Risk: Breaking the Dichotomy between Knightian Risk and Uncertainty
by Christian Hugo Hoffmann

On Conceptualizing Risk: A Comment on Hoffmann
by Xavier Méra

The Second Socialist Calculation Debate: Comments at the 2018 Austrian Economics Research Conference
by Samuel Bostaph

The Place of Economic Calculation in the Economic Theory of Ludwig von Mises
by Jeffrey M. Herbener

Book Reviews:

Review of Globalists: The End of Empire and the Birth of Neoliberalism by Quinn Slobodian
Reviewed by David Gordon

Review of T.R.M. Howard: Doctor, Entrepreneur, Civil Rights Pioneer by David T. Beito and Linda Royster Beito
Reviewed by Jason Jewell

Review of The Economic Theory of Costs: Foundations and New Directions by Matt McCaffrey
Reviewed by Karl-Friedrich Israel

The Price Determined by the Cost and Costs Determined by Prices: A Reply to Israel 
by Mateusz Machaj


Volume 21, no. 2 (Summer 2018)

Articles:

A Brief Defense of Mises’s Conception of Time Preference and His Pure Time Preference Theory of Interest by G.P. Manish

Facing Inflation Alone: Juan de Mariana and His Struggle against Monetary Chaos by Gabriel Calzada, translated by Eric Clifford Graf

Juan de Mariana and Miguel de Cervantes: The School of Salamanca and the Invention of the Modern Novel by Eric Clifford Graf

On the Coinage by Juan de Mariana, translated by Hazzard Bagg

The Great Leveling: A Note by Mark Thornton

Reviews:

The Best American Science and Nature Writing 2017 by Hope Jahren, ed. Reviewed by Jason Morgan

Research Handbook on Austrian Law and Economics by Todd J. Zywicki and Peter J. Boettke, eds. Reviewed by Alexandre Padilla

How Global Currencies Work: Past Present, and Future by Barry Eichengreen, Arnaud Mehl, and Livia Chitu. Reviewed by Carmen Elena Dorobăț


Volume 21, no. 1 (Spring 2018)

Articles:

New-Product Research and Development: The Earliest Stage of the Capital Structure by James E. McClure and David Chandler Thomas

Protected Lying: How the Legal Doctrine of «Absolute Immunity» Has Created a «Lemons Problem» in American Criminal Courts by William L. Anderson and Anthony G. Stair

Schumpeter’s Review of Frank A. Fetter’s Principles of Economics by Karl-Friedrich Israel

Subjectivity, Arbitrariness, Austrian Value Theory, and a Reply to Leithner by David J. RappMichael Olbrich, and Christoph Venitz

A BCT is not ABCT: A Rejoinder to Brian Simpson by Shawn Ritenour

Reviews:

How Economics Professors Can Stop Failing Us by Steven Payson. Reviewed by Samuel Bostaph

The Progressive Era by Murray N. Rothbard. Reviewed by Chris Calton

QJAE, 2017

Volume 20, no. 4 (Winter 2017)

Articles:

A Development of the Theory of the Ricardo Effect by Philip Ruys
Is Garrison’s Notion of «Secular Growth» Compatible With the Solow Growth Literature? by Robert P. Murphy
Secular Growth in Garrison’s Model: A Comment by Nicolás Cachanosky
A Note on Block-Hoppe Debate on Indifference by Igor Wysocki
Freedom, Counterfactuals and Economic Laws: Further Comments on Machaj and Hülsmann by Michaël Bauwens
A Comparison of Investment and Cash Building of Savings: A Rejoinder by Alexandru Pătruți

Reviews:

Scandinavian Unexceptionalism: Culture, Markets, and the Failure of Third-Way Socialism by Nima Sanandaji. Reviewed by Per L. BylundPublic Policy, Productive and Unproductive Entrepreneurship: The Impact of Public Policy on Entrepreneurial Outcomesby Gregory M. Randolph, Michael T. Tasto, and Robert F. Salvino Jr., eds. Reviewed by Per L. BylundThe Captured Economy: How the Powerful Enrich Themselves, Slow Economic Growth, and Increase Inequality by Brink Lindsey and Steven M. Teles. Reviewed by David Gordon

Anti-Piketty: Capital for the 21st Century by Jean-Philippe Delsol, Nicholas Lecaussin, and Emmanuel Martin, eds. Reviewed by David Gordon

Volume 20, no. 3 (Fall 2017)

Articles:

Subjective Expectations and the Process of Equilibration: The Views of Lachmann and Mises by G.P. Manish

Labor Market Effects in the Austrian Business Cycle Theory by Matthew Schaffer

Response to a Review of Money, Banking, and the Business Cycle by Brian P. Simpson

Reviews:

Public Debt: An Illusion of Democratic Political Economy by Giuseppe Eusepi and Richard E. Wagner. Reviewed by Karl-Friedrich Israel

Community Revival in the Wake of Disaster: Lessons in Local Entrepreneurship by Virgil Henry Storr, Stefanie Haeffele-Balch, and Laura E. Grube. Reviewed by Michael R. Montgomery

China’s Great Migration by Bradley M. Gardner. Reviewed by Paul F. Gentle

The Euro: How a Common Currency Threatens the Future of Europe by Joseph E. Sitglitz. Reviewed by David Gordon
 

Volume 20,  no. 2 (Summer 2017)

Articles:

Deflation and Economic Growth: The Great Depression as the Great Outlier by Pavel Ryska

The Non-Price Effects of Monetary Inflation by Arkadiusz Sieroń

Interest and the Length of Production: A Reply by Mateusz Machaj

Value Investing’s Compatibility with Austrian Economics — Truth or Myth?: A Rejoinder by Chris Leithner

Reviews:

Justice in the Marketplace in Early Modern Spain: Saravia, Villalón, and the Religious Origins of Economic Analysisby Michael Thomas D’Emic. Reviewed by Eric Clifford Graf

The Man Who Knew: The Life and Times of Alan Greenspan by Sebastian Mallaby. Reviewed by David Gordon

The International Monetary System and the Theory of Monetary Systems by Pascal Salin. Reviewed by Carmen Elena Dorobăț

Volume 20, no. 1 (Spring 2017)

Articles:

Value Investing’s Compatibility with Austrian Economics—Truth or Myth? by David J. RappMichael Olbrich, and Christoph Venitz

A Modern Concept of Asset Price Inflation in Boom and Depression by Brendan Brown

Fitting Attitude Theory in Economics: Menger and Keynes by Paolo Gomarasca

Reviews:

Democracy in Chains: The Deep History of the Radical Right’s Stealth Plan for America by Nancy MacLean. Reviewed by Thomas J. DiLorenzo

A Brief but Affectionate History by Diane Coyle. Reviewed by Alexander C. Cartwright

Water Capitalism: The Case for Privatizing Oceans, Rivers, Lakes, and Aquifers by Walter E. Block and Peter Lothian Nelson, eds. Reviewed by Michael R. Montgomery

ATROPELLOS DE UNA CASTA POLÍTICA DE INTOCABLES – Por Alberto Benegas Lynch (h)

En otras ocasiones me he detenido a subrayar lo que a juicio de muchos intelectuales es el uso desaprensivo de la expresión “clase social” puesto deriva de la idea que hay personas de una clase o naturaleza distinta. Esta noción deriva del marxismo en cuyo contexto se sostiene que el burgués y el proletario son de una clase o naturaleza distinta ya que poseen una estructura lógica diferente. En este sentido son consistentes con su premisa, aunque ésta esté errada ya que ningún marxista explicó en que estriba concretamente la diferencia, en que reside el manejo distinto de los silogismos y, por otra parte, que le ocurre al hijo de un proletario y una burguesa o que le sucede específicamente a la estructura lógica del proletario que se gana la lotería y así sucesivamente.

Como también hemos apuntado en su oportunidad, los sicarios nazis luego de galimatías varios en sus absurdas clasificaciones de lo que denominan arios y semitas llegaron a la conclusión que el tema era mental adoptando la concepción marxista al comprobar que solo diferenciaban a las víctimas de los victimarios rapando y tatuando a los primeros pues no había posibilidad alguna de clasificar en base a rasgos físicos.

Como queda dicho, si bien los marxistas son consistentes con sus premisas erradas, los que recurren inocentemente a la expresión “clase social” son del todo incoherentes con sus premisas porque no quieren decir que las personas de distinta clase sean de naturaleza distinta, lo que quieren decir es que obtienen ingresos distintos. En ese caso es mejor decir eso mismo: ingresos medios, ingresos altos e ingresos bajos. Por otro lado, el concluir que los de ingresos altos en general pueden acceder a una educación formal de mejor calidad que los de ingresos bajos es una grosera perogrullada pero en una sociedad abierta en donde la movilidad social es máxima no significa que la gente muta su naturaleza o cambia de clase de persona al elevar o reducir sus ingresos.

Más aún, aludir a la clase baja constituye una torpeza repugnante, referirse a la clase alta es de una frivolidad digna de la mayor tilinguería y hacerlo respecto a la clase media es llamativamente anodino.

Una vez aclarado lo anterior, vamos a lo que Milovan Djilas bautizó como “la nueva clase” en un best-seller que lleva ese título y que se tradujo a once idiomas. Un ex cómplice y partícipe directo del totalitarismo que conoció desde adentro todas las artimañas del poder como fueron los también resonantes casos de Eudocio Ravines y Whittaker Chambers sobre los que he escrito en otras ocasiones. Los tres consideraron en una primera instancia que los desbarranques se debían a malas gestiones del sistema, tardaron en percatarse que el asunto no radica en las personas que administran un sistema autoritario sino en el sistema mismo: en el manejo arbitrario de las vidas ajenas, en el abuso del poder político, en la soberbia de los mandamases, en otros términos, en la falta de libertad y el consiguiente atropello a los derechos de las personas y la aniquilación de las autonomías individuales.

Se trata en este caso efectivamente de una casta por el momento de intocables, una clase que agrupa a personas que apuntan a la extender el poder a todos los vericuetos de lo que hasta el momento era vida privada y a mantener y ampliar los privilegios de ese conglomerado de políticos irresponsables. Es una agrupación de sujetos que tienen como denominador común un deseo irrefrenable de dominación y una marcada inclinación a la acumulación de privilegios y dádivas de procederes turbios. Una clase por cierto aborrecible cuyo eje central apunta al daño sistemático e institucionalizado a seres inocentes. Una mezcla diabólica entre lo estipulado por Orwell y Huxley respectivamente.

La elaboración de Djilas es extrapolable no solo a todos los regímenes dictatoriales sino a estructuras políticas a veces consideradas democráticas pero que en verdad son cleptocracias en las que los sueños de vida, las libertades y las propiedades están en manos de desvaríos monumentales de los gobernantes de turno.

En este contexto la nueva clase paradójicamente se instala argumentando que deben eliminarse las clase mientras filtran el abuso de poder envuelto en un dogmatismo y una intolerancia inaceptables para todo lo que se le opone, lo cual indefectiblemente gangrena al cuerpo social. Esta casta de políticos y funcionarios no son todos los burócratas ni todos los políticos, son los que tienen una sed ilimitada de chupar la sangre del prójimo. Son los arrogantes que consideran que son los iluminados del momento y que deben contar con un cheque en blanco para imponer sus veleidades sobre las vidas y haciendas ajenas. En esta instancia del proceso de evolución cultural hay y ha habido políticos -los menos- que estrictamente limitan sus funciones a la preservación de derechos que son anteriores y superiores a la existencia de todo gobierno.

En cambio, la nueva clase está formada por ideólogos en el sentido más difundido del término, a saber, los que pretenden imponer sistemas cerrados, terminados e inexpugnables, es decir, a contracorriente del espíritu liberal por naturaleza abierto a procesos evolutivos que toman el conocimiento con la característica de la provisionalidad abierta a posibles refutaciones en el contexto del respeto recíproco a proyectos de vida distintos a los que caprichosamente se esmeran por encajar los megalómanos

Todo comienza con los primeros pasos. En nuestro caso, se trata de avances del aparato estatal en faenas que los principios republicanos no permiten pero que un poco de estatismo posibilita ganar elecciones. La célebre demagogia. En el caso de progreso material hay quienes sienten envidia por los que obtienen ingresos más suculentos que los suyos y pretenden el manotazo. Como no queda bien robar a mano armada, les piden a los gobernantes que hagan la tarea por ellos a través de muy distintos procedimientos fiscales vociferando que la riqueza es el resultado de la suma cero en lugar de atender la realidad en cuanto a que es un proceso dinámico y cambiante en una sociedad abierta según la capacidad de cada cual para atender las necesidades de los demás.

Pero al instalar una venda sobre los ojos para que no pueda espiarse la realidad, se consolidan en el poder los políticos inescrupulosos y quedan atrás los que no se atreven a adoptar medidas groseramente intervencionistas y estatistas. De este modo entonces se convierte el asunto en una carrera por promesas cada cual más “progresista”, este aditamento absurdo que en verdad alude a su antónimo puesto que permite enganchar a los incautos para arrastrarlos con la furia del fanático al retroceso moral y crematístico.

Más abajo veremos algunas sugerencias para revertir esta tendencia que promete acabar con la democracia tal como fue concebida para vivir en libertad en oposición al autoritarismo, pero ahora mencionamos algunas de las recetas iniciales que causan el problema de marras.

Veamos muy telegráficamente siete pilares sobre los que se basa la nueva clase de donde derivan otras medidas autoritarias que en escalada tarde o temprano terminan en una fatídica tendencia a amordazar la prensa independiente y a enclaustrar mentes a través de sistemas educativos vigilados y reglamentados por estructuras políticas a contracorriente de sistemas abiertos en competencia.

En primer lugar, la manía del igualitarismo de resultados que en contraposición a la igualdad ante la ley la pretenden prostituir sustituyendo de contrabando el ante por el mediante la ley y así en mayor o menor medida se aplica la guillotina horizontal que inexorablemente difiere de lo estipulado por la gente con sus compras y abstenciones de comprar en los supermercados y afines. Esta mal asignación de los siempre escasos recursos necesariamente se traduce en derroche, lo cual, a su vez, hace que bajen los salarios e ingresos en términos reales.

En segundo término, la idea desformada del derecho confundiéndola con pseudoderechos. Derecho es la facultad de usar y disponer de lo adquirido legítimamente pero de ningún modo el echar mano por la fuerza al fruto del trabajo ajeno. En un medio oral acaba de declarar un conocido político argentino que “frente a cada necesidad nace un derecho”, en realidad una barrabasada superlativa que pone al descubierto el desconocimiento más palmario no solo del “dar a cada uno lo suyo” según la definición clásica de la Justicia sino que  bajo tierra apunta  a arrancar recursos de los bolsillos de otros recurriendo a la violencia.

Tercero, la nueva clase usa un lenguaje hipócrita al alardear de una defensa de los pobres cuando los expolia a través de medidas antieconómicas, al tiempo que suele acumular riquezas malhabidas y siempre engrosa sus propias filas con privilegios de muy diverso calibre.

Cuarto, se basa como apoyo logístico en legislaciones sindicales que operan con recursos descontados coactivamente de los trabajadores y con representaciones compulsivas.

Quinto, la nueva clase descansa en alianzas con empresarios prebendarios que como un intercambio de favores les entregan mercados cautivos en el contexto de una economía cerrada a la competencia nacional e internacional.

Sexto, estatizan actividades comerciales al efecto de incrementar su poder aunque arrojen déficits crónicos y los servicios disminuyan de calidad a ojos vista.

Y séptimo, recurren a subterfugios monetarios y bancarios alegando un tragicómico fine tuning para que la nueva clase pueda hacerse indebidamente del fruto del trabajo de los gobernados a quienes esquilman sin piedad aparentando luchas contra la inflación.

Si nos damos cuenta de estas exacciones por las que aumenta el gasto público, los impuestos y la deuda estatal, es menester producir cambios para deshacernos de la nueva clase. No tiene sentido limitarse a la queja y pretender cambios aceptando un sistema que incentiva y entroniza la nueva clase.

Antes me he referido a posibles modificaciones al efecto de introducir vallas a la extralimitación del poder, pero es del caso repasarlos brevemente, no necesariamente para que se adopten tal cual sino como una invitación a usar las neuronas para pensar en otros procedimientos que dejen sin efecto los atropellos de la nueva clase o casta consubstanciada con un Leviatán desbocado.

Para estos propósitos antes hemos propuesto meditar acerca de posibles cambios de carácter sustancial en los tres poderes para reafirmar la democracia al estilo de los Giovanni Sartori de nuestra época alejándola de los peligros de los Hugo Chávez de nuestro tiempo.

En esta línea argumental, sugerimos que los integrantes del Poder Legislativo sean ad honorem como algunos de los cargos en las repúblicas de Venecia y Florencia de antaño, dejando de lado legislaciones incompatibles con el Estado de Derecho que abren las puertas a conflictos de intereses inaceptables e incompatibles con el sentido jurídico de la Ley.

Proponemos también aplicar al Ejecutivo la recomendación de Montesquieu que se encuentra “en la índole de la democracia” en el sentido de proceder a elecciones por sorteo al efecto se subrayar lo dicho por Karl Popper en cuanto a la imperiosa necesidad de trabajar en el fortalecimiento de las instituciones y no sobre los hombres para que “el gobierno haga en menor daño posible”, a lo cual puede agregarse la idea del Triunvirato tal como fue argumentado originalmente en la Asamblea Constituyente estadounidense según relata en sus memorias James Madison.

Por último, introducir y generalizar el sistema de arbitrajes privados en el Poder Judicial sin ninguna limitación, incluso sin la necesidad que quienes actúen sean abogados, en el contexto de una carrera judicial rigurosa y estricta bien alejada del positivismo legal que ha hecho estragos al derecho.

La inercia y las telarañas mentales no permiten salir del pantano del statu quo y del espíritu conservador en el peor sentido de la expresión. No puede resolverse un problema insistiendo en adoptar las causas que lo provocan. La nueva clase se está riendo a carcajadas homéricas de todos nosotros. Observan con deleite obsceno los preparativos de los procesos electorales y el acto comicial mismo con las fauces abiertas de par en par para engullirse el próximo botín.

Si las propuestas que recogemos para liberarnos de la nueva clase no satisfacen por algún motivo, piénsese en otras salidas pero no podemos quedar con los brazos cruzados frente a este espectáculo dantesco y al mismo tiempo bochornoso por el que quedan francos los tenebrosos pasillos hacia nuevos socialismos, al tiempo que se derrumba la democracia y el constitucionalismo que desde la Carta Magna de 1215 fueron ideados para limitar el poder y no para introducir una canilla libre de dislates que perjudican a todos pero muy especialmente a los más necesitados.

Se encienden las alarmas cuando representantes de la nueva clase declaran que quieren resolver los problemas de la gente, en lugar de dejarla en paz. Hay que combatir los residuos atávicos de la tribu, de ese modo los intocables de hoy no lo serán en el futuro.

@ABENEGASLYNCH_h