LA PANDEMIA COMO UN NUEVO FUNDAMENTO PARA LA EXPANSIÓN DEL ESTADO MODERNO

Diversos autores han estudiado los fundamentos históricos, políticos, ideológicos y económicos por las cuales se expande el tamaño del estado a lo largo del siglo XX. Junto a Stefany Bolaños resumimos en un ensayo los hallazgos encontrados. Entre los argumentos más expuestos encontramos estos: 1) la riqueza de las naciones; 2) el Estado de Bienestar; 3) la democracia; 4) el abandono del patrón oro; 5) el keynesianismo; 6) el efecto trinquete, con las dos guerras mundiales y las grandes crisis económicas. (Bolaños y Ravier, 2013)

En este artículo pretendemos mostrar que una pandemia ofrece un nuevo fundamento para la expansión del estado moderno, aspecto que si bien no había sido caracterizado en el artículo comentado, sí puede tener relación con otros fundamentos señalados.

La Riqueza de las Naciones

Un prerrequisito para tener estados modernos que representen de un 30 a un 60 % del PIB es que las naciones hayan ampliado sus capacidades productivas. Sin economías de mercado que potencien la producción -como ocurrió en los últimos 200 años-, sería estéril cualquier discusión para aumentar el tamaño del estado. Ningún sindicalismo hubiera logrado “conquistas sociales” antes de la primera revolución industrial.

Aplicado a nuestro contexto, países más ricos como Alemania pudieron expandir más los paquetes de ayuda y los subsidios que los países más pobres.

El Estado de Bienestar y el paternalismo

Cierta cultura paternalista que observamos en diverso grado pero que está presente en todo el mundo, permitió identificar un Estado de Bienestar que extendió su mano visible sobre el mercado para intentar ofrecer alivio en un año complejo. Constituye un desafío para quienes trabajamos en las ideas la carga ideológica presente en elevados niveles en la sociedad pues no permite observar que se sobreestima la ayuda estatal y se subestima la reacción del mercado, presente en millones de acciones emprendedoras, con su características creatividad e innovación. Mayores grados de libertad y responsabilidad podrían haberse utilizado para enfrentar la pandemia con muchos menores costos que la cuarentena universal. Por el contrario, se ha permitido, y en muchos casos se ha pedido que el Estado se haga presente en formas no convencionales avanzando sobre libertades individuales y derechos constitucionales.

La democracia y la imagen de los mandatarios

Si bien las medidas sanitarias de cuarentena universal impactaron negativamente en la actividad económica y el empleo, sorprende que la imagen de los gobiernos en los primeros meses tras el covid haya incrementado los niveles de confianza sobre los mandatarios. Las mayorías piden a los gobiernos aplicar medidas duras frente al escenario de pandemia, obligando a la gente a permanecer guardada en su casa, para evitar contagios y muerte. Piden por más gasto, más subsidio, más paquetes de ayuda para empresas y personas. Los gobiernos responden en base a encuestas, pero claro que la economía pone un límite al que las mayorías jamás han prestado atención.

El abandono del patrón oro y el sistema monetario moderno

El sistema monetario moderno, basado en bancos centrales con capacidad “ilimitada” para monetizar desequilibrios fiscales han inundado el globo de crédito, dejando una situación de potenciales burbujas bursátiles, inmobiliarias y de commodities para el escenario post-covid.

El keynesianismo y la política fiscal y monetaria

Las ideas de John Maynard Keynes tan polémicas en los años 1970 por los procesos de estanflación que generó, vuelven ante la gran recesión de 2008 y en los años siguientes, pero más aun se potencian en un escenario de recursos ociosos como el que se visualiza en 2020. Todos los gobiernos sin excepción enfrentan este contexto de recesión global con políticas de demanda, combinando medidas fiscales y monetarias, que nos dejarán con mayor nivel de gasto y déficit, que claramente dejará un contexto de desequilibrios fiscales y monetarios complejos para el desafío de recuperación posterior.

El efecto trinquete y la pandemia

Robert Higgs precisamente mostró en su libro sobre la crisis del Leviatán que ante las dos guerras mundiales y la gran depresión de los años 1930 los gobiernos expandieron el tamaño del Estado, pero tras los acontecimientos no retornaron a los niveles previos. Esto es precisamente lo que temo ocurrirá ante la pandemia global. Una vez que la gente se prende a la teta del estado, cuesta mucho que dejen de mamar. Los derechos adquiridos se extienden y ya no es posible retornar el nivel de gasto anterior.

Reflexión final

Me temo que la cuarentena universal aplicada ante el covid-19 potenciará todos los fundamentos que explican la expansión del estado moderno. Desde el punto de vista académico, pienso que estamos ante una variante del “efecto trinquete” reseñado por Robert Higgs. Su aplicación incluía conflictos bélicos y depresiones. Hoy debemos sumar epidemias y pandemias.

Ajuste: la palabra que remite al infierno – por Alberto Benegas Lynch (h)

El lenguaje es vital en primer lugar para pensar y en segundo término para transmitir los pensamientos. Por eso, por ejemplo, me resisto a recurrir a muchos de los términos y abreviaturas típicas de Tarzán que se suelen emplear en las redes sociales. Empobrecer la lengua es empobrecer el pensamiento.

En esta línea argumental se usa la palabreja “ajuste” en direcciones que muchas veces no miden las consecuencias y los derivados de su mal empleo. En economía estrictamente esa expresión alude a cinturones más apretados y los consecuentes sufrimientos en los bolsillos de cada cual. Pues bien, en rigor esto tiene lugar cada vez que el aparato estatal se agranda ya que debe echar mano al fruto del trabajo ajeno por medios coactivos. Y a la inversa, cada vez que se reduce el gasto público se liberan recursos para que la gente pueda disfrutar en mayor medida de lo propio. De modo que es un pésimo empleo de la palabra ajuste para referirse a la mejora en la condición de vida de la gente debido a que disfruta de mayores ingresos por el achicamiento del Leviatán. Ya bastantes ajustes padecen las personas en sus vidas desde que se levantan hasta que se acuestan principalmente debido a las insensateces de gobiernos desbocados que en lugar de proteger derechos los conculcan. Bastantes ajustes hay que soportar diariamente de los megalómanos para recibir un embate más.

En otro andarivel de esta misma historia, como queda dicho, está muy bien empleado el término ajuste cuando el aparato estatal se expande pues requiere de sacrificios y sufrimientos de la gente que en lugar de ver engrosados sus bolsillos los ven reducidos y debilitados.

Antes de dar ejemplos del siempre malsano ajuste y de la siempre gratificante y beneficiosa liberación de recursos, es de interés en el contexto de la importancia de preservar el lenguaje referirnos a la tan reiterada expresión de “ortodoxia” para aludir a ciertas medidas consideradas sensatas. Una palabra incompatible con la ciencia: la ortodoxia pertenece a la religión y al dogma, como es sabido el conocimiento tiene la característica de la provisionalidad sujeto a refutaciones. La ciencia es anti-ortodoxia por antonomasia.

Este empleo muy desafortunado por cierto es similar al uso de “populismo” para evitar el empleo del verdadero problema que es el estatismo o socialismo. Generalmente recurren a aquella expresión los tibios que tienen en la mochila mucho de socialismo y estatismo y pretenden dibujarlo o disfrazarlo con el paragolpes de populismo. El caso es similar a la parla de “neoliberalismo”, por una parte como una manifestación de cobardía para evitar el término liberal y por otra sin percatarse que ningún intelectual serio se asimila a semejante etiqueta que es un invento de resentidos.

Un ejemplo de estricto ajuste es cuando el gobierno recorta las pensiones a los jubilados luego de estafarlos reiteradamente en base al sistema quebrado de reparto al que además los burócratas de turno se apoderan de los fondos para financiar sus esperpentos. He aquí un ajuste criminal. En este sentido, es del caso insistir en una reforma de fondo que permita que en última instancia cada uno disponga del fruto de su trabajo como lo estime conveniente y oportuno. Una posible salida en borrador a este embrollo fenomenal -que si no se comparte hay que pensar en otro camino pero es urgente apartarse del sistema fraudulento vigente- consiste en que los ingresos de los jubilados y los también estados deficitarios de los que se encuentran en proceso sean financiados por las personas activas de modo directo (y no de forma solapada como en el presente) y según sean sus ingresos con las correlativas deducciones y/o devoluciones fiscales con la debida supervisión oficial para casos de incumplimiento o muerte de los activos. En realidad este proceso es el que en la práctica viene ocurriendo ya que los aparatos estatales no cuentan con nada que no haya sido succionado de los vecinos (y ningún funcionario aporta nada de su peculio, en todo caso en no pocas circunstancias saca del tesoro para usos personales). Una vez extinguido este pasivo jubilatorio en el transcurso del tiempo naturalmente quedan sin efecto los referidos compromisos y en paralelo los nuevos candidatos son liberados para usar y disponer de lo propio como les venga en gana. De lo que se trata es de terminar con la irresponsabilidad de gobernantes y abiertamente y sin subterfugios traspasar la deuda a los particulares (en todo caso el gobierno podrá mantener las sumas pertinentes como un pasivo contingente en una cuenta de orden).

Se ha dicho muy infundadamente que si los gobiernos no obligan a la gente a prever su vejez no lo harán voluntariamente, lo cual desconoce por lo menos dos aspectos clave. Por un lado esa afirmación contradice abiertamente todas las experiencias de inmigrantes que con su trabajo lograron progresar y ahorrar a través de inversiones inmobiliarias, sistemas de capitalización en empresas de seguros y equivalentes. Por otra parte, quienes razonan de esa manera no siguen sus propios silogismos hasta las últimas consecuencias puesto que si se subestima de ese modo a las personas, al recibir la pensión obligatoria habría que destinar un policía a cada pensionado para evitar que vaya a emborracharse al bar de la esquina con ese ingreso, lo cual cerraría el círculo orwelliano del Gran Hermano, en lugar de constatar que la visión canallesca y, por ende, falta de toda responsabilidad está en los funcionarios que pretenden manejar a su antojo vidas y haciendas ajenas.

Es un atraco imperdonable el arrancar aportes de la gente durante toda su vida activa para luego cuando debe cobrar la pensión recortar aún más su ingreso. No se necesita ser un experto en finanzas o en procedimientos actuariales para darse cuenta de la estafa monumental. Puedan haber otras rutas para salir del marasmo actual, eventualmente pasando primero por un sistema generalizado de capitalización, el asunto es que se logre el objetivo de respetar las sagradas autonomías individuales y que, como decimos, cada uno pueda disponer de los suyo como lo estime mejor.

Ahora pasemos a los efectos de la liberación de recursos fruto de la eliminación de faenas en un organigrama pergeñado por funcionarios inútiles que como queda dicho muchas veces se ha asimilado equivocadamente al “ajuste”. Y subrayamos la palabra “eliminación” puesto que, como hemos reiterado tantas veces, la poda -igual que con la jardinería- crece con mayor vigor.

Lo primero es comprender el significado del mercado laboral y proceder en consecuencia. El trabajo es el factor de producción más importante: nada puede producirse y ningún servicio puede brindarse sin el concurso del trabajo. Como todo factor de producción es escaso (si fuera sobreabundante no solo dejaría de ser factor de producción sino que viviríamos en Jauja y habría de todo para todos todo el tiempo todo lo cual convertiría en superflua la misma economía ya que no se requeriría economización alguna). Entonces, allí donde los arreglos contractuales son libres nunca bajo ningún concepto habrá sobrante de este factor de producción siempre escaso en relación a las necesidades ilimitadas. Y no es cuestión de las llamadas fuentes de trabajo. Los náufragos que llegan a una isla desierta no dejarán de trabajar porque no hay “fuentes de trabajo”, no les alcanzarán las horas del día y de la noche por todo lo que deban trabajar para sobrevivir y los intercambios de unos con otros implica que se estarán empleando recíprocamente. En nuestro mundo hay desempleos porque los acuerdos contractuales no son libres ya que se entrometen legislaciones como el salario mínimo y equivalentes que empujan al desempleo ya que los salarios e ingresos en términos reales se deben exclusivamente a las tasas de capitalización fruto de las inversiones que a su vez se deben a marcos institucionales que respeten derechos. Esa es la razón por la que en unos países los ingresos son mayores que en otros.

Entonces, la liberación de recursos consecuencia de la eliminación de funciones gubernamentales inútiles produce el mismo efecto que cuando se descubre un nuevo procedimiento más eficiente: se liberan recursos humanos y materiales para dedicarlos a otras faenas hasta el momento imposibles de concebir debido a que estaba esterilizados en áreas anteriores. El empresario deseoso de sacar partida del arbitraje en nuevos emprendimientos capacita a futuros empleados. Esta es la explicación por la que el hombre de la barra de hielo fuera reasignado cuando apareció la heladera o el fogonero cuando apareció la locomotora Diesel y hoy lo podemos aplicar a las secretarias cuando cada cual maneja sus asuntos en la computadora o las mermas en la construcción de oficinas debido al teletrabajo o tantísimas tareas que son reemplazadas por procedimientos más eficientes que a su vez permiten la creación de nuevos emprendimientos para satisfacer nuevas necesidades. No hay transiciones que deban demorar el proceso, la vida es una transición que si se bloquea perjudica los ingresos de todos, pero muy especialmente la de los más vulnerables que son los primeros en recibir el impacto del derroche o de lo que no se traduce en el suficiente aprovechamiento de las circunstancias imperantes. El progreso es cambio, no es posible progresar sin cambiar, pretender cambiar y al mismo tiempo el no-cambio resulta contradictorio.

En este plano debe anotarse que los sindicatos son asociaciones libres y voluntarias, pero bajo ningún concepto se trata de descuentos, aportes y afiliaciones obligatorias directos o indirectos lo cual establece un sistema fascista que en nada se asemeja al respeto recíproco tan esencial a la sociedad libre.

Uno de los tantos campos donde deben liberarse recursos sin dilaciones es el de las mal llamadas “empresas estatales” y venderlas al mejor postor, mal llamadas pues el eje central de una empresa consiste en arriesgar recursos propios y no por la fuerza con los de otros (además de ser frecuentemente reducto de bribones). En el momento mismo de la constitución de estas entidades políticas que la juegan de empresarios, se alteran las prioridades de la gente puesto que se asignan a sectores distintos de los que se hubieran asignados si se hubieran utilizado en libertad por sus titulares (y si se dice que se asignan en las mismas no tiene sentido su intromisión con el ahorro correspondiente de gastos administrativos). Y no se diga que estos organismo políticos “tienen la ventaja” que operan en zonas inviables económicamente ya que este proceder al consumir capital necesariamente agranda las zonas inviables con el consiguiente empobrecimiento de todos.

En conclusión, el ajuste está inexorablemente vinculado al estatismo que produce siempre reducciones en los salarios de la gente y la liberación de recursos necesariamente rellena sus bolsillos. Por supuesto que no hay acción sin costo, si se hace tal cosa necesariamente implica que se dejó de hacer tal otra. Esto en economía se denomina “costo de oportunidad”, de lo que se trata es de minimizar costos y maximizar beneficios y esto es lo que precisamente facilita y estimula la sociedad libre.

* El autor es Doctor en Economía y también Doctor en Ciencias de Dirección, preside la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires y es miembro de la Academia Nacional de Ciencias Económicas.

Publicado originalmente como columna de opinión en Infobae, el 28 de noviembre de 2020.

DESPEDIDA DE MI AMIGO ANTONIO MARGARITI – Por Alberto Benegas Lynch (h)*

Lo conocí en Rosario hace muchos años a través de Gerardo Bongiovanni en los inicios de su muy meritoria Fundación Libertad. Nos hicimos amigos al instante con Antonio puesto que la verdadera amistad consiste en la comunión de principios. Nos encontramos en distintas oportunidades en su provincia y en Buenos Aires. Intercambiábamos correos con frecuencia. Las coincidencias siempre eran muchas y nos sentíamos reconfortados en medio de los barquinzazos argentinos.

Antonio Margariti

Debo antes que nada destacar muy especialmente su hombría de bien, era un Señor con mayúscula. Su conducta en todos los órdenes fue siempre inmaculada. Sus modales revelaban cortesía pero al mismo tiempo firmeza en los valores. Recuerdo cuando me anunció con entusiasmo juvenil que  sus hijas aplicarían para una de las maestrías en ESEADE cuando me desempeñaba como Rector en esa casa de estudios. Tenía una gran familia que lo acompañaba en sus faenas cotidianas en defensa de la libertad. María Pía, su compañera de toda la vida, se fue solo muy poco tiempo antes para esperarlo. Todos sus amigos vamos a extrañar mucho las sabias y oportunas reflexiones del magistral Antonio.

Antonio Margariti, se doctoró en Ciencias Económicas en la Universidad del Litoral y luego realizó estudios de posgrado en las Universidades de Columbia y Rutgers. Fue profesor en la Universidad de Buenos Aires, en la Universidad Católica Argentina y en la Universidad Nacional de Rosario. Publicó innumerables artículos, fue columnista en programas televisivos en su Rosario natal, fue investigador en la Fundación Libertad y en la Bolsa de Comercio de Rosario y publicó numerosos libros entre los que cabe destacar La seguridad social estatizada, Curso de economía política, Las empresas estatales y subrayo de modo muy especial Los límites del estado populista un notable tratado prologado por el memorable Rogelio Pontón y el entonces director de la Bolsa de Comercio de Rosario. En esa obra de jugosos veintisiete capítulos, el autor desarrolla en detalle la malsana y empobrecedora política estatista. En la dedicatoria del libro se lee que está dirigido “A los que sueñan con un país mejor, a los que todavía creen en los principios morales, a los que no se dejan arrear como ganado”.

Entre las referencias bibliográficas aparecen autores de fuste como Hayek, Buchanan, de Jouvenel, Friedman, Hutt, Revel, Hazlitt y Shackle. Frecuentemente circulaba entre sus amigos borradores de sus colaboraciones periodísticas y ensayos para generosamente debatir el texto con lo que confirmaba su mente abierta y su extraordinaria capacidad didáctica.

Alan Bloom en su suculento libro sobre la amistad subraya que la dignidad descansa en la honestidad intelectual lo que hace tan sólida y perdurable las estrechas relaciones entre las personas. Y, sobre todo, en el hablar claro y sin rodeos las propias convicciones en el contexto de permanentes esfuerzos para el autoperfeccionamiento. Es el caso de nuestro querido Antonio Margariti.

Igual que con todos los que escriben sobre valores nobles que se inmortalizan en las bibliotecas, los lectores de Antonio en su memoria pueden recitar con Miguel de Unamuno: “Cuando me creaís más muerto/ retemblaré en vuestras manos/Aquí os dejo mi alma –libro/ hombre –mundo verdadero/ soy yo, lector, que en ti vibro.”

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* El autor completó dos doctorados, es docente y miembro de dos Academias Nacionales.

Por qué el impuesto a las grandes fortunas aumentará la pobreza

Desde el premio Nobel en Economía Joseph Stiglitz, al francés Thomás Piketty, y en la Argentina Máximo Kirchner, los argumentos en favor de un gravamen a los ricos son variados y a la vez descabellados

La Cámara Baja aprobó la Ley de Aporte Solidario Extraordinario de las Grandes Fortunas. ¿En qué consiste este proyecto? El impuesto de “emergencia” -en teoría por única vez- busca que quienes tienen un patrimonio de más de $200 millones hagan un aporte especial, que arranca con una alícuota del 2% y llega a 3,5% para los patrimonios de más de $3.000 millones. Según cálculos oficiales, se recaudarían $300.000 millones.

Algunos sectores como la Unión Industrial Argentina reaccionaron para señalar correctamente que el proyecto “descapitaliza a empresas que invierten, producen y sostienen el empleo en un contexto de emergencia social, sanitaria y económica”, pero a la vez se equivocan en advertir que “fundamentalmente, esto se debe a que la norma no diferencia entre el patrimonio formado por capital productivo (empresas, máquinas y activos tecnológicos en el país), y aquél compuesto por activos financieros o inmuebles.” Lo cierto es que no se debería distinguir entre la economía real y financiera, pues son dos caras de la misma moneda. La referencia deja en claro que aun los empresarios “de la economía real”, no comprenden lo que está en juego.

Hay que elogiar la riqueza, o más bien a los empresarios que supieron generarla, distinguiéndolos -por supuesto- de aquellos que se la ganaron de forma indebida, sea a través del robo o a través de privilegios de esa histórica sociedad Estado-Empresario, que siempre se construye a expensas del consumidor. Es decir, se debiera destacar la riqueza generada por aquellos emprendedores que hacen la vida más fácil a la sociedad en su conjunto, arriesgando capital, y apoyados sobre su creatividad, innovación y buen servicio al consumidor, que los elige diariamente comprando sus productos, confrontando esto con la economía prebendaria.Se debiera destacar la riqueza generada por aquellos emprendedores que hacen la vida más fácil a la sociedad en su conjunto, arriesgando capital, y apoyados sobre su creatividad, innovación y buen servicio al consumidor

se debiera elogiar la función social de la riqueza que supieron construir, criticando a quienes creen que se estaría mejor si ese capital fuera socializado entre aquellos que lo necesitan.

Desaliento a la inversión y el empleo

Se puede recordar al efecto el libro de Joseph Stiglitz, El precio de la desigualdad, quien señaló en su subtítulo: “el 1% de la sociedad tiene lo que el otro 99% necesita”. La conclusión parece obvia: hay que quitar este capital a aquellos a quienes les sobra y repartirlo entre aquellos a quienes les falta.Joseph Stiglitz, escribió en su libro El precio de la desigualdad: “el 1% de la sociedad tiene lo que el otro 99% necesita”. La conclusión parece obvia: hay que quitar este capital a aquellos a quienes les sobra y repartirlo entre aquellos a quienes les falta (Bloomberg)Joseph Stiglitz, escribió en su libro El precio de la desigualdad: “el 1% de la sociedad tiene lo que el otro 99% necesita”. La conclusión parece obvia: hay que quitar este capital a aquellos a quienes les sobra y repartirlo entre aquellos a quienes les falta (Bloomberg)

Thomas Piketty, autor de El capital en el Siglo XXI lo dice con mayor claridad: “repensemos los límites del mercado y del capitalismo y reformemos sus instituciones. Abandonemos la austeridad fiscal y gravemos más la herencia y la riqueza, concretamente con una tasa (confiscatoria e inconstitucional) del 80% para rentas que superen el millón de euros”.

Este tipo de planteos son peligrosos porque pierden de vista la “función social” que cumple la riqueza que hoy está en poder del 1% más rico. Y es que muchos al pensar en los ricos tienen la imagen del egoísta Tío Rico Mac Pato, en su propia bodega, sentado sobre una gran montaña de oro, contando cada una de sus monedas. La riqueza de estos emprendedores, sin embargo, no está en ninguna bodega. Esa riqueza se encuentra siempre en acciones de muchas empresas, que a su vez convierten ese capital en factores de producción, en forma de grandes edificios, depósitos, campos, máquinas, medios de transporte y comunicación que se utilizan en la producción en masa de aquellas cosas que luego el consumidor demanda.

Tomar las recomendaciones de Stiglitz o Piketty y expropiar esta riqueza de las manos de ese 1% más rico, sería el fin de innumerables proyectos de inversión que hoy sostienen la producción, pero que además generan millones de puestos de trabajo.Tomar las recomendaciones de Stiglitz o Piketty y expropiar esta riqueza de las manos de ese 1% más rico, sería el fin de innumerables proyectos de inversión que hoy sostienen la producción y el empleo

Es cierto, asignar ese dinero a manos de los más necesitados les ayudará a sortear un mejor presente, pero simultáneamente se perderán millones de puestos de trabajo que generarán nuevos necesitados.

El análisis económico muestra que, en efecto, en el corto plazo, re-dirigir esos recursos tendrá como consecuencia un mayor consumo presente, pero instantáneamente colapsará la inversión, y al tiempo se expandirá la escasez de los bienes de consumo más básicos, lo que elevará sus precios, y con ello la pobreza y la indigencia. En el corto plazo, habrá cierto alivio, pero en el largo plazo, una vez redistribuido y consumido ese capital, habremos multiplicado el número de necesitados.

Pero hay más. Este tipo de normas ahuyentan el capital, que busca siempre el máximo retorno y el mínimo riesgo. Expropiar capital a quienes poseen grandes fortunas, les incentiva a abandonar el país y buscar otros destinos donde llevar su creatividad y su innovación, como ya ocurrió con el presidente de Mercado Libre, entre tantos emprendedores exitosos.

Claro que los marxistas se frotan las manos ante este tipo de medidas, porque harían colapsar al capitalismo y la economía de mercado, y con ello sobrevendrá el socialismo. Pero entonces lo único que se podrá repartir es la miseria, y la calidad de vida que conocemos en el siglo XXI habrá desaparecido, hasta que decidamos reconstruirla.

Nadie ignora que este sistema capitalista no es perfecto y que mucha gente sufre importantes carencias de bienes y servicios básicos, pero ha posibilitado reducir la pobreza y la indigencia en el mundo (Thomas Khazki)

Nadie ignora que este sistema capitalista no es perfecto y que mucha gente sufre importantes carencias de bienes y servicios básicos. Pero este sistema, que se viene expandiendo en los últimos 200 años, posibilitó el acceso a bienes y servicios, reduciendo la pobreza y la indigencia en el mundo, y contribuyendo a tener una mejor calidad de vida.

Esos beneficios -siempre parciales- se los debe a los hombres creativos, los emprendedores, quienes arriesgando capital piensan todos los días cómo satisfacer las necesidades del consumidor, lo cual es premiado con mayores beneficios y riqueza. Como dijo el famoso economista americano George Reisman en uno de sus últimos libros “este 1% provee el standard de vida del otro 99 por ciento”.

En torno al teletrabajo – Por Alberto Benegas Lynch (h)

Se ha dicho que debido al teletrabajo que tanto se ha desarrollado en medio de la pandemia que a todos nos envuelve, cambiarán las características del voto. Esto pensamos es por varios factores posibles debido a que con el tiempo las urbes tenderán a desconcentrarse en alguna medida. En consecuencia, se descomprime la influencia de las masificaciones que presionan para disolver lo individual en aras del grupo. Aparecen allí los “líderes” que acentúan el problema concentrando poder, en lugar de cada uno liderar sus propias vidas.

En este contexto, por contraste, en las afueras de las grandes ciudades se facilita el pensamiento independiente al tiempo que hay mayor contención de las familias muchas veces ausentes en las urbes cuando la inmigración de las afueras a la urbe se debe llevar a cabo en soledad. También es del caso apuntar que la agricultura y equivalentes  asientan con mayor fuerza a los titulares que en las grandes ciudades donde habitualmente se rota de empleo y, por otra parte, el hecho de habitar una casa no es igual a vivir en un apartamento pues en el primer caso sobresale la particularidad, situación que en el segundo caso desaparece para subsumirse en el promedio.

Todo lo dicho tiende a hacer que el espíritu tradicionalista y conservador-liberal se fortalezca en pueblos y zonas rurales del interior y, por los antedichos motivos, tiende a multiplicarse el espíritu más bien estatista y centralizador en las urbes.

Desde luego que todo esto son influencias y no un “determinismo espacial” como bautiza este fenómeno Helena Béjar en El corazón de la república obra en la que cita a Jefferson que en carta a James Madison en 1787 advierte sobre el peligro de “apilarnos unos sobre los otros en grandes ciudades, como en Europa,  [así] nos corromperemos tanto como ellos.”

Y lo dicho no va solo para quienes poseen campos o chacras sino para quienes están directamente vinculados a empresas cuyos activos están grandemente constituidos por extensiones de tierras como las vitivinícolas o azucareras. Estas concepciones tradicionalistas se trasmiten a las descendencias por más que vivan en las urbes.

Como han puntualizado autores de la talla de Gustave Le Bon en La psicología de las multitudes “Es se observar que entre los caracteres especiales de las muchedumbres hay muchos, tales como la impulsividad, la irritabilidad, la incapacidad para razonar, la ausencia de sentimientos y de espíritu crítico”, “el sentimiento de responsabilidad que siempre retiene al hombre, desaparece enteramente”, “el contagio interviene igualmente”, “el individuo, sumergido por algún tiempo en el seno de la muchedumbre […] se encuentra bien pronto en un estado particular que se aproxima mucho al estado de fascinación en que se halla hipnotizado en manos del hipnotizador” porque “en las muchedumbres lo que se acumula no es el talento sino la estupidez.”

Alexis de Tocqueville también mostraba gran desconfianza por las masificaciones en La democracia en América donde subraya que “la mayoría posee un imperio tan absoluto e irresistible, que es necesario en cierto modo renunciar a sus derechos de ciudadano, y por decirlo así a su cualidad de hombre” puesto que “en los tiempos de igualdad, los hombres no tienen ninguna fe los unos en los otros a causa de su semejanza, pero esta misma semejanza les hace confiar de un modo casi ilimitado en el juicio del público, porque no puede concebir que, teniendo todos luces iguales, no se encuentre la verdad al lado del mayor número.”

Sin duda que el factor decisivo en todo esto reside en la educación, es decir en la trasmisión de valores consistentes con el respeto recíproco, lo cual sucederá en la medida de la independencia de las instituciones educativas y la abolición de reparticiones estatales que pretendan dictaminar acerca de estructuras curriculares en lugar de abrir cauce a la competencia entre entidades al efecto de lograr la mayor excelencia académica con auditorias cruzadas en un proceso cuya naturaleza estriba en la prueba y el error en un contexto evolutivo. De todos modos, lo señalado sobre el ámbito en el que se desenvuelve cada cual influye -no determina- las conductas que en nuestro caso pueden a su vez influir sobre el mapa electoral.

Claro que el teletrabajo no solo posiblemente influirá en los resultados del proceso electoral sino en multiplicidad de otras áreas, por ejemplo en la inmobiliaria puesto que ya no tendría sentido construir oficinas ampulosas cuando los empleados trabajan en sus domicilios.

Cierro con una referencia personal que hace a la ahora más extendida utilización del Zoom. Como tengo cierta alergia a las aduanas, migraciones, aviones, hoteles y demás parafernalia (los viajes serán solo por placer), este nuevo sistema me permite dictar clase por aulas virtuales y pronunciar conferencias desde mi biblioteca sin desplazamientos enojosos. Por otra parte, el sistema permite reunir una cantidad sustancialmente mayor de participantes ubicados en muy diversos países. Esto del teletrabajo y el Zoom puede colocarse en el lado del activo de esta desgracia de la pandemia que a todos nos afecta.

Publicado en la edición impresa del diario EL PAÍS, sábado 21 de noviembre de 2020.