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Acerca de Adrián Ravier

Adrian Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y Profesor en la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín.

Pensamientos sobre la rebelión de los necios – Por Alberto Benegas Lynch (h)

En realidad la inspiración para las líneas que siguen se basa en el título de la obra del escritor estadounidense John Kennedy Toole: La conjura de los necios. Aunque la presente columna toma otras direcciones, es de interés detenerse unos instantes en esta obra que ha servido de puntapié inicial a esta nota periodística.

Tal como relata el entonces profesor de la Universidad de Loyola, Walker Percy, la madre del autor lo llamó en repetidas ocasiones para que pedirle que leyera el mencionado libro de su hijo muerto luego de repetidos fracasos frente a editoriales que habían rechazado su manuscrito. Walker finalmente aceptó de muy mala gana echarle un vistazo al texto con la idea de dejarlo de lado también, pero confiesa que no pudo parar la lectura hasta completarla debido a lo entretenido de la trama y lo bien escrito que encontró el texto. En este sentido, ayudó a que Luisiana University Press lo publicara con un éxito notable. Fue Premio Pulitzer y en Francia fue galardonada como “la mejor novela en lengua extranjera” en el año de su publicación (1980), aunque el libro fue escrito en 1968, y la crítica mundial frecuentemente comparó a su autor con Rabelais, Cervantes y Swift. Su título original es A Confederacy of Dunces, es decir, una coalición o confabulación de necios y necios significa poco juicioso, testarudo, empecinado en el error, una expresión que proviene del latín nesciere, esto es, ignorar.https://tpc.googlesyndication.com/safeframe/1-0-37/html/container.html

El libro es una sátira llena de ironías y humor basada en alegatos a veces cuerdos a veces estrafalarios contra una sociedad que el narrador estima con rasgos decadentes. El personaje central de la novela transcurre su vida en una serie de interminables peripecias de diversa envergadura debido a la forma de conducirse y a su lógica siempre incomprendida que genera rechazo y desconcierto.

Pero trasladada esa ficción a nuestro mundo, y tomado este título como pretexto para las elaboraciones que siguen, resulta que estamos en gran medida frente a la rebelión de los necios en un sentido similar a la tesis de Ortega en La rebelión de las masas, es decir, los peligros que acechan cuando lo masificado, lo vulgar, lo común, lo mediocre, lo chato, lo falto de excelencia se arroga la facultad de convertirse en referente desplazando a quienes debieran ocupar esos espacios.

¿No es acaso digno de necios el repetir y repetir los mismos errores? ¿No estamos viendo que recetas fracasadas estrepitosamente se vuelven a ensayar como si no hubiera experiencia fallida anterior? Con gran sabiduría Aldous Huxley ha escrito que “la gran lección de la historia es que no se ha aprendido la lección de la historia.” ¿Es posible que a esta altura de la civilización no nos hayamos percatado que los aparatos estatales han revertido sus funciones de guardianes de los derechos de la gente convertidos en saqueadores de quienes deben proteger?

Los necios se han rebelado y en grandes proporciones han desplazado a las personas sensatas que no han sabido darse su lugar, sea por comodidad o por manifiesta impericia. Estimo que un factor clave para este retroceso consiste en la aceptación del fascismo como la idea que con mayor profundidad caló en las entrañas del llamado mundo libre. Esto es el permitir que los particulares registren a sus nombres la propiedad como una fachada para que en verdad los aparatos estatales usen y dispongan de ella. Si observamos con detenimiento comprobamos que en prácticamente todos los reglones de la vida social es lo que ocurre. En este sentido es la punta de lanza para el comunismo, primos hermanos entre sí tal como lo expresa Revel en su ya clásica La gran mascarada.

Tomemos el caso de los ministerios de educación y cultura. ¿No resulta palmariamente claro que el eje central del proceso educativo es uno que exige puertas y ventanas abiertas con proyectos competitivos en un contexto evolutivo de prueba y error? ¿No nos damos cuenta que nadie, repito, nadie debe tener la facultad de imponer estructuras curriculares ni pautas de ninguna naturaleza? Solo se justifica la intromisión del gobierno cuando hay lesión de derechos, por ejemplo, en el caso argentino, al contrario de lo dicho, cuando los ministerios de educación apoyan adefesios como la llamada Universidad de las Madres de Plaza de Mayo, una escuela de terrorismo. Tomemos el caso de los taxis en la ciudad de Buenos Aires. No son dueños los que figuran en el registro del automotor pues el horario de trabajo, la tarifa y el color con que están pintados lo decide el gobernante de turno en esa jurisdicción y así sucesivamente con buena parte de los sectores.

En otra oportunidad me he referido al asunto que sigue pero estimo que es urgente volverlo a reiterar. Las referencias basadas en lugares geográficos nunca me resultaron apropiadas. La derecha tiene cierto tufillo a esquema nazi y el centro es de una ambigüedad sofocante. La izquierda ha mantenido un perfil más nítido aunque se ha desdibujado desde su origen.

Como es sabido, tanto derecha como izquierda provienen de aquella tumultuosa asamblea en Versalles de 1789, en la que se ubicaron a la derecha de la presidencia los defensores del statu quo, mientras que en el ala izquierda -además de los jacobinos que se fueron acrecentando con el tiempo en número e ímpetu- se instalaron aquellos que se oponían a los privilegios y a las consiguientes extralimitaciones del poder.

Con el correr de la historia henos aquí que buena parte de las izquierdas se transformaron en aliadas de los abusos del poder y a cada vuelta de esquina pedían y piden más entrometimiento del aparato estatal. Después de la caída del Muro de la Vergüenza en Berlín, un número considerable de ponderados intelectuales de izquierda abandonaron esas filas y se incorporaron al liberalismo y otros muchos se replantean el izquierdismo algunos con ciertos bemoles y cortapisas.

Entre estos últimos casos cabe destacar el escrito de Steven Lukes que lleva un título con doble sentido: “What is Left?”, lo cual significa simultáneamente “¿Qué es la izquierda?” y “¿Qué queda [de la izquierda]?”. Este ensayo debe complementarse con el de Giancarlo Bosetti (“La crisis en el cielo y en la tierra”). En este último caso, el autor escribe: “La izquierda no es ya o, en todo caso, no puede continuar siendo cosas como éstas: la planificación centralizada, la abolición de la propiedad privada, el colectivismo, la supresión de las libertades individuales, la intención de enderezar el ´leño torcido´ kantiano, de plasmar al hombre y la sociedad de acuerdo con el proyecto elaborado por una vanguardia intelectual”. Es pertinente aclarar que la cita kantiana completa de su obra de 1784 es “con un leño torcido como aquel del que ha sido hecho el ser humano, nada puede forjarse que sea del todo recto”, lo cual es otro modo de decir que la perfección no está al alcance de los asuntos humanos. En base a esta cita se decidió el título de una de las colecciones de Isaiah Berlin (The Crooked Timber of Humnanity). Autores como Anthony de Jasay -tal vez el pensador liberal más sofisticado de nuestro tiempo- recuerdan que “no estamos en la búsqueda de un sistema perfecto” ya que tamaña meta no resulta posible para los mortales. Y eso es lo contrario de lo que ocurre con todas las utopías socialistas que tantas masacres y sufrimientos han provocado con su pretensión de torcer la naturaleza del ser humano en la busca de ese engendro que sería el “hombre nuevo” que se exime de contrariedades en un mundo idílico.

En todo caso, las antedichas aseveraciones de Bosetti son magníficas pero no van a la raíz del problema, falta un paso clave. Se observan, tanto en su ensayo como en el de Lukes (y, para el caso, en muchos otros), cuatro puntos entrelazados en los que se insiste son claves para que esa corriente de pensamiento se termine de apartar de la lacra. En primer lugar, la intervención del aparato estatal en materia salarial al efecto de “corregir los resultados del mercado en defensa de los mas débiles”. En segundo término, el tratamiento de los talentos a la manera de John Rawls en su conocido libro sobre la justicia. Tercero, un embate al individualismo “proclamado por economistas austriacos como von Mises y Hayek” y, por último, la importancia del igualitarismo crematístico.

Es curioso, pero hay pensadores de una gran solvencia y enjundia en diversas materias pero cuando abordan el tema social-laboral se desvían por completo de sus propias premisas a favor de la libertad para internarse en un galimatías de prepotentes intromisiones estatales, como era el caso paradigmático de, por ejemplo, Erich Fromm, con quien los mencionados autores revisionistas revelan grandes coincidencias a pesar del tiempo transcurrido.

A nuestro juicio, en estos casos, el problema reside en el desconocimiento de aspectos económicos cruciales. En el orden expuesto, veamos un poco más de cerca los mencionados cuatro puntos. Primero, los salarios e ingresos en términos reales dependen exclusivamente de las tasas de inversión que, a su vez, son el resultado de marcos institucionales que aseguren derechos de propiedad y si se establecen salarios superiores por decreto, el resultado inexorable es el desempleo.

Segundo, respecto a la “injusticia” de haber recibido talentos innatos desiguales, debe subrayarse que los talentos adquiridos también son el resultado de los talentos innatos en cuanto al carácter de cada persona para proceder en consecuencia. Por otra parte, nadie dispone de la información del “stock” de los respectivos talentos puesto que éstos solo se ponen de manifiesto a medida que se presentan las circunstancias, y éstas se cercenan en la medida que se conjeture que los resultados serán expropiados. También debe tenerse en cuenta que la división del trabajo y la consecuente cooperación social se desplomarían si todos tuviéramos los mismos talentos e inclinaciones. Por último, la supuesta redistribución de talentos innatos naturalmente abriría la posibilidad de que cada uno use de manera diferente esa “compensación” con lo que se entra en el círculo vicioso de la necesidad de compensar la compensación y así sucesivamente.

Tercero, el ataque al individualismo no toma en cuenta que se trata del respeto irrestricto a las autonomías individuales y de la máxima apertura al comercio y a las relaciones con otras personas en el contexto de una visión cosmopolita e internacionalista, precisamente bloqueada por el intervensionismo estatal al imponer aranceles, manipular tipos de cambio y otras bellaquerías.

En cuarto lugar, las mediciones tales como el Gini ratio, que marca la dispersión del ingreso como fundamento para la incursión estatal en el acortamiento de distancias entre patrimonios y rentas, no toma en cuenta que lo relevante es que todos mejoren y que las diferencias son el resultado de las votaciones diarias de la propia gente en el mercado y que torcer esas asignaciones de recursos retrasa la posibilidad de mejoramiento, especialmente para los más necesitados. En otras palabras, mucho se ganaría si los intelectuales de peso que provienen de la izquierda se unieran al espíritu de libertad sin cortapisa alguna, puesto que, desde esta nueva perspectiva, sus valiosas contribuciones en otros campos fuera de la economía enriquecerían notablemente los debates contemporáneos si dejáramos de lado los lugares geográficos como puntos de referencia para el pensamiento. Pero para lograr el objetivo de contar con relaciones sociales armónicas en un contexto de progreso moral y material es indispensable batir intelectualmente a los necios: unos en todo terreno y otros en el campo crematístico que machacan con recetas fallidas una y otra vez.

A pesar del dictum de Kant en cuanto a que “el sabio puede cambiar de opinión, el necio nunca”, es también cierto que los necios pueden dejar de serlo si prestan atención a la razón con lo que esta peste intelectual puede revertirse.

Pero para lograr esto, como ha dicho Viktor Frankl, no hay que amoldarse a “una visión ferroviaria de la vida” en el sentido de dejarse encajar en ciertos estereotipos de estaciones o etapas predeterminadas en nuestro recorrido vital, puesto que cada uno debe fabricar sus propias estaciones para lo cual es menester abandonar la actitud del necio. De lo contrario no estará lejos el riesgo del deslizamiento a los extremos de los Joseph Fouché de nuestro mundo -al decir de Stefan Sweig un “tránsfuga profesional”- quienes explicita o implícitamente terminan aceptando lo que ese personaje nefasto proclamaba a los cuatro vientos: “Todo le está permitido a los que actúan en nombre de la revolución”.

El autor es Doctor en Economía y también Doctor en Ciencias de Dirección, preside la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires y miembro de la Academia Nacional de Ciencias Económicas.

Publicado originalmente en Infobae, el 18 de julio de 2020.

Procesos de mercado: revista europea de economía política, Año: 2019, Vol.: 16, Número: 2

El peligroso y generalizado círculo nefasto – Por Alberto Benegas Lynch (h)

Está a la orden del día el reclamar con insistencia que los aparatos estatales ayuden, financien, entreguen bienes, otorguen créditos baratos y demás parafernalia. La pregunta del millón consiste en saber a ciencia cierta a quiénes se demanda para otorgar semejantes aportes. La respuesta no debería ser sorprendente: se trata de reclamar el fruto del trabajo de los vecinos. Los gobernantes nunca contribuyen con nada de su peculio, siempre se hace cargo el bolsillo del prójimo.

Entonces, se trata de una lucha descarnada de todos contra todos. Es como si la sociedad se hubiera convertido en un círculo infernal e insoportable donde todos tienen metidas las manos en los bolsillos del vecino. Esto así es insostenible y por cierto macabro. En esto radican básicamente los anuncios gubernamentales (por supuesto, costeados compulsivamente por la población) en diferentes medios que machacan con la mentirosa receta que “el Estado te ayuda” y otras sandeces equivalentes.

Así, en esta línea argumental, reclama airadamente el fabricante de tornillos que pretende un subsidio, los artistas que piden financiación para sus obras, los piqueteros que marchan para obtener prebendas, el productor que quiere ayudas monetarias, el sindicalista que pide que le otorguen más controles sobre obras sociales, el comerciante que le otorguen un mercado cautivo, el profesional que insiste en asociaciones obligatorias, el banquero que apunta a mayor cobertura por parte de la banca central, el almacenero sugiere que se limite el radio de los supermercados, el empresario que pide mayores aranceles, barrios populares reclaman viandas, médicos apuntan a que se les entregue mejores equipos, estudiantes se manifiestan airadamente para obtener estudios sin cargo y así sucesivamente, todo, subrayamos todo a costa del prójimo.

Ahora bien, parece que a pocos se les ocurre que como primer principio civilizado es que debe respetarse la propiedad privada. Las demandas no pueden ser para dar un manotazo a lo que otros han obtenido legítimamente. En general se trata al lugar de trabajo o el lugar donde se abastece la gente como propia sin percatarse de que se trata de la propiedad privada de otro, su comercio es su casa del mismo modo que condenaríamos que alguien ajeno pretenda dirigir lo que ocurre en nuestro domicilio.

Ilustro lo anterior con lo que acabo de escuchar en la radio. Un periodista señalaba que fulano fue a pedir un crédito y quien se lo ofrecía cobraba un interés muy alto, por lo que el periodista en cuestión con el asentimiento del resto de la mesa calificó al prestamista como un “violador serial”. Pero es que no se dan cuenta de que el propietario hace lo que le venga en gana con lo suyo y si no le gusta la propuesta al potencial deudor que busque lo que pretende en otro lado y si el prestamista no ofrece algo que la gente acepta no operará como prestamista y si logra su cometido tendrá éxito. No podemos volver a la era de las cavernas donde se condenaba la llamada “usura” con la hoguera. Descuento que ninguno de esos periodistas considera que su remuneración es demasiado alta, o para el caso usuraria. Siempre es el otro el que cobra demasiado.

Lo pongo de otra manera, todos los quejosos y pedigüeños que le exigen a los aparatos estatales que les arranquen recursos a otros, en lugar de esto deberían ellos mismos constituirse en oferentes de lo que demandan y hacerlo con el precio y la calidad que airada e injustificadamente reclaman que lo haga otro. Si esas personas alegan que no cuentan con el dinero suficiente para embarcarse en esos negocios pues que ofrezcan su idea a terceros para recabar los fondos necesarios para operar. Pero si nadie les compra la idea es porque no se basa en un plan de negocios serio y por ende debe abandonarse.

¿No es acaso una demostración palmaria de hipocresía mayúscula conducente a la hilaridad que gobernantes digan que “el Estado ha hecho o hace un esfuerzo descomunal” para tal o cual cosa? ¿No sospechan siquiera estos megalómanos que los esfuerzos los hacen los vecinos de modo coactivo?

Muchos son los gobernantes que ponen palos en la rueda para que los problemas puedan solucionarse pues la juegan de hadas madrinas y se toman en serio el rol de entregadores de riqueza (y por ende de saqueadores) con lo que las estructuras productivas se desmoronan en perjuicio de todos pero muy especialmente de los más indefensos.

De esta concepción proviene la maldita idea de aplicar la guillotina horizontal al efecto de “redistribuir ingresos” sin comprender que la distribución original y pacífica se lleva a cabo en supermercados y afines cuando la gente compra o se abstiene de hacerlo según sean los diferentes rubros que necesita. Pero resulta que esa distribución es reemplazada por la referida redistribución que inexorablemente se lleva a cabo con el uso de la fuerza contradiciendo las previas votaciones de la gente. Y, como los recursos no crecen en los árboles, esta violencia implica despilfarro que a su vez repercute negativamente en los salarios e ingresos en términos reales.

En esta línea argumental, se suele proceder a través del impuesto progresivo tan apreciado y aconsejado por Marx y Engels en el Manifiesto Comunista de 1848. Dicho gravamen se traduce en cuatro efectos. En primer lugar, es regresivo puesto queel contribuyente de jure al contraer sus inversiones reduce los salarios de los marginales que se convierten en contribuyentes de facto. En segundo término, significa un bloqueo para la imprescindible movilidad social puesto que se perjudica a los que trabajosamente vienen ascendiendo en la pirámide patrimonial vía tasas que progresan a media que progresa el objeto imponible. Tercero, altera las posiciones patrimoniales relativas ya que son necesariamente distintas a las que había establecido la gente revelando sus preferencias lo cual acentúa el consumo de capital. Por último, con razón se sostiene que debe incrementarse la productividad y realizar los esfuerzos correspondientes pero nos encontramos con que la progresividad significa que cuanto más productivo el agente se propinan mayores palos fiscales como castigo.

La siempre ponzoñosa envida opaca la bendición de las desigualdades de las personas puesto que de otra manera se derrumbaría la cooperación social y la consiguiente división del trabajo. Si todos tuviéramos las mismas inclinaciones y vocaciones las relaciones sociales serían inviables puesto que todos seríamos panaderos y no habría plomeros o todos ingenieros y no habría médicos. El delta de ingresos y patrimonios en una sociedad libre es consecuencia necesaria de los gustos de la gente, lo importante es que todos mejoren pero no que sean iguales puesto que, como queda dicho, la desigualdad de resultados surge del plebiscito diario del mercado que a su turno es debida a las diferencias de talentos de cada cual para servir a su prójimo.

En este sentido, para comprobar como ha cambiado radicalmente la opinión que hoy se pone de manifiesto en el Vaticano y sin perjuicio de otros eventuales errores que puedan señalarse, es de interés reproducir un pasaje de lo consignado por el Papa León XIII en 1891: “Quede, pues, sentado que cuando se busca el modo de aliviar a los pueblos, lo que principalmente, y como fundamento de todo se ha de tener es esto: que se ha de guardar intacta la propiedad privada. Sea, pues, el primer principio y como base de todo que no hay más remedio que acomodarse a la condición humana; que en la sociedad civil no pueden ser todos iguales, los altos y los bajos. Afánense en verdad, los socialistas, pero vano es ese afán y contra la naturaleza misma de las cosas. Porque ha puesto en los hombres la naturaleza misma grandísimas y muchísimas desigualdades. No son iguales los talentos de todos, ni igual el ingenio, ni la salud ni la fuerza; y a la necesaria desigualdad de estas cosas le sigue espontáneamente la desigualdad de la fortuna, lo cual es por cierto conveniente a la utilidad, así de particulares como de la comunidad, porque necesitan para su gobierno la vida común de facultades diversas y oficios diversos, y lo que a ejercitar esos oficios diversos principalmente mueve a los hombres es la diversidad de la fortuna de cada uno.”

Viene ahora un asunto que estimamos de la mayor importancia. Hace muchas décadas que venimos insistiendo en que deben eliminarse de cuajo todas la reparticiones cuyas funciones son inútiles y contraproducentes con lo que se podrá reducir impuestos, la deuda y atenuar la siempre perniciosa manipulación monetaria. Pero en estos momentos en que la pandemia nos abarca a todos es inaudito que ni siquiera se comprenda que no es posible seguir cobrando gravámenes como si nada hubiera ocurrido cuando la inactividad fruto del Covid-19 hace estragos. ¿Cómo es posible aun sin comprender el significado de un sistema republicano que no se entienda que es un atropello doblemente mayúsculo que los burócratas pretendan cobrar emolumentos en medio de la catástrofe? Y no estoy en modo alguno sugiriendo recortes en remuneraciones, estoy proponiendo eliminación de cargos para que por lo menos haya una ventaja en esta situación desafortunada al efecto de aprovecharla para hacer algo por el bien de la gente y aliviarla de algunos tormentos tributarios.

Por último y para cerrar esta nota periodística, subrayo que como si todo lo dicho fuera poco hay gobernantes trasnochados que sostienen que la solución a los problemas es el aumento del consumo sin entender que la clave para todo es el incremento de la producción. Si un grupo de náufragos llega a una isla deshabitada y uno de los sujetos proclama que lo que deben hacer es consumir para resolver sus problemas, seguramente los colegas no se molestarían en contestar semejante sugerencia (si es que no amenazan con ahogarlo en represalia por tamaña obscenidad). En esa isla imaginaria y en cualquier otra circunstancia el comentado círculo nefasto destruye la concordia y las relaciones entre las personas.

El autor es Doctor en Economía y también Doctor en Ciencias de Dirección, preside la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires y miembro de la Academia Nacional de Ciencias Económicas.

Publicada originalmente en Infobae, 4 de julio de 2020.

El Papa peronista – por Alberto Benegas Lynch (h)

Descontamos que el actual Pontífice está imbuido de las mejores intenciones y propósitos, pero lo relevante son los resultados que generan sus consejos. Se pronunció en repetidas ocasiones sobre el capitalismo condenando sus postulados por más que vivamos en un mundo donde esa postura es en gran medida inexistente debido a los endeudamientos estatales astronómicos, las manipulaciones monetarias colosales, las cargas tributarias insoportables, las regulaciones asfixiantes en un contexto de muchos empresarios prebendarios que en alianza con el poder de turno explotan miserablemente a sus congéneres. El capitalismo consiste en el irrestricto respeto recíproco en un contexto de marcos institucionales liberales de cuidado a los derechos de todos, lo cual ha permitido a millones salir de la pobreza.

A pesar de todo esto el Papa ha escrito en su exhortación apostólica Evangelii Gaudium que el mercado mata. En este contexto, estimo de una peligrosidad inusual el consejo papal: “Animo a los expertos financieros y a los gobernantes de los países a considerar las palabras de un sabio de la antigüedad: ‘No compartir con los pobres los propios bienes es robarles y quitarles la vida. No son nuestros los bienes que tenemos, sino suyos’”. ¿El Pontífice está invitando a que se usurpen las riquezas del Vaticano o solo se refiere a las de quienes están fuera de sus muros y la han adquirido lícitamente? El respeto a la propiedad privada constituye parte del basamento moral de la sociedad libre que recogen los mandamientos de no robar y no codiciar los bienes ajenos, a contracorriente de la aseveración de Marx de abolir la propiedad privada.

Uno de los mentores del actual Papa ha sido Monseñor Enrique Angelelli -ahora beatificado- que celebraba misa bajo la insignia de los terroristas Montoneros. Entre los primeros actos de este pontificado se encuentra la concelebración con el Padre Gustavo Gutiérrez, en San Pedro, el creador de la denominada “teología de la liberación” quien adhiere enfática y reiteradamente al marxismo en su muy difundido libro Teología de la liberación. Perspectivas.

También el Papa se ha embarcado en actitudes muy cuestionadas en Chile, Perú y Cuba, en esta caso al visitarlo a Fidel Castro fuera de protocolo y sus reflexiones sobre el sistema imperante, su visita a Evo Morales en Bolivia y el recibimiento de la cruz marxista y las alabanzas a los tercermundistas en Paraguay, en línea con su declarada admiración al socialista argentino Padre Carlos Mugica y al salvadoreño de la igual filiación Monseñor Oscar Romero (ahora también beatificado).

En este sentido es oportuno reproducir una preocupación aun antes del actual pontificado expuestas por el sacerdote polaco Miguel Poradowski -doctor en teología, en derecho y en sociología-  en su libro El marxismo en la Iglesia: “No todos se dan cuenta hasta dónde llega hoy  la nefasta influencia del marxismo en la Iglesia. Hay que tomar conciencia de estos hechos porque si vamos a seguir cerrando los ojos a esta realidad […] tarde o temprano vamos a encontrarnos en una Iglesia ya marxistizada, es decir, en una anti-Iglesia”.

En 2015 después de los ejercicios espirituales de cuaresma el Papa dijo en el Aula Pablo VI frente a la Confederación de Cooperativas Italianas que “el dinero es el estiércol del diablo” (seguramente no se refería al Banco del Vaticano). Y al año siguiente, el 11 de noviembre de 2016, en una entrevista al diario italiano La Repubblica aseveró que “Son los comunistas los que piensan como los cristianos”.

El actual Pontífice alaba la pobreza material y simultáneamente la condena. La alabanza a la pobreza material -a diferencia de la bíblica pobreza de espíritu- por una parte conduce a que se rechace la caridad puesto que mejora la condición del receptor lo cual los haría menos pobres y, por otra, si se acepta que los pobres en el sentido crematístico ya estarían salvados la Iglesia debería concentrarse solo en los ricos pues los primeros ya tendrían asegurado un destino muy satisfactorio.

Es de interés tener presente lo estipulado por la Comisión Teológica Internacional de la Santa Sede que consignó el 30 de junio de 1977 en su Declaración sobre la promoción humana y la salvación cristiana que “De por sí, la teología es incapaz de deducir de sus principios específicos normas concretas de acción política; del mismo modo, el teólogo no está habilitado para resolver con sus propias luces los debates fundamentales en materia social […] Si se recurre a análisis de este género, ellos no adquieren suplemento alguno de certeza por el hecho de que una teología los inserte en la trama de sus enunciados”. Por el bien de nuestra Iglesia, es de desear que lo que dejamos consignado se rectifique y se comprenda lo estipulado sobre el capitalismo en Centesimus Annus y lo publicado en la célebre Encíclica de Pio XI: “Socialismo religioso y socialismo cristiano son términos contradictorios, nadie puede al mismo tiempo ser buen católico y socialista verdadero.”

Publicado originalmente en El País de Uruguay, domingo 28 de junio de 2020.

Cultura Económica, Vol 38, No 99 (2020): LA ACTUALIDAD DE ALBERT O. HIRSCHMAN

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Tabla de contenidos

Editorial

La actualidad de Albert O. HirschmanGonzalo CarriónPDF3-6
The actuality of Albert O. HirschmanGonzalo CarriónPDF (ENGLISH)7-10

Artículos

¡Finalmente, un manifiesto!Luca MeldolesiPDF (ENGLISH)13-25
Políticas públicas y acción colectiva. El legado de Albert O. Hirschman en tiempos de pandemiaJimena HurtadoPDF (ENGLISH)26-40
Proyección imaginativa, decepción y cambio: el principio de conservación y mutación de la energía social en Albert O. HirschmanGonzalo CarriónPDF41-56

Ensayos

Aportes para la gestión del desarrollo: la propuesta hirschmanianaGabriel Suárez FossacecaPDF59-74

Reseñas de libros

Pierre de Jean Olivi (2017). Tratado de los contratos. Estudio Preliminar de Rafael Ramis Barceló. Traducción y notas de Pedro Ramis Serra y Rafael Ramis BarcelóAlvaro Perpere ViñualesPDF77-79