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El 13 de junio pasado, subimos un post en el que nos preguntábamos: ¿Debe Argentina copiar el sistema monetario y bancario de Panamá? La discusión nos condujo hacia la convertibilidad de Argentina durante la década de 1990, la dolarización de Ecuador y El Salvador entre 2000 y 2001, el Euro y hasta una posible dolarización en Colombia para los próximos años.

En mi post, al mencionar la posible dolarización en Colombia, incluí un link a un trabajo de Carlos Eduardo León y Alejandro Reveiz titulado “La dolarización financiera: Experiencia internacional y perspectivas para Colombia“, en el que se concluye que:

Basado en la experiencia internacional, y en especial por las características de la economía colombiana, este documento concluye que la dolarización financiera conllevaría costos elevados, en especial si se comparan con unos beneficios limitados y apenas potenciales.

Uno de los coautores de este artículo me escribió recientemente un correo electrónico, apuntando que el post no era claro acerca de la posición mantenida en el artículo, lo cual es cierto. Mi intención al linkear el mismo fue simplemente mostrar que la discusión ya se está generando en el ámbito del Banco Central de la República de Colombia, y conociendo los tratados de libre comercio con Estados Unidos y otros países -los que entraron en vigor recientemente-, me parece que la viabilidad de esta propuesta de reforma bancaria es mayor. Carlos Eduardo León me autorizó a compartir su correo electrónico en el blog, lo cual puede abrir una nueva discusión con los lectores en torno a los pros y contras de dolarizar la economía colombiana.

Respetado Adrián.

Recientemente leí su blog sobre si Argentina debe copiar el sistema monetario y bancario de Panamá.

Me pareció muy interesante la discusión y el blog en general.

Me llamó la atención que se menciona que Colombia podría llegar a dolarizar en los próximo años. El texto del blog dice:

“Despúes de todo, El Salvador y Ecuador ya han dolarizado en 2000 y 2001, justamente cuando Argentina se planteó el debate como alternativa a la devaluación, y otros países como Colombia podrían hacerlo en los próximos años.”

Resultó que el link al que lleva la palabra Colombia es un documento de trabajo del cual soy co-autor.

Por la manera en que está redactado el texto antes citado y la manera en que se vincula mi documento, pareciera que nuestro documento concluye que en Colombia la dolarización es conveniente o que es un debate que vemos justificado próximamente.

Por el contrario, nosotros los autores, basados en la evidencia teórica y la experiencia de Colombia con el manejo por parte del Banco de la República de la política monetaria y cambiaria, encontramos que la dolarización no es apropiada para nuestro país. Según nuestro análisis, serían más cuantiosos los costos que los beneficios de la dolarización en Colombia. Y, de hecho, esa es la opinión de la mayoría de expertos y de la literatura sobre el tema para Colombia, aunque existen algunos que abogan por la dolarización cada vez que la apreciación o depreciación del peso colombiano afecta los intereses de un sector productivo en particular.

Por lo anterior, dado que no encontré cómo realizar mi comentario directamente al blog, muy cordialmente le pido el favor (si es posible) de adjuntar al blog una breve referencia sobre esta precisión que acabo de hacer.

Aparte de lo anterior, en mi conocimiento de las crisis de Argentina y otras economías latinoamericanas, encuentro poco apropiado el modelo panameño para países de gran tamaño (como Argentina, Chile, Colombia, Venezuela, etc.), en especial cuando su comercio es más de bienes que de servicios, y cuando tiene algún grado de diversificación en los mercados a los que se dirige; en el caso panameño (y tal vez el salvadoreño) encontramos un mercado pequeño, concentrado en servicios (transporte, bancarios, turismo, que son cotizados y pagados en dólares), lo cual justifica –a mi modo de ver- en cierta medida su elección de sistema monetario y bancario.

Reconozco que en Argentina, por el largo historial de malos manejos macroeconómicos, la dolarización se convierte cada cuantos años en “la menos nociva” de las alternativas. No obstante, la dolarización (o adopción de otra moneda), perfecta o imperfecta, con curso forzoso o sin él, traería problemas para que la industria argentina compita con economías que, como la de Brasil o la de Chile, mantienen regímenes cambiarios flexibles; la mejor evidencia de lo anterior en Argentina es el periodo posterior a la caja de conversión, cuando el diferencial de inflaciones de Argentina (inflación no causada por desorden monetario) con sus socios comerciales socavaron la competitividad de su industria, lo cual hizo insostenible la caja de conversión frente a los ajustes cambiarios de Brasil como resultado de las crisis de México, Sudeste Asiático y Rusia. Inclusive, sin desconocer la grandes diferencias entre Grecia y Argentina, los problemas de la primera muestran que prescindir de la política monetaria no termina con los problemas fiscales, de endeudamiento y productivos de las economías.

Ya para terminar, quiero agradecer mucho el haber citado nuestro documento. Así mismo, agradezco haber prestado atención a mi opinión, la cual, en el caso de Argentina se limita a mi gusto e interés por las crisis de la década de los noventa, reconociendo que Ustedes seguramente tienen más información y experiencia sobre su país.

Cordial saludo,

Carlos León