Gustavo Marqués frente al liberalismo de la Escuela Austriaca. Parte I

Gustavo Marqués, Doctor en Filosofía y Profesor de Epistemología de la Economía de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Buenos Aires, es ya un conocido crítico de la teoría económica moderna de la Escuela Austriaca.

En este primer artículo que reseñamos “Las asignaturas pendientes del liberalismo económico”, Marqués reconoce que aquella lectura del liberalismo económico que ofrece la Escuela Austriaca es la “mejor versión disponible”, destacando en contraste con el enfoque neoclásico que “construye una defensa del mercado que ya no depende del compromiso con la vigencia de circunstancias sabidamente inexistentes o falsas. […] [E]l orden competitivo de mercado es defendible tal como es, no como debería ser, si ciertas circunstancias excepcionales pudieran ser satisfechas. Los Austriacos ofrecen, pues, una defensa mejorada del orden de mercado, cuyos elementos salientes son, en el nivel teórico, la especial atención prestada a la esfera del consumo y el análisis de los mercados de competencia imperfecta, y, a nivel filosófico, su mayor realismo (que se manifiesta en su incorporación del subjetivismo y la incertidumbre).”

Sin embargo, después de reconocer la importancia que juega en la economía de mercado la soberanía del consumidor y la incertidumbre, Marqués señala lo que para él constituyen los problemas internos no resueltos del liberalismo clásico austríaco, a saber, 1) la defensa a-crítica del sistema de valores que requiere el funcionamiento del mercado, subvaluando la preferencia por el presente y la estabilidad; 2) la carencia de políticas de corto plazo; 3) la carencia de políticas asistenciales y 4) la tendencia a adoptar un sesgo autoritario.

Pensamos que críticas como éstas, merecen atención y consideración. Abrimos entonces el debate.

13 pensamientos en “Gustavo Marqués frente al liberalismo de la Escuela Austriaca. Parte I

  1. Me pareció muy bueno el articulo.

    Mi mayor críctica sería hacer la siguiente pregunta en cada punto: cual es la mejor alternativa al mercado?
    Creo que el autor quiere criticar a la escuela austriaca desde adentro, no desde fuera asi que bajo esa perspectiva voy a hacer algunos comentarios.

    1. Cuando habla de estabilidad emocional vs. competencia.
    Desde un punto de vista austriaco los ciclos económicos generan desestabilizaciones emocionales. Si los ciclos se generan por la intervención estatal. entonces para evitar desestabilizaciones emocionales, el estado no tiene que intervenir.
    Ahora bien, el se refiere al desgaste de estar compitiendo todo el tiempo. NOSE si ese desgaste es el mismo que el que se genera en los ciclos o es otro tipo de angustia.

    2. El punto dos veo mas facil de rebatir, el autor plantea que la no intervención es solucion de largo plazo, pero en el corto plazo es perjudicial para algunos sectores de la sociedad.
    Entonces plantea un problema moral: Solucion optima de largo plazo o solucionar los problemas inmediatos.?
    Siendo una crítica interna, uno debería preguntarse si la solución indmediata, que implica intervención y por ende generación de nuevos ciclos futuros no termina perjudicando a todos tanto en el corto como en el largo plazo.
    Para mi el autor lo que trata de demostrar es que el mercado NO soluciona todos los problemas de la humanidad. Cuando creo yo, deberia probar si existe una alternativa mejor al mercado para solucionarlos.

    3. Sobre la moral tribal. Siempre me pregunto si dicha moral existe o es la percepcion que tenemos de las tribus con los ojos del Siglo XXI. Sobre este punto no me quiero explayar porque no me siento capacitado.

    4. Me parece una crítica muy buena, creo que debería diferenciar entre la voluntad popular en cuanto exista un intercambio voluntario ( el alcoholico que utiliza en el ejemplo ) y en cuanto no existe un intercambio voluntario.

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    Es mi humilde opinion, el articulo me parecio excelente.
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  2. Gracias Martín! Pienso que hiciste un buen resumen.

    La crítica 1. Muestra que el capitalismo y su competencia, traen “daños colaterales” que no estaríamos teniendo en cuenta. Yo pienso que una correcta lectura del liberalismo de la EA nos deja con “beneficios colaterales”, más que “daños”. Quizás el autor no se termina de despegar de la idea de que el intercambio es un juego de suma cero, donde unos ganan a costa de otros. Si tenemos en cuenta el análisis “subjetivo” del intercambio comprendemos que “siempre” que hay un intercambio voluntario las dos partes ganan.
    Es cierto, la competencia puede desplazar a algunos competidores, y dejar a ciertos trabajadores que trabajaban en esa compañía con la obligación de adaptarse al cambio para recuperar el empleo. Pero esto es el progreso. Si no hubiéramos permitido que esto ocurra, Malthus habría tenido razón, y hoy la indigencia sería extrema!

    La crítica 2. Marqués critica el sesgo hacia el largo plazo de los teóricos austriacos y explica que sería más relevante prestar atención al “hoy”, al corto plazo. ¿Por qué elegir por la generación futura en lugar de la presente? Esto requiere varias respuestas:
    Primero, pienso que las políticas distributivas que Marqués adoptaría, beneficiarían a ciertos grupos hoy, a costa de otros grupos también “hoy”. Es “el hombre olvidado” del que hablamos también en otro post.
    Segundo, no veo tan claro que los austriacos tengan mayor preferencia por el largo plazo que por el corto plazo. Decía Mises: “Debemos guardarnos de la falacia habitual de trazar una línea divisoria profunda entre los efectos a corto plazo y a largo plazo. Lo que sucede en el corto plazo son precisamente las primeras etapas de una cadena de transformaciones sucesivas que tenderá a provocar los efectos a largo plazo.”
    Tercero, los austriacos “distinguen” los efectos de corto plazo de los de largo plazo. Un análisis económico que no lo haga sería realmente incompleto. Pienso que es el caso del keynesianismo (corto plazo) y del monetarismo (largo plazo). El análisis austriaco por el contrario, al dar entrada a la dimensión temporal al análisis económico, toma en cuenta los efectos de corto, mediano y largo plazo.
    Cuarto, esta dstinción entre corto y largo plazo, tiene relación con algo que discutíamos en otro post sobre teoría y política económica. Decíamos que el rol del académico y el del político son complementarios. Que el teórico o académico nos dicen a dónde ir, y el político trabaja para encontrar el modo de llegar allí. Los austriacos tienen esta visión, de preocuparse por analizar la situación que sería deseable en el largo plazo. Debemos reconocer sin embargo que ha faltado cierto énfasis en la transición. Pero el trabajo de Boettke muestra el camino:

    “Is the Transition to the Market Too Important to be Left to the Market?” Economics Affairs 23 (1) 33-39. (Co-authored with Peter Leeson).

    “An ‘Austrian’Economists Perspective on Transitional Political Economy,” Ama-gi: The Journal of the Hayek Society at the London School of Economics, 6 (2) 2004, 12-14.

    (hay otros artículos que necesitaría buscar)

    La crítica 3. Marqués señala la ausencia de políticas asistenciales, señalando la necesidad de compensar a aquellos que están fuera del mercado. Reconoce el énfasis de los austriacos en la caridad o ayuda privada, pero esto puede ser insuficiente. Martín señala correctamente un punto: ¿Cuál es la alternativa? En Marqués es sencillo. Se trata de compensarlos con políticas redistributivas cuyo peso, imagino, recae en impuestos a los más pudientes. El problema es que esto también nos deja un problema moral. Se trata del “hombre olvidado”, otra vez.

    La crítica 4, vuelve sobre una cuestión que se la ha recriminado tantas veces a los liberales: “el punto de vista liberal puede adoptar fácilmente un sesgo autoritario.” Yo esto sigo sin entenderlo. Marqués argumenta que el pueblo mantendrá preferencia por el presente, y que los liberales sólo lograrán imponer la preferencia por el futuro a través de la fuerza. De hecho, cierra el artículo vinculando a Hayek con Pinochet. Pienso que aquí todos coincidimos que aquel liberal que quiera imponer un orden determinado por la fuerza dejará de ser liberal. Hayek hizo muchos esfuerzos por mostrar este punto. Las razones de la mala interpretación del punto, realmente superan mi entendimiento.

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  3. La crítica del punto 3, la ausencia de políticas asistenciales, es algo que en casi todas las discusiones con personas no liberales sale a relucir. Es la última línea de defensa del estatismo hoy por hoy. El egoísmo individual frente al altruismo público hace necesario que el estado se preocupe de la defensa de aquellos que se quedan fuera, por los motivos que sean, del juego del mercado. Particularmente no veo que en la realidad y a pesar del enorme peso del estado, la atención de las personas que lo necesitan sea efectiva. No hay mas que ver el ejemplo en España de la ley de asistencia. Sin embargo es cierto que en este punto desconozco la propuesta liberal al respecto, mas allá de citar a las instituciones de caridad privada.

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  4. Muy buen el post Adrián,
    En su primer critica, sostiene que puede existir un trade off entre estabilidad y capacidad consumista. Pero justamente ese trade off, no tiene por que estar relacionado con el gobierno, y tampoco según me parece presentaría algún malestar en una sociedad libre, ya que si hay indivduos que prefieren una mayor estabilidad ante una mayor capacidad consumista, no hay razones para que estos no contraten una especie de seguro de desempleo creado por privados, y tampoco habría problemas para que una empresa así se creerá, entonces los que prefiriesen una mayor estabilidad podrían contratarlos renunciando a una mayor capacidad consumista, y los que no simplemente no los contrataría. En este caso entonces cada individuo no debería verse obligado a renunciar a una mayor capacidad consumista por una mayor estabilidad, como podría suceder en el caso de que sea garantizado por el estado, entonces creo podríamos decir que a través del mercado libre podríamos alcanzar una mejor solución ante esta critica.
    En cuanto a la ultima critica, según entiendo la podríamos relacionar también con el “Hombre olvidado”, por que me parece que la cuestión a analizar sería que: si la mayoría prefiere un estado interventor, por esto se puede avanzar sobre los demás miembros de la sociedad y hasta perjudicando a los mismos por esas intervenciones que el estado llevaría a cabo “en favor de la mayoría” ( pensado así por la mayoría, las cuales incluso pueden perjudicar a los mismos), por lo que me da la impreción que tiene que ver con hasta que punto podría la “mayoría” por desear algo, restringir la libertad de los demás y obligarlo a llevar a cabo determinadas acciones. Es decir, entraríamos en el juego planteado en el “Hombre olvidado” A y B decidirían por C, y hasta incluso perjudicando a C. Me da la impresión que es una cuestión de hasta donde se definen los derechos individuales, y se puede ir por encima de estos por el deseo de la “mayoría”.

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  5. El problema del punto 3, como señala Adrián es que requiere de un juicio de valor. En última instancia el debate se vuelve moral más que económico. El análisis económico (economía positiva) ya selección de políticas (economía normativa) son dos cosas distintas.

    En ese sentido uno puede decir que no esta de acuerdo con el juicio de valor de otra persona, pero no que su análisis es incorrecto. Esos son dos debates distintos, el puramente teórico y el de selección de políticas que inevitablemente generarán transferencias de recursos.

    Al menos como guía, la fórmula de Bastiat siempre me pareció apropiada. El estado no debe poder hacer nada que ningún individuo haría sin ser culpable de un delito. Es dentro de este límite donde el estado debe actuar, de lo contrario el estado se ubica por encima de la ley y se pasa de un “rule of law” a un “rule of state.”

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  6. 1) la defensa a-crítica del sistema de valores que requiere el funcionamiento del mercado, subvaluando la preferencia por el presente y la estabilidad; 2) la carencia de políticas de corto plazo; 3) la carencia de políticas asistenciales y 4) la tendencia a adoptar un sesgo autoritario.

    Sobre 1. Ok, siempre hay que tener en cuenta el marco valorativo, las afirmaciones son theory-laden (Popper) y value-laden (Putnam). Se podría decir que el liberalismo clásico de Mises y Hayek enfatizan la estabilidad del sistema jurídico presente, en funciòn del desarrollo económico futuro, y habría que ver si, planteado de ese modo, ello cae en la crítica de Gustavo.

    Sobre dos. Casi todos reconocemos actualmente que no hay suficientes estudios austríacos sobre políticas de transición. Ok. Aunque fue precisamente Mises un ejemplo a seguir sobre propuestas de políticas de transición, en sus lost-papers.

    Sobre tres. Ya he dicho muchas veces que en Hayek no es así de ningún modo.

    Sobre cuatro. No, si se refiere a las filosofías políticas en tanto tales de Mises y Hayek. Si, si se refiere a: la tendencia de los libertarios a irse fuera del sistema político, lo cual les produce la tentación de violencia de todo aquel que queda fuera del sistema habitual de participación política (me refiero a países como EEUU).

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  7. Creo que Gabriel tiene un punto sobre 2 y 3.
    Sobre todo el punto 2. Hayek no sólo debatió, por ejemplo, con Keynes en los 30 sobre las crisis, sino que también ofreció una sugerencia de cuál sería una política monetaria neutral por parte de un banco central. Por neutral se refería a que no se generen ciclos económicos (que la tasa de interés no se ubique debajo de la tasa natural) y su sugerencia fue lo que hoy se denomina “productuvity rule.” Usando la ecuación MV = PQ su idea que la autoridad monetaria debía mantener MV constante.

    Cuando Mises estaba en Viena fundó el instituto de estudios de ciclos económicos y sus directores fueron Hayek y Morgenstern sucesivamente.

    Años más tarde en Denationalization of Money ofrece una sugerencia de sistema monetario alterantivo y la transición a mismo.
    En la edición de 1957 de The Theory of Money and Credit Mises agrega una cuarta parte al libro que es su sugerencia de reconstrucción monetaria. En su caso el plan era volver a un sistema de convertibilidad/patrón oro (algunos entienden que además sugería un encaje de 100% de reservas para todo el sistema financiero, pero de hecho se refiere únicamente a los bancos emisores).

    Mises también presentó un memorandum ante la Liga de las Naciones, creo que en 1930, sobre la situación monetaria luego de la crisis de 1930.

    En la parte final de su tesis doctoral Selgin ofrece un plan de transición a un sistema de FRB que inicialmente este basado en el dólar como dinero base.

    Muchas de las propuestas de los austriacos tienen que ver con grandes debates o grandes problemas, y no tanto con una sugerencia de política económica para solucionar el problema de “x.” Creo que esto tiene que ver con el tipo de problemas y preguntas que se han planteado. Si bien podría haber más, esto no implica que no tengan sugerencias políticas de corto plazo, al contrario, están presentes y son sobre temas importantes.

    Sobre el punto 3 Hayek es un buen ejemplo.

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  8. Para ilustrar esto paso este comercial de Coca que me pareción increible y creo que contiene el espiritu liberal:

    un saludo!.

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  9. El punto 4 de Gabriel me genera cierta duda. Aunque no se si lo interpreté bien. ¿Tiene un sesgo “autoritario” el espíritu reformista rothbardiano? ¿En qué sentido el argumento ético, político y económico hacia el anarcocapitalismo o el autogobierno es “violento”?

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  10. Muy buenas las observaciones de Nicolás sobre el puntos dos.

    Por lo demás, creo que algunos libertarios no escapan a esta crítica a la ideología que escribí hace algunos años (en “El analogante de las ciencias”, en Derecho y Opinión (6), 1998, pp. 683-697.)

    “………Nos detendremos un poco más en el tema de la ideología.
    Otra vez, aclaremos qué no estamos criticando. No nos estamos refiriendo a ideas sobre sistemas políticos que, con su carga de esencial opinabilidad, se consideran mejores para la convivencia humana, ni tampoco a valores ético-sociales básicos de la filosofía política, como el respeto al bien común, la limitación del poder, etc. Nos estamos refiriendo a lo siguiente.
    En primer lugar, la ideología, más que contenidos concretos, es una actitud, la cual parte de una premisa fundante: existe el sistema social perfecto. No importa que sea posible o imposible, que de hecho exista o haya existido tal o cual sistema social “X”; lo importante -por eso decimos que es una actitud mental- es que se lo conciba como “perfecto”. El ideólogo anade a esto una premisa gnoseológica, que ha sido calificada como “racionalismo constructivista” : es posible conocer perfectamente los medios que racionalmente conducen a ese ideal. Dadas estas dos premisas, hay otras dos características que emanan cual necesarias conclusiones: este sistema es la única opción moral posible, pues, si es perfecta, si con ella se elimina absolutamente todo margen de pobreza, de guerras, de ignorancia, cómo va a ser moralmente legítimo optar por otro sistema que deje margen para sufrimientos, que, aunque mínimos, pueden evitarse? Y la otra conclusión es: ese sistema es la última etapa de la historia. No en el sentido de que no pueda abandonarse el sistema, sino en el sentido de que un abandono tal sería un retroceso. Esto es, dado ese sistema, la humanidad no puede avanzar socialmente más. Por qué? Muy simple: porque ese sistema es el perfecto.
    A esto se agrega una quinta característica, pero no necesaria, sino basada en una conjetura dada la comprensión empática de la naturaleza humana: la tentación de violencia . Esto es, puede ser posible un ideólogo tranquilo, sentado en su silla, contemplando este mundo espantoso al lado de la pureza del ideal que él considera posible, escribiendo, hablando y esperando pacíficamente que la humanidad “se convenza” de sus enseñanzas. Pero es difícil. Si todo sufrimiento puede eliminarse así, de un día para el otro, con la implantación del orden social perfecto… Por qué esperar? No es acaso una violencia injustificada la ignorancia de los dirigentes que tanto sufrimiento ocasionan a nuestros semejantes? No claman a la justicia los gritos de los pueblos sometidos a las torturas de la imperfección? Cuanto más inteligente y bueno sea nuestro ideólogo, peor. Pues si ha estudiado las condiciones para la guerra justa que vienen ya desde la escolástica, entonces, la revolución armada contra la violencia de la imperfección puede ser entendida como una legítima defensa cuyo momento está por llegar de un momento a otro…
    Por supuesto que hay ideologías que colocan a la violencia como una etapa necesaria de su visión del mundo. Así fueron el marxismo-leninismo y el nazi-fascismo. Pero colocamos a esta quinta característica como no necesaria porque todo puede ser ideologizado. Si alguien supone que la democracia constitucional es el sistema social perfecto (lo cual es un error: es bueno, mas no perfecto), entonces…
    Analicemos por un momento los posibles orígenes de la primera y segunda premisas. Habitualmente es una metafísica racionalista muy bien hecha, como el materialismo dialéctico que inspiró al marxismo leninismo. Esas metafísicas tienen filosofías de la historia que pretenden conocer las etapas necesarias de la historia humana; de allí la negación del libre albedrío, la justificación de todo aquello que lleva la etapa final y la pretensión de imposibilidad de juzgar desde fuera alguna de esas etapas -nadie puede estar fuera del proceso necesario; quien pretende estarlo, criticando a la ideología en cuestión, es un antirrevolucionario (y, consiguientemente, un enemigo de la humanidad).
    Por supuesto, esta última característica es acompañada por otra que puede estar después de la cuarta y antes de esta. Se desprende necesariamente de las primeras cuatro. Es la cerrazón absoluta a la crítica. El ideólogo no dia-loga; monologa. La crítica metódica de la cual hemos hablado está coherentemente excluida, pues, si existe el sistema social perfecto y se conocen perfectamente los medios que conducen a él, ninguna crítica puede agregar algo al sistema. A lo sumo, un ideólogo pacífico, tipo ideal difícil pero posible, puede someterse a la crítica metódica para ver si puede mejorar sus medios argumentativos y retóricos de difusión de su ideología, pero no como algo que verdaderamente agregue algún aspecto de la realidad que él desconocía. Por supuesto, volvemos a conjeturar que, psicológicamente, del monólogo permanente a la violencia física (pues el monólogo es una violencia lingüística) hay un paso muy tenue, muy sutil, muy próximo.
    La hermenéutica del mundo, para el ideólogo, es muy singular. Para él no hay negro, gris y blanco. Hay negro y blanco. Esto es: el no ideologizado es capaz de ver al mundo como un gris, y ese gris es ya un éxito frente al negro de las guerras y las miserias absolutas. Sabe que el blanco es imposible y que los intentos de lograrlo conducen al negro. Por eso sus propuestas son más bien medidas concretas para mejorar tal o cual aspecto , y no propuestas globales de perfección.
    El ideólogo, en cambio, ve al mundo, que en realidad es gris, como un negro permanente al lado del posible y alcanzable blanco que propone. Esto es: lo que para el no ideologizado es soportable porque es el bien social posible, al lado de lo imposible, para el ideologizado ese bien es insoportable, un negro total, al lado de lo perfecto, lo blanco, perfectamente realizable.
    Otra fuente importantísima de las ideologías es el clericalismo, actitud que puede darse en cualquier religión. Esto es, la creencia de que Dios ha revelado cuál es ese sistema social perfecto, y que es nuestro deber, por ende, seguir esa revelación. Esta fuente es particularmente peligrosa por cuando el ideólogo se siente aún más tentado a utilizar la violencia y a justificarla, si es necesario, como un profeta -armado hasta los dientes- de las iras de Dios ante este mundo pecador.
    En el cristianismo, esto constituye en error terrible . Jesucristo ha redimido a cada corazón; esa redención tiene efectos temporales, pero abiertos a una pluralidad de opciones todas legítimas en tanto no contradigan lo esencial del mensaje revelado . Jesucristo no ha revelado cuál es el mejor régimen político, por más que los diversos integrismos cristianos, de izquierda o de derecha, pretendan lo contrario. Ha dejado a ese tema a la libre opinión de los hombres . Sobre todo, hay un concepto aquí que el ideólogo-religioso no logra aceptar: la tolerancia, en función de un bien mayor , y la tolerancia cuando ese bien mayor es el respeto a la conciencia . Este último punto es especialmente relevante. No sería mejor un mundo sin el pecado que la libertad religiosa produce? No, sería peor. Porque la libertad religiosa no produce el pecado: lo hace más visible y sincero. Y un mundo donde los hombres pecan en su corazón y ocultan la manifestación externa del pecado por el temor servil a la imposición de una fe por la fuerza es un mundo falso, hipócrita y explosivo . La verdad nos hará libres, sí, y la libertad nos hará verdaderos.
    El no-ideologizado no carece de ideales políticos; simplemente, los considera buenos, perfectibles, opinables en cierta medida, no perfectos. Esa es la esencial distinción. No es cuestión de contraponer el idealismo ético de las utopías contra cierto “pragamatismo”, “realismo” (en el mal sentido del término) de quienes se oponen intelectual y vitalmente a ciertas utopías. Ese es un recurso dialéctico muy útil especialmente caro a ciertas utopías violentas que han perdido gran parte del dominio del planeta. Es asunto es esencialmente al revés. La crítica a las utopías desarrollada por Karl Popper, por ejemplo, su defensa de la no-violencia y la responsabilidad social del intelectual están basadas en una ética muy profunda. La ética del diálogo, de la tolerancia, del respeto al disidente , donde aflora la perfección de la debida tolerancia a lo imperfecto.
    Ahora bien: todo lo dicho hasta ahora sería absolutamente insuficiente si olvidáramos un tema central: por qué las dos primeras premisas de la actitud ideológica son erróneas? Por qué no puede existir un sistema social perfecto y no pueden conocerse perfectamente los medios que a él conducen? Porque la naturaleza humana es imperfecta, y el conocimiento humano, limitado.
    La naturaleza humana es imperfecta, no en el sentido de su esencia, que en cuanto tal, ontológicamente, tiene todo lo que la esencia humana requiere, ni tampoco en el sentido del libre albedrío, que es una perfección . Es imperfecta por cierta tendencia al mal moral, reconocida de modo natural sobre todo por los miembros de la escuela escocesa de pensamiento político y de modo sobrenatural por la revelación cristiana sobre el pecado original. A la razonable objeción sistémica de que la naturaleza de cada individuo puede ser imperfecta pero el sistema social, en cuanto sistema, no, se contesta con la segunda parte de nuestra respuesta: el conocimiento humano es limitado. Pretender elaborar y conocer un sistema que haya incorporado todas las imperfecciones humanas y carezca, en cuanto sistema, de todo margen de contingencia y posibilidad de falla, es una pretensión del racionalismo constructivista que en cuando tal no es compatible con el conocimiento limitado de la esencia de las cosas; sistemas inclusive. Por supuesto, es obvio que los sistemas están para absorber y evitar imperfecciones que de otro modo saldrían a la luz. El sistema político de la primera república norteamericana, en nuestra opinión, fue un ejemplo de una absorción sistémica de una imperfección humana. En efecto, el sistema partía de que la naturaleza humana tiende al abuso del poder, y por ende lo limitaba con un sistema constitucional. El asunto es, nuevamente, si esa absorción sistémica puede ser perfecta. Y, otra vez, la respuesta es no. No hay sistema humano que logre ponerse por encima de lo humano.
    Lo único que, precisamente por ser sobre-humano, pero no antihumano, y por ende puede reclamar perfección, es el amor a Dios movido por su Gracia. Y eso, llevado a su plenitud, es la santidad. Y por eso, no es casual que sean santificadas personas y no sistemas. “Sed perfectos, como mi Padre es perfecto”: no fue un mandato destinado a un determinado sistema social, sino la exigencia más íntima que duerme en cada corazón humano, y que, una vez despertada, rechaza, como parte de su santidad, toda forma de violencia, física, lingüística, actitudinal, presentando al amor, y sólo a éste, como lenguaje de la verdad.”

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