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En un post anterior comentaba sobre las críticas de Daniel Schteingart al gráfico que muestra la caída del ranking Argentino en el PBI per capita. Sugiero también estas reflexiones de Emilio Ocampo.

Ayer, Schteingart publica una nota en Cenital explayándose sobre sus argumentos en Twitter. Si bien no comenta de manera directa sobre Ocampo, o mis comentarios, sí actualiza su analogía para explicar su crítica. En lugar de hablar de un campeonato de fútbol, hace referencia a una carrera. La analogía, sin embargo, no captura de manera apropiada el fenómeno de la convergencia.

Esta es la analogía:

Imaginemos una carrera de 400 km entre Buenos Aires y Mar del Plata entre distintos países. Imaginemos que esa carrera arranca en 1945 y que dura 30 años. También imaginemos que los distintos países, en 1945 no parten de Buenos Aires (km 0), sino de distintos puntos de largada. Por ejemplo, Estados Unidos en 1945 estaba en el km 200, Australia en el 180, Argentina el 120 y veinte países europeos estaban en el km 100. Ahora supongamos que Estados Unidos, Australia y Argentina corren a la misma velocidad en los siguientes treinta años: 5 km por año. De este modo, entre 1945 y 1975 estos tres países avanzaron 150 km. En 1975, Estados Unidos está en el km 350; Australia en el km 330 y Argentina en el km 270.

Ahora bien, imaginemos que los veinte países europeos, en esos treinta años, corrieron más rápido: pongamos, a 7 km por año. En treinta años, recorrieron así 210 km. Como partían del km 100, en 1975 estaban en el km 310. ¿Qué pasó? Argentina cayó veinte puestos en esta carrera, porque los veinte países europeos nos pasaron. Pero Estados Unidos siguió primero y Australia segundo, a pesar de que corrieron a la misma velocidad que nosotros. ¿Por qué? Porque la ventaja original que tenían respecto a los europeos era mucho más grande, y los europeos no llegaron a alcanzarlos. Argentina queda “castigada”, a pesar de haber corrido a la misma velocidad que Estados Unidos y Australia, porque su posición en 1945 no era tan privilegiada.

El principio “puro” de convergencia sostiene (a) que todos los países convergen al mismo nivel de PBI per cápita y (b) que cuánto más cerca se encuentre un país del punto de convergencia (el “steady-state”) menor es la velocidad a la que se aproxima a su equilibrio. La intuición es que si bien los países pueden comenzar en distintos puntos de partida, convergen de modo tal de llegar al mismo punto al mismo tiempo. Una consecuencia de esto es que los rankings no deberían cambiar. Nadie pasa a nadie, todos convergen a la meta al mismo tiempo.

Esto, sin embargo, no es lo que captura la analogía de Schteingart. En su analogía hay países que alcanzan y superan a Argentina. Por lo tanto, no hay convergencia. Este fenómeno es bien conocido. En el mundo real no hay convergencia pura, lo que hay es convergencia condicional. ¿Condicional a qué? A distintos marcos institucionales. El nivel de riqueza depende de las instituciones del país. La política económica y la buena o mala suerte (shocks positivos y negativos) pueden explicar oscilaciones en torno al nivel de PBI, pero no cambios de nivel. Esto último se debe a “shock” institucionales.

Es por este motivo que en mi post anterior sugería tener cuidado con mirar tasas de crecimiento (otro problema que no veo discutido es limpiar el componente cíclico de dichas tasas).

De nuevo, la crítica de Schteingart as paradójica. Por un lado crítica el uso de rankings. Pero por el otro lado, su propia crítica eleva la misma pregunta que surge del gráfico objeto de su crítica. Lo que los datos de Ocampo y míos muestran es que incluso si no entran nuevos competidores, Argentina cae en el ranking. No hace falta incluir nuevos países para ver una caída relativa de PBI argentino.

La pregunta es, ya sea con su propia analogía o con rankings, por qué tantos países convergen a un PBI per cápita mayor al de Argentina. O, en otras palabras, por qué Argentina pasó de converger de un nivel elevado (en términos relativos) de ingresos a un nivel menor de ingresos. ¿No es, entonces, el fenómeno Perón un candidato válido para responder esta pregunta? ¿No se ve en Perón acaso un shock institucional? ¿O acaso la postura es que Perón no produjo cambios significativos y/o las instituciones no importan? Después de todo, incluso con una muestra fija se ve un punto de quiebre en el ranking Argentino en torno a la aparición de Perón.

En lugar de hacer una aplicación imprecisa de tasas de crecimiento y pasar por alto el problema de convergencia condicional, sería mejor reconocer lo dañino que fue, y sigue siendo, la figura de Perón para Argentina.