Repasando a Keynes – Por Alberto Benegas Lynch (h)

ABLTras la afirmación del Dr. Cavallo, de que John Maynard Keynes sería liberal, en algún sentido, me parece oportuno reeditar aquel artículo que el profesor Benegas Lynch (h) ha escrito el 13 de diciembre de 2013 para el Diario Exterior de Madrid.

Todas las acciones políticas, cualquiera sea su color, son consecuencia de previas elucubraciones intelectuales que influyen sobre la opinión pública que, a su turno, le abren caminos a los buscadores de votos. John Maynard Keynes escribió con razón que “Las ideas de los economistas y de los filósofos políticos, tanto cuando están en lo cierto como cuando no lo están, son más poderosas de lo que se supone corrientemente. Verdaderamente, el mundo se gobierna con poco más. Los hombres prácticos, que se creen completamente libres de toda influencia intelectual, son generalmente esclavos de algún economista difunto”.

El párrafo no puede ser más ajustado a la realidad. Keynes ha tenido y sigue teniendo la influencia más nefasta de cuantos intelectuales han existido hasta el momento. Mucho más que Marx, quien debido a sus inclinaciones violentas y a su radicalismo frontal ha ahuyentado a más de uno. Keynes, en cambio, patrocinaba la liquidación de la sociedad abierta con recetas que, las más de las veces, resultaban mas sutiles y difíciles de detectar para el incauto debido a su lenguaje alambicado y tortuoso.

Hemos consignado antes que los ejes centrales de su obra mas difundida (Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero, México, Fondo de Cultura Económica, 1936/1963)) consisten en la alabanza del gasto estatal, el déficit fiscal y el recurrir a políticas monetarias inflacionistas para “reactivar la economía” y asegurar el “pleno empleo” en un contexto errado del concepto de deflación, así nos dice en ese libro que “La prudencia financiera está expuesta a disminuir la demanda global y, por tanto, a perjudicar el bienestar”.

Tal vez los trabajos mas lúcidos sobre Keynes estén consignados en el noveno volumen de las obras completas del premio Nobel en Economía F.A. Hayek (The University of Chicago Press, 1995), en el meduloso estudio de H. Hazlitt traducido al castellano como Los errores de la nueva ciencia económica (Madrid, Aguilar, 1961) y en la extraordinaria obra de W. H. Hutt Keynesianism: Prospect and Retrospect (Chicago, Henry Regenery, 1963). Numerosas universidades incluyen en sus programas las propuestas keynesianas y no como conocimiento histórico de otras corrientes de pensamiento, sino como recomendaciones de la cátedra. Personalmente, en mis dos carreras universitarias y en mis dos doctorados tuve que estudiar una y otra vez las reflexiones keynesianas en el mencionado contexto. Todos los estatistas de nuestro tiempo han adoptado aquellas políticas, unas veces de modo explícito y otras sin conocer su origen. Incluso en Estados Unidos irrumpió el keynesianismo mas crudo durante las presidencias de Roosevelt: eso era su “New Deal” que provocó un severo agravamiento de la crisis del treinta, generada por las anticipadas fórmulas de Keynes aplicadas ya en los Acuerdos de Génova y Bruselas donde se abandonó la disciplina monetaria.

Las terminologías y los neologismos mas atrabiliarios son de su factura. No quiero cansar al lector con las incoherencias y los galimatías de Keynes, pero veamos solo un caso, el que bautizó como “el multiplicador”. Sostiene que si el ingreso fuera de 100, el consumo de 80 y el ahorro 20, habrá un efecto multiplicador que aparece como resultado de dividir 100 por 20, lo cual da 5. Y préstese atención porque aquí viene la magia de la acción estatal: afirma que si el Estado gasta 4 eso se convertirá en 20, puesto que 5 por 4 es 20 (sic). Ni el keynesiano más entusiasta ha explicado jamás como multiplica ese “multiplicador”.

En definitiva, Keynes apunta a “la eutanasia del rentista y, por consiguiente, la eutanasia del poder de opresión acumulativo de los capitalistas para explotar el valor de escasez del capital”. Resulta sumamente claro y específico lo que escribió como prólogo a la edición alemana de la obra mencionada, también en 1936, en plena época nazi: “La teoría de la producción global, que es la meta del presente libro, puede aplicarse mucho mas fácilmente a las condiciones de un Estado totalitario que la producción y distribución de un determinado volumen de bienes obtenido en condiciones de libre concurrencia y un grado considerable de laissezfaire”.

Como es sabido, hay ríos de tinta explicando los errores de Keynes, pero, fuera de los libros señalados, hay dos ensayos que resultan de gran interés. Se tratan de “The Critical Flow on Keynes´s System” de Robert P. Murphy y “Dissent on Keynes: A Critical Appraisal of Keyneisn Economics” de Mark Skousen.

En el primero, el autor se detiene especialmente en el plano laboral donde muestra las consecuencias perniciosas de intentar derretir salarios en términos reales a través de la inflación monetaria en momentos en que hay consumo de capital manteniéndo los salarios nominales inalterados, un engaño que se sugiere en lugar de permitir que los niveles se adaptan a la situación imperante sin introducir las alteraciones en los precios relativos que indefectiblemente provoca la inflación. Por otra parte, destaca la incomprensión del fenómeno del desempleo de Keynes y, consecuentemente, su propuesta de encarar obras públicas que en definitiva significan detraer recursos del sector privado para faenas no productivas, lo cual se traducen en un empeoramiento en el nivel de vida de todos.

En el segundo ensayo, Skousen describe las falacias de sostener que Keynes fue “el salvador del capitalismo” en lugar de su victimario, en el mismo contexto cuando actualmente se apunta a “la crisis del capitalismo” en lugar de percatarse que el sistema imperante consiste en el estatismo. En ese trabajo, el autor detalla los consejos del keynesianismo de controlar precios y salarios, al tiempo que propugna el deterioro del signo monetario, el deficit fiscal, el incremento del gasto público y, unas veces de facto y otras de jure, la nacionalización de empresas.

Es raro no encontrar algunos aciertos, incluso en autores cuyos textos están plagados de falacias. Tal es el caso de Keynes, como el párrafo que apuntamos al abrir esta nota. Para cerrar, agrego otra verdad que señala este autor en la misma obra que venimos comentando: “Un parte demasiado grande de la economía matemática reciente es una simple mixtura, tan imprecisa como los supuestos originales que la sustentan, que permiten al autor perder de vista las complejidades e interdependencias del mundo real en un laberinto de símbolos pretenciosos e inútiles”.

6 comentarios en “Repasando a Keynes – Por Alberto Benegas Lynch (h)

  1. Comparto las opiniones de Doctor Benegas Lynch en su crítica al keynesianismo. La idea del multiplicador keynesiano es lo más abstruso que uno se puede encontrar en la literatura económica. Las ecuaciones con derivadas parciales que uno se topa al pasar una página a otra en su libro LA TEORÍA GENERAL…. no tienen la intención de aclarar concepto alguno, sino de impresionar al lector inexperto en técnicas matemáticas, es una estrategia descarada de intimidar al lector.

    Lo que no puedo compartir con el Doctor Benegas Lynch es su afirmación sobre «… los inútiles y pretenciosos símbolos matemáticos». Que muchos economistas abusen de la simbología matemática no se sigue la inutilidad de ella y su operatividad, como tampoco se sigue la inutilidad del del verbo, el sustantivo y el adjetivo porque haya quien abuse con un texto inocuo y farragoso.

    El símbolo y la notación matemática no necesita defensores; de su fuerza y efectividad da testimonio el progreso científico y tecnológico que vivimos; sin ese «… laberinto de símbolos pretenciosos e inútiles” no tendríamos el mundo de hoy y no aspiraríamos a futuro alguno. La matemática, claramente, no lo hace todo, pero sin ella es poco lo que podremos hacer. La matemática es uno de los grandes triunfos del pensamiento humano, tan antigua como la palabra, e ignorar sus rudimentos conlleva una sofocante minusvalía.

    Es una pena que nuestros maestros Mises y Hayek nos hayan dejado una herencia de repudio al pensamiento matemático. En la magna obra de L.V. Mises LA ACCIÓN HUMANA hay un capítulo dedicado a la teoría de la probabilidad que ensombrece la obra del maestro. Mientras más estatura intelectual tenga una persona, menos derecho tiene a opinar sobre lo que no conoce o no entiende. La teoría de la probabilidad es un área de la matemática bien cimentada, coherente, fecunda, enriquecedora de otras disciplinas y con importantes aplicaciones prácticas. Es muy triste que Mises no haya querido o podido verlo así.

    Hayek decía: «El economista que sólo sabe economía es un mal economista». Muy cierto, debe tener, además, algún entrenamiento matemático.

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    • Concuerdo en la gran mayoría de tus afirmaciones, Mario Zuluaga Uribe. Principalmente en la idea de fondo de que no hay ciencia sin un modelo matemático consistente. O al menos debería ser lo indispensable a la hora de estudiar el mercado.

      Por otro lado, coincido también en que -por desgracia- la escuela austríaca ni se preocupó en demasía por brindar un modelo. Con lo cual nos queda partir del análisis keynesiano, el monetarista o el neoclásico.

      Sin embargo considero liviana la opinión de Benegas Lynch cuando sugiere que el estudio de Keynes alienta el déficit fiscal y promueve el período inflacionario como vía para «derretir salarios». Considero que el punto central de la crítica keynesiana es plantear al Estado como un agente contracíclico, no como un mero incentivo al gasto público excesivo (lo que tendría que ilustrar una mala gestión en lugar de fallas metodológicas en el trabajo).

      Un saludo, Antonella.

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      • Debo aclarar que Hayek no se opuso al uso de la matemática en economía, como tampoco lo hace la Escuela Austriaca moderna. El problema no es el uso, sino el abuso, y me parece que la mayoría de los economistas modernos son muy malos matemáticos que desconocen los límites de ese lenguaje. Pronto abriré un post con sus referencias positivas al uso de la matemática, mientras tanto les remito el trabajo de Juan Carlos Cachanosky sobre el tema.

        La ciencias económica versus la economía matemática
        Parte I

        Haz clic para acceder a 47_6_Cachanosky.pdf

        Parte II

        Haz clic para acceder a 46_4_Cachanosky.pdf

        Noten la desafortunada afirmación del premio Nobel en Economía, George Stigler:

        «The greatest claim that can be made for the mathematical method is that it necessarily leads to good economic theory.»

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  2. Estoy de acuerdo contigo Adrián, es el abuso de la herramienta lo que produce distorsiones conceptuales. Es por ello la necesidad de que los economistas tengan un buen entrenamiento matemático que les permita entender cuando cabe su uso y cuando no cabe en sus análisis. Los razonamientos matemáticos en economía, cuando son pertinentes, ahorran una gran cantidad de tiempo, la ilación argumental es segura, proporcionan un mejor entendimiento de las relaciones entre las variables, y nos advierten de los límites de aquellas relaciones. Yo recelo mucho de los análisis económicos en donde las funciones a considerar son continuas, derivables y definidas en espacios completos (la completez es un concepto matemático de capital importancia) puesto que ello le abre la puerta a mil demonios que te llevan a consecuencias irreales. En economía todo es discreto y finito, y hay buena herramienta matemática para ello.

    La frase de Stigler es lamentable, ya la conocía en el trabajo del profesor Cachanosky que tu citas. Yo ya había leído su trabajo y me gustó mucho, de hecho es parte de su tesis de doctorado.

    Saludos

    Mario

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  3. Hay dos confusiones que suelen pasarse por alto.

    La primera es confundir precisión con los símbolos utilizados. Ciertamente es más práctico escribir la solución para hallar las raíces de una función cuadrática haciendo uso de álgebra que de prosa. Pero ambas expresiones serían igual de precisas. La matemática no hace más precisos los argumentos, en algunos casos los hace más claros, fáciles de seguir, pragmáticos, etc., pero no más precisos.

    La segunda es confundir matemática con teoría. En la medida que la teoría busque explicar un fenómeno, entonces debe explicitar una relación causal. Al menos como se suele utilizar matemática en economía (especialmente como se la enseña), no hay relación causal. Nada en y = f(x) dice si y es causa de x o a la inversa. Un error teórico que implica poner la relación causal al revés (pienso, por ejemplo, en Keynes), no es alertado por el uso de matemáticas.

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  4. Hola Nicolás. Concuerdo contigo en que las argumentaciones verbales pueden ser tan precisas como las que derivamos de la matemática, de hecho nuestras argumentaciones deben ser verbales, el uso de la matemática es sólo una ayuda. La ventaja de la simbología matemática es que está más limitada y encorsetada en su operatividad a las reglas de la lógica formal, aunque ello también puede traer desventajas a la hora de comunicar conceptos económicos, claro. Pero aveces tenemos que sacrificar el alcance explicativo en aras de la seguridad argumental.

    Tu tocas un punto importante cuando escribes » Nada en y = f(x) dice si y es causa de x o a la inversa». Ese es, para mí, un quebradero de cabeza cuando en economía no sabemos qué es causa y qué es efecto, además cuando en el discurso argumentativo sutilmente invierten los roles. Y como bien anotas, en argumentaciones matemáticas aveces observamos que se confunde (y muchas veces maliciosamente) una función con su inversa. No obstante, Y = f(X) nos indica que X es la variable independiente e Y la dependiente. Esto es, puedo mover libremente la variable X y por lo tanto Y queda supeditada a X. Es decir, puedo pensar que X es la causa e Y el efecto. Pero eso no resuelve el problema del todo puesto que las más de las veces las relaciones vienen en la forma de f(X,Y) = 0 y no es posible despejar una variable en términos de la otra. Acá es donde debemos abandonar al matemático y escuchar al economista.

    El problema, según mi visión, de la «economía matemática» de hoy radica en que casi todos sus autores son matemáticos o físicos de formación y le dan rienda suelta a sus habilidades matemáticas y se apegan ciegamente a su operatividad algorítmica para sacar conclusiones «económicas». Los desastres de las de las malformaciones profesionales. He leído trabajos de economía matemática que me producen vértigo.

    Bueno Nicolás, cordial saludo

    Mario

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