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ABLAlberto Benegas Lynch (h) es Presidente de la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias y miembro titular de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, ambas de Argentina. Es doctor en economía y también es doctor en ciencias de dirección, autor de dieciséis libros y cuatro más en colaboración. Es profesor universitario desde 1968 en universidades de Argentina y del exterior, además ha recibido grados honoríficos de universidades de su país y del extranjero. Es también Profesor Emérito de ESEADE, institución en la cual se desempeñó como Rector por 23 años. Benegas Lynch es académico asociado del Cato Institute y del Ludwig von Mises Institute. Es miembro del Consejo Asesor del Institute of Economic Affairs de Londres, ha sido miembro del Consejo Directivo de la  Mont Pelerin Society y asesor económico de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, de la Cámara Argentina de Comercio, de la Sociedad Rural Argentina y del Consejo Interamericano de Comercio y Producción-

Iván Cachanosky: Profesor Benegas Lynch,  en su libro La Tragedia de la Drogadicción usted sostiene que “El acto de drogarse no constituye un crimen ya que ese hecho no lesiona derechos de terceros”. ¿Pero qué sucedería si un individuo se droga y posteriormente comete un delito a un tercero?

Alberto Benegas Lynch (h): Si una persona comete un delito debe responder trabajando para la víctima hasta resarcirla y, en su caso, para financiarse en la cárcel según sea el fallo judicial. Lo curioso es que muchos Códigos Penales consideran que esos actos de drogados constituyen un atenuante cuando debería ser un agravante (por lo que en muchos casos el delincuente se droga para recibir una pena menor). Se presenta en este contexto una anomalía estadística: un error de inclusión al mostrar el correlato drogas-crimen. No resulta relevante tomar el universo de crímenes y constatar el porcentaje de delincuentes que se drogan. Lo determinante es tomar el universo de drogadictos y constatar que hay una proporción reducida que comete crímenes.

Iván Cachanosky: ¿El gobierno debe tener un rol en caso que se legalicen las drogas? ¿En caso afirmativo, cuál sería el rol a cumplir? ¿Cree usted que el Estado debería establecer impuestos para restringir el consumo?

BL: En esta instancia del proceso de evolución cultural, el monopolio de la fuerza que llamamos gobierno debe limitarse a proteger derechos con todo el rigor del caso pero no decidir que debe hacer cada uno con su vida.

Iván Cachanosky: Uno de los principales problemas con la prohibición de los estupefacientes es que al ser prohibidas su precio es alto y los adictos salen a robar para poder saciar su vicio. Sin embargo, si se legalizara la droga los precios bajarían, pero en caso de establecer un impuesto, volverían a tener precio alto ¿no equivaldría esto a atenuar el problema en vez de a solucionarlo?

Alberto Benegas Lynch (h): La prima por el riesgo de operar en el mercado negro, efectivamente hace que los precios y consiguientemente los márgenes operativos se eleven exponencialmente, lo cual da lugar a la existencia de las drogas sintéticas (mucho más devastadoras que las naturales), permite financiar a los “pushers” que obtienen hasta 20.000 dólares semanales para colocar la droga a la salida de los colegios y en boliches bailables, corrompe a jueces, policías, a miembros de las agencias que dicen luchar contra la droga, no permiten que los drogadictos sean tratados médicamente puesto que están obligados a desenvolverse en el circuito criminal, se cercenan libertades individuales de inocentes, aparece la figura del “soplón”, se distorsionan contabilidades por el “lavado”, en definitiva consecuencias más graves que las que produjo la nefasta Ley Seca.

Iván Cachanosky: Los recursos monetarios utilizados para llevar adelante la guerra contra las drogas son altísimos. ¿De qué manera cree que esos recursos pueden usarse más eficientemente para solucionar La Tragedia de la Drogadicción?

Alberto Benegas Lynch (h): Devolvérselos a la gente con lo que, entre otras cosas, se abre la posibilidad de encarar campañas mostrando el daño que producen las drogas alucinógenas para usos no medicinales en un contexto en el que el tratamiento de menores sería igual que con la pornografía, el alcohol o la necesidad de conducir con la respectiva licencia

Iván Cachanosky: Muchos detractores de la legalización sostienen que si los estupefacientes se legalizaran, aumentaría el consumo de los mismos y por ende aumentaría también la cantidad de adictos. Por otro lado, casos como el de Holanda, muestran niveles de consumo más bajo que en países que poseen un sistema prohibitivo, ¿cuál sería su opinión al respecto?

Alberto Benegas Lynch (h): El tema no debe circunscribirse al campo utilitario (recordemos que cada persona es un fin en si misma y no un medio para los fines de otros), en resumen de lo que se trata es de respetar los proyectos de vida de otros. Si todos deciden constiparse hasta morir, no es una cuestión que incumba al aparato de la fuerza, lo cual no quita que se observen casos interesantes como el de Portugal donde la eliminación del “fruto prohibido”, la desaparición de los “pushers” y “soplones”, junto con la inexistencia de publicidad en lugares públicos, hizo que en ese caso -según la terminología de la economía convencional- se produjo un cambio en la función de la demanda con el consecuente corrimiento de la curva respectiva hacia la izquierda (en Holanda hay otros problemas a raíz de que el gobierno regala jeringas etc).

Iván Cachanosky:  ¿Considera usted que bajo un sistema de legalización, los más jóvenes terminarán por ingresar al mundo de las drogas o por el contrario, lo harán bajo un sistema prohibicionista?

Alberto Benegas Lynch (h): En un sistema de prohibición de la droga los incentivos son más fuertes para consumir. Debo aclara que cuando aludo a la liberación de la droga me estoy refiriendo a la producción, comercialización y consumo, puesto liberar solo esto último es el mejor de los mundos para los narcotraficantes que mantienen astronómicos márgenes operativos y tienen expedito el consumo.

Iván Cachanosky: Drogas fuertes y dañinas, como el Paco en Argentina, son muy consumidas. ¿Atribuiría usted el origen del Paco al régimen prohibicionista? En un sistema de legalización, ¿se correría el riesgo de que surjan estupefacientes potentes y dañinos o serían de mejor calidad?

Alberto Benegas Lynch (h): El llamado “paco” es pasta de coca con vidrio molido que se consume debido a que el producto natural es inaccesible.

Iván Cachanosky: Por último, si tuviera que resumir 3 grandes ventajas de legalizar los estupefacientes, ¿cuáles serían? ¿Y 3 grandes desventajas de la prohibición?

Alberto Benegas Lynch (h): Creo que la pregunta está respondida. Solo agrego que las mafias perdidosas al liberar el mercado del alcohol fueron las que contrataron a especialistas sofisticados en marketing para instalar la prohibición de las drogas para tener negocio en un mercado que funcionaba libremente y sin problema alguno desde dos mil años antes de Cristo hasta 1971 que comenzó la aludida “guerra” (salvo durante la Guerra del Opio que hubieron trifulcas varias debido precisamente a la prohibición en China).

Dr. Benegas Lynch, muchas gracias.