El peor Mercantilismo del siglo XVII, de nuevo en Argentina

El fomento a la industria se inició en los primeros años del siglo XVII, bajo el reinado de Enrique IV, quien decretó una serie de políticas sobre la exención de impuestos, subsidios, honores y privilegios, a fin de estimular la implantación de nuevas manufacturas y la ampliación de las existentes. La historia económica nos ilustra con el hecho de que los agentes del Rey consiguieron tentar a hábiles artesanos extranjeros, incitándoles a que se trasladaran a Francia, bajo importantes privilegios. Así, Francia logró poseer muy pronto importantes fábricas y talleres de manufacturas  de brocados de oro, tapices, alfombras, mantas, cristalerías, azulejos, pieles, aceros finos, joyas, pinturas y otros objetos de arte.

Pero la detallada regulación de las diversas etapas de la producción no llegó hasta que tuvo lugar el gobierno de Luis XIV, con su Ministro de Hacienda Jean Baptiste Colbert. Según nos cuenta Robert Lekachman, en su “Historia de las doctrinas económicas”

  “Colbert, el más grande  de los mercantilistas franceses del siglo XVII, dio forma a numerosos controles, profusamente detallados sobre los productos manufacturados. Colbert buscaba la uniformidad nacional de los artículos elaborados […] sus reglamentaciones eran meticulosas y minuciosas. Los decretos para el período 1666-1730 ocuparon cuatro volúmenes, totalizando 2100 páginas. Le dieron aun mayor vigor tres suplementos aparecidos posteriormente, casi tan substanciales como los anteriores.

El reglamento sobre tejidos comprendía 59 artículos. Otros dos contenían respectivamente 62 y 98 artículos y el más grande llegaba a la sorprendente suma de 317 artículos. Todo esto parecerá aun más notable si tenemos en cuenta que los tres últimos se referían exclusivamente al teñido de los géneros. Cada uno de ellos tenía la fuerza de una ley respaldada por la autoridad del Rey. Supuestamente la reglamentación disponía, según el curso de la producción, desde la materia prima hasta la obtención del producto elaborado. Las especificaciones cubrían toda la gama del manejo correcto de los materiales esenciales y cada una de las etapas sucesivas. El hilado y el teñido recibían particular atención. Las mediciones se hacían con precisión. Bastará un simple artículo para mostrar la magnitud de lo expresado: una fábrica de Dijon debía poner en los peines 1 ¾ m de ancho, una urdimbre debía contener 1.408 hebras, 44 por 32 cm, incluyendo el orillo, de modo que cuando el tejido llegara a la tejeduría midiera exactamente el metro. Los reglamentos distinguían tres categorías de tintoreros: los que se encargaban de piezas de colores genuinos, los que debían darles otro color y los que trataban las sedas, lanas e hilos. Todos estos detalles continuaban en una serie interminable e infinita.

La observancia de estas leyes era una constante preocupación. El intendente, el representante del Rey en cada distrito, era el responsable de la  obediencia de los fabricantes y comerciantes. Por lo tanto, sus funcionarios realizaban periódicas e imprevistas inspecciones. Cuando encontraban que un género, en cualquiera de sus etapas de elaboración, no estaba encuadrado dentro de las especificaciones, estaban facultados a aplicar el castigo corresponde que, por lo general, era una cantidad establecida de azotes […] Pero, a pesar de todos estos esfuerzos, las violaciones era muy frecuentes […] cuando se fijaban los salarios por ley, el resultado era generalmente sueldos más bajos que los que podía haber establecido el mercado libre. Finalmente y especialmente en Inglaterra las leyes de locación coartaron la libertad de movimiento del obrero […] En varias oportunidades las leyes se oponían al consumo del tabaco, el té y el azúcar […] que significaban una erogación que afectaba al Tesoro nacional, pues había que importarlos.

Finalmente, una maraña de monopolios y privilegios especiales concedidos por favor real, protegían numerosos artículos contra la competencia abierta y ponían el toque complementario a la coraza que significaban las reglamentaciones internas. Lo mejor que se puede decir de este impenetrable bosque de leyes, estatutos y reglamentaciones era que su observancia frecuentemente fracasaba al querer competir con el espíritu de la ley. Debido a que la discrepancia, la doctrina del dejar hacer tenía muchas más posibilidades de echar raíces con mayor firmeza y rapidez allí que en cualquier otra parte.”[1]

Por supuesto esta regulación implementada en Francia no era cosa nueva para Europa Occidental. En la mayoría de los países de este continente, los gremios habían ejercido sobre ella un riguroso control durante toda la Edad Media, y en el siglo XVI los monarcas no dejaron de intervenirla con incontables regulaciones. Pero Colbert fue quien por primera vez estructuró un sistema de control bien planeado.

La historia económica, y fundamentalmente la historia del pensamiento económico, ha mostrado el fracaso de estas políticas y de estas ideas. Al mercantilismo le siguió la fisiocracia del laissez faire, y luego el liberalismo de Adam Smith y el pensamiento clásico, quienes ofrecieron una refutación muy clara al mercantilismo.

El gobierno argentino parece no haber aprendido las lecciones de la historia. Es por ello que vuelve sobre un modelo que sólo puede conducir al fracaso. Los controles y regulaciones sobre las empresas, asfixian todo posible desarrollo.

Hoy la regulación exacerbada se extendió a los libros

Desde esta semana la importación y entrega de libros y revistas a domicilio [en Argentina] fue prohibida por una disposición de la Secretaria de Comercio Interior. ¿Por qué? Para verificar que la tinta utilizada no supere los límites de plomo por “seguridad de la población” .

Esto me recuerda al peor mercantilismo del siglo XVII. !Alguien por favor le puede acercar el libro de Lecturas a Moreno!


[1] Robert Lekachman (1959), Historia de las doctrinas económicas, Editorial V. Lerú, pp. 54-56. Citado en Alberto Benegas Lynch (h) (1994), Fundamentos de Análisis Económico, Abeledo-Perrot, undécima edición pp. 394-396.

4 pensamientos en “El peor Mercantilismo del siglo XVII, de nuevo en Argentina

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  2. Adrián… yo vengo pensando mucho sobre esa influencia borbonica en AL… que sería mucho más determinante que la religiosa. Ahora que se habla tanto del bicentenario de las independencias a mi me parece que realmente lo que se dió fue un colapso de la planificación centralizada de los borbones.

    ¿Ustedes saben quien ha hecho investigaciones sobre esto?

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  3. Interesante! Pero aquí no puedo ayudarte. ¿Algún historiador entre nuestros lectores puede ilustrarnos sobre esta pregunta?

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