La ausencia del tratamiento de los derechos de propiedad en la literatura económica

Harold Demsetz escribió un artículo (disponible aquí en español) que hoy posiblemente constituye un clásico de la literatura en el que inicia el desarrollo de lo que puede ser llamado una “teoría de los derechos de propiedad”.
Sostiene allí que los economistas estudian el “intercambio”, pero no siempre son conscientes que al intercambiar productos, lo que en realidad hacen, es intercambiar “paquetes” de derechos de propiedad.
Lo cierto es que para la mayoría de los economistas los derechos de propiedad son sólo un dato, algo que se asume, sin atender a que ciertos planteos debieran ser requisito para poder responder después a otras preguntas fundamentales del análisis económico.
Una primera consideración que hace el autor es plantear que en una economía autística de un sujeto aislado, como puede ser el caso de Robinson Crusoe en la isla, los derechos de propiedad carecen de interés.
Los derechos de propiedad son un instrumento de la sociedad, y como tal, requiere un consentimiento de los pares sobre el uso de los bienes que poseemos. De alguna manera, los derechos de propiedad permiten que las personas tengan expectativas acerca de las relaciones con otros. Dicho de otro modo, los derechos de propiedad especifican de qué modo las personas pueden beneficiarse o perjudicarse con la interacción.
Demsetz lo ejemplifica comparando dos casos: una persona puede perjudicar a su competidor si ofrece un mejor producto o servicio, pero no puede perjudicarlo golpéandolo o tirándole un tiro.
La externalidad es así un concepto ambiguo que han creado los economistas para justificar la intervención del estado. Claramente hay muchas acciones que las personas toman que afectan (positiva o negativamente) a otras personas, pero no todas son generadoras de conflictos. De ahí la crítica de Ronald Coase a Arthur Pigou –todavía replicada en muchos manuales tradicionales de economía- por señalar que las externalidades negativas siempre requieren de la aplicación de un impuesto para reducir sus efectos.
De hecho, Ronald Coase explica que en el mundo real la mayor parte de las externalidades que producen ciertas acciones, son internalizadas por el mismo mercado, cuando las partes llegan a un acuerdo voluntario. La propiedad privada promueve entonces incentivos para internalizar las externalidades. La ausencia de propiedad privada es en muchos casos la responsable de la existencia de conflictos.
La pregunta que sigue es sobre el origen de los derechos de propiedad como institución social y tomar el caso de los aborígenes en el problema de propiedad privada de la tierra nos puede ayudar a encontrar algunas respuestas. La información de la que disponemos es incompleta, pero se ha dicho que la caza y el comercio de pieles ha sido motivo de extensos conflictos. Dicho en pocas palabras, la ausencia de derechos de propiedad implica incentivos para la caza desmedida de animales, lo que redunda en que nadie se preocupe en invertir para desarrollar o mantener el stock. La caza exitosa de unos es un costo externo que se les impone a los cazadores siguientes, pues se reduce la cantidad de animales que éstos pueden cazar.
Al principio la caza tenía como objeto prioritario el alimento, mientras unas pocas pieles eran suficientes en cualquier familia. El costo externo de la caza de unos era bajo para otros.
Pero todo cambió con el surgimiento del comercio de pieles, lo que ocasionó dos consecuencias importantes: 1) el aumento acelerado de su valor; 2) el aumento de la caza de animales. Ambos aspectos redundaron en un incremento en el costo externo que unos cazadores ejercían sobre otros, lo que motivó un cambio en el sistema de derechos de propiedad. Apareció entonces la distribución de tierras y comenzaron a delimitarse los terrenos. En algunos lugares los derechos de propiedad fueron altamente desarrollados, al punto de asegurar la trasmisión por herencia.
La conclusión a la que llega Demsetz es que los derechos de propiedad se desarrollan cuando se hace económico, para quienes se ven afectados por externalidades, internalizar los costos y los beneficios.
El autor también trabaja sobre las formas de propiedad, distinguiendo la propiedad comunal, la propiedad privada y la propiedad estatal.
Entiende por propiedad comunal el derecho que puede ser ejercido por todos, como fue al principio del ejemplo anterior, el derecho a la caza o el aprovechamiento de la tierra, así como es hoy el caminar por una vereda. Ni el estado, ni ningún individuo puede impedir que otro ejercite su derecho de propiedad comunal.
En el caso de la propiedad privada, la comunidad reconoce el derecho del propietario a excluir a otros del ejercicio de tales derechos.
En la propiedad estatal, el Estado puede excluir a cualquiera del ejercicio del derecho, pero el autor no profundiza.
En el comparativo entre propiedad privada y propiedad comunal -que históricamente inicia al menos en la Antigua Grecia-, el ejemplo estudiado sintetiza que si alguien maximiza el valor de su derecho comunal, tenderá a cazar en exceso o trabajar de más la tierra porque comparte sus costos con otros. El stock de animales, así como la riqueza del suelo, disminuirá con rapidez. Bajo propiedad comunal el costo de transacción de alcanzar acuerdos es muy alto, pues se requiere unanimidad.
Bajo propiedad privada, los costos de transacción para alcanzar un acuerdo se reducen notablemente, la internalización de costos externos se incrementa y surgen incentivos para invertir en el desarrollo y crecimiento del stock de animales y del cuidado de la tierra.

8 pensamientos en “La ausencia del tratamiento de los derechos de propiedad en la literatura económica

  1. Si les interesa, yo los invito a que lean este pasaje del Capítulo 13 de mi ensayo EL ESPÍRITU DEL MERCADO, donde trato el tema de la propiedad:

    La vigencia del derecho de propiedad cumple una función práctica esencial, que es la de garantizar, a quien satisfaga las demandas de los consumidores en un marco de libre competencia, la plena oportunidad de disponer de los beneficios obtenidos como retribución por los servicios ofrecidos y libremente elegidos por los consumidores en el pleno ejercicio de su soberanía. Si el derecho de propiedad no está garantizado, no existen estímulos para realizar el esfuerzo de satisfacer a los consumidores porque podría suceder que los beneficios obtenidos por quien satisfizo a los consumidores le sean sustraídos por el estado. De hecho, eso es lo que sucede en mayor o menor medida en todos los países, en algunos casos en forma de impuestos abusivos y en otros lugares por medios directos como expropiaciones, estatizaciones, etc. La diferencia es que en los países del llamado “primer mundo” los avasallamientos al derecho de propiedad operan dentro de la ley –y, por lo tanto, son previsibles- y en el “tercer mundo” ni siquiera sucede eso. Esa pérdida de estímulos deriva en una reducción del volumen de inversión y, por lo tanto, en una disminución de la cantidad y calidad de alternativas puestas a disposición de los consumidores. O, dicho en otras palabras, en un empobrecimiento de la calidad de vida del pueblo.

    Porque el incentivo para invertir en proyectos que satisfagan los deseos, expectativas y necesidades de los consumidores es la perspectiva de obtener una ganancia por ello. Si no está garantizada de derecho y también de hecho la plena disponibilidad de la propiedad, existe la posibilidad de que la ganancia empresarial sea sustraída por el estado y, entonces, el incentivo para invertir desaparece, no se generan fuentes de trabajo, los consumidores no disponen de dinero para gastar y el nivel de vida en general decrece. Los altos índices de pobreza que hay en Argentina se explican como consecuencia de este proceso económico.

    El hecho de que la vigencia del derecho de propiedad se prolongue en el tiempo provoca un efecto muy beneficioso sobre la dinámica general de la economía. Para establecer una analogía, se podría decir que cumple el mismo papel que los sanos hábitos de vida sobre el estado de salud de un individuo. La prueba más inequívoca de este fenómeno la ofrece el hecho de que en aquellos países donde más amplias son las garantías sobre la propiedad, más elevados son los niveles de vida de la población. Hay una ostensible relación directa entre ambos hechos.

    La palabra que expresa conceptualmente este fenómeno es “confianza”. Esto significa que, cuando la vigencia del derecho de propiedad está sólidamente asentada, se genera un clima que impulsa a la elaboración de proyectos empresariales destinados, naturalmente, a explotar las posibilidades que los mercados ofrecen y que también provocan, simultáneamente, una ampliación de las oportunidades ofrecidas a los consumidores. Los empresarios confían en que tendrán la posibilidad de obtener beneficios y, de ese modo, procuran responder a las necesidades, deseos y expectativas de los consumidores para aprovechar las oportunidades que el mercado les ofrece. Esta, en definitiva, es la esencia de la operatoria del mercado: quien desee obtener beneficios para sí, debe ofrecer productos o servicios que sean beneficiosos para los demás, quienes, en su condición de consumidores, deciden acerca de las calidades de lo que cada uno de nosotros le ofrecemos. Por lo tanto, en el afán de cada uno de nosotros de beneficiarnos, estamos forzados a responder a aquello que los demás estén dispuestos a consumir. Se trata de un proceso espontáneo donde la sumatoria de las aspiraciones individuales se coordinan naturalmente en pro del progreso individual de cada ciudadano-consumidor y, por efecto acumulativo, del progreso general de la comunidad. Este proceso, por lo demás, es infinito y tiende a realimentarse constantemente a sí mismo, provocando de ese modo una renovación permanente, aunque gradual, de las oportunidades que el mercado ofrece tanto a los productores como a los consumidores.

    Esta continuidad en la vigencia del derecho de propiedad y el clima de confianza que genera, es lo que hace que la eficacia para adaptarse a las condiciones vigentes y la capacidad para imaginar y poner en ejecución respuestas a las necesidades, deseos y expectativas de los consumidores se vaya acentuando con el transcurso del tiempo, haciendo, de ese modo, que la coordinación entre las aspiraciones individuales y las demandas del mercado vaya adquiriendo constantemente más precisión. Este proceso es lógico a la luz del simple sentido común: cuanto más acostumbrados estamos a un determinado ordenamiento, mayor es nuestra capacidad para adaptarnos a él y para dar respuesta a las demandas que de ese ordenamiento emanan, pudiendo de ese modo obtener en compensación mayores beneficios.

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  2. Dos textos me han ayudado en este tema. Primero, de Richard Pipes, Property and Liberty. Segundo, de David Harper, Foundations of Entrepreneurship and Economic Development.

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  3. “La conclusión a la que llega Demsetz es que los derechos de propiedad se desarrollan cuando se hace económico, para quienes se ven afectados por externalidades, internalizar los costos y los beneficios.”

    Esta conclusión de Demsetz en su artículo clásico es muy importante. No deja de tener cierta analogía con el siguiente párrafo:

    “Those who are in a position to appropriate to themselves the returns—lumber and game of the forests, fish of the water areas, and mineral deposits of the subsoil—do not bother about the later effects of their mode of exploitation. For them the erosion of the soil, the depletion of the exhaustible resources and other impairments of the future utilization are external costs not entering into their calculation of input and output. They cut down the trees without any regard for fresh shoots or reforestation. In hunting and fishing they do not shrink from methods preventing the repopulation of the hunting and fishing grounds. In the early days of human civilization, when soil of a quality not inferior to that of the utilized pieces was still abundant, people did not find any fault with such predatory methods. When their effects appeared in a decrease in the net returns, the ploughman abandoned his farm and moved to another place. It was only when a country was more densely settled and unoccupied first class land was no longer available for appropriation, that people began to consider such predatory methods wasteful. At that time they consolidated the institution of private property in land. They started with arable land and then, step by step, included pastures, forests, and fisheries.”
    Mises, HA (1949 [1996], p. 656.

    Es un tema importantísimo, mucho trabajo por hacer. Pero al mismo tiempo puede ser un ejemplo de que el punto de vista más neoclásico o mainstream a retrocedido y redescubierto conceptos que o ya estaban en la economía, o que los austriacos desarrollaron con anterioridad sin necesidad del instrumental matemático.

    Para ser más justos, uno puede ir hasta las Lecturas en Jurisprudencia de Adam Smith y encontrar explicaciones de este estilo.

    Con esto no quiero decir que el trabajo de Demsetz y otros no sea ni importante ni valorable, sino que a veces lo que parece ser un punto de vista novedoso es un resurgimiento de conceptos ya tratados.

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  4. Leyendo el comentario de Nicolás pensaba… Muchos preguntan, ¿por qué leer a Mises después de tantos años? Porque anticipó muchas de las teorías que hoy se consideran más modernas. Desde el public choice hasta los fundamentos de los derechos de propiedad, desde la no neutralidad del dinero hasta los ciclos económicos. La pregunta debiéramos darla vuelta, ¿por qué no leer a Mises?

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    • Exacto! Como dice aquel refrán, para ver más lejos hay que pararse en los hombros de gigantes. Mises fue uno de ellos, Hayek, Friedman, Buchanan, Kirzner, etc…! Siempre sentí aprender más economía leyendo a los grandes autores que estudiando los manuales de texto.

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  5. Me parece que un aspecto fundamental a enfatizar del artículo de Demsetz es que el concepto de propiedad no implica necesariamente una asignación particular de tierra (land). En algunos contextos esa quizás no es la forma más eficiente de definir propiedad, ni de atender costos de transacción (policing o monitoreo) asociados a cierto contexto. Como ejemplo da el caso de cómo era la propiedad cuando los costos de fertilizar la tierra aun eran altos, y por ende no había valor en definir fronteras terrenales,por lo que era más barato (en términos de costos de protección de fronteras) definir propiedad a nivel de bienes portátiles.

    Elinor Ostrom, en su libro Governing the Commons, me ha hecho pensar sobre esto cuando comenta sobre formas de propiedad que no implican la asignación territorial y que permiten manejar de mejor manera ciertos recursos conocidos como “Common Pool Resources”. En estos casos, en vez de una asignación territorial, pareciera ser que es mejor acordar otro tipo de derechos, por ejemplo en términos de tiempo de uso de flujos en sistema de riegos compartidos o en número de vacas que uno puede disponer para pastar ciertos territorios (es el caso de Torbell, Suiza). De nuevo, en este último caso, no se es dueño del territorio de pastos, pero sí de cierto derecho a tener cierto número de vacas.

    Otro ejemplo, es el criticado Cap-and-Trade el cual es un intento, no por asignar propiedad sobre segmentos del aire, si no sobre el derecho a emitir Dioxido de Carbono y otros contaminantes.

    Otro punto importante del artículo de Demsetz, es que, no importando cuales sean los derechos acordados en el concepto de propiedad, lo que debe ser privado (y no comunal) es la posesión de dicho derecho. Un ejemplo, y que Demsetz precisamente lo menciona como un desafío, es el caso de las empresas públicas de capital disperso (ejemplo Microsoft, Google, Amazon, Citi, etc.), en donde realmente los shareholders son dueños de flujos de efectivo, pero no necesariamente de lo físico de la empresa, especialmente si la misma está apalancada. La empresa, lo físico de la misma, tiene muchos dueños asociados a todos los shareholders del banco o bancos que aportaron la deuda (claro, asumiendo que los activos son el respaldo de la deuda). Sin embargo, cada accionista de dichas empresas es dueño de sus propias acciones. El derecho a recibir un flujo (podría ser dividendo) es el que es privado!

    DUDA: Una duda que me surge es si los economistas austriacos consideran la posibilidad que los derechos de propiedad NO IMPLIQUEN necesariamente una asignación territorial? Me da la impresión que asumen que la solución a externalidades siempre implica algún tipo de segmentación territorial, pero quizás yo he entendido mal dicho argumento. Talvez me dan una manita sobre esta duda, gracias.

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  6. Puede ser que en algunos casos haya algo de eso implícito, pero lo veo más como el contexto general que se le daba al tratamiento del tema. Problemas de externalidad y bienes públicos no son exactamente lo mismo.

    Pero los austriacos contemporáneos que trabajan en temas de self-governance siguen de cerca trabajos como el de Elinor Ostrom.

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