Leijonhufvud, Keynes y la crisis

Es poco frecuente encontrar autores que admiren por igual el pensamiento de Keynes y de Hayek. Axel Leijonhufvud, sin embargo, constituye esa excepción. Es conocido en la academia por aquella tesis docotral “sobre la economía keynesiana y la economía de Keynes”, separando justamente los modelos neoclásicos de Hicks y Samuelson de las teorías defendidas por Lord Keynes, con una preocupación constante por los modelos en desequilibrio y con especial atención sobre el persistente desempleo. Pero también valora los trabajo de Knut Wickell que distinguen entre tasa de interés natural y tasa de interés de mercado, incluyendo las distintas tradiciones que se construyeron a partir de él. En este sentido, valora las contribuciones de Mises y Hayek.

En este artículo, Leijonhufuvd ofrece su lectura sobre la crisis global y también sobre la crisis de la economía, valorando el pensamiento austriaco y sincerándose sobre lo poco que el keynesianismo nos puede ofrecer para entender la situación actual.

Comienza el artículo preguntándose qué lecciones deberíamos haber aprendido de Keynes, señalando que la principal es que los macroeconomistas hemos de comenzar por enfrentarnos a los grandes problemas de nuestros días, y en tal sentido intentar responder a las siguientes tres preguntas:a) ¿Cómo debemos entender lo que está ocurriendo hoy con la crisis global?; b) ¿Qué podemos hacer al respecto? ¿Cuál es el mejor camino a seguir?; c) Los acontecimientos a los que nos estamos enfrentando, ¿deberían llevarnos a modificar lo que hoy se reconoce como la teoría económica ampliamente aceptada?

Intentando dar respuesta a la primera de las preguntas, Leijonhufvud plantea que el principal problema económico de nuestros días es la crisis financiera de los Estados Unidos, en cuya comprensión la Teoría General de Keynes nos resulta de poca utilidad. Para Leijonhufvud nos enfrentamos a una situación que es exactamente la opuesta a aquella que Keynes trató en 1936.

Explica que el proceso que nos llevó a la actual crisis financiera americana ha sido la política monetaria practicada por la Reserva Federal, con tipos de interés extremadamente bajos. El resultado, agrega, fue una inflación en el precio de los activos combinado con el deterioro general de la calidad del crédito. Y concluye que “esto, desde luego, no es una explicación keynesiana. Es más bien una explicación basada en la teoría austríaca de la sobreinversión”.

Ante la segunda pregunta, Leijonhufvud nos invita a considerar el caso de Japón, recordándonos que aquella economía experimentó dos enormes burbujas, una en el mercado bursátil y otra en el inmobiliario, y que su sistema bancario estuvo fuertemente vinculado a ambas. Nos recuerda también que Japón practicó precisamente las recetas keynesianas que hoy se enseñan en los libros de texto, destinando grandes sumas de dinero a construir puentes que no llevaban a ningún lado y haciendo crecer de ese modo la deuda pública, lo que terminó volviendo insostenible la continuidad de tales políticas.

Japón no pudo recuperar el crecimiento acelerado anterior a las burbujas, de lo que Leijonhufvud concluye que otra de las lecciones a aprender es que una vez que el sistema crediticio se derrumba, una política monetaria del banco central que apunta a reducir artificialmente los tipos de interés es de poca ayuda. Año tras año, el Banco Central de Japón llevó los tipos de interés a cero, y aun así la economía no podía escapar a la deflación.

Analiza Leijonhufvud las políticas de rescate que ha venido practicando el gobierno estadounidense junto a la Reserva Federal y predice que el resultado será un proceso de estanflación, señalando que entonces la gran pregunta será cuánta inflación y cuánto desempleo vamos a tener.

Ante la tercera pregunta, Leijonhufvud explica que los eventos actuales deberían forzarnos a re-examinar la doctrina reciente de la política monetaria y en general la teoría macroeconómica moderna. En particular, pone el acento en los tipos de interés reales, la teoría de la equivalencia ricardiana, la teoría financiera moderna, la teoría del agente representativo y las expectativas racionales, y concluye que las teorías de la Escuela Austríaca pueden ser incluso más útiles para la formación del nuevo paradigma que las propias keynesianas.