Renta de la tierra y retenciones

¿Posee la tierra una renta diferencial que justifique imponerle retenciones? Como explica Emilio Ocampo, una errada aplicación de la “renta Ricardiana” es una de las justificaciones al uso de retenciones en Argentina.

¿Que es la renta Ricardiana? En palabras de Ocampo:

La teoría ricardiana de la renta no sirve para entender como funciona el sector agropecuario en una economía moderna ni ningún otro sector extractivo (por ejemplo, la actividad petrolera o minera). Ricardo la formuló su teoría de la “renta de la tierra” para refutar a Malthus y promover la abolición de las leyes que imponían tarifas prohibitivas a la importación de granos (“Corn Laws”) . la incluyó en sus Principios de Economía Política y Tributación publicado en 1817.

Es necesario primero poner la teoría de Ricardo en su contexto histórico. En la Inglaterra de principios del siglo XIX no existía un mercado activo de compra-venta de tierra agrícola. La mayor parte de la propiedad rural estaba en manos de la aristocracia (que además controlaba el Parlamento) y se traspasaba de generación en generación bajo el sistema de primogenitura (a diferencia de Argentina donde rige el código napoleónico y la división equitativa entre herederos). Aunque la tierra rara vez cambiaba de manos, los aristócratas la arrendaban a agricultores, que a cambio pagaban una renta. De allí que a aquellos se los llamara “rentistas”.

En la teoría ricardiana la renta es “esa porción del producto de la tierra que se paga al propietario por el uso de los poderes originales e indestructibles del suelo”. La renta es lo que perciben los propietarios de la tierra en concepto de arrendamiento. La renta diferencial es simplemente la diferencia entre la renta (precio de venta menos costo por hectárea) de la parcela más fértil y la menos fértil.

En la versión simplificada del modelo de Ricardo la producción de granos (o alimentos) requiere solo dos insumos: tierra y trabajo. La oferta de la tierra es fija, mientras que la del trabajo depende del crecimiento demográfico. A medida que aumenta la población, aumenta la demanda de granos. A corto plazo esto provoca la suba de su precio. La mayor rentabilidad resultante permitía a los agricultores incorporar tierras cada vez menos fértiles a la producción.

Es fácil ver este error con un poco de finanzas. Llamemos a la tasa de retorno de un proyecto agrícola su tasa interna de retorno (TIR). Esta tasa de retorno no depende sólo de los ingresos que genera la actividad agrícola, sino también del precio de la tierra (P). La tasa TIR es aquella que iguala las ganancias futuras \Pi (en valor presente) al precio de mercado de la tierra.

P_{0} = \sum_{t=1}^{t \rightarrow \infty} \frac{\Pi_t}{(1+TIR)^t}

El error consiste en asumir que el precio P es constante. De este modo, a mayores ganancias debido a altas rentabilidades de la tierra la tasa de retorno TIR debe ser mayor.

Sin embargo, ese supuesto no refleja la situación actual. Con un mercado de compra y venta de tierras, lo que se iguala no es P, sino la TIR. En el mercado se tienden a igualar las tasas de retorno, no necesariamente los precios de tierras con distintas productividades. En todo caso, los precios que se igualan son los de tierras con el mismo nivel de productividad.

Es decir, las tierras más productivas poseen mayores precios, de modo tal que la TIR de los proyectos agrícolas tiendan a ser (1) similares entre distintas tierras y (2) también similares con otras actividades económicas.

Por supuesto, en la realidad esta igualdad en las tasa de rentabilidad no se da de manera perfecta. No obstante, el argumento de la renta extraordinaria es incorrecto dado que existen un mercado de compra-venta de tierra (o de los proyectos agrícolas).