Un empresario brindó por el capitalismo. Uno solo, todos los demás reaccionaron horrorizados

Hace un mes, en una reunión de empresarios, uno de ellos propuso un brindis por el capitalismo. Los demás se escandalizaron. ¿A quién se le ocurre reivindicar un Sistema que sacó de pobres a cientos de miles?

Cantidad de pobresEn Junio de 1959, Ludwig von Mises dictó seis conferencias en Buenos Aires. Éstas fueron luego publicadas y las estaremos considerando con los alumnos de la UBA en Derecho. Comienza con una exposición sobre el Capitalismo. Algunos párrafos:

Mises3

Los términos descriptivos que la gente utiliza son a menudo muy engañosos. Hablando de los modernos capitanes de industria y de los líderes de los grandes negocios, por ejemplo, llaman a una persona el ‘rey del chocolate’ o el ‘rey del algodón’ o el ‘rey del automóvil’. Su utilización de dicha terminología implica que no ven prácticamente diferencia alguna entre los modernos líderes de la industria y aquellos reyes, duques o señores feudales del pasado. Pero la diferencia, de hecho, es muy grande, ya que un ‘rey del chocolate’ no gobierna de manera alguna, sino que sirve. No reina sobre un territorio conquistado, independiente del mercado, independiente de sus clientes. El ‘rey del chocolate’ – o el ‘rey del acero’ o el ‘rey del automóvil’ o cualquier otro rey de la moderna industria – depende de la industria en la que opera y de los clientes a los cuales sirve. Este ‘rey’ debe mantenerse en buenos términos con sus ‘súbditos’, los consumidores; pierde su ‘reino’ tan pronto no pueda dar a sus clientes un mejor servicio, y proveerlo a un menor costo, que los otros con quienes debe competir.

Hace doscientos años, antes de la llegada del capitalismo, la posición social de un hombre estaba fijada desde el comienzo hasta el final de su vida; la heredaba de sus ancestros y nunca cambiaba. Si nacía pobre, siempre permanecía siendo pobre; y si nacía rico – un lord, un duque – mantenía su ducado y las propiedades correspondientes por el resto de su vida.

En lo que respecta a la manufactura, las primitivas industrias procesadoras de esos tiempos existían casi exclusivamente para beneficio de los ricos. La mayor parte de la gente (noventa por ciento o más de la población europea) trabajaba la tierra y no entraba en contacto con las industrias procesadoras, orientadas hacia las ciudades. Este rígido sistema de sociedad feudal prevaleció en la mayor parte de las áreas desarrolladas de Europa por muchos cientos de años.

Sin embargo, como la población rural se expandía, se desarrolló un exceso de gente en la tierra. Este exceso de población, sin herencia de tierras o establecimientos rurales, no tenía mucho para hacer, ni le era posible trabajar en las industrias procesadoras; los reyes en las ciudades le negaban el acceso a las mismas. La cantidad de estos ‘marginados’ continuaba creciendo y todavía nadie sabía qué hacer con ellos. Eran – en el total sentido de la palabra – ‘proletarios’, a quienes el gobierno atinaba solamente a ponerlos en un asilo o casa para pobres. En algunos lugares de Europa, especialmente en Holanda y en Inglaterra, llegaron a ser tan numerosos que – para el siglo XVIII – eran una real amenaza para la preservación del sistema social prevaleciente.

Hoy en día, analizando condiciones similares en lugares como India y otros países en desarrollo, no debemos olvidar que – en la Inglaterra del Siglo XVIII – las condiciones eran mucho peores. En ese  tiempo Inglaterra tenía una población de seis o siete millones de personas, pero de esos seis o siete millones de personas, más de un millón, probablemente dos millones eran simplemente pobres marginados para los cuales no hacía provisión alguna el sistema social entonces prevaleciente. Qué hacer con estos marginados era uno de los grandes problemas de la Inglaterra del Siglo XVIII.

Otro gran problema era la falta de materias primas. Los Británicos, con mucha seriedad, se hacían a sí mismos esta pregunta: ¿Qué vamos a hacer en el futuro cuando nuestros bosques no nos provean más la madera que necesitamos para nuestras industrias y para calentar nuestros hogares? Para las clases dirigentes era una situación desesperante. Los hombres de estado no sabían qué hacer y la aristocracia no tenía idea alguna sobre como mejorar las condiciones.

De esta preocupante situación social emergieron los comienzos del capitalismo moderno. Hubo algunas personas entre estos marginados, entre esta gente pobre, que trató de organizar a otros para instalar pequeños talleres que pudieran producir algo. Esto fue una innovación. Estos innovadores no producían cosas caras apropiadas solamente para las clases altas; producían cosas más baratas para cubrir las necesidades de todos. Y esto fue el origen del capitalismo tal como opera hoy. Fue el comienzo de la producción masiva, el principio fundamental de la industria capitalista. En tanto las antiguas industrias procesadoras que servían a la gente rica en las ciudades habían existido casi exclusivamente para cubrir la demanda de las clases altas, las nuevas industrias capitalistas comenzaron a producir cosas que pudieran ser compradas por la población en general. Era producción masiva para satisfacer las necesidades de las masas.

2 pensamientos en “Un empresario brindó por el capitalismo. Uno solo, todos los demás reaccionaron horrorizados

  1. LOS EMPRESAURIOS
    Por Rómulo López Sabando

    Empresaurios hay en la izquierda, en el centro y en la derecha. Los hay
    también en todos los niveles económicos, políticos y sociales. Empresaurios
    son los que protegen los monopolios sean estatales, mixtos o privados. Los
    que viven de ellos como los que los engordan. Los que no quieren la
    competencia. Los que tramitan los privilegios. Los buscadores de rentas. Los
    que venden las empresas estatales a sus amigos, son también empresaurios.
    Los empresaurios privados, están ávidos de comprar los monopolios más que
    las mismas empresas. Los empresaurios estatistas quieren modernización pero
    no en libre competencia sino como computarización y perfeccionamiento
    burocrático.
    Los empresaurios privatizadores quieren “reducir” el tamaño del Estado
    comprando renuncias, jubilando a la fuerza y despidiendo burócratas. Los
    empresaurios estatistas se toman las calles, invaden los órganos de opinión,
    activan las izquierdas y engordan los contratos colectivos con privilegios
    exclusivos para los burócratas. Unos y otros están entrampados en el túnel
    del tiempo y perdidos en los vericuetos del pasado.

    La modernización, para ambos, significa un Estado propietario, gestor de
    negocios, interventor, otorgante de ventajas, canonjías, subsidios,
    privilegios y dueño de los recursos naturales. El mito de lo estratégico los
    obnubila y se enancan en aquello de “lo social” para defender sus
    privilegios; pero la sociedad nada recibe y, lo poco que dan, es escaso,
    malo y oneroso.

    EMPRESAURIOS PUBLICOS Y EMPRESAURIOS PRIVADOS luchan por mantener sus
    monopolios y sus privilegios. No luchan por que impere la libertad
    empresarial. No quieren la libre empresa. Según ellos, el Estado debe
    proteger sus empresas privadas, estatales o mixtas. Rechazan la competencia
    y para justificar sus monopolios sostienen, sin pudor, que nadie invertirá
    en América Latina, en Ecuador ni en cualquier país del tercer mundo si no se
    garantiza (??) rentabilidad a las inversiones. Tamaño despropósito
    identifica al mercantilismo, que nada tiene de liberal, peor de neo liberal,
    pues afianza los privilegios, aleja la competencia y robustece el poder de
    oligarquías empresariales y sindicales públicas o privadas.

    “Empresaurios” públicos y privados, estatistas unos, privatizadores otros,
    se resisten al cambio, no permiten la libertad y se aprovechan de los
    gobiernos de turno. Son voraces en sus apetitos económicos, presupuestarios
    y financieros, nada tienen de liberales ni de modernizadores pues, iguales
    en su concepción de la sociedad y el Estado confluyen por distinta vía a
    mantener el estado centralista, interventor y dadivoso. En sentido estricto,
    no son empresarios pues la contingencia incierta de ganancia o pérdida los
    saca del mercado. No entienden la tenencia del mundo ni hacia donde van los
    ex socialistas, que antes bregaron por el estatismo totalitario o la
    economía dirigida y que, ahora, con desesperación y urgencia, buscan la
    economía de mercado.

    La diferencia entonces es, entre economía de mercado o libre empresa, que
    jamás ha regido en Ecuador ni en otros países, y el mercantilismo
    proteccionista que se ampara en la Constitución, en las leyes y en el
    derecho positivo. Los empresaurios no se percatan que a nuestros pa?ses no
    nos perjudica la competencia sino la incompetencia. Que están hartos de la
    empresa privada, de la empresa pública y de la empresa mixta y lo que los
    tiempos y los pueblos demandan es la LIBRE EMPRESA. (Este calificativo fue
    ideado, en 1980, por el autor cuando ejercía como Presidente de los
    industriales del Ecuador. Él artículo se publicó, originalmente, en Diario
    Expreso. Posteriormente fue traducido y publicado desde esa década, en
    varios medios internacionales. Su actualidad es evidente.

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