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La semana pasada tuve la oportunidad de participar en el VI Congreso de Economía Austriaca organizado por el Instituto Juan de Mariana en Madrid. El programa fue muy completo al cubrir variados temas y de muy buen nivel en lo que respecta a los panelistas y expositores. Personalmente, tuve la oportunidad de presentar mi trabajo sobre las reformas al sistema monetario y bancario en Hayek, así como actualizarme respecto de las investigaciones que se vienen desarrollando en el viejo continente.

Aquí quiero llamar la atención a lo que fue quizás la presentación más importante del Congreso, dictada por el Dr. Jesús Huerta de Soto acerca de una defensa del euro.

Su presentación tuve unos treinta minutos y cubrió varios puntos, pero el último de ellos, fue precisamente el marcar su posición acerca de la defensa del euro. ¿Cómo es posible que un autor tan crítico del monopolio de la moneda, ahora decida defender el euro?

Invito a los lectores a ver el documental, pero resulta paradójico que un sistema monetario creado por la Unión Europea precisamente como pieza central del Estado de Bienestar, ahora parece revelarse y obligar a la Unión Europea a renunciar a este monstruo de carácter público.

Mi impresión es que la presentación de Huerta de Soto fue en exceso optimista. Abajo explico mis razones.

Su concentración estuvo en un punto central -en el que guarda plena razón-, y es que los políticos, al no poder monetizar los déficit fiscales con pesetas, marcos o francos, ahora se ven obligados a ajustar el Estado de Bienestar. Huerta de Soto señaló que en el caso de España el 50 % de la tibia reducción del déficit estuvo bien encaminada porque se basó en una reducción del gasto, pero criticó el otro 50 % pues se debió a incrementos en los impuestos.

Pienso que su posición fue excesicamente optimista porque enfatizó que los gobiernos tendrán que reducir el déficit para salir de la crisis, dado el altísimo costo de abandonar el euro.

Personalmente, tras vivir la década de 1990 en la Argentina, y especialmente su desenlace en 2001, creo que mi país es un fiel reflejo de lo que ocurrirá en España en los próximos años.

Intentaré resumir el caso. Entre 1992 y 1998 Argentina duplicó el gasto público en términos absolutos, a medida que su economía se recuperaba de la década perdida de los años 1980. Es cierto que su relación con el PIB se mantuvo en torno al 30 %, y es cierto que aquel nivel parece bajo en relación con el actual 45 % de gasto público consolidado sobre PIB, pero lo cierto es que ese aumento del gasto, en el marco de la convertibilidad, fue acompañado por un déficit fiscal permanente que se financió con deuda pública, y de hecho, duplicó esa deuda en menos de 10 años.

En 1997 Argentina comenzó a sufrir shocks internacionales. Primero la crisis asiática de 1997, luego la crisis rusa de 1998, luego la devaluación de Brasil en 1999, y finalmente la crisis dot-com americana de 2001. No habría sido tan golpeada nuestra economía si Argentina hubiera tenido reducidos niveles de deuda. Pero con cada golpe el riesgo país subió, y año a año fue cada vez más difícil encontrar financiamiento para ese gasto público exacerbado.

En el tercer trimestre de 1998 Argentina entró en recesión, y luego de tres años sin encontrar salida, lo que parecía imposible ocurrió. El alto costo de abandonar la convertibilidad, pesificar los depósitos y destruir la seguridad jurídica parecía poco, en un país en el que se aceleraban los conflitos sociales.

Argentina en 2001 salió de la convertibilidad, devaluó su moneda, y volvió a administrar el peso argentino, con su consecuente inflación. Hoy el gobierno habla de una década ganada!!!… pero esto fue una década perdida. Como demuestro aquí, llevó una década volver a recuperar los niveles de producción de 1998, y en el medio se perdió otra oportunidad única en la historia argentina.

Que Paul Krugman se equivoca al decir que Argentina es el ejemplo para España está muy claro!

Que Huerta de Soto tiene toda la razón en hoy defender el euro, también está muy claro. El euro hoy obliga a los gobiernos a poner atención al gasto, al déficit, y al Estado de Bienestar.

Pero no puedo ser optimista. Mi impresión es que la reducción del gasto es muy tibia, que no hay voluntad política para desarrollar el ajuste que España necesita, y entonces, el desempleo seguirá en aumento, la burbuja del gasto público no se pinchará, y la salida del euro será inminente.

No puedo dar plazos, pero a medida que los conflictos sociales van aumentando, las presiones por abandonar el euro y asumir el costo también se incrementan. Ojalá me equivoque! Ojalá Huerta de Soto tenga razón en su optimismo exagerado! Pero yo no veo a España, ni a Europa abandonar el tan amado Estado de Bienestar a través de una decisión política.

El ajuste se dará, sin embargo, pero no será una decisión poltícia, sino un hecho que se les irá de las manos. El número de empleados públicos y sus niveles de salarios sólo se reducirán mediante la inflación, mas nunca, por decisión política.

Consulté a mis amigos españoles cómo controlaban los conflictos sociales que marcan niveles de desempleo cercanos al 30 %, y la respuesta me sorprendió. Tal nivel de desempleo es ficticio. Al revés que Argentina, el desempleo es mucho menor del que indican las estadísticas oficiales. No es que el dato mienta, es que la gente prefiere continuar recibiendo los beneficios del paro, y trabajar informalmente mientras dure la crisis.

Quizás por ello la situación no explota en un caos social. Pero las presiones están ahí… y Rajoy parece ser el De La Rúa español, que sólo verá por televisión el horror de sus decisiones económicas y políticas.

Abramos la discusión!